CONFINADOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
Bla bla bla: sueño
X.X.X.X: cambio de escena
Flash Back: escena retrospectiva
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemon, así que si eres menor o no disfrutas este tipo de lectura, abstenerse de hacerlo.
Capítulo 21
Kagome miró a la mujer con la mandíbula desencajada, mientras la expresión del hombre se volvió sombría.
– Madre, ya hablamos de eso. – musitó el hombre regañándola, la señora tan solo sonrió.
– Si, ya lo hablamos, pero yo nunca dije que desistía de mis planes. – expuso la mujer. – Vamos Kagome, entremos, toma un baño, come y luego duerme, por la noche planearemos lo necesario para la boda. – agregó. Kagome había quedado en shock después de escucharla, su cerebro no procesaba todo lo que la mujer decía.
– Casarme, yo…no puedo. – susurró saliendo del trance finalmente.
– Tranquila, mi madre solo está desvariando, ella está muy enferma y los delirios a veces son frecuentes. – expuso el hombre.
– ¡No me trates como una loca!, sé muy bien lo que estoy diciendo. – regañó la mujer.
– Si no quieres que te trate como una loca no te comportes como una. – musitó el hombre elevando la voz.
– Akitoki Hojo, no te atrevas a hablarme así, soy tu madre, respétame. – regañó. El hombre suspiró profundamente tratando de tranquilizarse.
– Lo siento, madre. – se disculpó volviendo a la actitud sumisa. – pero, ya lo hablamos, es una tontería que quieras casarme con una sacerdotisa; no es verdad que nuestra familia esta maldita, no es verdad que necesitemos esto, además tu sabes que mi corazón pertenece a otra persona, así que madre, aunque te ame mucho y te respete, no puedo aceptar esto. – aseguró dando la espalda a las mujeres y volviendo a la residencia con pasos decididos.
– Yo…me iré, lo…siento…pero…– tartamudeó Kagome sin saber que más decir.
– No puedes irte, debes quedarte pequeña, mi tonto hijo tarde o temprano aceptará. – aseguró.
– Pero…yo…no puedo casarme…yo amo a otra persona. – confesó en un susurro.
– Tsk, tengo suficiente con los berrinches de mi hijo, entra, ya pagamos por ti a tu abuela y a tu padre, tú ya no puedes oponerte a esto, ha sido un arreglo entre familias. – aseguró.
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Kikyo giró medio cuerpo y sonrió levemente; Inuyasha tenía una expresión afligida, por lo que volvió un paso.
– Se que te sientes mal, pero pronto tus heridas sanaran. – musitó. – ya han dejado de perseguirnos, así que puedes relajarte, finalmente podremos ser felices. – agregó.
– ¿Han dejado de perseguirnos?. – indagó confundido.
– Si, los hombres que envió mi padre para perseguirnos, no recuerdas que escapé de casa para vivir juntos, mi padre envió cazadores y monjes tras nosotros, ellos te hirieron, estuve preocupada toda una semana por ti, pensando que morirías. – expuso.
– Eso…no, de eso ya han pasado más de cincuenta años, tu….tu me abandonaste, al final no huiste conmigo. – susurró confundido. – Kagome, dime ¿dónde está Kagome?. – indagó.
– Ya te lo dije, no sé quién es esa persona, deja de mencionarla por favor; he dejado todo por ti, porque te amo y quiero estar a tu lado, por favor, vuelve a ser como eras antes. – susurró. – No sé si esa Kagome fue una alucinación pasajera, una persona creada por los delirios de la fiebre, pero te pido, deja de pensar en ella. – agregó suavemente.
– ¡Mientes!, Kagome existe, ella es tu nieta, es la descendencia que tuviste con Onigumo. – aseguró frustrado elevando la voz.
– ¿Nieta?, ¿te parece que estoy en edad de tener nieta?. – indagó. El hombre la miró fijamente, él sabía que no tenía sentido, Kikyo estaba tan joven como él la recordaba, pero se rehusaba a creer que Kagome no existía. – Inuyasha, no quiero pelear, ahora que finalmente podemos estar juntos, solo quiero que seamos felices. – susurró. Inuyasha la miró fijamente. Cuando ella dio la espalda y abandonó el lugar.
– Mientes, Kagome si existe. – repitió afligido. Recordó cada sonrisa, recordó su voz, recordó sus besos. Olfateó el aire desesperado buscando la más mínima esencia de Kagome, que pudiera tranquilizar su corazón, pero no pudo percibir nada. Cuando la puerta se abrió revelando a Kikyo, Inuyasha la miró fijamente.
– Ya están secos, ¿quieres que te ayude a vestir o puedes hacerlo solo?. – indagó mostrando las ropas. Inuyasha sintió las cálidas lágrimas que corrían por su rostro al ver el Hitoe y el blanco Kosode en las manos de Kikyo; recordaba que esa prenda había dado a la azabache, recordaba a la mujer vistiéndola, o al menos eso creía, ya no sabía que era cierto, o que era mentira.
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Kagome no había parado de llorar desde que la habían arrastrado hasta la habitación, no quería estar en ese lugar, pero habían puesto tranca a la puerta. Su cuerpo dolía demasiado, había forcejeado con la señora y otro hombre mientras la arrastraban a la residencia y algo en su estómago, la había hecho subyugar, un terrible y agobiante dolor.
Desató el listón del kimono con dificultar y vio espantada una venda ensangrentada cubriendo su estómago, la quitó con cuidado y cuando finalmente estuvo la herida a la vista de la mujer gimió angustiada.
Flash back.
Kagome estaba por desfallecer, hacía varios días que estaba en esa cabaña, amarrada y sin comer, todo su cuerpo se negaba a seguir en pie por lo que se dejó caer quedando sentada y con los brazos colgados por los grilletes. La puerta se abrió y Kagome tembló en su sitio, pero no se movió. Ya no tenía fuerzas.
– Solo me quedan tres días antes que Kikyo vaya a la cabaña, me matará cuando vea el cadáver de Inuyasha, necesito la perla ya. – Pensó desesperado el hombre mirando a la débil mujer.– Kagome. – susurró arrodillándose frente a ella. – bebe un poco. –agregó acercando un vaso a su boca. Por todos esos días no había comido pero si bebido agua dos o tres veces al día, dependiendo del humor de su captor. La mujer abrió la boca y el hombre sonrió mientras la hacía beber. Los minutos pasaron lentamente pronto Kagome empezó a sentirse mareada y su boca la sentía algo entumecida. – Kagome, ¿estás bien?. – escuchó a lo lejos la voz de su captor.
– No sé, me siento un poco mareada. – gimió.
– Tranquila, estarás bien, ¿sabes que es la perla de Shikon?. – indagó.
– Si. – susurró en trance.
– ¿Sabes dónde está?. – preguntó nuevamente.
– Mi abuela la tiene, hace mucho tiempo ya no la veo, ya te dije, no sé donde está. – susurró. – pero...la perla, ya no es rosa, es negra. – agregó.
– ¿Negra?, ¿estás segura?. – indagó.
– Si, cuando vi la perla la última vez era negra, mi abuela está muy enojada, no sé qué sucede, pero está gritando que ya no puede purificarla. – comentó en un murmullo. – No quiero ver a mi abuela triste, por eso la abrazo. – relató como si se estuviera viendo.
– ¿Y qué sucedió cuando la abrazaste?. – preguntó.
– Al tocar la perla una pequeña parte brilla. – susurró.
– Tú, ¿puedes purificarla?. – indagó.
– No lo sé, yo…– susurró. – Ahhh…duele, duele, abuela duele, mi estómago. – gritó desesperada asustando al joven
– ¿Qué?. – indagó confundido. Los ojos del hombre se abrieron de la impresión cuando una idea surcó su mente, acercó una mano al borde de la prenda que llevaba la mujer y la levantó, ella se removió gimoteando que la soltara, pero el hombre simplemente quedó en shock al ver la cicatriz en el abdomen.
End flash back
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Kikyo colocó ambas ropas sobre los muslos masculinos mientras se arrodillaba frente a este.
– Porque lloras mi amor, aún duele mucho. – susurró limpiando las lágrimas gentilmente.
– Yo…Kikyo, de donde sacaste esta ropa. – musitó desesperado.
– Lo siento, pero tuve que desvestirte, habías transpirado mucho por la fiebre, así que te la saqué para lavarla. – explicó.
– Pero mi Kosode lo tenía Kagome, como es que tu…– susurró.
– ¡Kagome!, ¡Kagome!, nuevamente Kagome, deja de hablar de ella. – gritó. Inuyasha la miró perplejo por unos segundos. – Me hiere, no quiero que pienses en otra, yo…te acepte como hanyo, dejé de ser una sacerdotisa para estar a tu lado, abandoné a mi familia, y ahora tu solo hablas de otra mujer. – susurró. Inuyasha se sintió el peor ser del mundo al ver la acuosa mirada de la mujer, cosa que nunca antes había visto, lo conmovió.
– Soy un tonto y si es verdad que estuve inconsciente una semana, si en verdad me hirieron y solo imaginé a Kagome, eso tiene sentido. – analizó en pensamientos mientras la miraba. – Yo…discúlpame, no quise lastimarte, ya no hablaré de ello, quizás es como tú dices, solo una alucinación pasajera. – susurró agachando la cabeza.
– Perdón, no quise gritarte. – susurró la mujer.
– Feh. – masculló restándole importancia. Kikyo lo miró por varios segundos, y se sintió herida al verlo triste por lo que se acercó con intención de volver a besarlo pero él desvió levemente la cabeza recibiendo el beso en la mejilla.
– Ya volverás a rogarme un beso. – pensó furiosa. –Quieres salir a dar un paseo, quizás sentir el sol, te haga recuperar fuerzas. – ofreció disfrazando su enojo.
– Pero…y el campo de energía, sabes que yo no puedo salir. – susurró.
– ¿Campo de energía?. – indagó. – ahhh…el campo que coloqué el día que llegamos para protegernos, al día siguiente lo saqué, claro que puedes salir. – aseguró.
Inuyasha la miró por un segundo completamente asombrado, y pronto intentó incorporarse pero fracasó. Kikyo sonrió.
– Vístete primero y luego salgamos, te ayudaré a incorporarte. – ofreció. Inuyasha asintió, por un segundo se sintió emocionado y ansioso.
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Dos golpes en la puerta alertaron a la mujer por lo que prontamente se acomodó el kimono y cuando la puerta se abrió dando paso a la mujer de mediana edad se encogió en la cama.
– ¿Pudiste descansar?. – indagó "dulcemente", Kagome simplemente asintió, ya había aprendido a ser sumisa con sus anteriores captores. – bajemos a cenar. – musitó a lo que la azabache asintió nuevamente.
Cuando llegaron frente a la mesa Kagome detalló a los dos hombres presentes, primero al joven que ya conocía (era con quien debía casarse) y otro hombre de edad más avanzada.
– Así que ella es la sacerdotisa quien salvará a la familia. – comentó el hombre mayor con un dejo de burla en su voz.
– Kagome, saluda, él es Kouta, pronto será tu suegro. – musitó. Kagome simplemente hizo una leve reverencia al señor soportando el lacerante dolor abdominal.
– Tsk. – masculló entre dientes el joven por lo que Kagome desvió la mirada en dirección a éste.
– El dinero que pidieron por ti fue excesivo, espero que al menos puedas darnos muchos nietos. – expuso el hombre y Kagome sintió el estómago revuelto ante la idea, pero simplemente asintió. Vería la forma de huir, por lo que mantenerse en una posición dócil era lo mejor para tomarlos con la guardia baja.
Flash back
– Tu…la perla, esa vieja perversa la metió dentro de ti. – susurró el hombre mirando horrorizado la cicatriz. Kagome estaba mareada. La voz del hombre se escuchaba rara, como si tuviera eco. Pero pudo ver claramente como la punta de la flecha atravesaba el pecho del hombre y manchaba su ropa y cara con su sangre.
– Por eso dicen que no hay que criar cuervos, aún cuando te salve, aún cuando te alimente y te protegí, te atreviste a tocar lo único importante para mí Kohaku, te atreviste a usar el conjuro en Inuyasha, pese a que te advertí que no debía ser usado más de una vez por semana. – un gruñido tenebroso se escuchó y los ojos del hombre se abrieron con incredulidad.
– Kikyo, como… – gimió débilmente mientras la sangre llenaba su boca.
– Sabía que ocultabas algo, desde la última vez que dijiste que encontramos lo que buscábamos lo desconfié, tarde un poco en descifrarlo, pero para mala suerte tuya, lo hice y pude salvar a Inuyasha. – expuso. Kagome reaccionó al nombre y sonrió levemente, estaba aliviada.
– Yo…necesitaba vengarme, sabía que nunca me entregarías la perla como me prometiste…yo debía convertirme en Youkai. – susurró. – Aún no puedo morir, la perla, yo la conseguiré. – agregó en un murmuro.
– Pudiste vivir como humano, si te quedabas como mi sirviente vivirías tranquilo. – expuso fríamente.
– Debía vengarme del Youkai que mató a toda mi familia, lo sabes. – gruñó.
– Ahora irás con tu familia, puedes descansar, tu venganza ha terminado. – susurró, cuando el hombre se desplomó sobre el suelo. Kikyo caminó hasta estar a un lado de Kagome, se agachó y elevó el mentón femenino.– Hola mi pequeña, perdón por llegar tarde, ¿has sufrido mucho verdad?. – musitó "dulcemente".
End Flash back
Kagome tembló cuando los recuerdos perdidos la embargaron, y volvió al sentir el lacerante dolor en el estómago, intuía que el hombre había puesto algo en la bebida que le había dado, pues lo rostros y las voces se deformaban volviéndolo aún más terrorífico. Aún cuando la había capturado, él no la había lastimado, le había puesto los grilletes, si, pero teniéndola a su merced para conseguir información no había hecho más que preguntar una y otra vez, no merecía morir de aquella forma.
– Siéntate. – ordenó la mujer a Kagome quien estaba desorientada, ella lo cumplió. Su cuerpo entero temblaba, sujetó su cabeza ya no queriendo recordar, un gimoteo salió de su garganta y los tres la miraron sorprendidos.
Flash back
Kagome abrió los ojos y lagrimas abandonaron sus ojos al recordar "la cirugía", a la que había sido sometida. Su abuela había traído a un hombre extraño, si mal no recordaba lo llamaba Suikotsu, él había sacado de su estómago la perla de Shikon.
– Debo marcharme antes que llegue. – pensó, estaba acostada en el suelo; miró donde anteriormente estaba el cuerpo del joven y ya no estaba, ni siquiera había sangre que delatara lo sucedido. – siempre fuiste una mentirosa, me dijiste que no podía apuntar nunca mis fechas hacia un humano, te admiraba. – agregó en pensamientos llorando de impotencia al no poder pararse, todo su cuerpo se sentía paralizado, no podía hablar pero agradecía que finalmente tampoco sentía dolor, el hombre llamado Suikotsu, le había inyectado algo antes de la extracción. La puerta se abrió por lo que aterrada la mujer cerró los ojos fingiendo estar dormida.
– En verdad es ella, pensé que nunca más la vería. – se escuchó un murmuro masculino. Kagome sintió su corazón duplicar los latidos al reconocer la voz, había extrañado tanto escucharlo, además se sentía muy aliviada, sabiendo que él estaba bien.
– Si, la encontré, pero lamentablemente muy tarde. – pronunció "triste" la mujer. – Es muy difícil decirte esto, pero…Kagome, ella, todo este tiempo ha sido prisionera de un Youkai, él…ha mancillado su cuerpo, yo…lo maté y pude rescatarla, pero…todo lo que hizo a Kagome ya no puedo borrarlo. – susurró.
– Mentirosa. – pensó Kagome con frustración.
– Mi Kagome, mi pequeña hija, perdóname, no pude encontrarte antes, todo lo que has sufrido hubiera preferido mil veces sufrirlo yo. – susurró el hombre acercándose y arrodillándose a un lado del cuerpo de la azabache. Kagome sintió las lágrimas cayendo sobre su rostro, y su corazón se oprimió más.
– Perdóname hijo, fue culpa mía, me descuide un momento, no pensé que un Youkai la secuestraría. – se "disculpó" Kikyo.
– Traeré un carruaje para llevarla a casa, cuídala madre. – musitó el hombre limpiándose sus lágrimas y parándose.
– Yo…se que estás sufriendo, y no es un buen momento ahora, pero quería decirte que la familia Akitoki desea formalizar el matrimonio pactado, y ahora que Kagome ha vuelto creo que lo mejor será…– susurró.
– Me niego. – musitó enojado el hombre, cortando la frase de la mujer.
– Pero hijo, piénsalo, Kagome ya ha pasado la edad para casarse y además ya no conserva su pureza. – comentó.
– No quiero padre, no la escuches. – pensó la mujer aterrada, sin poder pronunciar palabra alguna.
– No me importa, recién la recupero, no la perderé. – susurró aliviando a la azabache.
– Piénsalo hijo, ella luego querrá una familia, esta podría ser su última oportunidad, nadie querrá tomar como esposa a una mujer ultrajada. – comentó la mujer antes que el hombre furioso abandonara la cabaña.
End flash back
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Inuyasha cubrió sus ojos con ambas manos cuando el sol le dio de lleno, su cuerpo sufrió por la repentina acción y trastabillo, pero como Kikyo lo tenía sujeto sobre sus hombros no cayó. El hombre sonrió al sentir la candidez sobre su cuerpo, era maravilloso poder percibir el olor al bosque, poder sentir el sol y el viento acariciando su piel.
– Huele tan bien. – susurró, aspirando el aroma.
El ruido de galopes de caballos llamó la atención del ojidorado y se puso en posición de ataque, pero cuando un olor tan conocido llegó a sus sentidos, quedó petrificado.
Continua…
Hola, hola, ven que últimamente estoy bien portada y actualizo pronto jeje. Se que es una forma un tanto confusa de leer con tantos cambios de escenas y flash back, pero tolérenme ¿si?, es que quiero dividir los cuadros para que imaginen lo que pasaron los personajes el tiempo que estén separados. Es la forma como me sale natural escribirlo, en este momento.
Un millón de gracias por los reviews del capi anterior, algunos me tomaron por sorpresa, otros me alegraron mucho, pero como siempre todos me encantaron, así que gracias, espero que les guste el capi y nos leemos próximamente, o eso espero XD.
Mizune - Mei
