CAPÍTULO 20

Candy Candy y sus personajes no me pertenecen

Después de vivir varias semanas en completa desesperación y angustia, Candice White salía muy orgullosa y feliz del hospital, tomando el brazo de su gran amor, Albert Andrew. El rubio por fin había salido de su estado tan crítico y luego de unos días más, los médicos le dijeron que estaba listo para volver a casa y le hicieron una lista detallada de las medidas que tenía que seguir si deseaba recuperarse más pronto.

Los rubios iban caminando delante, y la madre de Candy junto con los Johnson iban detrás. Al pasar la puerta de salida, Candy apretó más el brazo de Albert y este al notarlo le dijo divertido:

-¿Qué te pasa preciosa?, recuerda que estoy adolorido un poco todavía y con esa forma de apretarme que tienes, dudo que vuelva a estar bien.

-Perdóname por favor, es que estaba recordando lo cerca que estuve de perderte Albert-dijo ella suavizando su agarre.

-Deja de pensar eso Candy, lo mejor de todo esto es que estamos juntos nuevamente y esta vez espero que sea para siempre-contestó el.

-Yo también mi amor...Yo también-respondió Candy besando su mejilla.

Llegaron al auto de George y este lo ayudó a subir cuidando de no causarle dolor. Los cinco se dirigieron a la base en donde Albert terminaría de recuperarse. Al llegar, varias personas que trabajaban ahí ya tenían lista la habitación de Albert así como también los alimentos.

-Gracias a todos por sus cuidar tan bien de mi, la verdad no sé como agradecerles por todo lo que han hecho por mi, es algo que nunca voy a olvidar. Espero que me disculpen, pero necesito descansar un rato-expresó Albert levantándose de su asiento lentamente.

Ese era el momento que George aprovecharía para comunicarle la temida noticia. Nadie había querido hacerlo porque todos sabían el cariño que Albert sentía por Niara.

-¿Puedo acompañarte amigo?, Tengo que ver que llegues sano y salvo a tu recámara-contestó George sonriendo.

-¿Qué pasa George?, como que a veces tienes unos arranques medios raros jajaja-dijo el rubio.

-¿Si verdad?-dijo el tratando de disimular.

Abrieron la puerta y después de cerrarla, la expresión de George cambió y su semblante reflejaba pesar por la triste noticia que tenía que comunicarle a Albert. Mil veces había ensayado como decírselo, pero en esos momentos las palabras no salían de su boca tal y como el hubiese querido. Albert se adelantó y dijo:

-Sabes una cosa George, tengo muchas ganas de ver a Niara. No sé como ha estado en estar últimas semanas y estoy seguro que ella también quiere verme.

-Al... Albert-George comenzó a tartamudear, ¡cuánto odiaba tener que dar malas noticias!, –No quisimos decirte nada hasta que salieras del hospital, pero lamentablemente Niara...Niara murió hace unos días.

Albert no contestó, solo bajó su mirada azul. Ya lo esperaba, pero no tan pronto, no así, ¡maldito accidente y maldita coincidencia! Cuando tuvo que estar con ella, no pudo hacerlo. ¡Pobre Niara!

-Dime la verdad, ¿sufrió mucho?-preguntó sentado en el borde de su cama.

-Mi esposa la cuidó en sus últimos días, pero el doctor la mantenía sedada la mayor parte del tiempo. Antes de morir, expresó su cariño por ti y lo mucho que deseaba que fueras feliz Albert, se durmió tranquila y en paz, solo que ya no despertó-contó George mientras tenía su mano en el hombro de Albert.

-Es un alivio saberlo, gracias George, mi buen amigo... ¿Qué haría sin ti?

-Tranquilo hijo, todos estamos aquí para apoyarte, en especial Candy.

-Lo sé, agradezco por esta segunda oportunidad que tengo y por tenerlos a todos conmigo.

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Una semana más, y ya todos estaban volando de regreso a América, Candy con su madre, George y su esposa y por supuesto Albert. No había mejor forma de celebrar que estando todos juntos en la boda de Archie y Annie. Albert no podía esperar a ver cómo se vería Candy arreglada para una boda, y mucho menos con un lindo vestido. Estaba acostumbrado a verla siempre con una coleta, maquillaje natural y ropa de trabajo, pero si así el la veía hermosa, ¡no podía imaginarse lo bella que se vería en esa ocasión tan especial!

Una sonrisa traviesa apareció en sus labios y al notarlo Candy le preguntó:

-¿Puedo saber de qué te ríes?

-De lo mucho que van a envidiarme-contestó el

-Envidiarte... ¿Pero de qué?

-Estoy seguro que todos me odiarán al verme llegar contigo

-Sigo sin entender-respondió Candy.

-Pues de que esa noche te verás bellísima y te tendré solo para mí-dijo el viéndola intensamente.

Candy una vez más, se sonrojó, ¿cómo no amar a ese hombre que no se cansaba de recordarle lo bella y especial que era para el? Se recostó en su hombro y dijo:

-No tanto como cuándo todas las damas ahí presentes, vean lo atractivo que eres. No están acostumbradas a ver hombres como tú

-¿Hombres cómo yo?, Candice White ¿qué te sucede?, te recuerdo que no soy de ningún otro planeta, solo de otro país.

-Jajajaja, no tontito. Me refiero a que tu eres más...no sé cómo explicarte...eres más...

-¿Irresistible?

-No...

-¿Guapo?

-Jajaja no, eres más... más... más varonil...No sé... Creo que tendrías que ser mujer para entenderme-dijo la rubia.

-Jajajajajaja, quizás si, quizás no. Todo es subjetivo mi hermosa Candy.

-Entonces, no todos pensarán que soy hermosa jajajaja, como bien dijiste, todo es subjetivo.

-Bueno, pero eso si es indiscutible, eres hermosa porque lo digo yo y punto-dijo el mientras le robaba un pequeño beso.

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La morena de radiantes ojos azules, corría de aquí para allá con su prometido para dejar listos los últimos detalles de su boda que ahora sí se celebraría. Le había prometido a su mejor amiga que juntas disfrutarían ese momento tan dichoso. Al enterarse de que Albert ya estaba mucho mejor, se alegró mucho por Candy y por el. Si algo deseaba con toda su alma, era estar con su hermana y que esta también estuviera con el hombre de su vida. Archie observaba a su hermosa novia, no podía esperar el momento para casarse con Annie y estar con ella en todos los sentidos, pues Annie era una chica conservadora y tuvo que controlarse en muchas ocasiones para no romper la promesa que le había hecho de respetarla. Se acercó mientras ella terminaba de hacer una llamada telefónica:

-¿Sabes una cosa Annie?

-No sé, dime tú-contestó ella sonriéndole

-Ya quiero casarme contigo, y quiero llevarte lejos para estar los dos solos, ¿si me entiendes verdad?-preguntó mientras le susurraba palabras de amor al oído.

Annie se ruborizó completamente y lo abrazó, -Yo también deseo estar así contigo mi amor y no sabes cuánto-dijo ella.

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El día que todos habían estado esperando al fin llegó. Todos los invitados estaban es sus respectivas mesas después de que las ceremonias civil y religiosa terminaran, y ahora era tiempo de disfrutar de la elegante recepción. Esta se llevó a cabo en uno de los salones más grandes y lujosos de la ciudad y cada detalle había sido inspeccionado por la misma Annie. Ella se veía radiante en su bello vestido color perla el cual tenía un diseño exclusivo. Llevaba su bella melena negra recogida en un peinado alto, dejando su delicado y blanco cuello a la vista.

-Te ves deslumbrante amor, soy muy afortunado de tenerte-decía Archie mientras bailaba el primer vals como esposos con su Annie.

-Gracias, tu te ves muy guapo-contestó ella dejando su tersa mejilla en el pecho de Archie.

En una mesa cercana, Candy estaba con sus padres, los Johnson y también Albert. Todo le parecía a Candy como un bello cuento de hadas en donde ella también participaba y se sentía muy feliz. Candy se veía muy hermosa también, su vestido era color zafiro y le llegaba hasta los tobillos pues la ceremonia era de noche. Sus rubios cabellos estaban peinados exquisitamente al igual que su maquillaje. Albert no le podía quitar los ojos de encima, para el, Candy era por lejos la mujer más hermosa y atractiva del salón, y tal y como el lo predijo, muchos jóvenes al ver a Candy se quedaron asombrados con su belleza.

Cuando la música comenzó a sonar invitando a los presentes a bailar, Albert sacó a Candy a la pista de baile y empezaron a moverse al ritmo de la música.

-¿Ya te dije que te ves extraordinariamente bella?-preguntó el.

-Gracias, tu te ves guapísimo y no soy la única que se ha dado cuenta, eh?-contestó ella alzando una ceja.

-¿Por qué lo dices?

-Por la chica de allá, la pelirroja que desde que llegamos no ha dejado de verte.

-Te confieso que no me di cuenta-dijo el volteando a ver a la susodicha que rápidamente desviaba su mirada a otro lado.

-¿Ya viste?-preguntó

-¿Y estás celosa acaso?-contestó el divertido.

-¿Yo?, por supuesto que no-y siempre que mentía, Candy alzaba su pequeña nariz.

-¿Y por qué te enojas?

-Yo no me enojo, tú que estás alucinando.

-Sí lo haces, y ya te dije que cuando te enojas, luces más bella todavía.

-Eres un tonto-dijo ella y recostaba su cabeza en el.

-Pero así me quieres, ¿no?-mientras el besaba su cabello.

-Sí, te quiero tal y como eres.

Candy no lo sabía, pero esa misma noche Albert tenía planeado hacer algo. Cuando estaba en el hospital, se dijo a sí mismo que esta nueva oportunidad que le daba la vida, tenía que aprovecharla. Se dio cuenta que aunque no siempre estaría de acuerdo con Candy y no siempre tendrían las mismas prioridades, la quería a su lado. Ya no quería separarse de ella y pensó en pedirle matrimonio.

Estaba nervioso, pues temía un rechazo por parte de la rubia. El ya había hablado con sus padres para pedir su consentimiento y ellos más que gustosos se lo dieron. La tomó de la mano y la alejó suavemente de la pista.

-¿A dónde me llevas?

-Tú confía en mí.

Ella opuso resistencia y volvió a preguntarle:

-¿Para dónde me llevas Albert?

-¿Por qué será que todo quieres saber mujer?, ¡qué barbaridad, no te voy a hacer nada! Solo quiero que veas esto.

Ante Candy apareció un bello y gran jardín que estaba en la propiedad del salón de fiestas. El cielo estaba completamente estrellado tal y como sabía Albert que le gustaba a Candy. Además, una fuente hermosa ubicada en medio del jardín daba el toque romántico que Albert necesitaba.

-¿Te gusta?-preguntó el perdiéndose en la verde mirada de su amada.

-Me encanta, no sabía que esto estaba aquí.

-Recuerdas que cuando estábamos en África, ¿te llevé a mi lugar secreto y las estrellas se veían así de resplandecientes?

-Cómo olvidarlo, ese día me dijiste que querías estar conmigo y me pediste que fuera tu novia-contestó ella con su carita de ensoñación.

-¿Hemos pasado muchas cosas juntos verdad Candy?

-Si, contigo he vivido los momentos más felices de mi vida.

-Yo también, y no sabes cuántas veces he dado gracias por haberte cruzado en mi camino. Si no te hubiera conocido, seguiría siendo ese hombre amargado y cerrado que fui hace tiempo; pero contigo descubrí el amor nuevamente, volví a sentir lo que era amar y ser amado. Gracias Candy por dejarme estar contigo.

Candy lo miraba muy dulcemente y le contestó:

-Yo también agradezco el haberte conocido Albert, eres lo que mi interior siempre anheló y más. Te amo como sé que nunca voy a amar a nadie más.

-Mi dulce Candy, como te dije una vez hace tiempo, ¿verdad que no hay nada mejor que compartir los momentos más felices con la persona que amas?, ¿verdad que cuando atraviesas pruebas dolorosas lo mejor es tener a ese ser amado a tu lado?, sé que no voy a encontrar a otra mujer igual y quiero estar para ti cuando lo necesites, ¿quieres tú estar ahí conmigo también?-dicho eso, Albert sacó una pequeña cajita aterciopelada y la abrió ante una sorprendida Candy.

-Eso quiere decir que tú...y que yo...

-Si mi Candy, ¿quieres compartir el resto de tu vida conmigo?, por favor, dime que sí quieres casarte con este hombre que te ama como un loco.

Ella se abalanzó contra el, lo abrazó del cuello con sus manos y le dijo:

-¡Sí, sí quiero casarme contigo Albert¡ Yo también te amo y deseo estar contigo mientras ambos estemos vivos-las lágrimas amenazaban con salir de las esmeraldas de la rubia.

-Entonces, que así sea mi hermosa Candy-dijo el mientras ponía el bello anillo que estaba hecho de oro blanco con una pequeña esmeralda y esta alrededor tenía pequeñísimos brillantes.

-Es hermoso Albert, jamás imaginé que me propondrías matrimonio en la boda de mi mejor amiga.

-Lo siento, ¿te hubiera gustado de otra manera?

-Claro que no Albert, tú siempre vas más allá de lo que espero.

-Bueno, ahora que oficialmente eres mi prometida, regresemos a la fiesta, ¿te parece?

-Sí, vámonos porque quiero seguir bailando jajaja.

Los dos rubios regresaron a la fiesta y después de bailar un rato más fueron a sentarse. Todos en la mesa los veían con complicidad pues ya sabían que Albert le había ofrecido matrimonio a Candy y sinceramente les deseaban lo mejor del mundo.

La fiesta llegó a su fin, y los invitados poco a poco fueron retirándose. Candy se acercó a su amiga para desearle un feliz viaje.

-Te extrañaré mucho Annie, pero prométeme que serás muy feliz. Gracias por esperarme y estar conmigo en las buenas y malas. Te quiero mucho amiga.

-Yo también Candy, gracias a ti por ser mi amiga. No te olvides de mí.

-Nunca podría. Vete ya porque sé que Archie cuenta los minutos para estar contigo, no lo hagas esperar más.

-¡Candy!, tengo un poco de miedo. Ya sabes qué es a lo que me refiero.

-Lo sé, pero tú tranquila, el te ama mucho y te tratará como te lo mereces.

Se despidieron con un beso, y Annie se fue junto a su esposo rumbo a su luna de miel. La vida no podía ser mejor para Candy en esos momentos, tenía todo para ser feliz, su familia, sus amigos y el amor de su vida quería casarse con ella. Además de todo, había alcanzado cada una de sus metas que se había propuesto años antes. Terminó su carrera de veterinaria y ejerció en su segundo hogar, Sudáfrica. Si, pudo comprender que cuando uno lucha por lo que quiere con todas sus fuerzas, es cuando los sueños se cumplen.

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La fría brisa de la mañana entraba por las ventanas abiertas de la pequeña cabaña, haciendo que la rubia se estremeciera buscando cobijo entre las sábanas. Miró a su lado y vio el rostro del hombre que más amaba, ese hombre el cual se había convertido en su esposo al fin. Precisamente ahora ella estaba en su luna de miel, la cual habían decidido pasarla en Canadá, pues ambos rubios deseaban un lugar lleno de paisajes impresionantes que incluían bellos lagos cristalinos, hermosos bosques para hacer senderismo y enormes montañas cubiertas de nieves.

Los recuerdos de la noche anterior llegaban uno a uno a la cabeza de Candy causando su sonrojo. Ella estaba muy nerviosa, pues Albert la haría mujer, y no es que no lo deseara, sino el miedo a lo desconocido la embargaba. El la trató con todo el amor que podía, fue dulce pero a la vez apasionado, deseaba que esa noche quedara en la memoria de los dos. El le enseñaba y ella aprendía el arte de amar.

Poco a poco Albert fue abriendo los ojos y allí la vio tendida a su lado. Candy, su compañera de trabajo, su amiga, su novia, su esposa y amante estaba con el.

-¿Qué tienes?-preguntó el.

-Es que hace algo de frío. ¿Te importaría cerrar las ventanas?

-Claro que no. Pero tengo una idea para que ya no tengas frío.

-¿Qué cosa?

A pesar de todo, Candy seguía siendo tan ingenua y despistada como siempre.

-Podemos quedarnos aquí, muy juntitos y hacer algo para entrar en calor. Ven acá princesa-y la tomó de la cintura para dejarla sobre el y así comenzó a amarla nuevamente.

Ahora que estaban casados, Candy decidió mudarse definitivamente a Sudáfrica pues el trabajo de ambos estaba allá. Aunque al principio la sola idea de que su hija estuviera tan lejos no les agradaba, los padres de Candy terminaron por convencerse y aceptar que Candy tenía su propia vida y no siempre estaría con ellos. Tenían que apoyarla y así lo hicieron. Sabían que Albert la cuidaría y amaría por el resto de sus vidas.

FIN

Agradecimientos: Estuve de vacaciones durante tres semanas y pues estaba fuera de mi ciudad de origen. Luego otros compromisos personales impidieron que yo publicara pero aquí estoy. Gracias a todas las personas que desde el inicio siguieron esta historia y le dieron una oportunidad. Sin ustedes nada de esto hubiera sido posible, gracias por dejarme conocer sus opiniones, sus críticas constructivas, su sentir sobre la historia y demás. Jamás pensé que tendría tantos comentarios, es más de lo que me atreví soñar. Ya que llegamos al final, les contaré algo que quise decírselos hasta el final. Para escribir esto, me inspiré (según yo :p) en dos hombres sudafricanos que trabajan en una reserva de allá. Ambos son amigos y me pareció muy importante el trabajo que ellos realizan en cuanto a la conservación de especies. Por eso hace ya casi un año, decidí hacer esta historia tomando algunas de sus aventuras como fuente de inspiración. Puse una foto, espero que salga, si no, pues ya ni modo jejeje. El más joven fue donde me basé para hacer el personaje de Albert y el otro obviamente es George. Gracias a estas chicas por sus comentarios en el capítulo anterior:

Arual: Hola amiga, aquí estoy para servirte. Gracias por preocuparte por mí. Te mando un abrazo!

Novalee: Holaaa, gracias por animarte por dejar un comentario. Te agradezco mucho tus lindas palabras, espero no haberte decepcionado. Un abrazo!

Pauli: Holaaaaaaaaaa Pauli jaja, gracias por tu comentario. Aquí está el final ojala que te guste.

Brower Alhely: Hola amiga, ya te extrañaba, que bueno que me dejaste un comentario. Que bueno que esta Annie te haya gustado. Un saludo!

Guest: Como no me dices quien eres pues medio me confundo. Pero al parecer eres mi amiga Lady Karen, espero no equivocarme y se lo hice discúlpame. Gracias por comentar linda, gracias de todo corazón.

Verenice Canedo: Hola Vere, gracias por darte una vuelta aquí en mi fic, que bueno que te esté gustando, gracias por tu apoyo.

La verdad no sé que más poner para que sepan cuán agradecida estoy. Ahora aquí les va una propuesta, si quieren saber que más pasó, háganmelo saber con un comentario y les doy mi palabra que mañana subo un epílogo. Solo si ustedes quieren claro está. La próxima vez que me atreva a subir algo, será una historia completa jajaja, porque pues si es muy difícil escribir conforme a la marcha. Otra cosa jajaja, no se desesperen por favor :), también agradezco a los lectores anónimos, que aunque nunca dejaron un review, estuvieron allí, GRACIAS A USTEDES TAMBIÉN!