¡Aaaaahhhhh! ¡Estoy quemando todas mis cartas en este capítulo! ¡Pero no indagaré al respecto! ¡Contestaré reviews y así nos vamos! ¡Es una orden el que lo disfruten!
TsukihimePrincess: Aw, pobre Rea, a mí sí me cae bien, pero necesito malos para las temporadas, y aquí no va a ser primero Ares, después Poseidón y luego Hades, aquí los malos son los titanes de inicio a fin. Lo de Marín es algo que aún estoy meditando, no la odio, pero no sé si vaya a dejarla con Aioria, ya sabes cómo me gusta inventarme parejas de la nada, normalmente con buenos resultados, pero en estos momentos estoy en fase de exploración. A lo mejor lo sujeto a votación como el Peje, jajaja. Ahora que lo pienso, tengo que darle más protagonismo a Aioros y a los gemelos Hypnos y Tanathos, ya veré qué se me ocurre con ellos. ¿Matar a Sigmund? Pero si Sigmund es parte de la subsaga, jajaja. Y estorbar es el trabajo de algunos personajes, como en este capítulo, jajaja. De Mephisto y Erda te lo sigo debiendo, hoy me concentraré en más parejas crack. Y lo de Rea se resuelve al final de temporada, tú tranquila y yo nervioso.
jazsmith: Si el capítulo anterior te dejó impactada, tengo mis esperanzas puestas en este, espero sea del agrado general. Con respecto a Saori, Rea está muy decidida, ella quiere a Saori, pero es una avara que quiere su herencia. La cita de Mephisto te la debo, en este capítulo le dedicamos tiempo a una criada que no ha tenido mucho protagonismo sentimental. El plan es que haya capítulo navideño, pero es un suño guajiro de momento, aún tengo mucho que escribir.
dafguerrero: Ya vi que se cortó tu review, jajaja. Veré si puedo contestar lo que escribiste por PM igual. Tranquila con los problemas de salud, Daf, lo mejor que puedes hacer es estar tranquila y actuar con determinación, una enfermedad no va a vencerte, sé fuerte. Te lo digo yo que vencí al cáncer. Pero no hablemos de eso, escribí este capítulo de la forma que lo escribí para animarte, así que anímese, ¿ok? Sobre Mephisto y Erda, entiendo lo que dices, pero me gustan las parejas crack, así que mi voto es para Erda. Saori sí es celosa, solo basta que leas este capítulo. Jajaja, pobre Aioria, fuiste muy duro con él, pero todo es culpa de Aioros, si Aioria es así es por su hermano. Ya veré como se arregla, o no se arregla, la relación de Marín y Aioria. Sobre Camus e Hilda, oye no se la podía dejar fácil a Camus, que sufra también el cubito de hielo. Y Siegfried es malhumorado por naturaleza, no lo defiendas. Cejamanthys de poco en poco irá teniendo más protagonismo también. Yo la verdad sí sentí el capítulo anterior flojo, pero me alegra saber que no lo fue tanto. En fin, disfruta este, y quiero mi review tipo biblia, jajaja.
BlackDaimonia: No sé cómo se ríen las focas retrasadas, pero se me figuró a la foca de buscando a Dory, jajajajaja. No sé si tenga o no talento, pero lo intento, y que bien que se resolvieron tus dudas, si tienes más trataré de responderlas. No sé si todo resulta o no divertido, pero de que cada personaje tiene sus problemas pues lo tienen. Sobre el cabello de Saori, lo tiene largo desde la cita que tuvo con Milo el día de su cumpleaños 13. Se me olvidó el examen de los dorados… amm… aprobaron, jajaja.
Postdata: Mañana reviso la ortografía, tengo flojera y quiero jugar videojuegos. Los estoy viendo Leyendas de Zelda Ocarina, Majoras, Twilight, Skyward y Wild, a ti no Wind Waker, tu vete a la esquina a recapacitar el por qué eres tan frustrante y odioso.
Saint Seiya: Academia Sanctuary.
Segunda Temporada.
Capítulo 9: La Melancolía de Saori.
Academia Sanctuary. Ala de Oro, Aula 8-B. 16 de Agosto de 1986.
—¡Aaaaaaaaaahhhhhhhhhh! —por todos los pasillos del ala de oro, resonó el grito de Saori, quien salía corriendo del Aula 8-B con el rostro enteramente pálido y tomándose el pecho. Acababan de darle un susto de muerte. Tras de ella llegaban June y Shunrei, aunque sus amigas parecían estar mucho menos afectadas, ya que Shunrei lloraba abrazada del pecho de Shiryu, y June, aunque perturbada, iba acompañada de un Ikki que le daba cierta seguridad y que salía del aula 8-B sin problema alguno. Tras ver aquello, Saori no pudo evitar sentirse deprimida.
—La casa del horror del 8-B de este año… acaba de sobrepasar mis expectativas —enunció June, tomando a Ikki de los brazos y básicamente obligándolo a abrazarla—. ¿Cómo no puedes mostrarte afectado por todo lo que vimos? Ni siquiera pudimos terminar el recorrido —aseguró June tras percatarse de que Ikki se encontraba mayormente inafectado por la casa del horror.
—Son solo los idiotas de octavo disfrazados de espíritus y monstruos, ¿qué habría que temer de una ilusión? —fue la respuesta arrogante de Ikki, que molestó a June, quien infló sus mejillas por mostrarse débil ante Ikki—. Te sujetaré la mano si quieres terminar el recorrido… —agregó Ikki con cierta molestia.
—¿De verdad? —se alegró June, sonriendo para Ikki, y tomándole de la mano antes de intentar entrar nuevamente en la casa del horror—. ¿No quieren acompañarnos? Saori, ¿no quieres ver el disfraz de Milo? —preguntó June de forma inocente.
—Ya vi el disfraz de Milo en la mansión… y si él me asusta, lo despido —le tembló la ceja a Saori, por lo que June decidió entrar por sí misma a disfrutar del resto de la casa del horror—. No es como que pueda abrazarme de Milo si me asusta de todas formas… entrar allí nuevamente sería masoquismo, ¿verdad, Shunrei? —preguntó Saori.
—¡Shiryyyyyuuuuu! —comenzó a llorar Shunrei en ese momento, al parecer se había esforzado por no llorar frente a June, pero no pudo soportarlo más una vez que June se fue—. Tenía mucho miedo, Shiryu. Todos estaban llenos de sangre y de entrañas —continuó temblando, y Shiryu la abrazó de forma sobreprotectora.
—Tranquila, Shunrei, es solo el maquillaje de Afrodita y un poco de ayuda de efectos especiales de Mephisto —le explicaba Shiryu, sabiendo de antemano que los exestudiantes de nivel dorado habían venido a ayudar a los del 8-B solo por diversión—. Además, puede que Ikki sea algo duro con sus palabras, pero tiene razón. Solo son los del 8-B con disfraces —le explicó Shiryu, abrazándola afectivamente, y molestando a Saori nuevamente, quien no podía evitar sentirse celosa porque June y Shunrei pudiesen compartir el festival escolar con sus respectivos novios.
—¡Aaaaahhhhh! —escucharon todos, y una aterrada Pandora salió de la casa de horrores del 8-B, perseguida por Milo, quien no vestía camisa como parte de su atuendo de zombi con heridas grotescas llenas de entrañas falsas e infectadas llenas de pus, incluso tenía una costilla falsa sobresaliéndole del abdomen, por lo que una aterrada Pandora se ocultó detras de Saori buscando su protección, aunque Saori estaba igualmente aterrada—. ¡Controla a tu mayordomo! —le gritaba Pandora a Saori.
—Oye Milo, salirse de la casa del horror no es parte del espectáculo —salió Aioria de la casa de espantos, disfrazado como un hombre de cabeza cercenada que caminaba con su propia cabeza, que estaba arreglada para dejarle ver un cerebro falso expuesto, sobre un plato de plata, y con un maniquí falso haciéndole el torso más alto—. Estás arruinando la atracción —espetó Aioria, y tanto Pandora como Saori se estremecieron de miedo y se abrazaron, Shunrei simplemente enterró la cara en el pecho de Shiryu.
—Yo también quería asustar a Pandora —agregó Camus, saliendo disfrazado de un guerrero vikingo cubierto de sangre y con la espalda abierta con unos pulmones falsos pegados, aunque se veían bastante reales—. Le tomó muchos vómitos e intentos a Afrodita el hacerme el águila de sangre, pero tú te llevas a los clientes antes de que lleguen a donde estoy yo —se fastidió Camus, y Milo sonrió, ligeramente apenado.
—¿Qué te digo? Me gusta el sufrimiento ajeno. Y perseguir a Pandora era muy tentador como para dejarlo pasar —aclaró Milo, aunque entonces se perturbó al encontrar a Saori a punto de desmayarse—. ¿Señorita? —preguntó Milo con curiosidad.
—¡No te acerques que te despido! —amenazó Saori, y Milo inmediatamente se retrajo y volvió a ingresar a la casa del horror—. Afrodita hace un trabajo muy bueno con el maquillaje… no podré dormir al ver a Milo en mucho tiempo… —se estremeció el corazón de Saori, y Pandora asintió en ese momento—. ¿Pandora? —se preguntó Saori, y Pandora rápidamente se repuso, algo apenada por abrazar a Saori.
—Estamos… en el mismo barco… —se apenó Pandora—. No tenía pareja con quien pasearme en el festival escolar… además, Shura está ayudando a los del 8-B también —se ruborizó ella, y Saori bajó la mirada, entristecida—. Ni que me interesara mucho de todas formas —agregó ella de forma arrogante, preocupando a Saori—. Además, Shun vino conmigo… oh no, ¡Shun! —se aterró Pandora, mientras veía a Hyoga saliendo de la casa del horror, con Shun en brazos y abrazándose de él, y con su verdadera pareja, Natassia, sonriendo por lo que estaba ocurriendo.
—Por favor… nadie diga nada sobre esto. Lo que pasa en el 8-B se queda en el 8-B —prosiguió Hyoga, entregándole a un aterrado Shun a Pandora, quien temblaba con su mente vagando por las horribles visiones del interior de la casa del horror—. El torneo galáctico ya va a empezar, Shiryu. Tenemos que suplir a Seiya —le recordó.
—Es verdad… se nos acabó el tiempo —enunció Shiryu, mirando su reloj—. Lo lamento, Shunrei, Saori, pero nuestro descanso del club de karate terminó. ¿Pueden seguir sin nosotros? —le preguntó Shiryu a Shunrei.
—¿Puedo ver el combate del club de Karate? —le preguntó Shunrei a Saori, algo apenada al respecto. Saori hizo una mueca, pero sabiendo que Shunrei definitivamente quería continuar disfrutando del festival con Shiryu, asintió.
—No te preocupes, Shunrei. Esperaré a que June e Ikki salgan de la casa del horror y seguiré al 9-A —le explicó Saori, y Shunrei, alegre por la respuesta de Saori, la abrazó, antes de ir a donde Shiryu, abrazarse de él, y acompañarlo a él, a Hyoga y a Natassia, al patio, donde un hexágono había sido construido para albergar un supuesto torneo galáctico—. Tal vez debería ir a ayudar… técnicamente soy del club de karate… aunque solo fui un par de veces… —recordó.
—¡Aaaaahhhhh! —gritó June nuevamente, saliendo de la casa del horror, aterrada—. Ya no quiero, ya no quiero, ¿qué demonios era eso? —se perturbó June, abrazándose a sí misma, mientras un algo contrariado Ikki, hacía lo posible por que no se le notara que también se sorprendió—. Caminaba en 4 patas… con el torso dislocado y la mandíbula abriéndose de una forma horrible… —se estremeció June.
—Era… solo el traje del maestro Thanatos… nada de qué preocuparse… —intentó decir Ikki, quien entonces sintió una mirada penetrante, y se viró para ver a Thanatos, asomando la cabeza con la mandíbula dislocada y rostro cubierto de sangre, por las cortinas—. Me… mejor vayamos a otra atracción… —fingió que tocía Ikki, ignorando la situación, y encontrando a su hermano hecho un paño de lágrimas—. ¿Metiste a Shun a ese lugar? —recriminó Ikki a Pandora.
—¡Tenía curiosidad! —recriminó Pandora, y la batalla entre los Heinsteins comenzó, con June preocupada por intentar mantener a su amiga y a su prometido en buenos términos, mientras a su vez intentaba tranquilizar a un más que perturbado Shun.
—Ikki, ya cálmate por favor… creo que es más importante llevar a Shun a descansar a la enfermería —le sugirió June, y un muy molesto Ikki, que ya empujaba frentes con Pandora, se fastidió, se dio la vuelta, y cargó a Shun, llevándoselo a la enfermería—. ¿Podemos, Saori? —preguntó June apenada, y por el rubor de su rostro, era más que evidente que una vez que dejaran a Shun en la enfermería, June planeaba disfrutar un momento con Ikki a solas.
—¿Ya hacen ese tipo de cosas? Qué envidia… —se dijo a sí misma Saori, y tanto June como Ikki reaccionaron sonrojándose al extremo. Afortunadamente para ambos, sin embargo, Shun estaba tan perturbado que no logró captar lo que decían—. Estaré bien… no se preocupen por mí… —se forzó a sí misma Saori a sonreír—. Ustedes vayan y hagan sus… cosas… —finalizó apenada.
—Gracias… supongo… —continuó June en suma vergüenza—. Pero no deberías decirlo de una forma tan sucia, Saori. ¿Qué pasa si la gente malinterpreta? —le tembló una ceja a June, quien miró a Ikki en señal de preocupación—. ¿Verdad, Ikki? —preguntó ella.
—Eres demasiado obvia —fue la respuesta de Ikki, quien le dio poca importancia y se retiró con Shun a la enfermería, dejando atrás a una muy nerviosa June, quien decidió no decir más, y salir detrás de Ikki.
—Sí sabes que Ikki es demasiado respetuoso para hacer eso sin esperar a que June tenga la mayoría de edad, ¿verdad? —le mencionó Pandora, y Saori asintió—. Vaya, no sabía que tuvieras ese lado tan malvado tuyo. June no verá a Ikki de la misma manera en mucho tiempo, después de todo, se acaba de evidenciar como una pequeña pervertida —se burló Pandora.
—Tan solo estaba molesta… supongo que me comporte de una forma grosera… —comentó Saori, cruzándose de brazos, y recargándolos en la ventana, viendo por fuera a todos los estudiantes de la academia divirtiéndose—. Tenía esperanzas de que June estuviera tan consternada por avergonzarla, que le pediría a Ikki que fuera solo a cuidar de Shun. Pero en retrospectiva… me estoy comportando como una chiquilla egoísta… —aclaró Saori, y Pandora pensó un poco al respecto.
—¿Sigues molesta porque Milo no es atenta contigo por la auditoría? —preguntó Pandora, y Saori infló sus mejillas en señal de molestia—. No puede evitarse. Tu abuela se la ha pasado escondiéndose en cada rincón esperando el momento propicio. Por más que quieras no puedes disfrutar del festival escolar con Milo —aclaró Pandora, y en ese momento Saori estalló en ira.
—¿Y cuándo se supone que voy a comenzar a disfrutar? —le gritó Saori, sorprendiendo a Pandora, y a todos los que estaban en el pasillo del ala dorada—. No espero que lo entiendas… —prosiguió Saori, mirando con molestia el cómo todos a su alrededor parecían ser más alegres que ella—. Comprendo el sacrificio que hacen todos, pero… me molesta… —prosiguió.
—Se llaman hormonas… —se burló Pandora, y Saori se molestó—. Bienvenida a la última etapa de la pubertad, ya pronto serás adolecente —continuó burlándose, molestando a Saori aún más, y forzándola a encarar a Pandora—. Deberías estar agradecida, solo 5 años más, y serás una adulta… —le recordó Pandora, lo que no hacía feliz a Saori—. Solo trata de no comprometerte hasta entonces, y tal vez, solo tal vez, tengas una oportunidad —finalizó, y dejó a Saori viéndola partir.
—¿Se supone que eso me haga sentirme mejor? —se fastidió Saori, se dio la vuelta, y nuevamente comenzó a ver por fuera de la ventana—. No me parece justo… —insistió Saori, mirado al patio donde Shunrei se sentaba en las afueras del cuadrilátero para ver a Shiryu combatir en el supuesto torneo galáctico, y a June salir al patio también y tirar de la mano de Ikki a continuar con su cita—. Es molesto… —continuó ella, y entonces vio a Seiya ser lanzado del cuadrilátero, y sobarse las adoloridas posaderas, causándole a Saori una risa traicionera, misma que Seiya escuchó, y le dirigió la mirada apenada a Saori, antes de volver al cuadrilátero a intentarlo nuevamente—. Me pregunto, ¿cómo sería tener una relación normal? —meditó al respecto, y suspiró en su depresión.
Academia Sanctuary. 29 Agosto de 1986.
—Saori no se ve muy animada últimamente. ¿No lo crees, Shunrei? —le preguntó June a Shunrei, mientras veía a Saori rodeada de un aura oscura y mirando a su plato de comida española-oriental, que Shura le había preparado. Después de todo, parte de los motivos que tenían a Saori tan molesta era el que Milo no la atendía directamente y le dejaba todo a Shura.
Pero no era únicamente por la auditoría. Los Caballeros Dorados de Saori que pertenecían a octavo, habían estado muy ocupados últimamente. Después de todo, debían terminar con el deber acumulado de un mes en el que habían estado construyendo la mansión Depranon, sin atender a sus necesidades laborales a con Saori. Por consiguiente, Saori terminaba siendo atendida por Shura en la escuela, y por sus criadas, Mephisto y Afrodita en la mansión. Aunque las criadas también habían terminado atendiendo al trabajo acumulado de sus respectivos estudios y actualmente hacían su tarea en la misma mesa que los mayordomos.
Milo continuaba actuando como jefe de mayordomos, y todas las necesidades de Saori, de Rea y de Cronos parecían estar bien cubiertas. Con la cantidad de servidumbre que tenían actualmente, podían darse esos lujos, pero Milo estaba ahora más concentrado en labores de papelería que por instrucción de Cronos debía hacer que en servirla a ella, aunque Saori sabía que era por la auditoría más que nada.
Todos estos cambios, fueran porque Cronos pretendía que Milo estuviese demasiado ocupado o no para que no fallara en su auditoría, terminaban molestando a Saori aún más, quien no disfrutaba en absoluto de sus días escolares actuales.
—Definitivamente su humor continúa ennegrecido —le respondió Shunrei, sorprendida de la melancolía de Saori, y del como su ceja parecía temblarle en señal de descontento y de molestia—. ¿Deberíamos hacer algo? Mii y las chicas han estado muy ocupadas. Y tiene mucho tiempo en que no estamos solas nosotras 3. Podríamos aprovechar la oportunidad para integrarnos un poco más con Saori —le recordó.
—Es verdad, y creo que tengo una idea que pondrá a Milo de vuelta en la jugada… —susurró June a Shunrei, y de pronto ambas estaban susurrándose la una a la otra, lo que llamó la atención de Saori, quien salió de su trance para sentirse traicionada por sus amigas.
—Ya sé que ustedes 2 son mejores amigas y todo eso, pero… me siento como mal tercio… —aclaró Saori tras verlas en su conversación, y June y Shunrei pronto se apenaron y se separaron—. Siempre soy el mal tercio de todas formas… o el mal cuarto si invitan a Hyoga… es deprimente… —agregó Saori con molestia.
—Eso es porque Saori no quiere salir en citas con nosotras —se burló June, y Saori se molestó al respecto—. Acéptalo Saori. No podemos salir contigo cómodamente en un fin de semana de cita, porque Saori tiene prohibido salir con cierto mayordomo —agregó en tono de burla.
—Oh, lo siento. Pensé que June querría privacidad para hacer cosas sucias con Ikki —respondió Saori a la afrenta de June, apenando a la rubia en gran medida. Pero Saori estaba tan de mal humor que no le interesó ser ruda con June, quien se excusaba en todo momento.
—Ya te dije que no es como tú crees… —intentó defenderse June torpemente, pero por el aumento en la temperatura de la mesa compartida, Saori supo que, si bien no habían llegado a esos extremos, uno de los 2 estaba siendo exigente al respecto, y aparentemente era June—. Ikki es muy respetuoso para llegar a esas instancias, y no es como que esté desesperada por ese tipo de afecciones —agregó ella.
—Nadie dijo que lo estuvieras… —agregó Saori sombríamente, y June se espantó aún más—. Así que esta es la famosa fogosidad de los Aries… ya me va quedando más claro porque Shun no pudo aceptar los acercamientos de June —concluyó Saori.
—¡Saori! —se impresionó Shunrei, mientras June le daba vueltas al asunto en su cabeza—. El que estés molesta no es para que te desquites con June. Discúlpate por favor —suplicó Shunrei a manera de plegaria, apenando a Saori por su comportamiento.
—Sí… tienes razón… —aceptó Saori—. Perdona… June… —agregó con sus ojos a punto de estallar en lágrimas, pero haciendo todo lo posible por tolerarlo—. No debí meterme en tu vida personal para intentar escapar de mis propios problemas… eso no hacen los amigos… lo lamento… debo parecer una persona horrible —se apenó ella.
—El pensamiento pasó por mi mente momentáneamente… —aceptó June—. Pero, igual yo empecé… —se disculpó June—. Pero para futuras referencias, Ikki y yo no tenemos ese tipo de relación, es vergonzoso con Pandora molestándome sobre ese tema todo el tiempo, y Shun siempre aparece en los momentos más inoportunos, a veces siento que lo hace a propósito —meditó al respecto, y Saori la miró con incredulidad y sorpresa—. Está bien, lo admito, yo soy un tanto más fogosa, pero de verdad no ha pasado nada. ¡Si tanto te interesa ese tema en cuanto pase serás la primera en saber! —se molestó June.
—Definitivamente no necesito saberlo —fue la respuesta de Saori, quien, apenada, decidió dejar el tema y concentrarse en su comida. June, tras sentirse ofendida, tampoco quiso seguir con la conversación, ni con el plan que había trazado con Shunrei, quien notando que ambas estaban molestas, tuvo que reactivar la conversación ella misma.
—Esta… estábamos pensando, Saori… —intentó decir Shunrei, y Saori medio le puso atención—. Si lo pensamos detenidamente… solo June e Ikki son novios… pero, yo suelo salir con June e Ikki acompañada de Shiryu… después de todo… Shiryu y yo no somos novios… pero… salimos con ellos como amigos… —le recordó.
—Lo que, a estas alturas, ¿no es un poco ridículo? —se dijo a sí misma Saori, y de pronto notó los ojos llorosos de Shunrei, quien se sintió ofendida por el comentario—. ¡Lo lamento! ¡Lo lamento! ¡No era mi intención! —se preocupó Saori.
—Ya, ya, entendemos que estás frustrada —calmó las aguas June, comprendiendo que la atmosfera de la mesa no era la correcta—. Podemos salir todas juntas, como un grupo de amigos. Yo iré con Ikki, Shunrei con Shiryu, y claro que Shiryu invitará a Hyoga y él llevará a Natassia. Si invito a Pandora ella de seguro que lleva a Shun, y si Saori consigue a un amigo, podemos salir todas juntas —aclaró June.
—¿Un amigo? —preguntó Saori—. Sé que no soy exactamente muy diestra en la vida social fuera de la aristocracia, pero… ¿por qué tengo que ir acompañada de un amigo varón? —preguntó Saori, y tanto June como Shunrei hicieron una mueca de preocupación.
—Es muy sencillo en realidad… —meditó June al respecto, aunque nada se le ocurría—. Es para… es para… ¡preparar el ambiente perfecto! —agregó teniendo ya una idea, pero ni Saori ni Shunrei lo comprendieron—. Si todos salimos en pareja, y realizamos actividades de parejas, generaremos el ambiente propicio para que Shiryu se le confiese a Shunrei —aclaró June.
—¿Eeeeehhhhh? —se apenó Shunrei—. June, ¿cómo pasamos de ayudar a Saori a ponerme de excusa? —susurró Shunrei, pero tras ver a Saori, quien había perdido toda la melancolía en ese momento, supo que el plan de June estaba funcionando.
—¡Ayudar a Shunrei a que Shiryu se le confiese me parece una excelente idea! ¡Cuenten conmigo! —reaccionó Saori con alegría, incluso tomándole las manos a Shunrei, indicando que podía contar con ella. Saori, después de todo, disfrutaba siendo de utilidad para los demás, y pensaba que al acceder a este plan le estaba haciendo un favor a Shunrei—. Pero… —recordó Saori, y el aura de melancolía regresó—. No puedo pedirle a Milo que me acompañe… se vería mal ante la auditoría… y la sociedad no lo aceptaría… ¿qué debo hacer? Quiero ayudar a Shunrei… pero no puedo llevar a Milo como pareja… además él ha sido muy cortante últimamente… ¿qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? —se preguntó, y June se fastidió.
—¡Lleva a alguien más! —le espetó, despertando a Saori de su trance—. Por todos los… —agregó con molestia, pero se tranquilizó—. Si llevas a alguien más… puedes distraerte de todas tus preocupaciones, al mismo tiempo que nos ayudas a emparejar a Shunrei con Shiryu —le recomendó, y Saori se ruborizó.
—¿Llevar a alguien más? Pero eso sería… como declarar que alguien me interesa como prospecto amoroso… —se apenó Saori, ruborizándose como no había hecho en mucho tiempo—. ¿Qué pensaría Milo si yo hiciera eso? —se preguntó.
—Perdona, ¿acaso Milo es tu novio? —le preguntó June son picardía—. Porque si no lo es, no veo por qué a Milo deba molestarle —le recordó, aunque Saori se mostró inquietada ante lo que escuchaba—. Además… si reacciona y expresa su descontento, ¿no es eso bueno para Saori? Significaría, que tendría que comenzar a actuar, o arriesgarse a perder a Saori —aclaró ella.
—Eso… suena demasiado bajo… —se apenó Saori—. Se-sería como una declaración de guerra, y ustedes saben que me gusta Milo, pero… hay razones por las que no… esta lo social, y si no es lo social es la edad, y si no es la edad es la aristocracia… yo no podría… ¿qué pasa sí…? —se estremeció Saori, y June se fastidió.
—Muy bien, no quería tener que recurrir a esto, pero es momento de una intervención —se sentó June como una psicóloga, y Saori palideció—. Saori, es obvio que no estás viendo el panorama completo, y te empeñas en una realidad que puede ser que no sea la correcta —insistió June, y Saori no comprendió sus palabras—. Mírame a mí por ejemplo… tantos años intentando convencer a una persona de que aceptara mis sentimientos por él. Tiempo desperdiciado en el que pude haber disfrutado, en lugar de entregarme al horrible sentimiento del rechazo y de la desesperación —agregó con un aura sombría, que impresionó a Saori—. Yo misma… me cerré a las posibilidades. Y no fue hasta que Ikki me puso entre la espada y la pared que me atreví a tomar una decisión, no solo de noviazgo, una decisión de vida —le recordó mientras le enseñaba su anillo de compromiso—. No ha habido un solo momento… en que me haya arrepentido… y solo tengo 14 años —le recordó, y Saori meditó al respecto—. ¿Me casaré con Ikki? No lo sé, es un patán muchas veces… —se molestó nuevamente, y a la distancia, la magia ancestral hizo a Ikki estornudar en su mesa compartida con su hermano y sus amigos—. Pero es mi patán… y me hace muy feliz también… y no hubiera conocido esta felicidad si no me hubiera atrevido a dar un paso que jamás consideré. ¿Lo entiendes? ¿Por qué sufrir si puedes experimentar? Explora otras posibilidades. Si te ciclas en una sola idea puede que estés renunciando a mucho más, o… reafirmando lo que quiere realmente tu corazón —y Saori así lo hizo, se atrevió a pensar en las posibilidades—. Piénsalo, Saori. ¿Hay alguien además de Milo a quien quisieras conocer mejor? ¿O de verdad Milo es el único en quién piensas? Admito que no todos los casos tienen que ser como el mío, tu caso puede ser como el de Shurei —se burló.
—Es verdad que tengo a ambas posibilidades frente a mí… —concluyó Saori, mirando a June y a Shunrei—. June no se enfrascó en una sola posibilidad y encontró la felicidad con otra persona en la que no había pensado antes —observó Saori a June, recordando su conflicto entre Shun e Ikki—. Pero por otro lado… Shunrei está consciente de lo que quiere… y es feliz a su manera… esperando a que se concrete… —aceptó Saori también—. En cuanto a mí… sé lo que quiero… él sabe lo que quiero… y sé a cierto punto que él también lo quiere… pero… puede… que solo me esté torturando a mí misma. No estaría mal tener una reafirmación de mis sentimientos… —aceptó Saori en depresión.
—Si lo dices de esa forma suena como algo muy cruel el siquiera mencionarlo —se apenó June—. Pero es la verdad. Saori, necesitas esa reafirmación. Nadie te dice que abandones tus sentimientos por Milo, solo que los reafirmes o que explores otras posibilidades. Lo que me lleva a la siguiente pregunta: Si no fuera Milo. ¿Con quién Saori querría tener una cita? ¿Quién es el favorito de Saori después de Milo? Seguro alguien se te vino a la mente —sonrió June, mientras Saori se estremecía—. Ahora que lo tienes, ve y pídele que salga con nosotras —finalizó.
—¿Eh? ¿Ahora? —se sorprendió Saori mientras se ruborizaba—. Admito que alguien sí se me vino a la mente, pero… fue solo un pensamiento fugaz —aclaró ella en señal de molestia.
—Un flechazo fugaz por Milo es lo que te puso en esta posición —le recordó June, y Saori bajó la mirada en señal de derrota—. Si no es por ti, hazlo por Shunrei. Recuerda que es parte del plan para que Shiryu se le declare a Shunrei —agregó con entusiasmo.
—¡Sí! —se puso de pie Saori en señal de determinación, más por el deseo de ayudar a Shunrei que de explorar sus posibilidades—. Si lo pienso mucho… me acobardaré y no haré nada—. ¡Se lo pediré! —continuó con determinación, y para sorpresa de June y de Shurei, Saori se puso de pie, y comenzó a caminar en dirección a la mesa compartida de Ikki, Shun, Shiryu, Hyoga, Jabu y Seiya, colocándose detrás del ultimo, y llamando su atención al picarle el hombro un par de veces—. Seiya… —comenzó Saori, y de pronto se hizo un silencio tan sepulcral en la cafetería, que todos los presentes prestaron atención a Saori, quien se ruborizó al instante. En la mesa de los mayordomos, el silencio llamó la atención de Shaka, quien sacudió el hombro de Milo, hasta ese momento concentrado en sus deberes, pero que puso atención en ese momento—. Por favor ten una cita conmigo —finalmente lo dijo Saori, y el bolígrafo que Milo cargaba en su mano, estalló bajo la presión de la misma.
—¿Qué cosa ha dicho? —reaccionó Milo con violencia, lo que no pasó desapercibido por Saori, ni por nadie de hecho. June se alegró, su plan estaba funcionando, y Milo estaba tan conmocionado que no daba crédito de lo que pasaba a su alrededor—. ¡Ya veo! ¡Así que es eso! Si me disculpa… señorita… como su mayordomo me temo que tengo algunas recomendaciones que hacerle —agregó Milo sombríamente, sobresaltando a Saori, y a todos los presentes—. Si fuera tan amable de seguirme por favor… hemos de conversar sobre sus posibilidades en… privacidad… —sugirió, y una sumamente intimidada Saori, accedió.
Tejado de la Academia Sanctuary.
—¿Querías mi atención? ¡Ahora la tienes! ¡Canta, palomita! —agregó Milo con arrogancia, una tal que Saori no pensó escuchar jamás. Milo básicamente la había jaloneado hasta el tejado de la academia, sin importarle lo que pensaran los estudiantes, los nobles, la sociedad, ni la auditora, de quien se habían escabullido ya que Rea no alcanzó a reaccionar a tiempo para sacar su cámara—. ¿Seiya? ¿Me cambias por Seiya? Te creía de gustos más refinados, no tan repulsivos. No admitiré que un condenado descerebrado y bueno para nada como Seiya sea un prospecto para ti —se fastidió.
—¿Quiere decir eso que si fuera otra persona tú tan solo lo aceptarías? —se molestó Saori por lo que estaba escuchando—. Pienso que soy libre de elegir con quien quiero o no relacionarme, en vista de que tú te niegas a intentarlo siquiera —se fastidió.
—Ah, no me molesta que intentes relacionarte con otras personas… me molesta que consideres a alguien tan inferior a mí, es un insulto. ¿Cómo compararme con alguien tan patético como Seiya? —agregó Milo con arrogancia, y con varias venas saltadas en su frente—. Felicidades, ganaste el concurso del mal gusto —aplaudió en ese momento.
—Puedes ser demasiado sínico y desvergonzado a veces —le regresó la afrenta Saori, pero Milo tan solo se burlaba de sus palabras—. ¿Tienes miedo de que termine enamorada de Seiya y me olvide de ti? —preguntó ella, armándose de valor.
—¿De Seiya? ¿Es un chiste? Alguien tan patético no es siquiera competencia —aclaró Milo, alzando los hombros y bajándolos como si en efecto, Seiya fuera una preocupación menor—. Me preocuparía antes de que salieras con Shun de con el patético de Seiya. En todo caso yo solo hago las recomendaciones pertinentes. Si quieres salir con alguien más, asegúrate de que sea alguien que valga la pena, no un perdedor bueno para nada que solo sabe saltarse clases porque se cree demasiado bueno —sugirió.
—El que parece que se cree demasiado bueno es otro —lo miró Saori con desprecio—. Insinúas… Milo, que no te importa que salga con otras personas, porque piensas que eres demasiado bueno para que otros se ganen mi admiración. No conocía esta cara tuya, y tengo que decirte que no me agrada en absoluto —sentenció.
—Oh, que lastima, me siento tan conmocionado —agregó Milo con sarcasmo—. En todo caso, te invito a que lo intentes si quieres. Realmente, la única relación que existe entre nosotros, es la laboral, ¿no es así? —agregó Milo, lo que hirió profundamente a Saori—. No me preocupa Seiya, en absoluto. No puedes compararlo conmigo, que eso te quede bien claro —la miró con desprecio.
—Es obvio que estás celoso… muy obvio… —agregó Saori, con ojos llorosos—. Pero pese a que debería alegrarme de ver tus celos, y sentirme agradecida por los mismos, en estos momentos te lo diré sin rodeos —se armó de valor nuevamente, y encaró a Milo de forma desafiante—. Tienes toda la razón de sentir celos, porque Seiya podría convertirse en alguien más importante para mí, y ser socialmente aceptable —aseguró.
—Dicen que las personas hacen cosas desesperadas por sentirse amadas, pero… esto es caer muy bajo, Saori —le recordó, lo que molestó a Saori aún más—. Es libre de hacer lo que le parezca, señorita. Si Seiya es la persona indicada para usted, adelante, no necesita permiso de nadie. Claro, si cree que él vale la pena sobre de mí —agregó Milo.
—¿Y si así es, Milo? —preguntó ella, y Milo sonrió de forma arrogante—. ¿Solamente te quedarás de brazos cruzados? ¿No harás nada al respecto? ¿Tan poco valor tengo para ti? —preguntó de forma desesperada.
—Sigues atando cabos donde no debes… —le enunció con molestia—. Yo todo el tiempo estoy haciendo lo que puedo por ti, y por lograr que el mundo en el que quieres vivir sea una realidad. Pero si tanto quieres tirar ese esfuerzo a la basura, adelante, siéntete libre de hacerlo, no eres de mi propiedad, ¿o sí? Pero si esa es tu elección, más te vale decírmelo a la cara en cuanto lo sepas. Porque yo no me ando con juegos —la miró fijamente, y Saori no supo cómo responder a lo que estaba pasando—. Habiendo dicho todo esto, expresado mi opinión, y hecho mis recomendaciones. Le informo que comprendo que he faltado a mis responsabilidades laborales, y estoy dispuesto a recibir el castigo que considere pertinente, señorita. Le informo también que es la última vez que hablo del tema, si quiere salir con Seiya, no se detengas por mí. Ni me preocupa en absoluto, solo me molesta lo poco que parece agradecer mis esfuerzos… —finalizó, se acomodó el saco, y comenzó a retirarse.
—¿Ahora yo tengo la culpa? —se fastidió Saori, mientras miraba a Milo retirarse—. Tal parece que debí haber explorado esta posibilidad desde hace tiempo, ya que me ha hecho ver una cara tuya que no pensé que jamás me dirigirías. Tu desprecio… fue bien captado… pero reitero mi posición de hacer lo que a mí me plazca —aseguró.
—Nadie ha dicho lo contrario —le respondió Milo—. Si me necesita, sabe dónde y cómo encontrarme —finalizó Milo, y dejó a Saori en el tejado, mientras ella lloraba de impotencia y decepción, al darse cuenta de que Milo aparentemente no pretendía luchar por ella, y que le daba igual si salía con Seiya o no. Él tan solo, se había molestado por que fuera alguien tan insignificante para comparársele según criterios de Milo.
Mansión Depranon. 31 de Agosto de 1986.
—Déjame ver si entiendo… —agregó Aioria con incredulidad, mientras el grupo de mayordomos, en los cuales se incluían a los profesores, dialogaban en la biblioteca de la mansión Depranon, misma que usaban como sala de juntas desde que terminaron con las remodelaciones de la mansión, por su posición estratégica en el centro de la misma—. ¿Saori y Milo han estado actuando de forma cortante y arrogante contra ellos mismos, porque Saori tiene una cita con Seiya hoy? —preguntó Aioria a Camus, mientras todos viraban a ver a Milo, quien trabajaba en una mesa sin importarle nada de lo que pasaba a su alrededor—. ¿Y Milo simplemente va a permitirlo? —preguntó.
—No solo Milo va a permitirlo… —le respondía Camus, quien, como el mayordomo de planta, era quien daba las órdenes siempre que Milo se ocupaba con la papelería que le encargaba Cronos—. Saori está tan molesta que prohibió rotundamente que ningún mayordomo ni criada la acompañaran a la cita —aclaró, lo que preocupó al grupo aún más—. En realidad, no es que no comprenda la postura de Milo… ni su desprecio a Seiya, el cual comparto… pero, definitivamente no podemos dejar a Saori desatendida —aseguró.
—Ella quiere estar sola, bien por mí, tenemos suficiente trabajo del cual encargarnos como para preocuparnos por actuar como niñeras —fue la frívola respuesta de Milo, a quien todos miraron con incredulidad—. Todo debe estar listo para mañana, no hay tiempo que perder, y mientras más manos, mejor —aseguró.
—Todo va a estar listo a tiempo, despreocúpate —le respondió Mu, mientras se rascaba la cabeza en descontento—. Si esto es por la saorización masiva, y tu interés en ser reciproco con nosotros… no tienes por qué hacerlo —aseguró Mu.
—Milo no está totalmente tranquilo con la situación, solo basta escuchar su ritmo cardiaco —aseguró Shaka, quien por su oído sabía que Milo estaba furioso—. Medita un poco, despréndete de esa ira acumulada —sugirió Shaka.
—No es ira acumulada… —se fastidió Milo, pero soltó aire en señal de molestia—. Escuchen… lo que yo quiera no es importante… tenemos un deber, y hasta pasar la auditoría, que Saori juegue a la niña necesitada de amor si así lo quiere, y si me sale perjudicial, que así sea, me ahorraría muchas molestias —aseguró.
—Tú no crees eso realmente, ¿verdad? —preguntó Aldebarán, y la ceja de Milo tembló en señal de descontento—. Todos lo entendemos, pero… pones triste a Saori, y eso nos entristece a nosotros —aseguró Aldebarán.
—Entiendan de una buena vez… —se molestó Milo—. Saori es libre de hacer lo que le plazca… y yo no tengo la posibilidad de refutar al respecto. Punto final —sentenció Milo, y todos asintieron, deprimidos—. Pero concuerdo en que Saori no puede ir sin supervisión a donde le plazca. Pero necesito a todo el personal que pueda trabajando en el evento de mañana, y si Rea se da cuenta de que uso los recursos de la mansión equivocadamente… podría ser un hallazgo de auditoría. Así que, ningún mayordomo seguirá a Saori. Solo dejaré que vaya una criada —aseguró, justo a tiempo para ver a las criadas llegar.
—¿Solo una criada? —preguntó Mii curiosa—. Comprendo lo que está haciendo, pero, como amiga le sugiero que recapacite en lo que está haciendo. ¿Y si Saori se termina alejando de usted? —preguntó en ese momento Mii.
—Eso me parece lo mejor —sentenció Katya, molestando a Mii—. No me malinterpreten, en el tiempo en que llevo trabajando como la jefa de criadas, he aprendido a tolerar muchas cosas. Pero es mejor para Saori olvidarse de su romanticismo ideológico —aseguró.
—Lo que nos debería de importar es nuestra señorita, no como se ve en sociedad —se fastidió Mii, pero Katya era la jefa de criadas, por lo que le fue sencillo silenciar a Mii—. Yo no trataba la opinión de las demás criadas con semejante indiferencia —aseguró.
—Y por eso, la jefa de criadas soy yo —le recordó, y miró al resto de sus criadas—. Kyoko… me parece que la mejor opción es que inteligencia de la mansión Depranon se encargue de las labores de espionaje. Te asegurarás de que todo salga bien —ordenó.
—¿Yo? —se apuntó Kyoko a sí misma, incrédula por la selección—. Pero… si algo sale mal no tendré a un mayordomo en quien apoyarme. Puede que sepa artes marciales, pero… no es mi fuerte —aseguró.
—No puedes ir sola —fue la respuesta de Dohko, sentado en un sillón junto a Aioros y a Saga, quienes eran los mayordomos que trabajaban solo los fines de semana—. Pero tampoco podemos desatender a las órdenes directas de Saori… que predicamento —aseguró Dohko.
—Aquí es donde Milo normalmente asigna a un mayordomo provisional… —recordó Aioros—. Pero todos nosotros debemos quedarnos y atender a las órdenes, si por lo menos uno falta, Rea sabrá que incumplimos las órdenes directas, y lo tomará como criterio de auditoría —aseguró.
—En otras palabras… —comentó Saga—. No podemos ir a auxiliar a Kyoko porque los 12 debemos quedarnos en la mansión obedeciendo las ordenes de Saori. Pero necesitamos que alguien acompañe a Kyoko, sin mencionar, que, si hay algún problema, Saori no tendría con quien acercarse. No podemos hacer una asignación tampoco porque nadie que conozcamos es de confianza para Saori —aseguró Saga.
—No… pero hay alguien que se me ocurre que puede serlo —interrumpió Shura, recargado en la pared, con una toalla donde recargaba su pie para no manchar la misma—. Los 12 necesitamos estar aquí, pero si algo pasa, Saori requiere de una cara conocida para buscar protección. Y hay una persona que, aunque no sea de confianza para Saori, tiene una cara conocida… —miró Shura a Saga, y de pronto todos lo comprendieron, y miraron a Saga también, quien se preocupó—. Además… sé de buena fuente que esa persona accederá, aunque no por los intereses de los Kido o de los Depranon —aseguró, y en ese momento, Kyoko se sonrojó.
Mansión Solo.
—¿Residencia Solo? —respondió Tethis el teléfono, mientras servía a Julián una taza de té—. ¿Qué cosa ha dicho? —se perturbó Tethis, y miró a Julián, quien le devolvió la mirada con curiosidad—. Sí… se lo diré al amo Solo… pero no prometo nada —aseguró, y colgó el teléfono—. Se comunicó conmigo un mayordomo de la mansión Depranon… Gemini Saga —le explicó, y Kanon, el mayordomo que servía a Julián, y quien hasta esos momentos montaba guardia como guardaespaldas junto a Sorrento, alzó una ceja en señal de curiosidad—. Por cuestiones que no quisieron explicarme, los 12 mayordomos de los Depranon están indispuestos para acompañar a la señorita Depranon a una cita que me aclararon, es con fines románticos —le explicó, y en respuesta, Julián escupió su té, aunque sus mayordomos rápidamente corrieron a su lado, limpiaron el piso, le limpiaron la boca, le sirvieron otro té, y regresaron a sus posiciones de espera dejando todo impecable.
—¿Qué intentas decir con eso? —se fastidió Julián—. Es verdad que no he intercedido a con Saori referente a nuestro compromiso, pero, ¿con quién pretende Saori salir con intenciones románticas? —preguntó.
—No veo por qué sea importante, pero… —prosiguió Tethis—. El señor Saga mencionó el nombre de Sainto Seiya —aclaró en señal de preocupación, mientas un muy molesto Julián se ponía de pie, furioso.
—¿Seiya? ¿Un sucio plebeyo insignificante? —prosiguió con su tenedor dorado en mano, con el que hasta esos momentos pretendía comerse una rebanada de pastel—. ¿Osas decirme que yo, Julián Solo, debo de preocuparme porque un inmundo plebeyo de mala vida conquiste el corazón de Saori? No me hagas reír… una insignificancia como Seiya, esa pequeña basura no tiene posibilidades, es un insulto siquiera considerarlo. Saori se acaba de ganar el premio al mal gusto si eso es cierto —aseguró.
—No creo que eso sea importante… señor Solo… —le recordó Tethis—. El mayordomo Saga, solicita apoyo de la familia Solo, más específicamente de su hermano Gemini Kanon, para suplirlo en mantener a la señorita Depranon a salvo de posibles… complicaciones —aseguró.
—¿Yo? —se apuntó Kanon—. ¿Y yo como por qué tengo algo que ver con las tonterías en las que se mete mi hermano? Lo que le pase a mi hermano no es de mi incumbencia —aseguró, más entonces notó que Julián le apuntaba con su tenedor dorado—. ¿Mi señor Julián? —se preocupó.
—Kanon… por este conducto yo te ordeno, reemplazar a tu hermano Saga en sus funciones —ordenó, lo que a Kanon le parecía ridículo—. Por el bien de mis empresas, Cargueros Poseidón, debo asegurar la alianza con Saori Depranon. Juntos seríamos una fuerza imbatible que dominaría el mundo comercial. Ve y asegúrate, de que esa pequeña peste llamada Seiya, comprenda su lugar en el mundo, y que Saori es completamente inalcanzable para una basura como él. ¿Seiya? ¿Enserio? ¿Seiya? Es una broma de muy mal gusto, tan solo considerarlo es repulsivo y molesto, no debería siquiera ser una molestia, ¿Seiya? ¡Ja! ¡Tal parece que debo recordarle a Saori que hay hombres verdaderos que la tienen en mente! —se dijo a sí mismo Julián, mirando por fuera de la ventana, y al océano furioso de la noche—. Si ese ser repulsivo la toca con sus sucias manos indignas… lo encerraré en Cabo Sounión —aseguró—. Ahora ve, Kanon… has la voluntad de Cargueros Poseidón —ordenó.
—¿De Cargueros Poseidón o de Julián Solo? —se fastidió Kanon, pero asintió, y salió a cumplir con sus órdenes—. ¿Cómo es que Saga siempre logra involucrarme en este tipo de tonterías? —agregó en una rabieta.
Mansión Depranon.
—¿Diga? —salió Camus a recibir al grupo que llegaba a las puertas de la mansión, encontrando a June, Shunrei, Pandora y Natassia, vestidas para una noche de fiesta, con sus respectivas parejas, Ikki, Shiryu, Shun, Hyoga, y un Seiya que venía a recoger a su pareja, todos vestidos con ropa de lo más común—. Comprendo, la señorita Depranon llegará en breve —aseguró Camus, invitando al grupo a pasar.
—Esta mansión es mucho más grande que la primera vez que vinimos —se sorprendió June, y el grupo que la acompañaba estaba igualmente maravillado—. Cambiando el tema un poco, Camus. ¿Sabe Saori sobre lo de…? —intentó decir.
—No sabe nada… —pero fue Milo quien respondió, bajando las escaleras que daban a la recepción de la mansión—. Y así va a seguir. Está tan molesta conmigo que la idea ni le ha pasado por la cabeza, y presiento que eres la responsable —agregó Milo, preocupando a June, pero Milo pronto le dirigió la atención a Seiya—. Así que, ¿eres la pareja de Saori? —se fastidió Milo, y Seiya lo miró con descontento, aunque de pronto se sintió paralizado por la mirada maligna y restrictiva que Milo le dirigía—. Te lo advierto… Seiya… que si te propasas de cualquier manera… sabrás otra de las muchas razones por las que me llamaban escorpión… —se burló Milo, mientras Seiya no podía moverse por la impresión—. Solo diré que tiene que ver con una aguja al rojo vivo… y 15 perforaciones sumamente dolorosas… hasta ahora nadie ha podido soportar el dolor que les puedo causar… mientras les destruyo los nervios con mis técnicas de acupuntura —aseguró.
—¡Milo! —escuchó el jefe de mayordomos—. Hazme el favor de dejar de intimidar a mi cita de esta noche, me avergüenzas —aseguró Saori, quien bajaba en un vestido rojo, con zapatillas de tacón negras, una tiara con una rosa blanca, y solo el maquillaje suficiente—. Me disculpo por lo grosero que ha sido mi mayordomo —se disculpó.
—No tiene importancia —agregó Seiya, mirando a Milo con desprecio—. ¿Nos vamos, Saori? —le ofreció Seiya su brazo a Saori, y Saori, pese a estar más interesada en las reacciones de Milo, tras darse cuenta de que su mayordomo se mantenía tranquilo, tomó el brazo de Seiya, y dejó que Seiya la invitara a salir.
—Nos vamos entonces… —agregó Saori con desdén, intentando poner celoso a Milo, quien en su lugar se mantenía tranquilo, lo que la molestaba aún más, y por ello, Saori abrazó a Seiya aún más cerca de sí misma y salió de la mansión con la frente en alto.
—Bien, ya que las distracciones están fuera, podemos proseguir —agregó Milo con tranquilidad, lo que sorprendía a Camus—. ¿Qué hay con esa mirada tuya? —se preguntó Milo tras notar la preocupación de Camus.
—La chica que te gusta está fuera con otro chico en estos momentos, y tú pareces muy despreocupado al respecto —le enunció Camus, a lo que Milo respondió con una sonrisa arrogante—. ¿Tan seguro de ti mismo estás? —le preguntó.
—En primer lugar, sí, lo estoy —aseguró Milo, cruzándose de brazos—. En segundo lugar, los intentos de Saori por ponerme celoso solo reiteran sus sentimientos hacia mí, y para alguien con mi ego, eso es bastante gratificante —le aseguró, lo que Camus no comprendía—. En tercer lugar, si ocurre cualquier cosa, entonces Saori no era merecedora de mí admiración. ¿Qué quieres? ¿Qué me ponga celoso y sufra por despecho? Conozco mi propia valía, y soy demasiado exigente. Que Saori haga lo que quiera, igual, ella se lo pierde si toma la decisión equivocada —aseguró con arrogancia.
—Y aun así planeas todas estas cosas para reiterar a Saori como de tu propiedad —dedujo Camus, ruborizando un poco a Milo, quien desvió la mirada sin querer admitir su debilidad—. Uno de estos días, las cosas no van a salir como las planeas, y espero que sepas aceptar las consecuencias. Pero mientras tanto, vamos a terminar con el plan —sugirió Camus, y comenzó a dar órdenes a lo largo de la mansión.
Afuera de la mansión por otra parte, Saori inflaba sus mejillas en señal de molestia, incomodando a June y a Shunrei, quienes sabían que Saori deseaba poner celoso a Milo y que simplemente no lo lograba. Tal era su deseo de poner celoso a Milo, que se había abrazado del brazo de Seiya con mucha fuerza, y actualmente lastimaba a Seiya.
—Saori, ¿podrías devolverme mi brazo por favor? —pidió Seiya nerviosamente, y para cuando Saori reaccionó, ya era el centro de las miradas picaras de todas las chicas en el grupo, por lo que se apenó y se separó de Seiya rápidamente—. Me sorprende que hayas accedido a salir con todos nosotros. La ocasión era tan insólita, que hasta Pandora vino —señaló Seiya.
—Solo porque June me lo pidió amablemente —se fastidió Pandora—. Además, ¿cómo planeaban moverse por toda la ciudad sin transporte? Ya que Saori les negó a sus mayordomos atenderla, le tengo que prestar a los míos. Radamanthys —llamó Pandora, y Radamanthys, su chofer, mayordomo, maestro y prometido, abrió la puerta para el grupo, invitándolos a todos a pasar—. A todo esto, ¿a dónde planeas llevar a un grupo tan amplio, June? —preguntó Pandora con curiosidad, y todos en el grupo compartían las mismas dudas—. Puedo hacerte sugerencias si las necesitas —sonrió de forma maligna.
—Creo que todos sabemos cómo terminan tus sugerencias, Pandora —se preocupó June, mientras Radamanthys la invitaba a subir a la limusina—. ¿No será que quieres tener a más fetichistas lamedores de pies tras de ti? —agregó con picardía.
—¿Lamedores de pies? —alzó sus inmensas cejas Radamanthys, y una perturbada Pandora empujó a June dentro, y los obligó a todos a subir tan rápido como le fue posible para interrumpir la conversación—. ¿Mi señora? —preguntó Radamanthys sombríamente.
—Hablaremos después, Radamanthys —enunció Pandora, apenada, y miró a June, quien se burlaba junto a Ikki de las vergüenzas de Pandora—. ¿A dónde vamos, June? —volvió a pedir con molestia.
—Avenida Kifisias… —agregó entre intentos de tragarse la risa—. Tomas el Cruce con Katechaki, pasas Neo Psychiko y Filothei, si llegas al estadio olímpico ya te pasaste —le explicó entre risas nuevamente, lo que molestaba a Radamanthys aún más—. Cuando veas las luces de carnaval, allí te detienes —le explicó.
—¿Carnaval? —preguntó Saori en señal de curiosidad, mientras Radamanthys cerraba violentamente la puerta, y pasaba al asiento de enfrente a conducir la limosina—. ¿Cómo los de Río de Janeiro en Brasil? —preguntó curiosa.
—¿Rio de qué? —preguntó June, desconociendo el qué o dónde estaba Rio de Janeiro. Pero tras la mención de Brasil, June supo que nuevamente, Saori no sabía absolutamente nada sobre lo que era un carnaval, o al menos no los carnavales que los menos acaudalados conocían—. Mejor te explico antes de que todo esto termine como el día en que esperabas a un mesero en la cafetería. Un carnaval, es una feria del pueblo, un lugar donde hay atracciones como juegos mecánicos, compras comida chatarra, y está lleno de luces y personas raras queriendo venderte tonterías —explicó a su manera, aunque Saori no lo comprendía muy bien—. Veamos… —se rascó la barbilla June—. ¿Has visto por la ventana mientras vas a alguno de los centros de convenciones una especie de llanta de bicicleta gigante? —preguntó.
—¿Llanta de bicicleta gigante? —se preocupó Pandora por la ridícula explicación de June—. ¿Acaso crees que Saori nació ayer? Por supuesto que sabe lo que es una rueda de la fortuna —aclaró Pandora.
—¿Eh? ¿Rueda de la fortuna? —parpadeó un par de veces Saori—. ¿Es alguna clase de lugar de hechicería? —agregó sin saber a lo que Pandora se refería, deprimiendo a Pandora, quien al parecer le había dado a Saori demasiado crédito.
—Solo la están confundiendo más de lo que deberían —interrumpió Seiya, recargándose en el asiento—. Solo dejen que Saori lo vea por sí misma. Aunque me cuesta creer que nunca hayas ido a un parque de diversiones antes —admitió.
—La verdad es que no —admitió Saori, recordando su vida previa a entrar a la Academia Sanctuary, una llena de reclusión, que la forzaba a ignorar incluso las cosas más sencillas—. Pero, puede que me haya cerrado mucho a experimentar cosas nuevas. Hoy vengo con la mente abierta a las posibilidades —aseguró con una sonrisa.
—¿Mente abierta a las posibilidades? —se preguntó Shunrei, descubriendo la forma en que Saori le sonreía a Seiya, y el cómo comenzaban a charlar como si fuesen amigos de toda la vida—. ¿Eh? ¿Podría ser que…? —se preocupó Shunrei, y tanto June como Pandora le dirigieron la mirada—. June… ¿qué pasa si tu plan termina de forma muy diferente a la que planeabas? —susurró Shunrei a June.
—¿De qué hablas? —preguntó June, y Shunrei apuntó con la mirada, por lo que June se percató de que al parecer había cierta química en el ambiente entre Seiya y Saori—. ¿No se supone que era una relación roja? —preguntó June.
—¿Qué diantres planean ustedes 2? —se fastidió Pandora, pero le dio poca importancia de todas formas, y miró fuera de la ventana—. Planear cosas… la mayor parte del tiempo termina empeorándolo todo… solo déjense llevar —aseguró, con una mirada de monotonía.
Área Metropolitana de Atenas. Luna Park de Aidonakia.
—¿Dónde estará? La señorita Saori no tarda en llegar —se quejó Kyoko, mirando su reloj, y esperando impaciente la llegada de Kanon. Estaba terriblemente agitada, lo que no era normal en ella, ya que normalmente era inclusive más tranquila y centrada que Mii. Sin embargo, la misión a la que había sido asignada, distaba mucho de ser de su agrado, y mermaba su autocontrol—. Me estoy poniendo muy nerviosa… —aseguró Kyoko.
—Una criada bien entrenada no debería de entregarse a su nerviosismo —escuchó Kyoko, y su corazón dio un vuelco, mientras Kanon, vistiendo una gabardina café y sombrero para ocultar su identidad, llegaba ante Kyoko—. Debes ser Kyoko —agregó Kanon.
—Profesor Kanon, que gusto —se apenó un poco Kyoko, pero rápidamente recuperó la compostura—. Le informaré… la señorita Saori no conoce mucho del mundo fuera de la mansión. Esta vendría siendo su primera experiencia en un parque de diversiones. Así que todo lo que ocurra podría ser muy complejo para ella, errores se esperan por todas partes —le aseguró.
—Sobreprotegen a esa niña —fue la queja de Kanon, quien realmente no deseaba actuar como niñero de Saori, mucho menos al saber que estaba haciéndole un favor a Saga. Pero había sido una orden directa de Julián, por lo que no se había podido negar—. Haya recibido una educación recluida o no, me niego a pensar que Saori sea tan cabeza hueca como para… —intentó decir, cuando de pronto Kyoko tiró del brazo de Kanon y lo forzó a ocultarse con ella detrás de unos puestos del parque de diversiones.
—¡En verdad es una rueda de bicicleta gigante! —exclamó Saori tras bajar de la limusina, y salir corriendo a admirar la rueda de la fortuna, siendo perseguida por los guardias de seguridad del lugar, quienes pensaban que Saori se estaba colando dentro del parque de diversiones sin pagar su entrada y exigían a la joven una explicación, aunque ella no sabía de qué le estaban hablando—. ¿A qué se refieren con que debo pagar por mirar? Si no es una galería de arte —se quejó Saori sonoramente.
—¿Está hablando enserio? —preguntó Kanon desde su escondite, contrariado, y Kyoko tan solo hizo una mueca de vergüenza por la actitud de su señorita, quien de verdad desconocía cómo funcionaba el mundo a su alrededor—. ¿Cómo puede ser esto posible? —preguntó.
—La señorita Saori tenía demasiados problemas legales, por lo que el señor Mitsumasa Kido intentó alejarla de ese mundo de demandas, custodias, herencias y matrimonios forzados, al someterla a una educación en reclusión —aclaró Kyoko, y Kanon la miró con incredulidad—. En realidad, solo es porque el señor Mitsumasa falleció el por qué a la señorita se le permitió ingresar a la Academia Sanctuary. Por eso le digo que debemos actuar con cautela. Una persona tan inocente como la señorita podía ser abordada por extraños a la menor distracción de su grupo de amigos —aseguró Kyoko, mientras veían a Saori queriendo correr en todas direcciones y disfrutar del parque, sin esperar a que June comprara los boletos.
—Alguien debería ponerle una correa —apuntó Kanon, mientras 2 guardias volvían a forzar a Saori a no adelantarse en la fila—. No puedo creer que esta sea la próxima miembro de la familia Solo. Terminaré atendiendo a esta demente a este ritmo —se quejó, y observó al grupo nuevamente.
—¡Deja de correr a todas partes por tu cuenta! —la reprendió June, y una apenada Saori se disculpó con una ligera reverencia—. Seiya, Saori no sabe cómo funciona el mundo de los pobres. Mantenla vigilada —le pidió June, cuando de pronto Shunrei tiró de su brazo—. ¿Ahora qué? —preguntó June.
—Quiero ir al baño, acompáñame —le pidió Shunrei, y June la acompañó tras notar su rostro repleto de pánico. Una vez estuvieron en privacidad, sin embargo, Shurei encaró a June directamente—. No podemos dejar a Saori sola con Seiya —aclaró Shunrei—. ¿No viste la forma en que se estaban mirando? ¿Qué pasa si Saori se termina enamorando de Seiya? —preguntó.
—Comprendo tu preocupación, Shunrei, pero si eso pasa, ¿cuál es el problema? —le preguntó June, a lo que Shunrei reaccionó con descontento—. Escucha, nadie sabe mejor que yo lo que es perseguir una relación inútil. No digo que la de Saori lo sea, la verdad me agrada Milo y todo eso, y él hace mucho por Saori pero, al menos, puedo respetar las decisiones de Saori. ¿Y si ocurre y Saori se enamora de Seiya? ¿No dejaría Saori de sufrir por la falta de compromiso de Milo de intentar tener una relación? —preguntó.
—Lo dices como si todo lo que hace Milo no fuera importante —intentó defender Shunrei—. ¿Sabes lo incomodo que sería si eso llegara a pasar? Milo es el mayordomo de Saori —insistió Shunrei, y June suspiró, intranquila.
—No es nuestra decisión —le espetó June, y Shunrei bajó la mirada—. Me agrada Milo, Shunrei, pero negarle a Saori la posibilidad de elegir, sería lo mismo que yo seguir enfrascada en perseguir a Shun teniendo ya a Ikki. Será lo que Saori decida, y como sus amigas, la apoyaremos. ¿Está bien? —preguntó June, y Shunrei asintió con tristeza—. Además, Saori piensa que viene a ayudarte a que Shiryu se te confiese. Estará tan enfrascada en su misión que no tendrá tiempo para interactuar lo suficiente con Seiya —le recordó, tranquilizando a Shunrei un poco, mientras caminaban de regreso a reunirse con los demás.
—Puede… puede que tengas razón… —se tranquilizó un poco Shunrei, y entonces sonrió para June—. Además, mientras Saori tenga bien en claro sus sentimientos, no tengo por qué preocuparme, ¿verdad? —preguntó ella, y June asintió, más en el momento en el que llegaron ante el grupo, descubrieron que ni Saori ni Seiya estaban con ellos—. ¿Dónde…? —se preocupó Shunrei, buscando a Saori por todas partes.
—¿A dónde fueron Saori y Seiya? —preguntó June con curiosidad, miró a Ikki, e Ikki inmediatamente miró en dirección a Pandora, dándole a June una idea de lo que había ocurrido, mientras Pandora evitaba contacto visual con cualquiera—. ¿Pandora? —se cruzó de brazos June.
—Oh, June, no te vi llegar —sonrió de forma picara Pandora—. No te preocupes, ya le expliqué a todos que el plan era dejar a Saori y a Seiya solos para que Seiya se le pudiera declarar a Saori —explicó Pandora.
—¿Qué Seiya pudiera…? —se perturbó June—. ¿Có-cómo que Seiya se le va a declarar a Saori? ¡Ese no era el plan! —se fastidió June, y miró a Ikki con molestia—. ¿Por qué permitiste esto? —le preguntó a Ikki.
—No es mi problema —fue la frívola respuesta de Ikki—. Si no querías que hubiera complicaciones, no hubieras invitado a la harpía —miró Ikki con desprecio a Pandora, quien se molestó por el insulto—. Yo te lo advertí, no me hiciste caso, ahora atienes a las consecuencias —le espetó Ikki, sumamente molesto.
—¡No es el momento de darme una lección de confianza entre novios! ¡Dejaste a Saori sola y sin mayordomos, con Seiya! —le recriminó June, e Ikki no vio el problema—. ¡Seiya no es la persona más brillante de Grecia! ¡Además! ¿Qué es eso de que Seiya se le quiere confesar a Saori? —preguntó June.
—¿No era ese el plan? —preguntó Hyoga con curiosidad, y June movió su cabeza en negación—. Cuando nos invitaste, nos comentaste que era una treta para que una pareja se quedara sola esperando en que se revelaran sus sentimientos. Pandora y Shun son hermanastros, e Ikki y tú son una pareja ya, intuí que la pareja que debía quedarse sola era Saori y Seiya —aseguró.
—¡Eran Shiryu y Shunrei! ¡Y te lo dije así para que no fueras de lengua suelta con tu mejor amigo! —le recriminó June, sumamente molesta, Shunrei se apenó, y Shiryu alzó una ceja en señal de incredulidad.
—¿Shunrei y yo? —preguntó Shiryu, ruborizando a Shunrei aún más, quien quería huir del lugar—. Esperen un momento, yo recibí la misma instrucción que Hyoga de parte de Pandora. Y como Hyoga y Natassia ya están saliendo, e Ikki y June ya están comprometidos, yo también pensaba que veíamos a hacerle el favor a Seiya —aclaró Shiryu.
—¡No! ¡Era para ti y Shunrei! Y… no debería de haber dicho eso… —se preocupó June, mirando a Shunrei, quien estaba más que muerta de la vergüenza—. Sorpresa… supongo… —se apenó June por lo que había pasado.
—Déjame ver si entiendo… —meditó Shiryu al respecto—. ¿La idea de la cita conjunta era para mí y para Shunrei? —preguntó Shiryu, y June asintió, y Shiryu entonces miró a Shunrei con curiosidad—. Pero Shunrei… nuestras familias han estado comprometidas desde que naciste… —enunció Shiryu, y Shunrei parpadeó un par de veces—. ¿No te lo dijo Dohko? Todo este tiempo pensé que estabas agradecida con el compromiso, y yo estaba feliz de que lo estuvieras. Después de todo fue un matrimonio impuesto, pero me agradabas mucho. Cuando no me rechazaste, pensé que era reciproco y que no debía preocuparme —aseguró.
—Espera, espera —interrumpió Pandora—. ¿Matrimonio impuesto? Ninguno de ustedes es de familia noble. ¿Cómo que matrimonio impuesto? —se quejó ella esperando una explicación, y por las reacciones de Shunrei era evidente que ella compartía las mismas dudas.
—La familia Draconis y la familia Librus han sido familias con grandes vínculos de amistad que nunca unieron su sangre —comenzó a explicarles Shiryu—. Es por eso que cuando Shunrei nació, se pactó que nuestras familias por fin se unirían. Por años mi familia fue obligada a interactuar con la de Shunrei para honrar esa promesa, y cuando Dohko mudó su residencia a Grecia, fui obligado a seguirlo —aclaró Shiryu mientras veía a Shunrei y sonreía—. Fue entonces que descubrí que la promesa de matrimonio, impuesta o no, no me era desagradable. Quería mucho a Shunrei, y no tardé en declarar ante Dohko que aceptaba, de voluntad propia, el matrimonio impuesto. Siempre y cuando Shunrei lo aceptara también. Y como jamás escuché queja alguna al respecto, simplemente asumí que también lo habías aceptado. Shunrei, no necesitaba pedirte que fueras mi novia, siempre pensé que eras mi prometida —confesó.
—Mi hermano olvidó darme detalles muy importantes al respecto —se molestó Shunrei, pero entonces se apenó—. Espera… eso significa que… yo siempre pensé que… ¿estamos…? —trastabilló ella, y Shiryu asintió.
—Siempre que tú lo quieras, Shunrei —aceptó Shiryu, y Shunrei entonces sonrió, se lanzó a los brazos de Shiryu y lo abrazó con fuerza—. Tengo que admitir, sin embargo, que me siento halagado de saber que tú no sabías nada del compromiso y aun así estás feliz del mismo —le frotó la cabeza Shiryu con ternura.
—Todo eso está muy mal en muchos aspectos, pero no me corresponde juzgar —se fastidió Hyoga—. Pero ya que una situación quedó resuelta, ¿Qué hay de la otra? Seiya y Saori —les recordó Hyoga.
—¿Qué hay con ellos? —preguntó Shun de manera inocente, preocupando a todos los presentes, June inclusive se ruborizó por el inocente comentario de Shun—. ¿Soy el único que pensaba que todos veníamos a divertirnos solamente? —preguntó nuevamente.
—Sí, Shun… eres el único que solo venía a divertirse… —fue la respuesta de June—. En todo caso… si vamos a buscar a Saori ahora… —meditó al respecto June, y se armó de determinación—. Bueno, supongo que no importa —agregó, ganándose la atención de Shunrei—. Si era el plan de Seiya confesársele a Saori, supongo que solo debemos dejar que eso pase. ¿No creen? Por mi parte, ya estoy muy cansada de pensar en quien queda con quien, y quien está comprometido, ya solo falta que Hyoga diga que está comprometido con Natassia —agregó con molestia, ruborizando a la acompáñate de Hyoga.
—Eso de los matrimonios impuestos no me compete, tomaré mis propias decisiones si no les importa —se cruzó de brazos Hyoga—. En todo caso, aún podemos divertirnos, que pase lo que tenga que pasar —y así, todos asintieron, y dejaron de preocuparse por Seiya y Saori.
Area de Juegos Mecánicos.
—¿Los ves? —preguntó Kyoko contrariada, mientras se movía alrededor de la multitud en pánico buscando a Saori. Kanon estaba cansado de correr por todas partes buscándolos también, aunque sus jadeos eran más por el desprecio que sentía por su trabajo que por el cansancio—. ¿Cómo se pudieron escabullir de esa forma? —se preocupó Kyoko.
—¡Usa a la inteligencia de los Depranon! —se fastidió Kanon, y Kyoko desvió la mirada, apenada—. ¿A qué va esa reacción? ¡Eres la encargada de inteligencia! ¿No es así? —le preguntó con molestia.
—Encargada de inteligencia sin personal a su cargo… —admitió Kyoko—. Con las constantes contrataciones de mayordomos provisionales, el personal ya sobraba, así que Tatsumi reasignó a la mayor parte de las criadas de Saori a regresar a Japón a auxiliarlo a él en los negocios de la familia Depranon aún en Japón —le explicó.
—¿Qué la familia Depranon prefiere rodearse de incompetentes? —se fastidió Kanon, preocupando a Kyoko aún más—. No solo se llenan de mayordomos morosos, sino que despiden al personal de valía y dejan a su señorita desatendida. ¿Qué clase de personal de aristocracia son? —le preguntó nuevamente.
—Del tipo que intenta darle a la señorita las libertades que le permitan ser una señorita normal —se molestó Kyoko, regresando las afrentas que Kanon ponía sobre su mesa.
—Tu señorita es todo menos normal —insistió Kanon, y en su desesperación miró en dirección a la rueda de la fortuna—. Desde allí tendremos un mejor ángulo de visión. ¡Andando! —le tomó la mano Kanon, tirando de una avergonzada Kyoko en dirección a la rueda de la fortuna.
—Se suponía que yo era la criada con mayor autocontrol —se quejó Kyoko mientras Kanon la llevaba a la fuerza en dirección a la rueda de la fortuna—. Katya me va a reprender severamente si no encontramos a la señorita… —continuó en su queja, y de pronto divisó los cabellos violetas de Saori, quien seguía a un despreocupado Seiya por el parque de diversiones—. ¡Kanon! —exclamó ella con entusiasmo.
—¿Qué ocurre? ¿Te lastimé la mano? —se preocupó Kanon, pensando que el grito de Kyoko había sido por la presión tan fuerte que puso en contra de su muñeca—. Escucha… —se apenó Kanon, y Kyoko parpadeó un par de veces—. Me disculpo si actué como un patán… es solo que mi hermano me enfurece mucho con sus tonterías… pero, no debí desquitarme contigo, ahora vamos, dame tu mano, hay mucha gente y no quiero que te me pierdas… —agregó con una mezcla de molestia y vergüenza, una que ruborizaba a Kyoko.
—De todos con los que me podían enviar a misión tenía que ser… —se apenó Kyoko, y buscó a Saori con la mirada, notando que se distraía al ver el carrusel—. Bueno… si ella no parece preocupada supongo que… —se ruborizó ella nuevamente.
—¿Por qué tienes toda la cara roja? ¿Tan preocupada estás que te está dando fiebre? —preguntó Kanon, y Kyoko se apenó nuevamente, pero hizo una mueca y reverenció—. ¿A qué va esa reacción? —preguntó Kanon.
—No, solamente pensaba que su idea de buscar a la señorita desde las alturas era muy acertada, señor Kanon —le tomó la mano Kyoko, aceptando su ayuda para no perderse—. Aunque considero que, siendo una criada tan bien entrenada, su petición me es un poco… —se apenó ella.
—Eres una menor, no me interesa si estas entrenada o no —tiró de su brazo Kanon, dispuesto a terminar con esto cuanto antes—. Soy tu superior y tu maestro, y me voy a hacer responsable de ti, quieras o no. Ahora vamos, tenemos que encontrar a tu señorita —aseguró, y Kyoko lo siguió sintiéndose sumamente apenada.
Mientras tanto, Saori se maravillaba viendo el carrusel, y a todos los niños montados en criaturas fantásticas que formaban parte del mismo. Seiya la miraba fijamente, extrañado por las miradas que dirigía a la atracción, pero convenciéndose al mismo tiempo de lo que debía hacer, y aquello era aprovecharse de la situación.
—¿Quieres subirte? —le preguntó, y Saori despertó de su trance, y miró a Seiya algo apenada—. No tiene nada de malo, eres una chica, seguro te gustan más este tipo de atracciones que las montañas rusas —aseguró.
—¿Montañas rusas? ¿Por qué traer montañas rusas a Grecia? —se preguntó Saori, lo que ocasionó que Seiya perdiera un poco su temple—. Además, estamos en zona baja, no hay montañas cerca —viró en todas direcciones buscando las montañas, más entonces se percató de la mirada de pena que le daba Seiya—. Espera, ¿es el nombre de alguna atracción? —preguntó.
—De esas cosas que parecen vías de tren y que dan muchas vueltas —apuntó Seiya, y Saori se ruborizó por su desconocimiento—. Tranquila, comienzo a comprender lo que está pasando. Tras estar encerrada tanto tiempo en tu mansión, es natural —aseguró.
—No me siento en absoluto alegre de que sientas pena por mi desconocimiento —aseguró Saori, pero pronto se recuperó de su vergüenza—. Volviendo al tema, nos separamos del grupo. ¿No deberíamos reunirnos con ellos primero? —preguntó preocupada.
—¿E interrumpir el plan de emparejamiento? Si vamos a buscarlos ahora puede que terminemos arruinando las oportunidades de Shiryu y Shunrei —mintió Seiya, y Saori se puso pensativa al respecto—. Piénsalo, ¿no vinimos con esa excusa? Seguro que en estos momentos todos están tomando rumbos diferentes para dejarlos solos —le aseguró.
—Bueno… eso es verdad, pero… yo pensaba que íbamos a dejarlos solos todos juntos —le respondió Saori, aunque por la extraña selección de palabras, Seiya la miró con extrañeza—. ¿Estaría bien entonces? —preguntó—. Quiero decir, ¿no hay problema si me subo? —volvió a preguntarle.
—¿Desde cuándo necesitas el permiso de alguien para hacer algo? —le preguntó Seiya—. ¿O vas a decirme que necesitas de la aceptación de tus mayordomos para divertirte? Si quieres subirte, solo súbete —le explicó Seiya.
—Las cosas no funcionan así para mí —le respondió Saori—. Todo tiene una forma y un lugar. Todas mis acciones son juzgadas. Mi imagen como noble es muy importante. No puedo simplemente… subirme a un juego de niños… ¿y si alguien me reconoce? —preguntó.
—¿Por qué te preocupa tanto lo que piensen los demás de ti? —le preguntó Seiya nuevamente, y Saori meditó al respecto—. ¿Acaso es el fin del mundo si te subes a un carrusel? ¿Qué importa si alguien te reconoce? Vivir con esas restricciones, simplemente no es vida. Ese es el tipo de cosas que hacen que alguien llame a una rueda de la fortuna una rueda de bicicleta gigante, que piense que los carnavales todos son como en Brasil, y que las montañas rusas vienen de Rusia —le explicó.
—No me hace nada feliz esa comparativa —le tembló la ceja a Saori por el poco tacto de Seiya, pero aún en su poco tacto, Saori tuvo que admitir que Seiya tenía razón—. ¡Subiré! —se emocionó e intentó saltarse los barandales de seguridad, lo que obligó a Seiya a tomarla de la cintura—. ¿Qué haces? ¡Te dije que subiría! —se molestó.
—Sí, pero tienes que hacer fila —le explicó Seiya, y Saori notó al personal de seguridad observándola fijamente—. Tienes mucho que aprender. Pero si no te molesta, yo soy un buen maestro —le sonrió Seiya, tomándole la mano, y tirando de Saori en dirección al carrusel.
—Sabes, en sociedad, hacer esto significa que me declaras de tu propiedad —le explicó Saori, algo apenada por la forma en que Seiya la trataba.
—Eso es lo que menos me importa, no estás en sociedad —le explicó Seiya—. La opinión de la única persona que me importa en estos momentos, es la de la persona a la que le tomo la mano. Ahora, si te molesta, solo dímelo, pero que sea porque a ti te molesta, no a la sociedad —la miró fijamente—. Dime entonces. ¿Te molesta que te tome la mano? ¿Sí o no? —preguntó.
—¿Que si me molesta? —se preguntó Saori, y comenzó a pensar al respecto—. No me molesta… —concluyó ella—. Me da pena… pero no me molesta —admitió, y Seiya le sonrió en ese momento—. Pero en sociedad… —intentó volver a decir.
—Ya dijiste que no te molesta y eso es suficiente para mí —tiró de su mano Seiya sin dejarla hablar, y la dirigió a la fuerza a la fila, donde continuó tomándole de la mano, aunque ya no fuera necesario.
Mientras esperaban en la fila, sin embargo, Saori se mantenía sumamente apenada, meditando sobre el significado del gesto en la clase alta, y dándose cuenta de lo poco que importaba en la clase baja, o al menos dándose cuenta de lo poco que importaba entre familiares, pero notando que otras parejas a su alrededor actuaban demasiado cercanamente si se estaban tomando de la mano, Saori inclusive comenzó a temblar cuando notó a una pareja besándose en medio de la fila, una pareja que hasta escasos momentos únicamente se tomaba de la mano.
—Seiya… —comentó Saori apenada, y Seiya tiró de ella conforme avanzaba la fila—. A riesgo de parecer una ignorante. ¿Esto es una cita? —agregó con vergüenza, y Seiya la miró fijamente en ese momento—. ¿Lo es? —preguntó.
—Eso depende. ¿Quieres que lo sea? —le sonrió Seiya, y de pronto Saori se ruborizó aún más—. Puede serlo si quieres… —más antes de que Saori pudiera pensar siquiera en qué responder, llegó su turno en el carrusel—. Luego me dices, ya nos toca —se apresuró a subir Seiya—. ¿Cuál te gusta? —preguntó Seiya apuntando a los animales del carrusel.
—Estoy entre el escorpión y el Pegaso —admitió tras ver a los animales frente a ella, y recordando a Milo tras haber mencionado al escorpión—. ¿Qué estoy diciendo? Definitivamente no elegiría a un escorpión… para el carrusel, aclaro… —se apenó ella.
—El Pegaso gana entonces —la levantó de la cintura Seiya, y la acomodó en el Pegaso del carrusel—. ¿No te parece un poco de mal gusto el poner a un escorpión en un carrusel? —preguntó Seiya mientras se subía a un león al lado del Pegaso.
—Admito que no muchas personas elegirían a un escorpión… no las chicas al menos —dedujo Saori mientras veía a unos niños muy emocionados subirse al escorpión—. Siento que es más fácil que las chicas elijan a los Pegaso, son más… ¿principescos? —se preguntó.
—A mí me gustan más —le respondió Seiya, y entones la atracción comenzó a moverse—. Sujétate bien, no le des mucha confianza, va a ir más rápido —le explicó Seiya, mientras la atracción comenzaba a ir más rápido, y Saori se entregaba a la diversión del momento, aunque mientras lo hacía, parte de ella se sentía culpable de estar disfrutando de la compañía.
La atracción no duró mucho, pero cuando Saori bajó de su Pegaso, su mente no estaba en la duración de la misma, o en la pequeña posibilidad de que alguien de familia acomodada la hubiera visto, ni siquiera en si una chica elegiría subirse a un escorpión en el carrusel o no. Su mente estaba más concentrada en la conversación previa a subir al carrusel.
—¿Quiero que sea una cita? —se preguntó Saori, apenada, y con Seiya caminando a su lado, quien obviamente la escuchó sin problema alguno—. Se siente… diferente de mi primera cita. ¿Es esto una cita? —volvió a preguntarse.
—¿Ya has tenido una cita antes? —le preguntó Seiya, incomodando a Saori, quien en ese momento se dio cuenta de que había hablado en voz alta—. ¿Cómo se sintió? ¿Fue divertida? —intentó indagar al respecto.
—¿No son esos temas personales? —se defendió Saori, sintiéndose aún más incómoda, pero algo en ella le hizo responder—. Al principio… fue incomoda… no me sentía a gusto. Me sentía como si tuviera que cumplir con lo que se esperaba de mí, como si quisiera en todo momento que la persona con la que yo estaba se sintiera bien con la cita… —le respondió.
—Suena a que te importaba más el qué pensara la otra persona sobre la cita que el disfrutar la misma —aclaró Seiya, y aunque la primera cita de Saori no fue necesariamente mala, a sus adentros Saori tuvo que admitir que la mayor parte del tiempo así fue—. Se supone que disfrutes las citas, sin preocuparte de en qué pensarán. Déjame enseñarte… —le ofreció su mano Seiya, y Saori lo pensó unos instantes.
Saori no podía quitarse a Milo de la cabeza, mientras pensaba en lo que podría él pensar de aceptar la oferta de Seiya. Al mismo tiempo, Saori estaba tan desesperada de sentir algo de afecto, que la oferta de Seiya era más que tentadora, casi podría decirse que Saori quería aceptarla sin preocuparse por las consecuencias.
Meditó al respecto de su relación con Milo, ella sabía que había algo allí, pero le costaba entender si era un sentimiento tan fuerte, o solo una dependencia que ella misma se había generado por su flechazo. Milo lo había dicho antes, si otra persona hubiera estado allí para ella aquel día en que Pandora le jugo aquella mala broma, probablemente Saori no tendría ojos para nadie más que esa persona.
De pronto, Saori comenzó, sin quererlo, a comparar a Milo con Seiya. Ciertamente, había algo en Seiya que la atraía también, desde el primer día en que se conocieron, a decir verdad. Si era esto algo que Saori no había explorado, era simplemente porque ella estaba tan enfrascada en perseguir una relación con Milo, que cortó de tajo todas las otras posibilidades. Pero ahora era diferente, ahora estaba con él, técnicamente a solas, sin uno solo de sus mayordomos para interceder o distraer su atención, y Saori no podía evitar preguntarse, si la oferta de Seiya le sería más atractiva si no estuviera Milo de por medio.
La respuesta que obtuvo, sin embargo, le perforó el corazón. Saori estaba más preocupada sobre el qué pensaría Milo, nuevamente, que en lo que ella quería. Y le dolió aún más el darse cuenta que deseaba tener esta cita con Seiya, aún si eso la hacía sentirse como una traidora.
—Tengamos la cita… —fue la respuesta de Saori, lo que alegró a Seiya, aunque Saori no parecía muy alegre—. Deseo saber… lo que es tener una cita normal. Lo que pase después, eso ni yo misma lo sé —le aseguró.
—Supongo que por algo se empieza —le respondió Seiya, tomando nuevamente de la mano de Saori—. ¡Vayamos a la montaña rusa! ¡Es momento de que la conozcas! —agregó Seiya, tirando de Saori, y guiándola por el parque de diversiones.
La primera experiencia de Saori con la montaña rusa no fue muy agradable, más de una vez temió por su vida, pero Seiya estuvo allí para darle algo de valor. Después de aquella experiencia, a Seiya le dio hambre, y terminaron comprando unos hotdogs que según Seiya, eran muy famosos. Para Saori no fueron nada sobresalientes, de hecho, le parecieron muy grasosos, pero al mismo tiempo tuvo que admitir que no sabían cómo nada que hubiera probado antes.
Seiya continuó enseñándole a Saori el cómo tener una cita normal, la llevó a patinar un poco, algo que definitivamente no se le daba, y que terminaba con Seiya burlándose de ella al darse sentones, aunque al primer tropezón de Seiya, Saori se burló también, por lo que, de poco en poco, fue tomando confianza al respecto.
Por todo el parque de diversiones, fueron varias las ocasiones en las que se toparon con las demás parejas, pero a petición de Seiya las evitaron para continuar con su cita en privacidad. Entraron a la casa del horror, de donde Seiya salió más perturbado que Saori, quien tras compararla con la casa del horror del 8-B intentó explicarle a Seiya que las atracciones de la casa del horror del parque de diversiones no daban miedo, aunque Seiya rápidamente cambió el tema, en parte porque no le agradaba el hecho de que Saori no se hubiese asustado, en parte porque quería desviar la atención de cualquier cosa que le recordara a Saori sobre Milo.
Subieron a los autos chocones, en los que Seiya se las arregló para empujar a todos quienes intentaran impactar a Saori, permitiéndole a ella que condujera tranquilamente, después pasaron a los puestos, donde Seiya participó en varias competencias, en las que ganó un oso de peluche para Saori en la competencia de lanzamiento de pelotas.
Y así continuó, por un largo rato, mientras Saori dirigía varias veces la mirada en dirección a una atracción en específico, la rueda de la fortuna, y se preguntaba si era la fortuna la que había preparado este escenario.
Mansión Depranon.
—Déjame ver si entiendo… —comenzó Milo, a la entrada de la mansión Depranon, donde una apenada Kyoko llegaba abrazada de un oso de peluche, y con la boca llena de algodón de azúcar—. Saori se separa del grupo, y tú vas a petición de Kanon a buscarla desde la cima de la rueda de la fortuna, pero estaba muy alto y no pudieron distinguirla —Kyoko asintió a las palabras de Milo con algo de pena—. Bajan de la rueda de la fortuna, y se te ocurre que las montañas rusas, que son más bajas que la rueda de la fortuna y más largas, son una mejor opción, y te subes… a las 7 montañas rusas, con Kanon, intentando encontrar a Saori, ¿es correcto? —preguntó Milo, y Kyoko asintió mientras se ruborizaba—. Supongo entonces, que el algodón de azúcar en tu rostro, es porque te dio hambre y eso te impedía concentrarte en tu misión, y creías que el algodón de azúcar te llenaría, por lo que tras darte cuenta de que no fue así, fuiste por palomitas —apuntó Milo al bote de palomitas dentro de la mochila con forma de caballo que llevaba Kyoko—. Por un hotdog… —apuntó a las manchas de mostaza en su falda—. Por un refresco —apuntó a la pajilla amarrada a su dedo—. Entre otras cosas. Oh, y como estabas cargando varias cosas, seguramente convenciste a Kanon de que ganara esa mochila con forma de caballo para ti, pero no de detuviste allí, viste al oso, ese oso tan adorable y afelpado, seguro convenciste también a Kanon para que lo ganara por ti, después de todo ya estaban en los puestos. Todo suena muy lógico, es claro lo que pasó, solo dime una cosa… —prosiguió Milo, y Kyoko comenzó a preocuparse—. ¿¡EN QUÉ MOMENTO SE CONVIRTIÓ EN UNA CITA CON KANON EN LUGAR DE EN UNA MISIÓN DE ESPIONAJE!? —le gritó Milo.
—¡En el momento en que me lo asignaron de compañero! ¡Lo siento! —se defendió Kyoko, llorando un poco, y sorbiendo por la nariz—. No es justo, todas ven a los que les gustan todo el tiempo… y aunque Saga se paresa a Kanon… la verdad Kanon me parece mucho más agradable… —continuó sorbiendo Kyoko, y Milo suspiró en señal de molestia.
—¿Y Saori? —preguntó Milo con una vena saltada en su frente—. Dime al menos que la encontraron y que se encuentra a salvo —le pidió con molestia más que evidente.
—Me distraje, pero no soy incompetente… volvimos cuando la señorita se reunió con los demás y entraron en la limusina… llegarán en unos minutos más… —le aseguró Kyoko, y Milo asintió, un tanto más tranquilo—. ¿Estoy en problemas? —se asustó Kyoko.
—No, ¡solo te voy a estirar las mejillas hasta que recuerdes quien es el jefe aquí! —le estiró las mejillas Milo, aunque solo por un par de segundos—. Qué asco, estás llena de algodón de azúcar… —se limpió las manos Milo, y Kyoko se frotó sus adoloridas mejillas—. Ahora largo al comedor, y límpiate, eres un desastre —recriminó, y Kyoko asintió, y se retiró sintiéndose deprimida—. La mando en una misión… y se fuga con el mayordomo de la competencia… que atrevimiento… —se fastidió Milo, y se preparó para cerrar la puerta, cuando vio la limusina de los Heinstein estacionarse frente a la mansión. Milo miró su reloj entonces—. Justo a tiempo —salió Milo, y abrió la puerta de la limusina, encontrando no solo a Saori, sino a los demás aún dentro, sorprendiéndose de encontrar a Seiya con el brazo alrededor de la espalda de Saori—. Parece que se divirtió, señorita —agregó Milo sombríamente, y Saori de inmediato se libró del brazo de Seiya y salió de la limusina.
—¿Se-se nota? —se apenó Saori, y rápidamente se dio la vuelta para reverenciar en dirección al grupo—. Muchas gracias por la invitación, la pasé muy bien… espero, que podamos repetirlo —les sonrió Saori.
—Puede repetirse las veces que quieras —agregó Seiya con arrogancia, mientras miraba a Milo, a quien saludó a manera de burla y con afán de molestarlo—. Hola —se burló Seiya.
—Adiós… —le azotó la puerta en la cara Milo, molestando a Seiya, pero Milo le dio muy poca importancia—. Ah, profesor Radamanthys, un momento —se dirigió Milo a hablar con el chofer, mientras Seiya bajaba la ventana para mirar a Saori mientras se frotaba la nariz.
—No debiste provocarlo —le mencionó Saori, antes de que Seiya pudiera decir cualquier cosa—. Sobre repetirlo… voy a pensarlo… —confesó Saori, y Seiya estuvo a punto de decir algo, cuando Saori lo detuvo—. No fue desagradable… —se apresuró a decir—. De verdad… no lo fue… —fue todo lo que dijo, y Seiya asintió a sus palabras. Radamanthys entonces encendió la limusina nuevamente, y condujo fuera de la mansión, dejando a Saori con Milo.
—Parece que usted y el joven Seiya se divirtieron. No necesito enviar a espías para notarlo —le enunció Milo, y Saori, aunque aterrada por la deducción de Milo, notó que Milo estaba extrañamente tranquilo—. Le prepararé el baño —prosiguió, se dirigió a las puertas de la mansión, pero Saori tan solo bajó la mirada, entristecida.
—¿No estás al menos un poco celoso? —preguntó Saori, y Milo le dirigió la mirada tranquilamente—. Tuve una cita… con un chico de mi edad… pasé varias horas a solas con él… y tú actúas cómo si no te importara —se cruzó de brazos ella.
—No actúo como si no me importara… —le respondió Milo, y Saori se estremeció un poco, preparada para recibir la reprimenda—. Realmente no me importa —fue su respuesta, y el corazón de Saori se achicó en ese momento—. Pero antes de que te pongas toda, sentimental y dolida. Saori, ¿Cuál es mi trabajo? ¿Cuál es mi principal responsabilidad? —volvió a preguntarle.
—Conocer a tu señorita… mejor que nadie… —le respondió ella, sintiéndose apenada, y Milo asintió a sus palabras—. ¿No vas siquiera a preguntarme cómo me fue? —le preguntó Saori.
—¿Quieres que te pregunte como te fue? Solo vas a reafirmar lo que ya sé —se cruzó de brazos Milo, con una sonrisa arrogante en sus labios—. Fue terrible, ¿verdad? —se burló nuevamente.
—¡Terrible no es la palabra que yo usaría! ¡Pero me molesta que no estés siquiera preocupado al respecto! —le espetó Saori con molestia, y Milo continuó con su sonrisa arrogante—. Te confieso… que mi curiosidad me hizo aceptar una cita con Seiya… solos él y yo… pensé que eso me ayudaría a ver si lo que siento por ti era lo suficientemente fuerte —continuó ella.
—¿Eligiendo al rey de los tarados? No es siquiera competencia —se burló Milo, y Saori cerró sus manos en puños, sintiéndose humillada—. Pero me deleitaré a mí mismo adivinando. Comenzaron en una atracción infantil, déjame pensar… las tazas locas, o el carrusel… —alzó una ceja Milo, y Saori infló sus mejillas—. El carrusel —concluyó, y Saori desvió la mirada—. Te engatusó con algo principesco… seguro actuó como todo un caballero, te pidió elegir en qué querías sentarte, y hasta te subió él mismo, se ganó varios puntos contigo en ese momento, seguro pensabas: "oh, es demasiado caballeresco. Todo lo contrario al patán de mi mayordomo. Hasta se preocupa por mi opinión" —comenzó a reírse Milo, forzando a Saori a morderse los labios—. Bajando del carrusel, seguramente dijo algo cercano a: "Puede ser una cita si tú quieres que lo sea", niégamelo —hizo un ademán con la mano Milo.
—¡Hay veces en las que te detesto tanto! —enfureció Saori, pero entonces soltó el aire en señal de descontento—. Pero así fue… —aceptó caer en el engaño—. Después de eso… fuimos a todos los lugares a los que él quería ir… comimos las cosas que él quería comer… ni una sola vez me preguntó mi opinión sobre el qué quería hacer… fue como si… —intentó meditar al respecto.
—Como si Seiya estuviera empecinado en crear la ilusión de la cita perfecta… olvidando que estaba creando su cita perfecta… no la tuya —finalizó Milo, y Saori miró al suelo con molestia—. Míralo por el lado amable, cuando se dio cuenta, fue lo suficientemente listo para ganarse el osito de peluche para ti. Tengo que admitir que esa parte sí me sorprendió —apuntó al osito de peluche, pero Saori no estaba nada contenta—. Dime entonces, Saori: ¿cómo pretendías que me pusiera celoso del hombre más genérico que existe? No hay nada en Seiya que te pueda llamar la atención, al menos no después de lidiar conmigo. Te lo dije desde un principio, si vas a compararme, compárame con alguien que sea un reto —aseguró.
—Crees que tienes todo controlado a tu antojo, ¿verdad? —se fastidió Saori, y Milo se limitó a sonreír con arrogancia—. No disfruté la cita, felicidades, tenías razón. No fue una cita mala, simplemente no fue buena tampoco. Pero me hizo darme cuenta de varias cosas. Haya sido la forma genérica de cortejo de un hombre, al menos intentó cortejarme. Seiya mostró más interés en eso que tú. ¿Y qué hubiera pasado si yo hubiera caído por la forma más genérica de cortejo? ¿Cómo estabas tan seguro de que no le funcionaría? —le aseguró.
—Nadie dijo que no hubiera funcionado —comentó Milo, y Saori se apenó—. Incluso si es la forma más genérica de cortejo, Saori es tan inocente que no puede evitar sentirse atraída por la forma genérica de cortejo de Seiya. Y aun así no estoy preocupado, ¿sabes por qué? —se le acercó Milo, y Saori miró en todas direcciones buscando distracciones, que Milo le impidió encontrar al tomarla de la barbilla—. El cortejo de Seiya hubiera sido más definitivo… si yo no hubiera aparecido primero… porque tras recibir mi cortejo, ¿qué puede ofrécete Seiya? Llevas ya mucho tiempo bajo mi hechizo, princesita —se burló, y en su molestia, Saori le abofeteó la mano fuera de su barbilla—. Aunque te hagas la ruda sabes que es cierto. Pero, mi cortejo tendrá que esperar… después de todo, soy compartido, y no puedo monopolizarte en un día tan especial, aunque muy poco me falta, después de todo a mis ojos mereces un castigo por intentar hacerme sentir celoso —agregó Milo, y Saori intentó quejarse, pero Milo se le adelantó—. Feliz cumpleaños… —pero aquellas últimas palabras la silenciaron, mientras Milo la tomaba de la mano, abría la puerta, y empujaba a Saori dentro de la mansión.
—¡FELIZ CUMPLEAÑOS! —resonó un grito ensordecedor, y las explosiones de confeti siguieron, llenando a Saori de serpentinas y de confeti, mientras las luces se encendían, y Saori veía a sus mayordomos, a las criadas, a sus amigos de la escuela, incluido el grupo que acababa de partir en la limusina. Todos estaban presentes, en medio de la recepción de una mansión lista para la fiesta en honor al cumpleaños de Saori.
—¿Mi cumpleaños? ¿Es mi cumpleaños? —se estremeció Saori, mientras una emocionada Rea corría, la cargaba, y la abrazaba con fuerza—. ¿Abuelita? —se preocupó Saori por la emoción que parecía estar reflejando Rea.
—Hay, pero si no soy tan mala. Al menos te puedo dar un respiro en tu cumpleaños —le recordó Rea, y tras ella llegaron las felicitaciones de los demás, quienes rodearon a Saori, invadiéndola de más y más felicitaciones, aunque Saori estaba muy confundida, pero para tranquilizar sus inquietudes, Cronos le mostró un reloj de arena vacío, con la fecha del día de ayer escrita.
—¿Ya es mañana? Quiero decir, ¿ya es hoy? ¡Ni siquiera sabía en qué día vivía! —se sorprendió Saori tras darse cuenta de que había pasado tanto tiempo en el parque de diversiones que tras llegar a casa se había acabado el día.
—Es natural, llevas todo el mes molesta con Milo, era la distracción perfecta —le explicó Cronos, y Saori cayó en cuenta de que Milo llevaba bastante tiempo manipulándola, quien sabe que otras cosas tenía planeadas de las cuales Saori no tenía idea alguna—. Por cierto, tengo que saber si perdí mi apuesta. ¿La cita te cambió la mente? —preguntó Cronos, y Saori miró en dirección a Milo, se apenó, y movió la cabeza en negación—. ¡Aaaaah! ¡No puedo creer que perdí! ¡Mii! —gritó Cronos, y la criada se sobresaltó—. ¡Te quiero en mi oficina después del desayuno! —enfureció Cronos, Mii por su parte se horrorizó, mientras Cronos hacía una rabieta, y se retiraba—. No puedo creer que perdí… ahora tengo que darle un aumento a Mii… que fastidio… —miró Cronos en descontento a Milo.
—Un placer hacer negocios con usted, su excelencia —se burló Milo, mientras veía a una aterrada Mii, a quien Afrodita intentaba tranquilizar en vano—. ¿Qué le parece 2 de 3 a que me las arreglo para vencer el otro obstáculo? —se burló.
—¡Sigue de graciosito y te despido! —amenazo Cronos, y Milo se estremeció a la distancia—. De todas formas, la comida para la celebración aún no está lista, y no es un retraso, es un regalo, de tu abuela y mío —enunció Cronos, sacando un reloj de arena dorado, y colocándolo en la mesa de centro—. El plan era esperar a que fuera 1 de septiembre para recibirte, pero la fiesta realmente empieza el 1 de septiembre con 2 horas. Hay suficiente café, regalos y actividades para distraerlos a todos mientras tanto. Pero el primer regalo es este, un regalo que puede que no signifique mucho para cualquiera, pero que para ti es muy importante… —se apenó Cronos.
—2 horas de inmunidad… —se apenó Rea también, y Saori no lo comprendió—. Una hora de parte de Cronos, una por parte mía… durante las siguientes 2 horas… nada de lo que hagas será sujeto a auditoría. Usa este tiempo como te dé la gana… —se apenó ella.
—Las 2 horas de inmunidad también dictaminan que, durante este periodo, nada de lo que hagas será juzgado por mí tampoco… puedes hacer lo que quieras, yo haré caso omiso —le aseguró Cronos, y Saori sonrió en ese momento.
—Entonces con su permiso… —se lanzó Saori a ambos, y los abrazó con todas sus fuerzas—. Son la mejor familia… que jamás pude haber imaginado… —lloró Saori de emoción, y Rea sintió que su corazón se debilitaba, pero tras la mirada de malicia de Cronos, se retrajo e hizo todo lo posible por no regresar el abrazo—. 2 horas de libertad… ¿qué debo hacer? —se apenó Saori.
—No perder el tiempo sería una buena idea —le espetó Milo, abriendo las puertas de la mansión—. Y ya son una hora con 47 minutos… tiempo suficiente, para darte una cita muy superior a la que el papanatas este intentó darte —apuntó Milo a Seiya, también en la mansión, ya que Milo le había pedido a Radamanthys que estacionara su limusina por la parte trasera de la mansión para que entraran a sorprender a Saori.
—¿Quieres que te de 2 horas de lo que pienso de ti? —se molestó Seiya, pero Milo lo ignoró rotundamente, y le ofreció su mano a Saori—. No puedo creer esto… —se cruzó de brazos Seiya, muy molesto—. Saori, ¿de verdad quieres cruzar esa puerta y seguir sufriendo todo lo que has sufrido? —le preguntó Seiya, y Saori meditó al respecto.
—No voy a mentir diciendo que no he sufrido con todo esto… —aseguró Saori, mientras miraba a Milo fijamente, y el temor volvía a invadirla—. Pero… si no lo sufriera… sería porque no lo querría… —le tomó la mano Saori, y miró en dirección a Seiya y los demás—. Volveré pronto —se despidió, y salió con Milo de la mansión—. ¿Y qué vamos a hacer en el tiempo que tenemos libre? —preguntó Saori emocionada.
—¿Qué quieres hacer? —preguntó Milo, y en ese momento Saori reaccionó con emoción genuina, y abrazó a Milo con fuerza—. ¿Qué dije? —se preguntó Milo, y tras conectar sus ideas, se dio cuenta—. Oh… no fue a propósito —confesó.
—¡Lo sé! —agregó Saori con entusiasmo—. ¡Y sé perfectamente lo que quiero hacer! —tiró Saori del brazo de Milo, dispuesta a entrar a la limusina, pero se detuvo antes de hacerlo—. ¿Tú querías hacer algo en especial? —se apenó por no preguntar.
—Solo sube a la limusina —entró Milo a la misma, junto a Saori, y Saori notó que Shura nuevamente era el chofer—. No me importa lo que hagamos, yo lo disfruto, siempre que Saori lo disfrute —admitió él.
—¿Eso es una técnica de cortejo genérica? —preguntó Saori con picardía, Milo se apenó, y a Shura se le escapó la risa también—. Aunque admito que a ti te resulta mejor que a Seiya —confesó ella con entusiasmo.
—¡Yo no soy genérico! —se fastidió Milo, mientras Saori le decía a Shura a dónde quería ir, y el chofer asignado asentía, y llevaba al par a un lugar en específico.
Área Metropolitana de Atenas. Luna Park de Aidonakia.
—¿Todavía se van a tardar más? ¡Milo! ¡Se acaba el tiempo! —se molestó Saori, mientras esperaba con Shura en la limusina, a las afueras de Luna Park, el cual ya estaba cerrado—. Tal vez fue una pésima idea —admitió Saori.
—Fue una pésima idea… —se susurró a sí mismo Milo, pero como siempre, Saori lo escuchó. Pero Milo la ignoró mientras le pagaba al velador del parque de atracciones—. Última oferta… —le ofreció más dinero al velador, quien se negó rotundamente—. Mira amigo, me estás complicando esto demasiado, y ya no tengo más dinero —se fastidió Milo, y en ese momento Saori sacó su bolso—. ¡Ya no hay! —se fastidió Milo, sobresaltando a Saori—. Escucha, voy a mostrarte algo… —metió su mano Milo en su chaleco, y tras mostrarle algo al velador, el hombre se sorprendió—. ¿Ahora nos entendemos? —preguntó.
—Eso me pareció a una mala película de mafiosos —comentó Shura, entre sorbos de café, mientras el velador abría la entrada del parque y hacía una llamada por radio—. ¿Exactamente qué le enseñaste? —preguntó.
—Algo por lo que iré a la cárcel si hace demasiadas preguntas —le respondió Milo, y le pidió a Shura acompañarlo—. Tú no escuches —le apuntó Milo a Saori, y cerró la puerta de la limusina, y mientras Saori veía las luces del parque de atracciones encenderse, y miraba a Milo y a Shura charlar, se percató de que a Shura se le caía el café de la sorpresa, y comenzaba a discutir con Milo—. ¡Solo asegúrate de que no me manden a la cárcel! —escuchó Saori pese a que la puerta de la limusina estaba cerrada, y momentos más tarde, Milo abrió la puerta—. Ya está arreglado, ahora vamos —comentó Milo, ofreciéndole su mano a Saori, quien miró a Shura, cuya ceja le temblaba con molestia.
—¿Qué está pasando? Milo… ¿llevas pistola? —se espantó Saori, y Milo se molestó—. Sabía que eras pandillero, pero jamás te creí capaz de… —comenzó a temblar Saori.
—¡Aquí el único que porta armas es tu chofer! —le recriminó Milo, mientras Shura blandía su espada, como si quisiera golpear a Milo—. Solo vamos, se acaba el tiempo —le recordó Milo, y Saori lo siguió por el parque—. Entonces, ¿Seiya no te ofreció siquiera subir a la rueda de la fortuna? Era el final perfecto para la cita genérica perfecta —se burló Milo.
—Fue mi primera cita genérica, ¿cómo iba yo a saberlo? —se molestó Saori, mientras llegaban a la rueda de la fortuna, donde el velador preparaba los controles de la misma, y abría la puerta para que entraran—. Y no es que Seiya no lo ofreciera… para cuando lo hizo le mentí diciendo que estaba muy cansada. Toda la noche quise subir a la rueda de la fortuna, pero él nunca preguntó. Cuando lo ofreció, me molesté. "¿Por qué tenemos que hacer las cosas solo cuando te dan ganas a ti?", pensé, y me rehusé rotundamente —confesó ella.
—Eso explica por qué lo sigues tolerando —dedujo Milo, mientras la rueda de la fortuna se movía, y comenzaban a subir. Saori alzó una ceja, no sabiendo a lo que se refería, y Milo entonces le sonrió sombríamente—. Las citas genéricas que terminan en la rueda de la fortuna solo pueden acabar de una de 2 maneras. O salen novios, o no se vuelven a hablar en toda la vida —miró Milo por fuera de la ventana, mientras Saori se maravillaba de igual forma—. Después de todo, en una cita genérica, la rueda de la fortuna se detiene sospechosamente en la parte más alta, normalmente tras darle 5 Euros al maquinista —y como si se tratase de la voz de un profeta, la rueda de la fortuna se detuvo justo en la cima—. Y entonces el hombre, se aprovecha de una situación en la cual la chica no puede escapar, para declararle su amor, y solo puede haber una respuesta de sí o no después de eso —le explicó Milo, y Saori en ese momento se dio cuenta, de la precaria situación en la que se había metido—. Aunque… muy raras veces es el hombre el que queda atrapado en la rueda de la fortuna, para que la chica haga la pregunta —se burló Milo.
—Pero… si yo no le di 5 Euros al maquinista… ¿por qué se detuvo la rueda de la fortuna aquí? —le preguntó Saori, con su rostro enteramente ruborizado, mientras Milo comenzaba a golpear con su pie el metal de la estructura, mostrando una señal insignificante de impaciencia, que para Saori era demasiado significativa—. ¿Tú le diste los 5 Euros? —tragó saliva con fuerza.
—¿5? ¡Tsk! Mejor que no sepas cuanto fue —agregó con una vena saltada en la frente, y Saori comenzó a temblar de impaciencia—. Este… es el momento más cliché en la historia de las citas genéricas, Saori. Pero para alguien que no entiende para nada el cliché de las citas genéricas, supongo que es el momento más apropiado —le explicó.
—¿Apropiado? —le preguntó Saori, y Milo asintió—. ¿Apropiado para qué? —tragó saliva con fuerza, y Milo no dijo nada, simplemente siguió esperando, y pensando, mientras su pie seguía golpeando la estructura metálica en impaciencia, y el corazón de Saori corría más y más rápido, hasta que fue ella, quien no lo soportó más—. ¡Mi tercer intento! ¡Quiero usar mi tercer intento! —lloró ella en impaciencia, y Milo suspiró en señal de molestia—. No me importa si es un cliché… no me importa si es lo más genérico que hay… cada situación que tú planeas… aún si me son molestas… para mí son mágicas… —confesó ella, y Milo mantuvo su silencio—. Aún lo más mundano del mundo… para mí es infinitamente placentero y cálido… siempre que es contigo… por eso… por eso… quiero que por favor aceptes mis sentimientos… —lloró Saori, desesperada, y con sus manos cerradas a manera de plegaria, esperó una respuesta.
—Te di 3 intentos… —bajó la cabeza Milo, y Saori comenzó a preocuparse—. En estos momentos… vuelvo a rechazarte… y a decirte que no te otorgo el derecho de volverlo a pedir… se acabó… —fue la respuesta de Milo, mientras el corazón de Saori se destrozaba, y sus ojos se llenaban de lágrimas. Pero antes de poder entregarse a la desesperación, Milo pegó la rodilla al suelo, y metió su mano en su abrigo—. Ahora… me toca a mí el primer intento… —sacó un anillo Milo de su abrigo, sorprendiendo a Saori—. Tragándome todo lo que me queda de orgullo, para pedirte que seas la única mujer en mi vida… —agregó mientras le temblaba la ceja en señal de molestia, y de vergüenza—. Esto es demasiado incomodo… di algo, ¿quieres? —se fastidió.
—¿Me rechazaste… para pedírmelo tú? —le preguntó Saori, mientras su mirada se posaba en el anillo dorado, simple, pero bello al mismo tiempo, y con un rubí pequeño adornándolo—. Eso… es lo más cruel que jamás me has hecho… —comenzó a llorar Saori con fuerza—. ¡Fue demasiado egoísta! ¡Me dio mucho miedo y me dolió mucho! ¡Pero es también lo más hermoso que he sentido en toda mi vida! —se arrojó a sus brazos Saori, tirándole el anillo a Milo, quien, preocupado por su inversión, se lanzó para atraparlo—. Estoy tan perturbada que no quiero siquiera adivinar lo que me estás pidiendo. ¿Es lo que creo? —preguntó.
—Ni yo soy tan sínico para que signifique otra cosa, boba… —se fastidió Milo, sumamente apenado—. En las ruedas de la fortuna… solo hay respuestas de sí o no. ¿Qué respuesta crees que espero? —se fastidió, y Saori sorbió con fuerza.
—Sí… —fue la respuesta, y Milo se fastidió, tomó la mano de Saori, colocándole el anillo, y rápidamente desvió la mirada, intentando incluso en ese momento no mostrar debilidad, aunque el recordatorio de su humillación ya lo estaba consumiendo por dentro—. ¿Puedo pedir un beso genérico? —preguntó mientras continuaba llorando.
—Genérico nada, que ahora eres de mi propiedad —le recordó, tiró de ella con fuerza, y la besó con lujuria, dándole a Saori aquella saciedad que tanto había buscado, por lo que regresó el beso, y así continuaron por un rato, mismo en el que Saori recordó por qué Milo se retraía tanto, todo el tiempo, ya que no tardó en alejarse de él en señal de vergüenza.
—¿Dónde crees que estabas tocando? —se apenó ella, mientras la rueda de la fortuna volvía a encenderse, y comenzaba a bajar. Ese fue el momento en el que Milo se sentó nuevamente en su asiento, y suspiró dejando salir todo el estrés acumulado—. ¿Estás bien? —preguntó Saori.
—Lo estaré… después de darle unos cuantos golpes a Aioria para sentirme como un hombre otra vez… —se fastidió Milo—. Las cosas que tenemos que pasar los hombres… malditas costumbres genéricas… uno debería tomar solamente lo que quiere y ya… no rebajarse a tal… me hierve la sangre… —se mordió los labios.
—Puedo escuchar todo lo que estás susurrando… —le mencionó Saori, pero Milo la ignoró rotundamente. Aunque eso ya no importaba. Saori estaba demasiado feliz, mientras veía el anillo en su mano, y su corazón se sentía cada vez más cálido—. ¿Estoy soñando? —preguntó.
—Si lo estás, es una pesadilla —agregó Milo con muy poco tacto, molestado a Saori por la forma en que arruinaba el momento, mientras la rueda de la fortuna se detenía y la puerta se abría para permitirles bajar—. Ahora, tenemos que regresar que se acaba el… —salió Milo, y tras hacerlo recibió un buen golpe por parte de la espada de Shura—. ¿¡Qué diantres te pasa!? —se molestó Milo.
—¡Excalibuuuuur…! —agregó Shura fastidiado—. Necesitaba liberar mi molestia… además de que pensé que necesitarías ayuda para superar la vergüenza —le explicó.
—¡Pues gracias! —le recriminó Milo, mientras se sobaba la cabeza por el tremendo golpe, y Saori miraba a Shura con cierta pena—. Solo él lo sabe… no se lo he dicho ni a Camus, y así va a seguir, es un secreto, así que no te emociones —le aseguró.
—¿Qué sigue ahora? —le preguntó Shura, y Milo se tornó serio—. Esto… solo es el principio de muchos problemas. ¿Has planeado qué vas a hacer después? ¿Cómo lo vas a lograr? —le preguntó.
—De momento solo sé que no es ilegal ya que en algunos lugares de Grecia la mayoría de edad es a los 14. Esa es mi única arma a mí favor —le explicó, y Shura asintió—. De allí en fuera, no tengo idea de cómo lo voy a hacer… —miró Milo a Saori, quien le regresó la mirada, preocupada—. Solo sé que lo voy a hacer, es una promesa. Pero hasta que sepa cómo hacerlo. Vas a tener que seguir esperando —le recordó.
—Esperaré… —sonrió Saori, abrazando su mano con el anillo—. Esperaré todo lo que deba de esperar. Porque sé, que al final, va a cumplirse —aseguró, mostrándose más optimista que nunca al respecto.
