Capitulo 21: La decisión más importante
Suzaku P.O.V.
Fueron los días más largos de mi vida, superando a los días antes del Réquiem por mucho. Porque esta vez yo era el que tenía planeado el final. No era con el consentimiento de Lelouch y mucho menos tenía su apoyo en esto, pero al final lo tenía que hacer y ya estaba más que preparado a dar el paso, les gustara a muchos o no.
Observar a Nunnally pelear contra el tiempo quizás había sido lo más difícil. Nuestras pláticas habían sido reducidas a casi nada y cuando llegamos a tener un tiempo decente para hablar, las predicciones no eran buenas. Ella estaba desesperada, lo podía ver. La manera en que todos los días antes de que yo despertara ella ya estaba en la base. Después de que yo trataba de dormir, ella todavía seguía intentando encontrar algo. Tanto empeño jamás lo había visto en ella por las cadenas que antes la tenían atada a depender de otros, pero ahora que no había impedimentos, notaba que ambos hermanos eran unos adversarios a temer, en especial cuando velaban por la seguridad del otro.
Ella trabajó por todo el mes lo más que pudo, todos los días al límite.
Recuerdo haber reprendido a Lelouch por eso, incluso jugarle una pequeña broma, pero ahora que me daba cuenta de que no lo hacía por gusto, me sentía poco comprensivo en aquél momento.
Yo era el que no estaba dando todo de mí para detener esta nueva amenaza. Aunque ahora ya había cambiado.
Nunnally no estaba sola en su travesía. Cuando yo evité acercarme demasiado a sus actividades para impedir que mi decisión flaqueara, ella siempre tuvo manos muy decididas a su causa. Kaguya era una de ellas.
Sabía lo mucho que idolatraba a Lelouch cuando fue Zero y que nadie sabía su identidad. Incluso ahora tenía pensamientos más fuertes sobre lo que él era y hacía. Lo comprendía muy bien. Siendo natural que se anexara por su cuenta a la causa de Nunnally. Ambas pasaban días y noches enteros buscando las más mínimas pistas en la poca información que teníamos. Tratando de encontrar un hilo el cual seguir que las llevara a quien buscaban.
Sin importar los constantes fracasos o callejones sin salida, nunca se detuvieron.
La Tianzi era otra pequeña ayuda en el trayecto. Dejando su país en manos de Xingke por el momento, ella trabajaba duro en las comunicaciones con otros países buscando señas de sospecha o algo, solo algo. Lo más mínimo podía darles fuerzas para continuar hasta que el tiempo se agotara.
Incluso haciendo un recorrido rutinario alrededor de la base, me había encontrado con algo que no esperaba, del todo. Una persona que estaba trabajando por su cuenta, tratando de encontrar a Lelouch por medio de lo que había visto y sabía a estas alturas de los Knightmare Frame enemigos. Kallen estaba buscándolo. Basándose en características que recordaba de los Hybrid Knightmare, haciendo investigaciones sobre de dónde podrían venir las piezas de esas máquinas y así tener siquiera la más mínima idea.
No es como si no lo esperara de ella. Era muy comprensible, de hecho. Porque sin Lelouch no hubieran pasado tantas cosas que beneficiaron al mundo, que ahora muchos veían como una obligación el encontrarlo, costara lo que costara. Kallen había sido la más leal seguidora de Zero, y lo seguía siendo. No había manera en que abandonara a su líder, no al menos de nuevo.
Y si creí que las cosas acababan ahí, estaba muy equivocado. Pero no sabía cómo había llegado hasta oídos de la presidenta este límite de tiempo que yo había implementado, Nunnally quizás.
Sabía que yo tenía que despedirme de mi humanidad y sentimientos cuando emprendiera el camino universal a seguir, así que había tratado de arreglar una visita sorpresa a todo el consejo estudiantil de Ashford. Cuando entré no esperaba encontrar aquél caos de papeles y teléfonos, a la presidenta sentada sobre el escritorio, haciendo una de sus mejores voces persuasivas:
-¿Hola? ¿Podrían comunicarme con el príncipe Lelouch Vi Britannia para poder decirle que olvidó su cartera en mi casa?- pasaron unos segundos -¡¿Cómo que no está ahí? ¿El maldito me engañó?... Gracias por su tiempo-
Colgó y suspiró derrotada.
-Bien Rivalz, puedes tachar Taití en la lista de países- ordenó con renovada energía –Solo nos quedan 184 por confirmar-
Me habría reído, tenía todo el derecho de hacerlo. Pero solo pude formar una cálida sonrisa a sus intentos que de una forma u otra los podían hacer útiles.
-Presidenta, creo que el director nos matará por la cuenta del teléfono del Consejo Estudiantil, ¡Tantas llamadas de larga distancia!- se quejó Rivalz. Aún así no había señas en él de querer parar. Solo le preocupaba el dinero invertido.
Shirley, por otra parte, se encontrada sacando los números de teléfono de distintas páginas en la red. Las claves de larga distancia y posibles lugares a los que se podían llamar en cada país restante.
Cada uno de ellos apoyando, lo mejor que podían.
De C.C. no tenía noticas todavía. Desde Britannia sabía que Cornelia y Euphy continuaban con sus propias búsquedas.
Verlos así no me hacía sentirme mejor como persona. Ver que tantas caras conocidas estaban peleando hasta el último segundo para rescatar a un buen amigo y hermano, me hacía pensar en lo que yo estaba haciendo y que a estas alturas solo podía esperar que él me perdonara una vez que todo comenzara.
Era un camino solitario.
Mecánicamente hablando las cosas no habían mejorado tanto como quisiera. No nos habíamos acercado al punto de poder hacer un verdadero frente a los Hybrid Knightmare así que ya sobre la fecha me veía considerando los posibles efectos del FLEIJA de nuevo sobre el campo de batalla. No era una decisión que hubiese tomado de la noche a la mañana, pero sí se me estaba obligando a meterla en todas mis opciones. Por muy malo que sonara, era una solución rápida, sencilla y prohibida, para acabar con nuestros enemigos.
También me preparaba mentalmente para tomar las decisiones que seguramente aparecerían.
Obligándome a pensar como Zero, sabía que el haberse llevado a Lelouch y tenerlo vivo, solo significaba que lo usarían como material de intercambio cuando la oportunidad se presentara. O ni siquiera como intercambio, pero sí como una amenaza.
Que nosotros les entregáramos algo y así él continuaría vivo.
Esa era la respuesta que probaría que ya no había por qué mirar atrás. Que yo estaba decidido a seguir adelante y no darles una sola ventaja mientras estuviera en mi poder.
No sería fácil contestar.
Por lo que me estaba haciendo a la idea de que pronto pasaría y que no había nada más que pudiera hacer para salvarlo. Esta vez se había quedado solo. Sin importar la opinión de nadie, los sacrificios tenían que hacerse o el mundo caería en una terrible época de tensión.
Yo tenía que ser el responsable.
Porque Zero no había aparecido desde hace un tiempo en público o dentro de la base, y no aparecería hasta que yo viera que era absolutamente necesario y que pudiera llevar a cabo todas las responsabilidades de la máscara.
-¿Suzaku-kun?-
Desperté de mis pensamientos por la voz recién llegada. Me levanté de la silla en la que estaba para recibir a mi maestro.
-Todou-san- saludé. Sin embargo había una seria mirada en rostro del hombre que no me atrevería a decir por qué era, solo sé que no presagiaba buenas noticias o temas buenos.
Suspiró ante mi silencio.
-¿Estás decidido, no es así?- caminó hasta mi lado y ambos veíamos la gran pantalla que mostraba el espacio de Japón. Esa en la cual aparecerían azules cuando el enemigo estuviera cerca.
-Aa- contesté. La respuesta ya la esperaba, el límite de tiempo que le había dado a Nunnally llegaría a su fin en dos días y las personas en la base se tensaban cada vez más hasta el punto que todo estaba sumido en un denso silencio.
-Entonces todos te seguiremos, Kururugi Suzaku- continuó mi maestro con una gran aspiración de aire, caminando hasta los controles del Centro de Comandos. Lo miré confundido por unos momentos hasta que después de presionar un par de teclas, el panorama cambió.
Un gran punto azul flanqueado por otros dos puntos se acercaba con lentitud sobre nuestro espacio.
Así que erré dos días en el tiempo que les di. Pensaba para mí mismo.
-Todou-san, la alarma- instruí.
Lawrence P.O.V.
Alcanzamos Japón cuando los últimos rayos de sol amenazaban con desaparecer. Una nueva batalla se libraría cuando la oscuridad tomara el espacio que nos separaba a nosotros de la base. Por lo que podía predecir, este sería un punto decisivo para todos y no nos sería fácil aplastar el orgullo Japonés liderado por Zero. No si íbamos por todo y la Orden de los Caballeros Negros pelearía con sus vidas hasta el final.
Era una muy hermosa forma de morir, desde mi punto de vista. Peleando por lo que más se quería y entregar la vida a la causa. Eso demostraba lo comprometidos que estaban con su país, arriesgándose hasta el final aún cuando todos los pronósticos estaban en su contra. ¿Qué era lo que los impulsaba a seguir?
Un verdadero motivo.
Eso era.
No seguían a Zero solo por ser un símbolo enmascarado y misterioso. Zero no solo era un disfraz pero sí el representante del mundo entero que decía que nadie se doblegaría ante nadie en un mundo igual. Tenía una gran responsabilidad en su espalda y aún así peleaban, el conocimiento de que perderían no significaba que entregarían todo. No buscaban tener una mala vida siendo conquistados, pero sí una bella muerte peleando con el enemigo.
Eso era fortaleza.
Lo único que nos hacía superarlos era el poder en los Hybrid Knightmare, pero estoy seguro que de estar pelando con iguales, no hubiésemos logrado llegar a este punto. Porque nuestro motivo era confuso y había desaparecido en tantas palabras distintas.
No sabíamos en grupo qué nos había traído hasta esta consecuencia.
Yo sentía haberlo olvidado.
-Hybrid Swan e Hybrid Azrael, salgan- ordené.
Todo acabaría hoy.
Suzaku P.O.V.
Una vez lanzada la alarma, la base volvió a la vida con un coraje no visto antes. Todos sabían que no tendríamos otra oportunidad además de esta. Todos sabían que si perdíamos aquí, lo más probable es que perderíamos al mundo. Así que los Knightmare Frame disponibles, de cualquier clase, comenzaron a ser encendidos con grandes esperanzas y decisión en cada piloto.
El Guren SEITEN y Tristán los dirigían en el cielo. Por tierra confiaba en Tamaki.
Decenas y decenas de Knightmare salían de la base, pero sabía que no serían suficientes. A pesar de tener varios pilotos, había Knightmare Frame todavía esperando por alguien que los pudiera pilotar. Habíamos construido tantos como podíamos, estar preparados para usar otro y otro de ser necesario, pero al final todos los pilotos disponibles y nuevos reclutas ya habían salido, dejando varias máquinas detrás.
El Lancelot Albion esperaba en el hangar, pero sabía que el enorme ego del enemigo no dejaría que la batalla comenzara sin darnos la oportunidad de rendirnos y no causar tantas bajas, usando a un prisionero como presión anexada a la petición.
Lo único con lo que One no contaría es con mi decisión.
Podría causarle al menos unos minutos de rabia.
La base se quedaba sola a medida que toda persona dispuesta a pelear salía, así que me extraño escuchar el sonido de la puerta automática del Centro de Mandos abriéndose. Al girarme sobre mi hombro, lo primero que me recibió era la más fuerte mirada de Nunnally que había llegado a su límite y que comprendía a lo que me había orillado la situación actual. Acompañada en su flanco derecho por Kaguya y al otro lado por la Tianzi. Detrás de las tres jóvenes estaba el Primer Ministro Japonés y la primera Dama.
Todos serían testigos.
Como era de esperarse, recibimos pronto una llamada por canal abierto. Escuché leves gruñidos preparados para lo que venía antes de presionar un botón y contestar.
La máscara blanca saltó a la vista de todos.
-Buenas noches, Nippon-
Era tiempo de olvidar todo.
-¿Listos para rendirse?-
No había otra manera de resolver este conflicto.
-¿Has venido a entregarte?- pregunté, dejé que una sonrisa confiada se apoderara de mi rostro. Todas las máscaras puestas. –Te esperaba antes-
-Veo que has alcanzado los límites de la sanidad, Kururugi Suzaku- rió el enmascarado -¿Por qué debería rendirme cuando tengo todas las cartas a mi favor? Las cosas esta noche serán simples. Entreguen Japón por las buenas, o las malas-
-Me temo que tendrás que luchar por él- regresé sin borrar la sonrisa –Y no te aseguro que logres nada. Derribaremos todo lo que pelee a tu favor-
-Hm, entonces por las malas ¿Eh?- emitió un bostezo aburrido –Así será, pero me veo benévolo al informales que al tocar la nave insignia, la primer persona en morir no será ningún subordinado mío- comenzó a reír realmente entretenido –Su príncipe morirá si la nave llegase a ser derribada-
Era aquí donde requería la fuerza necesaria para dar el primer paso. La mano de Nunnally se entrelazó con la mía por debajo del escritorio.
-¿Acaso no escuchaste?- regresé con un frío tono decidido –Derribaremos todo lo que pelee a tu favor-
Eso ya no le gustó tanto.
-Morirán, Nippon- fue lo único que dijo antes de desaparecer.
Mi respuesta fue una patada baja en su plan, y aunque eso no nos ayudaría a ganar, le quitaría una posible ventaja al enemigo.
Habiendo cortado comunicación, la batalla empezaría. Decir que Lelouch ya no era nuestra preocupación solo era el primer paso, el camino sin regreso se marcaría cuando esa nave fuese derribada, diciendo adiós a todo lo que iba dentro. Mi lugar ya no era en este centro de Mandos pero sí piloteando el Lancelot Albion y buscar la más mínima oportunidad de causarles daño.
Podía sentir el dolor de Nunnally pero eso quedaría en el pasado. Desenlacé mi mano de la suya sin mirar atrás y salí a cumplir con mi papel. Como Kururugi Suzaku, primero.
Lawrence P.O.V.
Observaba la interacción de nuestro líder y el representante Japonés, Kururugi Suzaku. La mirada decidida en él no la había visto antes, las personas detrás del joven nunca intervinieron en nada de lo que decía, pero pude notar una similitud que me llamó la atención. Una joven muchacha de cabellos color castaño claro, mirada azul y rasgos delicados.
Por fotos, todo el mundo sabía quién era ella. Pero yo estaba más interesado en el parentesco con cierto príncipe.
Nunnally Vi Britannia, hermana de Lelouch Vi Britannia.
Pensar que una joven así estaba dirigiendo un país a la paz, o lo mejor que podía, era increíble. Aunque no me esperaba la respuesta que vino cuando se llegó al punto crítico de la conversación y ella no hizo nada en contra de la resolución tomada.
–Derribaremos todo lo que pelee a tu favor-
Derribar esta nave. Dar por perdido al príncipe de Britannia, a su propio hermano. Miré su fachada hacerse más fuerte y decidida cuando se nos informó que no les importaría en lo absoluto, pero sabía que había un enorme dolor en su interior. Porque esa no era una decisión que había sido tomada en este instante. Pero si una que había sido discutida si se llegase a presentar.
La comunicación se cortó, Richard lo hizo.
-"Hybrid Swan, sin piedad"- dijo por la comunicación, frustración evidente en su voz al ver que su primer plan no había funcionado. Escuché los vítores de quienes estaban a mi lado cuando el Hybrid Knightmare comenzó a masacrar Knightmares en el cielo. Seguido muy de cerca por el de Azrael que entraba en acción también.
El príncipe de Britannia había sido abandonado a su suerte. ¿Qué iba a ser de él bajo nuestra supervisión?
La pregunta trajo más posibilidades de las que me hubieran gustado. El príncipe estaba muerto para Britannia y Japón, ¿Por qué entonces nosotros lo conservaríamos vivo?
Ponerme a pensar de esa manera comenzó a conflictuar mi mente. Algo me decía que lo que hacía no era lo correcto, que era una decisión que yo no debía tomar pero sentía que era lo mejor por hacer. Era extraño. No lo correcto, pero sí lo mejor por hacer. Me contradecía a mí mismo pero al final creo que comenzaba a comprender la diferencia entre ambos conceptos, podían ser tan parecidos pero encerraban dos mundos diferentes que podían cambiar el curso de las cosas.
Esperaba que todo saliera bien.
-Lelouch…- sacudí al príncipe por los hombros un poco más duro de lo que me hubiera gustado, pero esto debía ser rápido. Cuando menos pensé mi cuerpo automáticamente había comenzado a hacer su camino a esta habitación lo más rápido y silencioso posible. -¡Lelouch!- insistí.
Un par de cansados ojos violáceos se abrieron poco a poco, lo levanté completamente y lo recargué contra el respaldo de la cama.
-Oye, muchacho- esto parecía inútil, estaba muy cansado como para prestarme atención, pero esta sería la última oportunidad que tendría para seguir con vida -¿Vi Britannia, quieres regresar a tu hogar?-
Las últimas palabras lograron un mayor efecto en él. Parpadeó un par de veces para despertarse mejor, aunque no creía que pudiera estar mejor que eso. El hombre que lo había dejado en este estado se había encargado de hacerlo sufrir hasta los límites sin matarlo. Ahora que necesitaba que estuviera atento me era casi imposible llamar su atención.
¡Demonios!
Miré alrededor, pensando. Todos estaban en el puente de la nave, todos querían ser testigos de cuando Japón cayera en nuestras manos. No estaba ya tan seguro de que lo pudiéramos lograr. Maldije por lo bajo y tomé al príncipe en mis brazos sin dejar de hablarle.
-Mejor despiertas y me prestas atención, muchacho- le advertí llegando a la puerta, la empujé levemente mirando a ambos lados del corredor para asegurarme que no hubiese nadie. Estando libre, proseguí a los pasillos –Vi Britannia, tienes una oportunidad de salir de aquí- continué.
Mi voz parecía hacer eco por los corredores. Todo estaba completamente solo tal cual y lo había predicho, pero eso solo me hacía sentirme más nervioso. ¿Por qué era yo quien llevaba la contraria? ¿Por qué estaba ayudando a un príncipe enemigo? Su cabeza estaba completamente recargada en mi hombro, no podía decir que siquiera estuviese despierto, así que dejé de intentar y me concentré en recorrer lo más rápido posible los pasillos.
Él no podía regresar solo, no estaba en condición.
A medida que el silencio continuaba, podía distinguir nuevos y leves sonidos. Como el de los grilletes en sus pies y manos que chocaban entre sí, o las cadenas de estos mismos que tintineaban con mis pasos veloces. También su respiración agitada y el distante sonido de explosiones, disparos y metal contra metal chocando sin piedad.
Estábamos en medio de un campo de guerra con pensamientos dudosos. No se debía dudar en un lugar tan peligroso.
Aunque a cada paso me estaba convenciendo de que esto era lo mejor.
Pronto llegamos a una parte de carga en la nave. Richard lo había dicho y estaba agradecido de haber recordado esta pequeña ayuda. Miré de nuevo sobre mi hombro por si alguien me había seguido, suspiré un poco aliviado al notar que seguía solo. Me arrodillé en el suelo y puse al príncipe con la espalda contra la pared. No estaba consciente. No serviría de nada el arriesgado movimiento si al menos no lo dejaba elegir.
Me mordí el labio inferior en anticipación, esperaba que me perdonara. Irónicamente solo por esto y no por todo lo demás que había hecho. Le di una bofetada lo suficientemente fuerte para que se escuchara un gran y resonado eco en el pasillo. Abrió ambos ojos cansado pero molesto, incluso con alegría noté que levantó ambas manos unidas por los grilletes para acariciar su mejilla roja.
-No había otra forma- dije en tono bajo más para mí mismo que para él, aún así levantó la cabeza un poco para mirarme a los ojos.
-¿Ya estoy muerto?- susurró con inocente curiosidad mirando de reojo sus alrededores. Esto no parecía el paraíso.
-No, no lo estás- aseguré con más apremio que antes, comencé a buscar en mi bolsillo la única oportunidad que tenía de girar esto a lo que creía mejor –Pero si no actúas rápido, lo estarás. Trataré de comprarte el tiempo necesario, desde aquí no puedo hacer nada más-
Tomé una de sus manos, me detuve solo unos segundos a admirar el daño que había en la pálida piel -rasguños, moretones- y puse una delgada llave de metal oxidado en su palma. Me concentré en lo que hacía. Pensaba una y otra vez mis extrañas acciones, buscando la causa de este final pero no era tan sencillo. Traté de evitar su mirada una vez que había puesto el pequeño objeto en su poder, pero no pude, tenía que saber lo que pensaba. Había dolor en sus ojos, pero no del tipo físico, sino uno emocional y muy profundo.
¿Por qué estaba haciendo yo esto?
Es lo que claramente preguntaba. Pero así como en el pasado evité decirle por qué todo un país lo odiaba, me guardaría mis comentarios también esta vez. Creo que tenía suficiente carga con ser él, y no recordar nada. Desearía que hubiera una forma en que pudiera regresar al pasado y tener de vuelta los motivos por los que había peleado arduamente, pero ahora solo tenía que confiar en que era lo suficientemente fuerte para salir de esto y continuar viviendo.
-Es la única oportunidad que tendrás- susurré. Esa era la despedida.
Me levanté y sacudí polvo de mis rodillas. Arreglé el uniforme del seguidor más fiel de One de Australische, y comencé a caminar lejos. Podía sentir su mirada en mi espalda a medida que me alejaba, pero el momento en que puse la llave en su mano, era lo más lejos que podía llegar. Quizás le había salvado la vida o quizás no, incluso podía ser que me condenara a mí mismo. Pero si de algo estaba seguro, es que este día finalmente había logrado hacer algo con lo que me sentía bien y que no tenía un doble sentido escondido.
Había dado un paso a la paz de Australische ¿En qué sentido? No lo sé.
Lelouch P.O.V.
Todo era dolor. Eso es lo único que sabía y que estaba claro. A donde sea que mirara, siempre había alguien sufriendo y cuando no había nadie, era mi turno de hacerlo, o eso había dicho aquél hombre. Él hablaba día y noche, a cualquier hora, sobre la desgracia que yo había sido en su camino. Sobre cómo lo había apartado de C.C. e incluso le había lavado el cerebro para hacerla quedarse conmigo.
Por supuesto y para mi intranquilidad, no recordaba nada de eso. Solo sabía que C.C. era alguien que me había estado apoyando desde que recuerdo, aunque no fuese mucho, y me sentía bien conmigo mismo de haber impedido que ella estuviera con alguien como Mao. Él no era alguien mentalmente sano y su sola presencia le indicaba a cualquiera su peligrosidad.
Ahora tenía suficientes recuerdos de eso.
Todo mi cuerpo ardía con cada pequeño movimiento, no me podía mover como quería y estaba cansado hasta un punto extremo pero no lo suficiente para morir. Sentía cada extremidad tan pesada como si colgaran de ellas enormes lozas de piedra, mis párpados se negaban a abrirse ante cualquier movimiento.
A excepción de una bofetada.
No estaba inconsciente, pero era una lucha perdida contra el dolor. Así que abrí los ojos para toparme frente a frente con un par de ojos verdes que me miraban ansiosamente y al mismo, culpables por lo que había hecho.
Él de nuevo.
Estaba cansado de tener que soportar este juego donde por todos lados salía perdiendo. Estaba cansado de lo tortuoso que eran todos los días y la agonía de saber que el día siguiente sería peor de una forma u otra. No quería estar más en esta situación. Pero sabía que no había nada qué hacer para salvarme, porque tampoco alguien me salvaría.
Dados los recientes sucesos, sabía que había hecho algo malo por lo cual tenían tanto odio en mí. La pregunta era qué. Así que el mantenerme vivo hasta ahora o había sido solo por diversión o tenía un motivo detrás. Sé que me darían un uso. Sería una gran molestia para quienes estuvieran a favor de mi vida, así que esperaba que fueran lo suficientemente listos para no ceder ante las presiones. Una vida no valía por millones, y estábamos en guerra.
Algo que nadie se había molestado en decirme.
Así que la incógnita del momento, era qué hacía ese hombre ayudándome. ¿Por qué? Siendo un prisionero enemigo que podía jugar un importante papel en la victoria o derrota. ¿Por qué traerme hasta aquí? ¿Darme una llave? Una oportunidad.
Sin embargo, él se fue de inmediato y sin dejarme preguntar al menos cuál era el motivo. Recuerdo que dijo algo, pero mi cabeza dolía tanto que me era imposible recordarlo. Todo amenazaba con desvanecerse en negro de nuevo.
¿Cuál era mi motivo?
El piso estaba frío, mi cuerpo había resbalado por la pared y mi costado había encontrado el sólido casi de inmediato. Era agradable sentir una sensación así cuando sentía mi cuerpo en llamas, pero no por mucho tiempo. La posición era incómoda. Más nunca pensé en levantarme. ¿Qué caso tenía? ¿Quién me esperaba? ¿Cómo saldría de aquí? Todo estaba en mi contra y no sentía la energía suficiente ni siquiera de pararme.
Entonces por qué debería.
El suelo vibraba con las explosiones y disparos que se escuchaban afuera de la nave. Estábamos en medio de una batalla. Aún así no me interesaba el moverme.
Estaba bien mientras no me encontraran.
Aunque-
-¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-
Detuve todo pensamiento y contuve la respiración.
-¿Hola…? ¿Alguien?-
-Parece que solo alucinabas-
-Yo también escuché voces, es menos probable que dos personas alucinemos-
-¡Te estoy diciendo que no hay nadie! Moriremos en esta celda solos-
¿Celda? ¿Prisioneros?
-Todos moriremos-
Cerré los ojos por un momento. ¿Era capaz de arrastrar a más personas de las necesarias a este desastre? Tenía una llave, ellos querían salir. ¿Eran siquiera Japoneses? La respuesta a una de las interrogantes me parecía obvia, pero no me sentía capaz de hacer algo de utilidad. Ahora todo amenazaba con dar vueltas.
¡CRASH!
El gran sonido se hizo presente al mismo tiempo que un golpe duro y seco. La nave se ladeó con rudeza e inclinación suficiente para hacerme resbalar por el suelo sin poder detenerme de nada, al menos hasta que se enderezó de nuevo. Luces rojas comenzaron a dar vueltas en el techo mientras una escandalosa alarma era dada.
-"¡A sus unidades, repito! ¡Todo piloto disponible utilice los Knightmare normales!"-
¿Knightmare normales?
Me enderecé contra la pared sintiendo mi cabeza aturdida. Vaya golpe. Tenía suficiente y ahora pasaba esto.
-¡Hey! ¿Eres enemigo?-
Parpadeé un par de veces y levanté la vista en dirección del llamado. Una celda. Varios rostros se pegaron al cristal, vestían el mismo traje carcelario en el que yo había sido forzado. Sí eran japoneses. Me miraban con un destello de esperanza en sus ojos cuando notaron mi vestimenta.
No tenía salida ahora.
No había parte de mi cuerpo que no protestara, pero apoyando mi espalda contra la pared logré ponerme de pie. Escuchaba voces en lo lejano y eso me indicaba que no había tiempo.
-¡Vamos muchacho! ¿Puedes sacarnos?- continuaban pidiendo, veía tres veces los mismos rostros. Me acerqué a la pared de ese lado con paso lento pero seguro, había una tarjeta colgando de un pedazo de cuerda justo a un lado en la pared. Juzgando por la cerradura de la puerta y que parecía haber sido especialmente para eso, pasé la tarjeta por la ranura. El cristal se abrió recogiéndose hacia arriba.
De inmediato salieron todos los que estaban cautivos.
Sentí una ola de vértigo fuerte. El soporte de la pared de un momento a otro no era suficiente y mis rodillas cedieron. Esperaba el contacto con el suelo pero dos rápidos y delgados brazos se aferraron a mis hombros. No pude evitar quejarme de la manera tan brusca que en que había sido detenido, pero levanté la mirada confundido por quién haría algo así.
Un hombre de tez morena y cabello oscuro que tenía un tono azulado, me miraba con horror y reconocimiento.
¿Nos conocíamos?
-¿Est… estás bien, Z… muchacho?-
¿Quién era él?
Los demás prisioneros estaban buscando un método de escape y armas que pudieran tomar para defenderse. ¿Por qué este hombre era diferente? No lo sabía, pero se miraba muy preocupado. Mi mente no estaba para pensar.
Sentí una punzada de dolor en mi cabeza que me obligó a cerrar los ojos. Los brazos en mis hombros se apretaron antes de que en un rápido movimiento, uno de mis brazos fuese pasado por encima del cuello de alguien tomándome firmemente con esa mano y poniendo otra alrededor de mi cintura. No quería abrir los ojos.
-¿Qué te detiene, Urabe?- podía escuchar que alguien se acercaba. -¡Rápido, debemos irnos!-
-Solo un minuto, Senba-san- contestó quien me sostenía, podía escuchar más personas acercándose a donde estábamos.
-¿Quién es el muchacho? ¿Es quien nos abrió?- demasiadas voces.
-Hai, Asahina. Y debemos llevarlo con nosotros, claramente es un prisionero-
Después todo se convirtió en murmullos. No podía identificar más de la mitad de lo que se decía y más de un par de veces había sido levantado de mis propios pies, no pude poner protesta alguna. Disparos comenzaron a escucharse mientras una alerta nueva era dada:
-¡Los prisioneros escapan!-
Entonces todos apremiaron el paso, todo se movía demasiado.
-Tranquilo…- entre los gritos y órdenes podía escuchar una voz que solo susurraba para mí. –Tranquilo, tu secreto está a salvo-
-¡Encontramos una nave! ¡Todos por aquí, rápido, rápido!-
-Estarás bien-
-¡Asahina, enciéndela, sácanos a todos de aquí!-
-¡Pero no hay compuerta abierta!-
-¡Hazle un maldito agujero a este maldito transporte, pero ya!-
-¡Hecho!-
El sonido de motores encendiéndose fue opacado por los sonidos infernales del exterior.
-¡Estamos en medio de un campo de batalla, Kami-sama! ¡Dentro de una nave enemiga! ¡Seremos disparados y nos harán agujeros donde no debe haber!-
Movimientos bruscos en todas direcciones se podían sentir.
-¡Maniobras evasivas! ¡Maniobras e-va-si-vas!-
-¡Son demasiados! ¡Oh por… cómo demonios se mueve eso así de rápido?-
-¡Mantén la vista en el camino!-
Después se sintió una sacudida demasiado fuerte. No recordaba haber sentido algo así antes. Abrí los ojos un poco pero mi cabeza y la mitad de mi cuerpo estaban sostenidos fuertemente contra el cuerpo de alguien. Aún así logré ver lo más mínimo, el cristal delantero de la nave no tenía nada de azul que indicara que el cielo era nuestro trayecto. Pero sí había un color térreo con algo de verde que se acercaba con rapidez.
Hubo un segundo de total silencio antes de que todo pasara.
-¡ELÉVALA!-
Cerré ambos ojos.
Ohhhhhhhhhhh penúltimo! KYAA! Tengo que irme a la escuela, pero contestaré reviews :3
P.D. (Si n.n pobre Lelouch)
any
