Capítulo 21
Un beso, pero no de ella
Bellatrix se transportó al vestíbulo, apareciendo en un giro. Apuntó su varita a un solo objetivo y con su mirada desencajada, gritó a todo pulmón:
— ¡AVADA KEDAVRA!
Albus empujó a Lucius por puro instinto y evitó el mortal hechizo, por milímetros.
La confusión, histeria y pánico, cobró vida en el vestíbulo.
Alumnos, profesores y aliados, corrían en todas direcciones, evitando y perpetuando ataques, a diestra y siniestra.
Dumbledore se adelantó unos cuantos pasos, con varita en mano. Apartó a un grupo de chicos que obstaculizaba el camino, y buscó entre la gente, pero no concluyó su cometido.
Lamentándose, se dio la vuelta para desplegar su potencial contra los mortífagos que estaban invadiendo su colegio.
Ya tendremos otra oportunidad, Madame Lestrange, pensó, invocando una gran masa de lodo ardiendo, haciéndola explotar en el momento justo, cuando veinte mortífagos entraban a la carrera.
Con una sonrisa perversa, Bellatrix pudo escabullirse sin ser atacada.
Harry estaba decidido. Si su vida iba a terminar, que fuera lo más pronto posible. Y aprovechando la confusión colectiva, corrió sedero abajo, rumbo al bosque.
Ronald lo vio escaparse entre el gentío y corrió tras él, con todas sus fuerzas.
— ¡DETENTE! ¡IRÉ CONTIGO!
— ¡Ron! ¡No te lo repito!—Harry se detuvo de golpe y lo miró con una punzada de dolor, en su pecho—. ¡Vuelve al castillo! ¡AHORA!—gritó, empujándolo, haciéndolo caer de traste, en el húmedo césped.
¡NO! ¡NO LO HARÉ!—replicó, imperturbable.
Ron había decidido que acompañaría a Harry a su destino y nada cambiaría su parecer.
— ¡Usted volverá al castillo, Sr. Weasley!—ordenó una vos, a sus espaldas.
Los dos chicos quedaron en silencio y giraron para ver al recién llegado.
Snape había aparecido de la nada. Su capa ondeaba suavemente, y los hechizos sobre sus cabezas, iluminaban su rostro más tétrico que de costumbre. Parecía que no había dormido en semanas.
— ¿Usted quién se cree que es para venir y mandonearme?—escupió el pelirrojo, sacudiéndose con excesiva fuerza, la tierra tras la caída—, ¿no se da cuenta que su autoridad ya no sirve de nada? ¡MIRE A SU ALREDEDOR!—chilló, extendiendo sus brazos, para que observara como todo se caía a pedazos.
El castillo, los puentes, la gente gritando, muriendo, todo estaba sucediendo sin que ninguno pudiera evitarlo, incluso Harry.
— ¡RON!—frenó Harry. Tratando de que su amigo no se fuera más al cuerno, de lo que ya se había ido.
— ¿QUE?—protestó, girando la vista— ¡Harry! ¡No puedo permitir que vayas solo! ¡No me lo perdonaría nunca! ¿No lo entiendes?
— ¡Ron…por favor, no lo hagas más difícil! ¡Regresa al castillo! Sí no es por mí, hazlo por Hermione. ¡Ella te necesita con vida!—suplicó Harry, con los ojos llenos de lagrimas.
—Pero…—quiso protestar, pero Hermione era su debilidad, y Harry lo sabía.
— ¡No irá solo, Sr. Weasley! ¡Yo iré con él!—sentenció Snape, pasando por alto los improperios recibidos.
— ¿¡El qué!? Ah...no, no, no no. ¡Usted tampoco irá conmigo! ¡Debo ir solo! ¿Se han vuelto locos?
—Si quiere creer que estoy loco, me da igual, Sr. Potter—se burló, rodando sus ojos—. Además, el Señor Tenebroso, ha solicitado mi presencia. Por lo tanto, no es tan descabellado que llegue conmigo, ¿no le parece?
— ¿Usted lo entregará? ¿Eso esta tratado de decir?—preguntó incrédulo, el pelirrojo,
—No, Ron. Snape tiene razón—reconoció, Harry, adivinando lo que Severus pretendía hacer—. ¡Quiere estar a mi lado en ese momento! ¿No es así, profesor?—se dirigió al mayor, que lo miraba intensamente.
— ¡Sí!—musitó, sin dejar en evidencia, su absoluto estado de pánico. No podía evitar que Harry muriera. Pero lo que sí podía y haría, era estar con él hasta el último segundo de su vida…y de la suya.
Snape sabía que como la de Harry, su existencia, también culminaría hoy. Si no podía cumplir su misión, que era protegerlo contra todo, ya no valdría de nada salvarse.
Harry se le había confesado, días atrás. Entonces… ¿Cómo seguir adelante sabiendo que la esperanza de una vida junto a él, ya no sería posible? Por primera vez en su vida, sentía la adrenalina atravesar su cuerpo, como lava en ebullición. Le daría tiempo, atacaría, iría contra el mundo.
La decisión que emanaba de sus ojos, llegó hasta Harry, que con una sonrisa casi imperceptible, le demostró su infinito agradecimiento.
— ¡Entiendo!—dijo el pelirrojo, tristemente, aceptando la decisión de su compañero. Se aproximó rápidamente y lo abrazó con fuerza.
—Permanezca con él, en todo momento ¿Me escucha?— advirtió, apuntando con su dedo, al tan odiado profesor de pociones.
— ¡Eso haré, Sr. Weasley!—confirmó, haciendo una seña para Harry siguiera sus pasos.
—Nos vemos, amigo ¡Cuídate! ¡Y cuida de Hermione!—pidió, emprendiendo la marcha.
— ¡Lo prometo!
Ronald observó como Harry y Snape, cruzaban los límites, y se adentraban en la inmensidad del bosque prohibido. Llenó sus pulmones de aire y no muy convencido, se dio la vuelta para correr nuevamente hacia el castillo.
Narcissa, con la boca abierta, roncaba como una morsa a punto de explotar. Por otro lado, Andrómeda, parecía relajada y profundamente dormida.
Hermione y Draco, secaron el sudor de sus frentes, luego de acomodar a ambas mujeres en el sillón del comedor, se miraron nerviosos, y se sintieron satisfechos y orgullosos con el resultado obtenido.
— ¡Qué vergüenza! ¡Por Merlín! ¿Qué le pasa a esta mujer?—dijo Draco, horrorizado, viendo como a su madre, le escurría la baba por la mejilla.
Hermione se le escapó una risilla, e inconscientemente, sus ojos se desviaron al rostro de Andrómeda.
El rubio se acercó para intentar cerrarle la boca a su madre, pero logró que se ahogara y emitiera un sonido, diez veces peor.
— ¡Déjala! Debe ser el efecto de las pastillas—intervino la castaña.
— ¡Nunca la había visto así!—confesó, entre divertido y preocupado.
—Sí, es extraño. Ella no ronca—aportó sin darse cuenta.
— ¡Claro! Si se me había olvidado que tú duermes con ella—ironizó, chasqueando sus dedos.
Hermione no lo escuchó, seguía de pie, frente al sillón, apreciando los rasgos de esa mujer que perfectamente podrían igualarse a los de….
— ¡Hazlo de una vez!, ¿quieres?—apresuró Draco, cruzado de brazos y con gesto impaciente.
— ¡Eh! ¿El qué cosa?—reaccionó Hermione, mirándolo intrigada y nerviosa.
— ¡Besar a mi tía! ¡Por supuesto!—dijo como lo más lógico del mundo.
— ¿QUEEE?
— ¡Oh! ¡Vamos! ¿Qué pensaste?, ¿qué no me daría cuenta? ¡Hazlo de una maldita vez! Te recuerdo que tenemos que salir cuanto antes de esta casa.
Hermione quedó paralizada. Automáticamente dejó de mirar a Andrómeda y se centró en el rubio con el corazón latiéndole a mil por hora. ¿Qué pretendía? …¿qué bese a Andrómeda?, se preguntó, con un cosquilleo involuntario que le atravesaba la boca del estomago.
— ¿Por qué de repente te comportas así conmigo?, ¡no lo entiendo!—quiso saber, observándolo a los ojos—Lo que quiero decir es que todos estos años me has denigrado como un verdadero desgraciado, y ahora….
—No me malentiendas—cortó el rubio, tranquilamente—. No pretendo ser tu amigo, ni mucho menos, —aclaró sincero—pero no soy estúpido. Si queremos salir de aquí, necesitamos trabajar en equipo, Granger. ¡Y sólo por eso, estoy dispuesto hacerlo! Así que…ve y bésala de una vez—apremió, empujándola levemente—. Tenemos que ver como llegaremos al castillo. Cuanto más rápido lo hagas, más rápido encontraremos los condenados polvos Flu.
— ¡No es que me guste ella! Yo…yo…—pretendió aclarar, completamente incomoda.
—Sí, sí…ya lo sé….Bellatrix, Andrómeda…Andrómeda, Bellatrix…da igual—dijo Draco, agitando su mano, restándole importancia—. ¡Te espero en el pasillo!—comunicó, saliendo del comedor, dándole privacidad.
Hermione lo vio salir, aún anclada en el centro de la habitación y suspiró largamente, sin poder creerlo.
¿Estaba preparada para admitir esto? No, por supuesto que no lo estaba, pero sus pies se movían por si solos, sin ser capaz de controlarlos.
— ¿Por qué me lastimaste tan vilmente?—preguntó en un susurro a la persona equivocas, y derramando un par de lagrimas—. Sé que no eres ella, pero…
Hermione se inclinó donde yacía Andrómeda, sumida en un profundo sueño, y extendió su temblorosa mano para acariciar delicadamente su mejilla.
Cerrando fuertemente sus ojos, dejó salir a flote su más oscuro deseo.
En la soledad de la habitación, por primera vez, se permitió sentirlo. Era algo asquerosamente intoxicante. Una necesidad que sólo podía ceder ante su presencia.
¿Cómo había sucedido? ¿En qué momento había permitido lo impensable? ¡Ella sabía cuando había crecido ese miserable sentimiento, esparciéndose como plaga, pero no iba a reconocerlo, jamás! ¡Había perdido la cabeza! ¡Estaba completamente enferma y ahora, nada importaba!
Lentamente se acercó y sin dejar de mirarla, unió sus labios con los de ella. Porque para Hermione, en ese momento, no se trataba de Andrómeda Tonks.
Prolongó el contacto unos cuantos segundos y cuando se separó, se acercó a su oído para murmurarle, llorando como nunca lo había hecho, hasta ahora:
—Me enamoré de ti, Bellatrix. Eres lo peor que me pasó en la vida y aún así, mi corazón te ha elegido. Sólo espero que la muerte me encuentre rápido. Porque lo que siento dentro de mí, me va a destruir más de lo que tú ya me has destruido.
Andrómeda se removió en sueños y Hermione se apartó rápidamente, con un nudo en la garganta.
Caminó hacia la puerta, y conteniendo su congoja, salió de la sala.
Ya estaba hecho. Ahora, sólo tendría que dejar que su alma se envenenara por sí sola. Volcar todo ese resentimiento y frustración acumulados, en un solo sitio… la guerra.
Ya era hora de demostrarse a sí misma, que si su vida no terminaba donde ella esperaba, podría convivir con su conciencia. Esa misma, que a cada momento taladraba su cordura, hasta el punto de cuestionarse, repitiéndole una y otra y otra vez la misma incoherencia:
"Ve…búscala. Háblale. Tal vez si logras que te entienda, tú puedas entenderla a ella"
Nuevo capítulo! Después de unos cuantos días en cama, por fin pude sentarme a terminarlo. Espero que les guste, saludos.
Yumari: Me he pasado por tu perfil y leí una de tus historias…Me ha gustado, sigue escribiendo.
Lizi: Debo confesar que me ha dolido matar a Ginny de esa manera, pero Pansy, con seguridad, va a salir adelante.
Steph: Un lío tras otro, ¿no?, y cada vez se irán sumando nuevos personajes.
Guest: Bienvenido/a. Me alegra mucho que te guste la historia.
