El Mago
Autor: Quetzalli
Resumen: Por fin Harry ha decidido revelar su mayor secreto y Sirius sigue en su cruzada personal.
Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus, Hermione -Charlie
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: Como siempre no quiero hacerles esperar apropósito así que acabo de terminar y ya estoy actualizando. Me tomó más de lo previsto pero espero lo disfruten.
Capítulo 21
El secreto de Harry
La calle no había cambiado en nada, las mismas casas de antes con sus jardines perfectos. La gente caminando en la acera tal vez lucía distinta a causa de la edad y la moda, pero en general todo lucía exactamente igual.
O casi.
El número cuatro de Privet Drive resplandecía un poco más que sus vecinos, presumiendo la pintura nueva en la fachada de la casa. Al tocar el timbre Sirius descubrió que la puerta era nueva, sofocó un bufido al recordar la superficialidad de los Dursley.
Petunia abrió la puerta, lo miró fijamente un momento antes de apartarse para permitirle el paso.
—Te esperaba mucho antes —le dijo a modo de saludo mientras desaparecía rumbo a la cocina sin decirle nada.
A diferencia de la calle, lo que se alcanzaba a ver dentro de la casa parecía gritar el paso del tiempo a través de los cambios: los sillones de l sala eran nuevos y ninguno tenía un enorme hueco, la chimenea no estaba repleta de fotografías y las paredes lucían más sobrias con un paisaje, un retrato de la familia Dursley junto a dos fotografías una del joven Dursley y la otra de un joven moreno que Sirius no alcanzó a detallar porque en ese regresó Petunia cargando una bandeja con una tetera, dos tazas y un plato con galletitas.
—No me mires así, casi no tengo visitas y a ti te esperaba hace unos cuantos años, pero siéntate, tenemos mucho que hablar.
Aún confuso Sirius tomó asiento y aceptó la primera taza de té que le era ofrecía en esa casa.
—Bebe con calma —dijo Petunia—. Si Vernon aparece para gritarte me llevará a la tumba con él.
—¡¿Dursley está muerto?!
—Desde hace tiempo.
—Lo lamento.
—Gracias, sé que no es cierto, pero es agradable la cortesía. Así que por fin vienes a preguntar por Harry —cambió el tema Petunia—. Creí que eras más listo.
—En ese tiempo no pensaba correctamente.
—Ahórrame el sentimentalismo —desdeñó Petunia ofreciéndole una galletita a Sirius—. Entonces todos cometimos errores, el mío fue permitir que Vernon tomara todas las decisiones.
—Era él quien tenía amenazado a Harry —no era una pregunta, sólo una afirmación.
—Dumbledore nos explicó en pocas palabras que Harry era normal y nunca sería un fenómeno como sus padres —dijo Petunia con la mirada perdida en sus recuerdos—, Vernon no estaba seguro así que insistió en mantener a Harry bajo régimen estricto. Tenía un par de meses fuera de la "disciplina especial" cuando reaparecieron ustedes para dictaminar que era normal.
Petunia se estremecía ligeramente cada vez que pronunciaba la palabra "normal".
—Pero seguiste viniendo y Vernon temía que Harry se volviera como ustedes si pasaba demasiado tiempo a su lado. Yo quería que te lo llevaras —reconoció la mujer.
—¿Tanta carga era tu sobrino? —la sorpresa y el dolor claro en la voz de Sirius.
—No me mal entiendas, estoy muy orgullosa de Harry, ha sido un mejor hijo que mi propio hijo. Sé que no merezco reconocimiento alguno porque sus logros son fruto de su propio esfuerzo —sonrió amargamente Petunia— del mismo modo que sé la verdad.
Petunia dejó la taza en la mesita de centro, con deliberada lentitud se puso en pie y caminó hasta el cuadro del joven moreno, lo tomó entre sus manos con inusual ternura acariciando la foto con suavidad, luego abrazó el marco y regresó a su lugar.
—¿Qué verdad?
—No puedes "contagiarte", al estar con gente como ustedes no se absorbe lo que los hace diferente —dijo Petunia con la seguridad de quien conoce la verdad—. Lo sé porque nunca me afectó mi hermana, yo era normal y ella no. Cuando éramos niñas supe que era diferente, incluso antes de que recibiera su carta.
Petunia le tendió el marco a Sirius mientras continuaba hablando.
—Y cuando recogí a Harry la mañana en que llegó supe desde que vi sus ojos, tan parecidos a los de ella, que eran iguales... que él era como sus padres. Y aún así ustedes insistían tanto en lo contrario que casi lo creí, era mentira pero quería creerlo aunque fuera un poco por su bien, por el de nuestra familia.
La forma en que Petunia hablaba obligaba a verla directamente a los ojos, casi como un conjuro que le impedía a Sirius mirar el cuadro.
—Yo quería que se fuera contigo para que pudiera descubrir lo que era a pesar de lo que decían de él. Porque siempre supe que tenía las mismas habilidades de Lili, ustedes eran quienes no se daban cuenta.
Un sorbo a su té calló a Petunia. Intentando encontrar sentido a sus palabras Sirius bajó la vista hasta la fotografía del joven en que se había convertido su ahijado y sintió que el mundo estaba girando más aprisa de lo previsto.
El pelo extremadamente corto, la ausencia de gafas, los ojos de Lili en un rostro entremezclado de sus padres y en la frente una cicatriz con forma de rayo que no había visto antes en Wizard porque el día anterior no se había quitado el sombrero.
—¿Ha-harry?
—Es tan guapo —confirmó Petunia con voz soñadora—, llamaría más la atención con el cabello un poco más largo pero trabaja en un Instituto muy prestigioso y no puede asistir como un rebelde ¡desaliñado como su padre!
Sirius apenas entendía lo que escuchaba, pero la verdad llegaba hasta él contundente.
El rebelde Wizard, líder de los muggles, salvador de las corrientes mágicas, era su ahijado squib, Harry Potter.
Tres personas ataviadas con elegantes abrigos negros de piel con capucha se encontraron con Harry en el punto de reunión acordado.
—¿Esta es su idea de no llamar la atención? —dijo a modo de saludo.
—Estas túnicas son similares a los sacos muggles.
—¡Claro Draco! Como si una familia de rubios platinados vestidos de lo más elegante en este barrio no fuera a llamar la atención… parecen gente famosa intentando pasar desapercibida —riño un poco en broma a su amigo—. La verdad es que no esperaba a los tres.
—Decidimos encarar este asunto en familia —declaró la señora Malfoy, tenía una voz sedosa tan fina y delicada como los guantes que cubrían sus manos.
—No veo a nadie de la Orden —dijo Draco después de presentar a su madre.
—¿Quien dijo que los necesitábamos?
—El fidelus...
—No te preocupes, el viejo Dumbledore me autorizó llevar visitantes —Harry le mostró a Draco lo que supuso era el sello distintivo del viejo, una hoja de papel con la dirección de la Orden del Fénix—. Tal vez piensa borrar memorias si no le agradan las visitas y recuerden llamarme Wizard, aún no saben que soy Harry Potter —advirtió por último a los tres Malfoy.
Sin más preámbulos se encontraron en el recibidor de Grimauld Place donde fueron recibidos por Remus Lupin quien, para su crédito, sólo se mostró impresionado ante el regreso a la vida de Draco.
—Los esperan en "la sala de juntas" —bromeó haciendo una caravana al abrirles la puerta aunque fuera sólo para poder espiar la cara de los presentes al ver a los tres Malfoy.
Harry por su parte los barrió a todos con la mirada apenas entró al recinto concentrándose en la maravillosa visión de Severus apartándole un lugar vacío, luego de reconocer a los magos que lo acompañaban Severus incluso sonrió abiertamente un segundo antes de enmascarar su rostro, Hermione y Charly ahogaron una risa nerviosa mientras el resto del clan Weasley palidecía. De todos los sorprendidos Dumbledore fue el mejor al permitir que sus gafas resbalaran por su nariz mientras desaparecía su buen gesto. Black era el único ausente.
—Supongo que esto tiene una gran explicación —dijo el viejo Dumbledore luego de las brevísimas introducciones.
—No tanto —se permitió contestar Lucius—. Fingí el asesinato de mi hijo cuando fue descubierto su espionaje, borré su memoria pero los muggles lo "rescataron" antes que yo, nos reencontramos y descubrimos la tercera fuerza en esta guerra dirigida por el joven señor Wizard a quien la familia Malfoy ha decidido apoyar incondicionalmente.
—¿A
cambio de qué? —gruñó un mago anciano con un ojo artificial que
no dejaba de girar.
—¡Moody por favor! —intentó mantener el
orden la matriarca Weasley, una mujer un tanto regordeta que se sentó
al último por servir algunas bandejas de panecillos, muchos de los
cuales estaban más al alcance de Harry que de los otros magos
presentes.
—¡Qué! Molly debes reconocer que gente como los Malfoy sólo dan su apoyo al mejor postor.
—Permíteme contradecirte Moody —dijo Draco luciendo todo lo distinguido posible—. Te recuerdo que he formado parte de esta Orden sin buscar un bien material.
—Acepto eso Malfoy, pero no vas a decirme ahora que tu papi está aquí por su corazón altruista —insistió el tal Moody.
—De hecho no, me encuentro aquí porque Wizard hizo una oferta que no pude rehusar: librarnos del control del Señor Tenebroso.
La Orden del Fénix en pleno guardó silencio ante esa declaración mirando a Harry como lo hicieran sus maestras cuando sucedía algo extraordinario que nadie podía explicar pero que todos sabían él era el culpable. Severus incluso tomó su mano por debajo de la mesa y le dio un ligero apretón para reiterarle su apoyo.
—¡Por favor! ¿Quieren dejar de verme como si fuera el siguiente mago maligno en intentar el control del mundo?
—¡Sólo un mago oscuro se atreve a hacer ese tipo de proposiciones! —gritó el hermano menos de Charlie.
—Y los demasiado buenos con el poder de cumplir lo que prometen —intervino Lucius Malfoy claramente divertido mientras abría su elegantísimo saco tipo túnica y dramáticamente subía el antebrazo izquierdo, mostrando la marca tenebrosa a los presentes. De inmediato Draco lo imitó dejando al descubierto su propia marca tenebrosa.
—Wizard nos ha ofrecido retirar la marca tenebrosa de nuestros brazos —dijo Draco.
—¿Cómo? —preguntó el patriarca Weasley a nombre de todos.
Lucius Malfoy depositó el mismo frasquito que Harry le entregara frente a todos. Estaba vacío.
—Nos dio un elixir capaz de purificar, no sólo la magia sino sus efectos secundarios —explicó el patriarca de la familia esperando un momento a que todos se dieran cuenta cabal del que el frasco estaba vacío—. Una sola dosis.
—Que ustedes no usaron porque aún tienen la marca tenebrosa —reiteró Dumbledore para aclarar el tema.
—Hay muchas formas de conseguir seguidores, los métodos del Señor Tenebroso para afirmar la lealtad de los suyos son contundentes —la madre de Draco puso una mano delicada sobre la de su esposo mientras este hablaba—. Nos enteramos del precio de la deslealtad cuando Draco decidió ayudarlos, cada movimiento suyo en contra del Señor Tenebroso se reflejaba en Narcisa.
Varios murmullos escandalizados, sobretodo por parte del sector femenino se dejaron escuchar.
—Primero fueron pequeñas marcas rojizas que agravaron considerablemente a lo que los muggles llaman cáncer de piel y que no es otra cosa que el desequilibrio mágico de una persona —explicó mirando con superioridad a aquellos magos que Harry supuso no eran de familias mágicas.
—¡Sabemos lo que eso significa! —gritó la bruja que había personificado a Severus—. Esa maldición que Voldemort lanzó por diversión ha cobrado muchas vidas.
—Lentamente —confirmó Lucius—. A nosotros no nos fue revelado su poder latente, por eso tardamos en descubrirlo. Ese fue el motivo por el que no podía entregar a Draco ni permitir que siguiera divulgando información vital, la lealtad a ustedes estaba matando a su madre.
Narcisa levantó la manga que cubría su brazo izquierdo, la silueta casi invisible de marcas en la piel confirmó sus palabras.
—Wizard dijo que prefería hacerle perder ayuda a su enemigo que un espía, sugirió que yo bebiera ese elixir y huyera con mi familia. No sabía del mal de mi esposa porque nosotros no habíamos querido compartirlo ni si quiera con nuestro hijo.
—Ahora somos libres —dijo Narcisa Malfoy acaparando la atención de los presentes—. Tenía mucho tiempo sin poder controlar mi magia, además las marcas aparecían o se volvían dolorosas cuando Draco desaparecía seguramente para hablar con ustedes. Hoy estamos aquí los tres y no siento nada.
Lentamente cada miembro de la Orden del Fénix comprendió el peso de la traición, algo de lo que Harry había hablado con Severus al descubrir su pasado mortífago.
—¿Cómo conseguiste ese elixir? —preguntó por fin Dumbledore.
—Surgió cuando purificamos las corrientes mágicas, lo pueden atestiguar sus magos —respondió Harry al punto en que tres cabezas asentían—. Le di al señor Malfoy lo que consideré justo, si hubiera sabido del problema de su esposa le habría dado más.
—Interesante, ¿podemos saber el por qué? —preguntó de nuevo el anciano mago.
—No me gustan las intrigas. Prefiero saber que si los Malfoy nos ayudan no es por interés sino por convicción, sólo así lograremos vencer a ese monstruo.
—El mejor motivo de apoyo por parte de los Malfoy es por honor, nunca apoyamos al Señor Tenebroso por honor, él no lo quiso prefirió nuestra lealtad a cambio de alimentar la ambición de poder de mi padre y la mía propia —habló de nuevo Lucius por los suyos—. Nos equivocamos pero no es algo imposible de corregir, ayudando a un mago con una causa justa como Wizard quedará salvado también nuestro honor.
—Siempre un oportunista —masculló Moody.
Malfoy ignoró el comentario fingiendo no haberlo escuchado al tiempo que, como todos los presentes, fijaba toda su atención en Dumbledore y Harry.
Mucho había esperado Severus por ese momento, ahora que estaba presenciándolo no pudo evitar el estremecimiento ansioso de la inseguridad. ¿Si aún no era el momento oportuno? ¿Cómo intentaría la Orden mantenerse unida ante tanta desconfianza? Miles de dudas más agolpadas en el instante que le tomó a Dumbledore retomar el control de la situación.
Harry debió sentir algo de su ansiedad porque apretó su mano por debajo de la mesa.
—Queremos un juramento mágico de que su participación en eventos futuros no nos perjudicará de ningún modo —dijo hacia los Malfoy mientras la mayoría de los presentes asentía.
—Aceptamos también sus condiciones Wizard, pero también necesitaremos ese juramento mágico de su parte, digamos un juramento irrompible —agregó directamente imponiéndose tan majestuoso como la primera vez que Severus pudo verlo y tan omnipresente como aquella vez que regresara arrepentido para volverse un espía.
Harry ni siquiera parpadeó.
—Me temo que no puedo tomar un juramento de ese tipo —dijo con la mayor tranquilidad—. Tengo entendido que es requisito indispensable ser un mago con todo y varita mágica.
—¡Claro! Ahora resulta que el mago capaz de regresar las corrientes mágicas a su flujo no es un mago —graznó burlón Mundungos Fletcher.
—Precisamente —sonrió Harry con una sonrisa digna del gato de Chesire.
El intercambio de exclamaciones, improperios y gritos que surgieron iban de lo iracundo a lo incrédulo. Dumbledore tuvo que imponer el orden entre los presentes antes de que Harry pudiera volver a hablar.
—Mi participación en este conflicto es por una mezcla de convicción, rebeldía y mucha suerte. No soy un mago ya que no he asistido a ninguna institución educativa mágica en toda mi vida que lo avale. No tengo una varita y mi desempeño mágico es elemental y fortuito —declaró Harry gozando a todas vistas de la sorpresa que generaba—. Mi mayor orgullo es ser conocido entre los mortífagos como El Destructor de Varitas, aunque mi registro oficial dentro de su mundo es como squib.
El estallido de voces se renovó al mayor nivel que Severus hubiera presenciado en una junta. Unos pocos guardaron silencio: Hermione, Charly, los Malfoy, y asombrosamente, Remus y Dumbledore.
—Ningún squib podría acceder a una corriente mágica, mucho menos purificarla —dijo la profesora McGonagall como si estuviera en clase.
—Por lo que aprendí tampoco puede hacerlo un mago —concluyó Harry—. Digamos que soy una anomalía.
—¿Qué tipo de anomalía?
Dumbledore tenía toda la atención de nuevo. Por un momento Severus consideró que esta batalla era decisiva y que más le valía a Harry salir victorioso.
—No tengo idea. Sólo sé que no encajo en ningún parámetro. Tendrán que confiar en mí porque dudo mucho que un juramento de los suyos me afecte.
—Todos somos susceptibles a la magia —explicó Dumbledore en su mejor postura de bondadoso director—. Incluso los muggles y los squibs, sólo no se percatan de ello.
—Yo no —insistió Harry de pie, reflejando una autoridad que hasta el momento había mantenido oculta—. Ustedes no pueden definir lo que soy, pero para tranquilizarlos haré ese juramento.
Sin más se volvió hacia Remus mientras le preguntaba a Hermione directamente que le indicara el proceso.
—Sólo tienes que tomar su mano y mientras un tercero sella el juramento con su varita.
Neville Longbottom se ofreció para tomar el juramento. Al momento, los tres magos tomaron sus posiciones. Un instante antes de iniciar Harry le dedicó a Severus una última traviesa mirada cómplice.
—Yo, Harry Potter…
Todos los presentes sin excepción estallaron ante la declaración, a cual más intentando interrogar a Harry que los ignoró por completo, su atención fija en Dumbledore que por primera vez desde que Severus lo conocía, se veía descompuesto, pálido y con el gesto asombrado.
—Yo, Harry Potter —repitió con gesto autosuficiente logrando el silencio total—. Juro que haré todo lo que esté en mi poder para derrotar al llamado Lord Voldemort. Aceptaré consejo y cooperación de La Orden del Fénix sin controlar ni dejarme influenciar por ninguno de los magos y brujas que componen esta institución. Por ningún motivo intentaré imponer mi voluntad buscando un beneficio personal haciendo uso de las corrientes mágicas. También prometo no convertirme en la siguiente amenaza al mundo mágico o muggle.
El tintinear de una aguja al caer habría sido perceptible en ese instante, tan pálidos como los Malfoy, los miembros de la Orden del Fénix contemplaron el brillo que señalaba el intercambio mágico del juramento. Había iniciado en ambas manos como en todos los juramentos, pero al entrelazarse la magia de Remus con la de Harry no se habían mezclado y visiblemente el poder del hombre lobo no alcanzaba al del joven por lo que terminó difuminándose hacia Remus indicando que él sí había sido tocado por el juramento pero sin que nadie pudiera decidir si el juramento también había alcanzado a Harry.
—Lo ven, soy una anomalía —sonrió él—. Un mago que no es mago.
Afortunadamente para Dumbledore todos estaban demasiado asombrados para notar lo alterado que estaba, todos excepto Severus que vio pasar un gesto de dolor por parte del anciano mago.
En medio de la confusión, Lucius se pudo en pie seguido por los otros dos miembros de su familia. Justos entrelazaron sus manos y las pusieron sobre la de Remus que seguía extendida bajo la varita de Longbottom aunque Harry ya había retirado su mano—. Nosotros, los Malfoy decidimos apoyarte a ti Harry Potter en tu cruzada contra el Señor Tenebroso por nuestro honor y con todos nuestros recursos hasta su caída.
Esta vez el juramento tuvo la reacción usual.
—Entonces debemos decidir los parámetros para el nuevo curso de acciones —dijo el profesor Dumbledore recuperando la atención de los presentes—. Tal vez lo mejor sea suspender la reunión de hoy hasta nuevo aviso mientras el señor Potter y yo definimos su participación que pese a su marcado dramatismo será muy provechosa para resolver este conflicto y recuperar la paz.
—¿Qué hacemos mientras? —logró preguntar Arthur.
—Guardar el secreto, mientras Voldemort desconozca la participación de los Malfoy y el señor Potter tendremos una ventaja inigualable.
Los gemelos se desmoronaron en su lugar golpeando la mesa con la cabeza mientras se quejaban de las pérdidas en la venta de playeras con la leyenda: ¡"Harry Potter vive! que se transformaba en: "y los Nargles existen". Mientras Luna Lovegood extendía su mano hacia ellos.
—¿Ven? Siempre tuve la razón —dijo con una de sus emblemáticas sonrisas.
—Aún no encontramos ningún Nargle —se defendió George.
—Pero Harry Potter vive.
Fred puso dos galeones en la palma de Luna.
La mayoría de los miembros de la Orden se habían retirado cuando Lucius se acercó a Harry para reiterarle su apoyo.
—¡Lo sabía! —le dijo con la mayor elegancia Malfoy—. La magia como la usamos no te afecta, por eso puedes romper varitas y repeler maldiciones con las manos desnudas.
Después de que los Malfoy salieran de Grimauld Place el viejo Dumbledore se decidió a pedirle a Harry una entrevista privada. Luego de dirigirle a Severus una rápida mirada para indicarle que no se preocupara lo siguió hasta lo que debía de ser el estudio, una habitación llena de libros, viejos y cómodos sillones, una mesa con una lámpara y un mueble que debía ser una cava a juzgar por el aroma a licor que manaba de él.
Dumbledore pronto estuvo instalado en el mejor (y más grande sillón), con un gesto cortés invitó a Harry a tomar asiento a su lado.
—Perdimos mucho el contacto entre nosotros Harry.
—No es que fuéramos muy cercanos profesor.
Ambos mantuvieron su postura cortés en una batalla silenciosa hasta que Albus Dumbledore suspiró mostrando todos y cada uno de sus años.
—Nunca quise lastimarte. Mi único afán fue que vivieras feliz y tranquilo.
—¿Con una profecía colgando de mi cabeza como una cuchilla mortal?
—Precisamente por eso decidí mantenerte alejado Harry, al ser squib tenías una oportunidad de vivir sin preocupaciones… aún así terminaste aquí fuera de todo pronóstico —reconoció Dumbledore sorprendido y ligeramente dolido.
—No se puede vivir una vida tranquila en medio de una guerra, ni se puede ser feliz viviendo en constante negación.
—En verdad creí que no tenías magia alguna —Dumbledore conjuró un elegante juego de té de plata y sirvió dos tazas—. Tu nombre desapareció de nuestros registros y pasaste dos veces por la misma revisión mágica. Tienes razón al afirmar que eres una anomalía.
—Lo que nunca entendí es si yo era tan importante ¿por qué nadie vigiló las condiciones en las que crecí con mis "guardianes" —dijo Harry luego de un sorbo a su té—. Aunque fuera una trabajadora social muggle.
—La señora Figg es una squib, ella vigiló tu seguridad.
—¿Lo hizo? —resopló Harry—. Los niños no deberían crecer con miedo a ser encerrados por días en una alacena.
Dumbledore tuvo el buen gesto de no opinar al respecto.
—Descuide, no es un reclamo, sólo era simple curiosidad —dijo Harry encontrando en su corazón que era cierto, por fin, después de todos esos años se daba cuenta de que había superado la etapa del rencor contra ese hombre que ahora lo trataba como a un igual—. Ya no soy un niño resentido, aprendí a enfrentar la adversidad, me adapté y crecí. Creo que era inevitable mi incursión en esta guerra, aunque me alegra que haya sido por mi propia voluntad.
—Sólo quise protegerte —se justificó Dumbledore con un deje de tristeza.
—Muchas veces las mejores intenciones no resultan en las mejores acciones —dijo Harry.
En ese momento su pequeña venganza contra Dumbledore ya no tenía el mismo atractivo y sin embargo sabía que había sido necesaria para dejar en claro las cosas entre ellos, porque él no iba a dejarse manipular ni enredar en sus conflictos, sólo quería terminar con la guerra.
—Dejemos el pasado y concentrémonos en el futuro —sugirió, de inmediato los azules ojos recuperaron el brillo característico.
—A final de cuentas no tuve corazón para seguir peleando con el viejo ¿qué tal si se muere del susto?
—¿Albus Dumbledore? Lo dudo, si sobrevivió al momento en que me volví amigo del demente de Black puede sobrevivir a cualquier sorpresa que le depare la vida.
Harry se acomodó en el hueco que dejaba el brazo de Severus recargado en el sillón de su habitación. Al final habían decidido subir juntos como un modo de equilibrar la balanza, después de todo Severus quería compartir su espacio con Harry.
—¿Por qué no estuvo Black en la junta? —alcanzó a preguntar Harry al encontrar su voz luego de un rato de estar bajo la lenta caricia que Severus daba a su cabello como si él fuera Heidi.
—Ni idea —ronroneó Severus en su oído—. Si querías saberlo debiste preguntarle a Remus.
—Ya me enteraré —dijo Harry justo antes de que Severus le robara un beso.
No había mucho que ver en la habitación, apenas un escritorio, el ropero, un librero, la cama y el sillón. Lo demás eran diagramas pegados en las paredes que ambos conocían de memoria.
—Entonces… ¿Piensas quedarte o prefieres regresar a tu casa? —preguntó entre besos Severus.
—Creo que debes escucharme antes —dijo ligeramente inseguro Harry cuando logró que su cerebro tuviera cierto control.
—Espero que no sea nada malo.
—Yo también lo espero. He quedado a deberte un secreto, el de "mi informante secreto" —comenzó a explicar Harry cobijado en el brazo de Severus—. Es algo de lo más raro porque creo que tengo toda esta información gracias al mismo tipo que provoca los ataques.
Severus continuó acariciando el cabello de Harry, escuchando sin interrumpir.
—Es sólo que a veces, dormido o despierto, tengo estas visiones del loco como si fuera yo mismo, escuchando sus planes o sus rabietas. Sobretodo cuando está muy molesto o demasiado feliz.
—¿Cómo te hace sentir eso?
—¡Cómo si yo fuera el maldito que planea todos esos crímenes! —estalló Harry— ¿Puedes imaginarte lo bizarro que es estar dentro de la mente de un psicópata?
—Por eso te convertiste en terapeuta psiquiátrico —comprendió Severus sin dejar de acariciar el cabello de Harry para controlar su furia.
—Si, yo quería ser médico psiquíatra pero… mi familia no podía costearlo, empecé a trabajar en el Instituto de mozo y poco a poco me gané el respeto del director, un anciano que me recuerda a Dumbledore y sorpresivamente siempre me cayó bien, supongo que es porque me hacía sentir aceptado por alguien como él. Me ayudó a conseguir una beca y me convertí en terapeuta intentando descubrir si yo estaba loco o en verdad tenía un lazo mental con un demente.
—Eso fue lo que te llevó a salvar todas esas vidas.
—Sólo podía pensar en esa gente muriendo y que nadie me creería que sabía cuando y dónde serían los ataques, así que decidí hacer todo lo posible por salvarlos —aceptó Harry.
Siguieon abrazados un rato, dejando que todo cayera en su sitio hasta que Severus retiró su brazo y con ambas manos tomó el rostro de Harry, besó sus párpados y lo abrazó con la mayor ternura de que era capaz.
—Conocí a ese hombre porque fui lo suficiente estúpido como para creer en sus palabras y seguirlo en su camino demencial. Tu no eres nada como él, desde que te conozco sólo he percibido lo enorme de tu corazón. Si tuviera que decirte algo ahora sería "lo sé".
—¿Sabías que recibo los planes demoníacos de Voldemort en mi cabeza? —dijo Harry soltándose del abrazo.
—No exactamente pero supuse que algo así debía estar pasando para que siempre llegaras antes que La Orden del Fénix —sonrió tímidamente Severus intentando ser más claro—. Honestamente Harry, nunca he temido que haya oscuridad en tu corazón porque me cada día que pasa te conozco más y no dejo de admirarme.
—Pero yo soy…
—El mago más poderoso que conozco —lo interrumpió Severus—, y si mis suposiciones son ciertas, uno prácticamente invencible. Verás creo que la protección que te dio tu madre al morir alteró tu magia.
—¿Cómo que alteró?
—Estabas inscrito en el libro de Hogwarts casi al nacer, eso quiere decir que reconoció tu magia, luego del ataque del Señor Tenebroso tu nombre desapareció claro que nadie se dio cuenta hasta que cumpliste once años y debían enviar tu carta de aceptación.
—¡Ya sé eso Severus!
—Claro y todo el mundo mágico, pero lo que no saben es que no te convertiste en squib, sino que entre la maldición asesina y la protección de tu madre alteraron tu magia haciéndote inmune.
—¿A qué?
—A la misma magia —declaró Severus pasando una mano sobre la frente de Harry en un gesto afectuoso—. Tú puedes manejarla, controlarla, guiarla incluso como ya comprobamos, pero no puedes ser afectado por ella. Por eso los hechizos para determinar si eras un mago resultaron negativos y tu nombre desapareció del libro, un mago no puede destruir una varita con las manos desnudas ni repeler hechizos como tú lo haces. ¡No hay límites en la forma que usas la magia! Y eso es lo mejor de todo porque a pesar de todo no hay nadie más respetuoso de su delicado equilibrio como tú Harry que has sentido su poder máximo y no lo has ambicionado.
Severus soltó a Harry.
El tenue brillo de una lágrima corría por sus mejillas y hacía resplandecer aún más sus hermosos ojos verdes.
Harry sonrió y en un impulso se lanzó al cuello de Severus compartiendo con él un beso lleno de amor y promesas.
Acabarían con esa guerra y no habría nada que los separara.
—… y como siempre llego a la primera clase de danza del estudio vi que salió muy temprano —terminó la vecina de Harry agitando sus enormes pestañas. En serio ¿era necesario invertir cinco minutos en contestar una sola pregunta?
—Gracias, esperaré aquí —suspiró Sirius recordándose que no era buena idea hechizar a los vecinos de su ahijado.
—Puede tardar mucho, a veces no llega en toda la noche —continuó la chica—. Puedes esperar en mi casa, si quieres.
—No, creo que vendré después, ya es muy tarde.
—A penas las diez de la noche. Puedes esperar un poco con una taza de café o si gustas algo más fuerte.
—Gracias Lorelei, mejor vendré mañana.
Huyó Sirius rumbo a Grimauld Place cada vez más molesto por no haber logrado encontrar a Harry.
Continuará
N/A: ¡Logré terminarlo! Ahora en cuanto tenga unos cuantos comentarios regresaré o cuando logré terminar el próximo capítulo. Los quiero muchos besos quetzalescos.
