Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.


Capítulo 20. Have You Ever Needed Someone So Bad?

To give out such crazy love

You must be some kind of drug

And if my time don´t ever come

For me you´re still the one

Damned if I don´t, damned if I do

I´ve gotta get a fix on you

Have You Ever Needed Someone So Bad? – Def Leppard


POV Dimitri

– ¿A dónde vamos? – Rose preguntó mientras conducía.

– A un lugar que te va a gustar – Le garanticé.

Yo venía haciendo un buen trabajo en mantenernos ocupados durante la luna de miel. Era nuestro cuarto día en la isla y la saqué del hotel justo después del desayuno.

Mi estrategia para mantenerme alejado de la chica estaba funcionando: al segundo día la llevé a bucear, ayer a navegar alrededor de la isla; el hecho es que la chica llegaba al final del día totalmente exhausta, dispuesta solo a tomar un baño y dormir. Eso me dejaba completamente en control. Si dependiera de mí, esa situación no volvería a ocurrir, no por falta de deseo de mi parte.

Mis sentimientos por la morena me impedían ver lo que sucedió de la misma manera que ella lo veía, solo sexo. Yo la quería por completo, y si no podía tenerla de esa forma… lo mejor es mantenerme lejos.

– Me gustaría más si supiera a dónde vamos – Dijo.

– ¿Siempre eres tan ansiosa? – Le lancé una mirada divertida.

– No estoy ansiosa – Me golpeó.

– No es lo que estoy viendo – Me reí.

– Ayer pasamos por aquí – Observó.

– Sí, pasamos – Confirmé.

– ¿Regresaremos a Marigot Bay? – Me miró – ¿Empezarás a repetir los programas, camarada?

– Pensé que te había gustado – Me encogí de hombros – Dijiste que querías disfrutar de la playa ahí…

– Entonces, ¿hoy no haremos nada? – Ella se volvió en mi dirección completamente animada.

– Vamos a descubrirlo… – Sonreí.

– ¿Crees que podemos subir allí? – Apuntó los Pitons.

– Probablemente, ¿quieres hacerlo? – La miré por un momento.

– Hoy no – Se estiró – Hoy no quiero hacer nada – Finalmente llegamos a la bahía, aparqué el coche y caminamos hasta la playa. Conseguimos un buen lugar, Rose parecía realmente dispuesta a simplemente quedarse allí sin hacer nada, dándome libertad de observar a mi esposa – Me gusta ver todos esos barcos pasando por aquí – Rose comentó luego de un tiempo.

– Te gustan muchas cosas aquí – Provoqué.

– Es un buen lugar – Sonrió cerrando los ojos – Podría quedarme aquí para siempre…

– Tenemos un apartamento en Nueva York esperándonos – Recordé – Debemos trabajar…

– Es… ir de luna de miel con el jefe es una molestia – Murmuró – ¿Quién quiere saber de trabajo ahora?

– Voy a tener trabajo acumulado cuando volvamos – Incité – El lado bueno, es que voy a estar conmigo veinticuatro horas al día para pasarte más tareas.

– Dios mío, ¿qué es lo que hice de mi vida? – Ella abrió los ojos.

– Tuviste la oportunidad de desistir – Me reí, llamando la atención del camarero que pasaba por allí.

– No lo había pensado por ese lado – Suspiró mientras yo pedía dos cócteles – Al menos no vas a llamarme de madrugada…

– Puedo despertarte personalmente – Bromeé.

– Yo juro que te arrojaré por la escalera, camarada – Me dio una mirada atravesada – Experimenta despertarme para elegir un color de corbata o cualquier cosa de ese tipo.

– Eso lo dudo – Sonreí a pesar de sentirme un poco incómodo con esa constatación, yo no podría llamarla viviendo en la misma casa.

– Inténtalo – Se encogió de hombros.

– Con permiso – Un chico trajo nuestra bebidas – ¿Saben que ofrecemos un servicio de masajes aquí?

– En serio – Ella cuestionó animada – Qué me dices, camarada.

– No quiero masajes, Rose – Negué.

– Vamos, querido – Se inclinó en mi dirección, ofreciéndome una sonrisa peligrosa mientras el muchacho aguardaba una respuesta – No seas aburrido.

– Tú puedes aceptar si quieres, yo paso – Rodé los ojos.

Noté a una mujer que se estaba levantando después de haber hecho un masaje en los pies de una chica. Bien, Rose puede aprovechar… Cerré los ojos por un minuto, aprovechando el silencio.

– Con permiso, Señora – Una voz masculina llamó mi atención. Abrí los ojos, mirando a un muchacho bronceado y sin camisa, arrodillándose delante de Rose ¿Qué mierda es esta? – Mi nombre es Ambrose – Dijo – Vine a cuidar de sus pies.

– Esto se está poniendo interesante – Rose sonrió.

– Tienes que estar bromeando conmigo – Murmuré en ruso, atrayendo la atención de la morena.

– Creo que necesitamos conversar sobre tu manía de hablar en ruso cerca de mí – Me provocó.

– Tal vez tú deberías aprender ruso – Enojado rodé los ojos.

– Alguien despertó de mal humor – Me observó.

– ¿Realmente nos quedaremos aquí sin hacer nada? – Suspiré mirando el mar, tratando de ignorar al imbécil masajeando los pies de mi esposa.

– Tú no estás haciendo nada – Ella cerró los ojos, sonriendo – Yo estoy recibiendo un masaje increíble – ¡Ok, ese masaje no durará para siempre! Intenté distraerme mientras Rose continuaba allí – Ah mi dios – Gimió en medio de una sonrisa – Esto en muy bueno.

Sentí a mi mente luchar con algunos recuerdos de nuestro primer día aquí.

¿Por qué necesita dificultar tanto mi vida?

– Voy a arreglar algo qué hacer – Gruñí al ver la mirada de tal Ambrose sobre la chica.

– ¿Qué? – Exclamó, sentándose de una vez – Dijiste que íbamos a quedarnos aquí hoy.

– Cambié de idea – Musité caminando hacia el quiosco, para informarme sobre algún paseo.

– ¿Cambiaste de idea? – Ella saltó al suelo, siguiéndome – ¡No puedes cambiar de idea!

– Sí, puedo – Rodé los ojos, sabiendo exactamente a dónde podía llevarla.

– ¿Qué es, Dimitri? Estoy cansada – Gimió – ¿No podemos quedarnos quietos un solo día?

– ¿Cuál es la gracia de venir a una isla así y no conocer cada rincón del lugar? – Apunté.

– Está bien, pero hoy solo quería relajarme – Insistió.

– Te vas a relajar – Le aseguré – Solo espérame aquí – Dejé a la chica y fui a resolver las cosas, conseguí información y las direcciones necesarias sobre la playa a la que pretendía llevarla – ¿Vamos? – Sonreí, recibiendo una mirada enojada a cambio.

– Vamos – Murmuró siguiéndome, mirándome confundida cuando no me dirigí hacia el estacionamiento – ¿A dónde vas?

– Alquilé una canoa – Sonreí ante el asombro de la chica.

– ¿Una canoa? Dimitri, si piensas que voy a remar, estás muy engañado.

– Yo cuidaré de esa parte, Rose – Rodé los ojos – Solo tienes que entrar en la canoa y dejar de quejarte.

– ¿Insinúas que reclamo demasiado? – Entrecerró los ojos, subiendo a la canoa.

– No, no lo estoy insinuando, estoy diciendo exactamente eso – Murmuré.

– Voy a llamar a mi suegra para contarle que su hijo es un aburrido – Tarareó, dándome una mirada sobre el hombro.

– ¿Así que pretendes jugar, Rose? – Provoqué, empujando la canoa hacia el agua, subiendo en ella enseguida.

– Tengo mis armas – Se regocijó inclinándose y metiendo la mano en el agua – En serio camarada, no creo que quiera irme.

– Ya tuvimos esta conversación hoy – Sonreí – Además, si no vuelvo al país perderé mi visa y el matrimonio habrá sido en vano.

– Te aferras a los detalles – Su risa sonó clara. Continuamos en esa ruta un tiempo, hasta llegar a unas piedras y rodearlas – Será mejor que ese lugar valga la pena – Comentó observando el paisaje – Me has mantenido exhausta estos días, camarada.

– Es lo que esperan que haga – Jugué.

– No de esta manera – Ella me lanzó una mirada divertida. Respiré profundamente, tratando de no pensar en el significado de aquella frase – Debería haber traído mi celular – Dijo encantada.

– ¿Te acuerdas? Vimos este lugar ayer – Miré la pequeña playa desierta que comenzó a aparecer en nuestro campo de visión.

– Es increíble – Se volvió hacia mí – ¿Cómo piensas en estos lugares?

– Fuiste tú quien lo pensó, yo solo estoy explorando – Le garanticé. Rose saltó al agua antes de llegar a la arena. Yo arrastré la canoa lejos del mar antes de unírmele. El agua se encontraba a una temperatura agradable y ella parecía estar disfrutando de eso – ¿Qué piensas? – Pregunté acercándome.

– Creo que puedo perdonarte un poquito por arrastrarme hasta aquí – Sonrió enlazándose a mi cuello, provocando que mi cuerpo comenzara a reaccionar a su proximidad.

– ¿Solo un poquito? – Instigué, colocando mis manos en su cintura, sabiendo que no debería proseguir con aquello.

– Interrumpiste mi descanso – Se encogió de hombros – No puedo perdonar eso con facilidad.

– Puedes descansar después – Contesté despreocupado – Puedes descansar aquí…

– Mi descanso ha sido interrumpido constantemente desde que conocí a un cierto ruso loco – Suspiró dramáticamente.

– No soy un loco – Puse un poco de presión en su cintura.

De todas las maneras que ella tenía para elegir, ¿por qué decidió conversar conmigo así?

– Sí, lo eres… ya hice la prueba, camarada – Me ofreció una sonrisa inocente.

– ¿Entonces, tienes una prueba para saber si las personas están locas? – Sonreí, tirándola suavemente hacia mí.

Debería alejarme, realmente debería.

– Tengo una prueba infalible – Guiñó en medio de una sonrisa.

– ¿Cómo es esa prueba? – Parecía que Rose se había acercado más a mí, ya que su nariz estaba casi apoyándose en la mía.

– Eso es un secreto – Mordió su labio.

– Tú no deberías tener secretos con tu marido – Devolví, a pesar del deseo de acabar de una vez con toda aquella distancia entre nosotros, me mantuve sobrio.

– Tienes un punto – Desvió la mirada que parecía pensativa antes de volver a mirarme a los ojos, bajando la voz a un susurro – ¿Prometes mantener mi secreto?

– Siempre – Apreté más su cintura cuando la morena se inclinó, alcanzando mi oído.

– Para saber si una persona está loca, hago una prueba muy simple – Susurró.

– ¿Qué prueba? – Cerré mis ojos, oyendo su voz.

– Le pido matrimonio – La morena continuó en tono de secreto – Si acepta, con certeza está loca.

No pude impedir reírme de su declaración .

Dónde fui a conseguir una chica tan peculiar?

– Si era solo una prueba, ¿por qué te casaste conmigo? – Me alejé lo suficiente para volver a mirar sus ojos – Deberías estar lejos de gente loca.

– ¿Estar lejos de gente loca? ¿Has visto a mi familia? – Ella se rio.

– Eso no responde a mi pregunta – Insistí.

– Christian diría que es porque soy una entidad maligna que se alimenta del dolor y sufrimiento – Mordió su labio inferior, descompasando un poco mi respiración.

– No te pregunté lo que Christian piensa, quiero saber por qué lo hiciste – Me acerqué, besando su cara.

– Bueno, necesitabas ayuda – Sonrió sin gracia – Podía ayudar, entonces ¿por qué no?

Devolví su sonrisa. Debería dejar de buscar motivos ocultos para que lo hiciera. Rose me sorprendió al depositar un beso rápido y cariñoso en mi boca.

– ¿Qué haces? – Sonreí al ver la mirada llena de expectativa de la morena sobre mí.

– ¿Te agradezco? – Volvió a morder su labio antes de acercarse a un beso más largo.

– ¿Por qué? – Pregunté en un espacio mínimo entre el beso, mientras la tiraba cerca de mi cuerpo.

– Por haberme traído a este lugar maravilloso – Explicó jadeante al romper el beso.

– Nosotros deberíamos evitar este tipo de contacto sin necesidad – Comenté corriendo mi nariz por su hombro, hasta llegar a su cuello, mordiendo su piel mojada.

– Sí – Gimió inclinando la cabeza, exponiéndome mejor su cuello – Esa es una idea excelente, camarada.

– Bien, comenzaremos mañana – Declaré mordiendo su barbilla.

– Mañana… sí… – Ella suspiró antes de que tomara su boca con deseo…

Estuve lejos de ella por dos días, creo que mañana voy a tener que empezar un conteo nuevo.


¿Qué piensan de los intentos del ruso? Nada que ver, verdad.

Y al parecer Rose no tiene ni la más remota idea del por qué Dimitri la tiene tan entretenida con mil actividades.

Ahora imagínense en una isla desierta con semejante monumento de hombre, ¿quién es su sano juicio no lo aprovecharía?

Digo, sería náufraga junto a él por voluntad propia ¿Qué más podría pedir?: una playa exótica, el sol, agua cristalina, árboles frutales (algo tenemos que comer) y un ruso de sangre caliente a medio vestir... ¡Dios de mi vida! jajaja

Espero que les haya gustado el capítulo, que aunque cortito, creo que es muy lindo y nos muestra un poco más cómo se va construyendo y consolidando esa relación.

Les deseo un excelente fin de semana, descansen, diviértanse, y nos leemos en algún momento de la próxima semana.

Besos, Isy.

Por cierto, me encantó su respuesta al capítulo anterior. Gracias por seguir comentando.