Ciaossu Minna-san ~desu! e.e no estaba muerta, andaba de parranda (?) kufufu ~~ ya quisiera. En realidad, el estudio consume gran parte de mi energía vital, cada vez me quedan menos PS (he jugado mucho pokemon esta semana xD) mi vida se me está llendo entre los cuadernos T.T

Pero he aquí después de casi un mes (no quiero ni sacar la cuenta), ¡un capítulo!

Disfrutenlo como si fuera leche con chocolate (?) :3 y no se olviden de dejar reviews. Mientras más reviews dejen, más posibilidades tienen de ganar (? No sé qué ganaran exactamente, pero bueno...


Capítulo 21

Tsuna llegó relativamente tarde, a pesar que aún no anochecía, Haru había esperado unas cinco horas para poder verlo desde que habló con él esa mañana.

El rostro de la joven se llenó de alegría cuando vio a los miembros de su familia aterrizar, todos le respondieron con miradas igual de complacidas.

Lambo no tardó en saltar a los brazos de Haru.

—Lambo-chan, estas un poco grande ya —reconoció ella, al sentir el peso del Bovino.

—¡Lambo, baja! —ordenó I-pin.

—El gran Lambo esta feliz de ver a Haru de nuevo.

Y en medio de toda la alegría del reencuentro, se escuchó un grito furioso.

—¡Estúpida mujer! ¿Cómo te atreves a tener al Décimo tan preocupado? —exclamó Gokudera.

—Gokudera-san, usted sabe que esto no es culpa de Haru —se defendió.

—¡Tienes suerte de encontrarte bien sino solo le habrías causado más problemas al Décimo! —continuó gritando el guardián, lleno de ira.

—Ma~ Ma~ Gokudera, tú también estabas preocupado —intervino Yamamoto.

—E-Estúpido adicto al béisbol... y-yo estaba preocupado por que el Décimo estaba preocupado —el italiano se cruzó de brazos, molesto, y le dedicó una mirada furiosa al beisbolista.

—La familia ha vuelto a estar reunida al extremo —gritó Ryohei.

—Falta Hibari-san—observó Tsuna.

—Hibari-san dijo que no le agradaban este tipo de reencuentros, así que regresó a Namichuu —explicó Haru.

—En caso comenzaremos a investigar sin él —resolvió el Décimo Vongola.

La familia Vongola poseía una gran mansión en Namimori, fue ahí donde se dirigieron todos. La principal testigo era Haru, quien respondió cada una de las preguntas rudimentarias, sin poder aportar mucho más a la investigación, todo lo que podía dar eran datos básicos principalmente centrados en ella; ¿qué había estado haciendo a ciertas horas? ¿Cuándo se enteró de la desaparición de Nana? Lo de Hana fue algo nuevo, pero al igual que en el caso anterior, la testigo no sabía mucho más que los detectives. Dos desapariciones. Eso era todo.

El interrogatorio presidido por el Cielo Vongola no duró mucho, debían ir a la escena ll más pronto posible, ambas casas podían otorgar más información.

No todo Vongola iba a ir, las tareas se repartieron previamente, algunos buscarían movimientos bancarios y llamadas telefónicas, entre otras cosas. Solo dos personas permanecerían en la seguridad de la mansión, donde no harían más que dejarse proteger. Pero una de ellas no quiso seguir el plan.

—Tsu-kun... La verdad es que... Necesito ir a ver a mi madre y a mi padre... Quiero saber si están bien —pidió Kyoko.

—Yo puedo acompañar a Kyoko —se ofreció su hermano—, también necesito saber como se encuentran.

—En ese caso, yo también quiero asegurarme de que mi viejo se encuentre bien —pidió el guardián de la lluvia.

—Es cierto —reconoció el jefe—. Ellos corren peligro, los buscaran en cuanto los relacionen con Vongola. Haru, tú también...

Tsuna se paró en seco cuando volteó a ver a Haru y se encontró con unos ojos húmedos que estaban conteniéndose las lágrimas.

La hija de los Miura se había saltado el pequeño detalle de lo ocurrido hace pocas horas, gran parte de ella no quería recordarlo, pero se vio obligada a explicar la situación detalle por detalle.

—Pobre Haru-chan... —susurró Kyoko cuando terminó el relato.

El siguiente comentario llegó unos minutos después, una decisión llena de fuerza que a la vez, intentaba trasmitir tranquilidad. Eso era algo que solo la voz de Tsuna podía lograr.

—No te preocupes Haru, Gokudera rastreará el avión y tus padres estarán seguros.

—¡A la orden, Décimo! —dijo el aludido, poniéndose en marcha.

Todo se puso rápidamente en marcha, y Haru se quedó sin nada más que hacer, una vez más se había vuelto inútil para Vongola. Acompañó a Bianchi a la cocina, solo por el placer de estar acompañada, sabía que si se quedaba sola en su cuarto su mente comenzaría a darle vuelta a los mismos temas repetidos. En cambio, con la italiana necesitaba de toda su atención para evitar ser envenenada.

Lambo e I-pin también estaban merodeando por los pasillos, quizás estaban más grandes, pero continuaban disfrutando de la compañía del otro. En esta ocasión, Lambo habían molestado a I-pin hasta conseguir que esta saliera al jardín para corretearlo.

—A esta edad nace una enemistad irracional entre chicos y chicas —comentó Bianchi, al ver el abatido rostro de la castaña, ese parecía un buen tema para ahuyentar las penas aunque fuese por un rato.

—I-pin-chan y Lambo-san siguen llevándose muy bien —repuso Miura.

—Deberías ver como discuten... Están creciendo...

Hubo un momento de silencio, en el cual las palabras flotaron en el aire y penetraron en las mentes de ambas. Los tiempos estaban cambiando. Lambo e I-pin ya iban a la escuela, el resto de los guardianes ya se había graduado, Tsuna era el actual jefe... Y los arcobalenos... No se sabía nada de ellos.

—¿Bianchi-san? ¿Ha sabido algo sobre Reborn-san? —inquirió Haru, quebrando el silencio.

La pelirosa se movió incómoda ante la pregunta.

La respuesta era no. Ni siquiera podía recordar el último día en que lo vio, era otro nombre dentro de la lista de misteriosas desapariciones. Reborn era fuerte, estaba segura que podía cuidarse solo, cuando iba a misiones o a entrenar futuros capos nunca se sintió incómoda. Pero esta vez había algo extraño en su pecho que le advertía peligro.

La campanilla del horno sonó, salvando a la hermana de Hayato.

—¿Quieres probar el pastel que acabo de preparar, Haru-chan?

La aludida negó nerviosa, olvidando el tema de Reborn, pero la idea del pastel le trajo otra pregunta.

—¿Crees que Uni-san pueda venir un día de estos? Solía tomar el té junto a Haru, al menos durante el corto tiempo que Haru estuvo en Italia.

Bianchi frunció los labios, Tsuna le había pedido que guardara silencio, pero sinceramente no se sentía bien ocultándole información a la castaña, en especial después de todo lo que ella había ayudado a Vongola.

—Lo dudo.

Unos ojos castaños se clavaron en Bianchi, clamando por una explicación.

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—¡Kyoya! Pensé que estarías en la mansión Vongola, pero no me sorprende que estés aquí —exclamó un joven de rubios cabellos.

El silencio fue la respuesta del guardián de la nube, quien permaneció mirando hacia el horizonte desde la azotea.

Dino se percató que miraba en dirección a la mansión Vongola.

—Dudo que puedas ver algo a esta distancia, Kyoya —comentó el jefe de los Cavallone.

.

.

.

El móvil de Haru comenzó a vibrar en su bolsillo, la pantalla indicaba un número desconocido. Bianchi había salido hace un momento a recoger a Fuuta al aeropuerto, por lo que se encontraba sola, haciendo zapping a la tv.

Ignoró las voces del televisor y lo consideró un momento. Tsuna le había ordenado llevar su teléfono con Giannini en caso de que recibiera alguna llamada para poder rastrear el origen, por lo que sin apartar sus ojos de la pantalla, se levantó y caminó hasta la puerta, hasta que la voz del periodista captó su atención. Una franja se extendía por toda la zona inferior.

"Fatal accidente de un avión con destino a Tokyo no deja sobrevivientes".

Toda razón lógica abandonó su cuerpo en ese instante y contestó el teléfono. Desde el otro lado, una voz suave y calmada le dio la noticia.

En cuanto colgó, comenzó una desesperada carrera en dirección a la oficina de Gokudera, él era el encargado de vigilar en vuelo en el que iban sus padres. Mas, el albino había abandonado la estancia horas atrás para acompañar al Décimo a investigar el caso de Nana.

Haru al encontrarse con el cuarto vacío, miró en todas las direcciones y revolvió los papeles que había en el escritorio, abrió los cajones e intentó husmear dentro de la computadora, que para su mala suerte estaba con clave.

Nada.

La idea de que la noticia que acababa de escuchar fuera cierta la enloquecía.

Salió de la oficina con la idea de ir al aeropuerto y no moverse hasta que alguien resolviera sus dudas.

Justo antes de llegar al recibidor, chocó con Lambo, quien venía saliendo de la cocina con un enorme paquete de galletas.

—¡Lambo-chan! —exclamó ella.

—¡Haru-chan! Eso dolió —reclamó el pequeño, no especialmente enojado, sintió deseos de ponerse a llorar para obligar a su amiga a jugar con él para consolarlo, pero cambió de parecer cuando vio la tristeza reflejada en los ojos chocolatosos. Años atrás no se habría percatado de la diferencia—. ¿Qué pasó Haru-chan?

—¡No hay tiempo! Haru debe ir al aeropuerto a saber si sus padres están bien.

—Creí que Bakadera se haría cargo de eso, no te preocupes, si hizo mal su trabajo Lambo-sama le dará una gran lección —su voz tembló al ver que lo que decía no funcionaba—. Ehm... ¿No puedes llamarlo?

La idea fue rápidamente aceptada y desde otro lugar en Namimori, un peliplateado no tardó en contestar al ver el nombre de Haru escrito en su pantalla.

—Ahou-onna, estoy ocupado ah...

—¡Gokudera-san! Haru necesita saber sobre el informe recibió respecto al avión de sus padres.

—¿El informe? Ya debió haber llegado, lo veré en cuanto vuelva a casa.

—¡Gokudera-san! ¡Un avión con destino a Tokyo se estrelló antes de llegar! Haru necesita saber qué vuelo era.

La voz del albino también tembló en cuanto supo la noticia.

—Espera en la mansión —pidió. Pero la orden nunca llegó—. ¿Entendiste? ¿Ahou-onna? ¡Responde!

—¿Qué ocurre? —preguntó Tsuna, a su lado.

—Alguien está interfiriendo y cortó la llamada.

Desde el otro lado de la línea, Haru mirada con confusión la pantalla.

—¿Qué dijo? —consultó Lambo.

—Gokudera-san le colgó a Haru —contestó ella— ¿Cómo debe interpretar esto Haru?

—Ese Bakadera —gruñó Lambo—, tenemos que ir al aeropuerto y buscar pistas, el gran Lambo será quien resuelva este misterio.

Haru recordó las palabras de Tsuna, hasta ese momento no había recordado que debía quedarse en la mansión, su mente había estado actuando ciegamente producto de la desesperación. Tampoco había llevado su teléfono con Giannini. Estaba desobedeciendo cada orden que se le había dado.

Es cierto, sus padres se habían ido por su voluntad, no la escucharon. Pero eso poco importaba en ese momento, ni siquiera se detuvo a recordar el momento previo a su partida. Incluso la voz de su amado Tsuna se volvía débil bajo la urgencia, haciendo que sus instrucciones parecieran poco importantes.

Bajo la inseguridad de no saber si Gokudera volvería pronto o no, decidió ir con Lambo. De pronto el peligro había pasado a un segundo plano.