Ya llegamos al final de esta historia. Fue u placer para nosotras el haber compartido esta historia con ustedes.
Sí quieren epílogo, ya saben ^^ solo díganlo.
Ya todos saben que Rumiko Takahashi se negó a regalarnos a Inuyasha y co. Así que no son nuestros (muy a nuestro pesar). Solamente utilizamos los personajes para darle vida a esta historia.
Historia hecha sin fines de lucro.
Nat y Tiff
Capitulo 20:
Encajando las piezas
Un dolor punzante en mi cabeza me despertó del letargo que tenía encima. Me encontraba curiosamente en mi casa y la verdad no sé como demonios llegué aquí. Mi cabeza dolía montones, y cuando pude enfocar bien mi vista, noté la preocupante mirada de mi madre encima. Sesshomaru me miraba con desdén desde la cocina. Me senté en mi lugar, que supuse era el sofá. Agarré con fuerza mi cabeza, todo me daba vueltas. Y mi cuerpo dolía en demasía.
–Gracias al cielo estás bien–chilló mi madre.
– ¿Qué sucedió?–pregunté en un susurro.
–Me encontré a Kagome en el parque de enfrente–respondió fríamente mi hermano.
–Oh, cierto.
Los recuerdos de la pelea con Lucas me cayeron como un balde de agua fría en la espalda. No me defendí por miedo a que Kagome me odiara por lastimarlo. Él me hizo añicos a espaldas de Kagome, y creo que a ella no le importó. Una tristeza embargó mi corazón, haciendo que un escozor se sintiera en mis ojos. Respiré hondo. No derramaría más lágrimas por una mujer que, a fin de cuentas, ya no me ama. O quizá nunca me amó.
–Ve y descansa a tu habitación–pidió con voz dulce mi madre–Lo mejor será que repongas energías.
Asentí y subí las escaleras hacia mi habitación. Me encerré, y no fui capaz de apartar los recuerdos de Kagome y yo hace tres años en cuanto la soledad invadió el lugar. Me es imposible apartar los buenos recuerdos que tengo de nosotros dos… ¿Será posible que Kagome fingiera todo ese tiempo? ¿Fue capaz de fingir amarme?
–Mierda–susurré–No pudiste haberme engañado ¿o sí?
–Obvio que no te engañé.
Miré a la dueña de la melodiosa y dulce voz que se había robado mi corazón. Tenía un semblante triste y atormentado, sus ojos rojos e hinchados me indicaron que había estado llorando. Me sentí culpable al ser la razón de su llanto.
–Deberías haberte quedado con tu novio–soné más enfadado de lo que pretendía.
–Eso hago–contestó.
Volví mi vista, siendo incapaz de mirarla a los ojos. Sonaba tan sincera, tan honesta… tan firme. Pero no podía confiar, después de todo, ella aún tiene al maldito italiano.
–Mírame, Inuyasha–pidió– Al menos… mírame una última vez.
– ¿Por qué te fuiste hace tres años?
–Porque pensé que amabas a Kikyo… y quería dejarlos ser felices.
–Kagome, sigues siendo una niña tonta e inmadura–comenté fríamente.
Escuché un quejido salir de los labios de ella, y la observé por el rabillo del ojo; se mordía el labio inferior con fuerza, tratando de retener las palabras que quería decirme, y su almendrada mirada estaba clavada en el suelo, ocultando las lágrimas que amenazaban con salir.
–Y tú sigues siendo el idiota petulante y grosero del que me enamoré cuando tenía diez años.
Alcé mi vista con incredulidad.
–Fui una estúpida al creer que realmente me amabas.
Dio media vuelta, decidida a irse… pero la detuve.
–Suéltame, no tengo nada que hacer aquí.
–Sí, si que tienes.
La volteé y la besé con violencia. Con necesidad. Con amor. Con frenesí. Necesitaba sentir que ella me seguía amando, que seguía siendo mía. Que sentía lo mismo que yo. Al principio se resistió, pero luego comenzó a mover sus adictivos y finos labios sobre los míos en un delicado ritmo. Era un beso muy distinto a los que en algún momento compartimos. Nos separamos por la falta de ese gas tan necesario para vivir: oxígeno.
–Deja que me vaya, tú no me amas–bajó la mirada.
La tomé del mentón y la obligué a verme. Sus orbes chocolates se comenzaron a cristalizar, luego… la primera lágrima rodó libremente por su mejilla. El corazón se me estrujó al verla llorar. La abracé con fuerza, queriendo detener las lágrimas que ya parecían riachuelos en su hermoso rostro. La escuché sollozar, y se me partió el alma.
–Perdóname por irme–escuché–Sólo quería escapar de la realidad y… y…
–Shh–la callé suavemente, mientras acariciaba sus largos y sedosos cabellos ébano–No me interesan explicaciones.
Sentí como poco a poco su respiración se calmaba.
–Luke se fue–comentó, mientras alzaba la mirada y la clavaba en la mía.
No respondí. Estaba más concentrado en mirar los pequeños cambios que había sufrido mi pequeña en esos tres años donde ni siquiera pude escuchar su hermosa voz. Sus facciones, aún más delicadas que antes, eran las de una mujer hecha y derecha, aunque aún conservaban cierta inocencia y reflejaban un poco de inmadurez. Su cabello estaba más largo, más sedoso, más… hermoso. Sus ojos tenían un brillo de perspicacia que antes no llevaban, y se veían aún más profundos y expresivos que hace tres años. Estaba notablemente más alta, y su esbelta figura se notaba más bajo sus jeans y su camisa holgada.
– ¿Adónde?
–Creo que a Italia–resumió.
Callé por un momento. La guié hasta mi cama, donde nos sentamos uno frente al otro… Sin poder pronunciar palabra.
– ¿Qué sucedió realmente ese día?–inquirió bajito.
–Kikyo ya te lo…
–Quiero escuchar tu versión.
Tragué duro.
–No es necesario, ya sabes lo esencial.
Me frunció el ceño, infló sus mejillas e hizo un puchero.
-Kag, no eres una nena de cinco años para que hagas berrinche–dije un tanto divertido.
Y ahí estaba la Kagome de catorce años, no la de diecisiete.
–Y tú no eres un adulto, tienes… diecinueve años, Inuyasha–recalcó con enfado.
–Pero yo no estoy haciendo pucheros.
–Pero yo sí.
Me reí.
–Sólo eso quiero saber… Sólo necesito saberlo.
Tuve el atrevimiento de acostarme en la cama, poniendo mi cabeza en sus piernas. Esperé, temeroso, a que ella me replicara o incluso me quitara del lugar, pero eso nunca sucedió. Comenzó a acariciar con suavidad mis cabellos, con la mirada perdida en algún lugar.
–Te esperé en ese café–comenté–Pero al ver que te tardabas, fui a mirar algunas cadenitas y pulseras… Quería darte una de regalo de navidad.
La miré, esperando alguna reacción de ella, pero seguía exactamente igual.
–Sentí que alguien me abrazó, y me volteé–continué–Dispuesto a regañar a Kikyo por llegar ahí… Pero…
– ¿Pero?–repitió en voz baja.
–Pero llevaba puesta la ropa que Miroku te había regalado… Incluso… se había peinado como tú.
No volvió a pronunciar palabra.
–La notaba distinta, me decía que esa no podías ser tú… pero luego creí que era porque no irías a Italia.
Más silencio.
–Luego me besó –comenté–Y ahí me di cuenta de que realmente… no podías ser tú, y si eras tú… había algo que te preocupaba, pero lo dejé pasar.
Se acercó a mi rostro, y rozó sus labios con los míos… Para luego apartarse. Un gruñido brotó de mi garganta, y o pude reprimir su sonido.
–Fuiste un idiota… y yo una ciega–respondió.
Le sonreí.
–Ambos fuimos ciegos, pero lo que importa… es que te amo.
Me devolvió la sonrisa. Me levanté del cómodo lugar de sus piernas y me acerqué a sus labios. La tomé de la cintura y la acerqué más a mi cuerpo. Al rozar nuestros labios, la oí soltar un suspiro. Seguí con el juego de roces, hasta que al fin iba a sellar nuestros labios.
– ¿Cómo va…?
Nos separamos asustados, y miramos a la responsable con el ceño fruncido.
–Perdón–murmuró–Se estaban tardando mucho e Izayoi me mandó a buscarlos. No era mi intención interrumpirlos.
– ¿Están bien?–se escuchó la voz de mi madre.
Luego, vimos a mi madre asomarse a mi habitación. Le sonrió cálidamente a Kagome, y a mi me miró con duda. Sesshomaru apareció tras ella, y nos observó detenidamente a los dos.
– ¿Ya se arreglaron?
–No es de tu incumbencia–le respondí.
–Si, Sessho–sonrió Kagome, la miré con un tic en el ojo derecho–Ya estamos… juntos… de nuevo.
Mi mirada llena de enfado, se tornó dudosa y emocionada. ¿En serio Kagome quería volver conmigo?
–Espero que esta vez no metan la pata.
–Gracias por el apoyo, Sango–replicó mi Kagome con sarcasmo.
Sango se acercó a nosotros y nos abrazó con fuerza. Besó los cabellos de Kagome, y e pellizcó un brazo.
–Auch–me quejé.
–La próxima vez que Kagome deba irse del país por tu culpa, cabezota, soy yo la que te haré pagar y no Luke ¿Entiendes?
–Eso no pasará–dije sonriendo.
Kagome me abrazó.
–Te amo, pequeña–murmuré.
–Y yo a ti–respondió.
Mamá chilló con emoción. Sango nos sonrió, y Sesshomaru… esbozó una pequeña, pero sincera sonrisa.
Al final, encajaron las piezas. Y ahora, no me importa más que estar con Kagome lo que me resta de vida.
FIN
Esperamos que les haya gustado la historia.
Quizá tengamos algún otro proyecto pronto, pero no es seguro.
Gracias por sus reviews, esperamos seguir contando con ellos en nuestros próximos proyectos.
Cuídense.
Tiff y Nat.
