Audrey y Ethan caminaban hacia el campo de quidditch seguidos a poca distancia por Cyrill, Thomas y Natalie.

- No entiendo por qué tengo que venir. – Masculló Audrey por lo bajo, haciendo que Ethan sonriera.

- Eres mi amuleto de la suerte, no puedo jugar ningún partido sin ti. – Contestó él con sencillez antes de guiñarle un ojo.

La chica negó con la cabeza. No es que odiara aquel deporte, pero prefería hacer otras cosas mejores en su tiempo libre. Aunque, claro estaba, su abuelo Oliver no podía enterarse de aquello o sufriría un infarto. ¿Dónde se había visto un Wood al que no le gustara el quidditch?

- Ya te di una pulsera, debería ser suficiente con eso. – Lo cogió de la muñeca y enarcó una ceja.

Él no pudo evitar ampliar su sonrisa. Recordaba perfectamente cómo la chica le había dado aquel pequeño brazalete antes de su primer partido alegando que, según su padre y su abuelo, todos los buenos jugadores de quiddtich llevaban algún amuleto especial durante los partidos.

- Tienes que estar tú también para que surta efecto. Hazme caso.

La morena puso los ojos en blanco y él pasó un brazo sobre sus hombros para poder abrazarla. Ella deslizó entonces un brazo por la parte baja de su espalda y cerró los ojos, dejando que su cuerpo se relajara con ese simple contacto. Solo Ethan podía hacerla sentir así.

- Oye, Ethan. – La voz de Cyrill hizo que se separaran y se giraran y ambos, aunque el otro no lo sabía, maldijeron en su interior. – No dejes que Riley te distraiga, ¿eh? Recuerda que hoy sois rivales.

- Tranquilos, no dejaré que interfiera. Hoy vamos a ganar, capitán. – Contestó él con tranquilidad. – Además, nuestras jugadas son geniales.

- Ya lo sé.

Comenzaron a hablar de eso mientras Audrey y Thomas ponían los ojos del mundo y se abstraían de la conversación y Natalie escuchaba a medias, aunque tampoco les prestaba demasiada atención. El quidditch le resultaba interesante, pero no le gustaba tanto como para pasar horas y horas hablando de aquello como Ethan y Cyrill.

- ¡Chicos!

Se detuvieron al escuchar aquella voz. Lucy corría hacia ellos, agitando el brazo. Llegó hasta ellos aunque, justo cuando estaba llegando, resbaló y a punto estuvo de caer. Por suerte Cyrill fue rápido y pudo coger a su novia sin caerse él también en el intento.

- Cuidado. – Le dijo, riendo.

- Lo siento. – Ella se disculpó mientras se incorporaba y se colocó bien el vestido azul que llevaba que se le había subido un poco. – He venido a desearte buena suerte.

- Muchas gracias. – La besó con dulzura y ella se sonrojó.

- Mira que mono, ¿quién iba a decirnos que Cyrill besaría a una chica sin fastidiarla? – Comentó Ethan, llevándose una mano al pecho y suspirando de forma exagerada.

- No seas malo. – Le regañó Audrey, conteniendo a duras penas una sonrisa. – Tarde o temprano tendría que dejar de liarla.

- ¡Eh! – Protestó el rubio.

- No le digáis eso. – Lucy se giró hacia ellos y los miró con los brazos cruzados. – Somos adorables y solo un poquito torpes.

- ¿Poquito? – Tessa, que acababa de llegar hasta ellos acompañada de Gwen y Maddie. – Terminaste con un esguince en vuestra primera cita y me apuesto lo que quieras a que el día que llegaste empapada fue porque te caíste al lago, Lucy.

- ¿Y qué más da? – La fulminó con la mirada y la otra le lanzó un beso que hizo que pusiera los ojos en blanco pero, también que se relajara.

- Lo que sea. – Maddie empezó a caminar hacia el estadio. – ¡Daos prisa o nos quedaremos sin sitio!

- Sí, vamos. – Gwen asintió y siguió a su amiga.

Tessa no tardó en unirse, pero Lucy dudó unos instantes.

- Creo que, si no os importa, voy a quedarme con mi prima y los chicos para animar desde las gradas de Ravenclaw. – Dijo finalmente.

- Por nosotros bien. – Audrey se encogió de hombros. – Además, así a lo mejor no me aburro.

- No, tienes que estar pendiente, Dri. – Protestó Ethan. – ¡Si no, no funcionará!

- Merlín, qué pesadito te pones siempre que hay partido… - Puso los ojos en blanco. – Tenéis posibilidades de ganar. El equipo de Gryffindor es fuerte, pero podéis aprovechar el cambio de golpeadores, el de Hufflepuff no está mal, pero su guardián es un completo inepto y el de Slytherin os puede traer más problemas, pero nada que no podáis solucionar teniendo en cuenta - Miró a su prima y le cubrió los oídos con ambas manos ante su indignada mirada. – que los cazadores siempre tiran hacia la izquierda. – Soltó a la otra chica y se encogió de hombros. – Fácil.

- ¿Eso a qué ha venido?

- Lo siento, eres el enemigo. – Cyrill sonrió y la abrazó con dulzura. – Pero no te preocupes, no ha dicho nada del otro mundo.

- Me encanta lo mucho que sabes de quidditch con lo que lo odias. – Ethan le guiñó un ojo a Audrey, que se mordió el labio sin poder evitarlo.

- Soy una Wood, viene con el apellido por desgracia. En las comidas familiares hablan y hablan de quidditch y, al final, acabas por aprender algo.

- Y eso a nosotros nos viene muy bien. – El chico le dio un leve toquecito en la nariz y sonrió. – Tenemos que irnos ya, pero te haremos caso y confiaremos en que fallen los golpeadores.

- Lo harán, hazme caso. Se necesita práctica y ellos aún no la tienen. – Le devolvió la sonrisa y lo abrazó con fuerza. – Mucha suerte.

- Contigo animándome no la necesito, pero cuida mi bufanda, ¿eh? – Murmuró en su oído antes de darle un beso en la mejilla. – Te dedicaré la victoria.

- Eso espero.

- Yo también te la dedicaré a ti, Lucy. – Se apresuró a decir Cyrill al escuchar a sus amigos. La morena lanzó una carcajada y le dio un beso rápido. – Te veo cuando terminemos.

- Sí, suerte.

Se dieron otro beso más y finalmente los dos chicos se dirigieron rápidamente hacia el estadio, donde ya estaban el resto de sus compañeros. Lucy y Thomas no tardaron en seguirlos, pero Audrey agarró el brazo de Natalie y la detuvo. Esperó hasta que los otros dos se hubieron alejado un poco y sonrió.

- Te he visto. – Murmuró.

- No sé de qué me hablas. – Mintió la castaña, sonrojándose levemente.

- ¡Claro que sí! – Lanzó una pequeña carcajada y dio un saltito. – ¡La estabas mirando!

- Claro que no. Solo la he mirado de pasada…

- Ya, por eso te has quedado mirando su culo. – Puso los ojos en blanco. – Te crees que eres la única observadora del grupo, pero eso no es así.

- Audrey…

- Ya lo sé y, tranquila, no diré nada. – Le guiñó el ojo y empezó a andar, todavía agarrada de su brazo. – Aunque quizás deberías intentarlo con ella.

- Creo que Gwen es bastante hetero.

- Bueno, por probar…

Las dos empezaron a reír y entraron al estadio. Los jugadores de Gryffindor ya habían salido y la morena no pudo evitar fulminar a Riley con la mirada.

- ¿Crees que me pillarían si le hiciera un par de confundus a la imbécil esa?

- ¡Audrey! – La miró con los ojos muy abiertos.

- Era broma, era broma. – Sonrió de medio lado. – Tranquila. Sabes que no lo haría o, al menos, no delaten de tanta gente.

- Eres un caso perdido.

- Gracias. – Le guiñó el ojo y señaló los asientos que Lucy y Thomas tenían reservados. – Anda vamos.


El partido comenzó y el equipo de Ravenclaw pronto consiguió ventaja. Lucy gritaba y saltaba cada vez que Cyrill marcaba –lo que hacía que Thomas y Audrey no pararan de reír– y todos entonaban gritos de ánimo. Tal y como la morena había deducido, los golpeadores de Gryffindor no lo estaban haciendo muy bien y eso estaba facilitando bastante el trabajo de los cazadores de Ravenclaw. Los buscadores volaban a toda velocidad tratando de atrapar la snitch y todo parecía transcurrir con normalidad. Hasta que uno de los golpeadores de Gryffindor erró al disparar la bludger y golpeó a Ethan en el hombro. El chico lanzó un quejido de dolor al notar cómo este se dislocaba y perdió el control de la escoba durante unos instantes. Se precipitó hacia el suelo, pero por suerte consiguió aterrizar bien. Dejó caer la escoba y cayó de rodillas al suelo, sujetándose el hombro y apretando los ojos con fuerza.

- Deberíamos… ¿Audrey?

Thomas frunció el ceño al ver que su amiga ya no estaba a su lado.

- Ha salido corriendo. – Dijo Lucy, con una ceja enarcada. Señaló al campo y el chico pudo ver cómo su amiga llegaba corriendo hacia Ethan y se arrodillaba a su lado mientras fulminaba con la mirada a Riley que ya estaba ahí. – Por Merlín… Está enamorada de él.

- No lo admitirá nunca. – Murmuró Natalie antes de suspirar. Audrey sostenía la mano buena de Ethan y le dedicaba miradas de preocupación y auténtico pánico. – Es una cabezota.

- Lucy, ¿has escuchado alguna vez la historia que cuenta siempre mi tía Lizzy de su primer partido? – Le preguntó el chico entonces. Ella frunció el ceño y negó con la cabeza levemente. No estaba muy segura. – Tu padre le dio con una bludger en la cabeza y ella se desmayó y cayó de la escoba. Mi tío James estuvo a punto de pegarse con tu padre, le dio un puñetazo al capitán de Slytherin y mandó a la mierda al novio de mi tía.

- ¡Ah, sí! Mi padre siempre bromea diciendo que tu tío no habría podido con él, pero que se alegra de que no llegara a pegarle.

- Pues tengo la sensación de que justo eso está volviendo a pasar.


- Ethan, tranquilo. – Audrey cogió su rostro entre sus manos y lo miró fijamente. – Estoy aquí, tranquilo. Vas a ponerte bien, en seguida te arreglarán el brazo.

- Me duele mucho, Dri. – Se quejó él. Apretó los dientes y echó la cabeza hacia atrás. – Merlín.

- Te juro que vas a ponerte bien, te lo prometo.

- Deberías ir a avisar a la enfermera. – Intervino Riley, mirando a la morena con cara de pocos amigos.

- ¡No! – Ethan se aferró con fuerza al brazo de la chica y ella sonrió levemente. – Dri, no te vayas.

- No pensaba hacerlo. – Le dio un beso en la mejilla y cerró los ojos mientras apoyaba la frente en su sien. – Ve tú, Riley.

La rubia paseó su mirada entre ambos durante unos instantes. Quiso protestar y recordarle a Ethan que ella era su novia y Audrey solo su amiga, que ella no podría hacer nada por él, que solo era una tramposa que no sabría ni atarse los cordones con magia y que su ayuda era más valiosa, pero, finalmente, guardó silencio, se puso de pie y salió corriendo hacia el director. Sabía que su relación terminaría de forma inmediata si decía aquello. El chico ya se lo había dejado muy claro.

- Me duele mucho…

- Ojalá pudiera hacer algo.

- Puedes. – La miró con la súplica en la mirada y ella abrió mucho los ojos.

- No, Ethan, no puedo hacer eso. – Negó rápidamente con la cabeza.

- Dri, por favor.

- La señora Longbottom llegará en seguida.

- Yo lo haría por ti. – La miró con intensidad y ella sintió cómo todo su cuerpo temblaba. – Confío en ti, sé que puedes hacerlo.

- ¿Y si queda mal?

- No lo hará. Venga, vamos.

La morena sacó su varita y, lentamente, apuntó su brazo. No estaba segura de que aquello fuera buena idea, pero no podía decirle que no. Le dolía mucho, podía ayudarle. Cerró los ojos, se concentró y pronunció aquellas palabras. Las habían encontrado un día por casualidad, ojeando un manual de magia curativa, pero jamás lo habían realizado. Audrey solo esperaba que funcionara.

- Por favor, dime que ya no te duele y que puedes mover el brazo porque como algo haya salido mal no podré perdonármelo jamás. – Dijo, todavía con los ojos cerrados.

- ¡Oh, por Merlín, mi brazo ha desaparecido!

- ¡¿Qué?! – Audrey abrió los ojos rápidamente y frunció el ceño al ver que el chico tenía ambos brazos. Él estalló en carcajadas y ella le dio un puñetazo en el pecho. – ¡Idiota! Me has asustado. Creía que la había cagado.

- Mi brazo está perfecto, tranquila. – Lo movió y ella suspiró aliviada. La agarró entonces y la tumbó junto a él. Le dio un beso en la frente y se acercó a su oreja. – Sabía que lo conseguirías. Eres una gran bruja.

- ¡Señorita Wood! – Ambos se incorporaron al escuchar la voz del director, que los miraba enfadado. – ¿Ha intentando curar usted el brazo del señor Mosby? ¿No se da cuenta de lo peligroso que es eso? ¡Es una magia muy avanzada que se escapa a sus conocimientos!

- Pero me ha curado, señor director. – Intervino Ethan rápidamente. Movió el hombro y sonrió levemente. – ¿Lo ve?

- Pueden haber quedado mal soldados o haberse producido otro tipo de daños. – El hombre negó con la cabeza y miró a su esposa. – Hannah…

- Voy.

La mujer se agachó junto a ellos y realizó unas cuantas comprobaciones. Hizo que moviera el brazo y el hombro varias veces y realizó un par de hechizos antes de incorporarse de nuevo y encogerse de hombros.

- Está perfecto.

- ¿De verdad?

- De verdad, Neville. – Miró a la morena y frunció el ceño. – ¿Ha estado practicando, señorita Wood?

- No. Es la primera vez que lo he hecho.

- Pues mi más sincera enhorabuena y debería pensar seriamente convertirse en sanadora. Tiene madera.

- Gracias, señora Longbottom.

- Bueno, supongo que entonces no pasa nada. – Neville asintió lentamente. – Pero no vuelvan a arriesgarse tanto. Podía no haber salido bien.

- No se repetirá. – Insistió Audrey.

- ¿Puede seguir con el partido, señor Mosby?

- Creo que sí. – Él se puso de pie y le tendió ambas manos a Audrey, que las aceptó y también se levantó de un salto. – Estoy bien.

- Bien pues entonces que continúe el partido.

Los dos adultos se fueron y Ethan abrazó a Audrey una última vez antes de subirse a la escoba y que el partido se reanudara.

La Ravenclaw volvió a las gradas y ocupó de nuevo su asiento. Suspiró y echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Había acumulado tanta tensión en apenas unos instantes que ahora solo quería dormir y llorar. Sintió un brazo rodeándole los hombros y sonrió levemente. No tenía que abrir los ojos para saber que se trataba de Thomas.

- No quiero ni una palabra. – Murmuró. – Ni el más mínimo comentario, chicos.