PPG no me pertenece, sólo hago esto por diversión y para cumplir un reto.


Cena

Inhaló profundamente, conteniendo el aire dentro de sus pulmones unos segundos, antes de liberarlo. No quería admitirlo, ni siquiera ante su reflejo, quién siempre le guardaba todos y cada uno de sus secretos. Estaba aterrada.

Tendrían una cena ese día, no, no era la cena de navidad, sólo era una cena. Una cena con su madre. El estómago le dio otra vuelta al recordarlo. Tuvo ganas de meter la cabeza profundo en el váter y vomitar, sacar todo lo que pudiera hacerla sentirse enferma y arruinarlo todo. Desde el día en que Georg había accedido tomar la llamada de su madre, Alice supo lo que ocurriría, ella iría a Estados Unidos a pasar navidad con su hija, en vista de que ella se rehusaba a pasarlo en casa.

Debería sentirse alegre, debería estar emocionada por volver a ver a la mujer que la crio toda su vida, debería. Lo único que sentía eran esas horribles nauseas. Llevaba casi una hora encerrada en el baño del segundo piso, Buttercup había golpeado ya varias veces, todas y cada una de ellas, Alices respondió igual, gruñendo. No la conocía tan bien como Blossom, de cualquier forma, Buttercup intuía que algo no iba bien con ella. Pero, seguía siendo Buttercup, y no pensó que fuera necesario hacérselo saber a nadie.

Alice lo agradecía, créanlo o no.

Necesitaba esconderse, prepararse mentalmente para ese aterrador e inevitable encuentro. Georg era el único que lo sabía aparte de ella, el tipo de mujer que era su madre. Temía que, si los demás lo descubrían, la apartaran, como habían hechos todos cuantos la conocían. Temía ser rechazada por las pocas personas a las cuales llamaba amigos. Porque su madre hablaría, oh, claro que hablaría. Sacaría veneno por la boca y clavaría sus colmillos en la piel de todos, porque eso era lo que hacían las víboras.

Sí, su madre era la mayor víbora de todas. Tenía ese algo para notar los defectos en las personas con verlas una vez, y lo usaba. No se guardaba nada. Alice no tenía amigos por eso, por temor a que conocieran a la víbora. Georg había sido su único amigo en la vida por dos buenas razones, la primera, era el hijo de la mejor amiga de su víbora madre. La segunda, por mucho miedo que le causara su madre, seguía luchando por verse con Alice.

—¿Alice? —pegó un brinco al escuchar los golpes en la puerta. Blossom—. ¿Estás bien? —abrió la boca, dispuesta a responder como acostumbraba. Pero las palabras se atoraron en su garganta. Se quedó así, con la quijada abierta, sudando frío.

—No —respondió finalmente. Blossom no lo dudó, abrió la puerta y la buscó con la mirada.

Alice no trató de esconderse, estaba recostada en la tina, hecha bolita. Oculta detrás de sus piernas y escondiéndose en su largo cabello dorado. Blossom suspiró, tratar con Alice cuando tenía uno de sus ataques de tuve-la-peor-infancia-de-todo-el-jodido-mundo, era peor que tratar con Bubbles cuando quería que las cosas ocurrieran tal cual deseaba. Tan sólo esperaba que, en esa ocasión, tuviera mucha más suerte.

—¿Quieres hablarlo ahora?

Alice volvió a gruñir. Supuso, a juzgar por el ruido que venía del piso de abajo, que todos se estaban preparando para la cena. Miró al techo, al muro, a la regadera y finalmente a su mejor amiga. Blossom la miraba, con esos tranquilos ojos maternales que tenía.

—Mi madre vendrá a cenar.

—Lo sé, nos avisaste.

—Mi madre es una víbora —casi esperó ver en Blossom el mismo gesto que ponían todos cuando lo decía. Fruncir el ceño y retroceder. Pero no fue así, se quedó esperando a que Alice siguiera hablando—. Tengo miedo de que… bueno, ella siempre ha alejado a todos con su lengua así que…

—Vamos, hemos escuchado de todo a lo largo de nuestra vida —Blossom la tomó del hombro cariñosamente, sacudiéndola un poco—. La mayoría de los insultos nos los decimos nosotros mismos. Como Brick y Buttercup, verlos discutir es un juego de ping-pong —una curvita apareció en los labios de Alice—. Incluso Brick y yo nos insultamos cuando discutimos. No hay nada que pueda decir tu madre que no haya escuchado antes.

Alice miró al cielo, pensando en lo que le estaba diciendo Blossom. Era cierto, entre ellos mismos se decían las cosas como eran, se insultaban, se ofendían y aún así, ahí estaban, juntos. Cuando clavó la vista en Blossom, ella ya tenía una gran sonrisa en los labios.

—Te aseguró que nadie va a responderle a tu madre, como los Rowdy, porque si en algo son buenos, es en joder a la gente.

Y en ese momento, Alice rió.

Fue una carcajada honesta, como todas las que daba. El timbre sonó. Ambas sabían quién era, también que el que abriría era Butch, porque estaba sentado cerca de la puerta. Cuando el primero de los gritos ofensivos de la madre de Alice inundó la casa, supieron que la guerra había comenzado.


Lo dije y planeo mantenerlo, dejaré los capítulos chiquitos pero bonitos.

D8 estás fechas son muy complicadas para usar la compu para mí, según mi madre, estoy en edad de dar regalos y ayudar con la cena y así (?), motivo por el cual me tienen de aquí para allá todo el día y eso, no tengo tanta libertad para escribir. Pero no pienso soportar otro castigo de Mortem, así que mejor subo 8D

LD.