Chicas, gracias por sus maravillosas respuestas. Aquí dejo humildemente el siguiente capítulo esperando no decepcionarlas, y lograr entretenerlas un rato.

Un abrazo a todas.

Capítulo 21

Lakewood.

Monica Ainsworth había pasado los últimos 5 meses siendo la sombra de William Andrew, en honor a la verdad, estaba perfectamente consciente de que, para él, ella no era más que una buena y muy necesaria amiga. Pero para ella el fiel y bondadoso hombre era la luz de sus días, y no podía entender cómo era que Candice Andrew había sido tan tonta como para dejarlo, ni cómo podía ser tan insensible, sabía que en siete meses de ausencia no había habido ni siquiera un mensaje de texto, y lo que rebasaba su comprensión era como la devoción de William por ella no menguaba en lo absoluto.

Su oficina era un santuario dedicado a Candy, sutil para aquellos que no conocían la verdad, pero para Monica era más que evidente que muchos objetos de decoración en la oficina de él eran un tributo a la mujer que amaba, bastaba por comenzar por la enorme pintura colgada directamente enfrente del escritorio de él, un par de hermosos ojos verdes, escondidos en lo que parecían ser pecas multicolores, la fotografía de ellos en su escritorio, una pulsera de hilo de seda verde acomodada como al descuido sobre un plato de cristal cortado. La escultura de un árbol que ella se dio cuenta existía en la mansión de Chicago, el jarrón de rosas blancas que nunca estaban ausentes ni marchitas y otro sinnúmero de pequeños detalles dedicados a ella.

Monica se sabía hermosa, pero cuando se comparaba con la menuda figura de la rubia se sentía desproporcionadamente grande y tosca, una locura le decía su cerebro, pero, no podía dejar de admirar el marco delicado del cuerpo de Candy, pequeña y bien proporcionada, no debía medir más de 1.65 de estatura, y al lado de William, la diferencia era significativa, estaba segura que en la foto del escritorio la rubia debía ser tal vez una talla dos, su cintura era imposiblemente pequeña, y ese exótico cabello rubio, lleno de rizos, abundante y rebelde, combinado con los hipnotizantes ojos verdes, tan iguales a los de la pintura de la oficina de William. No podía ignorarlo, William llevaba a esa mujer tatuada en el alma, y era capaz de darlo todo por ella.

Esa mañana, habían disfrutado de la mansión de Lakewood con nostalgia, todos tenían un recuerdo de ella ahí, cada flor, cada árbol, y cada habitación gritaban su nombre, era la casa donde habían vivido su adolescencia, dónde ella había descubierto la identidad de William, dónde el jardín estaba poblado de rosas blancas que llevaban su nombre, y dónde colgaban muchas pinturas de ella, en diferentes edades, junto con las pinturas de los Andrew.

Se encontraban en la alberca, habían retozado, comido y bebido, la risa fluía libremente en el ambiente, Elroy Andrew se encontraba en un chaise lounge leyendo un libro, y viéndolos de reojo de vez en cuando, era el cumpleaños de su amado sobrino, y ella agradecía que el pareciera haberse olvidado de Candy al menos por unas horas.

La mirada de adoración de Monica no le pasaba desapercibida, pero, tampoco ignoraba el hecho de que William no la veía como mujer, sino como una amiga… pero eso era algo con lo que se podía trabajar, una base desde dónde construir, presentía que pronto el mundo de William se vendría abajo, y no sabía sí su amor por Candy resistiría lo que seguramente estaba por venir.

Los reportes que llegaban después del ataque que había sufrido eran devastadores, las fotografías de ella, lo que Anthony le había contado, poco quedaba de la hermosa mujer que ella había visto partir un año atrás, había dejado de colaborar con Tiny Hands y se había lanzado por su cuenta y sin paracaídas al parecer.

Elroy había convencido a George de no pasarle los reportes completos a William, de omitir las fotografías más crudas, y los detalles más dolorosos, los reportes para él eran francamente maquillados, pero a Elroy no le importaba si el mismo infierno se desataba cuando él se diese cuenta de la verdad, no estaba dispuesta a hacerlo sufrir más de lo que ya sufría, Candy tenía que regresar por su voluntad y ganarse el perdón de William.

George entró al área de la alberca, vestía más informalmente que de costumbre, llevaba un pantalón de lino color claro, y camisa blanca del mismo material, no había más invitados que la familia y Monica, odiaba tener que interrumpir la alegría del momento, pero la información que tenía era sensible al tiempo, y ellos ya habían perdido días.

William lo vio entrar y le dijo con una sonrisa parado en la orilla de la alberca.

Geroge, amigo, ve a cambiarte y únete a nosotros. - le dijo William un poco achispado ante la cantidad de Whisky que habían tomado.

George lo observó, se veía feliz, en algún momento había cambiado el semblante atormentado por uno de paz, y en el corazón de George incluso había nacido la esperanza de que por fin estuviese sanando sus heridas, pero ahora no había tiempo que perder, no podía no decirle la noticia porque William Andrew jamás le perdonaría que le ocultase que a pesar de todas las medidas tomadas su peor pesadilla se había hecho una realidad.

William… - comenzó a decir George, cuando vio que Melissa aprovechando la distracción de su muchacho se abrazó a su cintura con la intención de tirarlo al agua, pero él reaccionó rápido y la alzó en brazos para llevarla junto con él, cayeron en la alberca abrazados y riendo.

El sonido del celular de Stear hizo que los demás lo abuchearan, habían acordado no teléfonos ese día, pero por supuesto Stear no podía vivir sin al menos un gadget, ignoró el abucheo y contestó de inmediato cuando vio el número, su rostro cambió en un momento, palideció y su semblante se volvió serio, volteó a ver a George y supo qué él también lo sabía.

¿Stear? – preguntó Patty al ver el rostro de su prometido pálido y con los ojos llorosos.

Lo vio observar a Albert y a Monica que ahora estaban jugando una guerra para ver quién podía hundir al otro en la piscina, y vio que el dolor se transformó en ira, tal vez no dirigida a Albert, pero iba a estallar en contra de él.

¡Déjala!, deja de comportarte como un hombre sin compromisos y sal de ahí, porque tu prometida te necesita. – le dijo con la voz temblorosa.

William aún tenía sus brazos alrededor de Monica, el al igual que Stear sabía que el reproche era injusto, pero el pánico en la voz de él lo hizo ignorar ese hecho. Volteó a ver a George soltando a Monica de inmediato, y en la mirada de su fiel amigo leyó parte del horror que estaba por venirse.

¿Qué le pasó a Candy? ¿George? – el silencio que el moreno guardó le pareció una eternidad.

Tal vez debamos hablar en privado.

¡NO! – le gritó Archie, -Todos queremos saber, no pueden dejarnos fuera de esto. –

Dímelo aquí George.

La señorita Candy ha sido secuestrada, y sólo contigo están dispuestos a hablar los secuestradores.

Albert sintió que su corazón se detenía, la tía Elroy empalideció, Patty y Annie gritaron de dolor, y Archie y Anthony endurecieron el rostro con furia, la misma furia que ya cegaba a Stear, y que por supuesto cegaría a Albert en cuanto procesara la información. Monica estaba segura que el malnacido que hubiese osado tocarle un solo cabello a Candice White Andrew lo iba a pagar con su vida.

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Quién está negociando con los secuestradores? - preguntó Albert, manteniendo la cabeza fría.

Dos días, Michael Dupont movió sus influencias y ya tiene un equipo de la CIA, y otro de la Interpol.

¿Por qué no sabíamos nada? ¿Cómo pueden haber pasado dos días? ¿¡Qué diablos estaba haciendo el equipo de seguridad?! –

No sabíamos nada porque…

Porque di la orden de que no se comunicaran conmigo para nada desde Chicago… y porque apagamos todos los teléfonos y desconectamos los de la casa…- dijo Albert a punto de derrumbarse.

Hijo, no podías saber que esto iba a pasar. – le dijo Elroy con la mirada suplicante. Pero Albert no le contestó nada, volteó a ver a George y continuó con el interrogatorio.

¿El equipo de seguridad?

Hay dos heridos de gravedad, ya los están atendiendo en Singapur, del equipo de Derek hay tres muertos.

¿Quién te llamó Stear?

Derek…

¡Maldita sea! George prepara todo, quiero el avión listo en una hora, habla con Michael y averigua si viene con nosotros.

Michael ya está allá.

Bien, entonces llámale y obtén toda la información necesaria.

Albert, iremos contigo. – le dijo Anthony.

No.

Pero… - iba a comenzar Archie.

No, escúchenme con atención, mucha atención, no pueden ir conmigo, si algo me pasa ustedes tienen que hacer lo que sea por rescatarla, y por mantener a esta familia a flote, hay que mandar el dinero de los Cornwell, Brower y el de la tía abuela a los bancos suizos, disfrazar las inversiones, y poner las propiedades ancestrales a nombre de alguien que no sea yo, sí están preguntando por mí, es porque saben quién soy, y yo estoy dispuesto a darles mi fortuna entera por la vida de ella, pero es mi responsabilidad salvaguardar todo lo demás, Anthony, tú tendrás que fungir como el patriarca si algo me pasa, ¿George?

Todo está preparado… los abogados saben qué hacer y Stear está al tanto.

Stear, confío en ti.

Por supuesto Albert…

Sí deben ir ustedes por ella sólo uno puede ir, no los tres, ¿queda claro?

Iré yo. Stear está más al tanto de todo lo de la empresa, y Anthony es el próximo patriarca, si algo sucede yo la traeré de regreso. –

Sí Archie, eso es precisamente lo que estaba pensando.

Tía, ¿Estás bien?

Sí William, anda, vete, yo ayudo a los muchachos con lo que hay que hacer.

Gracias Tía.

William…

¿Sí?

Tráela de regreso, no importa cuánto patalee y grite, por favor hijo, ya no más, tráela con su familia. – la voz de Elroy se quebró evidenciando sus sentimientos hacia su hija adoptiva.

La traeré, aunque me cueste su odio. - le aseguró William dándole un abrazo a su tía.

Monica seguía justo en el lugar que William la había dejado, los Andrew estaban en pie de guerra, y ni ella ni Sophie formaban parte de ello. Sophie le acercó una toalla y la ayudó a salir de la alberca, caminaron juntas a la mansión. En la entrada se toparon con Anthony quien venía de regreso por Sophie.

Lo siento amor, es que…-

No tienes que disculparte, es tu prima, y por supuesto que la situación es grave… ¿Partiremos para Chicago supongo? –

Sí, en cuanto todos estemos listos, el único que tiene urgencia de irse es Albert, así que tómense su tiempo.

¿Dónde está él?

Monica, no creo que… -

Sé perfectamente que no soy nada para él, pero, quiero despedirme. –

Bajará en 15 minutos.

Muy bien, lo esperaré. Gracias. –

Subió de prisa a su habitación, se cambió de ropa rápidamente, y justo cuando había terminado escuchó una puerta azotarse, distinguió los pasos característicos de él, y salió a su encuentro.

William…

Monica. – dijo él sorprendido de encontrarla en medio del pasillo con los ojos llorosos y descalza, su mirada le decía que había mil cosas que le quería decir, pero él no era un hombre libre para escucharla, y no le iba a permitir que se pusiera en evidencia.

William, yo…

Monica, discúlpame que todo haya sido tan abrupto, pero si quisieras quedarte, puedes hacerlo, ahora sí me disculpas…

William… - él la interrumpió.

No soy un hombre libre, y no solo tengo una responsabilidad con ella, la amo, y en verdad estoy dispuesto a dar mi vida, no es justo para ti que te deje decir nada, agradezco tu amistad y tu apoyo estos meses, pero mi corazón es de ella desde hace demasiado tiempo.

Sí necesitas algo, cuenta con mi apoyo, y el de mí familia. – le dijo ella, lo besó en la mejilla y lo abrazó rápidamente.

Gracias. – le dijo él correspondiendo al abrazo por unos segundos y después partió llevando con él el corazón de ella sin haberlo pedido.

India.

Derek despertó y en automático la buscó a su lado, al no encontrarla, se puso en pie, la tormenta había parado, pudo ver las huellas de ella en el lodo y decidió seguirlas, iba a comenzar a gritar su nombre cuando escuchó pasos frente a él, siguió el sendero, pero se dio cuenta que los pasos eran numerosos, y pesados, cómo de hombres calzando botas de combate, se preguntó si debía regresar a dar la alarma, o seguir adelante, las huellas de Candy seguían por el sendero, se iba a topar con ellos, apresuró el paso tratando de darle alcance, pero alguien lo sacó del sendero, justo a tiempo para ver qué el grupo estaba compuesto por unos 20 hombres, fuertemente armados, y que uno de ellos llevaba a Candy en hombros como desmayada. Quiso moverse, pero la persona que lo había metido a los matorrales se lo impidió. Escuchó la voz de Marianne que le susurraba al oído.

No te muevas, se dirigen a nuestro campamento… son más que nosotros, no podemos enfrentarlos abiertamente, ya avisé por radio que te tengo conmigo y que ellos se dirigen allá, creen que nos van a sorprender, nuestra mejor oportunidad es sorprenderlos nosotros a ellos, pero necesitamos que no te metas, también tenemos que cuidar de ti.

Soy buen tirador.

Sí, pero no tienes el entrenamiento que nosotros tenemos, y si dividimos la atención en dos será más difícil, toma esta arma, quédate escondido y por favor mantente a salvo.

Derek siguió a Marianne con cautela, escuchó el sonido ahogado de los cañones de armas largas con silenciadores que abrían fuego sobre su campamento, sus equipos respondieron al fuego cuando los hombres pretendían retirarse al darse cuenta que no había nadie en el campamento.

Derek estaba angustiado, entre tanto fuego cruzado temía que fuesen a herirla, en cuestión de minutos todo pasó, los hombres huyeron, algunos quedaron tirados en el camino, pero la mayoría huyeron, él quiso seguirlos, pero Marianne se lo impidió.

Tengo que…

No Derek, perdimos gente, y tenemos heridos, no podemos ir tras ella, ven tenemos que juntarnos con los demás, y planear la retirada.

No.

Derek, no voy a discutir, o vienes voluntariamente, o te aplico una llave que te deje inconsciente para sacarte de aquí. – le dijo con seriedad.

Derek evaluó la situación y comprendió que hablaba en serio y que era capaz de hacer lo que decía, la siguió de vuelta al campamento, dónde se enteró que tres de sus hombres habían muerto, y que Rob, Beth y Mark estaban mal heridos.

¿Qué haremos John?

Estoy llamando a los Andrew, pero no logro contactarme con ninguno, ya llamé al helicóptero, viene por nosotros…

¿Haremos más de un viaje?

No, William contrató uno de uso militar, es un monstruo de helicóptero.

Llamaré a mi padre.

Sí, no hay tiempo que perder. Necesitamos llevarte a un lugar seguro y después regresar con más gente.

Derek llamó a Michael, quien de inmediato hizo lo necesario para conseguir ayuda de agencias internacionales, pero le indicó a Michael que saliera de ahí como el equipo le decía, le juró a su hijo que haría lo que fuera por recuperar a Candy, pero él tenía que salir da ahí de inmediato.

18 horas después de que los Andrew se enterarán.

Un helicóptero descendió sobre el lugar, dónde el campamento de búsqueda y rescate se hallaba, estaban en una vieja base militar británica, que se usaba para operaciones encubiertas.

Derek vio el helicóptero descender, Candy llevaba 66 horas desaparecida, y él estaba sumido en la más profunda depresión, se rehusaba a comer, y se culpaba de lo sucedido, Candy había estado vulnerable, el jamás debió haberle hecho el amor en esas circunstancias, además había sido idea suya, él la había llevado hasta ahí, de no ser por él tal vez Candy estaría graduándose de su carrera, felizmente comprometida con William, organizando bailes de caridad, con su inocencia intacta. Con vida, plena, feliz, completa, no el remedo de mujer que había sido los últimos meses.

Derek estaba furioso consigo mismo, pero por alguna estúpida razón estaba más furioso con William Andrew por haber estado a punto de casarse con otra, por no habérsela llevado con él desde el primer momento, por haberla dejado regresar, por no haberla seguido hasta el mismo infierno como él había hecho durante esos últimos meses.

Lo vio descender del helicóptero, gallardo como siempre, con lentes de sol, aire de mando y lo que para Derek era la más frías de las actitudes. Y sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre él para derribarlo de un puñetazo. Por supuesto, aunque a Albert lo tomó por sorpresa se recuperó de inmediato y le regresó el golpe.

¿Quieres decirme que te pasa imbécil? – le reclamó Albert.

¿Qué te pasa a ti, por fin decides dejar las faldas de tu amante para venir? ¿dime de que sirve?

¡Te has vuelto loco!

¿Será porque fui hasta el infierno con ella, con tal de no dejarla sola?

Sí tú fuiste al infierno yo viví en uno desde que me dejó, y siempre he estado viendo por ella…

Eso es una mentira, la dejaste sola.

Nunca estuvo sola.

Claro que no lo estuvo porque yo estuve a su lado, dime, ¿Dónde estabas tú cuando ella estuvo hospitalizada? ¿Quién la llevó de un infierno a otro?

Para empezar, ella solo conoció el infierno porque tú la trajiste aquí. – le dijo Albert mientras le propinaba un golpe más

Jajajaja y ahora debo suponer que vienes al rescate según tú.

Por supuesto que vengo por ella, la voy a sacar de aquí y llevarla a dónde le corresponde.

A tú lado supongo…

¿dónde más?

En mis brazos, tal vez solo viniste para devolverla a mis brazos.

No seas imbécil, ella es mi mujer, y volverá conmigo, tu solo fuiste un pobre diablo que la siguió como perro por todos lados.

Jajajaja como perro, no me importa haber sido su perro guardián, al final del día el que mató dos hombres para evitar que la violaran fui yo, mis manos están manchadas de sangre por ella.

Derek pudo ver la cara de sorpresa en William, él no lo sabía.

No lo sabías… déjame te ilustro un poco más, no durmió por un mes después de eso sin llamarte, pero tú nunca apareciste, mandaste a Anthony en tú lugar, ella hubiese regresado contigo cuando deliraba en el hospital, ella hubiese regresado contigo en cualquier momento en que tú el poderoso y frío señor Andrew decidiera venir por ella, pero no, tú le habías dejado claro que si se iba jamás vendrías a buscarla, por eso ella nunca te llamó, porque el corazón se le rompió cuando el hombre que decía amarla, posaba de foto en foto con una mujer perfecta, su reemplazo, la mujer que el consejo aprobaría, una mujer con clase, refinada, tal vez igual de fría que Anelisse Macgreggor, pero adecuada para la poderosa familia Andrew.

No sabes de lo que hablas.

No, tú no sabes que no hubo noche que ella no se quedara dormida pronunciando tu nombre, añorando tu llegada. Le juraste amor para hacerla tu mujer, para robarle su inocencia y después la desechaste como has desechado a tantas otras, conmigo no puedes fingir inocencia William, yo sé perfectamente quien es el gran William Andrew.

Ella me ama. Y todo lo que dices no importa.

Importa, porque tu abandono la llevó a entregarse a mí. – esa última afirmación fue demasiado, hasta ese momento William había golpeado con furia contenida, pero era más alto y más fuerte que Derek, se abalanzó sobre él lo derribó, se sentó a horcajadas en su pecho y lo golpeó sin misericordia.

NO ES CIERTO, RETRACTATE, ELLA SOLO HA SIDO MÍA. -

Las lágrimas de dolor se mezclaban con el sudor y con la sangre, la sonrisa socarrona de Derek le confirmó que le decía la verdad, la derrota lo invadió en ese instante, su corazón se rompía y le preguntaba si acaso tanto amor y tanto dolor valían la pena, eso no podía estar sucediendo, pronto despertaría con ella en sus brazos, pero entonces las imágenes de Candy, su Candy enredada en un abrazo de pasión con Derek, con sus labios borrando las huellas de sus besos en la piel de ella lo asaltaron, la rabia, el dolor, la impotencia, lo abrumaron, la maldijo a ella por haberlo dejado, y se maldijo así mismo por no haber ido por ella, por no haberla acompañado, por no haberlo dejado todo para ayudarla en su búsqueda, debió llevarla con él y encerrarla si era necesario antes de dejarla vivir todo lo que había vivido, sintió que el mundo se derrumbaba sobre él, que la tierra se abría bajo sus pies, ya no era nada, no era nadie, no sin la constante del amor de Candy por él, probablemente hubiese matado a Derek si George y Michael que hasta el momento se habían mantenido al margen no intervienen.

Por primera vez en un año, desde que Candy le declarara su amor en la biblioteca y le robara ese dulce primer beso, William Albert Andrew se supo mortal, ya no era más invencible, ya no creía que su amor pudiera contra todo y por lo tanto tal vez ya no valía la pena vivir.

No sin ella, no sin la pequeña hechicera de ojos verdes que le robara el corazón hace toda una vida en una soleada colina. Porque después de todo, aunque la recuperara, ya la había perdido para siempre.