¡Holaaaaa mis chiquis!

Lo sé, lo siento muchooo, pero últimamente no tengo tiempo ni para respirar y se me hace muy complicado traducir durante mucho rato seguido, espero que a partir de enero que es cuando hago los exámenes tenga un poco más de tiempo y volver a andar por aquí tan asiduamente como antes... T-T Me siento fatal, pero no puedo hacer más.

Hoy vengo con un capítulo de cada historia, para compensar un poquito (además este capítulo tiene muy poco jugo, pero se acerca lo que todas hemos estado deseando y esperando).

Os dejo este capítulo y dentro de una horas subiré el de Lady, en esa historia si os contestaré a los reviews, ahora tengo que ir a comer que son las 3 de la tarde y todavía no he ingerido nada xD

Os adoro, que lo sepáis y os echo de menoooos! ^^

Nos vemos en un ratejo ;)

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a waterflower20 (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de waterflower20 -.


Capítulo 20

- Pensaba que habías renunciado al caso de "La Serpiente". – comentó Ron distraídamente, frotando el vientre de Crookshanks mientras el gato mitad Kneazle dormitaba a su lado en el sofá de dos plazas de Hermione.

- Lo he hecho. – comenzó la castaña con aire ausente y, entonces, lo hizo callar. Estaban en un momento muy crítico del juego y necesitaba concentrarse.

Demonios, estaba jodida. El siguiente movimiento era de su compañero. No había nada que hacer al respecto. Había jugado un mal movimiento de apertura inicial, claramente.

Con el ceño fruncido fijo en el tablero de ajedrez, Hermione maldijo interiormente el momento de haber aceptado una partida de ajedrez contra su ex. ¿En que había estado pensando? En casi veinte años de amistad, no lo había ganado ni una sola vez. ¡Ni una! Sin embargo, allí estaba de nuevo, atrapada jugando contra él por esa familiar y nefasta esperanza de que tal vez (¡Oh, por favor! ¡Oh, Merlín, por favor!), esta vez, ganaría ella.

Por Godric, era masoquista, ¿verdad?

- ¿Preparada para admitir la derrota? – le preguntó Ron con una sonrisa arrogante, que le dieron ganas de golpearlo.

Hermione frunció el ceño, cruzando los brazos con petulancia.

- ¡Bien, pero aun así puedo patearte el culo al Trivial Pursuit en cualquier momento!

- Podrías. – admitió, entre risas. Juntos, recogieron las piezas del juego de cristal y las guardaron de nuevo en la antigua caja de madera curvada. Todo el juego se lo había regalado para su vigésimo primer cumpleaños, cuando todavía estaban saliendo. Sintió una gran calidez en el corazón al saber lo bien que lo cuidaba.

Cuando terminaron, Hermione volvió al papel de anfitriona otra vez.

- ¿Quieres algo de comer?

- ¿Realmente cocinas ahora? – Ron sonaba perfectamente calmado, pero sus ojos furtivamente buscaban un espacio por el que escapar, con una gota de sudor escurriéndose hacia su labio superior.

La castaña sonrió dulcemente, mientras que interiormente, le estaba lanzando afiladas estrellas ninja a la cabeza. Ese había sido uno de los puntos de disputa en su relación; que no había sido capaz de cocinar más allá de una bolsa de comida precocinada. Para alguien que le gustaba comer tanto como a Ron y dada la increíble afición de su madre por el arte de la preparación de alimentos, su incapacidad para hervir agua sin salir ardiendo había sido uno de esas espinas no expresadas entre ellos.

- Oh, sí. – Hermione batió sus pestañas con fingida solemnidad – He hecho la receta del pastel de carne que tu madre intentó enseñarme el año pasado. Creo que finalmente lo he conseguido. Por supuesto, ha quedado un poco crujiente, pero no puedes tenerlo todo, ¿verdad?

- E-estoy seguro qu-que te ha quedado gen-genial. – balbuceó Ron, mirando desesperadamente a su alrededor buscando una excusa con la que escapar.

- ¡Oh, no puedo esperar a que me des tu opinión! – exclamó, escondiendo una sonrisa al ver el rostro de Ron repentinamente pálido. Sin lugar a dudas, estaba recordando una vez que ella había intentado hacerle el pastel de carne con guisantes. O tal vez cuando había intentado hacer la "fácil" receta de Yorkshire de pescado a la cerveza. Por supuesto, podría incluso ser la vez que había intentado hacer una cena especial que implicaba un vindaloo de pollo y una salsa de yogur de pepino.

Ron había salido como un proyectil a vomitar después de haber devorado cada bocado de esas comidas sin quejarse.

Buenos tiempos.


Ron sintió un sudor frío apoderarse de él y su vientre se estrechó.

Por Merlín, ¡tenía que salir rápido de allí! ¡Si sólo tuviera una excusa!

- Sí, eso estaría genial, Mione, pero… eh… bueno… – sus ojos se concentraron en el reloj situado en la pared de detrás de su ex y un tangible alivio se apoderó de él. ¡Oh, gracias a los Fundadores! – ¡Merlín, mira la hora! ¡¿Tan tarde es ya?! – se puso en pie, haciendo como si fuera a contrarreloj y adoptó una sonrisa de disculpa en su rostro - ¡Lo siento, pero no puedo quedarme! Tengo planes con… con… ¡Harry! Sí, Harry.

Se felicitó por haberse sacado esa mentira de la manga. Con la incómoda situación entre Hermione y su amigo en esos momentos, ella no lo pediría a Ron que invitara a Harry allí. Era la excusa perfecta para largarse mientras tuviera la oportunidad. Y tenía toda la intención de tomarla, no quería experimentar otro ataque de vómitos, gracias.

La última vez que Hermione había intentado cocinar, él y Harry – sus conejillos de indias – habían terminado en San Mungo por una grave intoxicación de comida. A ambos les habían tenido que bombear el estómago con magia. De hecho, a menudo bromeaban a espaldas de Mione que habría sido más fácil para todos si simplemente le hubieran dado a Voldemort a probar algunos de sus platos. Habrían garantizado su muerte… y sus Horrocruxes no hubieran podido salvarlo, porque si había algo más formidable que la varita de Hermione, era su forma de cocinar.

Eso no quería decir que no quisiera a esa bruja. ¡Merlín, realmente lo hacía! A veces, incluso se imaginaba lo que podría ser el volver a estar juntos, porque la echaba de menos como a su novia (especialmente la manera que usaba al hacer esos pequeños y tiernos gemidos ronroneando en la parte posterior de su garganta cuando se enterraba profundamente en ella). Hermione había sido su primera amante y él había sido el suyo, habían estado enamorados y eso no se iba a olvidar. De hecho, probablemente sería justo afirmar que Hermione Granger estaría metida en su sistema hasta el día que muriera y Ron siempre se preguntaba "¿y sí…?" cuando se trataba de ellos. Y en su cabeza, siempre tendrían diecinueve años. Sin embargo, realmente no estaban hechos el uno para el otro a un largo plazo y ambos lo sabían.

La cocina afirmaba ese hecho. Necesitaba una mujer que fuera tan apasionada de la comida como él lo era…

… y una que quisiera sexo pervertido.

Hermione siempre había tenido un comportamiento estándar en sus actividades de dormitorio; quizás debido a la inexperiencia o a la falta de confianza en sí misma, no estaba seguro. Cualquiera que hubiera sido el obstáculo, nunca se había sentido cómodo discutiendo el tema o presionándola para que hiciera algo que no quería después de una vez que le había propuesto tener relaciones sexuales en el jardín de sus padres, detrás del cobertizo en el huerto de su padre. Eso había sido lo más caliente que habían hecho juntos, pero Hermione después había estado tan avergonzada que le había hecho la ley del silencio durante varios días; y sin sexo también. Nunca más había vuelto a cometer ese error.

Todo eso era agua pasada y habían mantenido una estrecha amistad, que era más de lo que podía haber esperado. Su ex era una mujer asombrosa y hubiera sentido un agujero en su corazón en forma de Hermione si las cosas se hubieran agriado entre ellos a raíz de la ruptura. Mientras se ponía en pie, se dio por satisfecho con el lugar donde se encontraban.

Sin embargo, no estaba cómodo con quedarse allí en ese mismo momento.

Era el momento de hacer una limpia huida.


- Sí, tengo que reunirme con Harry. – reiteró Ron, agarrando su túnica del gancho de la puerta y adelantándose para recoger su juego de ajedrez y colocárselo bajo el brazo – Vamos a cenar en el pub.

- Ajá. Bueno, es curioso que digas eso, – dijo Hermione arrastrando las palabras, haciendo su mayor esfuerzo por no reírse a carcajadas al ver su expresión de pánico – porque antes de salir del Ministerio, pasé por la oficina de Harry. Me dijo que tenía una reunión con su homólogo francés, esta noche; en Paris. No volverá hasta mañana.

La cara pecosa de Ron se tornó cenicienta.

- O-oh. – dijo y empezó a hiperventilar.

Normalmente, lo habría dejado marchar, pero esta vez no le iba a dejar librarse. Había descubierto, que en algún momento había alentado a que Harry hiciera algún movimiento hacia ella durante ese año, por lo que se merecía algo de venganza por meter la nariz donde no le incumbía. Sinceramente, podría haber hecho algo mejor que jugar a ser la casamentera.

- Debes haberte confundido de día. – dijo Hermione.

- Sí, debe ser eso. – Ron capituló, con los hombros caídos. Tragó saliva con tanta fuerza que su garganta convulsionó. Entonces, comenzó a reírse nerviosamente y sus oídos se pusieron color remolacha – Fallo mío.

- No hay problema. – Hermione le palmeó la espalda con una sonrisa diabólica – ¡Y estoy segura que después de probar mi pastel de carne, no tendrás de qué preocuparte!

En el camino hacia la cocina, casi se largó a reír y poniendo toda atención, le oyó murmurar para sí mismo:

- Sí, claro, Mione. Los muertos rara vez se preocupan por nada.


- He escuchado que le jugaste una mala pasada a Ron ayer.

Hermione detuvo momentáneamente lo que estaba escribiendo y lentamente levantó la cabeza para observar a su visitante. Había reconocido la voz, pero quería asegurarse de no estar alucinando.

No estaba alucinando. Ginny Weasley, lucia tímida y avergonzada, parada en el umbral de su puerta, mientras sus manos jugueteaban con la punta de su chaleco. Debajo de este, Hermione podía observar que todavía llevaba el uniforme del entrenamiento de Quidditch. Su amiga acababa de llegar del terreno de juego.

Colocando cuidadosamente su pluma en el tintero, hizo a un lado el pergamino en el que había estado trabajando y se recostó en su asiento, dedicándole a su amiga toda su atención. Ginny se removió bajo su penetrante mirada y hacía todo lo posible por evitar mirar directamente a sus ojos.

Decidiendo sacar a su amiga de su miseria, Hermione le hizo un gesto a uno de las sillas de visitas.

- Tu estúpido hermano se lo merecía. – respondió, recordando la expresión de Ron cuando había sacado de la cocina el plato cubierto. Parecía haber estado preparado para saltar por una ventana. Todavía le costaba no reírse recordando el absoluto alivio que se había apoderado de él cuando le había acariciado la cabeza revelándole que su madre se había dejado caer por allí el día anterior trayendo el pastel de carne con ella.

Cocinar simplemente no era el fuerte de Hermione, como todo el mundo sabía.

- Estoy segura que sí. – murmuró su mejor amiga, sentándose con cautela en uno de los asientos vacíos – Siempre está bromeando sobre tu falta de habilidad en la cocina.

Hoy era el último día oficial de Hermione como miembro del departamento de Aurores y su oficina estaba estéril casi en su totalidad. Sus libros y artículos personales ya estaban en su nueva oficina del Departamento de Ley Mágica en el ala administrativa. Sólo una pluma y un tintero de repuesto permanecían en su escritorio, junto con unas cuentas hojas limpias de pergamino, en caso de que fuera necesario que terminara alguna carta o nota interdepartamental.

Hermione se quedó en silencio, contentándose con dejar que Ginny estableciera el tono de la conversación. Ella ya había dicho lo que tenía que decir hacia tres días en la Divine Cuisine. Si Ginny estaba allí para hablar – el hecho de que hubiera venido directamente desde el entrenamiento de Quidditch sin cambiarse implicaba eso – entonces la escucharía.

En el pasado, Hermione hubiera sido la primera en pedir disculpas por cualquier malentendido o disputa, su innata necesidad de mantener la paz entre sus amigos y el temor de perderlos y terminar sola la instaban a tomar el primer paso hacia la reconciliación, incluso cuando el desacuerdo no había sido culpa suya ni por su iniciativa. Ahora, un poco más mayor y más sabia, estaba empezando a comprender que hacer algo así toda su vida la había dejado en una decidida desventaja social, ya que todo el mundo esperaba que ella simplemente concediera el primer paso para suavizar las cosas. Como resultado, la hacía de menos en la dinámica de poder en sus relaciones. Recientemente había decidido que empezaría a exigir a sus amigos que se levantaran y reconocieran sus errores y que iniciaran las disculpas correspondientes cuando debían. Si lo hacía les obligaría a respetarla y a reconocer que ella no era un felpudo al cual pisar en todo momento. La amistad era un camino de dos direcciones y era hora de que lo demostraran.

Ginny pareció sentir el cambio de actitud de Hermione, comprendiendo lo que se requería de ella si deseaba continuar con esa amistad. Su inquietud empeoró, mientras luchaba con su propia naturaleza terca y aprendió como apartar su orgullo a un lado.

Tardó dos minutos y quince segundos en madurar y afrontar las consecuencias.

- Lo siento.

- ¿Por qué parte? – preguntó Hermione, con la necesidad de hacerle entender el punto a Ginny para que no volviera a pasar ese tipo de estupideces - ¿Por ignorarme o por creerte esas historias sensacionalistas del Profeta? ¿O te estás disculpando por acusarme de traicionarte con la intención de herirte, a pesar de que me conoces mejor que eso?

Ginny se estremeció al escuchar cada palabra, apretando el agarre en su mochila hasta dejar los nudillos blancos.

- Yo… por todo. Lo siento por todo. – susurró, con los ojos llorosos cuando finalmente alzó la mirada – Lo siento por ser una amiga tan pésima y dudar de ti. Lo siento por avergonzarte en el restaurante y por decir todas esas cosas. Sé que nunca me harías daño intencionadamente. Yo sólo… ¡Merlín, Hermione, no tienes ni idea de lo difícil que es para mí!

- Tienes razón. No lo sé; porque me ocultas las cosas. No leo mentes, lo sabes.

- Lo sé y lo siento por eso también. – volvió a ponerse seria y bajó de nuevo la mirada hasta su regazo – Eres mi mejor amiga, Hermione, pero a veces, es difícil decirte las cosas, sobre todo cuando… estoy tan celosa de no estar ni poder ponerme a tu altura.

Hermione se sorprendió ante eso.

- ¿De qué estás hablando? ¡Ginny, eres una persona increíble! ¡Eres una estrella del Quidditch, por el amor de Merlín! ¡Tienes muchos admiradores!

Decididamente, Ginny negó con la cabeza.

- Tú no lo ves, pero el resto del mundo sí, ERES Hermione Granger; la bruja más famosa e inteligente del universo. Eres una Auror con una trayectoria increíble en la captura de delincuentes, una heroína de guerra que ayudó a derrocar al mago más oscuro que nuestro mundo haya conocido y que siempre lucha por los derechos de los desamparados. Todo el mundo te adora, hombres y mujeres por igual. Quiero decir… creo que soy relativamente guapa y talentosa, seguro, y que he luchado en la Batalla Final de Hogwarts, pero nadie es como tú, Hermione. Eres perfecta, todo el mundo quiere estar cerca de ti o ser como tú, generalmente las dos cosas. Incluso cuando aún estaba con Harry… ¿sabes lo difícil que era salir con él a eventos públicos y que la gente me lanzara miradas extrañas cuando me presentaba como su novia, como si no pudieran creer que estuviera conmigo? Y entonces había esos pocos momentos en los que alguien se atrevía a preguntar qué había pasado entre él y tú. "Pensaba que salías con Hermione Granger" le decían; ¡justo en frente de mí! ¿Puedes imaginar cómo se siente?

Hermione suspiró, pasándose una mano por la cara para ocultar sus propias y repentinas lágrimas. Dios, ¿la gente realmente había sido tan despiadada como para hacerle eso a Ginny? ¿Por qué Hermione no había visto ni oído hablar de ese tipo de trato, y por qué Harry no había puesto a esas personas en sus lugares?

Desde cuarto año, la gente había estado especulando sobre su relación con Harry, pero esa duda había empeorado después de la guerra, cuando ambos no habían podido asistir a la misma función social juntos sin que una enorme cantidad de rumores especulativos sonaran sobre ellos. Incluso los periodistas se las habían arreglado para que sus dobles citas, cuando ella aún estaba con Ron y Ginny con Harry, parecieran un plan cuidadosamente urdido para que Hermione y Harry coincidieran. Eso fue lo peor para ella, porque siempre había tenido repercusiones directas haciéndole parecer una mujer escarlata que había seducido al leal héroe con sus artimañas.

Completa basura, todos esos rumores, pero Skeeter y su pandilla de periodistas villanos los habían dirigido y Hermione se había resignado al hecho de que su vida amorosa siempre mantendría un peculiar y espeluznante interés para el resto de la comunidad mágica como resultado. Era el precio que tenía que pagar por haber luchado en una guerra en el bando ganador.

- No eres una mujer fácil de tener como amiga en consecuencia. – continuó Ginny, pareciendo avergonzada e intentando valientemente contener las lágrimas en las bahías de sus ojos – Eres fuerte, preciosa, bondadosa… no es fácil ser comparada contigo y siempre, siempre te quedas corta. Intento no dejar que me afecte, pero a veces es difícil.

La pelirroja se mordió el labio inferior por un momento, como si intentara elaborar sus pensamientos y Hermione se quedó en silencio, esperando que su amiga sacara todo lo que guardaba en su interior, sabiendo que esa conversación la había estado esperando desde hacía mucho tiempo.

- Cuando leí ese artículo, me rompí. – admitió Ginny – Estaba totalmente destrozada. Una parte en mi interior – se tocó la zona encima de su corazón – no se lo creyó realmente, pero estaba tan enfadada y herida. Fue… más fácil culparte, en lugar de a Harry, porque si tú tenías la culpa de ese beso, en mi cabeza significaba que Harry no estaba realmente enamorado de ti y, entonces tal vez… tal vez nada de lo que la gente había dicho sobre vosotros hubiera sido verdad. Entonces yo no hubiera sido un premio de consolación para él mientras te esperaba. Eso hubiera significado que realmente me había amado.

Premio de consolación.

Oh, dios, su amiga realmente no podía creer tan poco en sí misma, ¿verdad? ¡No podía ser!

- ¡Oh, Gin! – sollozó, con el corazón roto por su amiga. Olvidando su resolución anterior, Hermione se puso en pie y rodeó el escritorio, arrodillándose delante de Ginny. Suavemente agarró esas pálidas manos, ligeramente pecosas y las apretó – Lo siento si te he hecho sentir de alguna manera menos o poco importante. Creo que eres maravillosa, preciosa, talentosa… y me gustaría que vieras lo que yo veo cuando te miro. ¡Eres una voladora increíble y una bruja poderosa por derecho propio, eres ferozmente leal a tu familia y yo estoy maravillada por tu arrojo y valentía! Tus consejos de moda son para morirse y es posible que suene extraño, pero tengo envidia de tu fama, de tu facilidad para hacerte dueña de una multitud y de tu manera de hablar con la gente y ganártelos tan fácilmente. ¡La gente te adora!

Alzó una de sus manos y colocó un bonito y rojizo mechón de cabello detrás de la oreja de Ginny.

- En cuanto a Harry… él te amó, así que por favor nunca, nunca pienses algo diferente. Recuerdo las muchas noches que pasó mirando tu punto en el Mapa del Merodeador cuando estábamos a la caza de los Horrocruxes. Tocaba el punto de tu nombre con una sonrisa. Incluso a veces, se dormía con el mapa abierto y yo sabía que lo último que había hecho era buscarte antes de sucumbir al cansancio. Estabas en su mente todo el tiempo y sé que lo destrozó dejarte atrás ese año, pero nunca se rindió contigo. Y todavía te amaba. Tal vez eso ha cambiado ahora, pero sé que para él, te mantienes en el lugar más especial de su corazón, porque – inclinó la barbilla de Ginny por lo que sus ojos se encontraron y le dedicó una alentadora sonrisa – fuiste la primera, en todos los sentidos importantes y nadie más puede presumir de eso.

Los labios de Ginny temblaron mientras una sonrisa se estremecía en su boca.

- Lo fui, ¿verdad? – se secó los ojos y las mejillas, con algo más de su habitual coraje – Tienes razón. Tomé la virginidad del Niño-Ganador. Lo desfloré. Monté su salchicha primero. ¡Nadie puede decir eso más que yo!

Hermione se carcajeó.

- Puaj, Ginny. Simplemente… puaj.

Ginny echó los brazos alrededor de Hermione y comenzó a sollozar de felicidad contra su hombro. Hermione, aun de rodillas, también echó sus brazos alrededor de la delgada cintura de su amiga y la dejó llorar, indiferente antes húmedas manchas que arruinaban su blusa de seda.

Cuando la tormenta de lágrimas pasó, Ginny fue la primera en inclinarse hacia atrás.

- Eres demasiado buena conmigo, Mione. – sonrió, secándose las lágrimas con la manga - ¿Cómo es que me estás reconfortando cuando me he comportado como una perra?

Hermione se encogió de hombros.

- Recuerdo como estaba después de que Ron y yo rompiéramos. Me ayudaste en cada paso del camino, a pesar de mi horrible y depresivo temperamento. – contestó, poniéndose en pie y apoyando la parte baja de su espalda en el escritorio – Eso es lo que hacen los mejores amigos por el otro. Nos entendemos.

- Es cierto. – murmuró Ginny y miró a Hermione – Realmente lo siento.

- Deberías. – coincidió Hermione, tomándole el pelo con una sonrisa indulgente. Sin embargo, se serenó, con la necesidad de ponerse sería un momento más – Harry es un buen hombre, Ginny. No voy a mentirte y a decir que no me he percatado que es guapo, un mago poderoso y encantador. Pero necesito que entiendas que nuestras vidas, la suya y la mía… lo caminos que ambos elegimos sólo podría permitir una amistad por mi parte de la ecuación. Imaginármelo como novio realmente es más bien… inquietante. - Ginny sofocó una risita – ¡No le digas lo que he dicho, por favor!

- No lo haré. – prometió su mejor amiga – Y de todos modos, ambas sabemos lo frágil que puede ser el ego masculino.

Hermione asintió en acuerdo.

Ginny de repente comenzó a agitarse nerviosamente de nuevo. Se apartó el flequillo de los ojos y miró a Hermione de manera indecisa.

- ¿Así qué… nosotras? Quiero decir… ¿me has…?

- ¿Perdonado? – preguntó Hermione, lanzándole a Ginny una sonrisa juguetona – Bueno, déjame pensar… definitivamente creo que el soborno me ayudaría en este caso.

- ¿Tarta de doble chocolate?

- Con una bola de helado de chocolate al lado.

- ¿Qué tal una cena y postre en mi piso, esta noche?

Hermione fingió desmayarse en su asiento de detrás del escritorio.

- ¿Llevo un vino espumoso?

- Blanco, si eres tan amable. Me esforzaré por ganar tu perdón, querida, con un plato clásico de pollo que creo que disfrutarás. – Ginny batió sus pestañas y se levantó - ¿Digamos a las siete?

- A las siete y media, si te parece bien. – solicitó Hermione – Tengo que reunirme con Theo inmediatamente después del trabajo y le tengo que decir que… podría tomarme algo de tiempo.

Los ojos marrones de Ginny, iguales que los de su madre, se abrieron de comprensión y un toque de empatía.

- Se gentil con él. – la aconsejó mientras ya estaba cerca de la salida – Es uno de los buenos.

- Lo haré. – aceptó Hermione – Nos vemos.

- Nos vemos.

Con una última sonrisa, su amiga pelirroja cerró la puerta detrás de ella, dejando a Hermione a solas con sus pensamientos oscureciéndose.

Sí, tenía que tener una charla con Theo tan pronto como fuera posible, para dejar las cosas claras entre ellos. No era justo continuar con él cuando no había ninguna oportunidad.

- Merlín, ¿por qué no podría haberme enamorado de él? ¿Por qué ha tenido que ser de Malfoy de entre todas las personas? – murmuró en voz baja mientras le escribía una breve nota a Theo, pidiéndole que se encontraran para tomar el té en el Callejón Diagon, en lugar de la cena que le había propuesto. Preferiría no estar a solas con él, no porque no confiara en su persona, sino porque sería incómodo acabar con eso con una mesa preparada románticamente entre ellos.

Después de acabar, agarró su bolso y salió de la oficina, decidiendo tomar un almuerzo tardío en la cafetería. Tenía un traje para una fiesta de Navidad que preparar; uno que esperaba que golpeara a Draco fuertemente y que acabara con sus manos por todos los rincones al final de esa noche.