Nos volveremos a ver
Serena había comenzado con dolores de parto hacia unas horas atrás. Por mí bien mental decidí no ser yo quien trajera al mundo a los bebés y fuera otro médico quién lo hiciera.
Aún estaba sorprendido de saber que esperábamos no uno, sino dos bebés. Siempre se nos habló de una hija en el futuro, la Pequeña Dama. Tal vez algo había cambiado y nuestro futuro sería diferente.
Cuando supimos que eran dos bebés los que venían en camino la alegría inundó nuestra vida. Esperábamos con ansias su llegada, el cuarto listo, cunas, sillas para coche, mucha ropa... Todo era el prepararnos para su llegada.
Serena trataba de ser fuerte y no causar un alboroto por el dolor, discretamente use un poco de mi poder para tranquilizarla pero realmente era mínimo lo que podía hacer por aliviarla, ese dolor es propio de las mujeres y aunque se sufre, al final también es una satisfacción y alegria que solo ellas experimentan.
— Solo un poco más — le decía en mi intento por calmarla.
— Algo ocurre — me dijo entre lágrimas y sudor —. Lo sé, lo siento... Algo ocurre.
— Todo estará bien...
— No entiendes... — una contracción la interrumpió. Apretó mi mano y pujó con mucha fuerza. —. Por favor, Darién.
Su voz se escuchaba tan débil, no podía culparla, eran dasiadas horas las que llevábamos en esto. En ese momento llegó otra contraccion y ella pujó mucho más fuerte, un llanto se escuchó y mi corazón se inundó de alegría, unas lágrimas escaparon de mi rostro pero antes de poder si quiera decirle algo a Serena, está ya se encontraba pujando nuevamente.
Podía escuchar la voz del doctor diciendo que el segundo bebé estaba saliendo, voltee a ver a Serena, esperando aquel llanto para así felicitarla por ser tan valiente y por tan preciado regalo pero este jamás llegó...
Después de eso, todo se volvió una mancha borrosa.
Los doctores nos llevaron ambos bebés. Serena cargaba en un brazo un pequeño bulto en una cobija rosa, al acercarme pude ver el cabello rosa de la pequeña.
— Rini...
En el otro brazo, Serena no dejaba de ver al pequeño cubierto en una cobija azul.
— Rini se a dormido — dijo sin voltear a verme. —. ¿Podrías tomarla un momento?
Antes de acercarme una enfermera entró diciendo que venía por la pequeña, que debía pasar por una revisión, que sería la última. Así que nos dejó solos, la habitación se quedó en silencio.
Esa maldita regla, ese maldito requisito. Maldito el segundo en que nos enteramos de ese "derecho", no era eso, era una tortura, ¿Dejar al bebé con sus padres? ¿Una despedida? No, era una tortura, era ir y venir del mismo infierno. No podía, no quería, era demasiado, no podía siquiera dar un paso, pero la imagen frente a mi era bizarra, ahí estaba, la mujer de mis sueños cargando a nuestro hijo, ese del que nunca escucharía su llanto, jamás pediría mis brazos, no podría aconsejarlo y contarle la historia de amor entre su madre y yo. Jamás...
Mis pies estaba sujetos al piso, no podía moverme, el solo hecho de pensar en acercarme hacía que mi corazón temblará y la nariz me pícara por las lágrimas que me esforzaba por no dejar salir. Serena no decía nada, sujetaba al pequeño mirándolo detenidamente, podía ver cómo pasaba sus dedos delicadente por su carita.
— Es idéntico a ti — dijo volteando a verme. Sus ojos brillaban por las lágrimas, sus mejillas estaban húmedas y tenía una sonrisa muy forzada en el rostro. Me sentí miserable por no poder acercarme —. Tiene tu cabello y... — su voz comenzó a quebrarse, eso fue suficiente para mí y comencé a llorar sin poder siquiera contenerme. No Darién, debes ser fuerte, por ella... —... Seguro llegaría a ser tan inteligente como tu. Es hermoso...
No pude contenerme más y aunque una parte de mi quería protegerse y mantenerse alejado, otra quería estar juntoa ella, me acerque rápidamente, me tire de rodillas dejando caer mi rostro en una de sus piernas. Ella me permitió llorar como nunca antes y después de un rato me pidió que cargará al bebé, que no tardarían en llegar por el para prepararlo...
Cuando sentí su pequeño cuerpo entre mis brazos y examine su rostro mi corazón se volvió a partir. Realmente se parecía mucho a mi. ¡Cielos! No podía con esto, esto estaba sobrepasando mis límites de cordura.
¿Cómo podía Serena estar tan tranquila? Yo estaba en mi límite, sentia que mi ser pedía una excusa más para estallar, así que voltee a verla y al ver sus ojos lo entendí. Sus ojos no brillaban como antes, la luz y paz que irradiaba no podía verla... Fue entonces que comprendí, ella no tenía el corazón roto, simplemente una parte de ella había muerto junto con nuestro hijo. La Serena que entró no sería la misma que saldría del hospital y jamás volvería a serlo.
Después de eso, ambos nos sentamos con el pequeño entre nosotros y nos despedimos... Fue desgarrador pero necesario. Después de ese día lloramos, pero jamás como esa ocasión.
— Es hora de comer — escuche la voz de Mina mientras cargaba a la pequeña Rini —. Ven, ya tengo listo tu biberon.
No dije nada, nisiquiera voltee a verla, amaba a mi hija, si, pero aun no me sentia listo. La perdida de nuestro pequeño aun la sentia fresca y la pequeña no hacia mas que recordarmelo. Serena no estaba mejor que yo, tenia dias en su habitacion sin querer siquiera salir, solo hablaba un poco conmigo y lo basico con las chicas, no se reusaba a tener contacto con la pequeña pero nunca duraba mas tiempo del necesario con ella en brazos.
Despues de varios dias, una noche, al regresar del trabajo note que todas las chicas tanto como Artemis y Luna se encontraba en la habitacion matrimonial rodeando la cama.
— ¿Chicas? — les llame al entrar a la habitacion. — ¿Ocurre algo?
Ellas se miraron entre ellas y Mina fue quien se acerco a mi pidiendome salir un momento de la habitacion.
— Darien, las chicas y yo hemos hablado y creemos que lo mejor es... — bajo la vista y pude ver como jugaba con sus manos de manera nerviosa —. Tu sabes que Serena no se encuentra de la mejor manera y cada dia empeora, la pequeña Rini necesita de sus padres y bueno, ustedes no estan para ella.
— Mina, por favor.
— No, Darien — dijo cambiando drasticamente el tono de su voz. —. No se pueden permitir este tipo de actitud, no por mas tiempo, entendemos que su perdida les duele, a todos nos duele pero no podemos perder el camino...
— Y ¿qué sugieren? — pregunte mas para terminar la conversacion que por interes. Cerre los ojos y masajee un poco mis sien.
— Borrar la memoria de Serena
La mire sorprendido, examine su expresion y busque algo en su mirada que me indicara que era una simple broma pero no encontre nada.
— ¿Qué dices?
— Sabes que Serena no mejorara, el perder a su hijo mato una parte importante en ella. De seguir asi el futuro que conocemos terminara por desaparecer. — dijo bastante frustrada.
— Debe ser una broma. — dije sin creer lo que escuchaba.
— No, no lo es. Incluso si te niegas lo haremos. Sabes que de no ser asi la perderemos — voltee a verla tratando de encontrar algo en en ella, algo que me diera alguan esperanza, ¿De que? No lo se — Si, incluido tú y la bebe. Ella tambien tiene derechos, ¿lo sabias? Derecho de tener unos padres que velen por ella y no que esten por ahi... sobreviviendo. Ella los necesita.
Ojala hubiera podido refutar lo que dijo pero no, ella tenia razon. Asentí levemente con la cabeza y sin dejar pasar mas tiempo ella se dirigio hacia la habitacion y yo fui tras ella.
Nadie dijo nada, me acerque a la cama, me inque y tome la mano de Serena, podia sentir su mano tibia pero no sentia su presencia como lo hacia antes, estaba sin estar y eso me partdia cada vez mas el corazon.
Rápidamente las chicas formaron un circulo alrededor de la cama y se tomaron de las manos.
Podia sentir el poder de sus cristales fluir entre ellas, Rei que era quien se encontraba en el extremo mas cerca de Serena se acerco y toco su cabeza, el brillo que rodeaba a las demas tambien cubrio a Serena. Mis ojos comenzaban a picar y una o dos lagrimas escaparon de mis ojos, sin siquiera notarlo, Mina, quien estaba detras de mi, se acerco y coloco su mano sobre mi cabeza, no lo había menciono pero su tacto me lo decía, yo estaba incluído en el asunto de la perdida de memoria, me hubiera gustado resistirme, no permitir que borraran de mi aquel rostro sonrosado, esa nariz pequeña y esos finos cabellos oscuros y aunque sabia que podria haber dado mi vida a cambio de la suya, no podia hacer nada ahora y si, su recuerdo nos hacia daño, cada dia le encontraba menos vida al día y día y Serena moria lentamente, lo sabía.
Lo ultimo que paso por mi mente fue el rostro de mi pequeño y despues de eso todo se volvio oscuridad.
— Padre — me llamó la Pequeña Dama mientras paseabamos por el jardín —. He tenido unos sueños bastante extraños. Sueño con un niño que se dice ser mi guardian.
— ¿Un guardián? — pregunté incredulo — Suena interesante ya que conozco a cada uno.
— Es justo lo que le dije — dijo muy segura de sí misma —. Pero el dice que él es nuevo, que es un guardián que antes no era necesario, que es el guardián del equilibrio entre la Luna y la Tierra. Ya que yo soy hija de ustedes y soy algo así como la primera en tener ambos poderes el es "mi guardian". — dijo haciendo unas comillas con los dedos.
— Suena interesante, tendré que consultarlo. — dije tratando de calmarla—. ¿El guardián te dijo su nombre?
— Si, dijo llamarse Tenchi.
— ¿Tenchi?
— Si — se acercó y tomo mi mano —. Tengo tiempo soñando con el, me ha contado muchas cosas... — cuando alzó la mirada y nuestros ojos se conectaron senti algo en mi interior —. Me conto que tuvo que dejar a sus padres siendo muy pequeño pero que debia hacerlo, que tenia una mision y no podia cumplirla sin dejarlos — ella suspiro y miro hacia el horizonte. Cuando dijo eso, me senti extrañado, un tipo de añoranza se apoderó de mí. — pero ¿Sabes que me hizo sentir mejor? — su pregunta me tomo por sorpresa y no supe que responder —. El es feliz... dice que aunque no lo ven el siempre esta con su familia.— se quedó en silencio un momento dejando escapar un suspiro — ¿Crees qué su familia aun lo recuerde?
— Yo no creo que lo hayan olvidado, pero hay algo que debes entender — me incline quedando a su altura —. Lo que la mente olvida, el corazón lo recuerda. Si su familia lo ha llegado a olvidar sus corazones jamás lo haran.
— Padre... ¿Te hubiera gustado tener un hijo? — dijo mientras jalaba un poco el traje indicandome que bajara a su altura, coloco sus manos en mis mejillas logrando que nuestras miradas fueran directas —. Ya sabes, un niño parecido a ti.
Su pregunta provocó un vuelco en mi pecho, comencé a sentir una angustia que lentamente crecía. Estaba sintiendo mucha ansiedad.
— No necesito más de lo que tengo.
No volvimos a tocar el tema, no de manera directa.
En algunas ocasiones La Pequeña Dama comentaba algo sobre su guardián pero de manera esporádica, yo jamás pregunté. Algo en mi corazón me decía que no preguntará, que no indagara. Algo dentro de mi quería protegerse.
Todo cambio justo después de mi último suspiro, no éramos eternos. Mi hermosa hija y mi esposa estaban a mi lado, como siempre. Serena me tomaba la mano con una sonrisa en el rostro, ella lo sabia, la muerte jamas podria separarnos, no por mucho tiempo. Mi querida hija, estaba lista para este momento y aun asi algunas lagrimas corrian por su rostro.
Cuándo abrí los ojos vi frente a mi un joven, su rostro me era sumamente familiar.
— Por fin has llegado — sonrei al escuchar esa voz, como si el tiempo no existiera lo recordé, aunque solo había visto su rostro de recién nacido sabía quién era aquel frente a mi —. Hay tanto que quiero contarte papá...
— Tenchi.
Y por fin, desde pues toda una vida, después de cientos de años me sentía completo.
Tenia muchísimo con ese fic escrito, pero no llegaba la idea de cómo terminarlo, asi que decidi publicarlo, si no miraba la luz ahora no lo haria jamas. Borre y quite tantas veces pero algo en mi me dice que transmite lo que me gustaria.
Este fic se inspiro en un pequeño que decidió partir mucho antes de lo pensado. Nunca se nos prepara para una perdida de ese tipo. A todos esos pequeños angeles que nos han dejado, que su estancia con nosotros fue fugaz... Nos volveremos a ver.
