Hola!

Y estoy de vuelta con el abecedario... queda tan poco para el final!

.

.

U de Uzumaki.

Kushina miró sonriendo a su alrededor. Ese día era el cumpleaños número ocho de su querido Naru-chan y lo estaba celebrando junto a todos sus amigos. Su querido niño había estado como loco esperando por ese día y se podía notar en su sonrisa… lo estaba disfrutando. Y eso era lo que más feliz la hacía, cada vez que veía su sonrisa era lo mejor que le podía pasar a ella como madre, su corazón se llenaba de felicidad.

Recorrió con la mirada a todos los amigos de su pequeño que eran los herederos de los clanes más reconocidos de Konoha. Su mejor amigo no era otro más que el hijo pequeño de Mikoto y eso le daba a ella una excusa para pasar más tiempo con su amiga. Por mientras miraba a los niños su vista cayó ante una niña de ojos perlas que miraba a su Naru-chan con un constante sonrojo en sus mejillas. Su radar de "buscar la nuera perfecta" se puso a sonar… ¡nunca se era demasiado pronto para encontrarla dattebane!

Por más que la veía más perfecta le parecía. En su interior ya estaba planificando la boda que su hijo se merecía… no importaba que en esos momento aún tuvieran ocho años. ¡Esos eran detalles dattebane!

– ¡Kyaaa! –llegó un momento en que ya no pudo soportarlo y fue a abrazarla con un poquito de fuerza de lo necesario y a frotar su mejilla contra la de ella. ¡Esa pequeña era adorable! – ¡Serás una perfecta Uzumaki dattebane! –A su alrededor todos los invitados las miraban ocasionando que las mejillas de Hinata se pusieran tan rojas como el cabello de su futura suegra, pero Kushina sin hacer caso del espectáculo que estaba dando siguió hablando– Te enseñare a cocinar la comida de los dioses, la forma en que debes controlar a Naru-chan y a todo cuanto hombre cono…

–Kushina –le interrumpió una voz seria– ¿podrías soltar a mi hija?

Minato se tenso. Las cosas estaban a punto de salirse de control. Nadie, absolutamente nadie le decía que hacer a Uzumaki Kushina. Solo los reflejos pudieron salvar a Hiashi Hyüga de ser atravesado por una de las cadenas de la pelirroja. Minato empezó a buscar un lugar donde esconderse… no era que le tuviera miedo a su esposa solo la conocía.

– ¿Qué dijiste? –Kushina en ningún momento soltó a la pequeña Hinata, pero sus ojos quedaron fijos en Hiashi–. Si yo digo que Hinata será mi hija es porque lo será dattebane. La convertiré en la Uzumaki perfecta… ¡me hará tan orgullosa!

–Pero mamá… ¿Cómo harás que Hinata sea tu hija? ¿Acaso ya no me quieres dattebayo? ¿Me cambiaras por ella? –El pequeño cumpleañero estaba un poco confundido y no pudo evitar que sus ojos azules se llenaran de lágrimas.

– ¡No Naru-chan! –Al fin Kushina soltó a la heredera Hyüga y abrazó a su retoño–. Yo nunca sería capaz de cambiarte, tu eres mi pequeño, mi sol, mi orgullo… ¡mi todo! –La pelirroja en ningún momento soltó a Naruto mientras lo calmaba, tampoco hacía caso de todos los que observaban la escena y tampoco de su marido que asomaba el rostro desde la cocina–. Solo digo que tú serás quien convierta a Hinata en mi hija.

– ¿Yo? ¿Cómo?

–Eso lo sabrás cuando seas mayor Naru-chan –le respondió con una sonrisa tierna. Aunque esa mirada cambio a una terrorífica cuando miro al padre de su futura hija– Hinata será una Uzumaki en el futuro, ¿verdad Hiashi?

–S… sí Ku… Kushina-sama…