Perry era una persona seria, tan seria que el hecho de estar en una fiesta lo hacía sentir incómodo. Encontraba risible que la organización secreta se tomara un día libre de vez en cuando para organizar fiestas… que va, para él eso no era una fiesta, era un zoológico: Pinky se encontraba convulsionando en el piso por una sobredosis de café, Herman bailaba sobre la mesa, Newton no se aguantaba la risa de los malos chistes de Planty y sus alaridos se escuchaban a kilómetros, Manny… ¿le estaba coqueteando a Griselda? Y Monograma ni hablar, él estaba muy ocupado tratando de demostrar que bailaba mejor que Carl.
Se lamentaba de haber ido a trabajar ese día y se lamentaba más de que la organización de animales malvados tuviese también una fiesta ese día. Sí, así era, Perry era un agente secreto que luchaba contra animales. Se acercó a la mesa para tomar un vaso de soda, necesitaba algo refrescante para analizar si su vida no había tocado fondo.
Las cosas nunca fueron como él quiso. Nació en Australia pero nunca conoció a sus padres, sus primeros recuerdos se remontaban a haber sido criado por un grupo de koalas. Durante su infancia, le fue difícil socializar con otras personas por culpa de su cabello azul turquesa ya que en lejano continente nacer con ese color de cabello representa una maldición. De ahí nacieron sus sueños de viajar por mar a un lugar donde la gente tuviese dos centímetros más de frente y no se dejaran llevar por supersticiones tontas, tristemente cuando llegó a América descubrió que gente tonta existía en todas partes. Empleos tuvo de todo tipo pero ninguno lo satisfacía, su vida se había vuelto extremadamente aburrida y rutinaria. En una ocasión creyó enamorarse, inclusive se casó y tuvo una hija, pero al final terminó divorciándose y sumiéndose en la apatía y la soledad que siempre le aquejó.
Todo cambió con la llegada de un animalito, un ornitorrinco para ser más exactos. Al exótico mamífero también lo apabullaba una vida sin ton ni son y por eso un día decidió fundar una organización de animales para conquistar el Área Limítrofe. Para evitarlo, el gobierno creó una agencia especial de gente sin vida para ser agentes secretos y Perry cubría todos los requisitos. Día tras día, el agente combatía a ese ornitorrinco, Heinz se llamaba; podía parecer algo ridículo visto desde fuera que un hombre cuarentón se enfrentara a un animal pone-huevos al que no le hubiera costado trabajo llevarse el título del "animal más feo del mundo", pero para ellos era lo único que tenía sentido y a la larga el que fueran amigos se volvió normal.
—Agente P, ¿por qué no te unes a la fiesta? —gritó Peter, un agente amigo pero rival suyo.
Su vida ya había dado muchos giros raros y esos mismos giros la habían hecho interesante; así que quito ese gesto tan serio que le caracterizaba, intentó sonreír y se unió al zafarrancho animal que tenía enfrente.
