Enredos de oficina – Capítulo 21
.
.
.
.
.
El día por el que tanto he luchado por fin ha llegado.
Aunque, comienza mal. ¡Esto no es lo que esperaba! ¿Qué rayos es este lugar?
Inmediatamente volteo hacia mi amigo con la pregunta escrita en la frente. Lo hemos encontrado a medio camino tras salir de la estación de trenes y fueron todas conversaciones divertidas y buenos ratos hasta ahora.
Murata Ken me conoce bien para ni siquiera necesitar que hable.
—Lo sé, lo sé —dice mirando hacia el gran cartel del club nocturno con una expresión neutra, parece que él tampoco se lo esperaba—. Como no tenia tiempo, dejé que eligiera Tetsu.
—Oh, rayos, Ken. Si hubiera querido que lo hiciera él, ¡le hubiera escrito a él desde el primer momento! ¿Por qué crees que te lo pedí a ti? ¡Para que no pasara esto!
Él me mira y solo sonríe levantando las manos y los hombros como si dijera "¿qué quieres que haga ahora?". Maldición.
Wolfram es un tanto ajeno, o tal vez nos ignora adrede, y lo seguimos cuando decide entrar. La reserva está correctamente apuntada y la persona de la entrada nos hace evitar la moderada fila que hay a un lado. La entrada del lugar se ve bien, está muy bien iluminada y no parece un lugar barato, sino todo lo contrario. La ropa de la gente y la forma en la cual se han arreglado el cabello o el maquillaje lo concuerda.
De hecho, nosotros también tenemos aspectos bastante presentables esta noche. De lo poco que me había dicho Ken, uno de los énfasis fue que cuidara mi imagen. Ahora imagino que Tetsu fue el que mandó las indicaciones correctas para ponernos en tema con el lugar. Alocado, juvenil, eso nadie nos lo había dicho. Me siento viejo de repente.
Soy un pez muy fuera del agua dentro de un club nocturno.
—¿Qué te pasa, quieres ir al baño? —me pregunta Wolfram al voltear mientras esperamos parados a que nos indiquen exactamente nuestra mesa en un apartado.
Estoy algo nervioso, me dan urticaria esta clase de lugares modernos y tan a la moda desde que era chico.
—Ya he comenzado a sentirme raro —respondo con la verdad más sincera.
—¿Por qué? ¿Por el lugar? No desentonas —me asegura Wolf—. Te ves bien esta noche. Y no lo digo solo porque he sido yo el que te ha ayudado.
Así es, Wolfram es quien ha venido a casa especialmente a darme una mano con mi falta de talento para la moda. Decido sacar un poco de conversación para relajarme, es algo que no dije mientras pasábamos un buen rato eligiendo la ropa entre los dos pero no he dejado de pensar desde ese momento.
—Sabes, esto me recuerda mucho al viaje a Sapporo. Cuando me ayudaste a cambiarme para la fiesta del trabajo aunque apenas nos conocíamos. Ahora por fin me he sacado la duda de que realmente si eras un modelo.
—Tsk —chasquea la lengua—, nada por el estilo.
—Incluso tenías una revista de modas —presiono divertido mirando como la chica que nos ha atendido se retira luego de un ademán rápido para que pasemos.
—Eso es solo para tener una idea de como se visten en japón de vez en cuando —se excusa Wolf tomando su lugar en la mesa primero.
Le sigo y me siento a su lado bloqueándole la salida. La mesa es un semi circulo empotrado al piso que a su alrededor tiene un gran asiento que sigue su misma forma. Si quedas en el medio, no puedes salir a menos que el resto te abra paso hacia alguno de los lados. Parece pensado para obligar a los comensales a estar muy juntos.
La luz indirecta es de todos los colores del arco iris, pero cada zona está acentuada con uno diferente, nos ha tocado el verde y no el azul como más me gusta. El atractivo Wolfram Bielefeld se ve favorecido ya que su mirada incrementa en brillo dos veces. Hablando de ropa, es un joven sencillo y ahorrativo, pero he notado que destina bastante de su sueldo a en eso de vez en cuando. Yo gasto en cosas deportivas y comida, mientras que él en viajes, tecnología e indumentaria.
Qué poco compatibles somos. Y a pesar de eso, he aquí sentado a mi novio. En secreto, ya que ni siquiera mi viejo amigo Murata Ken está enterado de lo que pasa tras bambalinas. Ni de más que decir que el resto de la gente que comienza a llegar no puede imaginarlo. Nuestra discreción esta en un excelente nivel ahora mismo, ya que esta relación se ha asentado bien con los meses.
Los primeros en llegar después de nosotros son Yamashita y Kobakawa de mi piso. A pesar de que Wolfram se ha mudado más arriba en el edificio al área de diseño, aun mantiene una muy buena relación con ellos, y no es solo gracias a mi. Me alegra eso, soy de pensar que es importante que tenga sus propias amistades.
Pedimos una bebida inicial mientras esperamos al resto, compartiendo solo una botella de cerveza ligera entre todos los hombres. Pero así como el club es mixto, esta noche se espera que nuestro grupo también lo sea. Yo ya estaba avisado y me importa poco el chisme, pero esto causa algo de revuelo entre los recién llegados.
—¿Y quienes son las chicas? —pregunta emocionado Kobakawa a Wolfram. No ha podido esperar para sacar el tema de inmediato.
Pensar que entre estos dos compañeros, era el más reticente y tímido a entablar conversación con Wolf en el pasado. Pero ahora no hay rastro de dichas asperezas. Kobakawa incluso se atreve a entrar en contacto físico de vez en cuando, como ahora que usa el codo para llamar su atención y empujarlo. Esta amistad ha sido un cambio positivo para abrir su mente y remodelar un poco su personalidad.
—¿Qué chicas? —pregunta Wolf y parece recordar al instante—. Oh, claro. Ella me dijo que llegaba a las nueve.
Apenas estoy enterado de que va esto. En líneas generales, Wolfram ha conseguido a alguien para presentarle a Kobakawa. Eso es todo lo que me ha contado, pero sé que el susodicho ha estado mensajeando a su casamentero sin cesar la ultima semana para conseguir información extra.
—¿Y no va a venir sola, verdad?
—No creo, siempre andan en grupo. Supongo que vendrá con alguna amiga, no pregunté. Le dije que podía traer a quien quiera.
La manera despreocupada en que Wolfram habla del grupo de chicas hace que la emoción desaparezca. Está matando la diversión y no le importa, su única preocupación parece ser pedir algunos aperitivos luego de llamar insistentemente a la mesera.
Hay un leve desnivel frente a las mesas tras de un espacio de varios metros que funciona a modo de pasillo. Tras la barda, la pista de baile está llena y la música se escucha fuerte a pesar de estar alejados. Puedo imaginar que es imposible hablar allá parados, y no sé como es que logras que te atiendan en la barra al otro lado, que se encuentra aun mas cerca de los parlantes. Las parejas que se encuentran en la pista, o los desconocidos que se agrupan entre ellos, necesitan acercarse a centímetros del otro para poder cruzar un par de escuetas palabras.
No soy capaz de comprender como logran comunicarse con tan poco. Si no eres diestro con la comunicación corporal o las miradas, entonces estarías en un problema. Tampoco comprendo como los hombres son capaces de lograr un avance sin temer una bofetada sorpresa.
Mientras yo me ensimismaba intentando analizar la conducta social, mi grupo de amigos charla casi a gritos mientras comparten una segunda cerveza. Hablan de algo acerca de lo floja que es la bebida comparada a la del país natal de Wolfram. Nunca se cansan de exprimir las diferencias culturales como tema.
Matsumoto Keiji aparece eventualmente y sigue luciendo igual que siempre. Ha pasado bastante desde la ultima vez que lo vi en las termas. De hecho, desde aquella vez que hablamos con Murata y Wolfram tras esa salida en el café no he sabido absolutamente nada de él. Siendo que cuando se sienta a mi lado Wolf ni siquiera voltea a verlo, supongo que él está al tanto de muchas cosas para sentirse así de tranquilo.
Observo con extremada curiosidad cuando Tetsu toma el lugar contiguo a él al aparecer de vaya a saber donde. No existe el espacio personal. Lo que me pregunto ahora es si ellos lo están escondiendo. Mis miradas furtivas no llegan a nada, no sé que estaba esperando ver. ¿Una muestra de afecto? ¿Algún toque inapropiado? ¿Un inesperado y osado beso? Tengo muchas preguntas rondándome la mente mientras tomo mi vaso de cerveza y todas en realidad apuntan a mi propia relación e inseguridades.
No debería meterme en la vida de Tetsu. No tengo por que juzgar, ni tampoco hay nada que envidiar. Somos dos personas totalmente diferentes que hemos seguido caminos igual de diferentes, y si, hemos llegado a una clase de mismo punto en común, pero sigue habiendo nada que comparar en el medio.
He estado pensando y pensando, ignorando lo demás que sucede a mi alrededor y apenas asintiendo o sonriendo mientras pretendo escuchar las diferentes charlas. Debería enfocarme un poco más en la celebración. La cual en realidad he puesto mucho esmero en que se realizara. Es fácil sumarme al coro de risas y encontrar un momento para comentar algo.
Es bastante tarde por la noche y aunque todos hemos cenado, los aperitivos se apilan en la mesa. Para cuando comienzo a cuestionar severamente si esas mujeres de las que tanto hablan cada dos por tres algunos de los presentes en este lugar van a venir, aparecen no una ni dos, ¡sino cinco! He de admitir que me han cerrado la boca. Luego me doy cuenta que fue Wolfram el que invitó y por eso tenemos tanta concurrencia seguramente.
A pesar de supuestamente ser el anfitrión de este dispar e improvisado goukon, a Wolf no le importa para nada el contingente femenino que ha venido a su propia fiesta. Se intenta levantar y me empuja para que le abra paso, pero no es para saludar a nadie de cerca.
—Voy a conseguir una bebida de verdad —me dice sonriente en voz alta cerca del rostro, la música hace imposible hablar de otro modo.
El efecto en cadena hace salir también a Tetsu seguido de Keiji, quedando los cuatro hombres más inapropiados dando la bienvenida a todas estas chicas. O tal vez es lo mejor, hemos hecho espacio para que todas vayan hacia los tres con más suerte.
—Tu aquí —indica Wolfram sin absolutamente nada de decoro a una chica de baja estatura y el cabello castaño inflado y muy corto.
Kobakawa lo mira terriblemente indignado, a lo cual mi compañero hace una mueca y desaparece por el pasillo y entre la gente de la pista camino a la barra, seguido por Tetsu y Keiji. A pesar del bochorno por las implicaciones, ella toma asiento donde se le indicó. Creo que tiene las mejillas rojas, aunque esta luz verde no ayuda a distinguirlo con claridad.
Sus cuatro compañeras de trabajo o amigas la dejan absolutamente sola, tomando asiento donde hemos despejado la mesa todos los que nos levantamos. Solo una la mira y se ríe por lo bajo diciéndole algo al oído a la otra.
Realmente no hay lugar para mi de ese lado, y por eso solo puedo tomar asiento con dudas junto a esta chica, volviendo su situación peor. Ha quedado sentada sola y aislada entre dos hombres que no conoce. No me impresiona que su postura sea rígida.
Mientras me sirvo una cerveza sin levantar la vista escucho a Kobakawa presentarse y entablar una breve conversación. Para mi sorpresa, Yamashita, que ha quedado bastante lejos de mi saluda efusivamente a dos de las otras mujeres con Murata de por medio, quien no tiene ningún problema en socializar con ambos sexos. Al parecer mi compañero de piso más popular las conoce. Siendo que ha organizado varios de los goukon de la empresa, no me sorprende realmente.
Cuando Murata me mira me rio y le hago un ademan con el brazo. Mi amigo incluso puede darse el lujo de elegir.
O eso pensaba, pero el ambiente amigable no cambia. Estaba un poco incomodo al pensar que esta fiesta terminaría siendo una simple cacería de parejas, pero el grupo de chicas es agradable y entre uno que otro comentario me veo incluido entre idas y vueltas en aquella conversación que me queda algo lejos. Estirado sobre la mesa me divierto conversando y bamboleando mi vaso de cerveza. Incluso Kobakawa y la chica llamada Matsu Chiyo han superado su incomodidad al hacer como si no pasara nada y simplemente charlar.
Pierdo la noción del tiempo y no me doy cuenta de que Wolfram ha tardado una eternidad en volver hasta que los tres llegan a la mesa con una impactante botella de bebida blanca extranjera. No puedo creer que hayan tardado tanto solo para eso, pero parece que es todo lo que hay, al menos por el momento.
Nos reacomodamos rápidamente agregando algunas sillas extras. Aunque no lo esperaba, las chicas se levantan y hay un cambio general de lugares en el que me veo empujado hacia el centro. He quedado en una mala posición, con la mente en blanco miro la mesa, sentado justo en medio de la chica y Kobakawa.
Lo siento amigo, no hay nada que pueda hacer al respecto ahora. Aunque quisiera moverme, es imposible sin que otras cuatro personas se vuelvan a levantar, o que yo levante vuelo. Para peor, al otro lado de ella se encuentra Murata enfrascado en una conversación con dos de sus amigas formando una barrera. No estoy realmente nervioso, pero si me resulta incomodo este silencio. Kobakawa se ha puesto a hablar con Wolfram y Keiji, así que la presión del vacío la obliga a voltear hacia la única persona que le queda.
—Lo siento, no recuerdo tu nombre —me dice en voz poco elevada, no tan apropiada para este lugar ruidoso.
Así que es por eso que estaba nerviosa. Esta persona es tan o más tímida que yo al conocer gente nueva. Mi presentación es breve y me gustaría ofrecer algo más amigable, pero no hay mucho que decir. Al parecer es la cerveza la que se hace cargo de que ella pueda continuar una conversación mas fácil que de costumbre.
—Eres ese amigo cercano de Bielefeld... —quiere preguntar.
—Ah, si, ese seria yo.
Tengo cierta fama en la compañía. Como Wolfram llama la atención naturalmente entre el mar de cabelleras negras, las demás personas a su alderredor siempre se hacen una y otra vez las mismas preguntas. ¿Hace cuanto vive en japón, conoce a alguien, tiene amigos japoneses? Es fácil descubrir que sí tiene unos cuantos, y algunos bastante cercanos.
La señorita Matsu tiene gestos muy femeninos. Levanta la punta de todos los dedos tocándose entre sí más cerca de su barbilla y reluce contenta ante mi respuesta simple y amigable. Pareciera decir "es fácil hablar con esta persona". Sacando conclusiones apresuradas, parece que no se le da tan bien entablar conversaciones con los hombres en general. Kobakawa va a tener que trabajar duro y poner mucho de su parte.
—Él me invitó aquí a conocer amigos —comienza a comentarme vagamente, pero la verdadera intención es un secreto a voces y parece decidir que no tiene caso ser indirecta—. En realidad... es un tanto extraño o una coincidencia que terminara aquí. No lo conozco tanto. Es decir, no lo conozco para nada, solo comenzó a hablarme de repente un día.
—Eso suena mucho como él —le digo riendo.
Cuando hago un ademan para tomar mi vaso, ella hace una pausa y lo llena con más cerveza. Hablamos brevemente sobre su primera impresión con este intercambio cultural y muestra las mismas reacciones que muchos otros al tratar la primera vez con Wolfram. Entonces cambia levemente el tema y en voz algo más baja me cuenta algo que podría ya considerarse indiscreto.
—Sabes, al principio me asustó un poco cuando intervino en la conversación esa vez. No sabia realmente que decirle. Sobreescuchó algo un tanto personal... He estado pensando en que me gustaría casarme.
No diría que es eso es solo un tanto personal, sino bastante personal de hecho.
—Lo malinterpreté completamente —dice apenada llevándose la mano al rostro—, fue tanta la sorpresa que no había manera de saber como rechazarle. Pero Bielefeld quería que conociera alguien de su antiguo piso. Incluso hizo énfasis en que era japonés.
—Wolf entiende mucho mejor las costumbres de este país de lo que todos piensan —aclaro y ella me mira algo perpleja. No voy a tocar el tema de que ella malinterpretó que Wolfram estaba proponiéndosele, ni pensar demasiado en eso.
Entrar en más detalle hace que se corra peligro de tocar las delicadas aguas del racismo del cual he hablado varias veces con mi pareja, así que cambio un poco el tema.
—¿Por qué decidiste casarte? —disparo una pregunta directa.
—Es bastante normal, a esta edad digo, ¿no te parece? O incluso puede que sea un poco tarde —me contesta y se ríe.
A simple vista no se que edad calcularle, diría que muy joven, pero luego reparo en algún que otro detalle más allá de lo que esconde el maquillaje y me replanteo que puede que ronde los treinta pronto. A las mujeres japonesas suele preocuparles mucho este tema, pero venir aquí es una buena oportunidad porque la persona que ha de conocer tiene las mismas ideas rondándole la cabeza.
Al parecer le he caído simpático o decide que soy alguien con quien es simple hablar, porque de repente la noto aun más suelta. De hecho, yo mismo estoy muchísimo más relajado que cualquier otra vez que recuerde, no me siento presionado, y me pregunto si será porque he superado la barrera de la obligación a entablar relaciones románticas con ellas.
La señorita Matsu se lleva el dedo indice a los labios como quien guarda silencio y me cuenta un chisme.
—Sabes, hablando de él —aclara dando una rápida mirada al joven de cabello rubio—, luego una amiga me dijo que al parecer tiene pareja. Me sentí una tonta por haber malinterpretado. ¡Todas me recriminaron que era muy evidente! Siempre anda con el teléfono sonriendo en los descansos, y que también trae almuerzos caseros.
Eso del teléfono, suena como los momentos en que aprovechamos el chat para salvaguardar distancias. Y mis bentos horribles, no quiero hablar de eso. Ya sé que soy la burla de su piso.
—¿Sabes quién es? —dispara la pregunta.
—Quién sabe...
Mi tono bromista hace que se queje infantilmente e incluso me llame "malo".
En ese momento, justo mientras reímos amigablemente, mi compañero de piso me mira de lejos enojado. Me hace una mueca y puedo leer las palabras en sus labios, no quiere que le robe su chica, la que apenas ha conocido, por lo que me da gracia.
—Deberías intentar hablar un poco más con Kobakawa —le digo en voz baja y me levanto.
No necesito hacer mucho movimiento y solo al palmear el hombro de mi amigo armo el revuelo necesario para cambiar de lugar. Al parecer todos aquí saben bien a quienes tienen que dejar juntos en todo momento.
El reacomodo me favorece, o Wolfram lo hace favorable por si mismo a la fuerza y se sienta a mi lado contento.
—¿Estás haciendo de casamentero en tu propio cumpleaños? —le recrimino en broma.
—No le veo lo malo. ¿No ha estado Kobakawa suspirando sin parar todos los días diciendo que quiere una esposa? Si sale bien, entonces dejará de quemarnos el cerebro dando lástima cada dos por tres. Además, ella busca lo mismo, va a renunciar a su trabajo para ser ama de casa.
Esto ultimo parece algo que él cuestiona un poco.
—Si eso es lo que la hace feliz —agrego yo.
Tenemos un ambiente un poco más privado por primera vez desde que entramos aquí. Aislados en una de las esquinas, Wolf se reclina más hacia mi.
—¿Y tu? —me pregunta solo a mi curioso.
—¿Yo qué?
—¿Querías casarte a esta edad, lo habías pensado?
Hemos hablado vagamente sobre hijos y casamiento antes, cuando aun tenía otra idea de que era la felicidad proyectada a futuro. Pero ahora solo puedo soltar una genuina carcajada de repente.
—Nunca me sentí mas contento como ahora.
Acabo de descartar todos esos sueños preconcebidos que no se adaptaban a mi sin saberlo, de una manera alegre y tan suelta que le sorprende a él tanto como a mi.
Mientras Wolfram me mira a los ojos siento que algo importante ha cambiado. No sé quien debería sentir mas vergüenza ahora, por lo cual lo dejamos pasar concentrándonos en la fiesta. Me escuecen los dedos de las ganas de rosar los suyos sobre la mesa, así que los entumezco un poco rodeando el vaso frio de cerveza para contener las ganas.
Aunque ambos nos hagamos los tontos, me arden las mejillas y pese a la luz se que sus orejas están rojas.
.
.
.
Wolfram es el campeón de las competencias de bebidas.
No hay absolutamente nadie en esta mesa, o la siguiente, o la del otro lado, que pueda abatirlo. Su talento Alemán brilla con fuerza ante su competidores japoneses y entre bebida y bebida se le han subido los humos. Tiene un problema de ego, pero hasta resulta simpático por momentos.
Desplegado frente a todos a modo de espectáculo hay un arco iris de pequeños vasitos. Una chica joven de otra mesa insiste en que es la ultima moda en tragos de Corea, un reto que no cualquiera que se ha tomado todo el bar podría completar ahora. Ahora nos hemos mezclado con otras personas que no son de nuestro grupo, porque somos todos jóvenes y apuestos, y por eso llamamos la atención. O eso quiero creer, obviando que Wolfram se lleva el noventa y nueve por ciento de las miradas.
He llegado a un punto en que sé que me estoy riendo porque sí de todo. Tomé tanta cerveza como quise, comí tanto como quise, y tomé de esa bebida blanca transparente que trajeron tanto como quise. No soy flojito con la bebida, pero a esta altura hasta un buen bebedor se vería un poco en problemas.
Mis extremidades están algo entumecidas, como si mis dedos no fueran del todo míos y mi cabeza se hubiera llenado de niebla. Observo entre asombrado y sumamente divertido como Wolfram comienza a tragar un vaso tras otro de colores, preguntándome como saben, que está sintiendo y si el alcohol se le subirá a la cabeza de repente.
Pero no pareciera ser el caso. Lo veo reír y alzar el puño en el aire, Tetsu se le cuelga y tras una carcajada declara una victoria sin oponente ante la multitud que vitorea. Aplaudo desde mi lugar sentado, mientras veo como Wolf no afloja su blanca sonrisa y me hace un guiño demasiado evidente. A nadie le importa, nadie podría entender.
La competencia pasa a una chica de un pecho exuberante y gran escote, muy maquillada, con una interesante cantidad de joyas en ella. Pierdo el interés enseguida en la repetición de la toma de vasitos coloridos, y decido levantarme no por comodidad sino para ir junto a Wolf. Estoy lo suficientemente desinhibido como para seguirlo cuando me toma el brazo, y caminamos entre la gente y el ruido.
Me encuentro de repente en algún lugar de la pista, entre las parejas y los grupos, así como la gente sola, que bailan desaforados. Intento, realmente lo intento. Entre la marea de gente y mi borrachera que ya no puedo disimular me dejo sostener cuando Wolf me jala más cerca. Nos reímos, ni él ni yo podemos coordinar un paso entre ambos, aunque dudo si él bailaría bien por su cuenta estando solo. Nunca lo he visto bailar antes, o siquiera intentarlo, pero por como se comporta parece ser algo que disfruta.
Estamos entre extraños así que no me interesa hacer el ridículo. Las luces son demasiado estridentes y se mueven todo el tiempo, no creo que nadie pueda notar su rubia cabellera entre el mar de negro, no podrían reconocernos. Además, en un lugar como este, donde no hay tantas reglas, parece que el pelo de colores es algo de todos los días. Hay una chica un par de personas más allá teñida del mismo amarillo dorado, y un muchacho que es casi platino. A quien le importa, en este momento, podría estar bailando con cualquiera y no creo que mis compañeros lo noten.
Tengo la barbilla apoyada en su hombro mientras me balanceo. Entre soñoliento y excitado por lo nuevo, intento seguir el paso. Wolfram está sumamente activo, y yo solo dejo que tironee de mi hacia aquí o hacia allá. Su lado quisquilloso al pararnos en un lugar, o dos metros más al costado, parece exclusivo de su propia borrachera. Está más allá que entonado o alegre, y sinceramente me alegro, porque si después de tomar vaso tras vaso de dos botellas de Vodka y una seguidillas de tragos arco iris siguiera sobrio, sería un demonio.
No es como si me importara a esta altura estar saliendo con uno, seria un detalle menor. He superado tanto en los últimos tres meses que eso no me interesa.
Hay una mano muy inadecuada que toca mi cintura, y baja, demasiado. No me está besando, pero aprieta su rostro y su nariz contra mi cuello. De estarlo haciendo, se vería igual para el resto de la gente, así que no entiendo porque se contiene. Con pudor pero suma torpeza, estampo la sudorosa palma de mi mano en su pecho caliente y lo alejo. Se resiste, tironeando de mi cintura y desalineándome la camisa, en lo que es un intento de baile donde yo escapo y el se niega.
Estoy muy tentado a intimar, tanto o más que él, pero nos contengo. Esto hace que Wolfram decida aprovecharse y jugar con todos los límites. Especialmente el límite de hasta donde yo soportaré antes de entrar en pánico social. Mientras pienso extrañamente consciente sobre eso, mis ojos van y vienen por sobre su hombro entre luces, observando al resto de la gente. Algo me llama la atención de reojo desde hace rato. A unos cuantos metros a lo lejos, hay dos chicas bailando, y puedo decir con seguridad que no son amigas.
Tras un largo rato, decido entablar conversación con mi pareja a ver si se entretiene y puedo dejar de correr sus manos hacia arriba.
—¿Hablas muy seguido con Tetsu, verdad?
—Si —me responde Wolf tras una pausa—. ¿Por que preguntarías algo como eso ahora?
Tiene sospechas, cree que hay algo oculto en mi pregunta. Pero no son celos ni nada por el estilo. Además, ya sé que se la pasa mandando mail con ellos. Con Tetsu y ese otro zorro.
—¿Te dijo que clase de club era este?
Wolfram parece pensarlo mientras se balancea arrastrándome hacia otro lado. Ha estado esperando el momento oportuno para pasar entre un gran grupo de gente a nuestra derecha.
—¿A que te refieres? —me pregunta.
—Mnh...
A mi falta de respuesta él comienza a girar el cuello para ver lo que veo yo. Luego de un rato parece que se da cuenta.
—¿Crees que es un bar gay?
—No, no un bar gay.
—Ah... ¿un club gay? —corrige una palabra. Creo que al estar entonado más allá de la salvación sobreentiende que pronuncia mal las cosas.
Lo entiendo... Creo que llegados a cierto punto no sé en que idioma nos vamos a comunicar. El idioma del amor, Wolf.
Jaja, no puedo evitar reírme de mi propio chiste mental, saco su mano de dentro de mi camisa desarreglada y niego. Él no me pregunta por qué sonrío tanto.
—Mm-mm. Más como un club mixto, supongo.
—Ah. Tal vez tienes razón.
No es como si realmente le importe mucho. Cuando su curiosidad se ve saciada, vuelve su atención a arrastrarme por el lugar e intentar meterme mano. Cielos, Wolfram, déjame en paz.
No llego a quejarme demasiado, ni en la mente ni en voz alta, que mi tenacidad se ve sacudida de inmediato. Mi espalda contra la pared, bajo una escalera, y con Wolfram encima. No hay escape. De repente sufro un terrible mareo, si antes estaba al menos un poquito sobrio, ya no. Me lo quedo mirando, tan cerca y tan lejos, aunque sean un par de centímetros de distancia, mientras su brazo me acorrala.
—No creo que nadie pueda vernos aquí. Si te preocupa, cambiemos, tu eres menos reconocible de espaldas...
A quien demonios le importa nada de eso.
Con mi mano derecha sobre su pecho que empuja, y la otra sobre su nuca que jala, lo beso en una mezcla de todas mis emociones por alejarlo y retenerlo lo más cerca posible. Fugazmente pienso que esto es un excelente resumen de mi relación amorosa, queriendo ocultar y a la vez demostrar todo. Ni yo mismo me entiendo, pero no me alcanzan las neuronas sin aturdir como para analizarme.
Le dejo besarme, apretarme, estrujarme y jalarme de la ropa. No recuerdo haberlo visto alguna vez así, pero no puedo confiar en mi memoria. Estoy caliente, demasiado excitado para ponerme a luchar contra el camino sin retorno, dándome por vencido de una vez sin prestar pelea. Entre el clamor de la gente, la música y las luces, no creo que nadie note mi entrepierna.
No soy el único, si eso sirve de algo. Ha pasado tanto tiempo desde que llegamos, y aunque es divertido estar con amigos, solo puedo pensar en teleportarme directo a mi cama en mi casa. Así tal cual estamos, por supuesto que con él encima, sin detenernos.
Pero no podemos, y no sé que vamos a hacer a partir de este punto. No puedo ni siquiera pensar. No creo poder seguir coordinando dos palabras coherentes. Y con ese pensamiento, me pierdo del todo.
.
.
.
.
.
Continuará...
Hola! Traigo una actualización corta, algo descuidada, pero es lo que he podido hacer entre varias cosas de la vida diaria que me mantienen ocupada. No he tenido tiempo para tocar nada, dejé medio cap preparado de antemano y jamás había podido escribir el resto.
De hecho, ha quedado corto porque decidí cortar en un punto clave, para que el siguiente capítulo incluya una pequeña sorpresa ^^ Espero que más allá de todo lo disfruten, y muchísimas gracias por continuar siguiendo esta historia! Me impresiona la cantidad de gente que estuvo comentando en estos meses que han pasado, nuevos y viejos, y sepan que todos me han alegrado muchísimo.
Espero que nos leamos pronto de nuevo!
