¡Lo encontré! Escondido entre miles de bits en un USB olvidadizo...

Gracias Hati-chan!


CAPITULO 21

¡Debes protegerlos!

Después de tanto tiempo Hikari era completamente capaz de distinguir la voz de Ophanimon dentro de su cabeza. ¿Protegerlos? ¿A qué se estaba refiriendo? Pero la digital sagrada, su voz, sonaba demasiado preocupada. Hikari sabía que debía actuar en aquel momento.

-¡Takeru!- le gritó a su compañero. El rubio iba unos metros a su lado, la miró interrogativamente. La chica hizo que el joven se situara a su lado e inmediatamente saltó encima de Pegasusmon. Takeru consiguió atrapar a la mujer superando el momento de sorpresa. -¡Nefertimon!- gritó ella. Entonces tomó su digital y de él salió una luz rosada que hizo que en el lugar dónde segundos antes estaba Nefertimon, ahora estuviera Angewomon.

-¿Qué ocurre Kari?- preguntó Takeru. Pegasusmon había detenido su vuelo al notar a la castaña subirse encima de él. La mujer, sin embargo, parecía ausente. Ella sólo intentaba escuchar las palabras de Ophanimon que se iban acumulando en su mente. Hikari dirigió sus ojos hacia la calle que tenían debajo y pudo verlos.

Ver a los niños corriendo.

-Si ya casí habíamos llegado- dijo Takeru mirando enfrente de él. Y tenía razón, ya habían conseguido atravesar la espesa niebla e incluso ya podían ver a Bagramon junto con Imperialdramon y Omegamon. Estaban a punto de llegar.

-¡Hay que descender!- fue el grito de Hikari. Takeru no lo comprendió, pero el estado de nerviosismo de la mujer hizo que realizara sus órdenes sin preguntar. Pegasusmon descendió lo más rápido que pudo y se interpuso en el camino de dos chicos de no más de once años.

-¿Quién eres tú?- preguntó el chico de cabellos castaños. Su digital, un zorro, se puso delante de él en acción protectora. Junto a él estaba una chica de cabellos rojizos junto a un digimon parecido a Gabumon.

Takeru no tardó ni dos instantes en descubrir al hijo de Daisuke y al digimon que había visto con su compañero unas horas antes.

-¡Es la chica con el digital ángel!- fue la frase de Sara al descubrir a Hikari y a Angewomon, que descendía rápidamente del cielo.

-¡Astral Scratch!- fue el grito que ambos oyeron.

-¡Takeru, hay que protegerlos!- Hikari levantó su dispositivo. Ophanimon se lo había advertido, que debía proteger a aquel cuarteto costara lo que costara. Debía confiar en que podían. Takeru no entendía la situación pero se colocó al lado de su compañera. Ambos adultos levantaron sus viejos dispositivos y se prepararon para recibir aquel inmenso ataque. La fuerza oscura se podía sentir, acercándose.

-¡Ahora!- gritó Hikari.

El Astral Scratch llegó a través de los edificios como un rugido, demoliendo todo lo que se encontraba a su paso. Pero el ataque asesino chocó contra una barrera que no se había esperado. Una barrera que era creada por dos digimons alados que en contadas ocasiones hacían su aparición.

Seraphimon y Magnadramon contenían el ataque más poderoso de Bagramon.

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El tremendo ataque de Bagramon había dejado sin respiración a todos los elegidos. Pero la aparición de los digitales sagrados había contribuido a aumentar esa sorpresa. Aquellos digitales que sólo se veían en tantísimas contadas ocasiones, aquellos seres magníficos, que casi eran más ángeles que digimons.

-¿Quién decía que era una mala idea dejarlos a solas?- preguntó burlonamente Taichi recorriendo las siluetas de Seraphimon y Magnadramon. Ambos habían creado una barrera multicolor que había sido capaz de repeler el ataque de brazo de hueso del ser oscuro. Ahora poco a poco aquellas luces iban debilitándose hasta que ambos celestiales desaparecieron.

Yamato y Sora observaron también como las luces desaparecían en el oscurecido cielo. ¿Por qué aquel ser había lanzado su ataque hacia ellos? Eso ninguno de ellos lo sabía. Sora, entonces, decidió comprobar la hora en su dispositivo digital. Quedaban dos horas para la medianoche, dos horas que podrían ser eternas.

-Sólo le quedan dos horas…-murmuró la de cabellos rojizos. Ante eso, Yamato y Taichi la miraron sorprendidos.

-¿Qué quieres decir con eso?- le preguntó Yamato. Sora intentó recordar lo que había dicho Hikari, "un día", "un día"… si aquel ser era incapaz de volverse más fuerte. O "un dia" si encontraban la llave para enviarlo de vuelta a casa. Quizás Hikari y Takeru ya habían descubierto aquella llave…

-¡Responde Sora!- pidió impaciente Yamato al ver como Bagramon preparaba otro de sus ataques.

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Phantomon estaba rodeado por tres lados, por MegaKabuterimon, Lilymon y Ankylomon. Los tres intentaban lanzar sus ataques al mismo tiempo pero el digital fantasma era capaz de desaparecer y aparecer a una velocidad increíble. Si no podían acabar con él eso sería imposible…

-¡Lilymon!- gritó Mimi viendo como su digital hada era golpeada por la hoz de Phantomon y cómo descendía del cielo convertida de nuevo en Palmon. La mujer corrió hacia ella y consiguió atrapar a su digital antes de que cayera al suelo. ¡Aquello no podía ser! ¿Por qué aquel digital no dejaba de luchar? ¿Por qué eran incapaces de vencerlo?

-Lo siento Palmon- se disculpó la mujer con su digital. Palmon negó con su cabeza, estaba agotaada por haber estado luchando tanto tiempo. Y si ella estaba así, sus demás compañeros también.

-¡Mimi!- fue el grito que oyó la mujer. Un grito de una voz femenina, que venía desde el cielo. Y entonces, de entre la niebla, apareció la esperanza que Mimi había estado aguardando. Era Miyako quien venía con refuerzos.

-Hemos venido todos- y de entre la niebla empezaron a aparecer todos los elegidos del mundo, aunque un poco más mayores de lo que Mimi los recordaba. Allí era donde había estado la joven Inoue, buscando una manera de llamar a todos los elegidos y de reunirlos en Hikarigaoka para que, todos juntos, derrotaran a aquel enemigo.

-Fuego rápido- Mimi intentó reconocer de dónde había venido aquel ataque. Y entonces en el cielo descubrió una bala dorada que atravesaba la niebla velozmente. Willys era quien estaba encima de Rapidmon. Mimi recordó en ese momento al niño elegido que había tenido no sólo un compañero digimon, sino dos. Al lado de Rapidmon caminaba también Cherubimon, el segundo digital de Willis.

-¡Mimi, me alegro de verte!- y esa voz era del rubio Michael, quien llegaba encima de su MetalSeadramon, el increíble digital serpiente con una coraza dorada.

Y más y más elegidos iban llegando al campo de batalla, provenientes de diferentes partes del mundo, y guiados por Miyako.

Cherubimon fue quien encaró a Phantomon, el digital sagrado era mucho más grande que el fantasma negro que ahora no parecía más que una mosca dando vueltas sin sentido. Cherubimon cerró los ojos y de su collar de mil perlas salieron disparados diferentes ataques que fueron a dar al digital fantasma. Las luces chocaron contra él y el ataque tuvo efecto. Junto a él salieron diferentes misilies, cohetes, fuegos cruzados de tantas direcciones distintas que el digital fantasma no pudo reaccionar.

Y ese fue el fin de Phantomon.

-Ahora sólo queda él

Y tras eso todos los elegidos dirigieron su mirada al inmenso Bagramon.

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-Parece que Miyako lo ha conseguido- dijo Ken sintiendo un enorme orgullo por parte de su mujer. La cual se elevaba en el cielo encima de su Halsemon como la líder del grupo de elegidos de todo el mundo.

-¡Eso parece!- Daisuke sonreía de oreja a oreja. Aquella aventura cada vez era más mítica. ¿Qué podía salir mal ahora? Si todos estaban unidos.

-¡Chicos!- oyeron una voz llamarles. Ken y Daisuke giraron sus miradas y vieron como Taichi y Yamato ayudaban a una mujer caminar hacia ellos. Tras unos breves instantes de confusión reconocieron a la mujer, ¡era Sora!

-Ahora sí que estamos todos- sonrió el de cabellos castaños. Sora asintió mientras se apoyaba en sus dos viejos amigos.

-No os olvidéis de mi- apareció Joe encima de Zudomon. Finalmente habían sido capaces de liberarse de todos aquellos malditos Guardromons. Lo primero que pensó Daisuke al ver a Joe fue pensar en su hijo. Joe negó con la cabeza haciendo que se tranquilizara.

-Está con Hikari y Takeru- afirmó. Recordaba el momento que había vencido a los Guardromons, cuando había querido seguir a los niños pero había sido detenido por el mortal ataque de Bagramon. Después había visto las luces de los digitales sagrados y había sabido que Hikari y Takeru habían protegido a los niños.

Daisuke asintió, aliviádo tras oír aquello.

-Entonces, ya estamos todos.

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Hikari se había agachado para proteger a ambos niños cuando había sentido llegar el ataque a la barrera que Seraphimon y Magnadramon habían creado. Encima de ella sentía el cuerpo de alguien más, quién también les había protegido.

Takeru había intentado cubrir, lo más rápido posible, el cuerpo de los niños y de la mujer. Cuando el ataque había pasado y cuando sus digitales empezaron a dejar de brillar el hombre soltó su abrazo protector y se levantó del suelo. Su mirada azulada se dirigió hacia Bagramon, el ataque del cual había abierto una grieta entre los edificios.

La mujer miró al rubio, agradecida por su protección, pero no hizo ningún comentario. Entonces se giró a los niños, los cuales se habían agachado y habían cubierto sus cuerpos. El corazón de Hikari latió con fuerza una vez, y luego ese latido volvió a repetirse. Su mirada se perdió en un punto del espacio y millones de imágenes empezaron a desfilar por su mente.

En ellas estaban Taiki y Sara corriendo en un mundo que no era el suyo, acompañado de sus nuevos amigos. Estaban luchando, protegiéndose mutuamente. Estaban a salvo y luego estaban en peligro. Aquel mundo que iba desintegrándose poco a poco, que iba recuperando luz poco a poco. Estaban en una aventura que aún debía empezar.

Hikari sintió un leve vértigo cuando aquellas imágenes desaparecieron, pero Takeru fue capaz de sujetarla antes de que cayera. El rubio, aunque hubieran pasado años, sabía de la sensibilidad de Hikari, sabía de aquel don que ella tenía, de aquella conexión que siempre había tenido con algo especial.

-¿Estás bien Hikari?- le preguntó, aún sujetándola. La mujer asintió llevándose una mano a la cabeza. Como las piezas de un puzzle, ahora todo encajaba.

Zeromaru también había sentido algo extraño en esa mujer, cuando la había visto descender del cielo y más aún, cuando les había protegido. Había sentido añoranza, un sentimiento que ella le transmitía. Había sentido aquello que se siente cuando no estás en tu lugar. Aquello de cuando buscas un camino y sigues sin encontrarlo. Zeromaru se acercó a Hikari.

-Eras tú… ¿verdad?- le preguntó Hikari al digital zorro. Él no entendió la pregunta. Entonces miró más profundamente los ojos de la chica, que ahora ya no eran de color café sino que eran de un rubí magnífico. –Eres la pieza que no está en su lugar- aquella voz ya no era la de Hikari. Era la de algo más poderoso que la chica, de algo más celestial. Zeromaru asintió ante aquellas palabras. -¿Has encontrado lo que estabas buscando?- El digital recordó aquella voz, cuando no era más que un digimon recién salido del huevo que andaba por un mundo en busca de una mitad que sentía que le faltaba, cuando aquello voz le había hablado. Que debía buscar su mitad, aunque fuera a través de los mundos.

-Sí- asintió Zeromaru. Hikari sonrió.

-Entonces, todo debe volver a su lugar.

Y después de eso Hikari empezó a brillar. La mujer se soltó de los brazos de Takeru y poco a poco fue enderezándose.

-¿Kari?- preguntó Salamon, quién después de su aparición como Magnadramon, había vuelto a ser el pequeño digital en forma de perro blanco. Patamon voló hasta la cabeza de Takeru. La chica asintió a su digital.

-Vayamos al centro- y sin dejar de brillar la chica empezó a caminar hacia el centro de la batalla. Takeru miró a ambos niños, los cuales estaban demasiado sorprendidos por aquello para poder moverse.

-No os preocupéis, eso ocurre más de lo que os imagináis- dijo el hombre quitándole importancia. –Por cierto, yo soy Takeru.

Sara miró sorprendida a Taisuke. ¿Acaso todos estaban locos?

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Las espadas de Imperialdramon y Omegamon chocaron con los brazos de Bagramon y ambos digitales fueron lanzados hacia atrás. Ahora el enorme digital de cabello blanco y cuerpo oscuro estaba rodeado por un sinfín de elegidos, quienes enviaban a sus digitales al ataque.

Pero sólo Imperialdramon y Omegamon parecían tener algún efecto en Bagramon. La presencia de los demás era totalmente despreciable por parte del demonio. Ni tan siquiera los notaba. Él sólo podía concentrarse en los dos que sí consideraba sus rivales, y en aquellos dos digitales celestiales que había visto aparecer en un instante. Aunque los celestiales ya no estuvieran.

Sólo los ataques de Cherubimon, el segundo dgital de Willys, si parecían tener algún que otro tipo de efecto, aunque fuera de manera sútil. No por nada Cherubimon era uno de los ángeles en un mundo de otra dimensión.

Y el agujero del cielo seguía negro.

-Jamás podréis acabar conmigo- fueron las palabras de Bagramon. Aquellas palabras que sólo infundieron más coraje en los que ya no eran niños. Pero Bagramon si sentía algún tipo de miedo, pero no por los paladines que enfrentaba en aquel momento. Sino por los paladines que podría enfrentar en un futuro, si dejaba a aquellos niños con vida. Pero ella les había protegido, él la había sentido. Aquella maldita ángel que viajaba de un mundo a otro como si fueran todos suyos, sin respetar las normas. Y los celestiales habían creado aquella barrera única… Pero si fuera capaz de atacar de nuevo, de volver a lanzar su ataque astral entonces… entonces no podría fallar.

-Ni te atrevas a hacerlo- fueron las palabras amenazantes de Paildramon cuando detuvo el movimiento del brazo descomunal de Bagramon. Éste le miró confuso, ¿cómo había podido descubrir sus intenciones?

-¡Aparta Imperialdramon!- en ese momento la espada de Omegamon iba directa al corazón del digital demonio, quien estaba detenido gracias al paladín. Pero la espada no pudo rozarlo, Bagramon desapareció y apareció justo para golpear el pecho de Omegamon. El caballero blanco fue lanzado de nuevo hacia atrás y cayó al suelo.

-No puede ser- oyó Omegamon que decía Bagramon. Pero el digital no entendió a que se estaba refiriendo. Omegamon levantó lentamente su cabeza del suelo, intentando reseguir la mirada del digital demonio. La cual parecía estar centrada en un punto. Y entonces, desde detrás de él, empezó a sentir calor, un cálido calor. Y empezó a aparecer una luz. -¡Eras tú!- fue el grito del demonio.

-En este punto es en el que acaba tu historia.

Y Takeru pensó que aquellas palabras que dijo Hikari serían ideales para cualquier serie o libro que jamás quisiera escribir.


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