La declaración obligada :P Los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo soy la traductora.
De nuevo me acompaña mi Beta y amiga Erica Castelo, y por ello gracias a ella también.
CAPÍTULO 21
EDWARD
Al ponerse el sol, me moví en mis muletas. No estaba seguro de lo que estaba sintiendo mientras Bethy, Bella, y el resto de las chicas colocaban flores en una tumba recién cubierta. Mis chicas se veían hermosas y tristes, y no sabía si mi hija entendía, porque esta era su primera experiencia de la realidad de la vida. Era su primer funeral. No sabía qué se llevaría de ello.
Mi propia experiencia vino con la muerte de un abuelo más o menos a su edad, pero no lo entendí realmente hasta que perdí a mi madre. Pasé de pronto de ser un niño ingenuo, a ver el mundo por lo que era realmente—malditamente cruel y duro. Al menos, en ocasiones puede ser malditamente crudo. Y luego hay momentos en que te das cuenta que el mundo trata de compensarte la mierda, al darte algo asombroso para conservar, para atesorar.
Sentí un latido sordo y profundo en mi pierna, e hice una mueca, moviéndome otra vez con mis muletas. Habían pasado tres días desde que Esme removió el fragmento de mi pierna. Había sido necesaria esa cantidad de tiempo para que todos los involucrados recuperaran el sueño, porque estaba muy seguro de que mi esposa no era la única que se había quedado despierta por prácticamente dos días seguidos. Los hombres no estaban mejor. Los que se había quedado cerca de la cabaña tenían una mierda de trabajo que hacer, limpiar, hacerlo parecer algo que no era realmente—porque técnicamente, aunque Eleazar tenía la autoridad de capturar y destruir una amenaza, no tenía la autoridad de hacerlo en otro país—y considerando todos los cuerpos que habíamos dejado allí. Los destruimos a todos, y algo más. Los cuerpos de Walter y Johnny Thornhill fueron recuperados, y al parecer incluso Lilith había caído víctima, porque habían encontrado los restos quemados de una mujer dentro del armario en la recámara del piso superior. Y no había una vida que se hubiera perdido en esa puta cabaña por la que me sintiera culpable—excepto por el hombre que estábamos enterrando hoy.
No le había dado mucha importancia entonces a la razón por la que Sam había pedido estar en mi equipo, por qué se pegó a mí como una lapa y vigiló mi trasero como un halcón. Al parecer, había visto a Bella preocupada y había tomado como su propia misión personal asegurarse que su "pequeña" recibiera todo lo que deseaba, y lo que más deseaba era que yo volviera a salvo a casa. Él lo sabía. Y estaba jodidamente seguro que el que Bella estuviera embarazada solo lo hizo más protector con ella, lo que indirectamente, me incluía a mí.
Me moví de nuevo, frunciendo el ceño hacia el suelo, hasta que una mano cálida se posó suavemente sobre mi hombro.
"Sientes dolor, hijo," susurró Esme, sus ojos llenos de preocupación. "Vamos a llevarte de regreso y a que descanses esa pierna."
"Cuando terminen, me iré," dije con un suspiro, rogándole en silencio que entendiera, lo que, por supuesto, entendió.
Bethy corrió entre las flores silvestres, todavía sosteniendo un par en sus manos. Llevaba un dulce vestido amarillo, algo que era raro en mi pequeña marimacho. Le sonreí, odiando que no pudiera arrodillarme a su nivel o cargarla, así que Esme lo hizo por mí, levantándola.
"¿Vistes mis flores, papi?" Me preguntó, tendiéndomelas.
"Sí las vi, pequeña dulzura," le dije, apoyándome en una muleta y metiendo las que tenía en su cabello. "Listo… Así está mejor."
"Mami está triste," me susurró, mirando hacia atrás por encima de su hombro, y luego de vuelta hacia mí.
"Lo está," estuve de acuerdo. "Va a echar de menos al señor Sam. Eran amigos."
"Oh," dijo con un suspiro, una arruguita apareciendo entre sus cejas.
No dijo nada más, pero todos levantamos la mirada cuando las chicas se alejaron juntas de la tumba.
Esme me miró, pero zangoloteó a Bethy. "Vamos a llevar a papi de nuevo adentro y a que descanse esa pierna, y te prepararemos algo de comer. ¿Qué dices?"
Sonrió, mirándome. "Mami dice que tenes que comportarte," me dijo, señalándome con un dedo.
"Como si no lo supiera," gruñí, inclinándome para besar su cuello solo para oír sus risitas. Era el mejor sonido en el puto mundo, y necesitaba escucharlo. Parecía demasiado tiempo desde la última vez que lo había escuchado, aun cuando solo habían pasado unas horas.
Para cuando logré regresar a la sala, todo mi cuerpo parecía estar cubierto en sudor. Estaba temblando por el esfuerzo.
"Cristo, hijo," dijo papá en voz baja, levantándose de un salto de la silla y ayudándome a llegar al sofá. "Demasiado pronto," susurró en mi oído.
"No podía no ir," le siseé en respuesta. "Maldición, él salvó mi vida, papá."
Agarró mis muletas, las recargó contra la pared, y me ayudó a acomodarme sobre el sofá. "No me refiero a eso," gruñó en respuesta, consciente de que todo el mundo estaba solo a la vuelta de la esquina en la cocina. "Me refiero a que, te hubieran esperado. Lo enterraron al siguiente día, pero esperaron para hacer el funeral hasta que tú lo dijeras."
"Bueno, ya está hecho." Suspiré de alivio porque el latido en mi pierna había disminuido, mi cabeza cayendo hacia atrás a las almohadas detrás de mí. "Bella necesitaba una clausura."
"Tal vez tú también," murmuró, levantándome una ceja cuando mi cabeza se levantó de golpe para mirarlo.
Exhalé bruscamente, encogiendo un hombro. "Tal vez sí," le dije.
Me vio frunciendo el ceño. "Le debes el no sentirte culpable por esto. Él tomó una decisión—una, de la que yo mismo estoy agradecido. Vivió una vida larga y peligrosa, mató a muchos enemigos. Deja que parta con la mejor de las buenas obras, Edward. Estás viviendo la vida que nunca logró tener. Dale eso."
Fruncí el ceño y suspiré de nuevo. Miré hacia la cocina para ver a mi hija riendo con sus tíos mientras todos se servían sus platos para el almuerzo. Mi esposa, aunque su pena seguía allí, le estaba sonriendo a Emmett mientras hacía un bosque de árboles de brócoli en su plato para la diversión de Bethy, usando puré de papas como la base. Alec, por supuesto, se sintió dramáticamente insultado porque él había preparado la comida, lo que solo resultó en un manotazo al hombro de Emmett. Y ese intercambio tuvo el resultado que querían los dos—la risa de todas las chicas.
Bufé una pequeña risa, mirando a mi padre. "Tienes razón."
"Sé que la tengo. Estoy viejo, y he visto demasiada mierda," bromeó con una carcajada sarcástica. "Pero sé sobre esta situación. Créeme. Conocía a Sam desde hace mucho tiempo. Tu vida no es la única que ha salvado—solo la última."
Asentí, pasando saliva espesa, porque estaba realmente agradecido. Solo deseaba que el hombre estuviera aquí para agradecerle.
"Oh," dijo mi papá, antes de alejarse. "Y le dejó una carta a Bella. Se supone que tía Kate se la dé hoy. Quiero advertirte. No sé lo que dice, pero estoy seguro que no va a ser fácil para ella."
"Oh, maldita sea," gemí. "Está bien." Miré más allá de él para ver a Bella llevando un plato de comida, dirigiéndose hacia mí. "Shh," le dije, dándole un manotazo a mi padre para que se quitara del camino. "¡Muévete! Tengo una enfermera realmente caliente…"
"Qué va a patear tu trasero si sigues con esa mierda," se rio entre dientes, sacudiendo su cabeza y dirigiéndose a la cocina.
"Sin duda," dijo Bella con una risita, sentándose en la orilla del sofá. "No soy tu enfermera, Edward," dijo con un resoplido, rodando los ojos.
"Sí, pero joder, te verías realmente sexy con esas medias blancas…" Ronroneé, inclinándome para besar su cuello con la boca abierta.
"Sigue así, cariño," me advirtió, levantándome una peligrosa ceja y colocando mi plato de comida sobre mi pecho. "Falta un largo tiempo para que te den luz verde para cualquier… actividad física."
"Maldición," gruñí, mi cabeza cayendo hacia atrás a las almohadas. "Maldita provocadora… Esto es una tortura. ¡Eso es! Eres una tortuosa provocadora," le dije, haciendo un puchero como un niño, pero no pude contener mi sonrisa cuando se rio.
"Come, Edward," se rio entre dientes. "Dijo Esme que necesitas la proteína. Perdiste bastante sangre, y necesitas recuperar tu fuerza."
Abrí mi boca para decir algo sobre fuerza y vigor y proteína, pero la cerré de golpe otra vez cuando me dio la mirada furiosa de "si no cortas con esa puta mierda cuando todos están en la habitación". En lugar de eso sonreí, tomando mi tenedor.
"Gracias, bebé," canturreé, mirándola inocentemente mientras se ponía de pie.
"Mmmm," me dijo, frunciendo sus labios. "Compórtate, Edward."
Sonreí, porque Dios, simplemente la amaba, me encantaba meterme con ella. A veces, era fácil desconcertarla y otras veces, probablemente podría patearme el trasero por ello. Y luego había ocasiones en que volteaba mis pendejadas contra mí, y era en esos momentos en los que realmente era una tortuosa provocadora. Pero éramos nosotros, y creo que secretamente ella lo adoraba.
Para cuando había comido mi tercer bocado, todo el mundo estaba reunido en la sala. Eran solo nuestro equipo. Nuestra familia. Eleazar y sus hombres seguían trabajando duro, asegurándose de que todo quedara limpio bajo la apariencia de un asunto de drogas que salió mal, o un laboratorio de metanfetaminas que explotó, o alguna mierda de esas. Confiábamos en él completamente para que nos dejara fuera de ello, para decirnos si algo estaba jodido, y para llamarnos si tenía algún problema. También estaba trabajando en desmantelar los grupos D.D.A. de Georgia y Florida. Quería que todos desaparecieran.
Bethy estaba sentada en el piso, poniendo su plato sobre la mesita de café frente a Esme. Mi papá, Alec, Jasper y Emmett arrastraron algunas sillas desde el comedor, y el resto de las chicas todas se apretujaron en el sofá de dos plazas. Me sentía mal de adueñarme de todo el sofá, pero nadie se estaba quejando. Bella regresó conmigo, sentándose de nuevo en la orilla del sofá a un lado de mi cadera.
Se escucharon conversaciones desde planes futuros, a baby showers—lo que provocó que mi esposa ciertamente sonriera radiante—a qué tan pronto volvería Gravity a tomar casos después de mi recuperación. Había un sutil ambiente de celebración en el lugar. Deseábamos tanto sentirnos felices de que esta mierda había terminado, pero la ausencia de Sam nunca fue más obvia que en esos momentos. Aun cuando era un hombre callado por naturaleza, él casi absorbía la risa, las bromas, los comentarios sarcásticos como una esponja, por lo general desde la parte de atrás de la habitación mientras portaba una sonrisa tonta en su rostro.
Cuando recogieron los platos, acerqué a Bella lo más que pude, viendo a Bethy a través de la puerta mientras jugaba con su casa de muñecas en la mesa del comedor. Bella se recostó contra mi pecho, y no puede evitar acercarla más, colocando mi mano sobre su estómago. Otra vez, me sentía jodidamente agradecido de que estuviera allí, joder, simplemente de poder tocar a mis chicas, a mi nuevo pequeño.
"Dime si te lastimo," me dijo en voz baja mientras se desarrollaba una conversación sobre béisbol a nuestro alrededor, y mi papá encendía la televisión en el juego.
"Estás bien," le susurré contra su cabeza, dejando un beso e inhalando su aroma floral/frutal.
Y estaba bien. Demonios, apenas si me pesaba mucho para empezar, pero mi pierna estaba levantada sobre una almohada, cuidadosamente rodeada con los suaves almohadones del sofá.
Acostó su cabeza en mi pecho, descansando su barbilla sobre sus manos. "¿Era en serio lo que dijiste?" Me preguntó, soltando una risita cuando le levanté una ceja.
"¿Sobre lo sexy que te verías con un uniforme de enfermera? ¡Sí!" Le dije con una cursi sonrisa.
"¡No, idiota!" Se rio bajito. "Sobre construir una nueva habitación para el bebé."
Me reí entre dientes, simplemente porque me encantaba ese sonido viniendo de ella, pero le respondí con honestidad. "Sí, creo que sería lo mejor. ¿Tú no? Quiero decir, tenemos el espacio para expandir, necesitaremos la habitación adicional para papá y Esme… o quien sea, y este de aquí va a necesitar su propio espacio. No puedo imaginarlos compartiendo una habitación, bebé," le dije, señalando con mi barbilla hacia Bethy. "Sería como arrojar a Daniel en la cueva de los leones."
Bella sonrió, dándole a nuestra hija una mirada cariñosa, pero volviéndose hacia mí. "Es un alma independiente, ¿eh?"
Mis ojos se posaron en Bethy, que estaba totalmente contenta de jugar sola, aunque también le gustaba cuando estaba con nosotros. Tarareaba, moviendo muñecas del primer piso al segundo piso y de regreso. Sus ojos estaban de un feliz verde, y podría ver las etapas iniciales de un hábito que compartía con su madre—se estaba mordiendo su labio inferior.
Sonreí y sacudí mi cabeza. "Heredó eso de nosotros," le dije, porque yo, simplemente me sentía feliz cuando estaba en mi taller de carpintería.
"Mmmm," murmuró Bella asintiendo. "Todos siguen diciéndome que necesitamos un niño," dijo con una risita.
"Eso sería… increíble, pero sinceramente, no me importa," me reí entre dientes, dándole una mirada a Emmett, que le estaba haciendo caras de tonto a Caleb y sonriendo cuando sus manitas lo golpeaban en la cara por la emoción, solo para darle la vuelta y contarle del juego en la televisión. "Mientras estés saludable y él o ella también lo esté… estoy tan malditamente bien que no es gracioso."
Bella asintió. "Sí, más o menos así es como me siento también al respecto." Dijo con un suspiro, dando otra larga mirada hacia Bethy. "Tenemos que decirle. Se va a percatar pronto de las cosas. No es estúpida."
Bufé una carcajada. "No, definitivamente no es estúpida. En realidad, me asusta. Pronto va ser más lista que nosotros; recuerda lo que te digo."
Bella se rio de nuevo. "Probablemente tienes razón."
Tomé una respiración profunda y la dejé salir. De alguna manera, decirle a Bethy que iba a ser una hermana mayor lo hacía más real. Pero no quería simplemente soltárselo.
"Necesitamos… planear esa conversación, amor," comencé a decir, levantando mi mano para meter un mecho de cabello detrás de la oreja de Bella. "Únicamente nosotros dos—solos—un día dedicado para ella o algo así. No quiero soltárselo así sin más. Todavía sigue muy aferrada a nosotros después de todo lo que ha pasado."
"Estoy de acuerdo," dijo Bella con un suspiro. "Estaba pensando… cuando te sientas mejor… ¿Por qué no la llevamos a ese pequeño claro donde están tus pajareras? Un picnic, lejos de la casa."
Sabíamos que nos quedaríamos con tía Kate al menos por unas semanas. No teníamos opción, hasta que yo estuviera más fuerte. Necesitaba poder volar a casa, y en este momento, ni siquiera podría subir mi trasero al asiento del piloto. Odiaba estar herido, pero no podrías estar en mejor lugar para mi recuperación.
"Sí," dije lentamente, amando esa puta idea. "Perfecto, dulzura," le susurré, levantando mi cabeza solo lo suficiente a fin de besar sus labios. "Me gusta."
Levanté la vista cuando la tía Kate entró en la habitación, mi corazón hundiéndose al ver un pedazo de papel doblado en su mano. No sabía lo que Sam podría haberle dicho a mi esposa, pero tampoco quería que se pusiera triste. La sala se quedó quieta cuando ella se puso de cuclillas frente a Bella.
"Bella-niña, Sam dejó esto para ti," le dijo en voz baja, sus ojos de un azul intenso por su pena.
Bella se sentó, un pliegue apareciendo entre sus cejas y se le escapó un largo y nervioso suspiro. Tomó la nota, volviéndose hacia mí, pero todo lo que pude hacer fue pasar mi mano sobre su cabello y bajar a su espalda.
"No tienes que leerla ahora, amor," le dije, y pareció hacer eco por la habitación llena de gente. "Puedes esperar."
Bella sacudió su cabeza y le agradeció a tía Kate. No sé cuánto tiempo se le quedó mirando a ese maldito pedazo de papel de apariencia inocente, pero finalmente lo desdobló, sosteniéndolo de manera que yo pudiera leerlo por encima de su hombro. Le echó un vistazo, y luego lo leyó en voz alta para todos en la sala.
Querida señorita Bella,
Si estás leyendo esto, por favor, no estés triste por mí, pequeña. Me arrepiento de muchas cosas en mi vida, pero no me arrepiento de esto. Solo espero que haya cumplido mi promesa a ti y que Edward esté leyendo esto contigo.
No tuve una esposa o hijos, pero pude ver en ti a la pequeña niña que siempre imaginé… inteligente, dulce, y muy abierta. No tuve mucha familia de la que hablar, pero lo que sí tuve fue la oportunidad de trabajar junto con un grupo de los mejores soldados, las mujeres más inteligentes, y los amigos más cercanos que jamás he tenido. Mi único deseo fue haberlos conocido por más tiempo del que los conocí.
Cuando nos vimos por primera vez, después de todo lo que habías pasado, me sorprendió que mi cara no te hiciera correr, sino que por primera vez en muchos, muchos años, alguien me vio… realmente me vio. Siempre estaré agradecido por eso, pequeña.
No podía irme a esta lucha, a sabiendas de lo mal que te sentías, consciente de que estabas por traer otra preciosa vida a este mundo, y permitir que esa felicidad se hiciera pedazos si algo le pasaba a Edward. Viví una larga y, algunas veces, solitaria vida, así que no podía permitir que eso te pasara a ti. No te lo mereces; de hecho, nunca te mereciste ninguna de las cosas malas que te han pasado. Así que tenía que asegurarme de que lo único que te hacía verdaderamente feliz volviera a ti.
No te sientas culpable. No te sientas triste. Nunca te he pedido nada, pequeña, pero te pido que tomes este regalo sin culpa y sigas adelante. Vive. Ama. Sé feliz. Por mí. Y dile al pequeño Eddie que cuide aún más de ti, porque te doy permiso para pisotearlo si no lo hace.
Gracias, señorita Bella, por hacerme recordar al hombre detrás de las cicatrices,
Sam
~oOo~
La voz de Bella se atoró en su nombre, y la atraje hacia mí lo mejor que pude. Sabía que se preocupaba por ella, pero no estaba muy seguro de cómo la veía. Ahora que lo sabía, mi respeto por él explotó. La veía como suya, la veía como mi padre la veía, y la veía como alguien que había atravesado el infierno y merecía que nunca más tuviera que sufrirlo de nuevo.
De pronto, mi pecho se sintió más ligero, porque él se preparó exactamente para lo que había pasado. Había ido a la lucha a mi lado, pero exclusivamente como mi protector, tan solo para enviarme de vuelta a casa con ella.
Miré alrededor de la habitación, mis ojos clavándose en los de mi padre. Con un gesto de mi cabeza, le dije que tenía razón, y en silencio le envié un último gracias a Sam.
~oOo~
BELLA
"Edward Cullen, deja de retorcerte," lo regañé, fulminándolo con la mirada desde mi posición cambiando el vendaje de su pierna.
"No puedo evitarlo," refunfuñó, mirándome con el ceño fruncido. "Joder, me pica y hace cosquillas cada vez que haces esa mierda. Y creo que lo haces a propósito."
Luché contra mi sonrisa y gané, porque si pensaba por un momento que me estaba riendo de él, solo se pondría aún más cascarrabias. Habíamos aprendido a la mala que cambiarle los vendajes tenía que hacerse por las noches, después que Bethy estuviera dormida, y mientras nadie pudiera escuchar sus quejas, porque los primeros cambios había sido bastante malos. Estaba adolorido cuando lo tocaba, su músculo dolía, y ya estaba fastidiado de estar ahí sin hacer nada. Mi esposo no solo se quedaba ahí sin hacer nada. Así que añadan aburrido a todo lo demás, y seguía siendo un verdadero rayito de sol de mierda una semana y media después de su lesión.
"No lo estoy haciendo a propósito, cariño," le dije con el tono más calmado y tranquilizador que pude reunir. "Tengo que envolver la gasa todo alrededor de tu pierna. La mantiene limpia."
Carraspeó indignado, rodándome los ojos. "Lo menos que puedes hacer es mover tu mano unos centímetros más arriba."
Suspiré, permitiendo que finalmente mis ojos lo vieran. Mi pobre, pobre insaciable esposo estaba teniendo… problemas. Y la peor parte es que yo lo deseaba de la misma forma, pero no podíamos. Cualquier movimiento repentino a su pierna, y gritaba. Sus puntadas seguían muy sensibles, y no quería que se reventara ninguna. Ni siquiera podía imaginarme tener que explicarle eso a Esme, aunque estaba segura que con lo inquieto que Edward había estado últimamente, por poco no necesitaría ninguna explicación.
Fijé mi mirada en una intensa y ansiosa—un profundo verde lleno de un conocimiento carnal tan basto que mis partes femeninas palpitaban por él. Todo mi cuerpo lo ansiaba. Todo mi ser no deseaba nada más que ceder a él, usarlo para calmar mis embravecidas hormonas, disfrutar de que seguía con vida y todavía mío, y permitir que mi deseo lo hiciera sentir bien. No deseaba nada más, pero no podía arriesgarme a lastimarlo más, y me estremecía totalmente cada vez que lo veía hacer muecas de dolor.
"No," gemí, sacudiendo mi cabeza. "No hagas eso, Edward. No es justo." Le susurré las últimas tres palabras, volviendo a su vendaje. "No me gusta esta mierda más que a ti."
Se calló después de eso, sus arrepentidos pero hambrientos ojos me observaban mientras aseguraba la envoltura de gasa, recogía el viejo vendaje, y me levantaba para tirarlo en la basura del baño.
No estaba enojada con él, aunque no había sido exactamente agradable en todo el día, porque nos había visto trabajar a todos en la granja en torno a él. A Edward no le gustaba sentirse inútil, por lo que entre más trabajo se hacía cerca de él, más gruñón se ponía. Y cuando mi esposo se sentía perturbado, le gustaba ahogarlo dentro de mí, y en ello recaía el problema. No podía hacerlo.
No es como si no lo hubiésemos intentado, porque Edward y yo estábamos desesperados el uno por el otro, pero la primera vez que lo toqué, había siseado de dolor. Eso había sido uno días después del funeral de Sam, y aun cuando Edward estaba recuperando sus fuerzas cada día, no podía soportar la idea de lastimarlo, o causarle más daño.
Ignoré su mirada cuando dejé la habitación y agarré una botella de agua del refrigerador de la cocina y los medicamentos para el dolor del botiquín—que ahora eran sin receta, porque Edward se rehusaba a tomar nada fuerte. Regresé a la habitación, dejé las dos cosas en el buró, y me encerré en el baño para evitar ceder a él. Con toda honestidad, necesitaba una maldita ducha fría, porque un Edward deseoso simplemente me hacía sentir cosas, pero en lugar de eso, recogí mi cabello en un moño desordenado y me quité rápidamente la suciedad del día con una ducha.
Para cuando entré de nuevo en la recámara, vestida para dormir con una de las camisetas de Edward y un par de bóxer, la intensa y hambrienta necesidad en sus ojos había sido remplazada por una tristeza infantil.
"E-Estás e-enojada c-conmigo," balbuceó, bajando la vista a sus manos y de vuelta a mí.
"No estoy enojada…." Dije con brusquedad, cerrando mis ojos, porque maldición, muy bien sonaba como que lo estaba. "No lo estoy," dije con un suspiro, sacudiendo la cabeza para aclararla, porque ese sonido—ese dulce y honesto tartamudeo—muy bien podría ser mi perdición. Froté mi sien, antes de sacar unas pastillas. "Toma. Es la hora para estas," le indiqué, finalmente permitiéndome darle otra mirada.
"¿Si me las tomo, te sentarás conmigo?" Negoció con dulzura, aunque no le respondí de inmediato. "Podemos encender la televisión o algo. Prometo comportarme."
Al fin me reí de él, porque Dios, debe ser una mierda estar aburrido todo el maldito día, con dolor—y conociendo a Edward como lo hacía—cachondo. Me reí de nuevo con ese último pensamiento.
"Sí, cariño," le dije asintiendo, y enseguida, se tomó las pastillas y media botella de agua. "Solo déjame ir a ver a Bethy, y volveré enseguida. Encuentra algo que estén pasando," le dije, poniendo el control remoto en sus manos.
Bethy estaba profundamente dormida, su cuerpecito acurrucado alrededor del señor Conejo. Había tenido un día ocupado, junto con el resto de nosotros, pero el único breve descanso del mal humor de Edward nos lo había dado ella. Le había dado el almuerzo con una dulce sonrisa y unas risitas. Se había sentado en el brazo del sillón y lo alimentó con jodidos Nuggets de pollo, uno por uno, incluso yendo tan lejos como para hundirlos por él en la salsa.
La única luz en la habitación era el resplandor azulado de la televisión cuando entré de nuevo. Me metí con cuidado en mi lado de la cama.
"Tu compañera de almuerzo está fuera de combate," le dije, incapaz de no descansar mi cabeza en su pecho para ver la televisión. Hubiera sido como tratar de cortarme un brazo.
Se rio entre dientes. "Insistió en alimentarme," dijo en voz baja, envolviendo un brazo alrededor de mis hombros y dejando un prolongado e intenso beso en el tope de mi cabeza.
"Solo quiere cuidar de ti. Le metiste en la cabeza que si ignoras el dolor, no existe," le expliqué, porque básicamente me había dicho eso cuando robó su plato de comida y corrió con él. "Quería distraerte."
Sentí su sonrisa contra la coronilla de mi cabeza, pero no dijo nada. Al parecer había encontrado un maratón de mi programa criminal favorito, y lo vimos en silencio por un rato. Estaba muy segura que no estaba siguiendo la trama—en lo absoluto—porque estaba muy consciente de él. Sabía lo que quería, y casi podía sentirlo moverse debajo de la superficie de su piel caliente y suave. Podía sentirlo en la mano que frotaba mi espalda desde mis omoplatos hasta casi llegar a mi trasero, rozando sus dedos a lo largo de la piel expuesta en la parte baja de mi espalda debido a que mi camiseta se había subido. Podía sentirlo en la forma que jugaba con mis dedos, sintiendo cada uno, trazando mis huesos, mi palma, mi muñeca.
Era puro control entre nosotros. Casi quería reírme de ello, si no lo necesitara tanto. Estaba dispuesta a tomar lo que estaba recibiendo en ese momento, hasta que la escena en la pantalla cambió. Dos policías, que evidentemente siempre se habían sentido atraídos el uno al otro, finalmente consumaban su relación, y todo estaba en la pantalla.
Todo el cuerpo de Edward se tensó, sus dedos se entrelazaron con los míos, pero quise gemir cuando su mano en mi espalda se deslizó justo debajo de la cintura del bóxer que traía puesto. Mi propia mano subió rozando los músculos de su estómago hasta su pecho, donde la cerré en un puño, luchando con lo último que quedaba de mi control. Quería arquearme hacia atrás contra la mano en mi trasero, quería restregarme contra su pierna lastimada, y joder, quería besarlo hasta dejarlo sin sentido. Comprendí que no había forma de resistirlo. Simplemente no sabía cómo podríamos hacerlo.
Mi cabeza se levantó de golpe, y Edward apartó su toque rápidamente.
"L-Lo s-siento, a-amor," me susurró, viéndose contrito, pero el tartamudeo fue todo lo que pude soportar.
"Mierda," siseé, renunciando a toda esperanza y lanzándome hacia su boca.
No hubo preámbulo para el beso. Ningún besito inicial, ningún mordisco, ningún comienzo casto para ello en absoluto. Fue abierto y húmedo, ansioso e intenso. Fue fuera de control, con lenguas deslizándose juntas. Murmullos, lloriqueos, y gemidos dulces y profundos salieron efusivamente de ambos, y prácticamente usé mi agarre en su cabello para subir más cerca de su rostro. Requirió de todas mis putas fuerzas no subir a horcajadas encima de él.
Sus fuertes dedos se entrelazaron en mi cabello a un costado de mi cabeza al mismo tiempo que su mano se deslizó por completo dentro de mi bóxer. Agarrando y apretando, amasó mi trasero hasta que empezaba a sudar al luchar contra todo dentro de mí.
Me aparté de su boca, y estábamos jadeando cuando pegué mi frente a la suya. "¿Cómo?" gruñí sin aliento. "Solo… ¿Cómo, maldita sea?"
Pensé que se reiría de mi desesperación, pero no lo hizo. Pareció tomar algún tipo de inventario mental, mientras sus ojos nunca dejaron los míos. Consideré la posición sesenta y nueve, pero sabía que él nunca sería capaz de no moverse con ese. Además, maldición, no quería dejar de besarlo.
Parecíamos estar en la misma sintonía, porque apenas si soltó, "Dios, por favor, solo tócame," antes de estrellarse de nuevo en mí.
Sus manos ásperas y callosas subieron mi camiseta, arremangándola hasta que por fin nos apartamos para respirar, y luego la sacó por encima de mi cabeza. En ese momento, ya estaba arrodillada junto a su torso, mi mano bajando por su pecho apenas tocándolo y deslizándose por debajo de la cintura de su bóxer.
Lloriqueé, echándome hacia atrás para mirar su polla, porque Santo Cielo de mierda, estaba duro. "Edward," dije entre mi aliento, arqueándome para acercarme a él cuando sus manos se extendieron en mi espalda, acercando mi pecho a su boca.
"No tomará mucho tiempo, dulzura," murmuró, clavando sus ojos en los míos al mismo tiempo que su boca capturaba mi pezón. "Dios, joder, simplemente te deseo…" murmuró contra mi piel.
Dicho eso, sus dientes se arrastraron sobre mi pezón, haciéndome sisear. Rozando con sus manos mi espalda, bajó y empujó mi bóxer hasta mis rodillas mientras estaba arrodillada junto a él. Mi mano envolvió su polla, y se sacudió duro y pesado en ella al mismo tiempo que sus dedos descubrían lo mucho que me había resistido.
"Jesús," jadeó, mirándome mientras sus dedos rodeaban mi entrada muy mojada. "Joder, bebé," gimió cuando mi mano lo agarró con firmeza, deslizándose hacia arriba y hacia abajo sobre su eje. De nuevo, deslizó una mano dentro de mi cabello, mordisqueando con brusquedad mi cuello. "Maldición, tranquila, dulzura. También quiero hacerme cargo de ti. Por favor, por favor, córrete rápido y con ganas para mí."
Hundió dos dedos en lo más profundo dentro de mí, provocando que mi ritmo en su polla titubeara cuando mi cabeza cayó hacia atrás. Me presioné cada vez más contra él.
Mi mano libre agarró su cuello, y mordí mi labio cuando sus dedos se curvearon dentro de mí, encontrando ese increíble punto que solo él podía tocar.
"Mm, mírate," canturreó, sus ojos oscuros y resplandecientes. "Joder, tan hermosa…" Una media sonrisa dulce pero engreída se curveó hacia arriba en su rostro. "Oh, bebé… mierda, solo córrete para mí. Nunca he estado tan malditamente cerca…"
De pronto, me di cuenta que esto era muy parecido a nuestros inicios, un tiempo cuando apenas le permitía tocarme, que mi respiración se atoró en mi garganta. Mi clímax me llegó intenso y con rapidez, justo como él quería, pero con él vino gratitud, amor, y una avalancha de abrumadores recuerdos. Todo cayó sobre mí como una oleada, porque de verdad no sabía cómo hubiera podido vivir sin el hombre en mis brazos que en ese momento me estaba diciendo lo jodidamente hermosa que era y que me amaba. Simplemente no podía. Él era mi roca, y yo era la suya.
Oculté mi rostro de él al enterrar mi nariz en su cabello en un lado de su cabeza, porque podía sentir el sollozo abriéndose paso al fondo de mi garganta. También podía sentirlo cerca—realmente cerca—y se corrió con un rugido suave en su voz, mi nombre mezclado con una plétora de maldiciones. Sentí sus cálidos brazos deslizarse a mi alrededor, su respiración pesada, pero la rigidez y tensión en sus músculos había desaparecido por completo.
Y el sollozo emergió de mí.
"Bebé… ¿te lastimé?" Me preguntó, tratando de inmediato de echarme hacia atrás para mirarme.
Yo no quería. Me aferré a él, envolviendo mi brazo alrededor de su cabeza y casi sujeté su cabello mientras simplemente lo inhalaba, todo de él. Tal vez apenas estaba comprendiendo lo cerca que había estado de perderlo, y tal vez eran las hormonas, pero joder, no me importaba, y no estaba realmente segura de que importara.
"No," dije llorando, permitiéndole al fin que me arrancara de su cabeza.
No me alejé más allá de su rostro, sujetándolo gentilmente entre mis manos. Era tan jodidamente guapo, pero no era solo su apariencia; era ese intenso color verde que me miraba, impotente sin saber por qué estaba llorando. Era el chico que conocí hace tanto tiempo mirándome. Era toda la historia que teníamos que, joder, podía haber desaparecido en un puto parpadeo.
"Es solo… Mierda, no lo sé," gemí, besando sus labios con rudeza. "Pude haberte perdido," le dije débilmente, sorbiendo un poco mi nariz. "No puedo…" Inhalé muy, pero muy profundo, tratando de relajarme, pero solo fue necesario que él dijera algo para que todo mejorara.
"Pero no fue así," me dijo en voz baja y tranquilizadora, trazando ligeramente con sus dedos mis mejillas, echando mi cabello hacia atrás, y limpiando mis lágrimas—constantes caricias reconfortantes y algo que había estado haciendo para mí por lo que parecía toda una vida. Me traía de vuelta a la realidad, me hacía concentrarme en él y en el ahora, no en el pánico.
Asentí, cerrando mis ojos cuando besó mi frente, mi mejilla, y mi nariz. "Lo sé." Me tranquilicé poco a poco, dejando que sus caricias y dulces besos hicieran su trabajo. "Te amo," le susurré.
Se rio bajito. "Oh, dulzura, también te amo."
"Necesito traerte algo para limpiarte," murmuré, sonriendo con suficiencia cuando él sonrió como un idiota, porque consiguió lo que quería. Quería ponerle mis ojos en blanco mientras me ponía de nuevo la camiseta y me subía el bóxer, pero no pude, porque el borde duro alrededor de sus ojos, la tensión en su mandíbula que había estado allí en los últimos días y que había aumentado lentamente durante el día—todo había desaparecido.
Me soltó, y agarré una toalla del baño, entregándosela. Cuando terminó, tomé nuevamente la toalla, arrojándola en la ropa sucia. Para cuando regresé, estaba haciendo gestos de dolor y moviéndose.
Me paré en seco e hice una mueca al verlo, mordisqueando mi labio inferior. "Creo que la pregunta más importante es… ¿yo te lastimé?"
"No, bebé," gruñó mientras se movía de nuevo, haciendo un gesto hacia la cama para que lo acompañara. "Solo quiero abrazarte, y necesito moverme para hacer eso."
"Bien," le dije, sonando un poco como Bethy, pero no me gustaba que sintiera dolor, así que no me moví todavía.
"Tu dulce trasero aquí. Ahora. Deja de preocuparte," me ordenó, señalando otra vez el lugar junto a él, pero estaba acompañada con una carcajada rematada con una dulce sonrisa.
Sonreí, subiendo a la cama a su lado y permitiéndole acercarme a él, colocándome en donde se sintiera más cómodo, que era su lado sano, su pecho, su hombro. Acurrucándome en su cuello, sentí disminuir lo que quedaba de mi ansiedad, pero se desvaneció por completo cuando Edward comenzó a hablar.
"Estoy justo aquí. No voy a ir a ningún lado… obviamente," susurró contra mi mejilla. "Estoy bien, y gracias."
Me reí un poquito por el gracias. "Lo siento…"
"Yo no," dijo con un suspiro, besando otra vez mi mejilla, sus dedos haciendo pequeños círculos sobre mi hombro y espalda. "Lo entiendo. Esa mierda estuvo escalofriantemente cerca."
Asentí, pasando mi mano por su brazo. Podía darme cuenta por su voz que todavía se sentía algo culpable por Sam, a pesar de la carta que nos dejó, diciéndonos que no nos sintiéramos así. Y había una parte de mí que se preguntaba si siempre nos veríamos el uno al otro y simplemente… lo sabríamos—sabríamos que se nos había dado un verdadero regalo.
Lo abracé con fuerza y asentí nuevamente. Incliné solo un poco mi cabeza para poder besar su mandíbula. "Es solo que estoy realmente feliz de tenerte."
"Yo también, amor."
Con un último beso en mi frente, con una caricia más a su cuello con mi nariz, los dos suspiramos contentos, quedándonos dormidos casi al instante.
~oOo~
"Toma, papi," dijo Bethy alegremente, entregándole a Edward una botella de agua.
Todavía no se podía poner de cuclillas, pero apoyó su mano en la barra horizontal de la cerca para inclinarse, besando la cima de su cabeza y poniendo todo su peso en su pierna fuerte.
"Gracias, pequeña dulzura," le dijo, quitándole la tapa a la botella y prácticamente consumiéndola toda.
Llevaba solo unos jeans, botas de trabajo, y su gorra de béisbol hacia atrás, a pesar del frío de la tarde. Mordí mi labio cuando gotas de agua cayeron por su pecho, solo para desaparecer en la parte superior de sus jeans—a donde últimamente había tenido acceso limitado, debido a su lesión.
"¿Dónde está la mía?" Dijo Jasper riéndose, extendiendo sus manos de forma dramática. "¿Qué soy? ¿Hígado picado?"
"¡Lo siento, tío Jazz!" Dijo con unas risitas, corriendo por el patio, subiendo los escalones, y entrando a la casa, solo para salir disparada por la mosquitera con otra botella.
"¡Dios mío!" Jasper se burló bromeando, rodando los ojos y tomando la botella que le daba. "¿Necesito cojear por todos lados como algunas personas para recibir mejor servicio?" Preguntó, señalando con su pulgar detrás de él.
Edward se echó a reír, sacudiendo su cabeza y agarrando el siguiente tablón de remplazo para la cerca en la que él y Jasper estaban trabajando.
"¡No!" Dijo entre risitas, y antes de que pudiera moverse, Jasper la cargó y le hizo cosquillas sin descanso. "¡Detente!" Chilló feliz, sus pequeñas piernas pateando.
Me reí por lo que veía, porque no pasó mucho tiempo para atraer a Poppy, tío Alec, y tío Emmett a la situación. Pronto, todos le estaban demostrando su cariño, preguntándole dónde estaba su agua, y no pude resistirme.
"Elizabeth Renee," le grité desde mi asiento en el porche delantero. "Diles a esos muchachos que consigan su propia agua. Que solo porque eres una chica no significa que tienes que servirles."
Sus ojos se iluminaron, y el verde destelló con picardía. Se giró hacia todos ellos, señalándolos con un dedo en advertencia. "¡Sí, l-lo q-que d-dijo mami!" Espetó, girándose sobre sus talones para caminar hacia mí.
Edward sonrió con orgullo, sin decir nada mientras los chicos gemían y murmuraban mierdas entre su aliento. Alcancé a escuchar frases como "liberación femenina" y "esa mierda de quema de sujetadores." Me reí, abrazando a mi niña cuando llegó a mí.
"Esa es mi niña," la elogié, poniéndola en mi regazo.
"Excepto papi, ¿verdad?" Susurró con una risita.
"Así es. Excepto papi," me reí entre dientes, besando su frente. "Le vas a llevar lo que tú quieras llevarle, niña hermosa."
Ella lo consentía sin descanso desde que salió herido. Vivía para cuidar de él, hacerlo reír, y distraer su mente del dolor, lo que había disminuido poco a poco. Ya habíamos estado unas tres semanas en la granja, y Edward estaba sanando rápidamente. Cojeaba, porque el músculo en su pierna estaba débil, pero mejorando. Le habían quitado las puntadas hacía unos días, dejando una cicatriz, pero no estaba segura de que a Edward le importara mucho. Ya no necesitaba de las muletas, pero no estaba exactamente corriendo por todas partes, aunque ahora podía hacer pequeñas labores, lo que ayudaba con su nivel de malhumor. Estaba limitado en lo que respecta a arrodillarse, agacharse, y levantar cosas pesadas, sin mencionar que escalones y escaleras eran un reto, pero en general, estaba bien en su camino a la recuperación.
"En el columpio, mami," me pidió Bethy, cogiendo un mechón de mi cabello y jugando con él.
"Claro, cariño," le dije, poniéndome de pie con ella en mis brazos. Me senté en el columpio, dejándola a horcajadas en mi regazo.
Bethy se centró más en tratar de trenzar mi cabello que en mirarme. Mi corazón parecía expandirse cada vez que la sostenía así. Era una niña tan hermosa, y a estas alturas, la mezcla de Edward y yo estaba empezando a crear una apariencia que era solo… Bethy. Sus ojos verdes estaban enmarcados con largas y oscuras pestañas, como las de Edward, pero su forma era como la mía. No importaba que tuviera mi nariz o mis pecas, o la pequeña sonrisa torcida de Edward, porque estaba comenzando a perder esa apariencia de bebé, y en vez de eso empezaba a verse como una niña. Estaba creciendo, y eso me emocionaba y asustaba, pero también me preguntaba qué tipo de hermana mayor sería, que clase de adolescente, y luego mujer madura. Sacudí mi cabeza ante la idea.
"¿Qué hiciste hoy con el señor Tom y el señor Obie?" Le pregunté, porque había tomado la mano de Mickey justo después del almuerzo y había estado ocupada desde entonces.
"Le di a Goliall y S-Sansón un bano," me dijo cuándo quité el largo cabello de sus hombros, pasando mis dedos por él hasta su espalda. "Y luego preparamos un lugar para que Maia tenga perritos."
Sonreí, porque Maia era de la última camada de Tia, la perra con la que me había encariñado la primera vez que vine a la granja. Tia ya no estaba con nosotros, pero Maia era idéntica a ella, por lo que muy probablemente era la razón por la que tía Kate se había quedado con ella.
"¿Sí?" Le pregunté, sonriendo al ver el entusiasta gesto de su cabeza. "¿Dijeron en cuánto tiempo?"
Bethy encogió un hombro. "El señor Obie dijo que pronto."
"Bueno, tú querías ver cachorros antes de que viniéramos aquí. Supongo que se va a cumplir tu deseo, ¿eh?"
"Sí," dijo lentamente, sonriendo radiante como la mejor de las mañanas soleadas.
Al mirar a su rostro feliz, comprendí que teníamos que contarle sobre el nuevo bebé, y pronto. Lo habíamos pospuesto, y todos habían hecho un buen trabajo al no hablar sobre mi embarazo frente a ella, pero tenía miedo que pasara en algún momento. Ella sabía de dónde vienen los bebés, pero no cómo llegaban allí. Esperaba usar eso como ventaja cuando finalmente le diéramos las noticias.
Empujé el columpio con mi dedo, acercando a Bethy. Descansó su cabeza sobre mi hombro, enterrando su frente en mi cuello como acostumbraba hacer cuando era un bebé. El suave balanceo y mis dedos pasando por su cabello estaban durmiendo poco a poco a mi pequeña. Sonreí, besando el tope de su cabeza cuando un dulce y profundo suspiro de satisfacción tocó mi piel.
"La cena está casi lis… Oh," dijo Esme, interrumpiéndose cuando vio que Bethy estaba dormida. Sonrió, sentándose junto a mí.
"Creo que Mickey la agotó hoy," le dije en voz baja, mis dedos deslizándose por su espalda hacia arriba y hacia abajo con suavidad. "La despertaré para cenar. De otra manera, va estar despierta al amanecer."
Esme se rio entre dientes y asintió, volviendo su atención hacia las reparaciones de la cerca no tan lejos. "Se está fortaleciendo. ¿Ya puede volar?" Me preguntó, volviéndose otra vez hacia mí.
"Dice que no," le dije encogiéndome de hombros. "La verdad, creo que solo le duele subirse."
"O tal vez quiere estar lo suficientemente fuerte para cuidar de ti cuando te lleve a casa," sugirió, con esa sabia y astuta expresión que lleva cuando una conversación podría ser más que solo una charla.
"Puede que tengas razón," admití, dejando otro beso en la cabeza de Bethy. "Eso no me sorprendería."
"Y ella tiene que saber," añadió Esme, levantándome una ceja.
Asentí, inhalando en el cabello de Bethy. Olía como a heno, niñita y rayos de sol. "Justo estaba pensando en eso. Queremos hacerlo juntos… solos. Pasar un día con ella, ¿sabes?"
"Deberían de hacerlo antes de ir a casa, cariño," dijo con un suspiro, envolviendo un brazo sobre mis hombros. "Denle tiempo para que se acostumbre a la idea."
Asentí de nuevo, estando sinceramente de acuerdo con ella. "Es inteligente, pero es egoísta cuando se trata de Edward y de mí. Solo espero que pueda acostumbrarse a ello rápidamente."
"Mmm," musitó Esme, pasando ligeramente una mano por el cabello de Bethy y su espalda. "Tal vez puedas usar a Caleb como un ejemplo. Ha sido realmente buena con él."
"¿Es tu manera de decirme… que quieres un niño?" Dije con una risita.
"No, es mi manera de decirte que… está acostumbrada a que haya un bebé en casa," bromeó, guiñándome un ojo al escuchar mi suave risa. "No tuvo otra opción, porque prácticamente Caleb ha estado viviendo con nosotros desde que nació."
"Huh," suspiré, asintiendo lentamente. "No había pensado en eso."
"Pero sigo queriendo un niño," me susurró Esme con complicidad, haciéndome reír.
Mi mirada se deslizó hacia la cerca, viendo a mi esposo empezar a limpiar por el día. Al menos estaba tratando de ayudar. Vi cuando hizo una mueca, girándose demasiado rápido, casi dejando caer los dos tablones en su mano. Carlisle se los quitó y los puso en el suelo, señalando hacia la casa con una mano y apretando el hombro de Edward con la otra. No tuve que escuchar la conversación para saber que le acaban de decir que dejara de trabajar por hoy. El hombre no lo dijo en voz alta, pero sabía que lo cerca que estuvo Edward de morir, la noche de la lucha, había asustado a su padre casi hasta la muerte. Estuvo en su rostro cada vez que lo veía los primeros días de la recuperación de Edward.
Edward se encaminó hacia la casa con cuidado, su cojera pronunciada, pero no tanto que necesitara ayuda. Cuando llegó a los escalones, Esme se levantó y corrió hacia él.
"Yo puedo," gruñó, sujetándose del poste.
"Y yo te ayudo," dijo ella riéndose, envolviendo un brazo en torno a su cintura. "No es necesario que te mates todo el maldito día, hijo. Sé que quieres verte increíble y fuerte, pero eso va a ser difícil de lograr si te caes en tu trasero."
Sonrió, porque ella le provocaba eso. Envolviendo un brazo alrededor de su hombro, se apoyó en ella para subir los cuatro escalones hacia el porche delantero. Me reí bajito de los dos, sofocándola en el cabello de Bethy. Exhaló con brusquedad una vez que llegó a la cima, sus ojos mirándome. Todo el dolor y cansancio se desvaneció al ver a su hija profundamente dormida.
"Oh, mis chicas," se rio suavemente, su ceño se frunció mientras se dirigía hacia nosotros. "¡Hombre, está realmente… perdida!" Susurró.
"Siéntate y descansa," le dijo Esme. "Llamaré a todos cuando la cena esté lista."
Detuve el columpio lo suficiente para que Edward se sentara a un lado de nosotras. Contuve un gemido cuando me rodeó con un brazo, porque Dios, amaba su olor cuando trabajaba con madera todo el día. Era dulce, como a madera recién cortada, intenso, como todo un hombre, y reconfortante, como el aroma de tu propia almohada.
Recargué mi cabeza en su brazo, volviéndome hacia él para recibir un dulce beso. "Ella solo… se acomodó," dije con una risita, frotando la espalda de Bethy. "La despertaré en un minuto, pero echo de menos sostenerla así."
Edward sonrió, besando un lado de mi cabeza. Colocó su palma extendida en la cabeza de su hija, y luego quitó un mechón de cabello de su rostro. Lo vi mientras solo la miraba. El amor incondicional simplemente te dejaba sin aliento. Ni siquiera creía que estuviera consciente de que estaba escrito en todo su rostro.
Incapaz de resistirme, me acerqué, besando su mandíbula. "¿Vas a trabajar en eso mañana?" Le pregunté, señalando con mi barbilla hacia la cerca.
Se encogió de hombros, doblando su brazo y colocando la cabeza en su mano. "Supongo que sí."
"Bueno, ¿puedes salir temprano o entrar tarde?" Dije con una risita, como si fuera un maldito trabajo real.
Se rio entre dientes. "Me vas a robar, ¿verdad?"
"Nosotras te vamos a robar," le dije con un gesto de mi cabeza. "Es momento de decirle, Edward." Recordando que habíamos hablado de tener esa conversación en particular en el claro, hablé rápidamente. "No tenemos que salir si no puedes, pero tenemos que decirle."
Respiró hondo, dejándolo salir lentamente. "Mañana," me dijo asintiendo. "Creo que el claro estará bien. Podría montar a Sansón. Tiene un paso más suave."
"¿Estás seguro?"
"Sí… o sea, uso mi pierna fuerte para subir y bajar, así que debería estar bien," me dijo, encogiendo un hombro. Pausó por un momento, y luego clavó su mirada en la mía. "M-Me g-gustaría hacerlo a-allí," balbuceó con dulzura.
"Está bien." No discutí con eso. Para nada. Sabía que era un lugar importante y privado para él, y esto era una conversación muy importante y privada que íbamos a tener como familia, así que lo dejé tomar la decisión. "El claro será."
"Ella puede montar contigo," añadió, agachándose para besar el tope de su cabeza. Se volvió hacia mí, besándome de nuevo, solo que esta vez, fue más profundo—un movimiento circular de su lengua, un roce de sus dientes. "He estado esperando para esto todo el maldito día," susurró en mi oído, antes de recargarse.
Hizo una mueca pronunciada, sacudiendo la cabeza.
"Un baño para usted más tarde, señor," le ordené, mirándolo con el ceño fruncido, aun cuando estaba riéndose. Me preocupaba que se presionara muy duro, demasiado rápido, y no podría detenerlo si lo intentara, pero podía asegurarme de que no despertara la mañana siguiente sintiéndose como si lo hubiese atropellado un tren.
Bethy se movió un poco al escuchar el sonido de su risa, y pensé que sería un buen momento como cualquiera para despertarla.
"Hey, dormilona," canturreé, tocando su rostro, su espalda, y sus manos. "Despierta, bebé. Tienes que cenar y bañarte…"
Se levantó, usando mis hombros para empujarse. "Hola, papi," dijo, bostezando de forma adorable.
"Hola, bella durmiente," se rio entre dientes, tomando su rostro entre sus manos. "Hay un rumor por ahí, pequeña dulzura," comenzó a decir, acercándola a él.
"¿Eh?" Murmuró adormilada, pero se fue con él voluntariamente.
"Oí que tía Kate preparó tu cena favorita," le susurró.
Sus cejas se levantaron tan rápido, que no pude evitar reírme.
"¿Perros con chiwi?" Respondió en un susurro, agarrando su rostro como si pudiera obligarlo a que le dijera la verdad.
"Eso mismo," se rio entre dientes. "¿Sabes?... ella fue la que me enseñó cómo hacer el chili en primer lugar…"
Ella le sonrió, mordiendo su labio inferior. "¿Pero tú vas a hacerme el mío?"
"¡Oh, sí!" Le canturreó en respuesta. "Como si pudiera permitir que alguien lo echara a perder," se burló, rodándole sus ojos dramáticamente.
Me reí de los dos, levantándome del columpio. "Vengan, mis tontitos. Vamos a lavarnos las manos y ayudar a tía Kate y Esme con la mesa," les dije, cargando a Bethy del regazo de Edward, porque todavía no podía levantarse con ella—algo que sabía lo molestaba sobremanera. Le di ruidosos besos en su cuello, provocando que chillara en risitas, y luego la puse en el suelo. "Ve a lavarte esas manos, Bethy. ¡Ni siquiera quiero saber todo lo que has tocado hoy!" Le grité, cuando ya estaba abriendo la mosquitera.
Extendí mi mano, ofreciéndosela a él para ayudarlo a levantarse. La tomó, y juntos, lo pusimos de pie. Me rodeó con su brazo y podía darme cuenta que estaba cansado.
"¿Qué tocó todo el día?" Me preguntó con una risita.
"No preguntes," le dije con un resoplido, sacudiendo mi cabeza y abriendo la mosquitera, "pero no te sorprenda si en una semana o dos, nos pide un perrito."
Gimió, sacudiendo su cabeza, pero entró en la casa. "Sí… porque eso es precisamente lo que necesitamos…"
Le di una palmada en el trasero y me reí. "Exactamente, pero considérate advertido."
~oOo~
EDWARD
"¿Tú las hiciste, papi?" Preguntó Bethy mientras se paseaba lentamente por el claro.
Estaba tan jodidamente linda. Despertamos en una mañana fría, por lo que estaba vestida con jeans, tenis, y una pequeña sudadera gris con capucha del FBI que Wes le había dado, la que a Bella le encantaba que usara. Sus manos estaban metidas al fondo de su bolsillo frontal mientras miraba hacia las pajareras que le había hecho a mi madre.
"Yo las hice, cariño," le dije, mirando con ella alrededor. "Hace mucho tiempo…" Mi voz se fue apagando, porque el lugar simplemente significaba algo para mí.
Era el lugar donde a mi madre le gustaba escapar, el lugar al que me traía cuando teníamos una conversación seria frente a nosotros, como el que mi papá fuera enviado nuevamente al extranjero, o su cáncer, o incluso solo para preguntarme cómo me iba en la escuela. Y era la razón por la que quería traer a Bethy aquí para esta conversación.
Me giré para ver a Bella atando los caballos a un lado. No los hicimos correr mucho, así que todavía estaban llenos de energía.
"Ven, pequeña dulzura. Ayúdame con la manta." Le tendí mi mano, y ella la tomó, manteniendo mi paso mientras cojeaba hacia la canasta de picnic. "No queremos que mami y tú tengan frío, ¿verdad?"
"No," dijo con unas risitas, sacudiendo su cabeza.
Mientras me ayudaba a extender la manta, me di cuenta que no tenía ni puta idea de cómo decirle. Miré a Bella, que parecía muy consciente de mi inquietud.
"Vamos a hablarle de forma sencilla y honesta, cariño," me dijo para tranquilizarme, frotando mi brazo. "¿Necesitas ayuda para sentarte?"
Sacudí mi cabeza y lentamente maniobré mi cuerpo hacia la manta, gimiendo cuando mi pierna se acalambró. Esme me había advertido que los agudos y punzantes espasmos de dolor que sentía eran mis terminaciones nerviosas uniéndose de nuevo, y que el dolor sordo y palpitante era mi músculo reconstruyéndose, fortaleciéndose. Honestamente, toda la mierda me dolía, pero era bueno saber la diferencia.
Bella sacó los termos, sirviéndonos chocolate caliente a los tres, solo porque echaba de menos el café y tenía que tomar algo para remplazarlo.
Si no sabía qué decir, tal parece que Bella sí, porque le hizo a Bethy una pregunta que no estaba esperando.
"Niña hermosa, ¿cómo te sientes de tener al bebé Caleb con nosotros?"
Sonreí, ocultándola detrás de mi taza, cuando el rostro de Bethy se arrugó mientras pensaba en ello. Una amplia gama de emociones pareció jugar en su rostro—asco, intriga, humor. Todo estaba allí, pero la respuesta fue hilarante.
"Huele gracioso," dijo encogiéndose de hombros.
Bella y yo nos reímos, y empujé a Bethy con mi zapato, porque entendía a dónde quería llegar Bella. "Sí, pero creo que lo que mami te está preguntando es… ¿Qué pensaría si hubiese otro bebé como Caleb con nosotros?"
Bethy se encogió de hombros, indiferente ante la pregunta. "Caleb siempre está con nosotros."
"Bueno, sí," dijo Bella, jugando con un mechón de cabello de Bethy. "Pero cuando volvamos a casa, Caleb se va a ir a la suya con tía Rose y tío Emmett. ¿Qué pasa si otro bebé viene a quedarse con nosotros? Serías una hermana."
Bethy nos miró a los dos. Sus cejas se elevaron un poco, y luego se arrugaron. "¿Tengo qué serlo?"
Me reí entre dientes, mirando a Bella, y luego de vuelta a Bethy. "Bien, sí, pequeña dulzura. Algo así. Queríamos decirte eso, pronto vas a tener un hermanito o hermanita."
Y repentinamente, mi realmente inteligente niña entendió, porque no fue hace mucho tiempo que Rose había estado embarazada, su gran panza despertó una fascinación en Bethy. No hace mucho tiempo que habíamos estado en el hospital cuando Caleb nació.
Bethy gateó hacia Bella, subiendo a su regazo. "¿Hay un bebé allí?" Le preguntó en un susurro, señalando al estómago de Bella.
"¡Caramba!" Bella se rio, mirándome. Se volvió de vuelta hacia su hija, tomando su rostro entre sus manos y besando su frente. "Sí, niña hermosa."
"Tu pancita está más chiquita que como estaba la de tía Rose," señaló Bethy, viéndose escéptica.
"No por mucho tiempo," murmuré.
Bella pateó mi zapato, para la diversión de Bethy.
"Mi pancita se va a hacer más grande cuando el bebé crezca, Bethy," le explicó Bella, dándome una peligrosa ceja levantada. "Algo así como la pancita de Maia ahora que está a punto de tener los cachorritos."
"Te veías hermosa embarazada," dije con una risita, acostándome junto a ellas en mi lado bueno. "Eso no fue un insulto, Bella."
Coloqué mi mano sobre el estómago de Bella, recordando la sensación de la patada de Bethy; de pronto, no podía esperar a sentir a este.
Una mano fría y pequeña presionó sobre la mía, y Bethy preguntó, "¿Aquí?"
Asentí, sacando mi mano de debajo de la de ella y presionándola en el vientre de Bella. "Aquí. Justo ahora es realmente pequeño y está durmiendo, así que tenemos que esperar."
"¿Cuánto tiempo?" Me preguntó, acercándose.
"Hasta que esté listo. Meses," le dije. "Pero tenemos que prepararnos para él. Ya sabes, hacerle su espacio, comprar muchas cosas de bebé, y tú puedes contarle todo lo que puede esperar cuando llegue," le susurré.
"¿Puedo?" Preguntó Bethy, frotando el estómago de Bella.
"Mmm, mira esto," le dije con una sonrisa, porque Bella se rio bajito sobre mí cuando me incliné hacia su estómago. "Hola, pequeño," le dije en voz baja, plantando un beso sobre su camiseta. "Me gustaría que conozcas a tu hermana mayor, Bethy."
Bethy soltó unas risitas, decidiendo besar también el estómago de Bella. "¡Hola, bebé!" Canturreó suavemente, y tuve que contenerme con todas mis fuerzas para no cargarla y besarla hasta morir.
Sentí el beso de Bella en la parte superior de mi cabeza, y levanté la vista para ver lágrimas acumulándose en sus ojos cuando desvió la mirada de nosotros, hacia el claro.
Me levanté un poco, preocupado de que hubiese hecho algo mal. "¿Por qué lloras? ¿F-Fue e-eso d-demasiado?" Le pregunté, limpiando una lágrima y besando sus labios.
Se sorbió la nariz, riéndose un poco al mismo tiempo, y sacudió su cabeza. "No… No, Edward. Eso fue perfecto."
¡Awwwww me muero de amor! ¿Apoco no son tiernos? Como dijo Bella, fue perfecto :) Qué más puedo decir, sé que muchas están tristes por la muerte de Sam, pero ya vieron que él había tomado la decisión de dar la vida por la felicidad de su 'pequeña'. La veía como su hija y quería que viviera una vida plena y feliz, y eso solo sería con Edward a su lado. Espero que hayan disfrutado del capi, ¿qué fue lo que más les gustó? Espero que me cuenten. Gracias por sus alertas y favoritos, pero sobre todo, gracias por sus comentarios, saben que son los que nos animan a seguir. Saludos y nos leemos en el próximo capi.
