Capítulo 20

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Septiembre 1

El Gran Salón bullía de vida luego de semanas silencioso.

Risas, cubiertos, charlas, susurros, exclamaciones, platos.

La cena estaba en su apogeo y el alumnado del colegio comentaba lo que habían hecho durante el verano, las noticias acerca de la guerra, las especulaciones acerca de qué era lo que Harry Potter y sus amigos habían ido a hacer al Ministerio el período escolar anterior.

No les llamaba demasiado la atención que Ron y Hermione hubieran estado allí, aunque había varias versiones de qué fue lo que les pasó para que terminaran ambos en la enfermería. El que Ginny, Neville y Luna también fueran de la partida sí los sorprendía. Definitivamente, Neville y Luna eran una sorpresa.

Ninguno de los implicados parecía prestar mayor atención a los comentarios susurrados entre bocados de pastel de carne y patatas salseadas.

Luna estaba muy concentrada en un artículo, con sus enormes ojos saltones fijos en el periódico y el tenedor suspendido entre el plato y su boca, como si jamás fuera a llegar a destino.

A Neville, Parvati Patil y Lavander Brown lo estaban acribillando a preguntas acerca de los acontecimientos en el Ministerio, a una velocidad pasmosa. Sin embargo, el muchacho se limitaba a mirarlas como si no entendiera del todo por qué rayos le estaban preguntando todas esas cosas a él.

Ginny se hallaba a bastante distancia de Harry, sentada cerca de sus compañeros, charlando con Dean Thomas.

Ron parecía estar tremendamente concentrado en batir algún tipo de record de cantidad de patatas que podía engullir en una sola comida, mientras comentaba el campeonato nacional de Quidditch con Seamus y la nueva prefecto de Gryffindor, una chica del curso de Ginny que se veía muy interesada en el tema.

Hermione desmenuzaba su pastel de carne con precisión quirúrgica, mientras lanzaba miradas espantosas a la compañera de Ginny y mantenía el entrecejo firmemente fruncido, tratando de aparentar que no estaba molesta.

Estaba sentada entre Ron y Harry, por lo que éste último tuvo que hacer a un lado la cabeza cuando la chica hizo demasiada fuerza sobre una patata y el vegetal saltó directo hacia su rostro.

- Perdón – murmuró Hermione, poniéndose colorada y dejando los cubiertos sobre la mesa.

A Harry el enojo de Hermione lo hubiera divertido si no fuera porque algo hacía que él también frunciera el entrecejo, aún cuando esperaba estar siendo más discreto que la bruja de pelo alborotado. Con todo el autocontrol que fue capaz de reunir evitaba mirar hacia donde Ginny y Dean estaban sentados demasiado juntos para su gusto.

¿Por qué demonios Ron no hacía algo al respecto? No es que a él le importara, por supuesto, pero Ron era su hermano mayor. ¿Acaso no veía que Dean se inclinaba todo el tiempo para hablarle en el oído y olisquear en su cuello?

Tomando aire, se concentró en su comida nuevamente, dejando que su mente vagara a las semanas que habían pasado antes de regresar al colegio.

En algún punto del viaje a Hogwarts, mientras Ron y Hermione estaban en su reunión de prefectos, Harry se había dado cuenta de que por primera vez en seis años el viaje al colegio no representaba una absoluta vuelta al hogar.

Amaba Hogwarts y siempre lo haría. Había sido el primer hogar verdadero que había tenido. Pero esta vez, cuando se subió al tren, ya no tuvo esa sensación de "por fin vuelvo a casa". De alguna manera, ahora era como si tuviera dos casas. Una conocida y otra nueva.

Y le gustaba.

Le gustaba la idea de invitar a Ron y Hermione a que pasaran las vacaciones de Navidad en su casa. La idea de ser el anfitrión. La idea de que el sitio le pertenecía y él pertenecía a ese sitio.

En las semanas anteriores no había llegado a acostumbrarse a la idea de que Mathew y Evelyn eran sus padres, pero sí a la idea de que ellos lo consideraran su hijo.

Había aprendido mucho de los dos en ese tiempo y, curiosamente, había aprendido mucho acerca de él mismo a la vez.

Ambos escuchaban más de lo que hablaban, pero Harry se había dado cuenta de que en realidad hablaban entre ellos todo el tiempo. Sólo que nadie podía escuchar sus charlas.

Él era el estratega y ella era la acción, así es que mientras Ron era derrotado una y otra vez en el ajedrez por Mathew, él aprendió con Evelyn para qué servían todos esos extraños muñecos de madera que habían en el sótano.

La mañana de su cumpleaños lo despertó el zumbido inconfundible de una Snitch dorada que revoloteaba sobre su cama. Se levantó de un salto y la persiguió escaleras abajo, hasta atraparla. Recién entonces vio que tenía el escudo de Hogwarts grabado en ella. Era la snitch que Mathew y Evelyn atraparon al mismo tiempo en el último partido que jugaron en Hogwarts. Mathew le contó que Dumbledore se las había dado de regalo en su fiesta de graduación, como recuerdo de su atrapada única. Y ahora ellos se la regalaron a él, por su cumpleaños.

Las manos de Mathew eran tan grandes que cuando le apoyaba una en el hombro, parecía cubrirlo entero. Harry estaba seguro de que no le gustaría que esa mano se alzara en contra suyo. Evelyn tenía manos delgadas y elegantes, pero aún así tampoco quería que esa mano se alzara contra él. No después de haberla visto romper una cerradura con sólo hacer presión.

El sombrero había decidido que ambos eran Gryffindors, pero Evelyn le había suplicado que la colocara en Slytherin.

"Si quieres atrapar al enemigo debes conocerlo lo mejor que puedas. Y aunque el ser un Slytherin no te transforma automáticamente en un mortífago, me pareció el mejor lugar para comenzar", le explicó la bruja cuando él la miró como si estuviera loca al enterarse.

Se sorprendió al descubrir que la materia favorita de Mathew era Pociones, mientras que la de Evelyn era Aritmancia, aunque no le sorprendió en absoluto que los dos detestaran profundamente Adivinación.

No hablaban mucho acerca de lo que eran o no eran capaces de hacer, pero se habían asegurado de tener absolutamente claro todo lo que él era capaz de hacer. Y ahora estaba seguro de que si había una posibilidad para él, ellos lo ayudarían a encontrarla. Seguían sin dar crédito a la profecía, pero le prometieron que harían todo lo posible para que en el momento decisivo no se tratara de él o Voldemort.

"Si de nosotros depende, Voldemort no volverá a acercarse a ti jamás", declaró Evelyn.

"Pero si se acerca, nos aseguraremos que tus únicas armas no sean una varita y una escoba", agregó Mathew.

El jefe de la brigada de aurores había enviado una lechuza diaria solicitándoles que se reincorporaran a su antiguo trabajo. Ellos se negaron.

"Tenemos algo mucho más importante de qué ocuparnos", le había dicho Mathew cuando le preguntó por qué no regresaba a hacer algo en lo que, evidentemente, era muy bueno. Pero no le dijo de qué se trataba.

Una noche en la que Mathew estaba en Escocia, tuvo una pesadilla sobre Angelus y lo que pudo haberle hecho a Evelyn durante esos veintidós días que la tuvo secuestrada. Y al bajar a la cocina descubrió que, si Mathew no estaba en casa, Evelyn era insomne.

Esa noche hablaron acerca de lo que se sentía ser el objetivo primario de Voldemort y, encima, compartir un lazo con él. De la fama no deseada, buena o mala. De no tener un hogar fuera de Hogwarts. De la soledad que implicaba el haber visto o hecho cosas que los demás ni siquiera imaginaban. De los amigos. De Dumbledore. De las batallas que nunca parecían acabarse. De la oscuridad que siempre parecía estar a punto de cubrirlo todo, como una salida muchas veces deseada.

"¿Qué evitó que te dieras por vencida?", le preguntó Harry.

"Mathew", respondió ella. "Tú salvaste mi vida cuando fui envenenada. Y él me salvó la vida millones de veces antes de ese momento"

Harry se preguntó que se sentiría tener a alguien capaz de hacer que uno se levante a pesar de que ya no puede moverse. Se preguntó si alguna vez él tendría la posibilidad de descubrirlo.

No parecía haber nada que él no pudiera preguntar. Todo tenía una respuesta, a veces detallada, a veces no. Excepto si preguntaba sobre lo ocurrido los días previos a su nacimiento. Mathew le dijo que él no lo sabía y Harry no se atrevió a preguntarle a Evelyn.

Lamentó profundamente que tuvieran que viajar a Francia tres días antes porque en verdad le habría gustado que, por una vez, en la plataforma de King Cross hubiera alguien que estuviese allí única y exclusivamente para despedirlo a él.

"Te veremos el primero de Septiembre", le había prometido Mathew antes de partir, dejándolo con los Weasley.

Pero no habían podido regresar a tiempo y Harry se quedó mirando por la ventanilla del tren hasta que el andén desapareció.

La ceremonia de selección pasó sin problemas y el sombrero volvió a advertir a todos acerca de la importancia de que las casas se unieran en esta época de incertidumbre y peligros.

En la mesa de los profesores estaban las mismas caras de siempre, con el agregado de Firenze que asentía amablemente a la charla de Hagrid en la punta de la mesa. Snape parecía tan cejijunto como siempre y permanecía al margen de la charla entre la profesora Vector, la profesora Hotch y el profesor Flitwick. La profesora McGonagall y la profesora Sprout hablaban animadamente con el profesor Dumbledore, mientras que madame Pomfrey parecía estar haciendo tremendos esfuerzos por no enviar al cuerno a la profesora Trewlaney. Había dos sillas extras en la mesa, vacías, pero ninguna cara nueva que indicara quién diablos sería el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras.

Harry, Hermione y Ron habían recibido el resultado de sus MHB. Por supuesto Hermione tenía extraordinario en absolutamente todas, mientras que a él y Ron les había ido sorprendentemente bien.

Sabía de antemano que la única posibilidad de un extraordinario estaba en Defensa contra las Artes Oscuras, mientras que Historia de la Magia era más que seguro que lo había reprobado. Nadie puede aprobar un examen si se desmaya por la mitad. Pero lo que realmente lamentaba era que no tenía extraordinario en Pociones y ese imbécil de Snape no lo dejaría tomar su clase, así es que tal vez debería comenzar a evaluar otra carrera que no fuera la de auror.

Quizás debería hacerle caso a Ron y pensar en ser jugador de Quiddtich. Al fin y al cabo, ahora era capitán del equipo de Gryffindor, ¿no? No creía que le hubieran dado ese puesto sólo porque tenía una cicatriz con forma de rayo en la frente.

Hermione sugirió que bien podía utilizar el hecho de ser conocido para tratar de lograr cosas buenas para la comunidad mágica. En otras palabras, podía dedicarse a la política. Mathew casi se atraganta con un bollito recién horneado cuando la escuchó decir eso y Evelyn se la quedó mirando como si le hubieran crecido dos cabezas más.

- ¡Hey, Harry!

El grito de Parvati lo sacó de su ensimismamiento y parpadeó, como si fuera una liebre encandilada en el medio de la noche.

- Lo siento – dijo - ¿Qué pasa?

- Te pregunté cómo estuvo tu verano – respondió la chica, mirándolo con interés.

Harry lo pensó un segundo.

- Movido – dijo, regresando su atención a su comida.

- ¿Te molesta si te pregunto algo? – quiso saber Lavander, inclinándose un poco hacia adelante y con la evidente intención de desviar su andanada de preguntas de Neville a él.

En ese momento las puertas del Gran Salón se abrieron y, para asombro de Harry, Mathew y Evelyn entraron, con el pelo mojado por la lluvia aunque su ropa estaba seca.

El chico se tensó, pensando que tal vez algo estaba mal y lo habían ido a buscar. Ron y Hermione se miraron, preocupados, y Ginny dejó de charlar con Dean, clavando sus ojos en Harry, con el gesto un poco crispado.

Pero a pesar de que los dos recién llegados escanearon la sala con rapidez hasta detectarlo en la mesa de Gryffindor, caminaron directo hacia la mesa de los profesores, en donde se había armado un revuelo.

El profesor Dumbledore se puso de pie y se acercó a ellos, sonriendo. Y aunque los murmullos comenzaban a propagarse por el salón, era perfectamente posible escuchar el intercambio que tenía lugar junto a la mesa principal.

- Comenzaba a pensar que se habían perdido – les dijo el director, saludándolos.

- Uno jamás olvida el camino a casa – replicó Evelyn, con una pequeña sonrisa.

La profesora McGonagall y madame Hotch se acercaron a ellos, sonriendo y dándoles la bienvenida, mientras el profesor Flitwick rodeaba la mesa. Evelyn prácticamente se arrodilló para permitir que el pequeño maestro de Encantamientos la abrazara, al tiempo que su chillona vocecita decía:

- ¡Mi niña! ¡Has regresado!

Hermione sonrió y miró a Harry, quien contemplaba la escena con las cejas levantadas y algo sorprendido.

- ¿Niña? – dijo Ron desde el otro lado, divertido.

Madame Pomfrey estrechó las manos de la pareja, visiblemente emocionada.

- Espero que esta vez no tenga que reservarles una cama en mi enfermería – les dijo.

- Intentaremos no visitarla muy seguido – replicó Mathew.

Sin embargo, fue Hagrid quien dio la nota. Se había quedado muy quieto en su silla, como si no esperara ver a los recién llegados. Pero se recuperó luego de que Firenze saludara a Mathew y, se acercó al mago, que a pesar de que era más alto aún que Ron se veía pequeño junto al profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas de Hogwarts. Y literalmente, lo alzó en vilo.

En todo el salón resonaban los sollozos de Hagrid, mientras apretaba con fuerza al hombre, que lo palmeó amistosamente en la espalda y miró a Evelyn buscando ayuda.

La bruja se acercó y apoyó una mano en los enormes bíceps del brazo de Hagrid.

- Hagrid, no lo ahogues que yo todavía voy a necesitar que respire por algunos años más – dijo con tranquilidad.

Hagrid lo soltó y se pasó el dorso de la mano por la cara.

- Lo siento – balbuceó y, un segundo después, la levantó a ella y la abrazó con fuerza -. ¡No puedo creerlo!

Luego de un par de segundos, Hagrid debió darse cuenta de que no estaba bien asfixiarla a ella tampoco, por lo que la soltó.

- Lo lamento – volvió a decir –. Cuando el profesor Dumbledore me dijo… pensé que…

- A nosotros también nos alegra verte, Hagrid – dijo Mathew, sonriéndole con afecto.

- Por favor – indicó Dumbledore hacia la mesa y las dos sillas vacías.

Todos los maestros regresaron a sus asientos, excepto el profesor Binn que no se había movido del lugar en donde flotaba apaciblemente, y Snape, que no se había movido de su silla y miraba a los recién llegados con peor cara que de costumbre.

Harry estaba pegado a su asiento, mirando a Mathew y Evelyn sentarse mientras charlaban con la profesora McGonagall y la profesora Sprout.

- ¿Están pensando lo mismo que yo? – preguntó Hermione.

- Sí – respondieron Ron y Harry al mismo tiempo, para intercambiar miradas entre ellos al instante.

Lavander Brown, que estaba a un par de lugares de donde se encontraba Harry, se volvió hacia Parvati Patil.

- ¡No me digas que él va a ser nuestro nuevo maestro! – comentó, con ese tono chillón que Hermione detestaba –. ¡Cielos! ¡Es el tipo más guapo que he visto en mi vida!

Harry la miró, con la boca abierta y el ceño fruncido. ¡No podía ser que Lavander se estuviera… babeando por… por… Mathew!

- Pues no sé qué dará él, pero lo que sea que dé ella, yo me apunto – dijo Seamus con los ojos clavados en Evelyn. Se inclinó hacia Ron y agregó - ¿Has visto qué cuerpo tiene?

Ron se puso color morado y no supo qué contestar, mientras que Harry intentó ponerse de pie para aporrear a Seamus, pero Hermione lo obligó a sentarse.

- ¡Harry! ¿Qué crees que estás por hacer?

- ¿Acaso no lo escuchaste? – respondió el muchacho, lanzándole una mirada asesina a su compañero de cuarto -. ¡La está… mirando!

- ¡Vamos, Harry! – Hermione bajó la voz y la cabeza a la vez, para evitar que la escucharan –. Tú también la estarías mirando igual que Seamus si ella no fuera tu… - hizo una pausa ante la mirada que le lanzó el muchacho.

- ¡Pero lo es! – replicó él, enojado.

El director golpeó su copa para acallar el zumbido de la sala, que había subido de volumen considerablemente, lo que había evitado que los que estaban sentados cerca de Harry escucharan su enfurecido comentario.

Todos se callaron y miraron ansiosos hacia la mesa principal.

- Unas palabras, antes de que todos se retiren a dormir luego de tan magnífica cena – dijo Dumbledore, con los ojos brillantes y el rostro alegre –. Este año van a haber algunos cambios en el dictado de las materias.

Hermione, Ron y Harry intercambiaron una mirada de sorpresa.

- Las clases de Pociones, este año, estarán a cargo de un brillante ex alumno de esta casa, además de un reconocido auror, quien amablemente ha aceptado dictar esta asignatura – miró a Mathew con orgullo y sonrió –. El profesor Mathew Whitherspoon.

Hubo un silencio estupefacto en el salón que duró unos segundos antes de que todos acompañaran a los profesores en el aplauso. Mathew agradeció con un gesto de su cabeza el recibimiento y miró a Harry con algo de preocupación.

- Debe ser por esto que no quisieron regresar a la brigada de aurores – murmuró Ron.

- Eso parece – coincidió Hermione, a quien no parecía molestarle las noticias -. ¿Tú sabías algo? – le preguntó a Harry.

Harry negó con la cabeza, aplaudiendo, mientras comenzaba a darse cuenta de lo que este arreglo de las cosas podría suponer.

- Dado que nuevamente Defensa contra las Artes Oscuras quedó sin maestro luego de la partida de la profesora Umbridge – prosiguió el profesor Dumbledore cuando los aplausos mermaron –, me complace comunicarles que el puesto será ocupado por el profesor Snape… - inclinó la cabeza hacia el maestro que, con mucha rigidez, hizo un rígido movimiento con la cabeza para agradecer los magros aplausos que sonaron en el gran salón – y la profesora Evelyn Brigth.

La boca de Ron se cayó de golpe y Harry abrió los ojos como platos. Evelyn le sonrió a la sala pero los aplausos ahora no parecieron llegar más que de la mesa de los profesores.

Sin duda todo el mundo había leído El Profeta luego del encuentro entre ellos y Malfoy en el callejón Diagon. El períodico había hablado largo y tendido acerca de la reaparición de Mathew Whitherspoon y Evelyn Brigth, a quienes se los había creído muertos por años.

Extensos artículos sobre la historia del bargaine o sus actividades como aurores habían sido publicados, pero sobre todo se habían concentrado en todas esas viejas especulaciones acerca de si ella era o no era la hija del Innombrable.

- Desde ahora, Defensa contra las Artes Oscuras se dividirá entre clases de defensa con magia y sin magia – agregó el profesor Dumbledore -. La profesora Brigth, que también es una ex alumna de Hogwarts y un reconocido auror, compartirá con el profesor Snape el dictado de la materia.

Ante esto Snape pareció más envarado que nunca, Evelyn ni siquiera lo miró pero Harry vio que Mathew se giraba lentamente hacia el ex maestro de Pociones y lo atravesaba con los ojos. Hubiera jurado que el pelo de Snape se volvía más lacio todavía que antes, mientras el mago permanecía muy tieso en su silla.

Los alumnos parecieron espantados al escuchar el nombre de la recién llegada y algunos murmullos resonaron asustados, pero el profesor Dumbledore les sonrió tranquilizadoramente.

- Pueden retirarse entonces – dijo –. Buenas noches a todos.

Casi en cámara lenta los alumnos comenzaron a ponerse de pie, sin apartar la vista de la nueva pareja de profesores.

Hermione se puso de pie con rapidez.

- ¡Esto es fantástico! – exclamó Ron, sonriendo -. ¿Vieron la cara de Snape?

Harry no respondió y Hermione lo miró preocupada.

- Lo lamento, debemos llevar a los de primer año – se disculpó.

El chico pareció salir de una especie de trance y asintió.

- Yo… debo hablar con ellos – replicó –. Los alcanzo en un momento.

Ron frunció el ceño pero siguió a Hermione, pegando gritos a los de primero para que lo siguieran y no se quedaran atrás. La chica lo reprendió con tono tajante e indicó a los alumnos nuevos que no se rezagaran con su mejor tono de prefecto.

Harry se puso de pie para acercarse a la mesa de los profesores cuando escuchó que Justin Finch-Fletchley decía lo que todos estaban pensando.

- ¿Está loco? ¿Cómo puede permitir que ella entre aquí? ¡Es la hija del Innombrable!

- ¡Eso no es cierto! – exclamó, girándose para mirarlo enfadado.

Los estudiantes que todavía no se alejaban demasiado los miraron con curiosidad ante la reacción de Harry.

- ¿Cómo lo sabes? – le preguntó Justin, en tono desafiante.

- Porque ella me lo dijo – replicó Harry, con los dientes apretados.

Justin abrió los ojos como platos.

- ¿Ella te lo dijo?

- Sí.

- ¿O sea que la conoces?

Una alarma sonó en la cabeza de Harry.

- Sí – afirmó nuevamente, con más lentitud.

Lavender inclinó la cabeza, mientras pasaba su mirada de Harry a la pareja que estaba tratando de apartarse de la mesa de profesores.

- Ahora que lo miro bien, te pareces al profesor Whitherspoon – dijo con lentitud.

Harry se quedó tieso y trató de pensar con rapidez. Todos estaban ahora mirándolo con mayor atención y llegando a la conclusión de que Lavender tenía razón.

Pero antes de que pudiera decir algo Neville vino en su rescate.

- Eso es porque es pariente de Harry. Primo hermano de tu padre, ¿verdad? – le preguntó el muchacho con tranquilidad. Ante la mirada inquisidora de Harry, se encogió de hombros –. Cuando salieron todas esas noticias en el periódico, mi abuela me contó muchas anécdotas acerca de los Whitherspoon. Mis padres los conocían.

- Pues yo puedo contarte que tus padres eran tremendos aurores, Neville – dijo una voz grave a su espalda –. Y muy buenos amigos también.

Todos giraron sorprendidos para encontrarse cara a cara con Mathew y Evelyn.

Neville se puso colorado ante el comentario de este hombre a quien su abuela había puesto por las nubes.

- Gracias, señor – replicó.

Mathew inclinó levemente su cabeza y se giró hacia Harry.

- ¿Puedes acompañarnos un segundo? – preguntó.

Harry los siguió al mismo cuarto donde tuvo que ir cuando su nombre salió del Cáliz de Fuego, mientras el resto de los alumnos se dirigieron hacia la puerta del Gran Salón, tratando de simular que la curiosidad no los estaba carcomiendo.

La habitación se veía igual que dos años atrás, sólo que esta vez no había nadie allí con rostro acusador y miradas ceñudas dirigidas hacia él.

- Lamentamos no haber llegado a tiempo esta mañana – dijo Evelyn, sentándose junto a la chimenea –. Las cosas nos llevaron más tiempo del previsto.

Mathew se quedó de pie junto al sillón de ella y Harry se paró junto a la enorme chimenea.

- Está bien – pasó sus ojos de uno a otro –. No sabía que iban a enseñar en Hogwarts este año – agregó, tratando de que su tono no fuera muy acusador.

- Queríamos hablar contigo acerca del ofrecimiento del profesor Dumbledore antes de que llegaras al colegio – dijo Mathew, algo preocupado –. No estábamos muy seguros de aceptarlo, pero queremos explicarte por qué lo hicimos.

- ¿Tiene que ver con la profecía? – preguntó Harry -. ¿Van a quedarse aquí como profesores por las dudas Voldemort decida hacer algo?

Evelyn meneó la cabeza, haciendo que un mechón de su cabello negro cayera sobre su ojo derecho.

- No, pensamos que en realidad sería una buena idea estar aquí como profesores porque hay muchas cosas que nos gustaría enseñarte – con un gesto mecánico se quitó el mechón de la cara –. Escucha, no es que pensemos que no lo has hecho bien hasta ahora. De hecho, estamos absolutamente orgullosos de lo bien que lo has hecho.

- Pero debes reconocer, Harry, que en todo este tiempo lo tuyo ha sido una buena mezcla de suerte y habilidad, además de poder – agregó Mathew, cruzándose de brazos –. Pero, y espero que esto no te ofenda, más suerte y habilidad que poder o conocimiento.

Harry bajó los ojos un segundo y se metió las manos en los bolsillos. Era cierto.

Lo suyo había sido suerte, habilidad y poder. Una buena combinación, pero no una en la que uno pudiese dejar descansar su futuro.

- Estamos muy orgullosos de la forma en que has enfrentado los retos a los que te has visto expuesto – continuó Evelyn – pero sabemos que lo que se avecina será peor. Y no queremos que cuando llegue la hora, exista la más mínima posibilidad de que tu salvación dependa de la suerte, o la ayuda de otros. Porque en esta guerra, sacar provecho al máximo de nuestras destrezas, del saber ser y hacer, es fundamental.

Ambos hicieron silencio y Harry evaluó lo que acaban de decirle. Recorrió todas las cosas por las que había pasado los últimos cinco años y se percató de cuánta verdad había en esas afirmaciones, por lo que levantó los ojos y los miró con determinación.

- ¿Y qué es lo que voy a hacer entonces?

- Aprender – replicó Mathew –. Vamos a enseñarte todo lo que sepamos. Sobre magia, sobre técnicas de lucha, sobre estrategia. Cualquier cosa que pueda servirte a ti, y a tus compañeros, para sobrevivir a esta guerra.

- Pero por sobre todo, vamos a enseñarte todo lo que sabemos sobre Voldemort – acotó Evelyn.

Las palabras de Evelyn resonaron una vez más en la mente de Harry.

"Si quieres atrapar al enemigo, debes conocerlo lo mejor que puedas".

- ¿Van a quedarse entonces aquí todo el año? – preguntó.

– Iremos y vendremos – respondió Mathew -. Hay cosas que hacer con respecto a La Orden y Voldemort pero básicamente sí, estaremos aquí. ¿Te molesta?

Harry sonrió.

- No – dijo. Y era verdad.

Mathew y Evelyn parecieron aliviados y se relajaron visiblemente.

Pensando a toda velocidad, Harry decidió aprovechar su momento y miró a Mathew.

- ¿Necesito un extraordinario para cursar Pociones contigo?

- No – replicó Mathew –. Pero sí necesitarás bastante aplicación si quieres llegar a fin de año.

Dejando salir el aire, Harry le sonrió. Tal vez sí podría ser auror.

- ¿Y cómo haremos con los exámenes? – preguntó, preocupado -. ¿Acaso los otros profesores saben que ustedes son mis… padres? – le costó terminar la pregunta, pero de todos modos creyó que valía la pena sólo por ver brillar los ojos de Evelyn de ese modo.

- Ya hemos arreglado eso con el profesor Dumbledore – dijo Evelyn –. No te preocupes, nadie va a poner en duda que tus notas sean las correctas.

- Pero para responder a tu pregunta, no. Nadie sabe nuestro parentesco – le aclaró Mathew –. A menos que tú quieras que se sepa, claro. Es tú decisión.

Harry los miró extrañado. No había pensado en eso y en ese momento no tenía cabeza para hacerlo, por lo que se limitó a asentir.

- Bien – musitó.

- Será mejor que vayas a dormir entonces – dijo el mago.

- Sí, mañana comienzas conmigo y créeme, necesitarás todas tus energías – agregó Evelyn.

El muchacho la miró con suspicacia.

- ¿Qué haremos en tus clases?

- Básicamente, sudar – respondió la bruja, poniéndose de pie -. Pero comenzaremos con lograr que todo el mundo diga "Voldemort" sin deshacerse en temblores ridículos.

La sonrisa de Harry se amplió.

- Buena suerte entonces con tu comienzo. Todavía no consigo que Ron no tiemble cuando lo nombro, mucho menos cuándo tiene que nombrarlo.

Se acercó hasta la puerta cuando de repente, algo vino a su mente y se giró hacia los dos magos.

- Aún pasaremos la Navidad en casa, ¿verdad?

Una sonrisa que no había visto hasta ahora en ninguno de los dos apareció en esos rostros que, por lo general, eran demasiado serios.

- Sí – respondió Mathew.

- Bien – replicó Harry, satisfecho –. Buenas noches, entonces. Los veré mañana.

- Buenas noches – dijeron al unísono antes de que él saliera del cuarto.

Harry se alejó hacia la torre de Gryffindor sonriendo. Se moría por verle la cara a Malfoy cuando Evelyn lo obligara a decir Voldemort en voz alta.