CONTENIDO "MA"


Capítulo 20: Si le gusta déjalo hacerlo

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Realmente le gustaba cuando besaba su cuello. Justo entonces sobre el contador de su cocina lo disfrutaba igualmente. Sus labios apenas tocaban su piel cuando comenzó a maullar de placer. Draco tuvo que contener un gruñido al saborearla. Su piel era celestial. Lamió, mordisqueó y beso la sensitiva piel de su cuello, bajando hasta su hombro y regresando hasta su oreja para darle el mismo delicioso tratamiento.

—Saca las manos de ahí Hermione—Aun con los labios contra su mandíbula, le recorrió los brazos en una caricia hasta tomarle las manos dentro de sus propios calzoncillos.—Es tu castigo por llegar tarde—Odiaba que lo hicieran esperar. Odiaba que ella lo hiciera esperar.

Mordió suavemente su lóbulo y le llevó las manos detrás, acomodandolas para que le sirvieran de soporte a la bruja. Cuando las tuvo donde quería pasó las manos por sus muslos en su camino al dobladillo de su falta sobre sus rodillas. Sus manos fueron bajo su falda evitando el centro húmedo, rodeando la cadera para empezar a manosear sus cachetes sin pudor alguno.

Lloró contra su hombro, haciéndole saber que tenía el poder de hacerla retorcerse sin haberle quitado la ropa siquiera. Pero a él ese poder no le servía de nada cuando ella tenía aún más sobre él. Necesitaba sentirse dentro de ella.

La tela que la cubría estaba empapada, una enorme mancha oscura sobre la inocente tela blanca delataba su lascivia. Solo tuvo que empujarla a un lado y meter un dedo dentro del caliente túnel. Hermione respiró pesadamente, sus brazos le rodearon el cuello, arqueando la espalda en un intento de desaparecer la distancia.

Suspiró cuando su pulgar frotó de manera casi frenética su clítoris. Fueron tan solo unos segundos los que transcurrieron de su placentera tortura cuando Hermione lo ciñó a ella casi dolorosamente, echando la cabeza para atrás y gimiendo como loca.

Aprovechó el momento para tirar de las bragas hasta sus botillos y dejarlas colgando del empeine de uno de sus pies.

No le dio tiempo de recobrar los sentidos cuando sacó su miembro de sus pantaloncillos para deslizarse dentro de ella en un solo fuerte y delirante movimiento. Su pulgar continuó su masaje sobre su botón al empujar dentro y fuera de su feminidad.

Enviando un regocijo, que no parecía justo para un solo hombre, por todo su cuerpo, siseó al sentirla contraer los músculos que lo rodeaban. Se sentía en una carrera contra Hermione, pues a la misma velocidad que entraba en ella, esta respondía retrocediendo para la siguiente estocada. Era un martilleo frenético y animal entre sus sexos.

Hermione gritó de placer con los nervios de su cuerpo entero vibrar desde el bajo vientre. La hizo más apretada y caliente. Draco escuchó un par de objetos quebradizos romperse por la inestabilidad de la magia alrededor de ellos mientras terminaba dentro de ella. Vaciandose con movimientos perezosos pero profundos.

Sus piernas temblaron por soportar su peso, por los ridículos calambres que a edad debería ya poder controlar al tener un orgasmo. Corrección, un orgasmo con ella.

Sus ropas se sentían pegajosas, ya fuese por el sudor o sus fluidos, no lo sabía. A pesar de ser una sensación más que desagradable en ese momento no le molestaba mucho. Con las manos sobre el contados a los lados de la dramática cadera de Hermione, salió de ella, suave después del acto.

Su rostro estaba sonrojado, su cabello era una maraña café alrededor de su cara, pegándose a su frente y mejillas rojas por el sudor. Labios magullados, pero rojos e hinchados, invitantes para ser más concretos. Los ojos le brillaban, probablemente porque a Hermione siempre se le escapaban unas cuantas lágrimas al tener sexo. El placer la sobrecogía.

Estaba sonriendo y lo veía con picardía.

—Por favor llega tarde a otra cena. Por favor— ella solo se rió.

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Blaise no había regresado a la mansión más que para recoger algo de ropa y regresar con sus padres (madre y padrastro número 8). Las pocas veces que la vio, el semblante de Hermione era sombrío. Triste.

Recordaba constantemente la furia intimidante que lo hizo literalmente postrarse frente a Hermione cuando lo encontró con Daphne. Esta vez parecía embriagarla una resignación que lo golpeó directo al pecho.

Ya no sería más un hombre casado. La esperanza era la último que caía decían algunos, pero recordar a su esposa huir de él cada vez que se aparecía por su propia casa era desalentador.

Era deprimente ver que su matrimonio había llegado a tales, pero ya no podía hacer nada al respecto. Tal vez esperar.

—Esperar a que te pida el divorcio—le decía Draco, m uy divertido por la desdicha ajena como siempre.

Haber pasado más de un mes sin nada de sexo no ayudaba a su humor en sus encuentros con el rubio.

Tampoco es como que quisiera estar con alguien. Cada vez que miraba interesado una falda por los pasillos, a su secretaría con la que varías veces compartió momentos muy acalorados, o en general cuando su depravación entraba en juego, el rostro destrozado de Hermione luego de ver sus memorias no paraba de aparecer en su mente.

Su libido estaba muerto.

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—Draco no creo que pueda hacerlo

—No te preocupes, no tiene que entrar todo—le acarició el cabello, apenas escuchandola. Estaba entre sus piernas, arrodillada.

—¡No!—le golpeó la pierna—No me refiero a esto—le dio un apretón en la base con la mano que lo estaba sujetando.

Draco gruñó casi sufriendo—¿Tenemos que hablar de esto ahora?—suplicó.

—No, claro que no—le dio la razón asintiendo. La guió con la mano sobre el cabello. Su aliento lo hizo gemir como gatito cuando le acarició la punta.

—Sisisisisisisisisi—la vio sacar la punta de la lengua con toda la intención de lamer la gota transparente que salía de él.

—Pero realmente no puedo hacerlo—dijo como lamentando, retrocediendo.

—Hermioneeee—lloriqueo echando la cabeza contra el respaldo del sofá.

—Malfoy lo siento, ahora no puedo concentrarme…—lo soltó y se sentó sobre la mesita de café. Draco casi parecía desolado.—Lavender me está presionando. El artículo está listo, es prometedor, es amarillista, no me menciona en absoluto, es incluso entretenido.

—Entonces publícalo—con una falsa comprensión, le tomo la mano en un falso gesto de cariño. Hermione vio sus manos entrelazadas dirigirse a su aún turgente miembro.

—¡Malfoy!—se soltó de él como si quemara, indignada se puso de pie de un salto.

—¡Qué!—también se puso de pie con la paciencia en sus últimas. Hermione llevaba casi una hora calentandolo de una u otra manera y cuando finalmente creyó ganarse su recompensa la muy Gryffindor se detiene.

Dolor en los testículos no era precisamente un incentivo para el altruismo.

—¡Estoy tratando de decirte algo!

—¡Y yo estoy tratando que termines lo que empezaste, maldita sea!

—Malfoy, no voy a publicar el artículo—dijo con rotundidad, dándose la media vuelta y desapareciendo por la chimenea de la habitación.

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Sabía muy bien que Hermione no estaba con él por la estúpida venganza que se le metió entre ceja y ceja en un principio. No. Ella buscaba tanto su compañía por lo que cualquier mujer necesitaba: Consuelo.

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—¿Vas a dejar de hacer rabietas infantiles ya?

Lo miró como sopesándolo—Si—dijo con la boca chiquita.

—Entonces dime ya de qué va esto de que no vas a publicar lo que te costó tanto armar.

Hermione rodeó la taza de té caliente en busca del escaso calor veraniego que quedaba en agosto. Observó sin atención el juego ausente que sus dedos jugaban alrededor de la porcelana blanca.

—Ya lo perdone

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Lo echaron del estúpido café muggle en el que estaban sosteniendo su reencuentro luego de una soplada inconclusa por el mismo tema por el que decidieron verse dias luego del exabrupto. Claro que sostenerlo en un cade muggle no fue buena idea. No fue buena idea tampoco que Hermione le dijera que había decidido dan marcha atrás en su "malvado plan de venganza" porque había perdonado a su marido.

A partir de ese momento fue un sordo selectivo. Vio a Hermione mover la boca, pero escuchaba lo que decía al tiempo que se levantaba tirando el asintió en el proceso. La gente giró a mirarlos y en sus desespero por buscar su varita y maldecirla, supo que algo debió salir de sus labios (probablemente muy fuerte tambien) que hizo que el encargado se apresurara a ellos y les pidiera que se retiraran. O al menos eso pensó que solicitaba al ver a Hermione avergonzada y molesta.

La búsqueda por su varita en esos preciados segundos seguía sin frutos cuando Hermione se giró a reñirlo de seguro, pero palabras seguían brotando de su boca sin su consentimiento, interrumpiendo lo que sería un muy buen argumento del por cual no debía realizar magia en ese lugar y de paso una escena.

Tal vez fue la furia, tal vez fue un hechizo bien certero de la exasperada bruja, tal vez se golpeó la cabeza, pero algo ocurrió. Algo ocurrió entre el drama en el estúpido (¡Estúpido!) café y el momento en el que estaba sobre ella, con la pelvis bombeandole el trasero. Sujetandole con más de la fuerza necesaria los antebrazos, paralelos el uno del otro, contra la cintura.

Hermione lloraba de placer mezclado con él sabía que a ella le fascinaba.

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La vio tomar aire para retomar el tema. Antes de dejarlo protestar lo petrifico contra las sábanas. Se sentó sobre su entrepierna inclinándose sobre su pecho para hablarle contra los labios.

—Malfoy, el hecho de que perdonara a Blaise no tiene nada que ver con mi matrimonio—hizo una mueca—Bueno, si, pero eso no cambia el hecho de que yo no ame más a Blaise.

Se quedó quieto, escuchando en silencio. Y eso simplemente porque no podía pararse, tomarla de los hombros y gritarle que deje de ser la niña de corazón blando que siempre ha sido.

—Fue sincero aquella vez.—Malfoy no estaba muy seguro a qué se refería. Existían tantas "aquella vez". —Y tal vez tiene razón y yo nunca estuve preparada para esto. De haberlo estado tal vez el sombrero me hubiese puesto en Slytherin. Estaba furiosa con él.

Y él lo sabía.

—Pero ...después de verlo. De presenciar la verdad, simplemente no puedo odiarlo. La realidad es que no quiero herirlo. Creo que quiero salvar lo poco que nos queda, recoger las piezas y partir caminos.

Cuando Hermione le retiró el hechizo de encima, Draco solo la apartó con cuidado, se puso de pie y se fue a casa.

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"¿¡Cómo mierda es que está pasando de nuevo!?" pensó furioso consigo mismo. Con ella también, la maldita perra adictiva.

Verla abrir la puerta (que raramente se utilizaba) fue suficiente. Entró rápidamente y cerró de nuevo. La empujó contra la pared del pasillo y la besó acaloradamente. Hermione estaba demasiado desconcertada por su desmedida pasión y sin saber qué más hacer, regresó el beso ansiosa.

A empujones y abriendo la puerta de un armario de camino, entraron a una habitación con asientos en los cual acomodarse. Hermione lo empujó contra el sofá turco. Ni siquiera se detuvo a pensar qué peculiar era que la mansión Zabini hubiese un sofá turco.

La bruja dejó salir un chiquillo cuando la jaló sobre su regazo, empezando a besarla masajeando los senos sobre la ropa. Malfoy dibujó una arco rojo con los dientes al morderla sobre el hombro, succionando y besando sin cuidado. La hizo temblar de pies a cabeza por el placer que le causó. La humedeció entre las piernas.

Movió la pelvis contra su entrepiernas, sintiendolo erecto debajo de ella. Con la fricción de sus ropas se inclinó para robarle otro beso que le quitó el aliento al rubio. Al separarse Draco hizo un camino de besos por su cuello al tiempo que Hermione corría los dedos entre el cabello de Malfoy.

Malfoy, embriagado por el enojo que lo llevó hasta su casa, la ansiedad por verla, la urgencia de poseerla y llenarla con su esencia lo hicieron arrancarle el esperpento de ropa que usaba. Tomó la tela de su cuello, rasgando la tela con las manos desnudas. La tela siguió revelando piel al abrirse de manera para cual no estaba diseñado.

Era el mono favorito de Hermione.

En ese momento poco le importó, sacándose las mangas de los brazos y olvidado por completo que con un movimiento de su varita las prendas cesarán de existir entre ellos.

Rasgó un poco más y de un tiró la prenda cayó al suelo.

De repente, Hermione quería toca cada minúscula parte de piel que estaba frente a ella. Quería probarlo, tocarlo, lamerlo. Que él hiciera lo mismo.

La atrapó desde la raíz del cabello con el puño y tirando de su cabello la hizo arquearse, ofreciendo los senos como tributo. Con una sonrisa lasciva, alcanzó un pezón por los labios, recorriendolo con la lengua.

Era curioso que estuvieran en una posición que sugería ser ella la que llevaba el control, pero fue obvio al momento de buscar la fricción en su entrepierna y ser detenida por una palmada en el trasero, que no era así.

Con la mano libre le recorrió el sexo, lubricada perfectamente.

Caprichoso como siempre, el juego previo ya no parecía suficiente; guiandole la mano a Hermione sobre su bragueta, mantuvo la temblorosa mano en acción sobre su erección unos segundos antes de presionar la punta contra su clítoris. Ella se rió juguetonamente.

Se posicionó y tomándola de la cintura, la empujó mientras alzaba la cadera para encontrarla a medio camino.

—Espera—Y con eso como ultima advertencia, sujetándola por los hombros la empujó fuera del sofá hasta que su espalda estaba sobre la fina alfombra, su cabeza y brazos dándole estabilidad mientras Draco se ponía de pie aun conectado con ella. La cargo desde la parte posterior, manoseandola de paso. Viéndola desde su altura, retorcida, de cabeza y con las piernas rodeando su pelvis, gruñó de satisfacción. La primera embestida le sacudió los senos ligeramente.

Esto iba a gustarle mucho.

Se lamió el pulgar, llevándolo hasta el botón de Hermione, para empezar a estimularlo lentamente, con el ritmo tranquilo de sus embestidas. La castaña estaba mordiéndose el labio.

—Más—le pidió en un gemido.

—Claro que sí princesa.

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Nuevo lema: Hoy publico, mañana edito.

Me es más facil leerlo luego de que ya lo publiqué, así que eso voy a hacer.

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Increíble, pero no tengo nada más que decir.

Bye-bye ヽ('∀`○)ノ