Disclaimer and dedications eternals.

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21

Lo importante

Sakura subió las escaleras mientras se limpiaba la tierra de las manos. Aún sentía esa opresión en el pecho que la llenó por la mañana. Conocía bien ese sentimiento: era dolor, algo que Sasori todavía no comprendía o asimilaba. Por eso ella estaba ahí, para hacerle ver lo que él no entendía. Ella se había comprometido a ayudarlo; eso haría.

Entró al ático. No tardó mucho en encontrarlo: estaba sentado en el viejo sofá que él mismo había pegado en la ventana. Miraba la calle con las piernas encogidas y los brazos alrededor de las mismas. Lucía más que melancólico y eso le dolía a Sakura. Empero, no le parecía que no se hubiera dignado a despedirse del cuerpo de la mujer que lo había criado. Era lo menos que podía hacer.

Dejó atrás todos los sentimientos de dolencia que la embargaban antes de acercarse a él. Sabía que Sasori la notaba, mas prefería ignorarla. Ésa era su forma de abrazar el duelo.

— Sasori… — musitó avanzando hacia él.

— Bésame. — ordenó sin mirarla.

— ¿Qué? — cuestionó ella, en total confusión.

— Que me beses.

Sakura enrojeció ligeramente por esa orden. Sin embargo, no percibió nada romántico en esas palabras. Comprendió lo que Sasori en verdad quería y negó con la cabeza. Sasori vio aquel gesto con el rabillo del ojo.

— Entonces desnúdate. — insistió todavía sin mirarla. El rubor de Sakura creció al mismo tiempo que su molestia.

— Por supuesto que no. Esto no es lo que necesitas, tú…

— Claro que lo necesito. Cuando me besaste dejé de pensar en todo esto y cuando hicimos eso no pensé en otra cosa. Eso es exactamente lo que necesito. — atajó mirándola con fiereza. Los ojos de Sakura volvieron a anegarse en lágrimas. Había olvidado todo lo que esa mirada podía tener.

— No voy a hacer eso, lo siento. — contestó con el rostro agachado.

— En ese caso, déjame en paz. — ordenó él, aferrándose más a sus piernas y clavando completamente la vista en la ventana.

Sakura sintió las palabras como una daga. Intentó mantener la compostura, recordar que estaba dolido, pero no pudo contenerse.

— Pudiste hacerle una caja, como mínimo. — le dijo Sakura acercándose más a él.

— ¿A un cuerpo? ¿Y para qué? — contestó Sasori sin mirarlo.

— ¡Era tu abuela! ¡Un nieto normal querría hacerle un digno funeral!

— Ella no era el cuerpo decrépito que enterraste. — espetó apretando los puños al mismo tiempo que recargaba la barbilla en las rodillas. — En ese cuerpo no está su alma. No entiendo por qué he de sufrir por un simple cuerpo en descomposición. — Sakura percibió de inmediato la tensión en su cuerpo. — El alma ya no está aquí.

— Sasori — le dijo mientras colocaba una mano sobre su hombro, recuperando el aplomo. No debía enfadarse con él en una situación así. — Sé que te duele mucho, es normal cuando pierdes a alguien de la familia, pero…

— ¿Y tú qué sabes de eso si ni siquiera recuerdas a tus padres? No tienes idea de lo que se siente. — la acusó enfrentándola de nuevo a su mirada. Supo que había cometido un error cuando vio el daño reflejado en los verdes ojos de Sakura. Imbécil.

Sakura tragó saliva con fuerza para ocultar el efecto de las palabras de Sasori en ella. Dejó caer la mano que tenía sobre él al mismo tiempo que retrocedía.

— Yo tuve una familia; sus nombres eran: Naruto, Sasuke y Kakashi. — afirmó dando varios pasos atrás. — Y tú me alejaste de ellos.

Enseguida, Sakura se dio la vuelta para retirarse. Sasori la volteó a ver, arrepentido por sus palabras. No le tomó importancia al hecho de que era la primera vez en que le interesaba el daño provocado por sus frases. Se sobó el puente de la nariz mientras se debatía entre ir tras ella o esperar a que el coraje disminuyera. Escuchó la puerta de su habitación azotarse y suspiró. Tenía que verla; estaba profundamente enojada.

Sin saber la razón de sus actos, Sasori bajó los pies al suelo. No toleraba la idea de que Sakura permaneciera molesta con él, no de nuevo. Ya habían terminado con aquella época; o al menos eso esperaba. No tenía idea, por supuesto, de lo que se avecinaba.

Sakura se abrazó las rodillas recostada en su cama, dándole la espalda a las persianas por las que accedía del dormitorio de Sasori. No quería pensar en él, no podía perdonarlo; no después de todo lo que ya le había hecho. No podía creer que, sin importar todo lo que él era, ella todavía quisiera estar a su lado. El veneno estaba por nacer, sólo le faltaban unas horas de reposo; quizá menos; pero Sakura no querría irse. Al menos, no querría irse sin Sasori.

Sin desearlo, soltó un largo suspiro con sabor a melancolía. Un instante más tarde, se tensó sin remedio.

— ¿Qué haces aquí? — preguntó al sentir su presencia en el cuarto.

— Verte. — respondió Sasori sin atreverse a entrar.

De repente, sintió como si hubiera un abismo entre la cama de Sakura y él. En efecto, tenía miedo. Miedo por estar ahí, miedo por escucharla correrlo, miedo por las razones que lo habían arrastrado hasta ahí. Miedo por sentir lo que desde hacía días se negaba a sentir.

— ¿Para qué? Yo no te intereso en lo más mínimo. — contestó Sakura aferrándose más a su cuerpo.

Sasori nunca supo qué demonios lo obligó a introducirse en ese espacio que hacía un segundo le pertenecía sólo a Sakura. En su mente, únicamente vio lo ilógico que sonaban las palabras de Sakura. Deseó que fuera así, que ella no paseara por su mente todo el tiempo. Deseó, y mil veces deseó, que todo fuera como en un principio, pues sólo de esa manera podría despedirse de ella sin necesidad de que existiera dolor. Ella podía hablar lo que deseara, podía acusarlo de cualquier cosa, mas no de que le fuera indiferente. Sakura podría parecerle muchas cosas; aunque el pensar en una lista que la definiera, sólo comprobaba el tiempo que Sasori ocupaba en ella.

Recordó las palabras de Sakura y entonces sintió cómo su cabeza estallaba. No podía comprenderlo, pero algo en esas palabras lo había herido. No por el tono tan lastimero que había utilizado, ni siquiera por las letras en sí; sino porque ella de verdad creía en lo que decía. Sabía que había cometido un error al hablarle así minutos atrás, mas no creía que ella fuera a responderle de ese modo.

A pasó rápido y con la mandíbula apretada, llegó hasta la cama y se hincó sobre ésta para obligar a Sakura a mirarlo. Ella, asustada, giró el cuerpo con el objeto de quedar boca arriba. Sasori aprovechó esa posición para colocar sus manos a un lado del rostro de Sakura. Vio temblar su labio inferior; aún le temía. Por alguna razón, eso tampoco le agradó a Sasori.

— Si no fueras especial, yo no estaría aquí. — farfulló enojado.

Sakura lo miró con sorpresa, aunque no sucumbió. Era cierto: de todo lo que se habían dicho desde que se conocieron, ésa había sido la frase más cercana a un "te quiero", mas eso no quitaba el hecho de que él la hubiera herido. Las palabras que Sasori le dijo en el ático aún resonaban en su cabeza. Con gran esfuerzo, reprimió sus deseos por abrazarlo, antes de responderle.

— Yo sólo he sido tu herramienta. Te interesan más tus estúpidas marionetas. — afirmó con el entrecejo fruncido.

En ese momento, Sasori de verdad se enfadó. Detestaba eso de Sakura, detestaba que en ocasiones se viera a sí misma como un objeto. Por un momento, se recordó que él también llegó a mirarla de ese modo. Se odió porque los objetos no le importaban en lo más mínimo. Pero ella era diferente. De inmediato, la realidad lo despertó.

La tomó de la barbilla para recalcar su siguiente afirmación.

— De todo lo que me rodea, lo único que me importa, eres tú.

Sakura sintió la garganta seca. Apenas podía creer que Sasori hubiera dicho eso. Esta vez, no sabía cómo responderle. Quería creerle, pero temía que eso sólo les hiciera más daño. Sasori nunca había dicho algo semejante, mas eso no probaba nada. No obstante, en sus ojos podía ver la misma firmeza de siempre; acompañado, esta vez, de una ráfaga de emociones que Sakura no pudo identificar.

— ¿Y tus marionetas? — preguntó casi con inocencia.

— ¿Acaso no fui claro? — respondió él sin soltar su barbilla.

Ella palideció: Sasori decía la verdad. Podía ser el chico más frío que había conocido, con el que más discutía y el más narcisista; pero era él el hombre que la amaba. Jamás esperaría que él se lo dijera, no con esas palabras; mas sabía, ahora sabía, cómo leer el código de Sasori.

Sin embargo, una pizca de la inseguridad que siempre irrumpe en los momentos más bellos de la vida, le introdujo una cuestión que no pudo evitar sacar de sus labios.

— ¿Por qué yo?

Sasori repitió esa pregunta en su cabeza. Enseguida, la creyó aún más patética que la anterior. La razón era evidente, cualquier idiota podría adivinarla.

Sus labios emitieron la respuesta casi automáticamente.

— Porque eres la única persona a la que no veo como un títere.

— Pero tú me aceptaste con el fin de crear el antídoto de la abuela Chiyo. — replicó todavía sin creer del todo lo que Sasori afirmaba.

El la soltó para colocar de nuevo su mano a un lado del rostro de Sakura.

— Lo sé. — dijo casi con indiferencia.

— Y luego me confesaste que querías matar a mi maestro.

— Lo sé.

— Me quisiste obligar a crear el veneno para él.

— Ya lo sé.

— ¿Entonces?

—Pude soltarte desde que terminaste el antídoto, pero no quise. Sé hacer venenos mejor que nadie; son mi especialidad después de las marionetas. No quería que te fueras, Sakura, yo…

En ese momento, sintió cómo los brazos de Sakura rodeaban su cuello acercándolo a ella y abrazándolo con fuerza. Ya no necesitaba decir más, ella le creía y correspondía. Él no pudo responder al abrazo porque si lo hacía, todo su peso caería sobre ella y podría lastimarla. Por mínimo que fuera, no quería causarle más daño.

— No me dejes, Sasori. — suplicó aferrada a él.

— No lo haré. — musitó él en su oído.

— Promételo. — urgió ella afianzando el abrazo.

Sasori tragó saliva. No le gustaba faltar a sus promesas y sabía que ésa no era una promesa que pudiera cumplir. No importaba qué tanto quisiera estar con ella, no podría hacer nada por ello. Empero, si le decía que sí, tal vez ambos terminaran creyendo que podía ser real, que podían estar juntos.

Por primera vez, quería mentir para ser feliz tan siquiera por un par de días.

— Te lo prometo.

Dieciocho horas más tarde, Sasori se encontraba de espaldas a Sakura, dándole indicaciones acerca de dónde debía depositar el veneno en las otras cuatro marionetas que había preparado esa mañana. Sakura escuchó atentamente las indicaciones, sobándose la rodilla que se golpeó la noche anterior en el ático. Le había pedido a Sasori que la ayudase a entrenar, a pelear con varias marionetas a la vez. Por supuesto, se trataba de un entrenamiento muy duro, pero Sakura logró convencerlo después de decirle que eso la podría salvar de los ANBU.

—Sólo diecisiete mililitros por cada extremidad. — le recordó Sasori enseñándole el tubo en el que guardaba el veneno. — Las agujas encontrarán la manera de humedecerse en el veneno, pero no debe ser más o podría regarse por la madera.

— Comprendo. — respondió ella asintiendo levemente con la cabeza.

Después del entrenamiento, Sasori la acondicionó para que pudieran tomar un trato dual. Él la ayudaría a entrenar si ella lo ayudaba con sus marionetas. Sakura aceptó de inmediato, llevada por la curiosidad del oficio de Sasori.

Tomó uno de los recipientes en los que descansaba el veneno hecho por ella y caminó hacia la mesa frontal, su lugar de trabajo. Sasori continuó trabajando sin complicaciones. Hasta que escucharon los ya típicos parloteos en el pasillo de Artis gratia ars.

Sasori suspiró, adivinando la razón de su visita, mientras Sakura bajó la mirada para asegurarse de no tener otra playera de Sasori encima. La noche anterior en realidad se habían dedicado a dormir. Ya habían pasado varias noches en vela y aunque habían disfrutado muchísimo su primer contacto sexual, su organismo les pedía a gritos una buena noche de siesta. Por lo tanto, no tenía por qué traer puesta la ropa de Sasori y ellos no tenían por qué suponer absolutamente nada. Aunque a esas alturas, le parecía imposible que Hidan o Deidara no bromearan sobre lo primero que vieran. Sasori le había dicho luego de que se fueron aquella vez que ambos eran los bufones de Akatsuki, provocando una ligera risa en Chiyo y ella… aunque parecía que Sasori hablaba muy en serio.

— ¡Cierra la boca, idiota! — farfulló Hidan pateando la puerta verde.

— Es la única puerta que tenemos, Hidan, manéjala con cuidado. — lo regañó Konan.

— Sí, claro. — contestó restándole importancia, centrando su pícara mirada en el par de jóvenes trabajando al fondo de la habitación. — Ya tenemos a un carpintero con nosotros, no hay problema.

— Sasori no es carpintero, es marionetista. — lo defendió Sakura, aún con el veneno en las manos.

— Dime, por favor, que eso que traes en las manos no es comestible. — dijo Deidara avanzando con un gesto de asco a la sala.

— Sí, lo es. Pruébalo. — contestó Sasori con una muy fina sonrisa que sólo Sakura percibió.

— No, es veneno. — corrigió ella mirando con molestia a Sasori.

Hidan se echó a reír mientras Deidara sacaba de su maleta una pequeña bola blanca que todos identificaron. Por suerte, Itachi consiguió retener su mano para evitar que se la lanzara a Sasori, quien simplemente alzó una ceja con escepticismo. Sabía bien que Deidara no se atrevería a explotarlo, menos era tan estúpido como para lanzar una bomba en un lugar lleno de madera. Lo que más atesoraba ese "artista" era su propia vida.

Sakura miró cómo Kisame y Kakuzu golpeaban en la cabeza a Deidara por ser tan imprudente y después observó los gestos de impaciencia de los que parecían ser los líderes de la organización. Itachi no le había quitado el ojo a ella, como si quisiera ver el fondo de su mente. Con esas imágenes en la cabeza, se preguntó por qué creería la gente que ese grupo de personas en realidad era una asociación maléfica. Todos parecían inocentes hasta cierto punto. No por nada Chiyo les había tomado estima y hasta Sasori los apreciaba como compañeros.

— Como sea. — intervino Yahiko ocupando una silla frente al comedor. — Sasori, sabemos lo que hiciste hace unos días.

El aludido no respondió, mas un pequeño tic en su ceja indicó que le prestaba atención a las palabras de Yahiko. Konan se sentó frente a su compañero previo a que todo Akatsuki la imitara. Sakura dejó el bote de veneno en la mesa y se colocó a un lado de Sasori, preparándose para un regaño grupal.

Sasori sintió el cuerpo de Sakura pegarse a su espalda y entonces elevó la mirada hacia ella. Parecía preocupada por algo, quizá por Akatsuki. Clavó sus ojos en el líder de la organización y asintió, esperando sus duras palabras por haber arriesgado a Akatsuki.

— Saliste de Artis gratia ars para salvar a esa mujer. — lo atacó Yahiko señalando con la mirada a Sakura, quien retrocedió un paso, con temor. Sasori se puso de pie y se colocó frente a ella, protegiéndola de la vista de cualquiera de ellos. — Dejaste ver tu técnica, delatándote, y con eso, delatándonos.

— No lo hice, no llevaba ningún indicio de pertenecer a Akatsuki; no pertenezco a ustedes. — se defendió Sasori estirando un brazo hacia atrás para evitar que Sakura siquiera asomara una pequeña parte de su cuerpo.

— Ellos creen que sí.

— ¿Ellos?

— Danzou y sus ANBU. Enviaron al treinta por ciento de su población para matarnos. — explicó Konan con el mismo tono autoritario de Yahiko.

— ¡Cielo santo! — exclamó Sakura deshaciéndose de la protección de Sasori. — Eso debió ser hace unas horas, ¿necesitan atención médica? — se apresuró a preguntar mirando por separado a los miembros de Akatsuki.

— Esa perra me encanta. — dijo Hidan con una sonrisa de burla. — ¿Ya te lo dije, Kakuzu?

— Idiota. — farfulló éste.

— Nada que no podamos resolver nosotros mismos, Sakura. — contestó Konan, pasando por alto a los otros dos.

— Gracias. — agregó Kisame.

— Lo-lo siento. — se disculpó Sakura regresando a su lugar, detrás de Sasori. Oculta por el cuerpo de Sasori, se atrevió a tomar la tela de su playera, para sentirse todavía más segura.

— No te cuestionaremos las razones de tus acciones porque, efectivamente, no eres miembro de Akatsuki — prosiguió Yahiko. — pero sí te advertiremos que ese tipo de errores te costarán la vida, y no precisamente seremos nosotros los responsables.

— Danzou seguirá tras ustedes. — adivinó Sasori. — ¿Por qué? ¿Qué es lo que creen?

— Que estamos relacionados con el levantamiento de armas de Konoha.

— ¿Con qué? — preguntaron Sasori y Sakura, completamente atónitos.

Itachi clavó su mirada en Sakura, parecía verdaderamente asombrada. Sus pupilas iban de un lado a otro, evitando un punto en específico; seguramente confiando en que sus amigos estarían bien. Tal vez, ni siquiera estuviera enterada de la matanza que se dio justo el día de su partida de Konoha. Era hora de que se enterara; su amorío con Sasori no salvaría al mundo de la devastación que Danzou – y seguramente también Orochimaru – estarían preparando.

— Desde hace casi cuarenta días, Konoha ha estado entrenando para derrotar a alguien. — dijo Itachi, ganándose la atención de los dos invitados a la guarida. — Creemos que se trata de Danzou, aunque dada la relación tan estrecha que hay entre compañeros, también es posible que el escuadrón sea para salvarte, Sakura.

— ¿Ellos piensan que fui capturada por Danzou? — cuestionó Sakura, valientemente enfrentándolos. Sasori la tomó de la muñeca, preparado para protegerla en cualquier situación.

— Ellos saben que estás con Sasori. — corrigió Deidara, con delicadeza.

— ¿Cómo? — preguntó Sasori.

— No lo sabemos, sólo escuchamos tu nombre en varios entrenamientos. — respondió Kisame.

— No fue difícil escuchar, hay un chico vestido de verde con cejas grandes y cabello de platón que gritó algo acerca de "machacar" a Sasori por haberse llevado a su "hermosa Sakura". — contó Deidara con una sonrisa de sorna.

— ¡Já! ¡Yo apoyo al rarito! — dijo Hidan.

— No es raro, es Lee y es mi amigo. — respondió Sakura algo molesta. — Y nadie va a machacar a Sasori, hablaré con ellos cuando los vuelva a ver.

— ¿Cuándo te irás? — preguntó Konan sin rodeos. A decir verdad, tenerla en ese lugar la ponía de nervios y no quería arriesgarse más por una mocosa que apenas conocía.

Sasori y Sakura palidecieron un tanto ante la pregunta. Sasori se atrevió a tomar la mano de Sakura para infundirle fuerza. Sabía lo arriesgado que era el que permaneciera más tiempo ahí, pero estaba dispuesto a correrlo. Al fin había encontrado un pequeño sentido a su vida y no planeaba perderlo por un par de ojos inconformes.

— Hasta que el entrenamiento termine. — contestó Sasori.

— ¿Entrenamiento? — preguntó Yahiko alzando una ceja.

— Konoha no necesitará sólo un médico cuando regrese, sino a una guerrera. Y eso es lo que tendrán. — juró Sakura asiendo con fuerza la mano de Sasori.

— ¿Y estás entrenando sola? Patética. — dijo Kakuzu entre un bufido.

— Las batallas contra Danzou no suelen ser uno contra uno, sino tres, cinco o hasta cuarenta y siete contra uno. — comenzó Sasori. — Sakura está entrenando para enfrentarse a diez marionetas. Cada día aumentaremos la cantidad hasta llegar a diez. En cuanto la vea preparada, daré por terminado el entrenamiento.

— ¡¿Tú la estás entrenando, danna? — preguntó Deidara dejando caer la mandíbula con asombro.

De inmediato, las miradas de los Akatsuki se posaron en el cuerpo de Sakura. Hasta ese momento, se percataron de los cortes y rasguños en sus brazos, de los pequeños moretones en sus piernas y de la venda que rodeaba su rodilla izquierda. Parecía que el entrenamiento era exactamente tan duro como Sasori lo había planteado: esa niña de verdad quería aprender con rapidez y crudeza; estaba comprometida con su aldea a no fallar de nuevo.

— Cuánto amor. — ironizó Kisame con una ladeada sonrisa.

— ¿Y luego qué, hum? ¿La dejarás ir para después salvarla como la vez pasada, Sasori no danna? — preguntó Deidara interesado en las acciones de Sasori.

— Le daré tres de las marionetas poseedoras de su veneno y la llevaré a Konoha. — respondió rascándose la nariz con la mano libre, como si se tratara de un tema cualquiera. Como si salir de Artis gratia ars e ir tras Konoha no fuera una misión suicida. Vaya insensatez la que nacía en los jóvenes cuando se enamoraban.

— ¿Y cómo evitarás que los descubran de nuevo? — preguntó Itachi, seguro de que Sasori no sería tan estúpido como para mantener un plan tan firme como ése sin un broche que le asegurara que no correrían con la misma suerte.

Desde el día en que lo conocieron, Itachi comprobó que Sasori poseía una inteligencia muy audaz y que no se dejaba intimidar por muchas cosas. En efecto, era un gran partido para Akatsuki, por eso también afirmaba que Yahiko y Konan no lo herirían e, incluso, podrían seguirlo protegiendo. El verdadero líder había insistido en no despegar la vista de él y hacer lo posible por ganarse su confianza. La esperanza de que un día aceptara la bata negra con nubes rojas no se desvanecía.

— Lo que Danzou en realidad desea es el contenido de una caja de madera, es el kyūbi. — dijo Sakura, atrayendo el interés de todos a su alrededor. Ni siquiera Sasori sabía qué era lo que escondía. — Shikamaru Nara y Neji Hyuga hicieron la suposición de que se trataba del artefacto que controlaba el tren de Konoha. Se suponía que sin éste, Danzou perdería cualquier contacto con el tren; de esta forma, desconocería el momento en el que saliéramos en grupos de Konoha. Evidentemente, el plan no funcionó y hasta ahora no sé qué fue de ellos. — se atrevió a mirar a Itachi a manera de disculpa. — No sé nada de Sasuke-kun o Naruto, pero confío en que…

— Hubo una batalla apenas te fuiste. — respondió Itachi sin dudarlo. Kisame y Deidara lo recriminaron con la mirada. — Murieron muchos, pero Naruto, Sasuke y Kakashi no estuvieron en la pelea, supongo que salieron a buscarte. Hasta donde sabemos, ellos están entrenando en Konoha.

Sakura dejó de escucharlo en cuanto la noticia de la masacre llegó a sus oídos. Por supuesto, no se esperaba esa anécdota. La culpa que sintió apenas abandonó la aldea, había incrementado muchísimo, lo que la llevó a soltar a Sasori y recargarse en la mesa de trabajo para evitar caerse. Sasori la miró de reojo, preocupado por su bienestar. Sabía lo mucho que amaba a la Hoja y era consciente del dolor por el que debía estar pasando.

— Ella tenía que saberlo. — se excusó Itachi. — El tiempo que pase aquí es crucial para los planes de Konoha.

Sasori asintió, comprendiendo la intención de Itachi.

— ¿Y qué harás cuando estés en Konoha? ¿Piensas quedarte con ellos? ¿Abandonar a Chiyo-bā? ¿Formar parte de una aldea a la que claramente no perteneces? — cuestionó Yahiko, probando su firmeza.

— Chiyo ya no me esperará, no en este mundo. — se apresuró a responder. La tensión de la muerte de la anciana se sintió en el ambiente hasta que Sasori volvió a hablar. — Y respecto a Sakura, voy a asegurar su bienestar.

Akamaru movió la cola animadamente. Kiba lo miró confundido, nunca lo había visto tan emocionado por algo. El perro jaló con la punta del hocico una prenda que tenía para entrenarse y la dejó en los pies de su dueño. Kiba, extrañado, alzó la blusa y la miró.

— Sí, ésta es la blusa de Sakura, Akamaru. ¿Eso qué tiene de importante? Lo que necesitas no es traerme la ropa de Sakura, sino su rastro.

Akamaru, como respuesta desesperada, ladró un par de veces antes de correr hacia la ventana del vagón y volver a ladrar en dirección este. Kiba, sin querer precipitarse a lo que el can quería comunicarle, estrechó los ojos.

— ¿Quieres decir que ya tienes su rastro? ¿Que ya eres capaz de guiarnos hasta ella? — cuestionó y Akamaru ladró una vez más, asintiendo. — ¡¿Estás seguro?! — el perro movió desesperadamente la cola antes de ladrarle de nuevo a la ventana. — ¡Sakura! — musitó encantado. — ¡Muy bien, Akamaru! ¡Le diré a Kakashi-sensei y a Naruto! ¡Tendremos que irnos de inmediato, así que no pierdas el rastro, ¿de acuerdo? — le preguntó hincándose frente a él y tomando su hocico con las manos. — Confío en ti, Akamaru; todos confiamos en ti.

Respondiéndole, Akamaru lamió la mejilla de su amigo.

Sin perder más tiempo, Kiba corrió hacia el vagón del equipo siete. Al fin había llegado el día de rescatar a Sakura.

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¡Hola!:

Este capítulo tiene varias cosillas para rascarle, pero me da miedo hacer spoilers y eso. Mejor, nos quedamos con lo bonito que tuvo, la defensa de Sasori hacia Sakura y de ésta hacia él.

Y, bueno, no sé qué decir respecto a Akamaru. No sé si a ustedes les parezca bueno o malo, pero finalmente era lo que ellos buscaban: encontrar a Sakura.

Nos vemos el siguiente lunes. Les mando un fuerte, fuerte, abrazo.

Andreea.