Capítulo 21

Jacob y yo hablamos por largas horas, encerrados en su antigua habitación mientras todos afuera escuchaban todo lo que implicaba ser lobo, para que Lucy y Melanie tuvieran un mayor conocimiento. Le volví discutir a Jacob por ocultarme la batalla, pero al final entendí que él no quería preocuparme; aunque le pedí que nunca más me volviera a ocultar algo así,

—Juro que nunca lo volveré hacer, mi vida —aceptó, y me besó con delicadeza y alivio.

Luego de un par de besos, analizamos los pros y contras de volver. La verdad es que no quería hacerlo, no me sentía cómoda, pero ya era momento de dejar de pensar en mí solamente, y quería ceder a lo que Jacob deseaba, pues así como él había dejado todo por mí, yo debía compensarlo con algo que realmente no me costaba: volver a lo que fue mi hogar, total a lado de él, aun así sea debajo de un puente, seguiría siendo mi hogar.

—¿Pero qué es lo que realmente quieres, Jacob? —pregunté, colocando Alex sobre la cama para que siguiera jugando, y lo rodeé de almohadas.

—Lo que realmente quiero no es decepcionar a nadie —murmuró. Le acaricié las manos, mi Jacob siempre quería hacer lo mejor para todos— Nunca quise hacerme cargo de la manada, soy el heredero, pero no me gusta, fue por mi padre que lo hice, y lo que más quiero y deseo en esta vida es estar a tu lado y a lado de nuestro hijo, ya sea aquí o en Seattle —le sonreí y enredé mis manos atrás de su cuello mientras me sentaba en sus piernas.

—Yo haré lo que quieras, Jacob, ya sea quedarnos o irnos —le dije. Sus brazos envolvieron mi cintura firmemente y enterró la cara en mi cuello.

Luego levantó la cara.

—Tú crees que yo me he arrepentido de dejar mi vida aquí, Leah, pero no es así. En Seattle hemos hecho una vida juntos, los dos solos, iniciando desde cero; tengo un trabajo que amo y tú atiendes esa tienda que le has cogido cariño; quieres y adoras a Lucy y a Melanie, y te gusta el ritmo de esa ciudad —sus manos acariciaron mis mejillas— Volvamos. Renunció a esto que realmente no es para mí, no es para nosotros. Podemos venir de vacaciones, pero realmente nuestra vida no es está —terminó de decir.

—Tienes razón, está ya no es nuestra vida —le contesté— ¿Tienes alguna opción para dejar a cargo de la manada? —le pregunté.

—No hay de otra, tendrá que ser Sam, aunque me moleste aceptarlo ha dado mucho por la manada y él parece estar contento con ese trabajo —expresó él— Además de que él fue el segundo en convertirse. Pero ni crea que yo seré quien le dé el liderazgo, lo dejaré a disposición de los ancianos, diré que no tengo sucesor. Y no te preocupes, si Seth quiere lo puedo librar de la manada, aún sigo siendo el Alfa y mi última orden sería dejar libre a mi cuñado del mandato de Sam.

—Vale —le sonreí. Yo no quería que Seth siguiera bajo las ordenes de Sam, pero todavía faltaba saber su opinión— Volveremos a Seattle y vendremos en vacaciones —afirmé lo que ya se había dicho y lo que me hacía tan feliz.

—Eso es correcto, Alex debe aprender lo más que pueda de estas tierras —asentí a sus palabras.

Después de eso, tomé a Alex en mis brazos, salimos de la habitación y le hicimos saber nuestra decisión a la familia: Lucy y Melanie estuvieron contentas, pero Billy y Sue, no lo tomaron con alegría pero dijeron que siempre contaríamos con su apoyo. Alex inmediatamente estiró lo brazos hacia a su abuelo.

Jacob y Seth se fueron a dar un paseo en su forma de lobo, sé que lo necesitaban pues el estrés de estos días había hecho estragos en ellos y la mejor manera de sacarlo era en su forma lobezno. Mi madre y Lucy salieron de igual manera para dar un paseo por el lugar y Billy se encerró en su habitación, quizás estaba triste por la decisión de Jacob, pero era lo que su hijo quería y él lo iba aceptar.

—Vamos, Melanie, igual nosotras necesitamos un paseo —le dije.

—¿Y Alex? —preguntó.

—Lo llevaremos —respondí, y procedí a abrigarlo muy bien, pues aunque había nevado muy poco, aun así hacía frío— Mi niño tiene que conocer la playa.

—De acuerdo.

Abrí la puerta, y el aire fresco nos dio en el rostro. Anduvimos por el caminillo de piedra que llevaba la playa en un cómodo silencio, con Alex viendo todo lo que le rodeaba. Pero algo no estaba bien, Melanie solía ser algo parlanchina y ahora estaba retraída, y hasta parecía triste.

—¿Qué pasa, Melanie? —le pregunté, después de varios minutos. Ella se quitó el cabello de la cara, rebelando así una lágrima que mojaba su mejilla— Melanie, ¿Qué pasa? —pregunté esta vez preocupada.

—Billy nos contó acerca de los lobos —empezó ella, y se limpió el rostro— Y nos contó acerca de la imprimación… —un sollozo la hizo detener.

Ya me imaginaba por donde iba esto; Billy de seguro lo expuso de que era encontrar el alma gemela de cada lobo, algo así como el maravilloso regalo de la naturaleza, cuando no era más que el instinto de reproducirse, donde pocas veces el amor verdadero hace su presencia, eso era a mi parecer. Seth no se imprimó de ella, y quizás le duele pensar que no nació para él.

—Melanie, tranquila —le pedí— Estoy segura de que fue lo que te dijo Billy, y puedo imaginarme cómo te sientes, pues pasé por algo parecido —le conté.

—No es cierto, no puedes saber cómo me siento si tú y Jacob nacieron el uno para el otro, y Seth y yo no lo hicimos —refutó ella, con la voz dolida.

—Te equivocas —le dije, jalando de su mano para que nos sentáramos en la playa y coloqué a Alex entre mis piernas, quien rápidamente enterró los dedos en la arena— Jacob no está imprimado de mí, si es lo que te preguntas, él y yo estamos juntos porque queremos estarlo, parecido a ti y a Seth —le sonreí. Aunque el consejo había dado a entender que yo era la ideal para el Alfa, pues mi familia era una de las más nobles, pero eso a mí me importaba poco; Jacob fue quien me eligió no su lobo.

—¿En serio? —preguntó dudosa.

—Es la verdad —confirmé— La imprimación se realiza cuando el lobo encuentra la mujer ideal para tener descendencia, algo así como la incubadora perfecta para tener lobos —le dije mi perspectiva de la imprimación.

—Eso es horrible —expresó.

—Lo es. Si Seth se hubiera imprimado sería porque el lobo dentro de él lo obligó a hacerlo, pero no, él está contigo porque te quiere, Melanie, no lo dudes, por favor —ella sonrió con debilidad.

—¿Y qué pasa si ella aparece? —preguntó con tristeza.

—Quisiera decirte que nada, pero si pasa algo. Él se verá obligado a irse, el lobo dentro de él es más fuerte que todo…

—¿Más fuerte que el amor?

—Supongo que sí —fruncí el ceño. La imprimación era tan posesiva y celosa que ni siquiera el amor real le importaba; el lobo daría todo por una desconocida— Pero es una en un millón, tal vez ella no esté aquí, tal vez nunca la conozca, las imprimaciones no son tan comunes, son rara las veces que suceden.

—Pero…

—No pienses en ello, Melanie, el amor hay que disfrutarlo: Seth te quiere, me atrevería decir que te ama, y es porque así él lo quiere, nadie lo obliga; y su imprimación no está aquí en la Push, pues sino ya lo se hubiera imprimado, y en verdad dudo que este en Forks. No lo sé —le dije y luego suspiré— Tan sólo sé feliz con él, Melanie, disfrútalo, sé que es difícil esta situación, pero es peor cuando no lo sabes y de repente él ya te ha olvidado. ¿O piensas terminar con él por esto? —ella negó rápidamente con la cabeza, haciendo que su cabello castaño se agitara de un lado para otro.

Ella se quedó en silencio, viendo el mar de manera pensativa. Sus manos se movieron nerviosas, pero por su cara sabía que ya no estaba triste por la imprimación. Sería algo difícil de sobrellevar pero ellos dos se querían de verdad, y yo dudaba que la imprimación de mi hermano estuviera cerca.

—Leah —me llamó y le presté atención— ¿La imprimación fue por lo cual te fuiste de aquí, verdad? —preguntó. Sabía que lo resolvería todo rápidamente, que descubriría la verdad detrás de mis amargas palabras.

—Sabes que no fue por eso precisamente, fue por Alex, tenía que salvarlo a como diera lugar —contesté, depositando un beso sobre el cabello de mi hijo, y ella asintió— Pero si la pregunta es que si fue el inició de todo, la respuesta es sí —susurré.

—¿Es Sam, cierto? —la quedé viendo incrédula y luego volví la mirada al mar. No me apetecía hablar sobre eso, ya no lo merecía— Lo deduzco porque es a quien más detesta Jacob —continuó hablando.

—Él se imprimó de Emily, mi prima, cuando éramos novios —le conté— Ni siquiera tenía conocimiento de que las leyendas eran ciertas; desapareció una semana y cuando regresó ya no quería nada conmigo —le hablé de algo que pensé que nunca volvería a decir, pero ahora que ya no producía nada en mí, me valía poco repetirlo— Cuando lo volví a ver, discutimos y casi me mata al transformase enfrente de mí: me enseñó los colmillos y me gruñó con rabia, le tuve miedo, no voy a mentirte —recordé aquel día, justamente en la playa— Pero luego apareció Jacob, también en forma de lobo y me salvó de él —sonreí al recordar a mi lobo saltando sobre Sam y ordenándole que se fuera.

—Sufriste mucho, ¿cierto? —cuestionó.

—Lo hice, pero todo fue compensado, Melanie: tengo a Jacob, un hombre que me ama porque le nace hacerlo no porque esté obligado, y yo lo adoro, no sé qué sería de mi vida sin él —le dije la más pura verdad.

—¿Es Sam… el padre de Alex? —musitó suavemente, después de unos segundos en silencio.

—Su padre es Jacob, Melanie —contesté, quizás un poco molesta, y apretando el cuerpo de Alex contra mí.

—Sé que su padre es Jacob, eso nadie lo cambia, pero Sam fue quien…

—Fue quien lo engendro —acepté con rabia, no contra ella ni contra nadie, simplemente me daba rabia decirlo en voz alta, para mi hijo no había más padre que Jacob.

Ella guardó silencio, y me miró como pidiendo disculpa. Recargué la frente en la cabeza de mi bebé, no quería que alguien más lo supiera. No quería que por nada en el mundo alguien se atreviera a repetir eso. Jacob es el padre de mi hijo, y siempre sería así.

—¿Qué estás diciendo, Leah? ¿Soy yo el padre Alex?

Esa voz rasposa, un tanto impresionada y dudosa, surgió del bosque y provocó que volteara la cabeza tan rápido que sentí los huesos de mi cuello tronar. Sostuve más firmemente a Alex y me levanté rápidamente abrazándolo contra mi pecho; quería protegerlo de Sam. Melanie hizo lo mismo y se colocó un paso delante de mí, en un intento de protegerme, aun sabiendo que Sam era peligroso.

—Leah, ese niño es mi hijo —más que preguntar lo afirmó.

—No, no lo es. Su padre es Jacob, sólo él, es mi hijo y de él, nada más —le dije un poco desesperada.

—Te escuché, Leah, yo soy el padre de Alex —se acercó a mí, y yo retrocedí, no por miedo, simplemente que no quería se acercara a mi hijo.

Él se detuvo y miró al niño fijamente. Pude ver en sus ojos el reconocimiento y la emoción que sentía. No quería que sintiera eso. No quería que lo viera. Alex rió con alegría aplaudiendo y salpicando la arena de sus dedos por todos lados. La cara de Sam se transformó en dulzura al verlo, pero sus ojos se endurecieron en mis ojos.

—No debiste ocultarme a mi hijo, Leah, y menos hacerlo pasar como hijo de Jacob —reclamó con enojo. Estiró sus grandes manos hacia Alex, pero él sólo ocultó la cara en mi cuello, como lo hacía cuando no conocía a alguien. Yo lo aparté más, no permitiría que lo tocara.

—¿Qué querías que hiciera, Sam? Hubieras dejado a Emily, no verdad —le espeté— Mis padres me corrieron de casa, y jamás me hubiera atrevido a pedirte ayuda después de casi matarme —él bajó la mirada con vergüenza— Además, no lo he hecho pasar por hijo de Jacob, eso sería absurdo pues Jacob es su padre, su verdadero padre.

—Es mi hijo, y me negaste el derecho de saberlo —recriminó.

—Yo no te negué nada, tú renunciaste a él antes de saber de su existencia, así que por lo tanto no tienes ningún derecho. Yo lo salvé, Sam, yo dejé todo por él, y fue Jacob, su padre, quien abandonó una vida por él —contesté.

—Es mi hijo…

—Deja de repetir eso, no lo es, pues nos abandonaste antes que supiéramos de su existencia —grité con rabia.

Él se acercó amenazante y Alex emitió un balbuceo asustado. Sam se detuvo al escucharlo, y él niño pronto empezó a llorar. Lo acomodé sobre mi pecho, y traté de tranquilizarlo, tarareando una canción de cuna.

—Vete, Sam, no tienes nada que hacer aquí, pues renunciaste a él el mismo día que renunciaste a mí —le pedí.

—No lo hare, Leah —contestó raudo— No tienes ningún derecho a privarme más tiempo de mi hijo, nuestro hijo. Me lo has ocultado por más de un año, no dejaré que lo sigas haciendo.

—No es nuestro, Sam, es mío y de Jacob. No tienes derecho.

—Es mío, quieras o no…

—Te equivocas, Uley, ese niño es mi hijo —Jacob había aparecido en los límites del bosque junto a Seth, y Melanie corrió a sus brazos— Y te advertí que no te acercaras a mi esposa.

—El que se equivoca eres tú, ese niño es de Leah y mío. Yo soy su padre.

—No, no lo eres, Uley —aseguró Jacob, empezando a enfurecerse— Ese niño es mío, porque Leah así me lo concedió, es mío porque lo amo con toda el alma.

—Leah me negó su existencia —apuntó Sam, con el cuerpo temblando.

—Tú la abandonaste y casi la matas ese día, sino fuera por mí ni Leah ni Alex estuvieran aquí, y te juro que si eso hubiera pasado, te habría despellejado vivo —dijo, con el cuerpo tembloroso, acercándose a Sam.

—Basta, por favor —les pedí— Alex está asustado. Y Sam, acéptalo, no eres su padre.

—Porque tú me lo negaste al irte de aquella manera.

—Yo no iba a permitir que mi padre me obligara a abortar, o que mi hijo creciera viendo a su padre dándole amor a otra mujer, mujer que lo más seguro es que lo hubiera odiado y lo habría despreciado al tenerlo cerca —le dije. Él pareció desconcertado ante la palabra aborto— Además no me arrepiento de la decisión, tengo a Jacob, al hombre que amo más que a mi propia vida y es padre de Alex por todas las de la ley.

—Sigue siendo mío.

—Con un demonio, que no lo es —explotó Jacob, temblando terriblemente al igual que Sam.

Me alejé abrazando a Alex, mirando atónita los pedazos de tela volando. Alex emitió un grito lloroso cuando ambos lobos se lanzaron contra el otro. Y era como revivirlo todo de nuevo. Otra vez Jacob dominando a Sam, otra vez Jacob como el salvador, más de Alex que de mí. Los zarpazos y los dientes aparecieron como ráfagas de luz. Alex lloraba en mis brazos asustado. Melanie del otro lado sostenía con fuerzas la camisa de Seth; por la mirada de mi hermano sé que se moría por convertirse y ayudar, pero teniendo a la chica temblando contra su cuerpo, sabía que no lo haría.

—Basta —grité con desesperación— Por favor, Jacob, Sam, no hagan esto, Alex está asustado —les pedí pero se negaban a escucharme— Jacob, por favor basta, hazlo por nuestro hijo, él está asustado.

—Papá, papá —llamó Alex, repetidamente. Los lobos lo observaron con atención, y Alex continuó llorando— Papá, papá.

—Jacob, te está llamando —un gruñido de Sam explotó en el aire.

El lobo rojizo se acercó, con docilidad. Alex refugió su carita en mi cuello con temor, pero luego lentamente volvió a verlo. Sus ojitos seguían expulsando lágrimas, pero miraba al lobo con curiosidad.

—Es papá, Alex —me acerqué un paso.

—Papá, papá —pidió un tanto desesperado, queriendo llorar nuevamente al no verlo.

Me acerqué lentamente al lobo que bajó las orejas y miró expectante al niño. Cuando estuve cerca, acaricié la cabeza de Jacob, demostrándole a mi hijo que no había que temer. Alex lo miró fijamente, y con mucha lentitud puso su mano sobre la nariz, llenándolo de la tierra sobrante que había entre sus dedos regordetes. Después de varios minutos, colocó ambas manos sobre la cabeza de su padre, y empezó a reír. Jacob pasó la nariz por la cara del niño, provocando más su risa.

—Papá —gritó con alegría, y Jacob aulló feliz.

—Sí, Alex, es papá —repetí. Mi niño abrió ambos brazos y le abrazó la cabeza, como quien abraza un oso de peluche.

Sonreí al ver que Alex había dejado de tener miedo y ahora miraba el lobo sabiendo que era su padre. Miré atrás de Jacob, y Sam seguía ahí plantado. Miraba la escena con rabia y celos, pero no había nada que hacer, lo hecho, hecho estaba: Jacob se había ganado el lugar que él abandonó sin saberlo, y no puede culparme por eso, pues yo tampoco lo sabía cuándo terminamos. Eran jugadas del destino, y él tenía que entenderlo.


Hola, ¿Cómo están? Espero que muy bien y que hayan disfrutado de sus vacaciones.

Juro que no es que me esté quejando, porque estoy segura que tienen mejores cosas que hacer que dejarle un comentario a esta loca, pero me siento abandonada =( … Soy una quejosa, lo sé. Disculpen.

Espero que les haya gustado este capítulo. Ya todo se sabe. No puedo creer que ya haya llegado hasta este punto.

Tengo un anunció que hacerles: esta historia ya está en su recta final. El próximo jueves será su última actualización, así que no me abandonen en el final, por favor.

Les mando un besó y un enorme abrazo.

By. Cascabelita