Antes que todo quiero agradecer enormemente a las personas que se preocuparon por mi ausencia. Han sido días extraños pero todo resultó bien. Así que las cosas han vuelto a la normalidad y me tendrán por aquí seguido como antes. Gracias de verdad, sus mensajitos me hicieron muy feliz y de verdad no los esperaba. Muchas pero muchísimas gracias por tan bonito gesto.

En segundo lugar: Muchísimas gracias a todos y cada uno de los que leyeron esta historia, la comentaron o siguieron. De verdad tenía miedo de meterme en este fandom y resultó ser una experiencia por de más grata. Así que les agradezco infinitamente por haberme acompañado en esta gran aventura.

En tercer lugar: Este capitulo es el último de la historia y les advierto que será HOT, así que prepárense y si son susceptibles mejor salten hasta el final xD Espero que les guste como quedó. Fue difícil pero acá está. Espero que lo disfruten.


CAPITULO FINAL

El jardín trasero de la casona Isles era inmenso, la noche había caído y tal como Constance había querido la única iluminación del lugar eran las velas esparcidas a lo largo y ancho del jardín. Para sorpresa de Jane, la música estaba a cargo de un DJ en lugar de la orquesta sinfónica que esperaba encontrarse. Era fantástico, las flores le daban un aire totalmente romántico y las mesas estaban distribuidas en un semi circulo.

Jane hablaba con Frankie, o más bien Frankie le hablaba mientras ella buscaba a su mujer con la mirada. Maura conversaba amenamente con Angela y Constance. Cada una con una copa de champagne en su mano. Miró a su hermano para que no se sintiera ofendido por estar ignorándolo. Aunque hasta el momento parecía no haberlo notado. Continuó observando a su esposa y arqueó una ceja. Le hizo una seña a Frankie para que se callara y comenzó a caminar hacia ella. Cuando estuvo a su lado acarició levemente su cintura. Maura se volvió para verla con una brillante sonrisa, levantó su mano para posarla en su mejilla y se inclinó para darle un tentador y alcoholizado beso en los labios.

-Cariño, estaba contándoles de la vez en que te pusiste a llorar porque el cierre del pantalón no te subía-

-¡Maura!- se quejó ella sintiendo como el calor subía a sus mejillas -No fue así, no lloraba por eso ¡Ni siquiera estaba llorando!- dijo mirando a las dos mujeres que escondían su sonrisa detrás del borde de las copas "Si lloraba y fue por eso" susurró como si Jane no la escuchase y lanzó una pequeña risita -Ok, ¿Cuantas copas ha bebido?- preguntó apuntando a las dos mujeres.

-Sólo un par no tienes de que preocuparte- respondió Maura. Sus parpados se veían un tanto caídos.

-Okaaaay- dijo tomando su copa -Ha sido mucho alcohol por hoy, quiero tenerte en tus cinco sentidos esta noche- comenzó a caminar hacia la mesa para dejarla allí y Maura se fue inmediatamente tras ella.

-¿Sabes?- le susurró al oído cuando estuvo a su lado -Me encanta cuando te pones en ese plan dominante- arqueó las cejas con una sonrisa tan seductora que Jane no fue capaz de reaccionar.

-Oh por Dios- fue lo único que dijo.

-¿Qué te parece si nos despedimos de todos de una buena vez y vamos a hacer lo que queremos desde hace más de un mes?- Jane sabía que el alcohol le daba coraje, pero era extraño de todas formas verla así. Tan seductora e irresistible.

-De acuerdo- alcanzó a decir antes de que Maura tomase su mano y la guiase por todo el lugar despidiéndose de amigos y familiares de modo cordial y a la vez acelerado. Cuando llegó el turno de despedirse de Sofia la pequeña miró a Maura con el ceño fruncido.

-Mami ¿Estás bien?- Ella asintió con una enorme sonrisa y besó a su hija repetidas veces a lo largo y ancho de su rostro.

-Pórtate bien con la abuela- susurró y la pequeña asintió, luego besó a Jane y le dio un fuerte abrazo. Ya le habían explicado que aquella noche sus mamás festejarían solas luego de la fiesta y que por esa razón se quedaría en casa con Angela.

-¿Por qué se van si la fiesta aún no termina?- preguntó mirando a cada una de sus madres.

-Es que quieren ir a descansar- respondió Angela dedicándoles una mirada suspicaz al ver que ninguna de las dos mujeres pudo inventar una excusa rápidamente - Luego de más abrazos y besos de ambas hacia su pequeña al fin se decidieron a irse.


Al llegar al auto Maura le arrojó las llaves a Jane, estaba por demás claro que ella conduciría, habían quedado en que ninguna de las dos bebería alcohol aquella noche. Pero evidentemente fue algo que alguien no pudo cumplir. Con una sonrisa divertida y a la vez emocionada, Jane se subió al asiento del conductor y Maura de inmediato se sentó a su lado. Puso el vehículo en marcha y comenzaron a avanzar. El silencio se hizo presente. Jane miraba de reojo el comportamiento de su mujer y Maura se mordía los labios intentando comportarse, sabía que sería peligroso si hacía lo que tenía ganas de hacer, es decir, abalanzarse sobre ella. Sus ojos viajaron hasta los de Jane que aún se encontraba concentrada o aparentemente lo estaba en la carretera. La mano de Maura se instaló en su rodilla y comenzó a ascender lentamente hacia su muslo. Jane sonrió con malicia, sabía con lo que se encontraría y era probable que debiera estar preparada para detener el auto en cualquier momento, en el caso de que hubiera una reacción más efusiva de lo que esperaba. La mano de Maura se aventuró a seguir ascendiendo y sus ojos se abrieron enormes al sentir la piel completamente expuesta de su esposa.

-Oh eres tan cruel- suspiró sentándose de lado dispuesta a atacar.- O te apuras a llegar al hotel o no respondo de lo que pueda suceder-

-Tendrás que esperar- dijo sonriendo satisfecha. Maura continuó acariciando su pierna intentando contenerse de volver a adentrarse en aquella zona.

-¿Has estado sin ropa interior todo este tiempo?- preguntó incrédula mientras deslizaba su dedo indice por su cuello -No la hacía tan atrevida detective-

-Oh, no tiene ni idea de lo que soy capaz doctora- respondió feliz de por fin estar frente al lujoso hotel que ella misma había escogido para aquella noche, quería demostrarle que también podía ser sofisticada en cuanto a gustos. Las dos lanzaron un suspiro de alivio al salir del auto. La forense se adentró primero en el edificio seguida a paso ligero por Jane. Se registraron y pasaron directamente al elevador. Maura se mordió los labios al ver que no iban solas. Aunque pensándolo bien era mejor para no correr el riesgo de dar espectáculos triple x en sitios públicos. Cuando el tercer acompañante se bajó un piso antes de llegar al suyo, ambas compartieron una mirada divertida. Jane estuvo a punto de presionar el botón para que el ascensor se detuviera, pero un atisbo de racionalidad evitó que lo hiciera, la puerta se abrió y ambas caminaron a través de la alfombra que llevaba a su cuarto. El pasillo era amplio y bien iluminado, las paredes de color durazno contrastaban con el rojo oscuro del suelo, unos diez metros después se encontraban frente al cuarto 609. Jane arqueó una ceja y miró a su mujer con gesto pícaro.

-Quitale el cero- murmuró captando su atención -¿Crees que sea una señal?- Ella le respondió con una sonrisa divertida y se apresuró a pasar la tarjeta. La puerta se abrió. Iba a adentrarse cuando la mano de Jane la detuvo tomándola suavemente por la muñeca.

-Espera ¿Quieres hacer esto al estilo Hollywood?- Maura no comprendió muy bien y frunció el ceño -¿Debo levantarte en mis brazos para entrar a nuestro cuarto?

-¿Por qué harías eso?-

-Porque... ¿Por qué no puedes dejar que sea romántica al menos una vez?-

-Es que...-

-Shht- la calló alzándola, Maura se aferró a su cuello y rió -Sólo disfruta ¿De acuerdo?- Ella asintió y se dejó llevar hasta el interior del cuarto -¿Puedes cerrar la puerta?- le pidió antes de seguir avanzando. Maura asintió con una sonrisa y estiró su mano, la pieza blanca de madera se cerró lentamente detrás de ellas mientras avanzaban hacia el lecho nupcial.

Jane la apoyó suavemente sobre el colchón manteniéndose inclinada sobre ella sin despegar su mirada de la suya. Maura hizo un sonido similar a un gruñido antes de con sus manos aferrarse a su nuca y jalarla para que cayera sobre ella. Jane lanzó un gritito de sorpresa y se dejó llevar. No tuvo mucho tiempo de pensar antes de que los labios de Maura se apoderasen de los suyos. Rodaron levemente quedando de costado gracias a la fuerza que el cuerpo de la doctora ejercía sobre el suyo. Sus manos estaban descontroladas, era absolutamente distinto a lo que había experimentado la última o más bien la primera vez, aquello había sido más íntimo y romántico. Mucho más tímido, ni siquiera el primer beso que se dieron en la cocina había sido tan candente como aquello. Jane ahogó un gemido en su garganta. El sólo hecho de sus manos recorriendo la longitud de sus piernas estaba llevándola al borde del delirio. No habría mucho tiempo para preámbulos. Sus cuerpos estaban ansiosos por reencontrarse, por volver a sentirse luego de una larga espera.

La boca de Maura al fin se separó de la suya sólo para dar lugar a un húmedo trayecto que recorrió su cuello mordisqueandolo con ganas. Aquella mezcla de placer y dolor hizo que la piel de Jane se erizara. Cuando sus labios llegaron al escote del vestido y la tela interrumpió su camino decidió bajar sin perder el tiempo, ya podría después dejar lugar para el romanticismo, bajó sus manos hacia sus muslos y elevó el vestido hasta encima de sus caderas dejándola completamente a su merced. Estaba ansiosa por adentrarse en aquel sitio privado y no tenía ninguna intención de disimularlo. Paseó con su lengua por el muslo interno de la detective haciéndola sobresaltarse un poco y levantar la mirada hacia ella.

-Maur...-

-Shh- la silenció volviendo a ponerse en pose felina sobre ella. El movimiento sensual de sus hombros al avanzar la hizo tragar en seco. Maura colocó una rodilla entre sus piernas y la otra al otro lado, se incorporó levemente para contemplarla y se relamió. Se detuvo unos segundos a pensar en lo incómodo que sería hacer lo que tenía planeado con la tela de sus vestidos interponiéndose entre ellas. Fijó su mirada en la de Jane y sin perder el contacto comenzó a soltar los lazos de su corset. La prenda comenzó a aflojarse y separarse de su piel. Jane sonrió. Estaba de acuerdo con que no había necesidad de puna previa, no en aquel momento en que sentía su cuerpo completamente ardiendo. Más aún cuando la fisonomía de su mujer se exponía frente a ella sin reparos. Se incorporó levemente apoyando sus codos sobre el colchón.

-¿No debería ser yo la que te quite el vestido?- preguntó con una sonrisa de lado. Maura sonrió y llevó apenas una parte del corset nuevamente hacia su pecho.

-Si es lo que quieres entonces hazlo de una vez- respondió en un tono tan sugerente y sensual que, acompañado de aquella mirada fue un tópico imposible de resistir, se sentó planeando acariciar su hombros con ambas manos y deslizar la prenda suavemente hasta dejar su pecho al descubierto, la idea era recostarla suavemente para poder despojarla del vestido con mayor facilidad, era romántico y perfecto. Un plan que evidentemente no funcionó cuando su piel hizo contacto con la suya y una oleada de calor se apoderó por completo de su cuerpo nublando todo pensamiento. Alcanzó a acariciar sus hombros sólo para llegar a sus mejillas y apoderarse de su boca con tanto ímpetu que hasta Maura quedó sorprendida, sin menguar la batalla campal que sus lenguas enfrentaban la morena fue cayendo sobre ella.

La mano que Maura sostenía sobre el corset se aventuró en los rizos oscuros de su mujer, mientras la de Jane comenzaba a empujar los ropajes de seda blanca hacia sus pies. Logró ver con sus manos lo que sus ojos no podían, su piel sin nada más que un último retazo de encaje que atesoraba aún aquella zona que sabía le pertenecía. Con su mano delineó su cuerpo, analizando mentalmente cada curva sin perder el contacto con su boca. Ella misma estaba en llamas y necesitaba que las manos de la mujer que amaba apagasen aquel incendio que crecía conforme al contacto de sus pieles. Maura gimió al sentir su mano entre sus piernas, el pulgar se adentró entre el elástico apenas perceptible y su piel y llegando al contorno de su cadera comenzó a bajarlo para dejarla por fin al descubierto.

Sus bocas se separaron y sus ojos se encontraron levemente para sonreírse una vez más antes de que Jane comenzase a saborear su cuello. No era lo que Maura tenía en mente, ella quería tomar posesión de su cuerpo primero, pero sería imposible llevar aquella tarea a cabo cuando la húmeda tibieza de su lengua se encargaba de hacerla perder la razón con cada milímetro que recorría. Estaba haciendo gala de toda su voluntad para poder recuperarse pero la boca de Jane sobre sus pechos no le permitía pensar con claridad. Suspiró, lo deseaba, la deseaba a ella y necesitaba quitarse esa ardiente necesidad de su cuerpo que no le permitía disfrutar plenamente de sus caricias. Se incorporó levemente y la detuvo.

La confusión en los ojos de la morena se esfumó al ver su sonrisa. Colocando las manos a los lados de su rostro la atrajo hacia sí para poder volver a besarla. Estaba segura que jamás se cansaría del sabor de sus labios. De su forma tan dulce y salvaje a la vez de apoderarse de ella. Quitó las manos de sus mejillas para poder descender a ciegas hacia sus hombros, con una mano bajó el cierre de su espalda hasta donde pudo, mientras con la otra comenzaba a deslizar la tela negra a través de su brazo. Jane se detuvo para mirarla. Leyendo por completo sus pensamientos no dudo un momento antes de terminar de quitarse el vestido por encima de su cabeza. Maura sonrió ante su evidente apuro, y se encantó con la vista privilegiada que le regalaba de su perfecta anatomía. Se inclinó sobre ella nuevamente colisionando sus labios contra los suyos con frenesí. Las rodillas de Jane aprisionaban su cadera y el sólo hecho de sentir el cálido roce de su piel en aquella zona estaba volviendola loca. Maura comenzó a bajar entre caricias ambas manos hacia su vientre, entreteniendose en el camino con sus pechos, pequeños pero perfectamente proporcionados. Era como si estuviesen hechos para acunarse en sus manos. Sonrió sin cortar el beso. Jane apoyó su peso en su codo derecho y descendió una mano entre su cuerpo y el suyo para llegar hasta el punto sensible de su mujer, mudó sus besos hacia su cuello, mordisqueó su clavicula y sin pedirle permiso deslizó sus dedos en su interior. Ella se retorció bajo su cuerpo, clavó sus uñas en su bajo vientre antes de llegar al sitio que deseaba. Jane se estremeció ante la sensación y no pudo evitar que le fascinase el confirmar que lo estaba disfrutando. Cuando Maura se recuperó del impacto intentó que su mano siguiera el trayecto que había iniciado. Suavemente se coló entre sus labios buscando el preciado botón que encendiera su delirio. Los movimientos de Jane dentro suyo se detuvieron al sentirla y se dedicó inconscientemente a regocijarse a causa del efecto de sus manos en ella. Maura sonrió sin detener sus movimientos, los leves y tímidos gemidos que empezó a emitir su mujer, que aún seguía inmersa en ella, estaban a punto de llevarla al climax. Jane reaccionó al sentir los eróticos murmurllos provenientes de su garganta y a pesar de apenas poder pensar comenzó a moverse dentro suyo nuevamente. Sintió su cuerpo flaquear a medida que el cálido masaje de Maura aumentaba su velocidad. Su desesperación crecía al igual que sus ganas desmedidas por más. Con cuidado y ganandose un quejido de reprobación salió de ella y se incorporó levemente. Colocó su mano sobre la de ella y comenzó a acompañar sus movimientos. Cerró sus ojos y se dejó llevar.

Maura apenas podía creer lo que sus ojos contemplaban. Era la obra de arte más maravillosa que había visto, su cuerpo meciendose sobre el suyo, sus manos unidas en su centro y sus rizos moviendose al compás de sus hermosos senos. Estaba al borde del orgasmo de sólo mirarla y más aún cuando sus oidos se llenaron con la cadencia de sus gemidos. Jane la miró, el momento en que su cuerpo se contrajo y un estallido de placer la recorrió entera. Ella comenzó a alejar su mano, sabiendo que si su esposa no apagaba el ardiente latido entre sus piernas lo haría por si misma. Jane la atrapó en el aire, entrelazando sus dedos a los suyos y se dejó caer levemente sobre ella. Besó su cuello y se recostó a su lado para no apoyarle el peso de su cuerpo encima. Maura atinó a hacer lo mismo para poder verla de frente pero ella la detuvo.

-Date la vuelta- indicó provocando que sus ojos verde avellana se abrieran de par en par -Ponte de espaldas- insistió. Ella obedeció sin comprender muy bien hasta que la mano de Jane se posó sobre su hombro. Ella intentó mirar hacia atrás pero al sentir su boca jugueteando en su cuello no pudo hacer más que cerrar los ojos y disfrutar mientras su mano descendía por el contorno de su cuerpo. -Eres deliciosa- su voz grave y rasposa a causa de la excitación no hizo más que estimular sus sentidos. Su piel se erizó por completo, lanzó un profundo suspiro y sintió como su deseo aumentaba cuando la mano de su compañera se paseó por el contorno de su cadera, acarició sus glúteos intentando abarcar la mayor cantidad de piel posible. El roce de los delicados pechos de Jane en su espalda, las caricias que esparcía su boca en cada rincón que podía alcanzar y su mano aventurándose en su zona sensible estaban llevándola a un inminente clímax. Cuando la sintió nuevamente dentro suyo y sus dientes se clavaron en sus brazos pellizcandolos suavemente no pudo hacer más que morderse los labios y aferrarse al acolchado. Quería darse la vuelta, quería besarla y verla a los ojos al momento de alcanzar el cielo. Pero el peso de su cuerpo sobre el suyo y su falta de dominio sobre sus acciones se lo impedían. Sus movimientos se aceleraron, sus gemidos se dejaron oír sin reparos haciendo que el cuerpo de Jane reaccionase de inmediato. La buscó con desespero a sus espaldas y su mano alcanzó entremezclarse en su cabello mientras el otro puño jalaba de las sabanas. Su cuerpo se tensó y momentos después una ola de calmado placer la envolvió. Jane se separó de ella lentamente y la envolvió con sus brazos, estaba feliz, deseaba fervientemente hacerle el amor desde hacía tiempo.

-Te amo- susurró con su cálida voz un tono más baja. Jane le besó la oreja con una sonrisa y colocó su mentón en su hombro.

-Y yo como no tienes idea- Maura soltó el agarre de la tela y llevó su mano sobre la que Jane mantenía sobre su vientre. Se quedaron en silencio unos momentos hasta que la voz de la detective lo interrumpió. -¿Crees que ahora podamos empezar con nuestra noche de bodas?- ambas rieron y la doctora al fin se decidió a darse la media vuelta y volver a verla.

-¿Tenías planeado algo más que esto para hoy?- Ella le respondió subiendo y bajando las cejas repetidas veces. Sonrió y le dio un breve pero intenso beso antes de decidirse a levantarse. Barrió con su mirada el cuarto y sonrió al ver a donde había ido a parar su vestido.

-Por favor, cambia de pose si no quieres que vuelva a abalanzarme encima tuyo- comentó poniéndose de pie. Maura no se inmutó, puesto que la amenaza era bastante tentadora y no le desagradaba en absoluto. -Iré a buscar las batas- dijo señalando el cuarto de baño.

-¿Acaso no te sientes cómoda estando desnuda frente a mi?- aunque Maura no alcanzó a verlo sus mejillas se encendieron detrás de su sonrisa.

-¿Honestamente? Aún me cuesta, quiero decir... estar así...- Se perdió al atravesar la puerta y volvió con dos prendas. -Pero tu puedes quedarte como quieras- El corazón de la forense se llenó de ternura. Era imposible que una mujer tan fuerte, segura y ruda fuese tan adorable. Le encantaba que esa faceta de Jane estuviese reservada únicamente para ella. Se levantó de la cama y caminó hacia ella del modo más sensual que pudo. Volvió a besar sus labios antes de tomar una de las batas que tenía en su mano. Cada una se puso la suya y se quedaron conversando con la mirada por unos instantes.

-¿Cuales eran tus planes?- preguntó haciendo volver a su mujer de un golpe a la realidad. Ella caminó hacia uno de los closet que había en la parte posterior de la habitación y abrió las puertas.

Hasta ese momento no había notado que estaban en una suite de ensueño. Era increíblemente espaciosa, la cama de tamaño king estaba cubierta por un precioso acolchado en tono marfil al igual que las paredes y alfombras, había petalos de rosas esparcidos por el suelo combinando a la perfección con las cortinas de tono carmín. Suspiró al pensar que Jane había preparado todo aquello para ellas. Era sumamente romántico e íntimo. Ella caminó con una bandeja y la apoyó sobre la mesa que estaba cerca del ventanal. Con un gesto la invitó a acercarse. Destapó el contenido de la bandeja que estaba, los ojos de Maura se abrieron de par en par, era una botella de refinado champagne con dos copas, a su lado una caja de sus bombones predilectos y una rosa roja encima.

-Creo haber oído por ahí que es tu favorito- dijo ella dejando a un lado la tela roja que los cubría.

-Jane, no debiste- ella se encogió de hombros y se dispuso a abrir la botella -Es... perfecto. Estoy realmente impresionada- Tomó las copas y las llenó. Le tendió una con una sonrisa.

-Quería brindar contigo- empezó a decir agarrando la que le correspondía. Ella la escuchó con atención. -Por todos estos años de amistad y por los años de amor que vendrán- Maura alzó su copa -Porque eres la mujer ideal y pudiendo tener a quien quisieras me escogiste a mi-

-Eso no es del todo cierto, además, tu también podrías tener a quien quisieras y te quedas con una cerebrito, friki y snob-

-Tu no eres así. Si eres muy bizarra a veces. Pero es parte de tu encanto- dijo con una sonrisa

-Gracias- frunció el ceño a modo de broma -Por nosotras- inclinó levemente su copa hacia ella.

-Por nosotras- respondió Jane, ambas sonrieron y le dieron un sorbo al champagne -Oh Dios... ¡Esto está buenísimo!- Maura rió con ganas y Jane se terminó la copa a los pocos segundos. -Es lógico, tienes un gusto exquisito- comentó sirviéndose un poco más.

-Por supuesto- dio un paso más hacia ella para susurrarle casi en sus labios -Me gustas tu ¿No es así?-

-No me dejarás llevar a cabo mi plan para la noche de bodas ¿Verdad?- respondió en el mismo tono sugerente. Ella encogió levemente su hombro. Jane dejó la copa sobre la mesita y Maura hizo lo mismo. Fue cuestión de segundos antes que las batas que cubrían sus pieles tuvieran el mismo destino que sus vestidos.


Y esto ha sido todo por hoy. Me da una pena enorme el haberlo finalizado pero, como les dije antes y para los que no quieren despegarse tan pronto de esta historia al igual que yo, tengo pensado subir un par de capis extras en estos días. Como por ejemplo la luna de miel (que era el final original) y el cumpleaños de Sofia, que terminaron quedando afuera pero de todas maneras me gustaría compartirlo con ustedes. Así que estén pendientes, que prontito leeremos más de Jane y Maura en su plan meloso y romántico y de la encantadora Sofi Rizzles.

Espero que les haya gustado el desarrollo de la historia y como terminó. Me pellizca el corazón el llegar al final. Pero como dije nos volveremos a leer. Y prontito subiré una nueva historia, así que espero leerlos por allá.

Ojalá y se animen a dejarme un review diciendo que les pareció. Es muy importante para mi saber lo que piensan.

Hasta que las letras nos vuelvan a cruzar :)