Hola chicas antes que nada me disculpo por la tardanza tan grande. He tenido ciertos problemas familiares que lamentablemente han afectado mi salud, tanto física como mental. Espero chicas que me comprendan y disculpen mi falta con ustedes. De corazón deseo y espero que les guste este capítulo. Un fuerte abrazo.

P.S. DISCULPEN LOS INCONVENIENTES AL QUERER SUBIR EL CAPITULO.


Un demonio con cara de ángel

Por

The Ladycat69

Capitulo 21

-No olvides que tu vida comienza de ahora en adelante a mi lado…como mi señora, mi esposa y Mi Mujer—antes aquellas últimas palabras el rubio atrapo sus labios en un beso apasionado.

Despacio el rubio fue separándose de sus labios para encontrarse con aquellos hermosos ojos verdes que lo miraban. No pudo evitar sonreír al ver sus mejillas sonrojadas por el beso. No había nada de esa mujer que no le gustara, fascinara o deseara. Al tal punto que dejaría todo atrás solo para tener un momento de felicidad a su lado. O quizás era algo más lo que buscaba. Sería el poder tener en su alma un momento de paz. Una paz que solo aquella rubia podía darle y deseaba con urgencia.

-¿Qué pasa?—pregunto la chica al ver como la miraba.

-Con que—

-¿Porque me miras así?—

-No puedo mirarte…no puedo mirar a mi esposa acaso—

-Si claro…es que—

-Es que… ¿qué?—

-Nada…es solo que me miras muy fijo—

-Porque deseo llevarte al cuarto otra vez y poseerte—dijo con cierto brillo en los ojos.

-Albert…acaso no te cansas—dijo la chica rodando los ojos.

-Jamás me cansare de ti. Como tampoco me cansare de molestarte al extremo de que desees romperme la crisma la mayor parte del tiempo con tan solo una palabra mía—dijo con una sonrisa picara.

Candy le sonrió. Definitivamente ese hombre era incorregible. Había un encanto natural que la podía ser rabiar o sentir algo más. Así que poniéndose de puntita de dio un pequeño beso en los labios. A lo que tomo al rubio por sorpresa. Comenzando ambos a reírse como dos niños enamorados que se dieron su primer beso.

-Y cuando nos vamos—dijo la chica separándose un poco.

-Cuando tú desees—

-Pues yo estoy lista—

-Espera déjame buscar algo y nos vamos—dijo dándole un beso de piquito.

Varios minutos después el rubio regreso con un estuche negro en las manos. Abriendo tal estuche saco una cámara digital canon.

-Ten es para ti—dijo entregándole la cámara

-Gracias…pero—

-Pensé que te gustaría tomar fotos…recuerdos—

-Si gracias—

-Entonces vámonos a pasear para que conozcas un poco la isla o al menos que prefiera que nos enceremos en el cuarto por varios días para ya sabes…mmmm—dijo con una sonrisa esperando la reacción de su hermosa esposa.

-¡ALBERT!—grito la chica sonrojada.

-¡Es broma!—dijo muerto de la risa

La rubia lo miro con los ojos entrecerrados deseando romperle la crisma con la dichosa cámara y borrarle de una buena vez esa sonrisa que para la rubia era endemoniadamente sexy.

-Oh Dios mío…si mi esposa deseas romperme la crisma con la cámara—dijo entre risa cubriendo la cabeza en forma teatral.

-Como tú… pero como…ahhhh olvídalo—dijo soltando un respiro resignado.

El solo pensar que de que su esposito si fuera síquico o pudiera leer la mente la exasperaba. Lo que provoco que Albert comenzara a reírse a carcajadas de solo imaginar lo que la chica pensaba.

-¡Albert ya basta!... vas a seguir riéndote—dijo cruzando los brazos.

-Sabes que te vez realmente hermosa enojada—dijo tomándola por la cintura…-Y no soy síquico hermosa…pero me es divertido ver que tu lo piensas—dijo soltándola y dirigiéndose rápidamente a la salida muerto de risa.

-Pero será…—la rubia se le quedo mirando mientras lo escuchaba reír como pocas veces lo había hecho.

A la rubia no le quedo más remedio que reírse. En cuanto iba a seguirlo Camila la detuvo entregándole una canasta con un almuerzo preparado para los dos. La chica agradeció con un abrazo dirigiéndose a la salida.

Al salir el rubio la espera parado frente a un jeep. En cuanto la chica se acerco el rubio tomo la canasta. Candy se giro hacia la casa, tomando la cámara y enfocando tiro la primera foto.

-En verdad esta casa es hermosa. Hay algo en ella…que no sé porque me recuerda mi casa—dijo tirándole otra foto.

-Es normal que te recuerde tu casa por quien la construyo—dijo poniéndose a su lado.

-¿Quien la construyo?—pregunto algo curiosa.

-Tu padre—

-Mi pa…padre construyo esta casa—dijo mirando muy asombrada.

-Si…esto que vez es obra de Damián White…tu padre—dijo en un tono frio.

Candy sintió una emoción tan grande en su pecho mientras observaba con orgullo la obra de su padre. La chica hubiera dado tanto para que sus hermanas pudieran ver la hermosa obra y pudieran sentir lo que su corazón sentía en ese momento.

Mientras el rubio la observaba muy serio. Sentía como la rabia se adueñaba de todo su ser. Tan solo ver como la dueña de sus pensamientos miraba con orgullo y admiración la casa que había construido el miserable de su padre. Que deseo con todas sus fuerzas pegarle fuego a la dichosa casa hasta dejarla en cenizas.

-Mi padre lo contrato cuando apenas era un joven arquitecto—dijo sacando a la rubia de sus pensamientos…-Según mi padre de todos los posibles candidatos…el fue mejor prospecto. Tu padre construyo la casa y todo lo demás—dijo en tono tajante.

-No puedo creerlo—

-Pues creerlo nena…es su obra. También fue el de la idea de usar energía solar en la isla…para que su riqueza natural no fuera dañada—

Candy se sentía tan feliz pero esa felicidad desapareció al girarse y encontrarse con la mirada fría de su esposo. Podía ver como el rubio miraba todo con desprecio y coraje. La chica no entendía porque ese hombre que se había adueñado de sus sentidos mostraba tanto odio hacia su padre. Que había hecho su padre para ganarse el desprecio del hombre que sentía que amaba.

-Vámonos—dijo dirigiéndose al jeep.

La chica lo miro montarse como si nada, sin ni siquiera mirarla. Dejando ver al Albert Andrew que había conocido. El mismo hombre duro, prepotente y despiadado que ella pensó que había quedado atrás. Pero no, ahí estaba otra vez. Una vez más miro a la hermosa casa y soltando un suspiro se monto en el jeep.

El transcurso del camino fue silencioso. La chica lo miraba con la vista fija en el camino sin decir ni una sola palabra. Habían pasado por el pequeño pueblo en donde tuvo la oportunidad de poder saludarlos y conocer mejor a los habitantes que cuidaban con tanta dedicación y amor tan hermoso lugar.

Luego de unos minutos Albert le mostro la abundante fauna y flora de la isla. La extensa y frondosa vegetación tropical era como sacada de una fotografía. Había gran variedad de aves exóticas, arboles, flores y frutos tropicales como guineos, mango, guanábana, pina, quenepa, naranja y lechosa. A lo que el rubio le daba a probar de las delicias de esos frutos.

Ya había pasado el medio día. Así que el rubio la llevo a la playa para poder almorzar en donde la rubia pudo apreciar la hermosura de aquel mar azul. Tan azul como los ojos del hombre que la miraban con coraje y porque no aceptarlo con algo de odio.

La vista al mar era hermosa. Aquella brisa marina jugaba con sus cabellos alborotando sus risos. El exquisito almuerzo era perfecto. Lo malo era el silencio de su esposo que solo se quedaba mirando el mar como si en su profundidad estuviera la respuesta que tanto buscaba. La chica cansada de la actitud de su esposo se gira a mirarlo y lo retrata. Sacando al rubio de sus pensamientos con el flash de la cámara o mejor dicho sacándolo de la lucha interna que tenia.

-Porque hiciste eso—dijo algo fastidiado.

-Haber si así se te quita lo amargado—

-Muy graciosa…ven regresemos ya está cayendo la tarde—dijo ayudándola a ponerse en pie.

El camino de regreso fue igual de incomodo para la chica. En cuanto llegaron a la casa Camila los dejos solos y unas horas después Candy había preparado la cena. Ambos se habían cambiado de ropa y estaban listos para cenar. El rubio no decía nada y ella solo miraba de vez en cuando hacia las enormes ventanas que daban hacia el mar.

-¿Por qué odias a mi padre, Albert?—pregunto la chica dejando al rubio asombrado.

-Que…que clase de pregunta es esa niña—dijo tomando un poco de vino.

-Una muy simple. ¿Por qué odias a mi padre?—

-No preguntes cosas que no sabes—dijo soltando un suspiro.

-Solo dime Albert…porque—

-Candy ya basta…deja el tema. Además porque preguntas esa tontería—

-Porque vi tu expresión cuando hablabas de el—

-Es tu imaginación niña—

-No lo es y lo sabes. Todo lo que has hecho tiene que tener un motivo—

-Según tu cual es—

-Odio—

-Mejor dejemos el jodido tema—dijo soltando un suspiro.

-Porque odias a nuestra familia. No entiendo…si mi padre era un excelente hombre…él era…—pero la rubia no pudo continuar por el sonido de un puño que el rubio había dado sobre la mesa.

-TU PADRE ERA UN…—grito lleno de ira callando de momento.

-ERA UN QUE ALBERT…NO TE ATREVAS HABLAR DE EL—

-ME ATREVO HABLAR DE EL Y DE MAS—

-HABLAR DE QUE…TU NO TIENES NADA MALO QUE DECIR DE EL O DE MI FAMILIA—grito la chica tratando de controlar el llanto.

-Solo olvídalo Candy…dejemos el jodido tema de una vez—dijo dando un fuerte puño en la mesa fijando su mirada hacia el mar.

-Solo deseo una respuesta—

-Dije que lo olvidaras—

-Si tanto nos odias porque te casaste conmigo—el rubio volvió a mirarla con un extraño brillo en los ojos.

-No es obvio niña…me case porque era la única forma de tener sexo contigo…disfrutar contigo de los placeres—la rubia se quedo en silencio y ojala el rubio hubiera hecho lo mismo pero continuo expulsando su veneno…-No me digas que pensaste que me case por amor—solo cuando pronuncio esas últimas palabras supo el gran error que había cometido.

-Eres un miserable cretino—dijo poniéndose en pie para irse pero no llego muy lejos al ser tomada por la mano.

-Candy espera yo lo…—

-No me toque—dijo soltándose continuando su camino.

-Demonios…eres un imbécil Albert—dijo llevándose las manos a la cabeza.

En cuanto la rubia llego a la habitación se sentó en la cama. Sentía un nudo en la garganta y como sus ojos se llenaban de lágrimas. Aquellas palabras le habían dolido en el alma. Se sentía tan tonta por pensar que el sentía algo por ella. Pero no. Ese demonio era incapaz de amar a alguien.

-Que tonta has sido Candy…él nunca sentirá nada—murmuro mientras las lagrimas corrían por sus mejillas.

La chica con coraje se seco los ojos, no iba a darle gusto a ese maldito demonio de verla llorar por él, de ver como sus palabras filosas se le habían clavado en su alma. Solo pensaba que si él los odiaba pues ella haría lo mismo.

-No me veras llorar…no me veras llorar—se repetía mientras las lagrimas bajaban por sus mejillas.

Unas horas más tardes Albert entro en la habitación dirigiéndose al baño. Luego de casi una hora salió y se dirigió a la cama. Se acostó a su lado embriagándose del dulce aroma que emitía el cuerpo de la rubia. Sus manos empezaron acariciar su hombro, acercándose lo beso. Deseaba decirle que lo sentía, que no era cierto lo que había dicho. Pero el rechazo de la joven lo encendió haciéndola girar posicionándose encima de ella.

-Quiero estar contigo—dijo queriendo besarla pero la rubia giro la cabeza.

-Yo no quiero—

-Me estas castigando por lo que dije—

-Piensa lo que te dé la gana—dijo apretando los dientes para no llorar.

-Estoy en mi derecho de esposo…—

-Dijiste que no harías nada que no deseara…vas a obligarme—

-No lo hare…mantengo mi palabra—

-Bien porque no deseo estar contigo—dijo aun sin mirarlo.

-Como quieras—dijo separándose de ella.

Candy dándole la espalda sintió como se quedo sentado en la cama unos minutos. Luego soltara un suspiro antes de salir de la cama. Para luego escuchar como parecía murmurar o maldecir algo al vestirse y salir de la habitación dando un portazo.

Por las siguientes tres noches las cosas iban igual. Lo que para el rubio era la peor prueba de fuego. Porque moría por acariciar, besar y amar a esa mujer que lo estaba llevando a un punto que rompería su palabra. La fuerza de voluntad que siempre había mostrado estaba a punto de salir corriendo. Sentía que si no hacia algo pronto terminaría enloquecido y haría suya a esa mujer aunque significara que lo odiara por el resto de su miserable vida.

Para la chica en todas esas noches el rubio no había dormido a su lado, dejándola sola. Lo que no sabía es que Albert entraba al cuarto cuando ella ya se había dormido y se iba antes de que la rubia despertara. Solo así podía estar a su lado. Podía contemplarla, acariciarla y besar sus labios sin que ella se diera cuenta.

Pero a la cuarta noches el rubio entro como siempre en la madrugada y le preocupo no verla en la cama. Para su sorpresa la encontró en la pequeña terraza sentada en el suelo llorando como una niña. El odio y la rabia invadió todo su ser contra el mismo por ser el causante de que aquel hermoso rostro se llenara de lágrimas.

El verla así tan indefensa en el suelo le provoco un vuelco en el corazón. Por primera vez deseo tomarla entre sus brazos, besarla con dulzura y pedirle que lo perdonara. Pero no tuvo el valor por orgullo, obstinación, miedo o como deseen llamarlo. Solo salió tan sigiloso como había entrado.

Esa noche Albert no durmió con la rubia. Después de lo que había visto se había encerrado en el gimnasio a descargar toda la rabia y frustración que sentía su alma. Mientras golpeaba aquel saco una y otra vez pensaba como es que esa mujer se le había colado en su mente, corazón y alma.

~Que me has hecho Candy White. Acaso mi destino será igual al de mi hermana…enloquecido por amor…enloquecer hasta morir. Porque solo la muerte me librara de este tormento~ pensaba el rubio dándole una y otra vez al saco.

La brisa del mar y la luz del sol se colaban por las cortinas de la habitación. Candy no había podido dormir bien esa noche, había llorado hasta quedarse dormida. Porque por mas que se negara aceptarlo amaba al demonio de Andrew.

Después de ordenar el cuarto como hacia todas las mañanas salió a desayunar esperando verlo en el comedor pero solo se encontró con una Camila que parecía preocupada.

-Buenos días Camila—

-Buenos días Candy…vas a desayunar—

-Si, gracias—

-Siéntate te lo traigo—

-Camila has visto a Albert—

-Si señora…esta en el gimnasio. Cuando llegue esta mañana ya estaba allí…creo que paso la noche allí—dijo algo preocupa.

-Ohhh...me imagino que siempre está haciendo ejercicios—dijo la rubia bajando la vista avergonzada.

-Si esta en el gimnasio no siempre es por ejercicios…a veces es por preocupaciones o esta de muy mal humor—Candy miro a la mujer preguntando que si ella pensaba que era una pésima esposa por tener a su esposo en un gimnasio en vez de estar con ella.

-Camila yo…—

-Porque no le dice que venga a desayunar señora—

-¿Cómo?—pregunto.

-Que lo busque y le diga que venga a desayunar…vaya—dijo con una sonrisa.

-Claro—

Camila vio a la chica irse a buscarlo. Esperando con el corazón que lo haya pasado entre ellos se arregle pronto. Porque sino solo les esperaba mucho sufrimiento a ambos.

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Albert había golpeado toda la noche aquel saco sin piedad. Tenía los nudillos lastimados por golpear sin los guantes puestos. Pero el dolor que podía sentir no se comparaba con el que sentía su alma. Un dolor que tenía nombre y apellido. Repentinamente dejo de golpear el saco al reconocer aquel delicioso aroma. El aroma de su mujer.

La chica lo miraba de pies a cabeza al rubio. Allí estaba en pantalones cortos, tenis y sudado completamente. No pudo evitar sentir un mariposeo en el estomago con tan solo mirarlo. Casi le da algo al ver como se detenía y se quedaba muy quieto. Iba a irse cuando lo escucho hablar.

-No te vayas…quédate Candy—dijo sin mirarla.

La rubia lo miro asombrada. Como podía saber que era ella, si ni siquiera había hecho ningún ruido. Soltando un suspiro entro a la habitación, tomando una toalla se acerco al rubio para entregársela.

-Toma Albert—

-Gracias—

-Camila dice que vengas a desayunar—dijo que chica pero enseguida noto algo rojo en las manos del rubio…-Dios mío estas sangrando—dijo tomando sus manos.

-No es nada—

-Como que no es nada, estas herido…tienes algún botiquín hay curar esto—

-Allí—dijo señalándolo.

La rubia casi corrió buscando el botiquín para curar sus nudillos heridos. Mientras el observaba en silencio cada movimiento que ella hacía. Una sonrisa se dibujo en sus labios al pensar que ella podía estar preocupada por él.

En cuanto la chica encontró lo que buscaba lo hizo sentarse en una banca para curarlo. Ambos estaban en silencio pero ella podía sentir la mirada azul encima de ella. Una vez que termino el rubio aprecio el trabajo y dedicación de la chica. No hay duda que era una excelente enfermera. Su enfermera.

-Candy lo que te dije…pues veras…—

-No digas nada…solo dijiste lo que sientes—dijo terminando…-Ya esta…te veo en el desayuno—dijo poniéndose en pie.

-Quiero hablar contigo de lo que paso—

-No hay nada de qué hablar es tu sentir—

-Mira Candy no lo voy a negar…te estaría mintiendo si te digo que no te deseo…que hombre no te desearía—

-Si por eso te casaste conmigo…para tener mi cuerpo y poder llevarme a la cama por deseo—

-No me case solo contigo para tener tu cuerpo Candy…hay muchas razones más por el cual decidí casarme—

-¿Cuales razones?—

-Por ser tú. Por ese carácter tan tuyo…una fiera indomable e inocente al mismo tiempo—

-¡Que!—

-Me gustas mucho como mujer…eres una mujer fascinante que me complementas como hombre y yo pues tea…—pero el cayo de momento dejando aquella palabra en el aire.

-¿Tú que Albert?—pregunto esperando una palabra que nunca llego.

-Pues me gusta estar contigo. Tienes muchas cualidades que admiro. Solo te pido que olvides lo que paso…lo que dije—

-¡Albert!—pero el rubio le puso un dedo en los labios.

-Solo te pido que empecemos otra vez—dijo el rubio acercándose…-Perdóname Candy por haber sido tan patán contigo…por favor perdóname—

-Tú me odias Albert...a mi familia...a mi...—pero el rubio la interrunpio poniendo un dedo en sus labios.

-No Candy…te juro que no. Perdóname...solo olvidemos todo—

La rubia se le quedo mirando a los ojos y sonrió. Enseguida Albert tomo con sus manos su rostro y beso sus labios con dulzura. Un beso que la rubia correspondió enseguida.

-No he dicho si te perdono—dijo muy cerca de sus labios

-Lo siento pensé que tu sonrisa significaba un si…me perdonas—murmuro sobre los labios de la rubia.

-Si te perdono—dijo rodeándolo por el cuello con sus manos.

-Excelente amor—dijo antes de atrapar sus labios en el más apasionado de los besos.

Camila preocupada de que ninguno de los rubios hubiera regresado aun, con disimulo camino cerca del gimnasio. Tuvo que frenar en seco al mirar con los ojos abiertos la reconciliación de los rubios. Con una sonrisa y con total discreción se acerco a la puerta cerrándola con mucho cuidado.

-Cuando será el día que esos dos muchachos acepten que se aman—dijo con una sonrisa dirigiéndose a la cocina…-Mmmm abra que ayudarlos—dijo con una sonrisa.

-¿Ayudar a quien querida?—pregunto Víctor que entraba por la puerta.

-A los patrones—

-Aun siguen negando lo que sienten—

-Si…pero creo que ya están cediendo—

-¿Cediendo?... Camila te conozco y algo tramas—dijo el hombre levantando una ceja.

-Solo darles un empujoncito…es lo que necesitan Víctor—

-No deberías meterte…además…—pero su esposa lo interrumpió con la mano.

-Solo necesitan la música que tu yo conocemos…que sean sus almas las que hablen al ritmo de la música—

-Estas hablando de lo que creo que estás hablando—

-Aja…en unas semanas habrá luna llena tenemos que prepararlo todo—

-Solo lo hemos hecho entre nosotros…con nuestra gente. Además Albert conoce ese ritual… como saber que funcionara con ellos—

-Por que se aman…se aman Víctor. Además estoy convencida que Albert no se opondrá a nada, porque es lo que su alma desea—el hombre se le quedo mirando soltando un suspiro.

-Estas decidida ayudarlos—

-Si amor mío…todos debemos poner un granito de arena para ayudarlos. Solo un empujoncito y lo demás dependerá de ellos—

-Hablare con los demás y que sea lo que Dios quiera—dijo dándole un beso a su esposa.

-Ya lo veras…música es lo que necesitan—dijo abrazando a su esposo.

Hay a veces que para aceptar el amor se necesita la ayuda de ciertos ángeles. Tanto Albert como Candy encontrarían la ayuda en los habitantes de esa hermosa isla. Un grupo de ángeles que al ritmo de una hermosa melodía ayudarían a los dos rubios a aceptar al fin lo que sus corazones gritan.

Bueno chicas hasta aquí el capitulo 21

Espero que les haya gustado y me hayan disculpado. Estoy trabajando en el siguiente capítulo y espero subirlo lo antes posible. Mil gracias por todos los comentarios anteriores y por todas las que preguntaron por mi salud.

Un abrazo

Ladycat