_Sakura_
Pongo las páginas de regreso encima de las demás.
Está jodido.
Sasuke es un jodido y retorcido escritor. ¿Cómo se atreve a tomar algo real... algo que he sufrido... y convertirlo en una ridícula trama de ficción?
Estoy cabreada. ¿Cómo pudo hacerlo? Pero, por otra parte, no lo terminó, ¿así que puedo siquiera estar enojada?
Pero ¿por qué haría eso? ¿No sabe cuan personal es esa historia para mí? No puedo creer que intentara sacar provecho de una tragedia tan horrible.
Casi se sentiría mejor si estuviera diciendo la verdad y él realmente hubiera iniciado el fuego. Al menos así no me sentiría como si se estuviera aprovechando de mi historia.
¿Por qué lo haría parte de la pelea, cuando todo lo demás que rodea a la pelea entre él e Itachi realmente ocurrió? ¿Siquiera formó parte de eso en absoluto?
Me río de mí misma. No es verdad. Él no me conoció hasta dos años después del incendio. No existía manera de que pudiera encontrarse allí. Además, ¿qué posibilidades hay de que se topara conmigo en el aniversario del incendio, exactamente dos años después? Habría tenido que estar siguiéndome.
No me estaba siguiendo.
¿Lo estaba?
Necesito agua.
Consigo agua.
Tengo que sentarme de nuevo.
Me siento.
Vuelta, vuelta, vuelta. La red de posibles mentiras está dando vueltas, mi mente está dando vueltas, mi estómago está dando vueltas. Incluso se siente como si la sangre en mis venas estuviera dando vueltas. Vuelvo a colocar las páginas del manuscrito en una pila limpia y ordenada, justo como las encontré.
¿Por qué escribirías esto, Sasuke?
Miro la portada y paso mis dedos sobre el título. Noviembre 9.
Necesitaba una buena trama. ¿Es eso lo que ha hecho? ¿Sólo fabricó su trama?
No hay manera de que pudiera ser responsable del incendio. No tiene ningún sentido. Mi padre tiene la culpa. Él sabe, la policía sabe y yo lo sé.
Me encuentro levantando la portada de la pila. Bajo la mirada hacia la primera página del manuscrito, y hago lo único que puedo hacer para encontrar más respuestas.
Leo.
9 de Noviembre
Por
Sasuke Uchiha
"Para empezar, por el principio."
—Dylan Thomas
Prólogo
Cada vida comienza con una madre. La mía no es diferente.
Ella era escritora. Me han dicho que mi padre era un psiquiatra, pero no lo sabría con seguridad ya que nunca tuve la oportunidad de preguntarle.
Murió cuando tenía tres años. No tengo ningún recuerdo de él, pero supongo que es lo mejor. Es difícil llorar a gente que no recuerdas.
Mi madre tenía un título de maestría en poesía y completó su tesis sobre el poeta galés Dylan Thomas. Ella le citaba a menudo, aunque la mayoría de sus citas favoritas no eran de sus poesías de fama mundial, sino más bien de su diálogo cotidiano. Nunca pude saber si ella respetaba a Dylan Thomas como poeta o como persona. Porque a partir de lo que he aprendido de él en mi investigación, no tenía mucho que respetar sobre su persona. O tal vez eso es lo que debe respetarse, el hecho de que Dylan Thomas hizo poco para ganar popularidad como persona y todo para ganar como un poeta.
Supongo que debería seguir adelante con cómo murió mi madre.
Probablemente también debería seguir con cómo la chica que me inspiró a escribir este libro se relaciona con una historia que comienza con mi madre.
Y supongo que si continúo con ambas cosas, también debería llegar a cómo Dylan Thomas se relaciona con la vida de mi madre, más importante con su muerte, y cómo ambos me llevaron a Sakura.
Parece tan complicado, cuando en realidad, es muy simple.
Todo se relaciona.
Todo está conectado.
Y todo comienza el 9 de noviembre. Dos años antes de que por primera vez me encontrara cara a cara con Sakura Haruno.
Noviembre 9.
La primera y la última vez que mi madre moriría.
Noviembre 9.
La noche en que intencionalmente empecé el incendio que casi se cobró la vida de la chica que un día salvaría la mía.
Miro las páginas frente a mí con completa incredulidad. La bilis sube por mi garganta.
¿Qué he hecho?
Trago con fuerza para obligarla a bajar y arde.
¿A qué clase de monstruo le di mi corazón?
Mis manos están temblando. Soy incapaz de moverme. No puedo decidir si necesito leer más para llegar a la siguiente página donde, obviamente, va a declararse que todo lo que leí es un trabajo de la magnífica y aun así retorcida imaginación de Sasuke. Que él ha encontrado una manera de hacer nuestra historia comercial mezclando la realidad y la ficción. ¿Leo más?
¿O corro?
¿Cómo puedo huir de alguien a quien lentamente me he entregado en el curso de cuatro años?
¿O son seis?
¿Me conoce desde que tengo dieciséis?
¿Me conoció el día que nos encontramos en el restaurante?
¿Estaba allí por mí?
Demasiada sangre, toda, cada gota está corriendo a través de mi cabeza, incluso mis oídos comienzan a doler por la presión. El miedo aprieta mi cuerpo como si estuviera en un acantilado y estuviera colgando del borde. Aprieta cada parte de mí.
Necesito salir de aquí. Agarro mi teléfono y en silencio llamo un taxi.
Me dicen que hay alguien calle abajo y que llegara en un par de minutos.
Soy consumida por tanto miedo. Miedo de esas páginas en mis manos.
Miedo a la decepción. Miedo del hombre durmiendo en el cuarto a quien acabo de prometerle todos mis mañanas.
Corro la silla hacia atrás para tomar todas mis cosas, pero antes de que me ponga de pie, escucho la puerta de su dormitorio abrirse. En estado de alerta, giro mi cabeza por sobre mi hombro. Está parado en el umbral de su puerta, frotándose el sueño de sus ojos.
Si pudiera congelar este momento, tomaría ventaja por completo para así poder estudiarlo. Pasaría mis dedos sobre sus labios para ver si de verdad eran tan suaves como las palabras que salían de ellos. Tomaría sus manos y rozaría mis pulgares sobre sus palmas para ver si de verdad se sienten capaces de acariciar las cicatrices de las que son responsables. Envolvería mis brazos alrededor de él y me pararía en las puntas de los pies para susurrar en su oído. ¿Por qué no me dijiste que las bases en que me enseñaste a pararme están hechas de arenas movedizas?
Veo su mirada parpadear a las páginas de su manuscrito que están firmemente agarradas en mi mano. En cuestión de segundos, cada pensamiento que tiene destella en su rostro.
Está preguntándose como lo encontré.
Está preguntándose qué tanto he leído.
Sasuke el Escritor.
Quiero reírme, porque Sasuke Uchiha no es un escritor. Es un actor.
Un maestro del engaño quien acaba de completar una actuación de cuatro años.
Por primera vez, no lo veo como el Sasuke del que me enamoré. El hombre que sin ayuda cambió mi vida.
Ahora mismo, sólo lo veo como un extraño.
Alguien de quien no sé absolutamente nada.
—¿Qué estás haciendo, Sakura?
Su voz me hace estremecerme. Suena exactamente como la voz que dijo—:Te amo. —Hace tan sólo una hora. Sólo que ahora, su voz me llena de pánico. El terror me consume cuando una corriente de intranquilidad se apodera de mí.
No tengo idea de quién es.
No tengo idea de cuál fue su motivación estos últimos años.
No tengo idea de que es capaz.
Comienza a avanzar hacia mí, así que hago la única cosa que puedo pensar en hacer. Corro hacia el otro lado de la mesa, esperando poner una distancia segura entre este hombre y yo.
El dolor inunda su rostro cuando ve mi reacción, pero no tengo idea de si es genuino o ensayado. No tengo idea si debería creer todo lo que acabo de leer... O si lo inventó todo por el bien de tener una trama.
He llorado por muchas razones en mi vida. Más que nada de tristeza, algunas veces por frustración o rabia. Pero esta es la primera vez que una lágrima se ha escapado por miedo.
Sasuke mira la lágrima deslizarse por mi mejilla y levanta una mano tranquilizándome.
—Sakura. —Sus ojos están abiertos, y tienen tanto miedo como los míos. Pero no tengo idea de que lo que veo en su rostro sea verdad—. Sakura, por favor. Déjame explicarte.
Parece muy preocupado. Tan honesto. Tal vez es ficción. Tal vez convirtió nuestra historia en ficción. Seguramente no me hizo esto. Apunto hacia el manuscrito, esperando que no note el temblor en mi mano.
—¿Es verdad eso, Sasuke?
Mira hacia el manuscrito, pero luego su mirada regresa a mí, como si no pudiera soportar ver las páginas sobre la mesa. Niega con tu cabeza, Sasuke. Niégalo. Por favor.
No hace nada.
Su falta de negación me golpea con fuerza y jadeo.
—Déjame explicar. Por favor. Sólo... —Comienza a moverse hacia mí, así que trastabillo hacia atrás hasta que encuentro la pared.
Necesito salir de aquí. Necesito alejarme de él.
Se mueve hacia la derecha en lugar de a la izquierda, lo que lo aleja más de la puerta delantera que de mí. Puedo hacerlo. Si me muevo lo suficientemente rápido, puedo llegar a la puerta antes que él.
¿Pero por qué está dejando que eso suceda? ¿Por qué me permitiría la oportunidad de correr?
—Quiero irme —le digo—. Por favor.
Él asiente, pero aún mantiene una mano extendida en el aire, con la palma hacia mí. Su asentimiento me dice una cosa, pero su mano me está pidiendo que me quede. Sé que quiere darme una explicación... Pero a menos que me vaya a decir que lo que acabo de leer no es verdad, entonces no quiero quedarme a escuchar nada de lo que tenga que decir.
Sólo necesito que me diga que no es verdad.
—Sasuke—susurro, mis manos se presionan planas contra la pared detrás de mí—. Por favor dime que lo que leí no es verdad. Por favor dime que no soy tu maldito giro en la trama.
Mis palabras sacan la única expresión que esperaba no ver. Arrepentimiento.
Siento la bilis de nuevo.
Aprieto mi estómago.
–Oh, Dios.
Quiero salir. Necesito salir de aquí antes de que este muy enferma y débil para irme. Los siguientes segundos son una niebla borrosa mientras murmuro—: Oh Dios. —De nuevo y me apresuro hacia el sofá. Necesito mi bolso. Mis zapatos.
Quiero salir, quiero salir, quiero salir. Llego a la puerta y deslizo el cerrojo a la izquierda, pero su mano acuna la mía y su pecho se topa con mi espalda, presionándome contra la puerta.
Aprieto mis ojos cerrados cuando siento su aliento contra mi nuca.
—Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento. —Sus palabras son tan desesperadas como el agarre que ejerce sobre mí cuando me da la vuelta para mirarlo. Está limpiando mis lágrimas y las suyas comienzas a formarse en sus ojos—. Lo siento mucho. Por favor no te vayas.
No caeré con eso. No dejaré que me engañe de nuevo. Empujo contra él, pero agarra mis muñecas, sosteniéndolas en su pecho y presiona su frente contra la mía.
—Te amo, Sakura. Dios, te amo demasiado. Por favor no te vayas. Por favor.
Y ahí es cuando todo dentro de mí cambia de un extremo al otro. Ya no estoy más asustada.
Estoy enojada.
Furiosa.
Porque escuchar esas palabras salir de su boca me hacen reflexionar en la diferencia que siento escucharlas ahora de escucharlas hace una hora. Como se atreve a mentirse. Usarme con el propósito de un libro. Hacerme creer que vio mi verdadero yo, no las cicatrices en mi cara.
Las cicatrices por las que él es responsable.
—Uchiha Sasuke. Tú no me amas. Nunca digas esas palabras de nuevo. No a mí, ni a nadie. Esas dos palabras son una desgracia cuando salen de tu boca.
Sus ojos se abren y se tamalea hacia atrás cuando empujo mis manos contra su pecho. No le doy tiempo de escupir más mentiras y falsas disculpas.
Tiro su puerta y muevo a tientas la correa de mi bolso, colocándola sobre mi hombro. Mis pies descalzos se encuentran con el pavimento y hago una carrera hacia el taxi que veo estacionándose al lado del complejo. Lo escucho llamarme por mi nombre.
No.
No escucharé. No le debo nada.
Abro la puerta y me subo. Le digo al conductor mi dirección, pero para el momento en que el conductor la ingresa en el GPS, Sasuke está junto al carro. Antes de darme cuenta la ventana esta abajo, él mete la mano y cubre el botón que la sube. Sus ojos son suplicantes.
—Aquí —dice, pasándome unas páginas. Estas caen sobre mi regazo, algunas se deslizan al piso—. Si no me dejas explicarte, entonces lee. Todo. Por favor, sólo...
Agarro un puñado de las páginas de mi regazo y las tiro en el asiento a mi lado. Agarro lo que queda en mi regazo y trato de tirarlas por la ventana, pero él las atrapa y las mete de nuevo dentro del auto.
Estoy subiendo la ventana cuando lo escucho murmurar sin aliento—: Por favor no me odies.
Pero me temo que ya es demasiado tarde.
Le digo al conductor que se vaya, y cuando estoy a una distancia segura del estacionamiento, el taxi se detiene para ponerse en el camino. Miro de vuelta hacia él. Está de pie enfrente de la puerta de su departamento, sus manos agarrando la parte de atrás de su cabeza. Está mirándome partir. Agarro tantas páginas del manuscrito como puedo y las tiro por la ventana. Antes de que el taxi se aleje, me giro justo a tiempo para verlo caer de rodillas en el pavimento con derrota.
Me tomó cuatro años para enamorarme de él. Y sólo tomó cuatro páginas para dejarlo.
