CAPITULO 19
EDWARD
En lo que respecta a los medios de comunicación, una pareja de nuestro estatus debería tener una boda con brillo y fanfarronería, pero Isabella decidió que se sentía más cómoda teniendo nuestra ceremonia en la casa de playa de su padre en Nantucket. Es una boda puramente legal. Sin fanfarria, sólo un puñado de familiares y amigos cercanos. Incluso la casa de playa en si es un lugar singular, con sólo dos dormitorios, una cocina y sala de estar abierta, y un amplio porche que da a la playa.
Ese tramo de playa es donde ataremos el nudo proverbial en una hora aproximadamente. Bebiendo cerveza en la cocina con James, miro las gaviotas aterrizando en las sillas plegables que colocamos más temprano, asustando a unos diminutos cangrejos de regreso a sus agujeros.
Todo este asunto es el polo opuesto de lo que Tanya me dijo sobre el libro de boda de Isabella. Y no sé cómo se siente al respecto. ¿Isabella sólo quiere mantener las cosas convenientes y baratas? Ella es del tipo práctico, y ha estado jalando su cabello sobre los gastos de Cullen & Swan recientemente.
O ¿está tratando de preservar su romántico sueño manteniéndolo tan lejos de la realidad como sea posible? No estoy seguro que me guste esa idea, considerando que soy parte de su realidad…
—¿Otra cerveza? —pregunta James.
—Mejor no. —Echo un vistazo al reloj colgado en la pared de la cocina—. Cincuenta y ocho minutos hasta que diga acepto.
Mi padrino sonríe. —¿Crees que ella realmente seguirá adelante con esto?
—¿Tú no?
Se encoge de hombros.
—Se encerró en su habitación hace dos horas y no ha salido desde entonces. Le ofrecí el desayudo esta mañana, y dijo que estaba demasiado inquieta para comer. No sé, compañero. Es muy posible que ella se arrepienta.
—El contrato esta todo redactado. Firmaremos el lunes cuando regresemos a la oficina. ¿Por qué va a arrepentirse ahora? Isabella es una mujer de palabra. Es confiable.
Deja escapar un gruñido de desaprobación.
—¿Cuál es el problema? Tú llevaste una cita falsa al baile de graduación —le recuerdo.
Me rio para mí, recordando el año en que James llevó a su prima al baile. Él pensó que era un genio en ese entonces; no tenía que comprar un ramillete, no necesitaba impresionarla con un restaurante fino o un paseo en limosina. Hasta el final de la noche, cuando todos los demás estábamos disfrutando el contacto de piel con piel con nuestras citas, se dio cuenta de la horrible decisión que había tomado. La única acción de piel con piel que tuvo fue con su propia mano.
—Una esposa falsa es infernalmente diferente. Es un jodido gran asunto. —James me mira por encima del borde de su cerveza.
Mirando hacia el mar desde nuestro lugar en el porche de la cabaña en la playa, aflojo mi corbata, que se siente demasiado apretada alrededor de mi cuello, y lo nivelo con una mirada oscura.
—De hecho, es una unión legal, así que ella será realmente mi esposa. Hasta que nos divorciemos, o tengamos nuestro matrimonio anulado, o lo que sea.
Me aclaro la garganta, mi crecente malestar.
—Oh, una cosa más...
Después que el padre de Isabella nos presentó el contrato esta mañana durante el desayuno, tome una copia conmigo hasta el porche, mientras Isabella se retiró al dormitorio. No lo vi como una mala señal, sólo que ambos estábamos tomando esto seriamente y necesitaba un momento para absorberlo.
Con una taza de café, leí el contrato con todo detalle. Página catorce, sección veintiocho, parte B declara que el cumplimiento de nuestras obligaciones contractuales como nuevos propietarios del conglomerado de miles de millones de dólares también depende de Isabella quedando embarazada. Dentro de noventa días.
Irrumpí dentro para hablar con Charlie inmediatamente.
—¿Un heredero como cláusula? ¿Es esta tu manera enferma de garantizar que el apellido de la familia continúe? ¿En realidad esperas que la embarace?
—Es parte del deseo de tu padre, Edward. Carlisle y yo queríamos un nieto antes de morir. Sin duda puedes entender eso.
—¿Y qué es lo que tiene que decir Isabella sobre eso? —le pregunté.
Hizo un rudo evasivo en su garganta.
—No hemos discutido eso aún.
Eso fue esta mañana. Y estoy bastante seguro que es la razón que Isabella se encerró dentro de su dormitorio y no ha salido desde entonces.
Tomando un suspiro profundo, veo a mi padrino cuidadosamente mientras dejo caer la noticia.
—Necesito embarazarla.
James escupe su bebida.
—Hay un heredero como clausula en el contrato —digo secamente.
Limpiando la cerveza de sus labios, entrecierra sus ojos en los míos.
—¿Me está diciendo que necesitas preñarla?
—Uh-huh
El hijo de puta en realidad se ríe de mí, luego toma otro trago de su cerveza.
—Si se una sola cosa sobre Isabella, es que no va a querer a tu bollo en su horno.
—Oh, hombre de poca fe. —Sonrío hacia él.
—¿Ella aun ni siquiera ha tocado tu polla?
Además de agarrarla a través de mis pantalones una vez en el restaurante, no. Pero eso no significa nada. Estamos construyendo algo bueno aquí. Es sólo cuestión de tiempo.
—No sea un imbécil.
Me levanto y cruzo el porche a la barandilla, apoyándome en ella, mirando hacia la piscina azul sin fin chapoteando en la costa. Podría estar montando una genial e inafectada fachada sobre todo esto, pero en realidad, he estado perdiendo mi mierda desde que me enteré de la cláusula en el contrato esta mañana. Puedo imaginar cómo se siente Isabella. Ni siquiera sé si ella quiere ser madre. Probablemente no, viendo como come, duerme y respira su carrera.
—Eres bueno, amigo, te daré eso, pero incluso tú no eres capaz de tirar esto fuera.
—Ya lo veremos.
Mirar el agua es hipnótico. Me hace sentir ligeramente más tranquilo. Pero sólo ligero. Probablemente necesito tranquilizante para caballo para llegar a alguna parte con un ritmo cardiaco normal.
—¿Y qué hay de ti? ¿El animal de la fiesta reinante seriamente va a tener un bebé?
Me vuelvo para enfrentar a James. Él lanza un puntapié hacia una mecedora curtida en el porche, una pierna enganchada sobre el brazo de la mecedora. Sin una buena respuesta para él. Simplemente le doy un giño engreído.
—Lo averiguare. —Espero.
Su boca se abre por un segundo. Luego levanta sus manos en un dramático encogimiento de hombros.
—Es tu vida, amigo.
—Tomaré mis oportunidades. Ahora, si me disculpas, voy a ver a mi novia.
Llamo a la puerta cerrada del dormitorio de Isabella y escucho las dos voces femeninas dentro guardar silencio.
—¿Sí? —Abre la puerta una rendija Tanya.
—¿Puedo tener un minuto con Isabella? —pregunto.
Tanya frunce el ceño.
—Es de mala suerte ver a la novia antes de la ceremonia.
—Está bien —dice Isabella desde el interior.
—Bien. Puedes hablar con ella por cinco minutos. —Tanya echando un vistazo a su reloj y luego me rodea hacia el pasillo.
Cuando empujo la puerta abriéndola, encuentro a Isabella sentada en un tocador, y nuestros reflejos se encuentran en el espejo. Sus ojos están enrojecidos, y me pregunto si ha estado llorando.
La culpa apuñala mi pecho y de repente siento la falta de aliento.
—¿Estas bien?
No puedo creer lo mucho que mi relación con Isabella ha crecido, lo real que mis sentimientos se han convertido. La idea de ella tan molesta se siente como un empujón físico.
Asiente.
—Creo que sí. Hoy ha sido extrañamente emocional. Todas estas cosas que no había pensado desde hace tiempo, como mi mamá no estando aquí, la salud de mi papá… todo me golpeó esta mañana.
—Ven acá.
La levanto y la empujo a mis brazos. Cuando la llevo cerca de mi pecho, sus manos se posan en mi espalda. La sostengo por algunos minutos, ninguno de los dos habla. Cuando la dejo ir, Isabella luce más tranquila. Me pregunto cómo se siente sobre la cláusula del heredero, si está a bordo, indiferente o atemorizada. Supongo lo último.
—Estoy bien. Lo prometo. —Me da una pequeña sonrisa.
—Te vez hermosa —le digo, queriendo decir cada palabra.
Ella mira hacia su sencillo vestido de tirantes color crema con encaje adornando el pecho, y liso sobre sus caderas.
—Gracias. —Su cabello color miel en ondas sueltas sobre sus hombros, y su maquillaje es ligero y natural. Luce como la perfecta novia casual de playa, apta para aparecer en la portada de una de esas revistas de novias.
—¿Estás segura que no vas a arrepentirte de esto? —pregunto, el momento tomando un giro serio. Probablemente no amaré su respuesta, pero aún quiero conocer sus sentimientos sinceros.
Niega con la cabeza.
—Todo lo que siempre he querido es administrar esta compañía. Mi papá me ha preparado para este momento durante quince años.
Asiento, comprendiendo perfectamente. Estamos en la misma posición.
—Y si tengo que hacer esto contigo a mi lado, que así sea.
Isabella desplaza la barbilla hacia arriba en el aire, y soy de nuevo golpeado por la culpa. Está poniendo un frente valiente, pero necesito saber que ella está bien. De lo contrario, no estoy seguro que pueda seguir con esto.
—Necesito saber si realmente estás de acuerdo de hacer las cosas de esta manera. ¿No todas las chicas sueñan con un vestido blanco y una gran fiesta en una carpa? —Conozco el hecho que Isabella lo hace. Pero no menciono eso; ella puede no haber querido que Tanya me dijera algo tan personal.
Me da una mirada de simpatía.
—Haremos que esto funcione.
—Podría no ser la boda que imaginaste, pero quiero que sepas lo que esto es para mí. Realmente me preocuparé de ti si cualquier cosa mala pasara. Sé que lo que tenemos no es amor, y que mereces ser amada y apreciada por tu esposo, pero necesito que sepas que siempre estaré un paso adelante y estaré allí para ti. Así que, en ese sentido, mis votos serán verdaderos.
Ella traga saliva, y me pregunto si hay un bulto atrapado en su garganta como existe en la mía. Ese pensamiento alivia algo de la culpa, aunque sea un poco.
—Gracias por eso. Sé que estarás allí para mí en lo que más importa —dice, con tono suave.
—Malditamente correcto, lo estaré.
—Gracias, Edward. —Sonríe hacia mí.
Saco el contrato arrugado del bolsillo interior de mi chaqueta.
—Me adelante y firme esto. Así que, cuando esté lista. —Le entrego el contrato, y ella lo coloca sobre el tocador.
—Gracias.
Llevo su mano a mi boca y la beso.
—Nos veremos allí afuera.
Afirma con la cabeza.
—Sólo serán algunos minutos más.
—Está bien. Enviaré a Tanya de regreso.
Cuando me dirijo al pasillo, me sorprende la sensación que tal vez, sólo tal vez, James está equivocado, y todo esto se desarrollará de forma natural entre Isabella y yo.
Llámame loco, pero demonios, esto puede funcionar.
