La noche estaba siendo muy larga. Las mujeres habían insistido en regresar al rancho. Ryan decidió que su deber era estar al lado de ambas, pese a morirse de ganas de estar presente cuando todos descubriesen que Rick y Espo habían logrado escapar.
En la oscuridad de su cuarto, Kate hacía un gran esfuerzo para no terminar ensillando a "Noche" e ir tras su amado. Cada pocos minutos salía a la gran terraza. Perdiendo su mirada hacia la infinidad de la noche. Deseando que Rick tuviese un buen viaje. Sonrió al recordar que en los establos encontraron los caballos que Hunt les había dejado para que escapasen, siendo "Lady" y "Doc" los que faltaban. Espo se había empeñado en que su caballo se llamase doctora, pero Rick y ella le habían convencido que era mejor usar el diminutivo porque no creían que a Lanie le hiciera mucha gracia.
Necesitaba dormir. Regresó al interior del cuarto y antes de dejarse caer sobre la cama se acercó hasta el armario. Allí semi oculta bajo ropa de ella, Kate encontró una de las camisas de Rick. De inmediato la acercó hasta su pecho haciendo de esa forma que el olor que aun guardaba de él llenase sus fosas nasales. Se la llevó con ella a la cama, se acostó y la mantuvo pegada a su pecho. El olor a él la invadía por completo, sonreía y cerraba los ojos. El recuerdo de la última vez que él había usado esa camisa llegaba hasta ella.
No pudieron contenerse más y Rick volvió a abrazarla comenzando un beso lento. Recordó el sabor de sus labios, besó sus mejillas, fue bajando por su cuello, mientras cerraba aún más el abrazo haciendo que entre sus cuerpos no corriera ni el aire. Kate sentía los efectos que aquellos besos provocaban en su cuerpo, de la misma forma que sentía sobre su cuerpo lo que sus besos y caricias provocaban en él, sentía sobre ella la creciente erección que Rick estaba sufriendo.
Rick se separó unos centímetros, mirando con lujuria el cuerpo aún cubierto de Kate, ella alzó una ceja al observar la mirada cargada de deseo que él le estaba regalando.
¿Te gusta lo que ves? – preguntó mientras sus manos recorrían su propio cuerpo, por el vestido que la cubría. Pasó una de sus manos por el escote generoso que casi enseñaba sus pechos.
Rick no soportó más la separación y volvió a pegar ambos cuerpos, la piel de Kate se erizó con el solo roce de los expertos dedos del cowboy. Rick comenzó a quitar aquello que le impedía sentir al cien por cien la piel de ella, dejando caer con suavidad los tirantes del vestido.
Kate se recostó sobre las sabanas contemplando como él se deshacía de su ropa mientras, le esperaba mordiéndose el labio inferior. Él la cubrió con la calidez húmeda de sus labios que se deslizaron por aquella piel llenando, al tiempo que recorría con su boca cada centímetro de piel, sus fosas nasales de notas de cerezas, proveniente de aquel cuerpo que le volvía loco.
La boca de Rick comenzó a descender por el torso de ella, llegando hasta su ombligo dónde comenzó a jugar con su lengua, logrando que de la boca de su amada saliera un gemido. Las manos de Kate se perdían en el pelo de él. Rick no se detuvo mucho tiempo allí y continuó con su descenso, dejando a su paso un rastro de saliva y humedad. Kate arqueó su cuerpo al sentir sobre su sexo la experta lengua de él, el clítoris de Kate era devorado con verdadera pasión por su amante. Rick sentía el temblor de ella bajo su cuerpo, sentía como ella estaba al borde del abismo, comprobaba cómo la humedad de ella crecía hasta límites insospechados, la escuchaba gemir.
Kate tiró con fuerza de la cabeza de su amante, quería hacerle parar, ella también quería llevarle hasta el límite. Giró sobre el cuerpo de él siendo ahora ella la que estaba encima. Rick la miró sorprendido al ver como con su boca comenzaba a descender, sus manos comenzaron a recorrer la erección y Rick emitió una gruñido al sentir su pene entre las manos de su amada. Kate le miró sonriendo y comenzó a bajar su cabeza, él se estremeció al sentir como su glande comenzaba a ser besado por su amada, la lengua de ella recorría la totalidad de su erección, haciendo que él gimiese de placer. Kate comenzó a introducir en su boca aquel miembro que la estaba volviendo loca, la mano de Rick se posó sobre la cabeza de ella haciendo que su erección entrase más profundamente. Kate movía su cabeza rítmicamente haciendo que entrase y saliese, llevándole casi al límite, sacó la totalidad de su boca y la recorrió por entero con su lengua, Rick tiró de ella al sentirse casi llegando al final, no quería terminar así, quería estar dentro de ella, lo necesitaba, ambos se morían por ello.
Kate gritó al sentirse llena por completo, comenzando entonces un baile de cadera, pidiendo con cada movimiento sentirlo más profundo, Rick tomó las piernas de ella y las apoyó sobre sus hombros haciendo de esa forma que la penetración fuese, si cabía, más profunda. Las paredes se ensanchaban con cada penetración, los músculos apretaban el miembro de Rick, ambos gemían sin control. Rick aceleró las embestidas, estaban en el límite y clavaron sus ojos en los del otro cuando llegaron al clímax. Kate sintió como su interior era llenado por el semen de su amado, Rick sintió como ella clavaba sus uñas en su espalda cuando se dejó ir.
Se quedaron conectados unos minutos, ninguno quería dejar de sentir al otro, intentaban recuperar la respiración, mientras se regalaban dulces caricias y finalmente Rick salió del interior de su amada tumbándose a su lado.
Rick acariciaba la espalda desnuda de Kate mientras ella tenía su cabeza apoyada sobre su hombro, le encantaba estar así, junto a la mujer que amaba después de haber hecho el amor, el tiempo entre ellos se detenía, necesitaban continuar acariciándose hasta quedar dormidos.
Recordar aquella noche, hizo que el rostro de Kate se cubriese por el tono del rubor. Salió de un salto de la cama, necesitaba sentir el aire fresco de la noche sobre su piel. La camisa de él había quedado olvidada sobre el colchón de la cama. No pudo evitarlo y una vez estuvo en aquella terraza Kate comenzó a reír, había sido demasiado real lo que había sentido. Incluso se enfadó cuando al abrir los ojos comprobó que continuaba estando sola en aquel gran dormitorio.
La decisión estaba tomada. Salió del cuarto, dejó la puerta abierta para así evitar el ruido que se hacía al cerrar. Recorrió el camino que separaba su dormitorio de la puerta llevando las botas en las manos.
-Ni se te ocurra – El grito de Kate resonó en toda la casa- Regresa a tu cuarto.
-Martha, ¿quieres matarme? – Llevaba su mano hasta el pecho y suspiraba intentando recobrar el ritmo de los latidos.
-Regresa a tu habitación. Lo que pretendes hacer no es lo que él quiere.
-No, pero sí es lo que yo necesito. ¿No entiendes que necesito saber que está bien?
-Claro que lo entiendo, pero tu necesidad es la misma que tiene él. Y como a día de hoy él es quien corre más peligro, pues prefiero que no tenga que estar pendiente de si te ocurre algo o no.
Martha tomó de brazo a Kate y la llevó hasta su cuarto. En esos momentos la mujer sonreía al ver cómo la dura ranchera se comportaba como una niña e intentaba convencerla haciendo pucheros.
-¿Te quedarás a dormir conmigo al menos? – Preguntó con los ojos llenos de lágrimas.
-Sólo si no te aferras a mí como si fuese una almohada –Contestó totalmente divertida Martha, logrando sacar una pequeña risa de Kate- Descansa mi niña y confía.
