MLB: Arenas de Tiempo

Hola mis Ladies y mis Lords.

He aquí el capítulo que todos han estado esperando y ansiado por leer.

Pero antes debo decirles algo…

Quiero agradecer a:

tsubasa23

Forever MH NK

white eagle

Usma

Por haber estado siguiendo y leyendo esta historia.

Lamento mucho por la demora, últimamente he estado muy ocupada con proyectos y tareas escolares. Se supone que este capítulo ya estaría publicado hace dos días (es decir el viernes), pero, tuve que terminar las tareas pendientes que me dejaron los profesores y bueno los terminé hasta muy tarde que ya mi pobre cerebro andaba muy achicharrado para continuar con la historia. Así que… aquí tienen el capítulo, ojala y les guste.

POSDATA: cambie el nombre del zorro de Foxxy por Rui.

POSDATA II: No me maten cuando terminen de leer este capítulo.

Bueno si nada más que decir…

Disfruten de la lectura.


Capítulo XVI: Jawhira: The Greek Woman

(Jawhira: La Griega)

1 semana después…

Aten se encontraba con el ceño fruncido mientras murmuraba entre dientes molesto sin fines de groserías hacia el Portador del Zorro; Volpe. Otra vez ese zorro había hecho de las suyas, de qué forma, simple, coqueteándole y "admirando" a su Nebet-i, y para el colmo ella no le importó, aunque Ladybug le había dicho que no le había hecho caso o que no sentía ningún interés en Volpe, pero aun así le molestaba el hecho de que ella no le detuviese cuando ese condenado zorro escurridizo le besaba la mano.

– Maldito zorro escurridizo. – masculló Aten. – ¿Quién se cree que ese maldito como para besar a mi Nebet-i?

– Buah! ¿Qué tanto maúllas chico? – bostezó Plagg despertando de su siesta.

– De ese zorro idiota. – gruñó el príncipe, el kwami negro movió tiernamente sus orejitas sin dejar de observar a su portador.

Esto se está poniendo bueno pero a la vez serio. – pensó divertidamente el minino. – ¿Por qué te preocupa tanto que Volpe ande de coqueto con Ladybug? Si tú ya estás casado con la princesita. – preguntó el kwami aunque él ya sabía la identidad de Ladybug no se atrevería a decirle a su Portador que ella es su esposa, es más, se le hacía bastante cómico en ver como se estresaba el pobre rubio con el zorro.

– Lo sé. – gruñó frustrado. – Pero no puedo evitarlo. Aunque ame con locura a mi esposa hay algo en Ladybug que hace que me vuelve loco por estar con ella… hasta te puedo asegurar que ella y Maat casi son parecidas. – Plagg se le dilató los ojos después de escuchar aquella confesión de Aten.

– ¿Y por qué lo dices? – preguntó el felino mientras esbozaba una sonrisa amplia y de oreja a oreja. – Digo, ¿Por qué dices que Ladybug y tu esposa se parecen?

– Argh! ¡No lo sé Plagg! – gritó desesperado el príncipe. – Tal vez sea por instinto o porque Maat se está comportando tal como lo hace mi Nebet-i conmigo.

Ay Aten si tan sólo supieras que tu Nebet-i y Maat son la misma persona. – pensó Plagg sin dejar de observar a su Portador.

– ¡Pero el punto aquí es que ese maldito idiota de Volpe anda de coqueto con mi Nebet-i! – el felino rodó los ojos ya algo molesto por el cambio de humor de su Portador, mientras que el rubio seguía haciendo sus berrinches contra el zorro y su mariquita.

Me pregunto cómo le estará hiendo a Rui con su Portador. – pensó el minino mientras se comía un delicioso pan.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

Entre tanto, en la habitación del Príncipe Tutankamón, Rui no dejaba de observar como su Portador se la pasaba suspirando enamorado el nombre de la heroína de la mariquita; mientras que Tutankamón recordaba la pelea que tuvieron él y ella junto al héroe gatuno que tuvieron el día de ayer contra un akuma de Sokaris.

FLASHBACK

Todo comenzó como un día cualquiera en el pueblo de Avaris, sobre todo en el mercado de la plaza, en un puesto de joyería fina se encontraba una hermosa mujer de rasgos griegos. El nombre de aquella mujer era Dione, una hermosa griega de cabellos rubios-castaños, de tez blanca, ojos color ambarinos, labios carnosos y de una belleza radiante. Algunos egipcios adoraban y apreciaban a la hermosa mujer griega por su trabajo mientras que otros la menospreciaban, en especial por las mujeres egipcias tanto solteras como casadas, comprometidas o que apenas andan comenzado una relación sentimental con sus parejas. Dione se dedicaba en hacer hermosa y elegante joyería, desde la pieza más diminuta hasta la más extravagante, que hasta los nobles de todo Avaris e incluso extranjeros le compraban la hermosa mercancía de la griega, cosa que para las egipcias y vecinas de la griega, quienes también se dedicaban a fabricar joyería, se morían de la envidia de la mujer.

– Tenemos que hacer algo con esa maldita extranjera. – dijo una mujer de más de 40's a sus compañeras. – Sí ella sigue vendiendo su mercancía los romanos, los griegos, los babilonios y otros extranjeros tomarán nuestros puestos y nosotros los egipcios perderemos nuestros trabajos. – el rostro de la mujer egipcia se tornó rojo del coraje.

– ¿Qué es lo que tienes en mente Mara? – preguntó otra mujer quien aparentaba tener sus 30's años.

– Propongamos en matar a esa mujer. Después de todo ella no es una egipcia. – propuso aquello la mujer con el nombre de Mara.

– ¿Pero qué barbaridades dices mujer? – dijo una mujer de otros 30's años. – Sí matamos a la griega esa los dioses de seguro nos castigaran con alguna plaga o maldición. ¿Acaso no olvidas lo que le paso al pobre agricultor de Khnemu? Fue castigado por el dios Sokaris por haberle manchado el vestido nuevo de la prometida del Príncipe Akhenaten-Harsafes.

– Pero su castigo fue liberado gracias al perdón de los Elegidos de Bastet, Kepri y Hut-Hor, Kesi. – mencionó la otra mujer a la susodicha.

– Bueno ya basta, estamos hablando de la maldita griega no del egipcio Khnemu. – reprochó Mara a sus amigas.

– Debemos en idear un plan para que esa tonta de Dione no se robe más nuestra clientela. – en ese momento la mujer se quedó callada al recordar la palabra que uso en aquel comentario.

– ¿Y qué tienes en mente Mara? – preguntó Kesi. – ¿Mara? ¿Te encuentras bien? – la mujer intentó hacer reaccionar a su amiga pero ésta ni reaccionaba.

– Oh, por Ra. – jadeó espantada la tercera mujer. – Los dioses la han hecho estatua.

– No me convirtieron en estatua Raziya. –dijo con brusquedad Mara.

– Entonces. ¿Por qué te quedaste como una? – preguntó Kesi.

– Se me ha ocurrido un plan. – confesó la mujer de 40 sorprendiendo a las de 30.

– ¿Y cuál es? – preguntaron al unísono las dos mujeres.

– Acusaremos de ladrona a la griega Dione. – ante aquella declaración dejó sorprendidas y boquiabiertas las dos mujeres.

– Interesante. – dijo interesada Raziya.

– Te escuchamos. ¿Cuál es plan para incriminar a esa griega? – preguntó Kesi a su amiga.

– Bien este es el plan. – Mara empezó a decirle a sus amigas cada detalle de su plan ocasionando que a las egipcias tuvieran un brillo de malicia en sus miradas.

– Nada mal Mara. – concordaron las dos mujeres.

– ¿Verdad que sí? Ahora iremos con Dione. Esa maldita griega se arrepentirá por haber osado pisar Avaris. – una malévola sonrisa decoró los labios de la mujer.

Lo que ninguna de las mujeres sabrían es que ellas se arrepentirían por el resto de sus vidas por su crimen.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

En el mercado de aquella plaza, Dione atendía con educación y amabilidad a sus clientes mostrándoles cada pieza de la joyería que ella misma hizo con tanto trabajo y empeño. Ese día hubiera sido el mejor para la hermosa griega, pero, lamentablemente no sería así.

Cuatro guardias se dirigieron al puesto de Dione seguido por las tres mujeres egipcias, quienes eran las vecinas de la mujer griega, sonriendo de maquiavélicamente por el suceso que ocurriría en ese momento. Los guardias habían llegado al puesto de Dione quien había dejado de atender a una pareja quienes le habían un hermoso collar de oro con piedras preciosas.

– ¿En qué les puedo atender señores? – preguntó educadamente Dione a los cuatro guardias.

– ¿Es usted la griega Dione? – preguntó un hombre cuarentón.

– Sí, señor. Esa soy yo. – replicó ella sin dejar de sonreír.

– Agárrenla. – ordenó el hombre a dos de sus hombres mientras que ellos sostuvieron en ambos brazos a la mujer.

– ¿Qué está pasando? – preguntó confundida la griega mientras intentaba separarse del fuerte agarre de los hombres.

– Se te acusa de robar a los nobles su joyería. – replicó el hombre a la mujer.

– ¿Qué? – exclamó Dione indignada y aún más confundida.

– Llévensela. – ordenó el jefe mientras que sus hombres se llevaron a rastras y a la fuerza a la mujer, entre tanto ella sólo se limitaba en defenderse y gritarles que ella no hizo tal atrocidad.

– ¡Yo no le he robado nada a nadie! ¡No hice nada! – gritó con desespero Dione pero nadie la escuchó.

Dione observó con dolor y tristeza como aquel hombre junto a su compañero empezaron a destrozar su puesto sin ningún remordimiento o piedad, las lágrimas no tardaron en salir de los ojos ambarinos de la mujer mientras que los gritos de súplica desgarraban su garganta. Nadie se limitó en defenderla a la vez que nadie quería escuchar su verso sobre su trabajo. La pobre griega no dejaba de luchar y liberarse del agarre de aquellos guardias, entre tanto, las tres vecinas sonrieron complacidas y satisfechas por lo que esos guardarían le harían a Dione; en especial por Mara.

Mara nunca le había agradado a los extranjeros ni mucho menos a los romanos y los griegos, siempre les tenía un fuerte repudio hacia ellos. Y ahora que Dione recibiría su castigo por "robarles" a los nobles, la mujer egipcia estaba más que satisfecha.

Antes de que se llevarán muy lejos a Dione, ella alcanzó a ver a sus vecinas, al verlas con esa sonrisa de malicia y triunfo en sus rostros; la griega no pudo evitar un fuerte repudio, rencor, odio y rabia en su corazón mientras que en la mirada ambarina de la mujer, aun con lágrimas en los ojos, se había fruncido rencorosa y venenosamente.

Los dos guardias habían llevado a la griega a la cárcel en donde ahí comenzaron en azotarla bestial y brutalmente en su desnuda espalda, dejándoles severas marcas de heridas de los azotes en su perfecta piel, que a su vez también se podía ver como la sangre fluía de ellas. Cuando la persona terminó de azotar a Dione, con aquel látigo de cuero, se retiró de aquella celda dejando a una destrozada y corrompida mujer quien no dejaba de llorar a lágrimas de sangre. Todo estaba comprobado, después de unir las piezas de aquel rompecabezas, Dione, se había dado cuenta de que Mara, Kesi y Raziya le habían tendido una trampa de culparla de un crimen que ella nunca osaría en cometer.

Mientras tanto en un lugar oculto, se encontraba Sokaris quien esbozaba una fría y malévola sonrisa mientras que a su alrededor había un sinfín de mariposas blancas, las cuales con su resplandor juntos a los rayos del sol alumbraban el oscuro escondite del villano.

– Rencor, humillación, rabia, venganza. Una combinación perfecta para crear la akumatización perfecta. – dijo el Portador de la Mariposa, quien comenzó a cubrir con su oscuridad una de sus criaturas hasta convertirla en energía negativa y maligna. – Vuela mi pequeña akuma y demoniza ese corazón lleno de maldad y conviértala en mi aliado.

La mariposa salió volando del escondite hasta llegar a la cárcel en donde se encontraba una quebrantada Dione. Aquel akuma se colocó dentro un broche con la forma de una lechuza, quien representaba la aliada de Atenea; la diosa de la sabiduría y de la guerra, en ese breve instante la figura de la mariposa cubrió el rostro enrojecido de la mujer mientras escuchaba la voz de su amo.

– Jawhira, soy Sokaris. Te he dado el poder de los dioses y que cumplas tu venganza de aquellas personas que te hicieron creer una ladrona a cambio consígueme los prodigios de Ladybug y Khepera.

– Como usted lo ordene Sokaris. – anunció Dione esbozando una fría y retorcida sonrisa mientras que una masa de oscuridad la envolvía.

Entre tanto, en el palacio de Tutankamón. Maat y Aten platicaban alegremente con Ajesenamón y Tutankamón, mientras que Basilisa y Chione sólo se limitaban de que se estaban divirtiendo en la plática de la familia real cuando en realidad en sus mentes trataban de idear un plan en cómo llamar la atención del Príncipe de Tebas y separarlo de su mujer. Aunque claro, para la romana ya tenía el plan perfecto de separarlos sólo que ese no era el momento para utilizar el contenido del frasco que siempre cargaba consigo. Justo en ese momento, el grito y el caos llamaron la atención de las invitadas y de las dos familias reales.

– ¿Qué fue ese grito? – exclamó Basilisa.

– No lo sé, Basilisa. – replicó Ajesenamón a la invitada de su padre.

– Príncipes, princesas. – unos guardias entraron al jardín real en donde se encontraban los jóvenes.

– Abur, ¿Qué sucede? – preguntó Tutankamón al principal guardia.

– La ciudad está siendo atacada, debemos llevarlos dentro del palacio ahí mismo estarán seguros. – anunció Abur a los jóvenes.

– Abur, tú y tus hombres escolten a las invitadas del Faraón de las Dos Coronas, a mi hermana, al Príncipe Akhenaten y a su esposa en sus aposentos. Yo buscaré a padre a que me autoricé este batallón. – ordenó y avisó el primogénito de Tutankamón.

– Como usted ordené Príncipe Tutankamón. ¡Ya escucharon al Príncipe escolten al Príncipe Akhenaten junto a su esposa y a las invitadas del Faraón de las Dos Coronas! – vociferó Abur a sus compañeros.

– Príncipe Tutankamón, quiero su autorización en ir en busca de mi padre y procurar por su bienestar. – dijo Aten seriamente a su primo, Tutankamón se limitó en asentir.

– Está bien Príncipe Akhenaten, ve y busca a tu padre y avísale lo que está ocurriendo en la ciudad.

– Espera, Aten. – cuando Maat trato de detener a su marido, éste se giró a verla y a dedicarle una tranquila y serena sonrisa.

– Estaré bien Maat, los dioses están de nuestro lado. Ellos no nos desampararan en estos momentos de lucha, tu seguridad y tu vida son primero mi amada esposa. Por ningún motivo alguno salgas de la habitación. Quiero que estés sana y salva. – dijo Aten con una voz pacifica que hizo sonrojar a la azabache, ella giró avergonzada su rostro hacia otro lado evitando con ver esa mirada esmeralda que tanto la enamoraba y a la vez aquella sonrisa que hacia tranquilizar su corazón.

– Sólo ten cuidado. – dijo ella en un tono apenado.

Aten libero una pequeña risa coqueta, tomó la mano de su esposa y en ella depositó un tierno y cálido beso entre los nudillos.

– Lo haré. Siempre. – juró ante un susurro en el dorso de su mujer, cosa que esto hizo que la rabia y los celos de Chione y Basilisa aumentaran, y, que las miradas picaronas de Tutankamón y Ajesenamón no dejaban de mirar a la tierna pareja. – Cuídenla con su vida. – ordenó el rubio a los guardias.

– Como ordene Príncipe Akhenaten. – dijeron al unísono los hombres.

Los guardias escoltaron a las cuatro muchachas mientras que dos de ellas fulminaron con la mirada a la azabache, mientras tanto los dos primos cada quien tomaron caminos distintos en "busca" de sus padres, aunque en realidad fue para transformarse en los Héroes de Egipto. Una vez que Maat fue dejada en sus aposentos, por alguna extraña, ella junto a Aten y Tutankamón se habían transformado al mismo.

– ¡Tikki/Plagg/Rui, transformación!

Y así los tres jóvenes nobles se transformaron en Ladybug, Khepera y Volpe con el fin de encontrarse con akuma y detenerlo antes de que siga causando daños.

Entre tanto, las calles de Avaris era un completo caos en especial por el mercado de la plaza. Todos los puestos habían sido destruidos y las personas se habían convertido en estatuas de oro puro. Dione, o en este caso Jawhira, llevaba puesto un largo vestido junto a una armadura griega de oro; era casi como la representación de la diosa Atenea, su mirada ambarina ahora era de un tono grisáceo a la vez que en esos ojos sólo habían frialdad y rabia. Su poder provenía a través de sus palmas, aquel poder sólo lo utilizaba para convertir a las personas u objetos en oro.

Alrededor de unos minutos, Ladybug; Khepera y Volpe habían arribado al mismo tiempo en una azotea de una casa, ya abandonada, mientras veían como aquella akumatizada mujer convertía en estatuas de oro a las personas.

– Sokaris. – gruñó con molestia la azabache heroína.

– Esa mujer. Lleva una vestimenta muy extraña. No es egipcia. – dijo Khepera sin dejar de observar a la mujer akumatizada.

– En Avaris hay extranjeros y comerciantes de otras tierras que venden sus productos a los egipcios. Al parecer pienso que esa mujer proviene de Grecia o de Roma. – comentó Volpe con algo de seriedad. – ¿Por qué Sokaris querría poseer a una extranjera?

– ¿Tienes algo en contra de los extranjeros zorro? – preguntó con algo de molestia el héroe gatuno.

– Por supuesto que no gato, sólo se me hace raro de que Sokaris haya poseído a una extranjera. – se defendió el héroe zorruno.

– Ustedes dos dejen de discutir. Extranjero o egipcio eso no importa, es una persona como tú, o Khepera o como yo al igual que los otros, Volpe. Aquí lo importante es purificar al akuma de esa mujer y detener los planes de Sokaris. – habló enseguida Ladybug a sus compañeros llamándoles la atención, mientras que Volpe no pudo evitar sonrojarse por la madurez y sabiduría aquella mujer. – ¿Dónde se encontrará el akuma? – se preguntó asimisma la chica volviendo a observar a Jawhira.

¡Qué mujer! – pensó Volpe. – ¡Esta mujer es maravillosa!

¡Maldito zorro malparido! ¡¿Qué tanto le ve a mi Nebet-i?! – pensó rabioso Khepera mientras estallaba en celos.

– ¡LADYBUG, KHEPERA! – vociferó en ese momento Jawhira, alarmando tanto a los habitantes de Avaris como a los tres héroes que aún seguían ocultos de su presencia. – ¡QUE VENGAN LADYBUG Y KHEPERA Y ME ENTREGUEN SUS PRODIGIOS!

– Se ve que está muy enfadada. – comentó burlonamente el Portador del Zorro.

– No estamos para las bromas Volpe. – replicó la azabache en un tono serio. – Sea lo que le haya ocurrido a esa mujer está ocasionando mucho daño a la gente de Avaris. – la mirada de la heroína se centraba en todas las estatuas de oro de los habitantes mientras que éstas mostraban horror, pánico y terror en sus rostros.

– ¿Cuál es tu plan mi Nebet-i? – preguntó Khepera ocasionando que Volpe le hirviera la sangre de los celos.

– Qué más detener a la víctima del akuma, Khepera. – Ladybug miró a su compañero con una mirada algo coqueta y segura, cosa que esto dejó suspirando a ambos rivales de los Prodigios del Zorro y del Gato. – ¡Andando chicos! – ordenó ella mientras comenzaba a columpiarse con su yo-yo en las casas.

Volpe y Khepera suspiraron enamorados mientras veían a la hermosa joven de vestido rojo de puntos negros persiguiendo sigilosamente a la griega Jawhira. En ese momento, el zorruno héroe se le había adelantado al héroe gatuno en seguir a Ladybug mientras que Khepera comenzaba a maldecir a Volpe cuando escuchó decirle a su amada Nebet-i; "*Yamila*".

– ¡Alto ahí, detén lo que estás haciendo! – ordenó Ladybug quien se encontraba detrás de Jawhira.

– Con qué tú eres la famosa diosa Ladybug. – susurró sin sentimiento alguno la mujer, quien se encontraba acorralando a una mujer egipcia de unos 40's años, la cual ella misma conocía como Mara. –

– ¿Quién eres? – preguntó la heroína.

– Yo soy Jawhira.

– ¡Elegida de Kepri sálvame! – gritó en pánico Mara a la heroína.

– ¿Qué no te han educado a no hablar cuando alguien está conversando víbora arrastrada? – siseó con frialdad Jawhira haciendo estremecer a la mujer de 40 del miedo. – Ahora en que estaba… ah, sí, ya me acordé. Entrégame tus prodigios Ladybug. – ordenó la griega mientras apuntaba con su dedo señalador los aretes.

– ¡Eso nunca! ¡Nunca te daré mis prodigios aunque estuviera muerta! – gritó molesta Ladybug.

– Bien. Te lo pedí por las buenas, pero, si así lo quieres no tengo ningún problema en matar a una asquerosa egipcia como tú. – la mirada gélida y penetrante de la mujer hizo que a la azabache sintiera un tremendo escalofrío que a su vez estremeciera su pobre alma. – Pero antes… debo cumplir primero con mi venganza.

En ese momento, tanto Ladybug como para Volpe y Khepera, quienes habían llegado un poco tarde, presenciaron la más horrida escena que nunca se imaginaron en ver. Jawhira había atravesado el pecho de Mara mientras que la sangre brotaba bruscamente de su pecho y de su boca, que a su vez había dejado escapar un sonoro y estruendoso grito de dolor y pesadillesco. La mirada de la azabache se había dilatado del horror mientras que en su garganta se había formado un nudo impidiéndole gritar. Poco a poco el cuerpo casi inerte de Mara fue transformándose en una estatua más de oro como las muchas otras, sólo que esta vez de una manera bastante diferente.

– ¡ASESINA! – vociferó desgarradoramente Khepera, haciendo que Volpe y su amada esposa volvieran en sí. – ¿POR QUÉ LE HAS MATADO?

– Se lo merecía. Tal como las otras dos. – musitó fríamente Jawhira haciendo estremecer a los tres jóvenes héroes.

– ¿Otras dos? – murmuró Volpe en shock.

– Así es. Es parte de mi venganza. Y ahora que la he cumplido, le cumpliré la otra parte del trato a Sokaris. – añadió la griega. – Se los volveré a decir una vez tranquilamente. Entréguenme sus prodigios Ladybug y Khepera y ya nadie saldrá lastimado.

– No. – gruñó en ese momento el Portador del Zorro interponiéndose entre Ladybug y la villana, quien de hecho ni se musito. – Ellos no te entregarán sus prodigios.

– Bien. Si lo quieren por las malas entonces que se haga.

Las manos de Jawhira comenzaron a brillar y en un rápido movimiento hizo que de estas saliera un oleaje de un mantra dorado con dirección hacia los héroes. Volpe reaccionó rápidamente y cargo entre sus brazos al estilo princesa a Ladybug, entre tanto Khepera esquivo con agilidad y destreza el ataque de la akumatizada debido a que él estaba cegado por los celos su instinto gatuno se activó. El Portador del Zorro aterrizo al techo de una casa cerca donde se encontraba Jawhira y Khepera luchando.

– ¡Khepera! – gritó Ladybug el nombre de su esposo, se giró a ver a su otro compañero y le dijo en un tono serio pero a la vez preocupado. – Debemos ayudarlo ahora Volpe.

– ¿Estás segura Ladybug? – preguntó el héroe zorruno, debido a que él sabía que Ladybug aún se encontraba en un estado de shock por la victima de Jawhira.

– Sí. – afirmó ella.

– Bien. Entonces andando. – dijo él mientras veía en acción a la Portadora de la Mariquita. – Parece que tengo un rival, pero eso no quiere decir que me rendiré ante ti. Elegido de Bastet. – se dijo para asimismo Volpe antes de ir al campo de batalla.

Ladybug y Khepera esquivaban los ataques de Jawhira haciendo que ésta se llenará más de cólera, cada vez que la villana disparaba sus ataques los dos héroes de Egipto se protegían con sus armas transformándolos en un escudo. Pero había algo que la azabache y el rubio nunca supieron, debido a los ataques que recibían por parte de la akumatizada griega ellos iban siendo acorralados hacia una pared de una casona, cuando sus espaldas chocaron con la dura piedra de ese lugar se veían perdidos. Jawhira esbozó una sonrisa fría y llena de maldad pura mientras que en su rostro apareció la insignia de la mariposa de Sokaris.

– Bien Jawhira, ahora que ya tienes acorralados a ese insecto y ese gato escurridizo quítales sus prodigios. – dijo en un satisfecho y triunfante Sokaris.

– Con mucho gusto lo haré. – dijo la villana a su amo.

– Ladybug usa tu Lucky Charm. – dijo Khepera en un tono serio pero seguro. – Mientras tanto… yo distraeré a esa loca desquiciada.

– ¿Qué intentas decir con…? ¡Khepera! – gritó Ladybug a su compañero mientras lo veía abalanzarle hacia la villana, quien también se había abalanzado contra él.

En ese momento, una capa de humo anaranjado había cubierto el lugar donde se encontraban los héroes y la griega akumatizada. Ladybug sintió un fuerte agarré en su cintura para luego ser sacada de la cortina de humo, la chica al estar a la defensiva dio un satinado codazo en el duro abdomen de su captor por parte de él solamente recibió un quejido y a su vez le dijo.

– ¿Es así como agradeces a tu rescatador, Yamila?

– ¡¿Volpe?! – exclamó ella.

– Sorpresa. – dijo él con una sonrisa zorruna mientras dejaba a Ladybug en el suelo. – Tu rescatador ha arribado justo a tiempo, dulce Yamila. – el héroe tomó la mano de la chica mientras le depositaba un beso sobre los nudillos, ella inmediatamente retiró su mano de su agarre mientras lo miraba algo nerviosa.

– Te lo agradezco Volpe (?) – dijo ella mientras forzaba una sonrisa inocente si se podría decir, en ese momento, la azabache se le vino el recuerdo de su compañero y comenzó a alarmarse por su bienestar. – ¡Khepera! ¡¿En dónde está Khepera?! Volpe, ¿Has visto a Khepera?

– No lo he visto. – comentó él.

Alarmada y angustiada, Ladybug se asomó sobre el techo, y para su sorpresa no fue nada grato. Una vez que aquella cortina de humo se había desvanecido por completo, justo enfrente de sus ojos vio a una estatua de oro de su esposo quien estaba en una posición de ataque o de defensa, mientras que Jawhira tenía el ceño fruncido y con una expresión de irritación. Una lágrima traicionera escapó de su ojo izquierdo de la azabache mientras apretaba sus manos llena de cólera y rabia.

– Maldito Sokaris. – masculló rabiosa la Portadora de la Mariquita. – ¡Esto no se acaba así! ¡Lucky Charm!

Lanzó su yo-yo por los cielos y éste se transformó en un…

– ¿Un boomerang? ¿Qué se supone que haga con esto? – se preguntó asimisma la azabache.

Entre tanto, Volpe simplemente se le quedó viendo a la chica y después al objeto que traía en sus manos, y claro, la cerecita sobre el pastel, él se encontraba a un lado de ella que a su vez se había inclinado hacia ella para luego olfatear su aroma sin que ella lo descubriera.

Volpe se perdió en aquel deleite aroma que tenía Ladybug, volvió transpirar cuidadosamente aquella fragancia tan divina que lo hacía sentirse relajado.

Huele bien, mi adorada Yamila. – pensó él.

– pe… Volpe… ¡Volpe! – gritó Ladybug haciendo que el Portador del Zorro volviera en sí, pero no había entrado en pánica ni nada que lo delatará de que estuviera nervioso. – ¿Qué estás haciendo? – preguntó ella con una mirada de desconfianza, cosa que para el zorro le pareció tierna en ella.

– Sólo estaba pensando, Ladybug. – dijo él en un tono seguro de asimismo.

– ¿Y qué es lo que estabas pensando Volpe? – preguntó ella con firmeza, pero sin perder esa desconfianza que le tenía al zorro, una parte de ella tenía ese sexto sentido de alarma que no la dejaba tranquila y la otra parte es que estaba realmente preocupada en como detener a Jawhira y volver a la normalidad a todo aquel que fue víctima del akuma.

En ti. En tu aroma y de cómo conquistar ese corazón tan puro y hermoso que posees, Yamila. – pensó Volpe sin dejar de observar y perderse en aquellos intensos y atrayentes ojos azules de la heroína. – Estaba pensando en cómo detener a Jawhira y a la vez en buscar en donde se oculta el akuma, Ladybug.

– Por Ra, había olvidado esa parte. – masculló la Portadora de la Mariquita. – Sólo he estado pensando en detener a Jawhira y regresar todo a la normalidad que me he olvidado en dónde se oculta el akuma.

– Para eso me tienes a mí, Yamila. – esbozó una zorruna y coqueta sonrisa el Portador del Zorro. – Yo distraeré a la akumatizada y a la vez te diré en dónde se encuentra oculto el akuma.

– Pero… y si ella te convierte en una estatua de oro… como lo hizo con Khepera. – Ladybug miró la estatua de su amado mientras que un dolor punzante en su pecho había atravesado su corazón.

– De eso no te preocupes porque tengo un plan para distraerla. Cuando te dé la señal es ahí cuando atacarás a Jawhira. – avisó Volpe, antes de que el héroe zorruno iba directamente a detener a Jawhira, Ladybug lo detuvo con algo.

– Espera Volpe. ¿Cuál será la señal?

– Te llamaré "Yamila", Ladybug. – contestó él mientras le regalaba a la azabache una sonrisa.

Ladybug se sonrojo un poco de lo apenada que estaba por escuchar aquello de su nuevo compañero de batallas. Dejó a un lado esos pensamientos y sigilosamente siguió a Volpe en busca de Jawhira.

Y hablando de ella, la griega akumatizada seguía en busca de Ladybug mientras que ella aun recordaba el fuerte regaño que le hizo Sokaris cuando ella convirtió a Khepera en estatua con todo y anillo. En ese momento, apareció Volpe justo enfrente de ella, deteniendo así su paso.

– Es hora de que termines con todo esto Jawhira. – gruñó molesto el Héroe de Avaris a la akumatizada. – ¿Qué acaso no ves lo que has estado causando a mi pueblo?

– Ellos nunca me respetaron. Esta maldita ciudad se merece todo el castigo y daño que me han estado causado desde que llegué a este lugar. – la palabras huecas y frías sorprendieron tanto para Ladybug como para Volpe. – Ustedes los egipcios no saben cómo tratar bien a los extranjeros que solamente quieren hacer bien su trabajo, pero no, ustedes maldito se creen tan superiores a todos que hasta se creen los dueños de las vidas de las personas. ¿Y qué recibimos a cambio nosotros los extranjeros? ¿Qué tengo yo a cambio por trabajar tan duro para ganarme el pan a mi mesa? Maltratos, groserías, humillaciones, desprecio, y el peor de todos; la injusticia. Aquellas malditas egipcias que ataque y la última que vieron cuando le perforé el pecho, me hicieron un daño irreparable; no además me acusaron de que yo le robaba la joyería a los ladrones sino que también ellas se rieron y se burlaron de mi cuando supieron de lo que me esperaría en aquella cárcel. Ese daño que me hicieron los malditos guardias acabó con lo último que me quedaba de aquella esperanza de que todo ese crimen fuera sólo un malentendido o mejor aún una estafa, una mentira de tres víboras ponzoñosas que solamente tenían envidia de mi trabajo. ¿Y tú que me tienes decir al respecto Héroe de Avaris? Sí tanto te importa la justicia, entonces, ¿Dónde estuviste cuando me incriminaron de un crimen que ni siquiera cometí?

Un nudo se formó en la garganta de Ladybug, mientras que Volpe se había quedado perplejo y sin habla. Aquella venda de los ojos del zorro se había caído, no todo lo que creía de las personas de Avaris fuera lo que aparentaba en ellas.

– No sé de qué crimen te hayan acusado esas mujeres, Jawhira, pero aun no permitiré de que sigas causando daño a Avaris ni a sus habitantes. – dijo con seriedad Volpe. – ¡Yamila! ¡Ahora!

La mujer miró confundida la escena, justamente cuando ella iba a girar su cabeza algo la había golpeado en ella, haciendo que la griega quedara noqueada e inconsciente. Ladybug había utilizado el boomerang, lanzándolo contra Jawhira y dejándola inconsciente, entre tanto, Volpe se acercó a la mujer y empezó a revisar en donde se encontraba el akuma. Hasta que lo encontró. Estaba en aquel broche de cabello en forma de lechuza. Ladybug se dirigió hasta Volpe quien de inmediato le entregó el objeto a la heroína. Al sentir el cálido y suave contacto de la chica contra su piel, el Portador del Zorro sintió nuevamente aquella descarga eléctrica despertando cada poro de su piel. Vio a Ladybug romper el objeto y de este salió volando la mariposa oscura.

– Ya no harás más daño pequeño akuma. – dijo ella mientras lanzaba su yo-yo para capturar a la criatura. – ¡Es hora de terminar con la maldad! Te tengo, adiós mariposita. ¡Prodigiosa Ladybug!

Lanzó el boomerang al cielo mientras que éste se había esparcido sinfines de mariquitas haciendo que todo volviera a la normalidad, eso también incluía que a las tres víctimas de Jawhira volvieran a la vida y a la normalidad. La akumatizada mujer también regreso a la normalidad, sólo que ella aún estaba inconsciente, Ladybug miró a la griega mujer mientras que sintió un vuelco en su corazón cuando vio aquellas terribles y sangrientas heridas de la espalda de ella.

– ¿Qué hacemos con ella Ladybug? – preguntó Volpe a su compañera.

– Llévala al palacio del Faraón Akenatón. – sugirió ella dejando perplejo al héroe zorruno.

– ¿Al palacio dices? El Señor Faraón no aceptaría esa barbaridad de llevar a una persona desconocida dentro de su casa ni mucho menos si se tratase de una extranjera.

– ¿Disculpa? ¿Y qué me dices de Cornelius y si hija Basilisa? Por lo que he llegado a escuchar ellos son provenientes de Roma. – espetó la Portadora de la Mariquita.

– Lo sé, pero te recuerdo Ladybug que ellos son los invitados del Gran Faraón de las Dos Coronas. – concluyó el zorro.

– Aun así llévala al palacio. Le diré a la Princesa de Menfis sobre el caso de esta mujer, tal vez ella y con la ayuda de la hija-esposa del Faraón Akenatón puedan convencerlo. – Sin darle la oportunidad de hablar a su nuevo compañero de batallas, Ladybug se abalanzó en su yo-yo y desaparecer entre las casas de Avaris.

– Uff, esa mujer es… es… increíble y atrevida, sin olvidar que también es muy atractiva cuando se pone de malas. – suspiró enamorado el Héroe de Avaris, el muchacho miró a la inconsciente mujer y cuidadosamente la tomó entre sus brazos, y la miró con lastima. – Lamento el daño que mi pueblo te hayan hecho, juro que haré justicia hacia las personas que te incriminaron injustamente.

Con eso último se fue directamente hacia el palacio. Maat había llegado justo a tiempo a su habitación antes de que su transformación desapareciera. Tikki voló hacia una mesa donde ahí se encontraba el frutero, la pequeña mariquita comenzó a comer una uva mientras que su portadora caminaba de un lado a otro como si fuera una leona en su jaula.

– Maat, tranquilízate, Aten estará bien. – trató de ayudarla en calmarse pero Maat estaba muerta de los nervios.

– No puedo Tikki, yo sé que el poder de mi Lucky Charm puede revertir los daños que hace Sokaris a través de sus akumas… pero… es mi esposo y a la vez mi compañero de batallas. ¿Qué pensará Aten-Khepera cuando descubra que no estuve ahí para cuando todo volviera a la normalidad? – la pobre Portadora de la Mariquita estaba muerta de los nervios y de la angustia mientras que un molesto malestar comenzaba a sentir en la boca de su estómago.

– El estará bien Maat, tranquila. Después de todo, él es Khepera y yo sé que Plagg no dejara que nada malo le ocurra a su portador.

– Tikki… – justo cuando la princesa iba a hablar unos golpes en su puerta la interrumpieron. – Tikki ocúltate.

La kwami voló y se ocultó tras las almohadas de la cama.

– Adelante. – dijo la azabache mientras veía la puerta abrirse y dejando ver a una sirvienta.

– Jumoke, el Gran Faraón de las Dos Coronas le ha mandado a llamar, la solicitan en el Salón de Tronos inmediatamente. – la voz de la sirvienta se escuchaba preocupada y a la vez ansiosa.

– Enseguida voy. Puedes retirarte. – ordenó educadamente la azabache mientras veía a la sirvienta irse de ahí.

– ¿Qué es lo que me espera en el Salón de Tronos? – se preguntó para asimisma.

– ¿Y por qué no vas y descubres por ti misma Maat? – dijo Tikki quien se encontraba a un lado de su Portadora.

– Tienes razón. Andando Tikki.

Dicho y hecho, la Portadora de la Mariquita junto a su kwami se dirigieron al salón de tronos, claro que también la acompañaban los guardias debido a su seguridad. Cuando ella llegó al Salón de Tronos, para su sorpresa encontró a su amado esposo sano y salvo, y por supuesto también en su transformación como Khepera. Pero él no era el único quien se encontraba ahí, también estaba Volpe acompañándolo mientras traía en brazos a la griega Dione aun inconsciente y débil. Khepera al ver a su mujer sana y salva sintió un gran alivio en su ser, cuando fue convertido en aquella estatua de oro lo único que él pensó antes de perder el conocimiento fue a su amada esposa.

Me alegro de que estés bien. – pensaron ambos al unísono mientras suspiraban aliviados. – Hora de actuar.

– ¿A qué solicitó mi presencia Señor Faraón? – preguntó sin rodeos Maat mientras observaba a Akenatón sentado en su trono junto a su hija-esposa Ajesenamón y su primo Garai.

– A que usted, Jumoke, me diga el significado de esto. – señaló el hombre con su cetro, en forma de cañado, a los dos jóvenes héroes del gato y del zorro junto a la mujer griega. – Qué insolencia traer aquí en el palacio a una mujer, que además no ser egipcia, es también una ladrona.

Maat frunció el ceño al igual que Volpe y Khepera, quien por supuesto su nuevo compañero-rival le había contado la historia de la mujer y de su venganza.

– Con todo el respeto Señor Faraón, no entiendo a lo que usted se está refiriendo. Si usted tratará de explicarse mejor lo entendería perfectamente a lo que se está refiriendo. – Akenatón no pudo perderse en aquella mirada azulada de la princesa, que en ese momento ella reflejaba una llama de sabiduría y justicia, a la vez de una madurez absoluta que ni siquiera una mujer podría poseer.

El hombre sintió su garganta seca mientras pasaba su lengua en sus labios, no importaba cuantas veces pasaba saliva para aclarar su garganta siempre la tenía seca. Su pecho comenzaba a arderle mientras que su mirada castaña se había centrado en aquellos labios gruesos y carnosos de la joven.

Ese minuto de silencio había incomodado a toda la familia real, al igual que los sirvientes, escribas y guardias en el lugar. Pero luego ese silencio se rompió cuando la voz del Faraón Akenatón comenzó a hablar.

– Bien. Si quieres saber los hechos, no me molestaría en decírtelos, Jumoke. – Maat respiró profundamente, aunque ella sabía la historia de aquella mujer tenía que disimular que no sabía lo que estaba pasando. – A esta mujer de origen griego se le acusa por robar joyería a los nobles. – concretó Akenatón.

– ¿Y quiénes son los testigos de acusar a esta mujer de ladrona Faraón Akenatón? – todos se quedaron en silencio por el atrevimiento de la azabache al cuestionar al Gran Faraón de las Dos Coronas.

– ¡Guardias! – gritó el hombre a los hombres quienes habían encarcelado y culpado a Dione.

– ¿Qué se le ofrece al Gran Faraón de las Dos Coronas? – preguntó el principal soldado a su gobernador.

– Respondan la pregunta de Jumoke.

– Yo nunca me he dirigido a los guardias sino a usted mismo Faraón Akenatón. Así que exijo saber a través de sus palabras la respuesta de mi pregunta. – exigió y a la vez ordenó con rebeldía y sin temor la Portadora de la Mariquita al Faraón, sorprendiendo y a la vez excitando al hombre por el coraje y valentía de aquella chica.

– ¡¿Cómo osas en dirigirte de esa manera al Gran Faraón de las Dos Coronas?! – vociferó uno de los guardias a la Princesa de Menfis, haciendo que no además esto molestará a Khepera y a Garai sino que también a Akenatón.

– ¡¿Y usted como se atreve en alzarle la voz a la Princesa de Menfis y sobre todo más a la esposa del Ata Akhenaten-Harsafes?! – gritó con coraje y repudio el héroe y a su vez el esposo de Maat al guardia, haciendo que la sangre del Portador de la Mariposa le hirviera de los celos.

– ¡SILENCIO! – la voz de Akenatón retumbó en toda la habitación como si de un trueno se tratase, intimidando así a los guardias y al personal, eso también incluyendo a su hija-esposa Ajesenamón. – ¡Si vuelven a tener la osadía de interrumpir más esta conversación haré que sus cabezas rueden ante los ojos de Avaris!

Un miedo se apodero en el alma de Maat, que hasta la pobre sintió temblar todo su cuerpo por la amenaza del Faraón. La princesa le preocupaba por el bienestar de todas esas personas que estaba viendo en esos momentos, pero, su esposo era ahora más importante para su vida. No quería ni imaginarse eso atroz y sangriento castigo hacia amado.

– Como usted ordene, Señor Faraón. – dijeron al unísono todos los presentes.

– Sus vecinas. – aclaró Akenatón mientras volvía a ver a Maat.

– ¿Cómo? – preguntó ella desubicada.

– Fueron las vecinas de esta mujer quienes la acusaron de ladrona. – dijo el Faraón.

– Entiendo. – afirmó la azabache.

– Y ahora volviendo al principio de todo esto. Quisiera saber, ¿Por qué esta mujer está aquí dentro mi palacio, Jumoke? – preguntó el hombre en un tono profundo y sedoso, cosa que había dejado perplejos a todos, pero más sobre todo a Khepera.

– Ladybug. – respondió Maat, dejando sorprendido a Akenatón. – Ella me dijo que cuidara de esta mujer hasta que ella recobrara el conocimiento.

– ¿Y qué le hace pensar la Elegida de Kepri de que esta extranjera se quede aquí en el palacio? – Maat frunció el ceño molesta mientras que ella comenzó a revelarse ante el Faraón sin importar lo que le esperaba a ella.

– Le recuerdo Faraón que aquí en su casa también hay dos extranjeros, que por cierto son romanos, pero aun así usted les abrió las puertas de su casa y de Avaris.

– Tiene razón, pero hay una diferencia entre mis invitados y esa mujer. – aclaró Akenatón.

– ¿Y cuál es esa diferencia se puede saber?

– Que Cornelius y su hija Basilisa son nobles, y esa mujer que trae consigo el Héroe de Avaris no es más que una simple plebeya. – señaló nuevamente con su cetro a Volpe pero sobre todo a la mujer.

– Pero aun así, no estoy de acuerdo con lo que usted piensa Faraón. – espetó Maat mientras se dirigía hacia donde se encontraba el trono de Akenatón para hablarle frente a frente y con la cabeza en alto. – ¡Egipcia, romana, babilonia, griega, plebeya, noble, sacerdotisa o ladrona; esa mujer que ahora ve usted ahí, en los brazos del Héroe de Avaris: Volpe, es una persona! ¡Un ser viviente como muchos de nosotros también lo somos! ¡Y si usted, Faraón, le molesta tanto en tener a una mujer griega dentro de su casa, entonces, no tendré ningún problema con hablar con mi marido y decirle en este preciso momento en partir a Tebas, y ahí, cuidar bien de la mujer a quien Ladybug rescató de la oscuridad de Sokaris, y que a su vez ella me confió en cuidarla y protegerla hasta que se solucionará su crimen! ¡Qué por cierto fue un crimen por el cual sus vecinas la culparon! No sé mucho de la vida de esta mujer, pero tenga por seguro Faraón que una vez esa mujer recupere el conocimiento y sus fuerzas yo escucharé su versión de los hechos.

Un rotundo silencio reino en aquel lugar, nadie, ni siquiera el mismo Akenatón, se limitaron a decir palabra alguna. Aquellas palabras fluyentes de la boca de Maat había dejado a todos mudos y con boquiabiertos. Volpe, Khepera y Ajesenamón miraron con orgullo y devoción a la valiente princesa; entre tanto, Garai y su primo Akenatón estaban profundamente perplejos por el carácter de aquella mujer, sobre todo por Portador de la Mariposa. El hombre no dejaba de contemplar a la hermosa azabache quien ahora ella se encontraba roja del coraje y recuperando aquel aliento que había perdido debido a la calorienta conversación que tuvo con ese hombre. Una llama se encendió en el ser de Akenatón, mientras que unas ansias por besarla ahí mismo comenzaron a acecharlo, pero el hombre tuvo que mantener su cordura en alto para evitar una escena con hija-esposa o sobre todo con su primo; quien a su parecer ya comenzaba a sospechar de él desde que lo vio actuar extraño aquella noche de la cena.

Esa mujer tiene muchas agallas para enfrentarse ante mí. No cabe duda alguna, se parece tanto a Nefertiti. – pensó el Faraón, sin quitar su vista de encima a Maat. – Parece estar muy decidida en sus palabras… no lo permitiré… no permitiré que ella se aleje de mí. Mataría todo aquel quien ose llevársela de mi lado. Sí es lo que Jumoke desea. Adelante. La griega puede quedarse en el palacio bajo tu custodia. – aclaró al fin el Faraón. – Y así para que permanezcas a mi lado, Maat.

– Usted no se merece mi agradecimiento, Faraón. – todos jadearon de la sorpresa ante la barbaridad que dijo Maat, pero antes de que las personas comenzaran a hablar mal de ella, la princesa habló enseguida. – Pero aun así, optaré con decírselo aunque para mí eso no me plazca. – aquello ultimo lo pensó, la princesa reverenció levemente su cabeza y con una palabras forzadas y huecas dijo. – Gracias.

Sin decir nada más, ella se retiró sin molestarse con pedirle permiso al Faraón de retirarse a sus aposentos. Volpe y Khepera la siguieron ignorando las miradas de los curiosos cuando pasaban por los pasillos del palacio, el zorro se sintió inferior hacia el gato cuando vio a todos los sirvientes y guardias reverenciando y nombrando su nombre y título; "Khepera", "Elegido de Khepera". Para el Portador del Zorro se suponía que él debía ser superior y mayor que su rival, después de todo él era no además el Príncipe de Avaris sino que también el Héroe del lugar. Pero eso ya no le importaba, ahora lo único que le quedaba era ganarse el corazón de la heroína: Ladybug. Y no importaba en cómo, cuándo o por cuánto le costaría por ganárselo, estaba completamente seguro de que ella seria suya y ella de él.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

Esa noche, cuando toda Avaris se encontraba dormida, tres figuras que se encontraban saltando de tejado en tejado de las casas comenzaron a hacer su guardia nocturna. Después de unos minutos de recorrido, los tres héroes de Egipto descansaron en el templo de Isis, mientras contemplaban la tranquila fresca noche del desierto y de la ciudad.

– Hoy hicieron un buen trabajo chicos los felicito. – felicitó Ladybug a sus dos compañeros.

– Le agradezco mucho por esa felicitación, Yamila. – dijo agradecido Volpe.

Khepera se quedó en silencio mientras que su vista se perdía en la nada, esto le preocupó mucho a su esposa, la azabache jamás había visto a su marido tan serio y callado.

– Khepera. ¿Te pasa algo? – preguntó ella preocupada.

– No puedo decir lo mismo de mí, Nebet-i. – respondió él en un tono hueco, esto hizo que Ladybug le preocupará aún más por el comportamiento de su marido. – Yo no hice absolutamente nada el día de hoy. Así que… no puedo recibir sus felicitaciones por algo que no hice.

– Eso quiere decir que todo el crédito me lo llevaré esta noche. – comentó Volpe divertidamente.

– ¡Volpe! – un regañó recibió él por parte de la Portadora de la Mariquita, mientras que el héroe felino sólo se limitó en emitir un siseó de gato.

– Era broma, era broma. – rió divertido el Portador del Zorro.

– Pues a mí no me pareció nada gracioso Volpe. Ahora los tres somos un equipo y debemos estar unidos en esto, ¿Está claro? – ambos chicos se sorprendieron ante las palabras de la azabache mientras que las mejillas de ellos comenzaron a notarse un tenue rubor. – Respeto. Eso es lo que quiero en este equipo: respeto.

– Todo lo que usted desee, Yamila, son órdenes para mí. – comento, o más bien coqueteó, Volpe mientras tomaba una de las manos de la heroína mientras le besaba tiernamente sus nudillos.

– ¡Oye aquí el único quien puede besar la mano de mi Nebet-i, soy yo! – siseó como el gato que era Khepera.

– Pues a mi parecer ya no lo es, ahora tienes que ser también compartido gato. – comentó burlonamente Volpe mientras esbozaba una zorruna sonrisa. – Es más, a Ladybug no le molesta. ¿No es así Yamila? ¿No te molesta que ese gato o yo te besemos la mano? Después de todo es como un gesto de agradecimiento o un pequeño saludo. – dijo de manera coqueta el héroe haciendo que el felino echará humos de coraje y molestia por las orejas mientras que Ladybug en verdad trataba de quitar su mano del agarre del zorro, pero al parecer este siempre se lo impedía.

–Vaya que eres demasiado chistosito, ahora si no te molesta, ¿Podrías darme mi mano? – la Portadora de la Mariquita ya estaba al borde del coraje por intentar separarse de Volpe, es más, hasta tenía unas ganas de darle una tremenda tunda en la cabeza con su yo-yo por hacerse el chistosito.

¡Estaba casada por el amor del cielo!

– Como usted lo desee, mi dulce Yamila. – susurró en el dorso de la mano de la azabache para después depositarle un beso en ella.

En ese momento, la buena suerte de Khepera y de Ladybug estaba con ellos ya que los prodigios de los tres portadores empezaron a sonar. Los tres se despidieron y tomaron caminos distintos. Maat fue la primera en llegar a la habitación haciendo que su transformación se deshiciera y suspirará aliviada y relajada después de un largo periodo de trabajo, ella se lanzó a su cama quedando profundamente dormida.

Aten llegó después, al tocar el suelo del balcón deshizo su transformación para luego entrar a la habitación, al ver a su esposa plácidamente dormida todo ese enojo y molestia que le había causado el zorro desapareció por completo. El joven príncipe no pudo evitar sonreír tiernamente a la hermosa imagen de su mujer dormida, se recostó en la cama, abrazó y besó a su esposa, y se dejó vencer por el sueño sin quitar aquella sonrisa de su rostro.

Tutankamón había sido el último en llegar, una vez que estuvo en su habitación se lanzó contra su cama y ahí mismo se deshizo de su transformación, mientras suspiraba enamoradamente el nombre de la mariquita.

FLASHBACK

– Ladybug. Mi encantadora, astuta y dulce Yamila. – suspiró otra vez Tutankamón.

– Parece que te han flechado principito. – dijo burlonamente Rui a su portador.

– Y lo estoy Rui. Hut-Hor me ha bendecido en el amor. – dijo soñadoramente el príncipe. – Debo ir a su templo y a rezarle para que este amor me sea correspondido por Ladybug.

– ¿Vas a transformarte o te iras como el príncipe que eres? – preguntó el kwami anaranjado.

– Transformado. – sonrió ampliamente Tutankamón. – ¡Rui transfórmame! – ordenó el príncipe mientras el collar en forma de cola absorbió el pequeño zorrito.

Una vez transformado en Volpe, Tutankamón, salió de su habitación rumbo al templo de la diosa Hut-Hor.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

Mientras tanto, en uno de los balcones del palacio, Akenatón espiaba a la Princesa de Menfis tomándose un fresco baño. Su mirada no dejaba de recorrer ese juvenil y fresco cuerpo de la joven mientras que el agua recorría sus senos haciendo erectos sus pezones, su plano abdomen, todo su cuerpo era cubierto por aquella fina capa de agua que tanto envidiaba el Faraón. Ansiaba con tanto deseo y locura en recorrer sus manos en ese virgen cuerpo, según lo que las sirvientes le comentaron es que en las sábanas no habían encontrado ningún indicio de sangre sobre ellas, eso quería decir que aun la princesa era "virgen". Cuando Maat salió del lago ahí pudo presencia la hermosa maravilla de aquella chica, su "virgen e intacto" capullo. Akenatón relamió sus labios con tentación, mientras se imaginaba a él mismo recorrer su lengua sobre aquellos vírgenes pliegues de Maat y ofrecerle a ella los placeres de la carne y de la pasión carnal.

"Convertirla en mujer".

Una voz invisible resonó en la cabeza de Akenatón mientras que una sonrisa de locura y perversión decoró sus labios.

– Convertirla en mujer. En mi mujer. – susurró para él mismo. – Su cuerpo, su alma, su inocencia, su virginidad… todo de ella debe ser mío. Sólo mío. Mío y de nadie más. – la mirada castaña del Faraón se oscureció ante la locura y lujuria mientras soltaba una fría y socarrona carcajada de un enfermo que ya estaba perdido en la total oscuridad de la locura.


Y aquí mis queridos lectores hemos dado fin al capítulo.

Espero que les haya gustado.

Sí ya comenzaron a odiar a Tutankamón pero sobre todo a Akenatón, no me los maten ni me los torturen pues a ellos aun los necesito para este fic.

Híjole, ahora sí, los problemas amorosos nunca se acaban. Ya tenemos una geometría amorosa en este fic. Espero no llevarme una sorpresa con los shippeos de este fic.

No olviden comentar o criticar, votar, y agregar a sus favoritos este fic. Y por supuesto, también seguirme.

Ya falta muy poco para que llegue el final de este fic, sólo para recordarle que dentro de muy poco habrán muchas sorpresas en los próximos capítulos. Y no, no diré ningún spoiler, sorry.

Que tengan un lindo día, tarde o noche.

Atte. Queen-Werempire.


*Yamila*: significa "Belleza"


tsubasa23: Bienvenida al CLUB PLAKKI. Y bueno con respecto a la pareja Nathloe, ellos no aparecerán en la historia. Lamento en decepcionarte, pero si quieres puedo hacer un pequeño homenaje a esos dos cuando termine este fic.

Forever MH NK: Lo hecho, hecho está. He aquí el capítulo que has estado esperando. Jajaja, sí verdad, ese Plagg es todo un loquillo por eso amo ese felino.

white eagle: Te agradezco mucho por la decisión que me estas dejando tomar para el siguiente CATACLISMO, Maat ya sabe la identidad de Aten sólo que él aun no lo sabe. Te doy parte de la razón en ese punto de tu vista: y sí Maat iba a renunciar al amor que siente por Khepera para estar al lado de su marido, aunque al principio le doliese en perder ese amor hacia el héroe ella estaría dispuesta a todo con tal de ver feliz a Aten. Aunque déjame decirte que en la parte en donde Maat descubre la identidad de su esposo, Aten no se des-transformó a propósito delante de ella, es más, el ni siquiera sabía que Maat lo estaba mirando todo ese tiempo cuando quito su transformación. Como he mencionado antes, no me gusta hacer spoilers sobre mis historias... pero... por esta vez haré una pequeña excepción, ya he escrito una parte de la historia en donde el sujeto "A" se le suelta un poco la lengua frente al sujeto "B", no diré quién es los sujetos "A y B". Como dije anteriormente, aun no tengo por concluido en como será el CATACLISMO del LADYNOIR o del MARICHAT (EGIPCIO) pero lo que sí te puedo asegurar es que será diferente al CATACLISMO que escribe con el ADRINETTE (EGIPCIO). Bienvenida al CLUB PLAKKI.

Usma: Vaya mil respetos para ti, ya me tardo casi como 2 días y medio en terminar un fic... bueno eso depende de los capítulos que contenga la historia... y muchas gracias por el comentario. No sabes el gusto que me da al mencionar que te haya gustado mi fic. Espero que te haya gustado el capítulo de hoy.