Akashi estuvo muy mal el resto del día. Los dos Akashi se enfrentaban dentro de su mente…

- ¡No debes creerle Seijuro!- le decía Akashi emperador- ¡Ella debe estar confabulada con tu padre, entre ellos dos deben querer engañarnos!

- ¿No puedes creer eso de la Madre de Tetsuya?- le reclamaba Akashi molesto.

- ¡Tú estabas ahí! ¡Tú viste a tu madre llorar y reclamarle a tu padre!- le decía su otro yo…

- Si, pero quizás no escuché bien- recuerda que no escuché toda la conversación – le decía tapándose los oídos con las manos desesperado. Quería acallar esa voz interna, que solo buscaba torturarlo.

- Eso es verdad- le dijo su otro yo – quizás no escuchamos todo. Siempre escuchamos partes de las conversaciones, nunca escuchamos todo. Por un momento, Seijuro sintió paz en consigo mismo. Su otro yo, por fin coincidía en algo con él.

- No me sigas torturando- quiero salir de aquí- Quiero ver a todos, quiero volver a jugar, quiero recuperar a Atsushi y mi vida- por favor – le dijo

- ¿Y tú crees que tu padre va a dejar que nos quedemos con Atsushi? … Cuando superemos esto, va a querer casarnos con la mujer que ya había escogido para ti… no creo que desista de esa idea tan pronto…

- Bueno, si intenta hacerlo, nos escaparemos con Atsushi a otro país- nos iremos fuera a estudiar y no volveremos. - Ya tengo todo planeado de ser necesario. Mi tío no dejará que me obliguen- él sabe todo… él es mi tutor, la herencia de mi madre me pertenece- Mis tías no lo permitirán ..…

- Yo también quiero vivir con Atsushi… al igual que tú, lo amo – ¿sabes?

- Sí, lo sé- ambos lo amamos - le contestó Akashi

- No has abierto el álbum de fotos que te regaló la madre de Tetsuya- le dijo el emperador cuando Akashi miró el álbum de fotos.

- No- le respondió

- ¿Por qué tienes miedo? – le preguntó su otro yo nuevamente. – Yo estoy aquí para ti. Nunca estás solo.

- A ti es a quien más temo últimamente – le dijo Akashi

- Nunca más atentaré contra nosotros ni contra nuestro cuerpo, eso ya te lo prometí- No quiero verte sufrir más… ni a Atsushi ni a Tetsuya.

- ¿Hablas en serio?- le preguntó Akashi sorprendido

- Sí- le respondió el emperador. ¡Vamos, abre el álbum!

Akashi tomó el álbum con manos temblorosas. Estaba nervioso, más no entendía la razón.

La madre de Tetsuya tenía razón, lo que le había regalado era un tesoro. En él habían cientos de fotos de ella con su madre y de otra joven más, seguramente la otra amiga de ellas, Amelí.

Ahí estaba su madre cuando estaba en primaria, en secundaria y luego en la preparatoria. Las tres eran muy bonitas, pero para él sin lugar a dudas, la más bella era su madre. En todas las fotos se veía feliz. Muy feliz.

Seijuro tenía la vista nublada por las lágrimas. Éstas corrían por sus mejillas por si solas. Él no quería llorar, pero sentía algo demasiado tibio en su corazón. En su casa, con suerte, le dejaban tener un par de fotos de su madre pero nada más. Este álbum, tenía casi toda la historia de ella.

Habían fotos con su padre también cuando era más joven. De seguro cuando se conocieron. Incluso del padre de Kuroko y del que debía ser el Sr Aniyaki de joven. Todos se veían muy felices.

Las fotos que más le gustaron, fueron las de la boda de sus padres y la del embarazo de su madre. Se veía tan feliz. Siempre tocándose el vientre. Dando a entender que él estaba ahí. Su padre también aparecía y se veía feliz, muy feliz.

Luego unas fotos con él ya nacido. En el coche, paseando ellos tres. Habían fotos con Kuroko de pequeño, y en otras le llamó la atención que aparecía una niña más grande que ellos dos, y estaba en brazos de la Sra Amelí. Al parecer ella había sido madre, antes que ellas dos…

Su madre, solía aparecer radiante en todas las fotos. Se notaba que era feliz… incluso en aquellas donde él era más grande… ¿entonces por qué el la recordaba siempre triste?

Siguió mirando las últimas hojas del álbum y en las últimas su madre estaba en una silla de ruedas, mirando el horizonte con su padre sosteniéndola de la mano y él corriendo a lo lejos por el prado. Sacó la foto y la dio vuelta. Tenía la fecha escrita a mano con lápiz pasta. Era del mes de mayo, su madre había fallecido en junio de ese año. Habían un par más y luego ya no más. La vida de su madre, seguramente había llegado a su fin. Pero las últimas dos, estaban los tres. Su madre lucía cansada, pero feliz. Su padre triste. Y él feliz de tenerlo a ambos abrazados. Los ojos de Akashi no daban más.

Nunca encontraría las palabras para agradecerle a la madre de Kuroko por tan preciado obsequio. Había quedado sin palabras. El álbum estaba muy bien cuidado, se notaba que lo atesoraba. Cuando saliera del centro, haría 10, 20, 30 copias de él y se lo devolvería. Así ella no tendría que deshacerse de él y él podría regalarle una copia a sus tías, tío y abuela. Sin dudas, ellas lo valorarían mucho también.

Iba a cerrar el álbum cuando notó que al final, había algo más. Abrió la última hoja, y ahí encontró un sobre. Sin dudarlo, lo sacó (pensando que habrían más fotos), pero para su sorpresa se encontró con una carta escrita por su madre a la madre de Kuroko. Su letra era como la recordaba. Perfecta. Hasta en esas letras podía ver su bondad. No sabía si leerla o no. No estaba seguro si esa carta había sido dejada ahí de adrede para que él la leyera o no, pero si la madre de Kuroko le había regalado ese tesoro, seguramente la carta, estaba incluida también. Se secó bien las lágrimas, no quería mojarla. No sabía que diría. La sacó con cuidado. El papel estaba gastado. Seguramente la madre de Kuroko, la había leído muchas veces. No quiso perder más tiempo, la abrió con cuidado y luego la comenzó a leer:

Querida Nanami:

Quizás esta sea la última carta que te escriba. Ya no me quedan fuerzas. Mis manos apenas pueden sostener el lápiz, pero no quiero que nadie lo haga por mí. No puedo dejar que nadie escriba mi última carta para ti.

Quiero agradecerte una vez más, por todos estos maravillosos años de amistad. Por las infinitas risas, por todas aquellas lágrimas que hemos derramado juntas y por todos aquellos momentos difíciles que has vivido conmigo.

Esta enfermedad, está apagando mi vida. Más no todos los momentos maravillosos que he vivido. En muchos de ellos estás tú. Gracias por tu amistad desinteresada, gracias por todo lo que has hecho por mí, por mi amado esposo y mi adorado Seijuro.

La distancia ahora nos separa. Más no así el cariño y los sentimientos. Mi amor por ti supera todos los límites. Eres mi adorada y preciada amiga. Procura no olvidarme nunca. Yo donde esté, velaré por ustedes. Siempre estaré contigo y con los que amo.
Si volviera a nacer, me gustaría contar con tu amistad una vez más, pero está vez por mucho más tiempo.

Gracias por enseñarme el verdadero valor de la amistad. Sin ti, no sé si la hubiera conocido.

Trata de cuidar de mi marido y de mi preciado hijo. Sin que se dé cuenta. Está muy enojado con la vida, lo sé. Encuentra que todo es injusto. De alguna manera lo es, pero me voy feliz, porque viví una vida plena. Donde siempre me sentí muy amada, respetada y querida.

Siempre recuerda que fui inmensamente feliz. Conté con las mejores amigas, con los mejores amigos, con los sobrinos más adorables y cariñosos del mundo, con el mejor esposo y sin dudas, con el mejor hijo.

Me gustaría escribir más, pero estoy agotada. Recuérdame siempre, no me olvides por favor. Y recuerda, no tengo miedo.

Tu amiga que te adora con el alma

Shiori.-

14 de Junio de 2006

La carta había sido escrita el día antes de la muerte de su madre. Ella había fallecido al día siguiente.

Seijuro no pudo más con la angustia. Esa carta revelaba mucho. El amor por él, por su padre, lo feliz que había sido, lo buenas amigas que habían sido con la madre de Kuroko, etc.

Ahora era cuando más mal se sentía él ahora. Había sido muy mala persona con Kuroko antes. Si él hubiera sabido esto, nunca se hubiera comportado mal con él… y también había sido muy injusto con su padre… no sabía si le había sido infiel o no, pero si había algo que su madre dejaba en claro, es que había sido enormemente feliz. Que se había sentido amada y respetada… ¿A caso eso no hablaba por sí solo?.

En esos momentos Seijuro cayó en un crisis… comenzó a llorar sin consuelo. Los médicos tuvieron que intervenir y llamar a su casa.

Su padre y su tío partieron de inmediato al centro. Para cuando llegaron, Seijuro estaba sedado y dormido.

Su padre comenzó a ordenar las cosas que tenía tiradas en el sillón de su habitación y otras que habían caído al suelo. Enorme fue su sorpresa cuando vio lo que Seijuro había visto. Aquellas fotos eran maravillosas. Ni él sabía de su existencia. Su cuñado, también había quedado conmocionado, pero lo quedó aún más, cuando encontró la carta de su hermana. La leyó y no pudo contener las lágrimas tampoco. Masaomi se acercó a él y puso su mano en el hombro, sin saber de la existencia de la carta. Ayumu no le comentó al respecto. Solo la dobló, y la guardó.

Masaomi, se acercó a la cama de su hijo y se sentó junto a él. Le hizo un pequeño cariño entre su cabellos mientras dormía. Lo miró de cerca, y pudo percatarse de lo hinchado que estaban sus ojos y lo rojo que estaba su rostro producto de las lágrimas. A pesar de la sedación, pequeñas lágrimas continuaban cayendo.

- ¡Dios ayúdanos a salir luego de aquí! -¡permíteme recobrar a mi hijo!- susurró Masaomi desesperado. -¡Perdóname señor por todos mis errores!-

Akashi despertó levemente al escuchar a su padre. Por un momento se miraron y su padre asustado, le dijo:

- Sé que no quieres verme, pero nos llamaron y corrimos hasta aquí- me voy, te dejo descansar hijo.

- No- susurró Seijuro- quédate- le pidió moviéndose hacia él.

Tanto su padre como su tío se miraron estupefactos.

- Quédate con él Masaomi- yo iré afuera un rato- le dijo Ayumu

- Sí, claro- le respondió el padre de Akashi conmovido hasta el alma.

- Quédate hasta que me duerma nuevamente- no quiero estar solo- le volvió a susurrar Akashi a su padre.

- Nunca más estarás solo hijo- le dijo Masaomi besándolo entre sus cabellos.

Dos lágrimas volvieron a salir de los ojos de Akashi, las cuales Masaomi secó suavemente con sus manos.

- Descansa- le dijo acariciándolo por entre sus cabellos. Akashi lo miró por unos segundos y suavemente, volvió a caer en un profundo sueño.