Capítulo 21: Confusión
"Bella, tranquila, soy yo" –
La gótica tardó más de dos segundos en reconocer aquella voz. No fue hasta que Edward le hizo dar media vuelta para encararlo y, así, poderse encontrar con sus doradas pupilas que brillaban aún en medio de la oscuridad, hasta que el intentó de gritar se desvaneció.
El vampiro se agitó al ver como las lágrimas tenían completamente bañado aquel rostro tan divino y, aún sabiendo que el peligro se encontraba cerca, se tomó un momento para envolver a Bella entre sus brazos
"Edward…" – musitó la muchacha, contra su pecho, ignorando que éste se encontraba completamente empapado – "Tenía tanto miedo… no sabes lo mucho que me alegra el que estés aquí"
"Si, estoy aquí. No temas. No dejaré que nada te haga daño"
"Pasa algo ¿verdad?" – inquirió, repasando los últimos detalles en voz alta – "No me avistaste de tu regreso, Alice me habló y me dijo que nos iríamos. Este presentimiento que tengo, no augura nada bueno. Edward, ¿Qué es lo que pasa?"
El muchacho fue tensando su cuerpo conforme las palabras de Bella salían disparadas en temerosos susurros. El momento de la verdad había llegado… Ya no se podía prolongar más. Abrió su boca, para decir solo unas cuantas frases, pero, en ese preciso momento, sus ojos se dirigieron hacia el reloj…
"Faltan diez minutos para la media noche" – murmuró, completamente aterrado
"¿De qué hablas?"
Tenían que darse prisa, ellos habían estado rondando la casa tenía pocos minutos. No tardarían en regresar de nuevo.
"Bella, sube a tu recamara y abrígate bien" – indicó – "Nos vamos de aquí. No hagas preguntas ahora, no hay tiempo para contestarlas. Solo, haz lo que te digo, por favor"
La muchacha asintió y, aún con el pasmo que aquellas palabras le habían dejado, subió lo más rápido que pudo hacia su recamara, se calzó sus botas, cambió su negra pijama por una blusa, una falda y unas mallas, todo del mismo color oscuro, tomó su capa entre sus manos y volvió abajo, encontrando a Edward de espaldas. En un principio, pensó que aquellos gruñidos eran emitidos por Niebla, pero, tras pensarlo bien, su gatita era incapaz de evocar semejante sonido. Prestó más atención en su novio y pudo notar que la posición de su cuerpo se mostraba un tanto extraña.
"¿Edward…?"
"No te muevas, Bella" – le ordenó éste.
Tragó saliva ruidosamente y la sangre se le congeló al ver como, rompiendo una de las ventanas, tres hombres entraban en ella, con movimientos que le parecieron casi invisibles.º
Ha de ser por la falta de luz, pensó. No había otro argumento para explicar el cómo habían llegado ahí en menos de un segundo. Pero, ¿Qué era lo que querían? ¿Robar? En realidad, no lo parecía…
"¡No te muevas!" – siseó Edward cuando apenas y había levantado uno de sus pies para caminar hacia el frente…
No fue tanto la orden lo que la dejó plantada en el lugar, si no el hecho de que su novio supiera, con tanta exactitud, que se había movido, cuando el desplazamiento apenas y había sido de un centímetro y él se mantenía aún de espaldas. Un fuerte gruñido le estremeció de pies a cabeza. Levantó la mirada y la fijó en los tres intrusos que se encontraban en frente. La respiración se le cortó cuando vio el rojo ardiente de sus pupilas brillar en aquella negrura. Uno de ellos le miró, a distancia, y la respiración se le atoró en el pecho.
"Danos a la humana" –
"¡No!" – bramó Edward
"Ella nos pertenece"
"De ninguna manera. Váyanse, no dejare que se la lleven"
Antes de que Bella pudiera preguntarse qué era lo que pasaba, y qué era lo que Edward tenía que ver con aquella situación, los tres jóvenes se lanzaran contra su novio, con los mismos movimientos casi invisibles con los que había penetrado su casa.
"¡Edward!" – exclamó, sin poder contenerse, al ver como el muchacho había sido estampado en una de las paredes.
Casi podía sentir que el corazón se le salía del pecho al advertir como el agraviado se incorporaba rápidamente – como si nada le hubiera pasado – como si en la pared no se hubiera abierto una grieta tras el impacto.
Aquello no era posible. ¿Cómo podía una persona levantarse tras recibir semejante golpe?
Edward gruñó fuertemente y se lanzó contra los tres hombres con una furia invisible. Los movimientos fueron tan veloces que Bella no los pudo presenciar. Parecía un viento que soplaba en varias direcciones por toda la pequeña estancia. Solamente los bramidos y chasquidos se alcanzaban a escuchar. Era como si, de un momento a otro, la casa hubiera estado habitada por fantasmas juguetones. El vampiro logró acabar con dos de ellos, lo cual había causado la cólera del último que quedaba. Los ojos del enemigo relampagueaban como vivas y malignas llamas de muerte. Un fuerte y atemorizante sonido salió de su garganta, el cual fue correspondido de la misma manera por el pálido joven que se agazapaba frente a él y frente a Bella.
La gótica se encontraba absorta mirando cada uno de los movimientos que le eran posibles captar. ¿Acaso estaría soñando? Eso era lo más seguro… Todo se trataba de una pesadilla. No podía haber más que esa realidad.
El resto de la acción pasó en menos de un segundo. El enorme vampiro se lanzó hacia ella, con un salto completamente imposible, lleno de gracia y poder y, antes de que pudiera terminar de comprender que, dentro de poco, sería agredida por esa enorme pálida masa de músculo, sintió como unos brazos le apartaban del camino.
Expulsó el aire de manera violenta al sentir sus pies otra vez en el suelo. Niebla saltó a sus brazos y ella la tomó de manera inconciente. Solamente tenía atención para el extraño comportamiento de su novio y de aquel hombre. Otro segundo significativo pasó. Edward empujó fuertemente al tipo que le atacaba y, después, sin previo aviso, tomó a Bella y la subió sobre su espalda. La muchacha no tuvo tiempo si quiera de protestar.
"Cierra los ojos" – fue lo último que escuchó y, al obedecer, solamente notó como su ropa comenzaba a empaparse y como un viento helado amenazaba con cortar sus mejillas.
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Jasper dejó de correr, había llegado al punto de encuentro.
"Ya deberían de estar acá" – murmuró
La pequeña humana cerró sus ojos y su cuerpo comenzó a temblar, debido a las numerosas imágenes que se le venían. Jasper la tomó por los hombros, en señal de apoyo.
"Ya vienen en camino… Alguien los sigue…"
"¿Crees que llegaran"
"Ya están aquí"
Edward apareció entre las ramas, con el enorme vampiro que les venía persiguiendo, pisándole los talones. Jasper se lanzó contra él y le tomó por detrás, enrollando, fuertemente, su cuello con uno de sus brazos.
"Jasper, aún no" – dijo Edward, depositando a su aturdida novia sobre el suelo y caminando hacia él.
El joven de cabello color cobre comenzó a leer la mente del furioso vampiro que se debatí para poder liberarse y que, poco a poco, fue cediendo ante el poder hipnótico y abriendo su conciencia de par en par.
"¿Qué pasa?" – preguntó Jasper, al notar como su hermano se alejaba en medio de jadeos y con la mirada desorbitada – "¡Edward! ¿Qué es lo que pasa?"
"Darío" – susurró éste – "Acaban de descubrir que Violeta también tiene un don"
"¿Qué don?"
"Tiene sus sentidos demasiado agudizados. Es una rastreadora"
"Una rastreadora…"
"Bella, Bella" – sacudió Alice a su amiga que se encontraba aún con la mirada pérdida en dirección hacia Edward
"¿Qué es lo que esta pasando aquí?" – preguntó, apenas de manera audible.
Lo único que podía hacer era pensar que todo se trataba de un sueño. Aún podía recordar como su novio se había desplazado por todo el bosque en un tiempo inasequible.
"No hay tiempo ahora" – dijo Jasper – "Darío está en problemas. Él no va a poder solo. Tenemos que ir en su búsqueda"
Edward solamente se limitó a asentir y, con pasos un tanto vacilantes, se acercó a Bella y le tomó la mano. La chica no opuso resistencia, pero, al encontrarse con su mirada le dolió ver tantas dudas y miedos en ella.
"Todo estará bien" – prometió, mientras le daba un apretón – "Confía en mi. Dentro de poco todas tus dudas serán resueltas"
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Darío tenía la mano de Violeta fuertemente apretada a la suya. El pequeño cuerpecito se estremecía todo el momento, pero, sin embargo, se sorprendió al no escuchar gritos o quejas. El miedo se filtró por él ¿Y si había hecho algo mal? Era la primera vez que convertía a un vampiro. La primera vez que su ponzoña era inyectada en otra piel…
¿Qué pasaba si, como todo él, también su veneno era diferente al resto de sus demás hermanos? Sentía un fuerte nudo en la garganta. ¿Y si en lugar de salvarla, le estaba provocando un daño mucho peor?
En ese instante, Violeta abrió los ojo, con un movimiento de parpados demasiado apresurado y vehemente. Darío se sobresaltó y dejó de respirar
"Alguien nos rodea" – soltó la pequeña y, después, volvió a caer en la inconciencia convulsiva.
Darío se puso de pie rápidamente y comenzó a inspeccionar el lugar con sus sentidos. Era fácil suponer que no se trataba de ningún humano. Se acercó hacia la ventana y, en cuanto su rostro se asomó hacia el horizonte, dos vampiros aparecieron frente a él. El pequeño gruñó fuertemente, enseñándole los dientes de manera feroz. Su mirada gris resplandeció con un toque carmesí por un segundo y su rostro aniñado adquirió una expresión inocentemente aterradora.
Los dos extraños se dejaron sorprender por un momento, pero, al ver que el inmortal solamente alcanzaba la altura de sus pechos, rieron mofadamente, pues no pensaron tener rival alguno en ello.
"Hazte a un lado y no nos hagas perder el tiempo" – aconsejó uno de ellos
Darío no se movió, así que, sin previo aviso, los dos intrusos se lanzaron contra él. El niño se limitó a clavar su mirada en ellos, obligándoles a retroceder el espacio que se habían osado en avanzar. Quizás su apariencia no era tan intimidante, pero el poder telequinetico que poseía era ilimitado. Los agresores fueron levantados por los aires estampados contra las paredes del edificio que se encontraba al frente. El sonoro ruido – como si dos hercúleas piedras hubieran sido arrematadas contra la construcción – logró despertar a los habitantes del lugar y las monjitas del orfanato.
Y lo peor: llamó la atención de los vampiros enemigos
Darío escuchó como las ancianitas se ponían de pie y unas se acercaban hacia la habitación. Miró a Violeta por un momento y, no lo pensó mucho tiempo, la tomó entre sus brazos y se dispuso a salir del lugar, saltando desde donde se encontraba, hasta caer, con un sonido sordo, en el suelo pedroso. Cubrió a Violeta del torrente lluvioso con su capa y comenzó a correr hacia el bosque. Sintió varias presencias extrañas detrás de sí, no perdió tiempo, dio media vuelta para atacarles
"¡Espera!" – exclamó una voz conocida – "Somos nosotros"
El pequeño sacó su nerviosismo con un sonoro suspiro
"Se encuentran buscándola" – continuó hablando Jasper
"Lo sé"
"¿Se encuentra dormida?"
Darío negó con la cabeza y bajó la mirada. Jasper pudo sentir su congoja en el aire y, movido por esa extraña emoción, se acercó hacia él. El niño no esperó a dar explicaciones, se limitó a dejar al descubierto el rostro de Violeta por un momento.
"La has convertido" – susurraron Edward y Jasper al unísono.
"Se estaba muriendo... Me dejé llevar…"
Mientras Darío intentaba explicarse, Bella observaba todo y, con cada segundo que pasaba, sus dudas se acrecentaban. Pero siempre, siempre, que estaba dispuesta a pedir explicaciones, algo pasaba. Aunque lo intentara, no podía acostumbrarse a la velocidad de los movimientos en Edward. Era algo completamente desconcertante el estar pisando el suelo un segundo antes de estar sobre su espalda.
"Se acercan, tenemos que irnos" –
Comenzaron a correr otra vez, ella solamente se limitaba a cerrar sus ojos. Se sintió cobarde, pero, ¿Quién no? Era demasiado para ella. ¿Cómo podía Darío ir corriendo a la par de sus hermanos, con una niña en sus brazos? ¿Qué eran ellos? Humanos, definitivamente no…
Edward no se encontraba mejor que la humana que reposaba sobre su espalda. Se encontraba aterrado, la actitud de Bella le ponía más ansioso. ¿Y si, después de todo, ella no le aceptaba por ser un monstruo? Temblaba nada más de imaginarse semejante situación. Él ya no podría vivir sin ella. La necesitaba, así como la sangre para vivir, ella era una medicina que había aliviado su soledad y dolor. Un fuerte jalón le hizo parar y rodar por todo el bosque.
"Bella" – llamó, rápidamente, levantándose del suelo. La chica se encontraba a varios metros de él. Corrió hacia ella, pero otra fuerza se lo impidió
Jasper se encontraba completamente rodeado por un numeroso grupo de enormes vampiros. Darío comenzaba a aventar a todos con su poder, pero parecía que no acabarían. No podía pelear, ya que tenía a Violeta entre sus brazos así que, por mucho que lanzara lejos a todos sus enemigos, éstos se levantaban y se arrojaban como balas furiosas contra sus hermanos, que intentaban cubrirle lo mejor posible. Edward estaba en la misma situación. El temor de ver a Bella tirada, sin aún levantarse, le desconcentraba demasiado, ganándose en su cuerpo alrededor de tres mordidas. La ponzoña resultaba molesta. Pero más molesto era el tener la susceptibilidad de saber que, el menor descuidado dado por él, le costaría lo más preciado que tenía, y tendría, en toda su eternidad.
"Tenemos que huir y escondernos" – murmuró Darío y, explotando su don al máximo, disparó a todos sus contrincantes con un solo movimiento de mirada y manos.
Entonces, aprovecharon la pequeña ventaja para correr. Edward tomó a Bella entre sus brazos y Jasper hizo lo mismo con Alice.
"Jasper" – llamó Darío – "Iré detrás de ustedes para alejarlos. Toma a Violeta"
El rubio vampiro asintió y se adelantó. Darío quedó detrás de ellos, impeliendo a los demonios que amenazaban con acercarse. De esa manera ellos pudieron escapar, para llegar hasta una vieja y abandonada casa. Bella comenzó a reaccionar cuando se empezaban a adentrar en la vivienda oculta entre los frondosos montes y árboles. Darío recostó a Violeta sobre el suelo y la cubrió lo mejor posible con su capa.
"¿Te encuentras bien?" – preguntó Jasper a Alice, mientras le tomaba de la mano y le miraba fijamente a los ojos
"Estoy bien" – le aseguró la muchacha – "¿Cómo esta Bella?"
"Está despertando" – susurró Edward, mientras paseaba sus dedos sobre el rostro de la chica
Bella abrió los ojos lentamente, encontrándose al instante a aquel par de pupilas doradas que le miraban de manera preocupada.
"Edward…" – musitó y, mientras se removía en el suelo, una de sus manas se ensartó, sin querer, en una gruesa astilla de madera que se encontraba cerca – "Ay" – gimió, mientras rasgaba su piel
Edward, automáticamente, retrocedió al oler y mirar la sangre que salía de ella. Jasper se incomodó un poco, pero dejó de respirar, eso fue suficiente para controlar su sed. Bella se fue incorporando lentamente, demasiado agobiada por el repentino alejamiento de su novio. Todas las miradas se encontraban puestas sobre Edward.
"Jasper…" – susurró Alice y, antes de poder decir más, el corazón se le paralizó al notar como el novio de su amiga se lanzaba hacia ella.
Bella se había quedado petrificada al tener a Edward frente a ella otra vez. El muchacho le había tomado la mano herida y la contemplaba con los ojos completamente negros. Acercó su nariz y olió la fresca sangre que de ella salía, la boca se le hizo agua y la garganta le ardió como si, dentro de ella, hubieran encendido una fogata.
"Jasper, haz algo" – pidió Alice y, cuando su novio daba un paso hacia el frente para detener a su hermano, éste salió, con Bella en brazos, hacia el denso bosque.
"Será imposible alcanzarlo" – informó Jasper, con los ojos desorbitados
"¿Le hará daño?" – preguntó Darío
Alice cerró los ojos e intentó concentrarse, más las imágenes que arribaban a su mente eran demasiad confusas, pues Edward no había tomado aún una decisión
"No logro ver qué es lo que pasara" – reconoció, con el temor fluyendo en sus palabras – "¿Qué vamos a hacer?"
"Esperar…" – contestó Jasper, mirando hacia el camino en el cual, su hermano se había perdido.
Hola! Puf!! Bueno, primeramente, una disculpa enorme por la demora. Sé que no tengo perdón pero la escuela me esta matando las pocas neuronas que me quedan. En fin, espero que el capítulo les guste. Dejen su opinión, por favor, ¿si? Gracias por leer
Atte
AnjuDark
