En el que todo acaba como no debía acabar, aunque a nadie le sorprende, y comienza el camino del contador de historias.
Al principio fue toda una novedad, Loki halló por demás interesante la convivencia con el líder de los elfos oscuros. A pesar de que había encontrado muchos hechiceros o usuarios de seid en su vida, nunca uno como el bienllamado el Maldito que había superado el tabú del uso de seid de modos más peligrosos como la magia de sangre o la negra. Lo cual, Loki, ávido de conocer halló muy interesante, porque finalmente pudo ser testigo de hechizos y acciones de las que sólo había leído antes.
Aprendió todo lo que pudo y quiso, Malekith nunca le negó nada de su conocimiento. Convivieron por meses, primero viajando juntos por el universo y después instalados en las colonias subterráneas de Svartalfheim.
Hallaron fascinantes descubrimientos al intercambiar sus conocimientos, ambos eran estudiantes eruditos, siempre buscando nuevos aprendizajes y ya que uno aprendió todo casi en la clandestinidad y el otro de mano de los más sabios en las grandes bibliotecas de los nueve reinos, el intercambio era constante. Ya fuera probando teorías, desarrollando nuevos hechizos o simplemente intercambiando historias. De éstas ambos tenían muchas, pero pronto Malekith reconoció que Loki las narraba mejor.
También aprendieron cosas entre las sábanas, como estudiosos que eran, ninguno se limitaba la experiencia de un sólo genero, y si bien no fue el primer compañero del mismo sexo que durmió con ellos, fue cierto que para ambos fue significativo, para Loki fue experiencia, para Malekith novedad.
Tenían sus diferencias y hubo muchos desencuentros, pero el deseo de aprender solía poder con todo, o casi todo; hubo algo que no pudieron sortear con tanta diligencia como sus otras diferencias: la edad.
Malekith era por mucho mayor que Loki, y mientras que Malekith estaba satisfecho con el hallazgo que Loki representó, éste vio al otro como uno más, consciente que aún había muchas cosas por descubrir, para el elfo oscuro fue un fin, para el menor fue sólo una parada en un camino todavía muy largo.
Así que llegó el momento en que Loki se aburrió, y decidió que era momento de irse. Al principio Malekith enfureció, pero al poco tiempo dicho enojo desapareció, cuando Loki le preguntó el motivo de su repentina aceptación, el elfo respondió algo que Loki no entendió en su momento: "porque nos volveremos a ver".
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—Probar —se dice Loki y se acerca al control de mando del Bifröst.
—Loki ¿qué vas a hacer?
Odin cierra un puño cuando Loki no le responde, trata de convencerse que sus pensamientos están equivocados pero entre más contempla al otro más se convence que no es así, que Loki va a hacer lo que cree que va a hacer.
—Detenlo —le dice a Thor—, no dejes que lo haga.
—¿Que haga qué?
Ahora más que nunca Odin desea que Thor hubiera sido un poco más adepto a los estudios, de ese modo no tendría que explicarle nada, pero Thor fue siempre distinto de Loki, y siempre impulsó más al mayor que al menor, así que la culpa no es enteramente de su hijo.
—¿A qué le tienes miedo, Padre-de-Todo? —exclama Loki— nunca entendí por qué jamás lo hiciste, ¿es que tu padre te advirtió de no repetirlo?
Odin niega con la cabeza.
—No sabes de lo que estás hablando —le responde conforme trata de no perder los estribos—, no sabes la magnitud del daño que causarás.
—Pero lo sé rey Odin, el rey Bor se encargó que su proeza quedara perfectamente registrada.
El rey maldice el afán de los Æsir por crear extensas descripciones de sus batallas en textos que nadie nunca lee, nadie a excepción de aquéllos obsesionados con aprender sin importar que la fuente sean polvosos libros con milenios de antigüedad. Necios como Loki.
—¿Odín? —Frigga le pregunta con tono temeroso.
Él no le presta demasiada atención, convencido en lo que debe hacer.
—¿De qué está hablando? —ella le insiste.
—De muerte y destrucción —es Laufey quien responde.
—¿Padre?
Laufey voltea a sus hijos tras la pregunta de Byleistr pero se niega a profundizar.
—¿Por qué no les dices tú, muchacho?
Loki frunce el ceño ante la forma con la que el jotun se dirige hacia él pero, como venganza, se arma de una sonrisa despectiva y se gira hacia ellos.
—Así es —proclama—, la razón por la que los demás reinos toleraron que Asgard se colocara por encima de todos ellos no fue por el reconocimiento a la valentía de sus ejércitos, sino por temor a lo que el Bifröst puede hacer. Los elfos oscuros lo retaron y miren cómo acabaron.
Byleistr quiere decir algo, gritar y reclamar pero está sin palabras, todos saben lo que ocurrió con los elfos durante la última Convergencia, la idea de que Loki esté pensando en hacer lo mismo con su reino, es incomprensible.
—No puedes hacerlo.
—-¿Por qué no? —replica Loki— aún soy rey de Asgard, mientras Gungnir permanezca en mi posesión, es mi derecho.
—Ése no es el derecho de ningún rey —insiste el menor de los Laufeyson.
—No del rey de Jotunheim, pero sí el de Asgard. ¿O por qué el Padre-de-todo decidió que encerrarlos en su propio reino es mejor para la seguridad de los demás?
Laufey le muestra los dientes y aunque en otros tiempos ese gesto le hubiera causado satisfacción, ahora no siente nada parecido a eso.
—Si lo hiciera —dice a nadie en especial—, si lograra el sueño de todo asgardiano, si eliminara a los jotnar sin derramar una sola gota de sangre Æsir, ¿ellos me aceptarían sin protestar?
La pregunta lanzada no encuentra ningún receptor, todos saben de las dificultades que Loki ha tenido desde siempre para hallar su lugar, primero en Jotunheim y después en Asgard, por todas las diferencias que siempre ha tenido, con jotnar y Æsir.
—No necesitas hacer nada de eso —Frigga se anima a responderle—, no tienes que hacer nada.
Loki no replica, tiene pocas armas ante el razonamiento de Frigga, así que no dice nada y vuelve a girarse hacia los jotnar.
—O si —hace una pausa—, en su lugar es Asgard el objetivo del Bifröst, ¿sería mejor para los demás reinos?, ¿qué dirían de mi en Jotunheim?
Como ocurrió la primera vez, ninguno de los jotnar le responde, no le sorprende.
—Es lo que iba a hacer —comienza ya no mira a nadie—, es lo que iba a hacer.
—¡Loki! —finalmente Thor interviene—, ¿de qué estás hablando?, ¿qué clase de tonterías son ésas?
—No tonterías, Thor, es lo que siempre querías, ¿no?
—No, no así, no —balbucea el rubio.
—No importa el cómo, sino el qué .
Por la forma en que Thor lo ve, Loki se pregunta si lo está entendiendo, en el fondo sabe que lo hace, a pesar de su actitud y lo que otros creen, Thor no es tan estúpido, él entiende las cosas aunque aparenta que no, y sabe que lo hace en este momento aunque no lo sepa. Loki así lo desea con fuerzas, porque en ese preciso momento lo considera el único que aún puede estar de su lado, él es el único que no le mintió, no sabía nada así como él. No quiere reconocerlo pero está desesperado por lograr su aprobación, como siempre, y esto mismo pronto lo lleva a dudar de ese razonamiento, porque si bien es cierto que Thor no tiene nada que ver en la mentira sobre la que ha construido su vida, sí ha sido agente activo en que constantemente le sea recordado lo diferente que es.
Aún así no niega el hecho de que quiere que al menos Thor esté de acuerdo con él.
—¡Pero no puedes destruir un reino, no puedes acabar con una raza!
—-¿Por qué no?
Loki trata de entender el pensamiento del rubio pero no lo consigue, éste no es el Thor que siempre lo arrastra a través de los Nueve reinos en búsqueda de aventuras. En ese momento recuerda a la mortal que llegó con él, y se pregunta si ella ha logrado en días lo que él no ha podido hacer en tantos siglos. No sabe si eso sea cierto, es ridículo tan solo pensarlo, pero no puede evitar sentirse traicionado, todavía más. Vuelve la mirada a Gungnir y el pedestal del Bifröst.
Tan ensimismado está que no se percata de nada más de lo que pasa a su alrededor.
Frigga y el rubio voltean hacia el rey de Asgard con ansiedad, preguntándole qué hacer, y Odín, quien a pesar de los milenios que lleva siendo rey, y que debe estar acostumbrado a ser a quien otros recurren como guía, se siente paralizado por unos segundos.
Recuerda todo lo que pensó cuando Frigga le dijo el nombre que le darían al pequeño jotun que llevó consigo, caos y cambio, dos cosas que Asgard, en su milenaria historia, no toma bien. Siempre lo ha sabido, ¿pudo haber hecho algo para evitar llegar a un momento como éste?
Sabe que sí, mucho pero no lo hizo, y de poco sirve tratar de hacerlo en ese momento, después, puede hacerlo después.
—Házlo Thor —le dice a su hijo—, deténlo, de cualquier modo posible.
—-Padre —le responde Thor, se da cuenta de su duda, la comprende pero no puede tolerarla en este momento.
—No Thor, ya escuchaste lo que va a hacer, sea Jotunheim o Asgard no podemos permitirlo.
Comprende el conflicto en el que su hijo se encuentra, pero no le permitirá cÆr en la duda, ningún rey puede hacerlo aún en momentos así.
Mientras esto ocurre e ignorándolo, Loki continua sujetando Gungnir al momento que contempla el control de Bifröst, no mintió cuando dijo que estaba dispuesto a atacar Jotunheim, era lo que planeó en principio antes de que esa aberrante verdad surgiera y ahora no sabe que hacer con ello, un monstruo tan deforme que ni los otros monstruos quisieron. Fue mentira eso de atacar mejor Asgard, en ese momento desprecia demasiadas cosas del Reino Dorado, pero reconoce que no importa cuánto lo deteste, es el lugar donde Frigga y Thor viven y eso basta para no desear acabar con Asgard.
Así que no sabe cómo proceder ahora, sin importar a quien confronte está seguro que no saldrá bien librado.
Tan sumido está en sus pensamientos que no se da cuenta que no es el único en una batalla interna, Thor ser halla igual y (a diferencia de otras veces), el rubio es el primero en reaccionar.
La vibración en el aire consigue que Loki salga de sus pensamientos y mira alrededor preguntándose a quien va a atacar Thor, conoce muy bien la sensación del entorno cuando agita a Mjolnir.
El repentino impacto que lo manda lejos de su posición es tan inesperado como la comprensión que el objetivo del martillo es él. Se sujeta el pecho cuando el arma acude al llamado de si dueño y pestañea varias veces, intenta poner bajo control el repentino dolor y la confusión. Thor lo ha atacado.
No es la primera vez que algo así pasa, no debería sorprenderle y aún así lo hace, profundamente.
Lo observa con confusión, el otro viste un gesto similar, por que ninguno entiende por qué su hermano está haciendo eso.
Cuando Thor levanta de nuevo el martillo, Loki trata de convencerse que lo hace porque está obedeciendo las órdenes de Odín, pero no lo consigue por completo.
Thor agita a Mjolnir, ignora (o hace lo posible por ignorar) el desconcierto de su hermano. Lanza su martillo y aprieta con fuerza los dientes, diciéndose que es lo que tiene que hacerse su padre tiene razón, hay que detener a Loki antes de que ocurra algo peor.
Esta vez Loki evade el arma y toma cuchillas pero no ataca, en espera que Thor desista de seguir intentando.
—Tienes que detenerte hermano.
El aludido quisiera preguntarle si acaso lo cree capaz de hacerlo, pero en el fondo sabe que si, Thor sí lo cree capaz. Supone que siendo jotun, cualquier barbaridad puede esperarse de él. Los gigantes de hielo son conocidos por cometer toda clase de atrocidades, sea verdad o no, los Æsir lo creen. El orgullo lo ciega y decide que no va a servir de nada detenerse a explicar a todos.
—Eso es Thor, eso es, ¿lo ves? No has cambiado, estás acabando con los monstruos.
—¡No digas eso! —le grita con todas sus fuerzas—solo hago lo que tiene que hacerse.
—Exacto. Eso precisamente. Destruye al monstruo.
Thor aprieta la quijada y los puños, es una gran impotencia que no está acostumbrado a sentir, el primer ataque a Loki lo ha hundido más en confusión, trata de repetirlo pero no encuentra las fuerzas, quiere entender a su hermano y también a su padre, ambos están puestos en puntos distintos, opuestos, y él no sabe qué hacer.
No es el único, Loki tampoco lo sabe, ya no sabe nada, ya no tiene ninguna certeza, todo es una bruma tan densa en la que ni siquiera puede verse a sí mismo, en parte porque no quiere pues tiene medio de lo que verá.
¿Que le queda?
Thor se da cuenta del ensimismamiento de Loki, es el momento ideal para detenerlo definitivamente como su padre quiere.
—¿Padre? —pregunta, necesita tanta certeza como sea posible.
—Sabes lo que tienes que hacer—réplica el rey de Asgard— , no dudes, no ahora.
Voltea hacia su madre, ella no dice nada porque está en un debate, quiere que todo pare pero no desea que sus hijos se confronten.
Helblindi actúa antes de que cualquiera pueda hacer otra cosa, corre hacia Loki con una clara actitud de ataque, armado con una daga de hielo y aprovechando toda su velocidad carga contra el otro. Quien por un momento se permite contemplar lo que es un verdadero jotun, bestias dignas de admiración, se dice, pero al recordar que si no fuera la criatura deforme que es sería como él, se estremece con sólo pensarlo, y responde al ataque lanzando un par de dagas, ninguna hace blanco en el gigante.
Helblindi no se siente intimidado por la aparente desventaja de confrontar a Loki en esas condiciones, y lanza una daga de hielo mientras alista otra, pero Loki se desvanece y aparece detrás de él, eso lo toma por sorpresa y se prepara para ser apuñalado por la espalda pero tal ataque no llega. Se gira levemente para ver al menor, se contemplan por algunos segundos, el mayor se pregunta qué recuerda el otro de él.
De pronto se enfrascan en un combate físico sin que nadie se anime a intervenir, Loki y Helblindi han enfrentado a jotnar y Æsir respectivamente durante muchos años, y a pesar de eso lo sienten como algo diferente, no es igual que como cuando iban a matar gigantes o se defendían de incesantes cacerías, según sea el caso, Loki recuerda muy poco pero lo hace, y Helblindi lo hace también, él recuerda por completo, es por esto mismo que no ataca con todas sus habilidades, pues aunque no sea usuario de seid como el resto de sus hermanos ha aprendido a contrarrestarlo.
Se enfrentan nuevamente, cuando Loki escucha gritos a lo lejos asume que Heimdall finalmente ha regresado, y sin duda no ha llegado solo.
—Ya no hay tiempo qué perder —Exclama y desaparece para materializarse de nuevo en el control de mando del Bifröst.
Levanta la lanza que nadie se molestó en recuperar y la coloca en su sitio, el mecanismo vuelve a activarse mientras toda el lugar tiembla ligeramente.
—¡Loki! —grita Frigga.
Los jotnar retroceden ahora que saben lo que eso significa. Thor y Odin se acercan pero no demasiado. Hunde más la lanza, para ese momento se escucha el grito de Heimdall apurando a los guerreros que vienen con él, el guardián sabe mejor que nadie lo que está por ocurrir.
Lo que ninguno sabe que en verdad nada va a pasar. Ni siquiera Loki.
Se da cuenta de esto hasta que está por hundir la lanza por completo. Ahí entiende que no lo hará, no atacará Jotunheim, mucho menos Asgard. Apenas y es capaz de asimilar el porqué, sabe que es imposible que los otros lo entiendan.
—Loki —escucha que Odin lo llama—, detén esto, es suficiente.
Detener, se repite a sí mismo, y a su vez se responde que no sabe a qué se refiere, son demasiadas cosas las que están ocurriendo en este momento.
Odin cierra ambos puños al ver que el otro se niega a verlo y aún menos a escucharlo.
—Loki —repite Odin.
La conocida sensación de vibración en el aire le hace ver finalmente hacia el rey de Asgard, nota que tiene una mano extendida y está llamando a Mjölnir, que vuela de la mano de Thor hacia su palma abierta y en un movimiento cuya rapidez no debería sorprenderle, es lanzado contra él, ahora no lo evade y el martillo le golpea de lleno mandándolo contra el piso. A diferencia de la primera vez que Thor lo atacó, Odin no llama al martillo de vuelta, de modo que queda apresado bajo su peso. De principio sólo se siente irritado de hallarse en esa posición, siempre ha detestado que Thor use a Mjölnir para esto, normalmente como broma, aunque siempre ha sido un recordatorio de lo que el rubio es y él no.
Ni siquiera intenta moverlo para liberarse, aspira lentamente para que el movimiento de su pecho y el peso del martillo no le lastimen, y cierra los ojos por un momento. Le divierte pensar que tenga que tener a Mjölnir encima para encontrar un poco de paz y dejar de pensar en todo lo que está pasando.
Cuando Byleistr ve al conjunto de Einherjar entrar dirigidos por el guardián de Asgard, se acerca instintivamente a su padre, Helblindi también, sabe que no están ahí para atacarlos pero con los asgardianos es mejor ser precavidos. Ve al guardián intercambiar palabras con el Padre-de-todo, no alcanza a oír lo que dicen pero sigue sus miradas y ambos observan a Loki, que permanece en el piso con el martillo del Atronador (los jotnar se niegan a llamar a los Æsir dioses). Se extraña al verlo distraído, como si no le interesara lo que pasa a su alrededor. Se encuentra confrontado con la urgencia de que los asgardianos lo detengan y que no lo hagan a la vez. No quiere que Loki haga lo que dice que hará, pero ya puede imaginar cómo los asgardianos van a detenerlo.
Thor aún está confundido por lo que ocurrió, no se atreve a llamar a Mjolnir. Ve los Einherjar y el enojo en el rostro de Heimdall, de pronto teme por si hermano.
Loki mira con sospecha cómo los Einherjar comienzan a rodearlo, sin planear cruzan mirada con Thor, la petición es clara aunque Loki no quiera decirla ni Thor reconocerla. Aunque ninguno hace nada.
Loki comienza a entrar en pánico finalmente cuando ve las cadenas que portan los Einherjar que lentamente se acercan, unas cortas y algunas más largas, no necesita ver con atención para saber que están unidas a grilletes marcados con runas, los conoce bien, ha sido objeto de éstos diversas veces en su vida, ya sea por un error en las locas aventuras con su hermano o por alguna tontería en sus propias odiseas viajando por el Gran Árbol. Las cadenas con runas de supresión es uno de los métodos más usados para apresar a un hechicero, hay otros modos, unos más permanentes pero prefiere no pensar en eso, la mera idea es aterradora.
Así que se concentra en el problema en turno: cómo evitar que le coloquen esas cadenas.
Porque hay muchas cosas que detesta, pero sin duda, por experiencia sabe que lo que más odia es perder su libertad, en cualquier medida, desde la claustrofóbica sensación que un collar de supresión y grilletes le da, a la asfixiante vida que debe ser estar atado a un trono.
Finalmente cede a su pánico y comienza a tratar de liberarse de Mjölnir, maldice su desidia de no seguir desarrollando esa técnica que comenzó hace casi dos siglos y buscaba permitirle teletransportarse teniendo a Mjölnir encima, nunca consiguió un avance notable pero está seguro que si hubiera continuado, quizá lo hubiera logrado. Aunque en ese entonces lo hacía sólo por curiosidad, el martillo siempre ha causado caos con su seid, además nunca llegó a considerar que pudiera convertirse en una necesidad porque, ¿en qué momento Mjölnir (y por tanto Thor) iba a convertirse en una verdadera amenaza para él?
—Será sólo por un momento —comienza a explica Odin—, es sólo para detenerte de cometer esta locura, hablaremos y pasará.
Pero Loki no escucha nada, rápidamente está cayendo en la desesperación al ver que (como siempre) sus esfuerzos le retribuyen poco tratándose de Mjölnir.
—Loki, por favor —Frigga exclama desde su posición, al ver la actitud de su hijo ante las palabras de su esposo, ella conoce bien la opinión de Loki sobre esas medidas de restricción, y no lo culpa, pero tampoco está tan molesta con Odin por recurrir a ellas, coincide con él (aunque no quiere reconocerlo) que son la única opción.
Mientras los tres jotnar observan desde su posición la llegada y acción del contingente de Einherjar, Byleistr observa con impotencia la desesperación de Loki por liberarse, como único usuario de seid de los tres sabe que significa, y aunque nunca le han colocado restricciones de este tipo, recuerda que su padre lo hizo algunas veces con su hermano, sobre todo aquella vez cuando todo terminó en su salida de Jotunheim y todo lo que envolvió.
Se da cuenta de lo que está haciendo hasta que Helblindi lo llama. Aún así sigue avanzando hacia Loki, los Einherjar que también van en su dirección se detienen con duda, así que él termina interponiéndose entre ellos y el otro, personalmente no quisiera pelear pero lo hará si los demás amenazan con atacarlo a él o Loki. Hace a un lado lo que éste dijo que haría, lo que les ha dicho todo este tiempo, lo que opina de ellos, es su hermano, este Loki es su hermano, quizá no el mismo que lo divertía en Jotunheim con trucos, pero sigue siendo él.
Thor se acerca lentamente cuando ve las acciones del jotun, no lo ataca sino que va con Loki quien sigue peleando, quiere decirle que todo saldrá bien que sólo es por un momento, que cuando todo se aclare las cosas volverán a como eran antes, pero sabe que es mentira, nada volverá a ser igual.
Pero eso no significa que la familia que tenía deba perderse. Extiende su mano y llama a Mjölnir.
—¡Thor! —le grita su padre.
Thor lo ignora y se niega a verlo, puede sentir la oposición del martillo que su padre ejerce para que no le responda, pero Mjölnir es de Thor aún cuando Odin puede blandirlo y como el arma tiene voluntad, Mjölnir eligió a Thor, no a Odin, así que acude a su llamado aún cuando el rey de Asgard le ordena lo contrario.
Loki se incorpora de inmediato y lanza miradas de duda y desconfianza a Byleistr y Thor, evidentemente no entiende el porqué de su cambio de opinión. Aunque no los cuestiona verbalmente, continúa viéndolos sin decir nada conforme amplia su distancia con los Einherjar quienes no han pasado más allá de la barrera que Byleistr implica, lanzan miradas nerviosas a Heimdall y Odin en espera de que alguien dé la orden, el ambiente en general es uno de confusión.
Loki se percata de esto, los gestos de los reyes son similares al de Thor, una mezcla de arrepentimiento y duda.
Observa con atención a los tres, quienes parece que escuchan sus pensamientos y lo ven también, con atención repasa sus rostros, recuerda cosas de cada uno, la inmensa admiración por su padre, el cariño por su madre y todo lo que Thor es para él, luego se gira hacia los jotnar, también recuerda aunque no hay tanto, el deseo de que Laufey lo viera como los otros, la casi idolatría por Helblindi y la devoción de Byleistr.
Cuando Heimdall incita a los Einherhar a continuar avanzando con la correspondiente confrontación con Byleistr, finalmente sabe lo que tiene que hacer. Tiene que irse.
¿A dónde? no sabe, Asgard no es opción, mucho menos lo es Jotunheim.
Sólo sabe que debe irse de ahí.
No desea que Byleistr los confronte (que sabe bien que lo hará) ni que Thor se vea obligado a decidir entre pelear contra los guerreros o contra él,
—Tengo que irme —murmura confirmando su decisión, no le dice a nadie en especial, sólo desea que los demás lo sepan.
Todos lo escuchan a pesar del alboroto que reina en el observatorio del Bifröst, le lanzan miradas que le cuestionan sus palabras pero él no tiene ninguna intención de explicarse, no esta vez, ya no más.
Levanta lentamente una mano mientras ve de nuevo a cada uno de ellos. Unos entienden, otros no.
Odin frunce el ceño, sin duda desaprobando lo que sea que entienda que va hacer, no le sorprende.
Frigga comprende, lo hace por completo, abre la boca para pedirle que se detenga, pero no emite ninguna palabra, él se dice que quizá es porque ella no desea detenerlo, o tal vez porque está tan abrumada con lo que pasa que no puede emitir palabra.
Thor también entiende, o en parte, lo observa con desolación, como cuando lo descubrió a punto de irse en su primer viaje solo sin haber dicho a nadie, le ve asentir lentamente; puede que Thor no lo entienda por completo, ni que lo dese pero lo acepta.
Helblindi parpadea una y otra vez, él no entiende, ni parece que vaya a hacerlo pronto, y no espera que lo haga.
A diferencia de él, Byleistr no parpadea ni una vez, sin duda lo está procesando y aunque quizá no termine de entender no piensa hacer nada para detenerlo, quizá lo entienda quizá no pero no va a intervenir.
La reacción de Laufey lo sorprende, pues asiente pero no tiene ninguna duda en su movimiento, Laufey no lo consiente como Odin, pero lo entiende como Frigga, lo acepta como Thor, le extraña como Heblindi y le respeta como Byleistr.
Y sin pensar más desaparece sin esperar que alguien cambie de opinión, le gustaría que alguien le dijera algo pero no puede perder más tiempo ahí. No cuando está enfrentando tantas cosas que ni siquiera puede clasificar por completo, temores viejos y nuevos, dudas y una vaga esperanza.
Por ahora no piensa hacer más, sabe que ya hecho más que suficiente.
Hay un largo silencio cuando Loki desaparece, lo Einherjar y Heimdall se detienen sin saber qué hacer. Frigga se deja caer de rodillas mientras llora en silencio. Odín se acerca a ella y coloca una mano sobre su hombro, le da un apretón pero ella se sacude la mano con un movimiento ante la estupefacción de su esposo.
—Todos hicimos esto —el dice a modo de defensa.
—Sí —ella admite—, pero ¿por qué tenías que hacer eso?, ¿por qué los trajiste?
—Heimdall
—No los detuviste —ella espeta—, lo conoces tan bien como yo, ¿de qué otra forma querías que reaccionara cuando lo amenazaste con aprisionarlo?
—No a él.
—No a él, su seid, es peor todavía.
—¿Qué querías que hiciera?
—Lo estabas haciendo bien —finaliza Frigga.
Odin no trata de insistir, ella permanece en su lugar.
Thor contempla el espacio que ocupaba Loki apenas unos momentos atrás, baja la mano con Mjölnir y voltea hacia sus padres, luego a los jotnar, en su opinión todos tienen la culpa, incluidos él y Loki pero no importa ya la profunda reflexión que sea capaz de hacer en ese momento, es tarde para todo eso. Al menos por ahora.
Laufey se apoya en Helblindi cuando ha pasado todo, su hijo voltea a verlo con expectativa, deseoso de que le diga qué hacer, para ese momento Byleistr se acerca y tiene un gesto similar.
—Vamos a casa —determina—, Helblindi se quedará para asegurarse que el resto de mi gente vuelva a casa a salvo, tengo tu palabra que nada les pasará, ¿verdad Padre-de-Todo?
Odin asiente tras unos segundos, si la circunstancia fuera diferente, podría declarar una traición al pacto de paz pero por ahora quiere lo mismo que Laufey, ir a casa y olvidar todo al menos un momento, sabe que hay muchas consecuencias con las cuales aún debe lidiar.
Byleistr cambia el lugar con su hermano, ayudando a su padre a mantenerse de pie.
—Puedo ofrecerte la atención de mis sanadores —le dice Odin.
—Gracias pero no gracias, ya he recibido suficiente de ustedes por hoy.
Odin hace un gesto hacia Heimdall quien coloca su espada y abre el Bifröst enviando a los dos jotnar a Jotunheim. Da indicaciones a Thor y el grupo de Einherjar para que regresen al palacio y escolten a los jotnar restantes de regreso, con la advertencia que no deben causarle ningún daño.
Thor y Helblindi caminan delante del contingente.
—¿A dónde pudo haber ido? —le pregunta el gigante.
Thor niega con la cabeza sin detenerse, ni verlo.
—No sé, puede ser cualquier sitio de los nueve reinos o más allá.
—¿Crees que regrese?
—Quizá.
No vuelven a decirse nada, por dentro cada uno quisiera culpar al otro de lo que pasó, de lo mal que hicieron con Loki para que hayan terminado de ese modo, pero también son conscientes de los errores individuales y son casi similares a los del otro. Todo es culpa de todos.
La salida de los jotnar se da en medio de un silencio incómodo de los integrantes de la corte y la confusión del resto del pueblo que los ve pasar por sus calles acompañados de Thor, no saben en qué momento llegaron ni por qué Thor y los Einherjar los atacan, observan con cautela mientras se preguntan qué ha pasado.
Para cuando llegan al Bifröst, Frigga ha desparecido, Odin no dirige ya ninguna palabra a los jotnar, sólo indica a Heimdall que los envíe de regreso y le pide a Thor que se quede con él, pero el rubio no tiene deseos de escuchar lo que su padre tenga que decir, se disculpa y se aleja.
—¿Qué puedo hacer para tranquilizar a mi rey? —pregunta Heimdall una vez que sólo han quedado ellos dos.
Odin ve al Vacío y regresa la vista a Asgard.
—¿A dónde ha ido?
—No lo sé señor, han pasado casi dos siglos desde que aprendió a ocultarse de mi visión.
Odin ya lo sabía, aún así la decepción que siente es real.
—Gracias.
—¿Qué hará ahora?
—Reinar, resanar y esperar.
Heimdall se abstiene de recordarle lo que le dijo cuando llevó al pequeño jotun, no es el momento pero él no ha dejado de recordarlo desde que Thor fue enviado a Midgard. Ve al viejo rey alejarse y vuelve la vista al infinito, sabe que es inútil pero trata de localizar a Loki, no lo logra, claro y se pregunta qué es lo que traerá consigo cuando regrese, porque sabe que lo hará.
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—Hay que reevaluar la ruta de traslado de víveres.
—¿De nuevo?
—Las lluvias arruinaron el camino de nuevo, tendrá que ser por las montañas, no hay otro medio, a menos que envíen la ayuda que prometieron.
—No van a enviar nada, o si lo hacen no pienso depender de las migajas que nos lancen y esperar que se los agradezcamos, será por las montañas.
—¿Y no has pensado en abrir un camino por este bosque? —dice alguien más— si mal no recuerdo hay posibilidades de abrir una ruta.
Los dos elfos oscuros se giran hacia el intruso, Algrim ha sacado su hacha, Malekith le detiene con una mano y saluda al otro con una sonrisa. Su castillo está protegido con multitud de guardas diseñadas para evitar la aparición inesperada de visitantes indeseados, pero se recuerda que este visitante aprendió todas esas guardas de él (e incluso le enseñó algunas), además no es del todo indeseado.
—Ha pasado mucho tiempo, Loki —le saluda.
—De pronto tengo mucho tiempo libre, tenía curiosidad por saber qué estabas haciendo. Veo que han estado muy ocupados.
Malekith asiente y ve el mapa animado que Loki también observa.
—Algunos preparativos.
—¿Preparativos, para qué?
—¡Ah! —sonríe el elfo— no puedo contar secretos tácticos a un príncipe de Asgard.
—No de Asgard —le escucha musitar, es claro que no pretende decírselo en voz alta.
Así que finalmente ocurrió, se dice, el secreto del origen ha salido a la luz, ha esperado por este momento durante mucho tiempo, tal como imaginó, Loki lo buscaría. Orgulloso, terco, sentimental y rebelde como es, el muchacho querría alejarse de Asgard, y por lo que sabe, a pesar de que tiene conocidos en los nueve reinos y más allá, son muy pocos los que no están conectados directamente a Odin y Asgard.
—No importa, mientras no piense atacar al Reino Dorado no te incumbe, ¿cierto?
—Aún lo hicieras, no me interesa.
No por ahora, comenta Malekith en su cabeza.
—No te preocupes, estos preparativos son para algo más grande.
Parece que eso ha atraído la atención del príncipe.
—¿Algo más grande que Asgard? algo más allá de los nueve reinos, ¿has hallado un modo de emular el poder del Bifröst sin hacer uso de las sendas?
Malekith se debate si debe decirle, puede ser un aliado interesante para su nueva empresa, pero el muchacho se ha ganado a pulso sus sobrenombres, y hace mucho aprendió que no puede confiar del todo en él. Aún así, la nostalgia de su convivencia tantos años atrás le hace decidirse.
—Hay un aliado que he decidido apoyar, es alguien peculiar, apuesto que te resultará interesante. ¿Por qué no te quedas?
Loki deja su lugar junto al mapa y pasa delante de ellos para tomar asiento plácidamente en los mullidos colchones de la estancia de Malekith.
—No se oye mal, pensaba quedarme un tiempo de cualquier modo.
Irreverente, irritante y endemoniadamente incitante, eso es el hechicero jotun para el líder de los elfos oscuros.
—Hecho está.
Loki le da una sonrisa desvergonzada al momento que se sirve del vino vanir que resguarda y levanta su copa.
Escucha a Algrim gruñir irritado, sin duda no le agrada la perspectiva de tener a Loki cerca como no le agradó la última vez, pero Malekith sabe mejor, no estaba equivocado cuando vio ese gran potencial en su visita en el palacio de Laufey tantos siglos atrás, el muchacho es ahora muy poderoso pero le falta más por lograr, y si lo mantiene a su lado quizá pueda manipularlo a su favor esta vez, además será un buen apoyo para su causa con Thanos.
:)
Esta historia está terminada pero hay una continuación que publicaré en el apartado de Avengers, bajo el título de " Sögumaður". Gracias por leer
