Decepción.

En eso se resumía lo que en esos momentos sentía Dorian. Su vida, tal como la conocía, se había derrumbado en un pestañeo. Cuando se preguntaba por qué su padre le odiaba, nunca pensó que la razón sería tan fuerte. Dorian, era el resultado de una brutal violación. De una venganza, cruel y miserable.

¿Cómo era su padre antes de que sucediera aquello? ¿Estaba enamorado? ¿Tuvo una buena vida? Dorian sabía que la última pregunta sí tenía una respuesta: No, su padre no tuvo una buena vida. Por lo poco que sabía, su padre había sido espía de la Orden, casi murió y cuando la guerra terminó, fue odiado por haber asesinado a Albus Dumbledore.

Esa, en definitiva, no era una buena vida.

¿Su padre estaría enamorado en realidad de Neville Longbottom?... Neville… Si alguien le había decepcionado, era él. Creyó que el Sanador sería un padre, una pareja, un amigo. En esas escasas horas se dio cuenta que Neville era la persona más falsa que podía existir en el mundo. Nunca le quiso. Todas esas tardes conversando, los desayunos, incluso esas estúpidas tardes de vuelo y los consejos, todo era parte de la culpa. Era algo que Neville hacía para acallar su conciencia.

Y casi estaba seguro que Neville seguía enamorado de su tío Draco. Su cuerpo se estremeció de ira al pensar que Neville tocaba a su padre pensando que era Draco el que estaba con él. En su afán de encontrar ternura, cayó preso del cariño fingido de Neville. Ahora, en aquella tétrica habitación, en un lugar que no conocía y al lado de un ser que era siniestro, Dorian se arrepentía de haber pensando en Neville Longbottom como un padre…

Padre…

Su verdadero padre era Harry Potter –Unas lágrimas solitarias rodaron por sus mejillas –Era hermano de Albus. Deseaba –Porque no se podía mentir –con toda su alma a Albus. Esos besos, las caricias lascivas y esa intimidad. Todo, todo eso era: PROHIBIDO.

¿Cómo luchar para no sentir eso por Albus? No podría. Jamás le vería como un hermano y tampoco podría olvidar los besos y las caricias. En su cabeza, muchas veces imaginó formar una familia con Albus. Si, puede que a los 15 años no se debería pensar en eso; pero Dorian, en realidad, nunca tuvo una familia. Nunca fue feliz de niño y no podía evitar pensar que él sería un gran padre. Albus podía ser una Serpiente, frío, egoísta y hedonista. Sin embargo compartía con él la falta de familia y muchas veces le dijo que quería tener muchos hijos: Altos –Como Dorian –Con pelo negro y hermosos ojos verdes –Como ambos –y esa piel blanca y perfecta. Tan tiernos como para ser unos Hufflepuff; pero muy fieros y astutos. Así terminarían en Gryffindor o Slytherin.

Dorian no podía evitar llorar. Amaba con todo su corazón a Albus y, desdibujar esa familia, le estaba matando en vida. Era la peor tortura que podría vivir. Nadie, ninguna de las personas que le habían ocultado la verdad, sabían lo que provocaron con su cobardía. No sólo le habían arrojado a buscar la verdad en los labios de un tal Sirius Black:

Le habían arrancado el corazón en vida.

Dorian se levantó de la cama y buscó una ventana para poder saber si era de noche o de día. La habitación estaba en penumbras y no había ni una sola ventana. El frío se colaba por todo el lugar. Dorian se debatía entre salir o no. Tenía claro que no confiaba del todo en Sirius Black; sin embargo le debía que le hubiese contado la verdad.

Justo en ese momento no sabía qué hacer de su vida. ¿Regresar a casa? Jamás, esa ya no era su casa. Entre esas paredes sólo existía la mentira. ¿Hablar con su padre? Eso sería un comienzo; pero justo en ese momento no quería ni verle la cara. Él también le había mentido. ¿Hablar con Albus? Eso sí, eso sería perfecto. Un abrazo y un beso le devolverían la razón; pero ahora sabía que eso jamás podría ser de nuevo.

Lo que tenía claro en la cabeza, era que él no sería el causante de la tortura de Aarón ¡Eso jamás! Si su tío Draco era lo suficientemente hombre, le diría la verdad a Aarón sin necesidad que Dorian le arrastrara a ese mar de sufrimiento.


Severus se estaba volviendo loco; sin embargo su semblante era sereno. Lo frenético se lo dejaba a Neville, que en ese momento se encontraba revolviendo todos los papeles del escritorio de Sirius Black. Estaban en Grimmauld Place. Sabían perfectamente que ellos no estaban en esa Mansión; pero Remus sugirió ir y buscar algo que les diera pistas. Sabían que Sirius seguramente visitó ese lugar al regresar.

Neville y Severus se ofrecieron a buscar, mientras Remus, Harry y un grupo de Aurores se dividían para asegurar todas las residencias que fueron de Sirius. Neville estaba histérico, yendo y viniendo por toda la Mansión.

Severus intentaba apartar de su mente la idea de Dorian con Sirius. El estúpido de Black era un animal, capaz del todo. No quería ni imaginar que le haría a su hijo, lo que le podría decir. Sabía que si le tocaba, si llegaba a hacerle algún daño, Severus mataría a Sirius Black con sus propias manos.

Le dio la espalda a Neville, cerró los ojos y un suspiro casi imperceptible salió de sus labios. Sintió las manos de Neville acariciar sus hombros, bajar por sus brazos y luego rodearle la cintura con sus brazos. Al sentir el tierno beso de Neville en su mejilla, dejó que su cuerpo descansara.

—Le traeré de regreso. Te lo juro –Le susurró Neville.

—Lo sé –Severus intentó tranquilizarse. El aroma de Neville le calmaba –Sólo espero que no sea demasiado tarde.

—Si al idiota se le ocurre tocarle, Voldemort será poco en comparación. Le perseguiré y cuando le tenga, deseara estar muerto y no en mis manos.

—Neville…

—Aunque Dorian no sea mi hijo, le quiero como si lo fuera y Sirius Black sabrá lo que es la oscuridad si algo le llega a pasarle.

—Tenemos que irnos. Aquí no hay nada.

—Espero que Harry haya tenido más suerte –Neville no le soltaba y Severus agradeció tener a su lado a alguien que le conociera tanto. Ese brazo le estaba dando la fortaleza que secretamente le faltaba.

El tirón de la desaparición conjunta le sacó de sus pensamientos. Severus no sabía a ciencia cierta quién era el padre de Dorian; pero, en el fondo de su corazón, sentía que el otro progenitor era Neville. Esa afinidad y esa devoción sólo podían ser entre un padre y un hijo; aunque se preguntaba cual sería la reacción de Neville cuando se enterara que ya era padre de otro hijo: Aarón.

Estaban en el despacho de la Mansión. Neville le dio un beso en los labios y sonrió. Era un gesto tranquilizador sin duda alguna. Segundos después aparecieron Harry y Draco, seguidos de Remus y el Jefe Dalton. Anna y Hermione entraron al despacho un poco después.

— ¿Cómo les fue en Grimmauld Place? –Le preguntó Harry a Neville mientras trasfiguraba una mesita en una silla. Draco se sentó en el sillón principal y todos los demás buscaron un lugar.

—Ron Weasley –Severus le observó con ojo crítico. En ningún momento le dijo que hubiera encontrado algo –Esto –Le dio un sobre a Harry. El sello estaba roto; pero se alcanzaba a distinguir dos letras: RW –La estúpida Comadreja –Draco sonrió ligeramente. No era el momento; pero por fin había caído la máscara de Ron Weasley –Tenía ese sello cuando era Jefe de los Aurores y seguro que lo sigue usando a pesar de ser un bueno para nada.

—Puede ser viejo –Cuestionó Harry. Hermione tomó el sobre y lo examinó.

—No –dijo Hermione –este sobre no es del tipo que usábamos en el Ministerio en aquellos años.

—Esto tiene mucha lógica. Sirius sufrió un infarto después de que le dejé. Seguramente tiene alguna deficiencia física y debía buscar ayuda. Ron Weasley es perfecto para eso: Un cuerpo con músculos que necesita un cerebro.

No te ofendas cariño –Dijo Remus, dirigiendo su mirada a Hermione –Ron cambió mucho desde que empezó a beber.

—En resumen –Severus se levantó de su silla y empezó a caminar por el despacho –Sirius Black está lisiado, está compinchado con Ronald Weasley y no tenemos ni idea de donde puede estar –Neville observó la espalda tensa de Severus. Sirius Black le iba a pagar caro tanto sufrimiento y angustia.

—Marcus Stewart nos dio una pista –El Jefe Dalton miraba fijamente a Neville, intentando calmarlos –Él fue quien contrató a la gente para el atentado que sufrieron en el andén hace unos años. A cambio de un trato nos habló de un lugar donde Sirius se reunía con él.

—Está en Noruega –Siguió Remus –En un lugar rocoso. Sólo hay tres lugares en los que Sirius se podría esconder.

La conversación siguió y Severus sólo la escuchaba mientras perdía su vista en el jardín de la Mansión, dándoles la espalda a todos. No habían pasado ni 8 horas de la desaparición de Dorian. Debió acabar con el estúpido pulgoso cuando pudo. Siempre le dijo a Albus Dumbledore que Black no era una persona de fiar. Tenía en su alma mucho rencor. Hasta el propio James Potter, antes de su muerte, prefirió alejarse de él.

Cuando los murmullos acabaron intentó dar la vuelta; pero de nuevo se sintió envuelto en los brazos de Neville.

—Haremos un mapa con las posibles guaridas de Black. Remus fue por un plano –Neville le abrazaba y Severus tenía el presentimiento que sabía muy bien que no había puesto atención a nada de lo dicho en aquel lugar.

—No se preocupen. Recuperaremos a su hijo, les doy mi palabra –Severus observó a Dalton y este le sonrió conciliador. Después, el Jefe de los Aurores salió del despacho.

— ¿Qué edad tiene? –Preguntó Severus —¿13?

—22. Es el Jefe de los Aurores más joven de la historia. Cuando obtuvo el puesto tenia 19.

—No puedo creer que Granger le diera el puesto hace unos años.

—No tuvo opción; además Ron no fue muy difícil de superar. De hecho, Dalton redujo el crimen en un 70%.

—Cree que Dorian es nuestro hijo –Dijo Severus al notar como Neville apoyaba la barbilla en uno de sus hombros.

—Me gustaría que lo fuera –La tristeza de esas palabras llegaron al corazón de Severus. Neville se estaba muriendo. El dolor de saber que Dorian—donde sea que estuviera— le estaba odiando, estaba acabando con él.

—Cuando esté aquí podrás explicarle –Neville asintió. Severus se dio la vuelta y abrazó a Neville de forma protectora. El Sanador escondió su cara en el pecho de Severus y empezó a llorar. Era como un niño que necesitaba ser consolado. Neville se abrazaba a él como si fuera su único soporte en este mundo.

—No quiero perderle. No quiero perderles. Aunque él no sea mi hijo, no quiero que me odie, Severus. Tengo que hablar con él… Explicarle que yo… Que te quiero… Que les quiero en mi vida. Quiero que sepa que, pensando en tu amor… en tu amor… yo… he podido ayudarme a vivir.

Severus acariciaba su espalda. Dejó que sus manos fueran hasta las mejillas de Neville, elevó un poco su rostro y le besó. En ese momento, Severus supo que le amaba; que ya no había vuelta atrás y que, el otrora lerdo y bonachón Gryffindor, se había ganado su corazón.


Rose intentaba calmarse. Estaba sentada en un sillón de la sala de la Mansión Malfoy, distraídamente observaba como Albus daba vueltas de un lado para otro. Estaba visiblemente desesperado. Se le veía inconsolable. Dorian había desaparecido y no era para menos. Rose quería hablar; pero la detenía el temor. Sin embargo, en esos momentos, sopesaba todo lo ocurrido. Su madre acaba de decirle que Sirius Black era un hombre malo y perverso. La pequeña chica Weasley jamás creyó que Dorian podría caer en esas manos. Ahora tenía el peso de saber la verdad y cargar con ella.


Aarón no había salido de ese estudio. No quiera encontrarse con su padre o, lo que era peor, con Neville Longbottom ¿Cómo actuar ante él? Aarón pensaba que podía ser conveniente decirle: Hola ¿Me recuerda? Soy Aarón Malfoy y soy algo así como su… hijo. Puede que Dorian no lo sea; pero no se sienta mal, yo soy el de repuesto. Aarón sonrió amargamente ante la ironía.

Esas horas las había ocupado en pensar. Era muy común para él estar encerrado en sí mismo; aunque no podía dejar de estar preocupado por Dorian. Eso de estar con un psicópata, no debía ser bueno y agradable. Y en esas horas una pregunta cruzaba su cabeza ¿Quién era el padre de Dorian? Podrían ser hermanos de verdad y, si Dorian era hijo de Harry Potter… Aarón sentía pena al pensar eso.

La vida de Dorian estaría arruinada; porque Aarón sabía que entre esos dos, Albus y Dorian, había puro amor. Un amor que iba más allá de cualquier cosa, de cualquier razón y tiempo. Un amor como el que su padre sentía por Harry Potter. Estaba casi seguro que no se sentiría así si hubiera sido fruto de ese amor y no de una botella de alcohol. La puerta del estudio se abrió y Aarón sabía perfectamente quien sería la persona que cruzaría por ella.

James encontró todo en penumbra. No era raro; la noche aún estaba muy oscura. Su padre siempre le decía que la noche era más oscura cuando estaba a punto de amanecer. Buscó con la mirada el cuerpo de Aarón. El cabello platinado resaltaba entre la oscuridad de la habitación. Caminó hasta él y apoyó su mano en uno de los hombros de Aarón.

— ¿Estás bien?

—Mi primo se fugó con un psicópata ¿Crees que podría estar bien?

—No y tampoco creo que ésa sea la razón por la que estás así.

—No, no la es –James se dejó caer al lado de Aarón. Los dos estaban recargando la espalda en el escritorio, viendo el negro cielo a través de la ventana.

— ¿Qué ha pasado?

—… -James sabía que no se lo diría. Aarón casi pudo notar el ceño fruncido de James.

— ¿Aarón?

— ¿Qué crees que hace una persona cuando todo lo que creyó cierto, no es más que un vil mentira?

— ¿Te han mentido?

—Es muy estúpido contestar una pregunta con otra pregunta y no te lo diré, si me han mentido, Potter –James observó el perfil de Aarón. Parecía perdido.

—Bien, bien. No sé qué haría. Mi padre jamás nos ha mentido –Aarón bufó –Aunque no lo creas, él siempre fue muy claro: Mamá no nos quería. Él nos crió y eso es lo importante.

—Ya…

—No puedes esconderte para siempre aquí, Malfoy.

—Lo puedo intentar.

—Nunca he entendido a los Slytherin's. Siempre tan serios, sobrios y distantes. Encerrados en ellos mismos. No se dejan ayudar, ni hablan de sus problemas. Eso debe traer problemas de salud.

—Es parte de nosotros…

—Albus no es así.

—Albus es raro…

—Eso te lo concedo. Seguramente se le cayó de chiquito a papá. Se golpeó la cabeza y por eso es así.

—No me harás reír, si es lo que pretendes.

—No lo hago. Estás en tu plan de: Yo soy serpiente y soy malo. Algún día tendrás que salir de aquí –Aarón negó con su cabeza y una pequeña sonrisa se formo en sus labios. Aún no sabía que tenían esos Potter's que siempre terminaban influyendo en un Malfoy.

— ¿Cómo anda todo?

—Mal. No tienen ni idea de donde pueda estar. Papá nos contó una perturbadora historia de un tal Sirius Black. Según creen, Dorian puede estar con ese tipo. Rose esta desconsolada.

—Deben hacer una buena mancuerna: Rose la enamorada y Albus el amante.

—Ninguno de los dos está riendo, si es lo que tratas de insinuar –Aarón cruzó su mirada con la de James. Era magnifico poder contar con él en esos momentos.

—Vete con los tuyos. Yo en seguida bajo –James dio un suspiro cansado. Se levantó y dejó un beso en el platinado cabello murmurándole: No tardes.

Aarón observo el cielo. Estaba próximo a amanecer. Esa, sin duda, había sido la peor noche de su vida. Se levantó y, cuando estaba por salir, sintió que unas manos le detenían. Al voltear sólo pudo observar una persona que se cubría el rostro con una máscara. Después, todo volvió a ser oscuridad.


Dorian abrió la puerta. No tenía idea qué hora era; sin embargo tenía hambre. Salió a una sala adyacente y se encontró con Sirius Black, que le esperaba con la mesa puesta.

— ¿Has dormido bien?

—Si… ¿Qué hora es?

—Eso no importa. Ven, siéntate, debes estar hambriento –Dorian se sentó enfrente de Sirius.

Empezaron a comer en un silencio incomodo. Dorian no se sentía del todo seguro y Sirius Black era una persona que no le inspiraba mucha confianza. Podría ser el padrino del Profesor Potter; pero Dorian no conocía a ése tipo y, aunque le debía saber la verdad, no confiaba en él. Cuando terminó de comer, decidió que lo mejor era regresar a su casa y hablar con su padre.

—Creo que debo irme, señor Black.

— ¿Irte? –Sirius levantó la cabeza y observó a Dorian –No tienes porque hacerlo. Yo soy el padrino de tu padre y prácticamente somos familia. No debe ser agradable para ti regresar a una casa donde te han mentido tanto.

—No lo es, señor; pero creo que debo hacerlo. Mi padre me debe muchas explicaciones.

—No puedes irte. Tenemos que contarle la verdad a Aarón.

—No, señor. Intenté ser claro con usted. No quiero involucrar a Aarón en esto. Cuando regrese a la Mansión, hablaré con mi tío Draco y él tendrá que decirle la verdad a su hijo.

Sirius se levantó de su silla y caminó hasta ubicarse detrás de Dorian, colocando sus manos en los hombros del chico.

—Siento informarte que no te podrás ir –Dorian intentó levantarse; pero Sirius le detuvo apretando sus hombros – ¿No lo entiendes? Esto no fue un favor. Necesitaba que vinieras hasta aquí para poder quedarme contigo. Para trazar mi venganza –Sirius se alejó y Dorian aprovechó ese momento para tomar su varita y apuntarle.

—Me dejara ir…

—Que tierno. ¿Crees poder vencerme? –La mano derecha de Dorian temblaba -¡Expelliarmus! –La varita de Dorian voló y éste término golpeándose con la mesa.

— ¿Cómo se atreve? –Dorian se puso de pie, intentó someter a Sirius; pero unas manos le detuvieron –Ron Weasley.

—Sí, Ron me es de mucha ayuda. Como notaste, estoy un poco limitado y el Señor Weasley es de mi mano derecha–Ron tomó a Dorian por los brazos. Intentaba liberarse por todos los medios –Me encanta que luches. Así es mejor –Sirius se acercó a Dorian, tomó su mandíbula y le obligó a mirarle –Voy a disfrutarte mucho; pero antes tienes que traerme a Aarón Malfoy.

—Púdrete –Dorian le escupió en el rostro. Sirius se limpio y luego le propinó una bofetada.

—¡Aún no quiero ser rudo contigo! Evita hacer estas cosas. Me traerás a Aarón.

—Ya te puedes ir mucho a la mierda. Jamás le traeré –Sirius sonrió y golpeó el estómago de Dorian con su bastón. El aire salió del chico, mientras se retorcía de dolor.

—Si no lo haces por las buenas, lo harás por las malas –Black levantó su varita y la apuntó a Dorian -¡Imperius!