Reto #20

Pareja: HomuMami
Palabras: Promesa, festival, atardecer
Pedido por: anon-kun


A pesar de que había sido sugerencia de Kyouko, solo asistieron Homura y Mami.

¿Razón? Sufría de una intoxicación producto de comprar taiyaki en un puesto de dudosa reputación.

Homura había considerado la opción de no asistir, pero Mami ya les había comentado que se había conseguido un kimono para lucir en el festival. Aunque la rubia no se encontraba dentro de sus personas favoritas, no podía evitar sentir una pequeña gota de culpabilidad por dejarla plantada.

Era solo una noche, y a pesar de todos los resentimientos que le guardaba, ella y Kyouko habían sido sus únicas compañeras desde la ascensión de Madoka así que sentía cierto grado de gratitud por ambas.

Sin embargo, no se preocupó en absoluto de su vestimenta. No gozaba de mucho dinero como para gastarlo en kimonos, y honestamente tampoco le interesaba adquirir uno. Acabó llevando su ropa normal, un vestido oscuro, botas bajas y una chaqueta encima. Su cabello también se mantuvo como siempre, después de todo solo lo tomaba en una coleta de caballo cuando era necesario, valga decir para limpiar o cuando estaban en clase de educación física.

Acordaron reunirse frente al templo, y agradeció la sagrada puntualidad de la otra. Homura la vio acercarse desde lejos, caminando con cuidado y gracia, seguramente producto de las sandalias altas que llevaba. Un kimono blanco con flores rosa, y aunque no debía pensar en ello, fue inevitable que se le pasara la imagen de Madoka por la cabeza fugazmente. Sabía que le era imposible olvidarla, pero no era necesario que saltara en sus pensamientos por cosas tan simples.

Suspiró.

Mami llegó a su lado y agachó levemente la cabeza, contagiada del ambiente. "Akemi-san, ¿llegaste hace mucho?"

Negó con la cabeza, "no, hace 5 minutos solamente. Te sienta bien el cambio de colores, Tomoe-san."

Ella sonrió educadamente, "¿de verdad? Si lo dices tú, debe serlo."

Homura se limitó a asentir, "¿vamos?"

"Oh, claro. ¿Hay algún puesto en el que estés interesada?"

Ambas comenzaron a caminar, Homura cuidando de no acelerar el paso en consideración a la ropa incómoda que llevaba la otra. Guardó ambas manos en la chaqueta, "no, la verdad no recuerdo la última vez que vine a uno de estos lugares. Sinceramente no sé qué puedo encontrar aquí además de comida."

Mami ladeó la cabeza, ceja arqueada, "¿no te gustan los festivales? No debiste haberte forzado a venir entonces…"

"Ah, esa no es la razón, solo… Digamos que no tuve la oportunidad, es todo."

Mami relajó la expresión y quedó conforme con la respuesta. Echó un vistazo a sus alrededores, buscando qué podría ser del agrado de la otra. Escaneó con cuidado cada puesto y su mirada se detuvo en uno que logró que creciera una sonrisa ladina en su rostro. "Ven, me intriga ese de allá."

Homura la siguió, aliviada de que Mami no hubiese seguido preguntando sabiendo lo astuta que era a la hora de juntar cavos sueltos.

Mami la dirigió a un juego de aquellos para ganar premios; en este caso consistía en usar una escopeta o pistola falsa y debías acertar al objeto que te interesaba para ganarlo.

Básicamente, pan comido para ambas y probablemente podrían dejar el puesto sin un solo premio si se lo propusieran.

Homura solo se quedó mirando el lugar, sin entender el propósito, hasta que Mami tomó la iniciativa, siempre paciente y atenta. Pagó al encargado y apuntó a un pequeño zorro rojo de peluche el cual cayó de inmediato, logrando impresionar –de mala manera- al dueño. Le entregó su premio sin muchas ganas y luego se lo enseñó a Homura. "¿Viste? Es fácil, solo debes acertar. Si ves algo que te guste, puedes darle una chance, aun me quedan 2 tiros."

Homura parpadeó, vista fija en el peluche, "¿…no te parece conocido?"

"¿Eh?"

"Aquel zorro… ¿No te recuerda a Kyouko?"

Mami tomó al animal con ambas manos y examinó el rostro. No pudo reprimir la risa. Quizás inconscientemente le había acertado por esa razón. "En efecto se le parece, podríamos llevárselo como recuerdo."

Homura asintió. "Así no empieza a molestar diciendo que la olvidamos. En fin…" Su mirada viajó hacia la escopeta y se acercó para tomarla entre sus manos. El encargado estaba alerta, dedos cruzados esperando que no tuviera la misma habilidad que Mami.

Escaneó los estantes, y…

Maldijo.

Ahí había un pequeño gato negro, igual a Amy.

Pensar en Amy siempre implicaba pensar en Madoka.

Negó con la cabeza y decidió no luchar contra ello. La bala golpeó directo en la cabeza del peluche y cayó de inmediato para desgracia del dueño. El pegó un largo suspiro y le entregó el gato a Homura quien lo recibió con una expresión mixta. Dejó la escopeta a un lado y alzó la vista al cielo, nostálgica.

Aquello no pasó desapercibido para Mami. Entornó sus ojos, viendo con preocupación a la otra. Quizás se había equivocado al escoger la actividad, pero no podía entender por qué ese peluche podía gatillar una reacción así en Homura quien usualmente era conocida por su estabilidad, al menos exteriormente.

Homura siempre había sido un misterio para Mami y no podía negar que cuando recién la conoció siempre mantenía la guardia arriba. Fue el relajo de Kyouko lo que la acabó convenciendo de que estaba siendo paranoica y que Homura era una muy buena aliada, confiable.

Pero más allá de las luchas… Nunca interactuaba por iniciativa propia.

Mami se preguntaba frecuentemente si siempre había sido así. Algo, muy dentro de ella le susurraba que no, como si la hubiese conocido en algún otro momento.

Estaba mayormente convencida de que tuvo que haber ocurrido algo horrible que la acabó convirtiendo en alguien que generaba tanta distancia hacia los demás.

Suspiró.

Eran muy pocas las veces que la veía así y siempre tenía que ver con aquella 'Madoka' de la que solía hablar. Solía, porque ni Kyouko ni Mami le creyeron y no quiso hacer esfuerzos en convencerlas tampoco.

Le dolía el corazón notarlo y no ser capaz de hacer nada para confortarla. No entendía el por qué le importaba tanto, siendo que Homura nunca había hecho el esfuerzo de acercarse a Mami. Incluso podría jurar que le tenía mucho más estima a Kyouko.

"¿Tomoe-san?"

Mami pegó un pequeño salto. Había estado tan perdida en sus pensamientos que ni siquiera escuchó a Homura acercarse. Forzó una sonrisa, "a-ah, lo siento… Uhm…" Echó un vistazo al peluche, al igual como hizo Homura con el zorro, "¿te gustan los gatos?"

Homura se encogió de hombros. "No podría decir que me gustan en general, solo…" Apartó la mirada, y…

Ahí estaba. Notaba la soledad dentro de la profundidad de sus ojos púrpura. "…Se parece a uno que suele pasear alrededor del edificio donde vivo."

Mami asintió, "entiendo, ¿te llevas bien con él?"

"Ella," corrigió Homura. "Mhm, nos conocemos hace algún tiempo."

Bastante tiempo.

Mami abría la boca para preguntar más, intrigada porque no se podía imaginar a Homura siendo cariñosa con un gato, pero ella reanudó la marcha, dejándola con la pregunta en la garganta. "¿…Akemi-san?"

"Deberíamos continuar antes de que se nos haga tarde, Tomoe-san."

"Ah, claro…"

Caminaron, revisando con calma cada una de las atracciones. Los festivales así siempre llenaban de nostalgia a Mami porque antes aquel era un panorama sagrado cuando sus padres aún estaban vivos. No le gustaba estar decaída en compañía de otra persona, no le gustaba verse débil ni que sus heridas quedaran expuestas, pero por alguna razón le daba la impresión de que a Homura no le molestaba.

Quizás porque le ocurría algo similar, a la vez.

"¿Quieres descansar un momento?"

De nuevo, la voz de Homura la sacó de sus pensamientos. La miró y le dio una sonrisa como disculpa, "l-lamento estar distraída, Akemi-san…"

Negó con la cabeza, "no te preocupes. No luces muy bien, pensé que quizás querías que nos detuviéramos un momento."

"Ah…" Llevó ambas manos a sus mejillas, dándose un par de golpecitos para reaccionar por fin. "No, está-"

"Hemos recorrido la feria casi por completo, no tenemos prisa. Los días en que se nos permite descansar son escasos, así que tomémoslo con calma."

Mami se le quedó mirando. No eran muchas las veces que Homura expresaba preocupación verbalmente, al menos. Sabía que era tonto, pero pequeños gestos como esos siempre le calentaban un poco el corazón. No respondió más y se dirigieron a unas bancas cercanas para sentarse.

"Akemi-san, ¿te molesta si te pregunto un par de cosas?"

Homura la miró por el rabillo del ojo, "hay temas que no creo poder abordar, pero adelante."

"Mhm, puedes omitir si así lo prefieres." Mami llevó sus dedos a jugar con el bolso de mano que traía, "¿…cómo te llevas con tu familia?"

Homura guardó silencio. Esa era una de esas preguntas que nunca le había gustado escuchar, pero ya se había hecho a la idea de que tendría que enfrentar el asunto algún día. No se puede huir por siempre, "…tenemos una relación complicada. Mis padres están divorciados… Me trasladé a Mitakihara por problemas de salud y ellos decidieron que sería mejor que me quedara aquí ya que ninguno de ellos tenía real interés en hacerse cargo porque ya tenía edad suficiente como para valerme por mí misma. ¿Actualmente? No he hablado con ellos desde entonces, solo me depositan dinero mensualmente para la renta y necesidades básicas, sin falta."

Mami se sintió pésimo por haber traído un tema tan difícil. A veces olvidaba que no todos tenían vidas familiares buenas como la que tuvo ella.

Y era entonces que recordaba lo egocéntrica que podía ser. Siempre se jactaba de cuidar la ciudad sin esperar nada a cambio, pero siempre acababa pensando en sí misma nada más. Al igual que ahora, nunca imaginó que Homura pudiera vivir una situación así. Sospechaba de su silencio, de que no fuera capaz de abrirse con ella.

Pretenciosa, ¿por qué debería?

"¿No te molesta?"

Ella se encogió de hombros, "antes, quizás. Hoy no me importa, sinceramente. Es mejor así."

Lo peor de todo es que efectivamente parecía no importarle. Estaba segura de que el dolor en el pecho que la atacó en ese momento pudo haber sido mucho menor si la hubiese visto aunque fuera mínimamente afectada. Le hacía preguntarse a qué punto habían llegado las cosas para Homura, muy independiente de la vida como Puella Magi.

"Akemi-san…"

Ella ladeó la cabeza, ojos entornados, "de verdad no me importa, Tomoe-san. Tampoco tienes que entenderlo. Sé que considerando tu propia historia familiar seguramente te cuesta trabajo asimilar situaciones diferentes. Está bien que así sea, y me imagino que tampoco debe ser fácil estar aquí. Tu rostro grita nostalgia."

Mami abrió unos ojos de plato, "¿cómo…?"

Homura apartó la mirada y suspiró profundamente. Su vista se perdió entre la multitud que tenían frente a ellas, pensativa. "No es difícil identificar un sentimiento que llevas constantemente en ti mismo. Reconoces los signos, aun si no se expresan de la misma forma en las demás personas."

Mami cerró los ojos. "Supongo que tenemos algo en común, después de todo."

"Mhm," concordó.

"¿No te gustaría poder olvidar?"

Homura se volteó a verla con la duda escrita en su rostro.

"Para no sentirte así… ¿No preferirías olvidar?"

Ojos púrpura se clavaron en los dorados y Mami sintió que su corazón se detuvo por un segundo, "…hay veces que lo he pensado. Duele extrañar a alguien que no tienes idea si volverás a ver, o si siquiera le importa, pero… No. Los recuerdos… Los veo como tesoros. No quiero olvidar nada, aun si me duele, aun si me irrita."

Mami quebró el contacto visual agachando la cabeza, "además, probablemente no podríamos… Las personas importantes se instalan en el corazón y no salen más, ¿no?"

Homura asintió.

Mami sonrió levemente, "creo que es primera vez que hablamos de verdad, me alegra. Sabes…"

"¿Uhm?"

"Creo que de a poco me he ido acostumbrando a respetar que reserves todo para ti misma, pero como ahora… Siempre me ataca la curiosidad de saber más de ti, Akemi-san. Pero ahora es eso, curiosidad… Confío plenamente en ti y en Kyouko, así que quiero que sepas que siempre estaré atenta por si necesitas cualquier cosa." Dijo todo con un tono sereno, pacífico, pero alegre a la vez, lo cual se reflejó en su sonrisa cálida.

Homura se tomó un momento para procesar sus palabras. ¿Que confiaba en ella? Ya había olvidado hace cuántas timelines no ocurría eso. Llegó cierto punto en que ni siquiera cuando era débil, con lentes y trenzas, torpe… Ni siquiera así podía generar una mejor impresión en Mami. Al igual que con las demás, dejó de importarle.

Pero siendo honesta, aun le dolía muy en lo profundo de su corazón. Porque cuando la conoció por primera vez, también la admiró. Quería ser fuerte como ella, quería ser útil, quería ser capaz de brillar, también.

Sin embargo, Mami nunca había mentido. Si algo le molestaba, lo demostraba de inmediato en su actitud, aun si era muy levemente con movimientos tensos, más lentos, sonrisas de cortesía nada más. Pero ahora no veía nada de eso, y la conocía bien luego de tanto tiempo. La sonrisa era real, era cariñosa, incluso, y podía darse cuenta porque gozaba de la amabilidad con la que le sonreía Madoka también, pero cada una en su forma particular, única.

¿Relajarse con Mami, darle una oportunidad por fin? No sería tan fácil, pero no tenía razones para desconfiar de ella en este nuevo mundo que montó Madoka. Estaba segura de que Mami sería leal luego de reconocer que la miraba con ojos muy diferentes esta vez.

Cerró los ojos y sus labios formaron una sonrisa muy leve. "Mhm, también confío en ti, Tomoe-san. Te cobraré la palabra, si insistes. Y…" Abrió los ojos esta vez, "ha sido muy agradable tener esta conversación contigo."

Mami se quedó pasmada por unos segundos, sorprendida de que su intento acabara siendo fructífero. Al igual que Homura, le bastó reconocer la sinceridad de esa sonrisa (que estaba segura nunca había visto en la otra) para creer en esas palabras. También le abrumó el sentir como se había enamorado completamente de esa sonrisa. Le daban muchísimas ganas de hacerla aparecer más seguido.

Mami apartó la mirada, fija en el cielo, ordenando sus emociones. Había encontrado señales antes, sí, pero siempre escondió la pequeña semilla de afecto hacia Homura que se había plantado en su corazón, la cual parecía estar floreciendo con fuerza. No estaba segura si le gustaba que sus sentimientos evolucionaran así por primera vez con alguien como Homura, solo porque la ponía insegura. Sabía que sería doloroso, difícil, no porque pensara que la otra la traicionaría ni nada por estilo, sino porque…

Tenía claro que el corazón de Homura ya estaba lleno con otra persona.

"El atardecer está particularmente bonito esta tarde, ¿no crees, Tomoe-san?"

Mami parpadeó, Homura por tercera vez jalándola de vuelta al mundo real. La miró por el rabillo del ojo y aquella sonrisa se había ampliado mientras sus orbes púrpura se clavaban en el cielo anaranjado. Su corazón comenzó a latir con más fuerza y agradeció que la atención de la otra estuviera totalmente ocupada porque estaba segura de que un violento sonrojo estaba instalado en su rostro. Su vista regresó hacia el cielo y se encontró sonriendo también, naturalmente. Respiró profundo, y a pesar de todo lo que había pensado antes, el solo haber vivido ese momento era suficiente para que su pecho se sintiera más ligero.

Una idea pasó por su mente y decidió que era el mejor momento para decirlo, "¿Akemi-san?"

Ella ladeó la cabeza.

Mami, aunque nerviosísima, estiro una mano y la puso sobre la ajena que descansaba cerrada en un puño apoyada en la banca. Homura se tensó, pero no la apartó, "uhm… Quizás sea muy repentino, pero… Me gustaría que repitiéramos esto el año siguiente, si te parece bien…"

"Oh…" Homura se relamió el labio inferior, ligeramente nerviosa también, "¿quieres que te lo prometa?"

Mami asintió levemente.

"Pues…" Fijó su vista en los ojos dorados de Mami, esperanzados, y se vio incapaz de rechazar. Le hacía ilusión la idea, la verdad. Hace muchísimo que no podía relajarse tanto como esta tarde, "claro, ¿por qué no?"

El rostro de Mami se iluminó y su mano le dio un suave apretón, "es una promesa entonces. No lo olvides, Akemi-san."

"Por supuesto que no, yo nunca olvido mis promesas."

La sonrisa fue mutua y ambas regresaron la mirada hacia el cielo anaranjado que lentamente iba evolucionando a su próxima etapa. "¿Te gustaría venir a tomar el té a mi departamento luego de que acabe el festival? Preparé tiramisú la noche anterior, sabe mejor luego de horas de refrigeración."

Homura se lo pensó por un par de segundos, pero asintió, "Kyouko se acabará molestando conmigo, pero no pasa nada si mejor mantenemos todo esto en secreto."

"Oh." Mami entornó los ojos y sonrió de forma ladina, "mhm, será nuestro secreto."


A/N: Bueno queridos, lamento mucho la tardanza en actualizar aquí. He estado poniendo prioridad a otros proyectos, porque sí, he seguido subiendo fics constantemente, si ven mi perfil. Pero le daré amor a mis post rellenos ahora, o sea este, el barrio y los 25 momentos.

En primer lugar le doy gracias a mi señor NBA por betear este cap.

En segundo lugar ánimo Mami, lo necesitarás si es que Godoka no te lanza un trueno antes.

Luego nos sigue el KyouSaya con science babies 8D

Antes de que lo olvide, apliqué una nueva regla en el barrio que aplicaré acá también: Por favor, si hicieron una petición, absténganse de hacer otra hasta que suba vuestro pedido. ¿Por qué? Porque aunque AMO tener mucho material para escribir, me deprime ver que no bajo en nada el número, lloran2.

Saludinessss cuídense y mucho amor para todos en especial a los que leen siempre! Mención especial a Ratchet porque fue una bebé adorable que me dijo palabras muy cosi en uno de mis videos de YT :x