Ino llegó temprano a mi departamento. A pesar no haber tantas cosas por arreglar, me despertó por la mañana para subir y revisar la terraza. Quedó complacida pues era igual, o tal vez más, espaciosa de lo que imaginaba. Trajo, en un gran camión que había alquilado, cajas de bebidas que ubicó en una esquina de mi departamento. Llevó, también, enormes cantidades de hielo que ocuparon todo el espacio vacío de mi refrigeradora.

—Saku, si puedes desocúpala más porque necesito espacio; tengo bastante hielo… —cuando se dio cuenta de sus palabras, sentí una breve vacilación de su parte. Probablemente había recordado que nuestra relación ya no era igual de fraternal que antes. Ahora parecíamos solamente compañeras; ella era una conocida a la que yo le hacía un favor.

Como no quise incomodarla más, asentí: —Ya voy —le dije, mientras hacía espacio.

A la tarde Sasuke me devolvió la llamada que por la mañana no contestó. Parecía tranquilo, todavía agotado, pero empezaba a recuperar su ánimo.

—…acabamos el traslado en menos tiempo de lo que pensaba. A Hinata pareció gustarle estar acompañada.

—¿Podré visitarla? —Al otro lado del teléfono solo se escuchó un resoplido corto, temeroso.

—No lo sé. ¿Quisieras…?

—¡Claro! ¿Por qué no? Además tú mismo querías que ella y yo nos acercáramos.

Respondió después de varias cavilaciones.

—Está bien —accedió, al fin, y sentí una ráfaga de felicidad al estar adentrándome en su vida poco a poco. Seguimos hablando de Hinata hasta que cambiamos radicalmente de tema.

—¿Vendrás a la fiesta de Sai? Ino ha pasado toda la mañana aquí en los preparativos.

—Iré porque no es justo.

No entendí lo que estaba diciendo.

—¿Qué cosa no es justa?

—Que tú conozcas mi casa y yo no la tuya. Así no puedo visitarte si en algún momento me dan ganas de mirar tu cara.

Sonreí.

—Eso lo solucionaremos hoy.

Ino entraba a mi habitación, gritando mi nombre.

—Saku, quería preguntarte esto… no sé cómo —hice un gesto para que se percatara de que estaba hablando por teléfono pero lo ignoró—. ¿Kakashi sí puede venir, verdad? Porque lo he invitado pero luego de lo que pasó…

—Sí, sí puede. Todo el mundo puede venir si quieres —espeté para que se marchara. Regresé al teléfono que todavía estaba en mi oreja. Sasuke no se refirió a lo que acaba de escuchar y, en cambio, me contó algunas otras cosas sobre Hinata. Colgué a los pocos minutos y subí a comprobar que Ino estuviese manejando bien las cosas.

Había una gran mesa con dulces, golosinas, snacks y gaseosas colocados sobre charoles. Todo estaba sellado todavía, por lo que imaginé que Ino querría regresar antes de que los primeros invitados arribasen. Al lado de la mesa se encontraba una computadora con un parlante enorme, y otro colocado al otro extremo de la mesa. Una carpa negra cubría los aparatos electrónicos y la mesa con comida.

Había globos, de distintos colores, lanzadas sobre el suelo; rebotaban contra la baldosa y se movían por todo el sitio cuando el viento pegaba en el lugar. Ino se acercó, feliz, para relatarme su plan:

—…estaré aquí con Sai a las 10:00 pm. Invité a todos a las 9 pero probablemente lleguen con algo de retraso. Le diré que vamos a una cita doble contigo y con Sasuke. Mientras tanto los invitados deben ingresar por la otra puerta, la que da directamente a la calle —la señaló con el indice—. ¿Entendido?

Suspiré porque ahora yo también formaba parte del plan de mi compañera. Resignada, dije que así lo haría. Prometió estar puntual. Se apresuró a marcharse porque todavía necesitaba tiempo para arreglar su cabello y su maquillaje.

Dejé cerradas todas las puertas y fui a mi habitación. Me lancé sobre la cama para dormir un momento más. Pero el momento se transformó en horas y solo el sonido del timbre pudo levantarme. Arrastré los pies hasta la puerta. La abrí despacio, sin quitarle el seguro, hasta que vi a Sasuke, sonriendo. Lo dejé pasar y, antes de ingresar, me besó en los labios; un beso fugaz, cariñoso. Alzó la bolsa plástica que llevaba en las manos y el olor me dijo que había comprado comida china.

—Espero que te guste.

Todavía adormilada, con los ojos adaptándose a la luz, le respondí con una voz mucho más profunda que me delató:

—Por supuesto.

—¿Te desperté de tu siesta?

—Sí pero ya era hora de que despertara. Todavía debo recibir a los invitados.

Él me dio la razón y mientras tomaba asiento en el sofá y colocaba la comida en la mesita de centro, yo fui a la nevera por un par de cervezas para acompañar la cena. Cuando retorné a su lado, Sasuke reía de costado, observándome de arriba abajo. Le inquirí las razones por las que se veía tan contento pero él respondió con otra pregunta.

—¿Así que esa es tu ropa de casa?

Observé mi traje: un short ancho y una camiseta blanca. No lo vi extraño pero intentando seguir su juego comenté, con algo de indignación actuada:

—¿Y qué? ¿Te desilusiona?

—Un poco —respondió él. Los dos reímos y le dirigí algunas muecas irónicas. Comimos los fideos, negros por el exceso de salsa de soya, acompañados por verduras y carne. Charlamos durante toda la cena, riendo muchas veces en que estuve a punto de devolver la comida.

Encendí el televisor cuando terminamos. Cambié los canales en busca de algo que llamase mi atención. Al final Sasuke rogó para que sintonizara en un canal en el que pasaban una telenovela asiática, pues a su parecer eso ambientaría el momento que –junto a la comida china– teníamos. Reí un poco y nos dedicamos a ver la televisión.

—¿Cuánto tiempo tienes antes de que lleguen los invitados?

—Alrededor de tres horas, tal vez —respondí mirando el reloj de mi celular.

Sasuke se acercó a mí. Me abrazó por la cintura y continuamos mirando la tv. De soslayo alcancé a percatarme de lo interesado que Sasuke estaba al observar la tv. Lo empujé con mi cuerpo y él gruñó. Lo empujé más hasta que se separó de mí. Entonces me acerqué para besarlo. Él correspondió con la misma voracidad que yo. Pasé mis dedos por su cuello, sus hombros, su cabello suave y los estacioné en su rostro para alejarlo. Me miró extrañado pero, sin permitir que hablara, construí una cadena de besos húmedos desde su barbilla, bordeando el cuello, hasta la franja que su camiseta no cubría.

Sentí una risita sobre mis labios cuando tomé el borde de su camiseta para quitársela. Me separé para rozar su pecho ligeramente, con las yemas de mis dedos, observando su reacción. Sasuke, tomándome por la nuca, regresó su boca sobre la mía; todavía más potente que antes y su lengua entrelazándose con mi lengua.

Quise besar su pecho, sus pezones también sensibles, y bajar por el camino de vellos que se formaban verticalmente hasta llegar a su pantalón. Pasé mis manos por su entrepierna y sus ojos se cerraron un poco. Alcancé a desabrochar apenas el pantalón antes de que él me tomara por la cintura para colocarme encima.

—Todavía no —susurró, intentando tener ahora el control. Deslizó sus manos hasta mi trasero e incrustó sus dedos en mi piel. Mis caderas comenzaron a moverse en círculo para sentir la protuberancia que se formaba en su lugar cálido. Sasuke ayudó a incrementar mi ritmo al colocar sus manos en mis caderas para moverlas. Volví a besarlo y en nuestro aliento sentíamos ya la llama total de esa pasión tantas veces pospuesta.

Por encima de la blusa abrazó mis pechos. Los aplastó entre las palmas de sus manos y, como no tenía brasier debajo, sintió que automáticamente mis pezones se endurecían, de a poco, debajo de sus largos masajes. Se los llevó a los labios y su saliva consiguió humedecer tanto mi camiseta, que ya parecía desnuda. Pero me la quité cuando él colocó sus manos sobre mis muslos. Quedaron frente a sus ojos que se incendiaban con una chispa desconocida. Los devolvió a su boca y su lengua salió de la cueva que eran sus labios para sentir la dureza de mis cimas.

Después, llevó su mano para sentir el espacio entre ambos senos que yo tomé entre mis propias manos para aprisionar su mano entre ellos. Sasuke sonrió. Se divertía y ahora él también enviaba pequeñas embestidas hacia mí. Me levanté un momento para, casi contra su voluntad, arrodillarme entre sus piernas. Bajé el cierre de su pantalón oscuro y arrastré los dedos para bajar su ropa interior. Lo miré.

—Tengo ansias, Sasuke —le dije antes de soltar pequeños lengüetazos sobre su hombría. Después, mi boca se abrió en un intento por absorberla lo más posible. Escuché sus suaves gemidos escapando mientras él recostaba la cabeza sobre la parte trasera del mueble. Sus manos llegaron a mi cabello, lo ataron en una coleta, y empujaron lo posible para que mi boca ahondara en más rincones.

—No nos apresuremos… —decía, con voz entrecortada. Pero una necesidad extraña me hervía la sangre; necesitaba lo antes posible de él, de su cuerpo. Ya no quería esperar. Tomé su miembro, subí y bajé la mano para que no dejara de disfrutar y acaricié mis pechos con su punta rosada.

Cuando quería llevarlo a mi boca de nuevo, me alzó por la cintura y me sentó, de espaldas, sobre él. Me besó la espalda desnuda mientras sus manos jugaban en mis senos. Me llevó tan cerca de él, que su pecho lo sentí fundirse con mi espina dorsal. Su lengua introduciéndose en mi oído y sus dedos pellizcando mis ya erectos y agrandados pezones…

Una de sus manos se ocultó bajo mi short y fue inevitable que escaparan varios suspiros que se iban transformando, de a poco, en gritos al son del movimiento de sus dedos que cada vez se volvía más rápido.

De una sola vez me quitó todo. Me observó con una sonrisa pícara, analizando cada parte de mi cuerpo que antes no había podido grabarse en la memoria.

De pronto, me veo girando, dándole la espalda como antes, y colocándome por encima de su miembro erguido, que se fue posesionando de mis paredes internas. Con un movimiento suave di aviso de que estaba por comenzar. Aceleré de a poco, a medida que ambos así lo deseábamos.

Coloqué mis manos sobre mi rodilla y me incliné hacia adelante, apoyados mis pies sobre el suelo. Sasuke agarró mis caderas y las llevaba hacia arriba, luego abajo, otra vez arriba… A esas alturas los dos lanzábamos gritos de placer que se mezclaban con el sabor salado de nuestro sudor.

—Sasuke…

Lo llamaba en un momento de sensatez que tenía luego de que mi mente se perdiera entre las sensaciones de mi cuerpo. Sasuke me acercó de nuevo a su pecho y sus caderas fueron las que me enviaron profundas embestidas que agradecía mentalmente y que, con el pasar de los segundos, también aumentaban el ritmo. Sin dejar ambos de movernos, Sasuke llevó una mano a mis pechos y la otra a mi entrepierna. Me acarició con la misma velocidad que sus caderas me brindaban y mis gritos incrementaban el volumen con que brotaban al aire del lugar.

—Vamos a la cama —susurró, obligándome a levantar.

Me dejé caer sobre el colchón y él cayó a mi lado también. Me coloqué de lado, dándole la espalda de nuevo, y alcé una de mis piernas para que tuviese fácil acceso a mí. Se introdujo con la suavidad que mis flujos le ofrecieron. Empezó su movimiento, más rápido esta vez y en mi vientre bajo se formó una nebulosa de placer; la contuve lo más que pude.

—Estoy a punto… Sasuke…

—Yo también.

Aceleró más, tanto, nuestros gritos, al unísono, siendo uno, gritando por el mismo placer; fluyendo a través de nuestra garganta para penetrar por los poros mojados de nuestro cansancio.

El placer fue uno: grité, vibró mi cuerpo ante el deseo que se hacía notorio en la explosión. Un instante después, Sasuke, saliendo de dentro de mí, dejaba caer sobre mi vientre su materia expuesta. Sonreímos. Permanecimos un minuto así, desnudos, echados; él boca arriba yo boca abajo sobre la cama.

Después de un rato él preguntó:

—¿Entonces viene Kakashi?

—Supongo. Ino lo invitó.

—¿Él conoce tu casa?

Lo miré, atónita, pero su rostro no reflejaba nada raro.

—Sí, la conoce.

Botó el aire que su boca había contenido mientras esperaba respuesta.

—¿Vino muchas veces?

Torcí los ojos porque Sasuke no era directo.

—¿Intentas preguntar si él y yo lo hicimos…? —su silencio me lo afirmó—. Pues no. No… lo nuestro no llegó a ese punto, supongo.

Su gesto no cambió pero imaginé que lo tranquilizó mi respuesta. Se colocó de lado para que su mano derecha pudiese acariciar mi espalda. Hubo otro silencio corto que él rompió con sus cavilaciones.

—Al principio no me sentía bien haciéndole eso a Kakashi —habló con suavidad, mirado el techo, y sin que sus manos detuvieran su movimiento—. Ya sabes… la infidelidad de mi padre lo llevó a la muerte. Desde ahí aborrecía ese tipo de actos. Pero… yo… simplemente no pude alejarme.

Se cubrió los ojos con su brazo y yo me di una vuelta. Lo miré con sorpresa porque, a mí parecer, yo era la única culpable. Lo acaricié, le dije que lo de su familia no había sido como esto; que no pasaba nada, que la equivocación había sido mía… Luego le di un beso y, al ver la hora, me apresuré a ir a la ducha.

Preparé el champú y tomé un vestido azul del closet. Lo dejé fuera para saber que vestiría eso luego de salir del baño. El agua estaba helada y me costó acostumbrarme. Sentí que la puerta era abierta sigilosamente y la silueta desnuda de Sasuke apareció frente a la cortina. Se detuvo ahí.

—¿Vas a entrar o no? —le pregunté al ver que no realizaba movimiento alguno.

—Sí. Esperaba que tú lo dijeras.

—Ya ven —abrí la cortina y le extendí una mano que él tomó. El agua lo bañó rápidamente y su cuerpo lanzó cortos respingos al notar la frialdad del líquido.

Cogió el jabón y lo pasó por mi cuerpo, a cada esquina llegó con su mano. El turno fue mío cuando acabó y, mientras llevaba mis manos a su entrepierna, noté cómo lo estaba poniendo este juego. Nos enjuagamos, el acariciando mi cuerpo bajo el chorro de la ducha, y yo el suyo. Nos miramos con tanto deseo que no quise decir nada. Llevé mis manos alrededor de su cuello y di un brinco para que mis piernas cubrieran sus caderas. Sasuke sonrió ante mi pirueta y me tomó del trasero para que no cayera. Me apoyó contra la pared y encajó su miembro en mi punto blando.

No perdió tiempo: sus movimientos fueron veloces desde el primer segundo y se lo agradecí. El agua bañando todavía nuestros cuerpos hacía que cierto ritmo resbaloso nos envolviera. Fue rápido. Terminamos casi al mismo tiempo y nos volvimos a besar antes de dar por terminada nuestra ducha.

De regreso a la habitación me vestí en silencio mientras él también lo hacía. Mi vestido, que tenía un corte V en la espalda, dejaba que mis pechos, a pesar de no ser tan grandes, sobresalieran. Busqué algunos zapatos para combinar. Me recogí el cabello y por el espejo vi a Sasuke entrar al cuarto. Me abrazó por la espalda y besó mi mejilla. Tenía el cabello largo despeinado, algo humedecido por la ducha reciente.

Como no me decidía si colocarme o no maquillaje, apenas coloreé mis labios con un rosa suave, que se veía natural.

Al salir vi que Sasuke había recogido las sobras de nuestra cena. Ya todo estaba limpio y depositado en la basura. Ino me llamó para preguntar si alguien había llegado y le respondí que no. Colgó cuando Sai se acercaba a ella. Vi que Sasuke regresaba de la terraza y me preguntó por las cosas que todavía estaban empaquetadas arriba.

—Las había olvidado. Solo hay que vaciar los paquetes sobre los charoles… —dije, sin terminar la oración pues el timbre de la casa sonó.

—Anda abre. Yo voy a arreglar arriba —comentó él. Le agradecí y Salí por la puerta que conectaba a la terraza y a la calle, tal como Ino había dicho. Dos personas estaban paradas por la otra puerta, la que conectaba directamente a mi departamento. Los llamé y vinieron hasta donde yo me encontraba.

—¿Eres Sakura? —preguntó uno de ellos. Les dije que sí, que yo era Sakura—. Soy el DJ —se acercó para saludarme con un beso en la mejilla—. Él es un amigo, me dijeron que podía llegar a esta hora para preparar todo.

—Sí, claro. Pasa. Es por aquí, subiendo estos escalones —les señalé el camino pero no subí con ellos. Esperé un momento por si aparecía alguien más pero la pequeña calle se veía desolada, algo lúgubre, incluso cuando la música empezó a sonar.

Cuando pretendía subir para ver cómo iba todo arriba, un par de personas asomaron dando vuelta a la esquina. Sus rostros se me hacían conocidos, de alguna clase en la Universidad, pero nunca les había hablado. Preguntaron dónde era la fiesta y les indiqué. Arriba ya se escuchaba la música y con un poco más de personas se formaría un ambiente de euforia.

Después de ellos comenzaron a llegar más personas; a unos pocos reconocí y, para cuando fue hora de que Ino y Sai aparecieran, corrí a la terraza, en la que algunos se disponían a bailar; otros comían y otros bebían las cervezas que Sasuke había repartido. Mientras me acercaba al DJ para que bajase la música, Ino me escribió para decir que estaba a una calle de distancia.

—Gracias. Ahora escúchenme por un momento. Como esto es sorpresa, deben mantenerse callados… —expliqué cómo debían actuar hasta que Sai llegara. Algunos reían y todos acordaron mantener el silencio que nos envolvía.

Junto a Sasuke retorné al departamento y esperé hasta que escuchara el timbre. Sasuke abrió la puerta y permitió que la pareja entrara. Nos saludamos y Sai pareció sorprendido por la repentina reconciliación entre su novia y yo. Pasé de él y de las posibles respuestas que esperaba de mi parte.

—Sai —habló Ino, entendiendo que me sentía incómoda—. ¿Vamos a tomar un poco de aire a la terraza?

Me pareció una excusa terrible e incluso Sai se negó. Ino fingió enojó y subió sola los escalones. Sai, resignado, empezó a caminar en la misma dirección de ella. Nosotros aún más atrás que él. Al llegar a la terraza, en silencio, con la oscuridad cubriendo los cuerpos que se amontonaban allí, Sai alcanzó a divisar la silueta de su novia. Dio algunos pasos hacia ella cuando escuchó el grito, en coro, "feliz cumpleaños", que lo pasmó en su sitio.

—¿Qué es esto…? —preguntó, asombrado. Ino sonrió y con auténtica suficiencia le respondió:

—Tu fiesta sorpresa, querido. Feliz día.

Sai la besó y sonrió a los demás. Les agradeció su asistencia a todos, a pesar de parecer algo abochornado.

Todo sucedió con normalidad. Más invitados aparecieron. Incluso Naruto, Sasori y Karim, llegaron junto a un grupo enorme de compañeros a los que reconocí. Me sorprendí que todos se conocieran y la Universidad, de pronto, me pareció minúscula. La única sorpresa de la noche fue cuando Kakashi y Kurenai asomaron en pleno auge de la fiesta. Todos bailaban, para ese momento con muchos tragos encima, incluso yo, hasta que lo vi entrar. A parte de ellos también había dos profesores más que Sai apreciaba tanto que se la pasó hablando con ellos la mitad de la velada.

Kakashi nos dirigió unas miradas incómodas toda la noche y Sasuke se tensó al ver que Kurenai estaba ahí y no con su hermana. Ella, a la distancia, entendió mi lenguaje corporal, lleno de preocupación por Sasuke, así que se acercó, con un vaso de whisky en la mano, sonriendo para calmarnos y gritó para que la escuchásemos por encima de los gritos y la ruidosa música:

—No te preocupes demasiado. Dejé a Hinata descansado, está muy bien y bajo los mejores cuidados —le guiñó un ojo y pareciera que fue ese gesto minúsculo el que lo tranquilizó.

Luego de que se alejara Kurenai, tomé a Sasuke de la mano y lo llevé abajo. Nos habíamos cansado de la fiesta. Las paredes de mi habitación no lograban contener toda la bulla, que se escuchaba lejana, como un eco entrecortado. Me abalancé sobre el colchón suave que en ese momento de cansancio me pareció una maravilla. Sasuke se tumbó a mi lado, abrazándome por la espalda.

—¿Te dormiste? —pregunté al no sentir sus movimientos.

—No. Estoy pensando.

—¿En qué?

—En todo. En nosotros. En Hinata.

—¿Estás pensando a futuro?

—Algo así…

—Ah…

Yo también quise reflexionar acerca de lo que me depararían los años siguientes: ¿qué cosas habré perdido para ese entonces? ¿A quiénes habré olvidado? Y la duda que antes ya había aparecido saltó de nuevo entre mis memorias: ¿cuánto tiempo Sasuke y yo estaríamos juntos? Me volteé para poder contemplar su rostro todavía pensativo. Acaricié el contorno de su cara, sus labios sobresaliendo entre todos sus demás rasgos.

—¿Qué te da miedo del futuro? —le pregunté. Él regresó en sí, me miró, miró alrededor.

—Justamente eso. Las preguntas porque no tengo respuestas.

—Entonces te da miedo la incertidumbre.

—Tal vez. Aunque más que eso… me asusta mi propia preocupación hacia lo que aún no sucede. Es algo nuevo. Antes no la tenía —me miró—. Ahora tengo gente que me da miedo perder.

Me acerqué más a su pecho para que pudiésemos abrazarnos. Jugué con su ropa, con los mechones de cabello que se escapaban del lazo.

—¿Vas a regresar a la Universidad?

—Sin duda. El próximo semestre. Ah, no te he dicho. Tengo un trabajo como fotógrafo para un periódico.

—Qué bien. ¡Wow!

Sonrió; su sonrisa transparente, tan llena de él, de sus emociones.

—¿Crees que todo irá bien a partir de ahora?

Pensé un instante. Lo miré, seria, antes de contestarle:

—No. Probablemente vendrán cosas igual de difíciles, de duras. Pero tendremos otros momentos de calma como este. Así será siempre.

Él asintió. Me abrazó más fuerte y sus ojos se cerraron. Su respiración se transformó, se convirtió en suspiros de tranquilidad, de la armonía de que al fin podía dejar de lado las pesadillas para sumergirse, totalmente, en los sueños que los habían esquivado por estos meses. Sin querer, yo quise, junto a él, caminar hacia ese lugar donde los dos encontráramos la calma que por un momento nos pareció lejana a nuestra vida.

—¿Sabes, Sakura? —sus murmullos eran casi inaudibles—. Yo sí conocía tu casa. Ya había venido antes.

Me sorprendí. Traté de recordar algún momento en que hubiese venido pero nada venía a mi cabeza.

—Oye, Sasuke. ¿En qué momento? ¡Yo nunca te he traído!

Sasuke se durmió profundamente. No me dio respuesta y tampoco me escuchó cuando le susurré cuánto lo quería, y mis ojos lo siguieron; se fueron cerrando de a poco, con la pesadez del cansancio. Dormimos abrazados porque, aunque yo creía que era el fin de nuestros problemas, parecía que también era el inicio de algo.De un "nosotros".

-Fin-

¿Qué tal? Aunque dice "Fin", en realidad todavía falta un cap especial que estoy revisando y que trata de ellos en el futuro. Lo subiré en un par de días, cuando sienta que está listo y corregido.