¡Buena, mis queridos lectores!

Aquí les traigo otro capítulo más y ¿Por qué no hacemos algo?, ¡Antes del último capítulo vamos a llegar al comentario 100!, ¿Qué les parece?, y a la ganadora (o ganador), será recompensado.

Como sabrán, "El Hobbit", pertenece a J.R.R. Tolkien, los personajes no reconocidos son míos.

Sin más que decir el capítulo.

PD: Disfrútenlo.

Capítulo 18: Enanos de Hierro

Me asomé a entre las puertas y pude ver a la compañía midiéndose las armaduras y las cotas de malla, otros agarrando sus armas para comenzar con la batalla, incluso pude ver a Thorin entregándole una cota de malla a Bilbo, parecía un poco chistoso verlo de esa forma.

Tragué en seco, no quería entrar, pero debía hablar con Bilbo, tenía que decirle que iba a ir al Valle, lo más seguro es que él me acompañaría, era la única persona con la quién podía contar, porque los demás estaban del lado del Rey.

Suspiré suavemente y entre de sin muchos miramientos, al parecer, Thorin y Bilbo habían terminado su "charla", pero eso era irrelevante para mí. Al llegar al lado del mediano, este me miró con una sonrisa, se la devolvió- Te queda bien -Susurré, luego miré a Thorin con el ceño fruncido, aun no se me había olvidado lo del día anterior y al parecer a él tampoco.

- Este no es un lugar para una mujer, niña -Fue todo lo que dijo y lo que ignoré olímpicamente.

- Bilbo -Me al hobbit que aún me miraba- ¿Puedo hablar contigo un segundo?, será rápido… luego puedes… prepararte para la masacre… si tanto gusta -El mediano no dijo nada más bien hizo una mueca, pero Thorin gruñó, siguió mirándome amenazadoramente y furioso, tanto que creí que me haría algún punto en mi cara con su "visión laser".

- Eh… si… -Dijo Bilbo después de reaccionar a mi pregunta, me giré sobre mis talones, les eché una mirada a los demás enanos que miraban intrigados la escena, miré a Bilbo, le sonreí y ambos nos fuimos del lugar.

Llegamos a la puerta de mi habitación, donde debía primero descongelarla, luego hablaría con el mediano. Entramos los dos y Bilbo se quedó estupefacto, no podía decir nada- ¿Qué…?

- Las emociones controlan mis poderes, Bilbo -Le dije mirando mis manos y luego las apreté formando unos puños- Al parecer al estar triste congelo las cosas, como al estar enojada que las quemó.

- Pero… esto es…

- ¿Horrible? -Pregunté con una sonrisa forzada- Sí… por un momento creí sentirme como Elsa.

- ¿Elsa? -Preguntó Bilbo arqueando una ceja- ¿Quién es…?

- Olvídalo -Sonreí- Necesito tú ayuda, pequeño hobbit -Le dije con una sonrisa.

- Lo que sea, Lena -Dijo él.

- Primero a descongelar esto, al parecer nos llevará toda la tarde… espero y no te moleste… a menos a que quieras arreglar para el derramamiento de sangre.

El hobbit hizo una mueca- ¿La guerra es horrible?

- ¿Horrible?, creo que esa palabra es poco para lo que es, Bilbo -Dije apreté mis manos- Nunca he estado en una guerra, pero te aseguro… que no es el mejor sitio para estar.

- Lo imagino -Dijo mirando mejor mi habitación y abrazándose a sí mismo- En la Comarca no hay guerra ni nada, vivimos en paz, todos juntos y contentos, aun la verdad hay personas que son un poco molestosas.

Reí divertida- Haz tenido una vida muy buena, Bilbo, me alegra eso -Le entre una tronquito de madera que estaba algo congelado- Vamos… enójate… enójate -Susurré y el tronco empezó a derretirse y una de las puntas comenzó a prenderse fuego.

- ¡Ah! -Dijo el hobbit tratando de agarrar mejor el tronco- Bien… manos a la obra.

Asentí.

Exhaustos caímos rendidos en las sillas, no fue nada fácil descongelar las cosas, mucho menos el techo, suspiré cansada, quería darme un baño y acostarme a dormir.

- Bien -Dijo Bilbo- ¿Cuál era la otra cosa?

Miré al hobbit, respiré hondo y exhalé el aire- Iré a Valle -Le dije.

- ¿Qué? -Preguntó parándose estrepitosamente- ¿Estás loca?, ¡Te verán y te darán con las flechas!

- Bilbo -Le dije- No puedo quedarme aquí sentada haciendo nada, tengo una tarea y esa es evitar una guerra -Sabía que la guerra saldría de todas maneras, pero podía evitar un conflicto entre los elfos, los hombres y los enanos- Soy una princesa… se supone que debo dar paz y esperanza…

Bilbo bajó la cabeza- Es arriesgado.

- Haré lo que sea necesario.

- Sí Thorin estuviese cuerdo -Sonrió hacía mi- Estaría orgullo.

- Hablas como mi madre, Bilbo -Le sonreí, luego baje la vista- La extraño mucho…

- Ella está contigo, Lena -Dijo él- Además, ¿No es una bruja como tú? -Sonrió- Seguramente está buscándote hasta por el subsuelo.

Reí divertida- Ya lo creo.

Bilbo se sentó y después de unos minutos en silencio sacó la piedra del arca que estaba en su bolsillo- Si Thorin fuera el mismo de siempre se la daría… pero la enfermedad está en su cabeza.

- Está ciego -Dije- Por esa razón debo hacer lo que tenga que hacer…

- Iré contigo -Dijo él- Daré la piedra del arca para que hagan un intercambio y como eres la princesa, deberán al menos creer en tus palabras.

Le sonreí- Buen plan.

Justo cuando Bilbo estaba guardando de nuevo la piedra, la puerta de mi habitación sonó, me levanté y abrí la puerta, fruncí ligeramente el ceño al mirar a quien menos esperaba- ¿Qué quieres? -Le rete.

- ¿El saqueador está aquí? -Preguntó, solo asentí- Le toca la guardia.

- Bilbo -Susurré y me giré para verlo, este se levantó algo alarmado- Te toca la guardia.

- ¡Sí! -Dijo él- Es verdad -Caminó hasta la puerta, pasó por mí y por Thorin para perderse en la esquina, suspiré y cuando me disponía cerrar la puerta, Thorin la paró con su mano.

- ¿Qué…? -Pregunté incrédula, no esperaba una reacción como esa.

- Lo lamento -(En ese momento me quedé sin palabras, no sabía que decir), seguramente mi cara era de póker face, parpadeé varias veces- No debí levantarte la mano -Dijo él- Estaba furioso, lo que menos quería era que me reprocharas las decisiones que tomo… Dwalin y Kili me contaron como te sentías -Me crucé de brazos, esto se ponía bueno- Lo lamento -Bajó la cabeza.

- Yo… también lo siento -Dije después de un silencio súper mega incomodo de como por lo menos 5 minutos- Yo no debí alzar la voz y decir esas estupideces, andaba muy mal y estaba enojada -Traté de hacer una mueca- Además que como mujer no apoyó las guerras… deberías comprender… por favor.

- Los hombres y elfos quieren apoderarse del tesoro de Erebor, no podemos permitirlo -Dijo él- Ya te lo he dicho.

Respiré hondo- ¿Por qué no podemos hablar con ellos? -Pregunté con algo de miedo, la verdad- Puedo ir a…

- ¡No irás a ningún lado! -Gritó furioso, tragó en seco y luego suavizó su vista- No quiero perderte como a tú madre -Achiné un poco los ojos mirándolo fijamente, él bajó la cabeza y luego la subió- Estás a salvo a aquí, y no irás a ningún lugar a hablar con nadie sobre nada…

- No es sobre nada… es para evitar que mueran vidas… por favor… soy una princesa, al menos déjame hacer esto…

- Te quedarás en tú habitación y obedecerás a lo que te ordené, ¿Oíste? -Preguntó- Defenderemos Erebor… la diplomacia murió hace mucho tiempo -Y se fue dejándome con la palabra en la boca.

Para la noche agarré una capa de viaje y me escondí en está, para escabullirme entre los pasillos sin ser detectada, fui hasta la muralla donde pude ver a un Bilbo sentado esperándome, al verme me hizo una señal, fui a está él y pude ver que había amarrado una cuerda en una roca y había arrojado el resto del otro lado de la muralla.

- Siento que nos vamos a matar -Susurré.

- Es pan comido -Sonrió él, pero no parecía muy seguro- Iré primero, luego tú.

- Está bien -Susurré aun no muy conforme con lo que íbamos a hacer al saltar de la gran muralla (China), vi como Bilbo se deslizaba con tranquilidad, suspiré al ver como llegaba sano y salvo, agarré la cuerda con ambas manos y comencé a descender lentamente hasta llegar al lado del mediano.

En silencio nos acercamos al Valle, desde luego al llegar no me reconocieron, solo pensaban que era otra joven o mujer con una capa, nada más.

- ¡Eso no los detendrá! -Dijo Bilbo al acercarnos a la carpa donde pudimos ver a Bardo y a Gandalf- Si creen que los enanos se rendirán, olvídenlo, ellos lucharán hasta la muerte defendiendo lo suyo.

- ¡Bilbo Bolsón!

Me quité la capucha, Gandalf me miró intrigado, y yo tragué en seco al ser reconocida por Bardo- Lena -Fue todo lo que dijo.

- Si no me equivoco, este es el pequeño que hurtó las llaves de mis calabozos en las narices de mis guardias -Dijo Thranduil sentando en la silla y mirándonos, miré a Bilbo de reojos oprimiendo una sonrisa.

- Si… lo siento por eso -Dijo Bilbo y pude notar que algo incómodo.

- También he de preguntar… ¿Por qué está aquí la hija de Thorin Escudo de Roble?, debería estar en su reino… donde pertenece.

- Mi señor -Dije, aunque la verdad no sabía comenzar un argumento como este, debí prestar más atención a las redacciones así- He venido como… princesa de Erebor -Thranduil alzó una ceja- Quiero hablar diplomáticamente… es todo -Dije.

- Entonces habla -Dijo él- Te escuchamos, princesa -(A mi parecer lo dijo con ironía).

- Ustedes todos serán hombres… y creo que les encanta la llamada "guerra", en mi mundo las hay cada día y cada noche, no tiene descanso, mi abuela tuvo que sufrir una grandísima y considero… hablando no solo por mí, sino por las mujeres del Valle -Miré Bardo- A elfas de su reino -Miré al rey- Que no quieren pelear.

- Eso no es decisión, suya -Dijo el rey ese, fruncí ligeramente el ceño- En esa montaña hay enanos que van a pelear por ella…

- Pero aún sigue en pie una mujer, dentro de esa montaña -Dije refiriéndome a mí- Y lo que menos quiero… es ver a la gente que más quiero morir… mucho menos que se derramé sangre inocente.

Gandalf se quedó impresionado, Bardo miro al rey elfo y este solo me miró a mí- ¿Y qué tienen ustedes para olvidar esta guerra y marcharme?

- Bilbo… -Miré de reojo y este asintió acercándose al rey y sacando la piedra- Tenemos esto -Destapó la joya, ya que tenía un trapito cubriéndolo.

Thranduil se levantó- El corazón de la montaña -Dijo susurrando y al vez impresionado- La joya del rey.

- Y vale el rescate del rey -Dijo Bardo acercándose mirando la piedra fijamente, luego nos miró- ¿Cómo es que nos los ofrecen?

- Lo tomé como la parte que nos correspondía -Dijo Bilbo como si fuera lo más normal del mundo.

- ¿Por qué están haciendo? -Dijo Bardo- No nos deben lealtad alguna.

- No estamos haciendo esto por ustedes -Dije yo.

- Los enanos pueden ser muy obstinados, y muy tercos, difíciles, desconfiados y reservados -Dijo Bilbo- Con los peores modales que se puedan imaginar, pero también son valientes, amables -Miré a Bilbo, en el libro y en la película eran dos cosas, pero… aquí, justo al frente de mí, lo decía con tanta sinceridad, que me provocaba darle un abrazo de oso- Y leales hasta morir, y… me he encariñado mucho con ellos y los salvaremos si podemos -Puse una mano en el hombro izquierdo de Bilbo, este me sonrió al verme.

Luego miré a los dos adultos- Mi padre está vuelto loco por esa cosa -Les dije- La anhela, es como si la necesitara para respirar -Les dije- Y por ello… querrá recuperarla, ese es nuestro plan, si él la recupera, les dará lo que les debe, no habrá necesidad de una guerra, ni de muertes… ni nada -Dije- Es un intercambio… eso todo -Dije casi en un susurro.

Bardo y Thranduil se miraron, pero no dijeron nada, Gandalf nos pidió iros de ahí, ya que ambos debían conversar, aunque la verdad, ya sabía la respuesta- Descansen -Dijo Gandalf- Deben salir a la mañana.

- ¿Qué?

- Deben irse lejos de aquí -Dijo Gandalf caminando a nuestro lado- Más allá de la Comarca, si es necesario.

- No -Negué con la cabeza, yo estaba al otro lado de Gandalf- Debo volver, Thorin ya debió notar que no estoy, debo volver… Bilbo, tú debes quedarte o irte.

- ¿Qué? -Preguntó incrédulo- Soy parte de la compañía, no la abandonaré.

- Ya no hay compañía alguna, ya no la hay -Dijo Gandalf- Además no quiero ver lo que haría Thorin al ver lo que han hecho.

- Yo no le tengo miedo a Thorin -Dijo Bilbo parándose- Ni yo, ni Lena le tenemos miedo, incluso ella le retó, desafió a su propio padre por el bien de todos nosotros.

Miré a otro lado, Bilbo tenía razón, aun así, todo se había salido de mis manos y sufrió mi mejilla por mi boca y el querer ayudar a mi gente- Pues deberían -Dijo girándose rápidamente- Encararlo con palabras es una cosa, hacer esto es muy diferente, los enanos lo tomarán como traición… no hay que subestimar la maldad del oro, oro en el cual una serpiente se crio… el mal del dragón afecta a todos los corazones que están cerca de esa montaña -Bilbo y yo lo miramos con una mueca, al menos yo la tenía- Casi todos -Asentimos los dos.

Abrí un ojo, no había dormido nada la última hora, me giré lentamente y pude ver a un Bilbo un poco adormilado, me levanté y me arrastré con cuidado hasta su cama, lo zarandé un poco y este se despertó un poco atolondrado, me miró y solo asintió.

Arrastrados y sin que nos vieran los hombres y los elfos, llegamos hasta la entrada sellada de Erebor, lo bueno es que la cuerda estaba ahí, entonces, no se había dado cuenta de nuestra ausencia.

- Primero tú, Lena… rápido -Dijo él poniendo una mano para que apoyara el pie y me impulsara, cosa que hice con agilidad, empecé a trepar hasta llegar arriba y me agaché para ver si alguien llegaba, pero no vi a nadie.

Sentí un mano en mi hombro y salté en mi lugar- Bilbo… -Susurré con la mano en mi pequeño- Casi me matas del susto -Le recriminé aun en susurros.

- Nos debemos ir -Dijo él caminando con sigilo por la muralla, yo le seguí y emprendimos una carrera hacia los dormitorios, pero me detuve en la mitad del camino- ¿Qué sucede? -Preguntó Bilbo- Nos descubrirán.

- No es nada -Dije avanzando, ni yo misma sabía porque me había detenido, o la verdad sí, quería cerciorarme de que Thorin no estaba en la cámara del tesoro, pero sabía ya la respuesta a mi pregunta, al llegar detuve a Bilbo- Bilbo escúchame -Este me miró- Por lo que más quieras… no salgas, no vayas mañana a la muralla, ¿Sí?

- Pero, Lena…

- No vayas -Le dije- Créeme es por tú bien -Le dije, este solo asintió para luego entrar a su habitación.

Abrí la puerta de mi habitación y entre después de desearle las buenas noches al mediano, suspiré y apoyé mi cabeza contra la puerta- ¿En dónde estabas? -Abrí los ojos como platos y me giré para ver a un Thorin de brazos cruzados sentado en una silla.

- E…estaba… estaba… estaba con Bilbo -Dije y sentí un escalofrío por la espina dorsal- F-Fuimos… a la… muralla… -Dije- Q-Queríamos… saber… c-cuantos elfos habían -Ni yo me creería esa mentira.

- Dwalin fue a la muralla y no te vio ni a ti ni al Hobbit -Se levantó de la silla- ¿Me ocultas algo? -Preguntó él mientras caminaba rodeándome.

- ¿Qué ?-Pregunté- No para… nada -Dije.

- Andas demasiado tiempo con ese mediano -Dijo Thorin con el ceño fruncido.

- Porque considero que es el único razonable esté lugar -Dije poniéndome de brazos cruzados.

- ¿Razonable? -Preguntó, pero no le conteste- Te enamoraste del hobbit.

Tragué en seco- ¿Estás loco o qué? -Pregunté con una sonrisa nerviosa- ¿Enamorada de Bilbo?, por favor, Bilbo es un gran amigo, eso es todo… además del único que me apoya en contra de la guerra sin sentido alguno…

- No quiero volver a discutir ese teme contigo, Lena -Dijo duramente-Aléjate del hobbit, no te conviene…

- Nadie me obliga a nada… mucho menos tú que ni siquiera estuviste cunado nací -Casi le gritó, él se quedó perplejo, pero al segundo frunció el ceño.

- A mí no me culpes, esa fue TÚ madre -Dijo él y parecía que quería explotar, suspiró y se llevó una mano a la frente, parecía agotado- Quédate aquí y no salgas el día de mañana.

- ¿Qué...? -Pregunté- Pero…

- No salgas -Dijo él y se acercó- Perdí a tú madre por una imprudencia mía -Tocó mi cara con su mano derecha- No haré lo mismo contigo.

Lo miré intrigada, la verdad no sabía cómo mis padres se había separado, o al menos si es que se habían separado por voluntad propia, porque conocía muy bien las costumbres enanas, y sabía que mi mamá era la "única" de mi padre, y eso es para siempre- No me importa -Le dije- Debo estar a tú lado, soy tú hija y princesa de este reino… debo estar a tú lado… -Susurré lo último.

Thorin se alejó de mí sin decir nada, abrió la puerta y al cerró de un portazo fuerte, tan fuerte que creí que la montaña empezó a sacudirse, pero eso solo fue mi imaginación, suspiré ya cansada, el día había sido demasiado terrible y casi me atrapan, si Thorin se enterara de esto, pensaría que es traición y si en el libro y en la peli casi mata a Bilbo ahorcándolo, al igual que en el libro, ¿Quién sabe lo que hará conmigo?

Con esos temores me dirigí al baño, abrí el grifo de la tina y empezó a llenarse la bañera, lo bueno es que había cañerías en Erebor o al menos, la realza la tenía, me metí al agua después de quitarme la ropa y traté de tranquilizarme, faltaba un día más y lo que temía, podía cumplirse, un día más y miles de hombres, mujeres, niños, elfos y enanos morirían a manos de ese malnacido.

Apreté los puños para luego suspirar, no debía enojarme, aun no, eso lo dejaría para después, cuando estuviésemos peleando contra esas cosas sin cerebro.

Salí del agua y me envolví en una toalla, para luego ir a la habitación y ponerme algo mucho más cómodo para caer en mi cama y a los brazos de Morfeo.

Abrí los ojos, ya sabía que era la mañana, me apresuré a vestirme para la bendita guerra de mi padre, un vestido, azul celeste, cortado por la cintura la igual que las magas cortadas hasta los codos, unos pantalones marrones y unas botas, acomodé mi cabello en un gran moño y busqué mi espada donde la puse en su funda para ponerla en el cinturón.

Me cercioré que tenía todo bien, que no me faltaba nada, y así era, suspiré, el miedo comenzó a embriagarme, era eso o el hambre que tenía.

"Este… que planea una guerra a sabiendas que morimos de hambre", negué con la cabeza y salí directamente hacía la muralla, donde pude ver a los enanos en está, en silencio subí las escaleras y me puse entre Kili y Thorin.

Kili me miró, le devolví la mirada para luego ver al gran ejercito de elfos, tragué en seco, pero luego sentí la mano de mi primo en la mía, apretándola.

A lo lejos pude ver a Thranduil y a Bardo llegando en su reno (Rodolfo) y en su caballo blanco respectivamente.

Vi como Thorin preparó un arco con una flecha y la lanzó hacia el elfo tocando está con el suelo- ¡La siguiente irá entre tus ojos! -Thorin ya tenía otra flecha preparada y para rematar el asunto los enanos empezaron a gritar de victoria o de alegría, no los entiendo.

Y como robots, los elfos prepararon sus flechas al ver que Thorin amenazaba a su rey, al instante, me agaché junto con Kili, más bien, el me obligó a agacharme, nos levantamos y pude ver que Thorin seguía imponente mirando al elfo y al hombre fijamente, ya las flechas había sido retiradas por orden de Thranduil.

- Hemos venido a decirte -Dijo Thranduil- Que él pago de tú deuda ha sido bien aceptada.

- ¿Pago? -Preguntó Thorin y me tensé no sabía si el muy maldito elfo diría algo, sabía que Bardo no lo haría, pero no me fiaba mucho de él- ¿Qué pago? -Preguntó aun con el arco en mano- No les hemos dado nada, ¡No tienen nada!

Thranduil miró a Bardo y este entendió la orden, el hombre saco de entre sus ropas la piedra del arca y aspire todo el aire que mis pulmones podían, para luego sacar todo el aire, estaba nerviosa, mega nerviosa- Tenemos esto.

Vi como Thorin dejó de tensar la cuerda del arco y mirar fijamente la piedra en la mano de Bardo, estaba estupefacto- Tienen la piedra del arca -Dijo Kili soltando mi mano y apretándola en un puño- ¡Ladrones!

- ¿Cómo es que tienen la reliquia de nuestra casa?

- ¡La piedra es del rey!

- El rey la puede tener -Dijo Bardo lanzándola al aire y atajándola para luego guardársela- Con buena voluntad, pero primero debe honor a su palabra.

Thorin empezó a negar con la cabeza- Nos creen unos tontos -Susurró hacía mí, más bien era hacia nosotros, pero creo que nada más Fili, Kili y yo lo pudimos escuchar, ya que volteamos a verlo, pero luego todos lo miramos- Un sueño, una mentira sucia… ¡La piedra del arca está en esta montaña!, ¡Es un truco!

- No es un truco -Me giré para ver al Bilbo, creí que se quedaría en su habitación, más bien creí haberle exigido que se quedara y no saliera por nada del mundo, negué con la cabeza suavemente y lo miré preocupada- La piedra es real, yo se las di.

- Bilbo -Susurré.

Thorin se puso a un lado de mío y miró al hobbit con enojo, más que enojo, estaba furioso, lo podía notar, se podía notar a kilómetros- Tú.

- La tomé como parte de mi tesoro -Dijo Bilbo mirando al suelo y luego Thorin, apreté los ojos, esto era lo que no quería que sucediera.

- Tú me robaste.

- ¿Robarte?, no, no -Dijo Bilbo- Tal vez sea un saqueador, pero me considero uno muy honesto, estoy dispuesto a ceder lo que me corresponde.

- ¿Ceder lo que te corresponde? -Preguntó Thorin incrédulo, empecé a ponerme nerviosa, si esto iba a mayores debía intervenir, sea como sea- Te corresponde, a ti no te corresponde nada, ¡Miserable rata! -Tiró su espada al suelo haciendo un sonido sordo y salté en mi lugar por el susto.

- Te la iba a dar -Dijo Bilbo después de dar un paso hacia tras, pero volvió a dar uno a delante- Muchas veces lo quería hacer, pero…

- ¿Pero qué, ladrón?

- Has cambiado, Thorin, el enano que conocí en la comarca jamás habría faltado a su palabra, ¡Nunca habría de la lealtad de su pueblo! -"Este es un duro", pensé al ver la cara de enojo del hobbit.

- No me hables a mí… de lealtad -Dijo Thorin- ¡Ahorquen a este traidor o arrójenlo de la muralla! -Abrí mis ojos como platos y miré a todos los enanos que no se movían, Thorin se giró- ¿No me escucharon? -Agarró a Fili del brazo, pero este se soltó de un movimiento- Lo haré yo mismo.

- ¡No! -Grité extendiendo los brazos y poniéndome frente a angustiado hobbit, ¡Ya era mi momento de intervenir en esta historia!- ¡Ni se te ocurra tocarlo! -Dije frunciendo el ceño- ¡O te quemó!

- Lena -Thorin abrió sus ojos como platos, para luego fruncir el ceño- ¿Tú sabías acerca de esto? -Preguntó Thorin.

- Sí -Fue lo que dije.

- No, Lena -Susurró Bilbo tras de mí- ¡Ella no sabía nada, yo fui anoche a darle la piedra del arca, solo yo!

- Y yo estaba presente -Dije, mirando furiosa a Bilbo- Quería hacer lo correcto.

- ¿Entregando la piedra del arca a nuestros enemigos? -Preguntó Thorin- ¡Eres una sucia traidora !-Gritó- Mi propio linaje… manchado… -Susurró lo último, pero lo escuché claramente, respiré hondo y Thorin me miró furioso, si las miradas matasen, ya estaría a tres metros bajo tierra- Fue ese infame -Rugió él- ¡Esa maldita rata te puso en mi contra! -Dio un paso y yo puse mi mano frente a él.

- ¡Si te acercas te quemaré! -Le grité- ¡Ya tú no eres mi padre! -Le dije-¡Eres otra persona vanidosa y codiciosa que solo piensa en su oro y la maldita joya! -Le dije.

- ¡Cállate! -Para después sentir como me agarraba de los brazos fuertemente y me tiró al piso alejándome de Bilbo, al instante mi cabeza golpeó contra el suelo y lo único que oía era un pito y voces lejanas, como de ultratumba, vi a Fili arrodillado a mi lado y tocándome la frente, para luego ver como el rey se acercó al hobbit, lo agarró de las ropas y estaba a punto de arrojarlo por la muralla, empezó a gritar, pero solo oía de lejos, hasta que pude escuchar mejor- ¡Maldito seas… a mi propia hija… mi contra! -Gritó- ¡Le llenaste… cabeza de estupideces! -Los enanos trataron de que Thorin soltara a Bilbo- ¡Maldito… mago que metió… compañía! -Seguía gritando.

-¡Si no te… mi saqueador entonces no… regrésamelo! -Pidió Gandalf.

Seguí en el piso, estaba un poco mareada y mis sentidos no estaban funcionando mucho, quería desmayarme y despertarme de esa terrible pesadilla- Lena -Pude escuchar a lo lejos y vi borrosamente a Fili y sentí su mano apretar a la mía.

- No… figura esplendida… ¿O sí?, Thorin… Thrain.

Vi borrosamente a Bilbo caer al suelo de rodillas, hice una mueca de dolor, la caída me había afectado en mi espalda y en la cabeza. El hobbit me miró, pero Bofur y Kili lo agarraron antes de que otra cosa más sucediera y lo llevaron hasta una punta donde podría bajar tranquilamente, pero antes de bajar, me miró, simplemente le asentí y este se fue.

- ¡Nunca… haré tratos… magos! -Gritó Thorin- ¡O ratas… la comarca!

Me senté con ayuda de Kili haciendo una mueca, Fili también me ayudó y me pararon entre los dos- Estoy bien -Susurré.

- ¿Qué dice el rey bajo la montaña? -Preguntó Bardo- ¿Intercambiará la piedra del arca por lo acordado?, ¡Nos su respuesta!, ¿Eliges paz o la guerra?

Un cuervo llegó volando y se apoyó al lado de Thorin, respiré hondo y quité los brazos de mis primos, ya podía con mi cuerpo y ellos entendieron, pero la verdad es que estaba muy mareada. Thorin miró el cuervo y luego al horizonte- Elijo la guerra -Dijo él.

Giré mi vista hacia donde él veía y pude ver a un gran ejercito de enano de las Colinas de Hierro, apreté los ojos, "Mierda", pensé esto iba de mal a peor. Los enanos empezaron a gritar de alegría al ver a sus parientes, "Dios, esto está mal", seguí pensando, miré a un lado, la cuerda estaba ahí, era mi momento de escapar, pero por alguna razón, que no conozco aun, no me fui, seguí ahí parada, como una estatua.

Thranduil le dio órdenes a sus soldados, estos se giraron hacia el horizontes donde estaba el ejército de Dain- ¡Buenos días! -Dijo Dain- ¿Cómo están?, tengo una proposición que hacerles, solo durara un momento -Dijo Dain y traté de asomarme, y lo hice poniéndome junto a Kili, al parecer Thorin estaba inmutado de mi existencia aún- ¡¿Quisieran considerar... largarse de una vez?! -Gritó lo último y me sobresalté, este tipo podía dar miedo- ¡Todos ustedes, ahora mismo! -Los aldeanos retrocedieron ante la amenaza, más los elfos se quedaron ahí.

- ¡No se retiren! -Gritó Bardo.

Vi como Gandalf empezó a hablar, pero no lograba escuchar mucho- ¡O voy a regar esta tierra con su sangre! -Gritó Dain, jamás consideré a un tío así-¡No me voy a retirar ante un elfo!, ¡Y no será ante este maldito espíritu del bosque!, el no desea más que la maldad para mi pueblo, sí el desea hacernos frente a mí y mi pueblo, ¡Le abriré su preciosa cabeza!, a ver si sigue sonriendo como ahora -Dijo Dain.

Y los enanos a mi alrededor empezaron a gritar de alegría ante las palabras de Dain- Así como su primo, ¡Él está loco! -Dijo Thranduil.

- ¿Oyeron todos?, ¡A luchar! -Se giró hacia su ejército- ¡Démosles a esos malditos una buena golpiza!

Los enanos de las Colinas de Hierro gritaron en Khuzdul listos para luchar contra los elfos y, de paso, con los hombres del lago, mientras que los enanos gritaban, los elfos se ponían imposición, y fueron los arqueros en los que quedaron en primera fila.

De la nada, escuchamos como un trueno, miré hacia una parte de las montañas, de dónde provenía el sonido, "Por todo lo sagrado, no", pensé abrieron los ojos como platos, ya me estaba preocupando, ya estábamos bien mal, al instante salieron unos grandes gusanos desde el interior de esa montaña, para luego regresar por donde llegaron.

Me giré al escuchar el grito inconfundible de Azog, estaba en lo alto de la cima, dirigiendo a su gran tropa- Mierda -Fue todo lo que dije.

- ¡Las hordas del infierno nos amenazan! -Gritó Dain encima de su jabalí, los enanos se pusieron delante de los elfos, ellos pelearían hasta su última gota de sangre y sudor- ¡A pelear hijos de Durin!

- ¡Voy a salir de la muralla!, ¿Quién se viene conmigo? -Los enanos empezaron a gritar y estaban a punto de salir, incluso yo también iba a salir.

- Todos quietos -Dijo Thorin.

- ¿No haremos nada?

- ¡Dije que todos quietos! -Gritó Thorin mientras, majestuosamente, bajaba por las escaleras, me giré para ver a los demás enanos a nadita de pelear contra los orcos.

Apreté mis manos fuertemente y me fui tras Thorin, ante los gritos de los enanos, pero no me importó, este me oiría sin importar qué, pero no llegué a ni mucho menos, pues estaba corriendo y al instante caí al suelo, seguía mareada y el dolor de cabeza no me ayudaba en mucho.

- Está perdiendo mucha sangre -Pude oír.

- Hay que llevarla a su habitación -Las voces parecían lejanas, y cerré los ojos.