hola a todos aki sta el new cap jeje

recuerden de ke nada me pertenece

Capitulo 21

Debieron pasar unas tres horas desde que comenzaron a caminar hacia el sur. Sin embargo, ninguno de los acompañantes de Alice había mencionado la comida. Lo que sí se mencionaba una y otra vez era el cambio de su aspecto y, cada vez que levantaba la vista, descubría que uno de ellos la estaba mirando, incluso Jasper, como si todavía no pudieran creer que hubiera resultado ser tan bella. Serge y Lazar parecían encantados de que fuera así. En el caso de Emmett no podía darse cuenta excepto que no había hecho ningún comentario despectivo en lo que iba de la mañana. Y ya sabía lo que pensaba Jasper lo cual no tenía sentido si uno se ponía a pensar que podía obtener más dinero por una bailarina exótica bella que por una fea.

Intentó no considerar en qué era más valiosa para ellos ahora porque eso haría que la vigilaran aún más. En cambio pensó en el hambre que tenía, lo cual no fue muy difícil debido a todo el ruido que le estaba haciendo el estómago. Finalmente se le ocurrió pensar que, por lo bien vestidos que estaban sus secuestradores y los modales que tenían, tal vez no sabrían cómo sobrevivir en la selva. Eso sí que sería gracioso. En realidad, no, por cuanto también ella se encontraba atrapada.

Alice estaba a punto de revelar que sabía cómo buscar comida cuando Serge, que exploraba más adelante, dijo que había encontrado algo. Ese algo resultó ser la casa de una plantación relativamente grande, con todos los edificios exteriores correspondientes que hacían que los lugares de ese tamaño fueran autosuficientes. Este sitio resultó tener todo lo que sus secuestradores hubieran pedido: una comida caliente ya preparada, provisiones para llevar y cuatro caballos robustos lo cual, aparentemente, estaban en condiciones de pagar. Había más caballos disponibles y, además, los hombres tenían más dinero encima pero, obviamente, ella no iba a montar sola.

Pensó que eso seria esperar demasiado. Tampoco la dejaron sola ni por un segundo ni siquiera para usar el cuarto de aseo, especialmente para usar el cuarto de aseo. Jasper la acompañó al excusado fuera de la casa. Incluso inspeccionó el interior para asegurarse de que no hubiera otras salidas antes de permitirle esos pocos minutos de privacidad. Le hubiera gustado saber cómo iban a hacer cuando no hubiera un excusado fuera de la casa. ¿Pensaba quedarse parado allí mirándola? ¡Demonios!

No se quedaron en la plantación más tiempo del necesario, quizá porque no confiaban en Alice cuando había otra gente. Le habían advertido de antemano que no causara ningún problema allí pero, esta vez, no se mencionaron las consecuencias. De todas maneras no habría hecho caso a la advertencia si hubiera pensado que alguien en las instalaciones hubiese estado en condiciones de ayudarla. Pero el propietario era un hombre de edad. Su esposa era una inválida a quien Alice ni siquiera llegó a conocer. Y todos los demás eran los esclavos de la pareja. No podían ayudarla a ella más que podían ayudarse a sí mismos.

Cuando fue la hora de partir Alice no tuvo la necesidad de preguntar con quién cabalgaría. Agarrándola del codo, cosa que había hecho durante toda la visita, Jasper la condujo hacia el caballo que él había elegido, una yegua alazana grande, la ayudó a subirse a la montura y se sentó tras ella. La posición que más o menos la colocaba en el regazo de Jasper, le disgustaba por completo. Al estar apoyada en uno de sus brazos, se sentía lo suficientemente cómoda pero podía ver a Jasper sin ninguna dificultad. Le molestaba estar tan cerca de él, tocarle en tantos sitios, sentir su calor —siempre le parecía que ese hombre estaba caliente—, pero también tener que mirarle era demasiado. Pensó que podía cerrar los ojos o endurecerse el cuello mirando hacia adelante. Intentó las dos opciones pero ambas le hacían sentir claramente que él la estaba observando y eso también le disgustaba. No le llevó mucho tiempo hacérselo saber.

—Quiero cambiar de posición, Jasper, y sentarme hacia adelante.

—¿Atravesada?

—Sí.

—No.

Se enfrentó a esos ojos dorados como el jerez y le preguntó:

—¿Y por qué no?

Jasper la miró a los ojos sólo un instante y luego miró sobre su cabeza con la mandíbula apretada y los labios bien cerrados. Intentó con todas sus fuerzas ignorarla. Sin embargo respondió.

—Su falda no se lo permitirá.

La falda era bastante angosta en comparación con aquellas diseñadas especialmente para ajustarse a innumerables enaguas pero tampoco lo era tanto.

—Dejaría ver sólo un poco de piel o, tal vez, nada ya que llevo botas que me cubren un tercio de las pantorrillas.

Alice pensó que su respuesta había sido bastante razonable pero a Jasper se le habían aclarado levemente los ojos cuando volvió a mirarla.

—Un poco es demasiado. Recuerde por favor quién es, princesa, y comience a comportarse con el decoro que exige su condición y no como una mujer de taberna.

La pausa le resultó lo suficientemente clara como para darse cuenta de que "prostituta" había sido su primera elección para describirla. Por alguna razón que no podía imaginar, le estaba irritando lo suficientemente como para provocar los insultos otra vez. Y si iba a insultarla, mejor que fuera de forma merecida.

—¿Qué fue lo que le molestó? ¿La palabra piel? ¿Pantorrilla? Soy una mujer de taberna, Jasper, y no hay muchas palabras que no encajen en mi vocabulario. ¿Le gustaría oír alguna otra que, tal vez, pudiera resultarle cuestionable, hijo de perra?

Sus miradas pelearon durante casi un minuto de total silencio. Decididamente, los ojos de Jasper ahora brillaban y los suyos disparaban algunas chispas verdes. Luego la sorprendió concediendo todo.

—Siéntese como quiera. Muestre toda la piel que desee. También puede decir lo que le plazca, pequeña Alice.

La muchacha hizo un gesto de disgusto. Él estaba cediendo con demasiada facilidad después de incitarla a una pelea. De todos modos reacomodó rápidamente las extremidades antes de que el hombre cambiara de opinión. El hecho de no ver esos ojos de demonio la dejaba mucho más tranquila. Tal vez ahora pudiera volver a concentrarse en su huida...

Cuando estaba inclinándose hacia adelante para bajarse la falda hasta donde le fuera posible, Jasper la abrazó de la cintura para afirmar más las caderas de Alice entre sus piernas. Sin embargo la joven no se alarmó porque pensó que él simplemente quería asegurarse de que no se cayera del caballo. Pero no la soltó cuando ella se afirmó y, un instante más tarde, levantó el antebrazo hasta que puso una mano abierta sobre su pecho derecho con la suficiente presión como para que su espalda estuviera en total contacto con su pecho. Al mismo tiempo que sus labios dejaron escapar un resuello, oyó la voz de Jasper en el oído como si no hubiera habido ninguna pausa después de sus concesiones.

—Pero descubrirá, si no lo ha hecho todavía muchachita, que la manera en que se comporta una mujer es la manera en que probablemente será tratada.

Alice abrió bien los ojos al darse cuenta de que lo que él estaba haciendo era darle una lección, aunque bastante injuriosa, y no tomarse libertades porque había sentido algún deseo al tocarla. Era algo tan humillante que sólo de pensarlo cerró los ojos pero volvió a abrirlos. La lección no había terminado. Jasper arqueó los dedos alrededor de su pecho y lo apretó suavemente mientras ondulaba la mano. Aunque, probablemente, no esperaba o no quería que ella sintiera algo que no fuera vergüenza ante esta lección, esa caricia particular la excitó de cualquier modo. Ella le quitó los dedos de encima agradecida de que él se lo permitiera, y le echó la mano a un lado.

—Entiendo el mensaje —dijo con amargura.

—No me parece.

Y volvió a tocarla con la mano que subió para acariciarle la garganta y que luego bajó sobre ambos pechos, sobre el estómago, por una pierna. Tenía la falda estirada sobre los muslos que no debería haber sentido más que el mínimo roce de su mano, pero sus dedos le acariciaron la pierna de todas maneras, haciéndole sentir que la falda ya no estaba allí. Volvió a subir su mano lentamente.

Alice le tomó la mano y volvió a apartársela pero Jasper volvió a apoyarla en su pecho. Y, esta vez, la muchacha no pudo soltarla.

—Gritaré —le prometió Alice.

—Lo único que logrará es conseguir una ávida audiencia.

Se había olvidado por completo de que no estaban solos. Probablemente, ya habían llamado la atención de alguno de sus acompañantes. Jasper volvió a apretar la mano una vez más.

—¡Está bien, maldición, me sentaré como usted quiera!

—Una sabia decisión, princesa.

Pero no le quitó la mano del pecho hasta que se había dado la vuelta por completo y estaba otra vez instalada sobre su regazo. Alice le miró. Se sentía terriblemente frustrada de que no hubiera manera de haberle podido ganar esa pequeña batalla.

—¿Ya le he dicho que es un engendro del diablo, Jasper?

—Sí.

—¿Y un bastardo?

—También.

—Usted sabe que le desprecio.

—Eso es inevitable.

Alice no dijo nada más y se puso a mirar hacia un lado del camino por el que iban cabalgando. Se negaba a volver a mirarle. Pero su último comentario había quedado flotando en su memoria y la perturbó repetidamente a lo largo de la tarde interminable. ¿Era inevitable? No estaba tan segura. Pero ¿por qué él pensaba que sí?


jeje ke barbaros no? espero les haya gustado

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