Hola, ¿Cómo están? Por fin pude traerles el capitulo espero que les guste, lamento mucho tardar pero espero que les guste. Muchas Gracias por sus comentarios.
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la escritora E.L James yo solo los utilizo con el fin de entretener :) la historia me pertenece :D
Capítulo 21:
La chica morena que estaba en el mostrador de la recepción me sonrió al verme entrar. Caminé nerviosa hasta ella tratando de no imaginar que tenía planeado Christian para nuestra cita, aunque mi cuerpo temblaba antes la expectativa. Le di mi nombre a la recepcionista y ella sonriente me entregó la llave de la suite presidencial donde estaba mi marido.
Mi estomago comenzó a retorcerse cuando las puertas del ascensor se abrieron. Conté cada uno de los pasos que di hasta estar frente a la puerta de la suite. Respiré hondo tres veces y reuní todo el valor que podía para abrir la puerta. Caminé hasta la sala en donde me esperaba mi marido sonriente.
—Bienvenida… — Me dijo con una sonrisa.
Mi corazón comenzó a latir rápidamente, al verlo allí tan guapo que quitaba el aliento, su perfecto torso estaba a la vista ya que solo vestía unos pantalones de pijama, su sonrisa iluminaba su rostro y el cabello cobrizo tan rebelde como siempre.
—Hola— fue todo lo que pude decir.
Su sonrisa se amplió y yo aparté mi vista de él para tratar de calmarme. Me reprendí internamente por parecer una adolescente en su primera vez, aunque no estaba muy lejos de serlo, era la primera vez que estaría con Christian consciente de sus sentimientos, sabiendo que me amaba como yo a él.
Miré por primera vez la habitación con detenimiento, las velas bañaban de una tenue luz el hermoso lugar adornado con rosas rojas, Pétalos de rosas por el piso y en la cama, miré a mi marido el cual se acercó hasta quedar frente a mí.
—Estas Hermosa— Sonrió tomándome de la cintura para pegarme a su cuerpo.
—Gracias, aunque si hubiera sabido que era una fiesta de Pijama, bueno hubiera traído otro atuendo
Soltó una carcajada y me miró—No creo poder soportar que alguien más te vea de esa manera.
Sonreí— Todo esto es muy Hermoso, Christian.
—Es lo que te mereces, Ana. Quiero enmendar mis errores, mi comportamiento anterior… Debiste perder tu virginidad entre pétalos de rosas y recibir unos hermoso votos en el matrimonio —Dijo metiéndose la mano al bolsillo de su pijama— Pero lo enmendaré ahora mismo.
Lo miré asombrada cuando abrió la mano con mis anillos de compromiso y Matrimonio —¿Cómo…
—Cierta compañera de casa me ayudó— Dijo contestando mi pregunta a medias y deslizándome el anillo de compromiso en el dedo anular de mi mano derecha, me miró a los ojos mientras sostenía el anillo de bodas— Anastasia Rose Steele… Desde este momento me entrego a ti por completo, tomándote como mi Compañera de vida, mi amante y mi mejor amiga. Prometo compartir los buenos momentos, las risas, los gozos, apoyarte en tus sueños y metas. En las malas prometo estar allí, a tu lado cuando el camino se haga difícil, levantarte cuando caigas y confortarte cuando llores. Velar por tu bienestar en la salud y en la enfermedad, Protegerte siempre. Porque aún estando en tu propia oscuridad llegaste para iluminar mi vida, ahora yo iluminaré la tuya, desde este momento, todo lo que soy y todo lo que tengo te pertenece a ti. Te amaré mucho más allá de la muerte.
Deslizó el anillo en el mismo dedo que había puesto el primero, mis lágrimas corrieron por mis mejillas libremente mientras el corazón me palpitaba lleno de felicidad, eran las palabras más hermosas que había escuchado en mi vida. Tomé su mano y le quité el anillo.
—Yo también quiero emendar mis votos matrimoniales —él me miró expectante, yo jugué un momento con el anillo en mi mano y luego lo miré, sus ojos grises estaban brillando— Christian Trevelyan Grey… desde hoy me entrego fielmente a ti, tomándote como mi compañero de vida, mi amante y mi mejor amigo. Prometo apoyarte en tus aspiraciones, en tus sueños y en tus metas. Disfrutar contigo en la salud y cuidarte en la enfermedad. Sostenerte cuando no puedas más y ayudarte a recuperar las fuerzas. Ser tu consuelo en los momentos de desesperación y Permanecer a tu lado siempre, Porque tú fuiste quien le dio esperanza a mi vida. Te amaré mucho más allá de la muerte.
Terminé de deslizar el anillo en su dedo casi al tiempo que él tomada mi rostro en sus manos y atrapaba mis labios en un beso, hundí mis dedos en su cabello respondiendo con la misma intensidad mientras mi cuerpo comenzaba a despertar, temblando ansioso.
—¿Quieres tomar un baño?— Me preguntó cuando dejó de besarme, asentí incapaz de confiar en mi propia voz.
Lo seguí hasta el baño donde un gran jacuzzi redondo y de lujo nos esperaba. En la orilla había una botella de Champagne con dos copas de vidrio y una bandeja llena de bombones. Me quedé un momento pérdida pensando en ese nuevo Christian, en el cambio que había tomado para hacerme saber cuánto me amaba y en lo inmensamente feliz que era ¿esta era la recompensa por tanto sufrimiento? esperaba que si, para ambos, porque aunque no estaba al tanto de su pasado sabia que el también había sufrido.
Mis pensamientos se desvanecieron cuando lo sentí apartarme el cabello, comenzó a repartir besos comenzando detrás de mi ojera bajando por mi cuello, incliné la cabeza para darle el acceso que necesitaba mientras el bajaba el cierre de mi vestido. Mi cuerpo se calentó de inmediato y mis hormonas comenzaron a bailar la conga. Extrañaba sus caricias, mi cuerpo las anhelaba.
El vestido cayó al piso y lo pateé a un lado para que no estorbara. Era hermoso pero en ese momento no me importaba nada más que no fueran las sensaciones, Christian me llevó hasta la orilla del Jacuzzi sentándome allí, se agachó y tomó uno de mis pies.
—Eres una Diosa, Anastasia… voy a adorarte como lo mereces.
Besó mi tobillo mientras quitaba mi zapato de tacón. El hormiguero recorrió mi cuerpo hasta llegar a mi zona más intima que comenzaba a palpitar. Fue subiendo con besos por toda mi pierna hasta llegar a mis muslos, contuve el aliento a sentirlo acercarse a mi parte más intima pero él se alejó tomando mi otro pie para quitarme el zapato y comenzar con sus besos de nuevo subiendo hasta llegar a mi muslo, solté un gemido cuando pasó su nariz por mi palpitante intimidad.
—Hueles tan bien, Ana… quiero probar a mi mujer.
Tragué respirando fuertemente, tomó las esquinas de mi ropa interior y la deslizó por mis piernas para librarme de ella. Se quedó quieto por un momento mirándome fijamente. Sus ojos grises ardían y calentaban mi cuerpo al mismo tiempo, no sabía que esperaba pero yo lo necesitaba. Respiré hondo y dejando a un lado la vergüenza abrí mis piernas, ofreciéndome a él en cuerpo y alma. Sus ojos bajaron hasta mi intimidad, tomó un respiro y se arrodilló ante mí; contuve el aliento y cerré los ojos no podía verlo hacer eso.
Abrí mis ojos soltando un gemido al sentir el primer contacto de su lengua. Las sensaciones nuevas eran increíbles, deslizó su lengua por toda mi intimidad de arrida a bajo, condenadamente despacio. Deslicé mi mano por su cabello hundiendo mis dedos para halarlo un poco, él gimió contra mi entrepierna en respuesta pero no detuvo su exploración. Me tomó con su boca y sin poder evitarlo me encontré imitando el movimiento de su lengua con mis caderas. Él mordía, chupaba y saboreaba mi parte más intima llevándome al éxtasis, sin poder soportar más me dejé arrastrar por las sensaciones alcanzando el clímax.
—Te necesito… Ana
Respiré tratando de tranquilizar los temblores de mi cuerpo que aún disfrutaba del grandioso letargo del orgasmo. Christian se deshizo de su pijama y se acercó a mí tomando mis piernas por las rodillas y entrelazándolas en su cintura penetrándome de una sola embestida. Me abracé a su cuerpo imitando sus movimientos, encontrándonos en cada asalto, jadeé al sentirlo tocar justo el punto que me llenaba de placer. Gemí cada vez mas fuerte sintiéndome llegar al cielo, mi cuerpo explotó en el más glorioso Auge al mismo tiempo que él me llenaba con su esencia.
Besó mi hombro y acarició mi espalda —Ahora si vamos por ese baño…
Asentí y el salió de mi con delicadeza, se separó un poco y entró al Jacuzzi, me tendió la mano para ayudarme a entrar atrayéndome a su cuerpo para besarme con ternura. Rodeé su cuello con mis brazos correspondiendo el beso, amaba la sensación de sus labios en los míos y en todo mi cuerpo. Él dejó mi boca para besar mi cuello.
—No sabes cuánto te amo — susurré a su oído
—Si es la mitad de lo que yo te amo estoy más que satisfecho.
—Tengo miedo de que esto acabe…
Frunció el ceño— No lo hará, No creo que pueda dejarte de amar nunca.
Sonreí, disfrutaba tanto que me dijera lo que sentía, jamás me cansaría de ello, aún me parecía un sueño todo eso y temía que fuera a acabar en cualquier momento. Christian se sentía como uno de esos hombres que solo aparecen en los libros: irreal, aunque ni ellos podrían hacerle justicia. Acaricié sus hombros deslizando mis dedos por su esculpido torso, sus pequeñas cicatrices eran lo único que desentonaba. Me pregunté ¿cómo se las había hecho? sabía que eran parte de ese pasado que lo atormentaba tanto al grado de necesitar un Psiquiatra pero por más que quisiera saber había decidido darle tiempo para que se abriera.
—Tenía solo 4 años cuando me adoptaron — comenzó diciendo e interrumpiendo mis pensamientos— La mujer que me trajo al mundo era una prostituta y el hombre que me engendró era el chulo que se encargaba de venderla —tragó, yo me quedé atónita ante su confesión— Nos maltrataba… tanto a ella como a mí, él… fumaba mucho y… yo era su maldito cenicero. —sus ojos grises estaban perdidos en un punto lejano, tal vez en sus recuerdos— Ella nunca hizo nada para defenderme… nunca hacia nada.
Cerré los ojos conteniendo con todas mis fuerzas las ganas de llorar y lo abracé, quería confortarlo por todo lo que le había tocado vivir; el imaginarlo como un pequeño niño sufriendo por la desatención de su madre y el maltrato de su padre era como si me desgarraran el alma, me separé un poco para mirarlo a los ojos.
—Tuviste la suerte de caer en una maravillosa familia.
Asintió—Si, aunque no fue nada fácil. Sentí que no encajaba del todo allí, que era demasiado perfecta para mí… Les di muchos problemas —respiró hondo— era un adolecente rebelde que se la pasaba metido en problemas y peleas para descargar mi furia, ellos buscaban asistencia para mí pero ningún Psiquiatra pudo ayudarme hasta Flynn.
—No se puede cambiar el pasado, Christian pero ahora eres un gran hombre, mira todo lo que has conseguido… solo tienes que seguir mirando adelante.
Sonrió— Eres simplemente increíble… no sabes cuánto admiro tu coraje, has pasado por malas situaciones, por cosas muy duras y sigues mirando al frente con optimismo.
Suspiré—Me mantuve firme porque Teddy estaba conmigo, él era quien me impulsaba a seguir cada día, a tener esperanzas para que él las tuviera… Si no hubiera estado conmigo tal vez me abría rendido.
—Pero no pasó… Mis hermanos también jugaron un papel importante en mi vida… Yo quería ser un buen ejemplo para Mía… Flynn me ayudó a centrarme en cosas importantes, a darme cuenta de que soy un hombre inteligente y que podía hacer mucho con mi vida en vez de desperdiciarla… Me enteré por mi padre que ese chulo había caído en la cárcel… yo no quería terminar como él por eso me concentre en cosas importantes, comencé mi empresa y bueno aquí estoy.
—Uno de los hombres más ricos y exitosos no solo del país, sino también del mundo.
—Sí… pero eso no quitaba por completo la soledad que sentía, el vacio que siempre había tenido no se llenaba del todo, mi familia me hacia feliz y mi empresa me enorgullecía pero aún faltaba algo… tu llegaste para completarlo todo.
—Creo que lo más hermoso de esto es que ambos hemos llegado para salvar al otro —sonreí completamente feliz— Ambos hemos logrado renacer.
Me besó con pasión y urgencia afirmando mis palabras, yo me dejé llevar por todos los sentimientos que profesaba en ese momento, dejando de lado todo lo que pudiera perturbarme, en ese momento solo existíamos él y yo acompañados de las caricias que expresaban lo que las palabras no podían, donde se quedaba corto el leguaje de los humanos seguía el de nuestros cuerpos, alcanzando placeres inigualables.
Dos días después de esa maravillosa noche fui a vivir con Christian de nuevo, fue maravilloso volver y llamarlo mi hogar, estar allí sin sentir que todo era temporal y que acabaría en cualquier momento, muy al contrario me sentía como nueva llena de expectativas. Tenía una nueva vida la cual pensaba disfrutar al máximo.
Mi primera semana con Christian después de mudarme fue perfecta, nunca se olvidaba de los detalles o de una salida a comer, nos llevaba a Teddy y a mí a disfrutar de Seattle como una familia, siempre dedicándonos tiempo. Aspiraba que toda la vida fuera de esa manera.
La universidad marchaba de maravilla, Kate me propuso comenzar a trabajar medio tiempo en SIP la editorial de su padre, me pareció una gran oportunidad de aprender desde el principio, aunque comenzábamos la carrera y éramos muy inexpertas no había mejor manera de aprender que en el campo de trabajo, aunque Christian pusiera peros.
—¿No deberías concentrarte en tus estudios primero? — Me preguntó mientras se quitaba la corbata, apenas había llegado del trabajo.
—No los descuidaré, solo es medio tiempo, en realidad es para ver el campo laboral— dije dejando a un lado el ejemplar de Jane Austen que estaba leyendo.
—Igual pienso que no deberías, no necesitas trabajar — comentó desabotonando su camisa— Yo puedo darte todo lo que quieras.
—No se trata de tener todo lo que quiera, Christian— repliqué un poco molesta— Quiero tener una profesión que me guste y labrarme un camino por mis propios medios.
—Lo entiendo, nena pero soy tu esposo es lógico que quiera darte todo sin querer que te esfuerces.
—Me das todo amándome y apoyándome, Christian. Lo demás es solo complemento — lo miré suplicante — Por favor…
—Bien — dijo resignado— Pero si es mucho para ti lo dejas.
Sonreí saltando de mi lugar caminando por la cama hasta llegar a él y abrazarlo, amaba que se preocupara por mí pero amaba mucho más cuando me complacía. Esa era una oportunidad importante para mí, poder conocer el área laboral de mi carrera y empaparme con la experiencia.
XX
Suspiré frustrada al ver la maraña que era mi cabello esa mañana, justo en mi primer día de trabajo mi cabello le daba por portarse rebelde, busqué una cola por todas las gavetas. Me agache para buscar por las de abajo encontrando un gancho para el cabello.
Terminé de arreglarme, me miré en el espejo y ya conforme por cómo me veía salí del cuarto. Christian había ido más temprano dejándome a Taylor a mi disposición; saludé a Gail y tomé el desayuno rápidamente para salir.
Caminé rápidamente hasta el ascensor. Cuando las puertas se abrieron divisé a Taylor recostado en el Audi leyendo el periódico, se recompuso para abrirme la puerta trasera del auto y llevarme a la editorial. Los nervios retorcía mi estomago cuando el auto paro frente a SIP en donde me estaba esperando Kate.
—Gracias por traerme Taylor. — dije bajando del auto para caminar y abrazar a mi amiga— ¿Llevas mucho tiempo aquí?
—Solo unos minutos, vamos papá nos espera.
Entré con ella a las instalaciones de la editorial, todos los empleados se paraban a saludarla y yo me alegré de no ser el centro de atención. El señor Kavanagh nos esperaba en su oficina; se levanto para abrazar a su hija y luego me saludó a mí.
—Un placer tenerla con nosotros, Señora Grey.
—Muchas Gracias a usted por la oportunidad, por favor llámeme Ana.
Asintió sonriendo— Bueno, Ana y Kate las llevare a donde trabajaran de ahora en adelante.
Asentimos acompañándolo a la oficina de un editor, muy amablemente nos explico con paciencia cómo funcionaba la editorial y nos mostro algunos escritos que tenia por leer. Kate y yo nos sentíamos emocionadas por entrar a un campo laboral y seguimos paso a paso todo lo que él nos indicaba. Después de almuerzo nos encaminamos rápidamente a la universidad para llegar a tiempo a nuestra primera clase.
Me tiré en la cama prácticamente muerta después de la semana que había tenido. Tiré mis zapatos de tacón a un lado — Los cuales me estaban matando— y me quedé recostada, no tenía ganas ni de desvestirme. No podía creer lo agotador que era trabajar y estudiar. Escuché la puerta abrirse pero no me moví, sabía quien era antes de que hablara.
—¿Agotada?
—Mmm…
Él carcajeó— Te lo dije, Nena — Se movió y tomó uno de mis pies entre sus manos para masajearlo; suspiré, eso se sentía muy bien— Tienes los tobillos hinchados.
—Son los malditos zapatos de tacón — me quejé
—Bueno, vamos a darte un masaje y a dormir.
Me volteé— No tengo ánimos de cambiarme…
—Yo te ayudo— Me tendió la mano para levantarme, me paré frente a él mientras comenzaba a desbotonarme la camisa, la tendió en la silla y prosiguió a desabrocharme el sujetador, paso sus dedos por mis pezones pero chillé al instante — ¿Qué pasa?
—Me duelen — me quejé mientras me los masajeaba, él fue al baño por una crema y mi pijama
—¿Quieres que yo lo haga?
Asentí, tomó un poco de crema entre sus manos y lo aplicó en mis senos con cuidado, paraba cada vez que me escuchaba quejarme y volvía con masajes suaves, suspire cuando acabo.
—Gracias — sonreí quitándome la falda y colocándome el Pijama
—El placer fue mío, Señora Grey.
Sonrió y fue al baño a cambiarse. Me acurruqué a él cuando entró a la cama listo para dormir, seguramente se acercaba mi periodo y por eso tenía el malestar, dejé de pensar en ello y me dejé llevar por el sueño.
XX
Caminé rápidamente por el departamento, iba un poco retrasada al trabajo, llevando los escritos que necesitaba para el día de hoy. Algunos papeles se salieron de la carpeta por lo que tuve que devolverme y agacharme para recogerlos. En cuanto me levante sentí como las luces se ibas por un momento, me aferré a la baranda de las escaleras mientras trataba de respirar y volver a mis sentidos. Llevé mi mano al pecho sintiendo a mi corazón acelerarse, suspiré solo había sido un mareo, aunque últimamente había tenido muchos de ellos. No lo había comentado con Christian porque era capaz de prohibirme ir a trabajar.
Bajé las escaleras con cuidado de no marearme de nuevo. Saludé a Gail cuando entré en la cocina quedándome paralizada por el repugnante olor de las especias.
—¿Qué es eso?— pregunté tapándome la nariz y la boca con mi mano
—El omelette que tanto te gusta— respondió frunciendo el ceño.
—¿Qué le echaste que huele tan feo?— pregunté al mirar el plato, el desayuno que tanto amaba hoy me parecía lo mas asqueroso del mundo.
—Nada, lo mismo de siempre — Me examinó con cuidado— ¿No quieres?
—La verdad no — Negué— Lo siento… Gracias, Gail. Tengo que irme, ya se me hizo tarde.
El día pasó relativamente tranquilo, no había mucho trabajo lo cual agradecí para poder estudiar para el examen de esa tarde y cuando presenté el examen todo se me había hecho fácil, sonreí satisfecha, le mostraría a Christian que trabajar no bajaría mi rendimiento en los estudios. Después del examen no había más clases por lo que pude llegar a casa temprano, cuando entré al departamento me encontré con Gail quien al parecer me esperaba.
—Hola… ¿Todo bien?—Pregunté.
—Eso creo —Sonrió y la miré con curiosidad cuando fue a buscar algo en la alacena— Me tomé la libertad de comprar esto. — dijo mostrándome la caja de una prueba de embarazo.
La miré con la boca abierta pero todo estaba encajando, las nauseas, los mareos, el dolor en los senos, mis tobillos hinchados, todos eran síntomas de una sola cosa. Dejé mi bolso de diseñador a un lado mientras procesaba lo que Gail me daba a entender ¿estaba embarazada?
—Solo hay una forma de averiguarlo— dijo respondiendo a mi pregunta silenciosa, me tendió la cajita y yo la tomé con vacilación.
Entré con ella a la habitación que compartía con mi marido y me metí al baño con la prueba en mi mano. La abrí con manos temblorosas y leí las instrucciones, bien tenía que hacer pis en el palito, una raya era negativa y dos positiva.
Salí del baño y miré a Gail— Hay que esperar unos minutos… Pero yo no tengo el valor de verla ¿Puedes hacerlo tú?
—Claro.
Esperamos los minutos—que a mí me parecieron horas— que el test indicaba, me senté en la cama mientras Gail entraba al baño por el pequeño palito, salió totalmente inexpresiva con la prueba en la mano.
—¿Estas lista?
Asentí, ella sonrió y me mostro le pequeño palito, mi corazón comenzó a latir a toda velocidad contra mis costillas mientras miraba las dos rayitas en rojo, me llevé una mano a mi vientre sin poder creerlo.
—Estoy embarazada…
Continuara…
