Prisionera de un Sangre Limpia

AGRADECIMIENTOS: A Holofernes porque ella tradujo la canción "Samain Night" de Loorena McKennit para este capítulo. Gracias de todo corazón, además de excepcional escritora, eres una maravilla como persona :)

21. Ten cuidado con lo que deseas

Llega un momento en el que pierdes las fuerzas. Llega un momento, en el que rozas la muerte. Cuando sientes su roce y su frío abismal, cuando tus pies yacen al otro lado, en el camino oscuro que conduce al fin...la vida es sólo un soplo débil, una ilusión, un breve sueño.

Llega un momento en que olvidas no sólo el día que es, o la hora misma, sino quién eres, dónde estás y por qué, y sobre todo, qué haces viva. ¿Cuál es la razón por la que tu corazón sigue latiendo y su latido indica que la vida sigue fluyendo por tus venas¿Por qué tu cuerpo sigue sin rendirse cuando tú has perdido toda esperanza?

Llega un momento que es definitivo, clave, donde no hay vuelta atrás: ahí decides si te dejas ganar o sigues peleando hasta las últimas consecuencias.

Hermione, tendida en una cama, bastante cómoda comparándola con el suelo, aún jadeaba, al recordar el dolor físico que había sentido. Aquellos miles de aguijones atravesándola por completo, un dolor tan indescriptible, tan intenso e inhumano, un dolor tan puro como el mismo odio que sentía dentro de ella.

Llegan momentos definitivos en la vida de toda persona; Hermione había vivido muchos momentos decisivos, quizá aquel fuera uno de ellos, sin embargo, su decisión siempre había sido la misma: luchar hasta el final. Y en ese instante, cuando Lucius Malfoy atravesó la puerta, acompañado por Blaise Zabinni y Draco Malfoy, no dudó.

El patriarca se adelantó hacia la prisionera, caminando lentamente, con las manos detrás de la espalda. Hermione intentó enderezarse y no aullar al sentir un agudo dolor recorriendo su espina dorsal, pero no consiguió ninguna de las dos.

- Vaya, vaya, vaya...tienes un aspecto, patético, sangre sucia. - farfulló el patriarca, mientras se detenía, a poca distancia. - Ojalá tus amiguitos pudieran contemplarte ahora, tal y como estás: rota.

Una risa cruel escapó de sus labios. Hermione ni siquiera deseaba hablar. Se limitaba a escucharle. Entonces, oyó un roce, como desenfundaba la varita. Cerró los ojos y sintió dolor, más leve que en los crucios anteriores, pero nuevamente intenso en oleadas interminables.

Tan veloz como llegó, el dolor paró. El rastro era sólo recuerdos.

- Te has hecho inmune a los hechizos de tortura.

Lucius Malfoy paseó por alrededor de la cama. Hermione lo observaba, decaída. El rubio acarició la varita con un gesto casi tentador.

- El viejo no está tan chiflado. – masculló. – No…eres valiosa, Granger, eres muy valiosa.

Hermione estaba harta de que toda la saga Malfoy y el mismo Zabinni no hicieran más que repetirle su valía, a la par que la cargaban de insultos, propinándole la tortura más baja y dolorosa. Entrecerró los ojos y bufó.

- Pero eres rematadamente estúpida.

Volvió a aplicarle un crucio, esta vez aumentó el dolor. Hermione gritó, unas lágrimas rabiosas llenaron sus mejillas. Sentía que estaba al borde de su límite. No podía soportarlo.

- Una estúpida. Podías haber colaborado, evitándote todo este trámite antes de morir, sangre sucia. Pero no quieres…prefieres morir con tu inmundo orgullo… ¿limpio? – Lucius comenzó a reír sardónicamente.

- Mátame.

Lucius la miró, con los ojos tan brillantes como los de su hijo.

- ¿Quieres que te mate, sangre sucia?

Hermione asintió débilmente.

Draco apretó el puño, debajo de la capa. Observaba la escena sin prorrumpir palabra, aunque dentro de su boca, todas luchaban por salir, por escupirlas en el rostro de su padre.

- Lo haré. Te mataré cuando me digas dónde se esconden tus amiguitos y cuál es su plan¡cuál es el secreto?

Hermione calló y cerró los ojos. Sabía que una nueva descarga impactaría contra ella.

- ¡Cru...!

Sollozó, antes de que el hechizo se lanzase. Lucius se detuvo cuando oyó aquel lastimero llanto. Se detuvo y se enfrascó en una risa cruel.

- Asquerosa sangre sucia….estoy deseando matarte.

- ¡Pues hazlo! - chilló ella, entre lágrimas.

- Ya te dije cuáles son mis condiciones.

- No hablaré. – susurró. – No hablaré.

- ¡Hablarás! Oh...por supuesto que hablarás. Desearás hablar.

Esta vez, el crucio sí la golpeó. Pero no lo resistió y Hermione se desmayó, dejando los ojos en blanco.

Draco gritó y corrió hasta ella. Lucius, esperándole, justo cuando le tuvo al lado, estiró el brazo velozmente y le golpeó brutalmente en la cara, haciéndole caer de espaldas.

Blaise Zabinni rió, mas, el patriarca, volviéndose a él, lo fulminó con una mirada mortal que le hizo tragarse todo sonido.

Lucius avanzó hasta la prisionera y la cogió por el pelo. Hermione ni siquiera se quejó. Malfoy la zarandeó y la dejó caer, de nuevo.

- Cuando despierte... – fulminó a su propio hijo, quien le miraba desde el suelo, ensangrentado. – hablará. Ya me encargaré yo de que hable.

El patriarca ordenó que la reanimaran. Él tomaría primero un baño.

Cuando quedaron solo Draco y Zabinni, éste tisqueó.

- Draco, Draquito...creo que a tu lotería con Granger le queda poco, muy poco. Tan poco como a la misma Granger le queda de vida. Es una lástima. Una verdadera lástima. Me hubiera encantado follármela.

Draco Malfoy sintió como su ira iba en aumento, a cada palabra de Zabinni, sin embargo, cuando se levantó para enfrentarse a él, con ansia, con ganas de matarle, el ojiverde ya se había marchado.

- Cobarde...hijo de puta... – farfulló, mientras se limpiaba la sangre del labio con la manga de la túnica.

Entonces, se detuvo frente a Hermione. Parecía una muerta en vida. Pálida, más blanca incluso que él, con las mejillas amoratadas, los labios blancos y líbidos, los ojos en blanco, totalmente lacia, sin voluntad. No podía dejarla morir. No...si alguien tenía el derecho de decidir sobre el destino de Hermione Granger, ese era él mismo, Draco Malfoy. Nadie más. Sólo él podía decidir sobre ella. Sí. Porque ella era suya. Sólo suya.

Y no dudaba en que haría lo que hubiese que hacer...para que aquello se cumpliese.

- Nunca...subestimes a un Malfoy... – sonrió. – Nunca...

Los ojos le brillaban. Como los de un loco.

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-Ron... ¡Ron¡Ron por Merlín¿Qué te ocurre¡Ron!

Molly Weasley zarandeaba a su hijo, con lágrimas en los ojos, al borde de la histeria.

- ¡Mamá, mamá¡Déjale!

Ginny apartó a su madre y sujetó a su hermano, para que dejase de moverse.

- Cálmate, Ron.

- ¡Hermione¡Hermioneee!

- Tranquilo, Ron¡tranquilo!

- ¡Maldito bastardo¡Maldito seas¡Déjala en paz¡Déjala!

Ron se atragantaba con las lágrimas, la saliva y su propio sudor. Su hermana luchaba por despertarle de aquella pesadilla. Pero parecía imposible, Ron vivía el horror en su subsconciente.

Ella le llamaba, le llamaba gritando su nombre. "Ron" resonaba estridentemente por todo el cementerio nevado, de altos y fantasmagóricos árboles negros. Sus pisadas manchaban la nieve, la coloreaban de una marrón desesperación, que se tornaba oscura a la par que pálida. "¡Ron¡Ron".

Sus ojos azules buscaban. La buscaban con desesperación y ansiedad. El pelirrojo también la llamaba, casi implorándola. Había momentos en que creía verla, tendida en la nieve, pero sólo eran espejismos crueles de su mente enloquecida. "¡Hermione, Hermione!". Pero no había rastro de ella, ni el más leve y maldito rastro.

Sin embargo, la seguía oyendo, llamándole, llorando casi a gritos, desgarrándose. Y una risa. De fondo. La risa de él. Su risa, su maldita y asquerosa risa. La oía, dentro de su oído, en su cabeza, mezclándose con la débil voz de una Hermione afónica, necesitada, sola...

- ¡Sufre¡Está sufriendo¡Por favor...!

Se retorcía del dolor mientras intentaba alcanzarla, encontrarla en esa maraña de nieblas, fríos y temores, en ese cementerio de silencios, secretos y mentiras. La sentía, dentro de él, contrayéndose del dolor, sollozante, frágil. Casi podía ver los finos y delgados hilos blancos que la sujetaban, aquellos por los que él se movía intentando encontrarla.

- ¡Ron¡Ron¡Por favor!

Pero, agarrándose a uno de ellos, vio como éste se rompía en su mano y comprobó como el hilo que sujetaba a Hermione a la vida, se estaba partiendo.

Abrió los ojos, encontrándose con los de su hermana, quien le abrazó.

- Gracias, gracias... - murmuraba Ginny, besándole la frente.

- Hijo, hijo¿estás bien¿estás bien?

- Todo ha sido una pesadilla, Ron. No pasa nada.

Estaba pálido y helado. Ginny le pasó una gasa por la cara mojada de sudor. Ron entrecerró los ojos. El corazón le iba a mil por hora.

- Hermione...Hermione está sufriendo.

Molly y Ginny se intercambiaron una mirada preocupada.
- Está sufriendo, lo sé. Malfoy...Malfoy...la hace sufrir. Necesito ver a Luna. - exclamó, de golpe, mientras tragaba sus propias palabras.

- ¡Ron! Son casi las doce de la noche, Luna está durmiendo. - le aclaró su madre. - Mañana...

- ¡Ahora! Gin, - Ron agarró el brazo de su hermana y la miró. - por favor, búscala, necesito hablar con ella.

- ¡No, Ron...¡ha sido una pesadilla! - insistió Molly.

- ¡Cállate! - gritó. Pero un golpeo en la puerta les calló a los tres antes.

- ¿Puedo pasar?

- Luna, pasa, yo me voy.

Molly, secándose las lágrimas, se encaminó hasta la puerta por la que ya entraba una Luna ojerosa. Cuando se cerró la puerta, Ron saltó de la cama.

- ¡Luna! - yendo hasta ella, la sujetó por los hombros. - ¡Luna! Herm...

- ¡Lo sé! Lo sé...Ron. He tenido una visión.

- ¿Qué...qué visión, qué pasa?

- Algo pasa, pero no sé qué es. Es Hermione...

- ¡Esta mal, verdad, está sufriendo!

Luna, de pronto, calló.

- ¿Cómo?

- ¡Hermione, Hermione está sufriendo!

- Ahm...no...yo...

- ¡Qué!

Ginny se acercó a Ron y le cogió el brazo.

- Ron, le estás haciendo daño a Luna. - el pelirrojo agarraba fuertemente a la joven Lovegood. - Tranquilízate, por favor.

Acto seguido, al darse cuenta de lo que ocurría, Ron dejó a Luna, pidiéndole disculpas. Se pasó las manos por el pelo y negó con la cabeza.

- Está sufriendo, lo sé, lo siento...lo siento dentro de mí.

Luna apretó el chal rosa con el que se protegía del frío de la noche. Tenía el gesto preocupado y sorprendido, a la vez.

- Ron. Escúchame. No sé si será el mejor momento pero...mi visión era, del futuro.

- ¿Y qué pasaba...?

- Vi a Hermione.

- ¿Hermione en el futuro?

Luna asintió, miró a Ginny y luego de nuevo a Ron.

- Sí. Pero...sé que era ella pero...no sé cómo...cómo podía estar haciendo...eso.

- ¿Qué? - dijeron ambos Weasleys a la vez.

- Yo...vi como Hermione...besaba a Draco Malfoy.

Ron abrió la boca, impactado, casi tanto como su hermana.

- ¿Luna, estás segura? - preguntó ella.

- Sí. Estoy segura. -y tragó saliva - Pero...me asusta...porque...él no la obligaba, ella lo hacía, porque quería.

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A lo lejos se escuchaba el ruido compactado en un pequeño local. La música lenta, las copas, el alcohol en la barra, las almas de la noche, escondidas en agujeros ocultos, levemente iluminados por lamparillas de aceite.

La tropa había comenzado su noche recorriendo las calles más transitadas, para acabar por los callejones más siniestros de Londres, donde entorno a la medianoche, las sombras comenzaban a entreverse como figuras de carne y hueso. Ángela conocía un pequeño club llamado "El aguijón", que, según tenía entendido, era el lugar favorito de encuentro antes de ir de caza. Allí se dirigían los cuatro: Ojoloco, Tonks, Lupin y la misma Ángela, dispuestos a desentrañar los misterios que acechaban, de la mano del siniestro Voldemort, a toda la comunidad mágica y muggle.

- Creo que lo mejor será entrar ya. - dijo Ojoloco, observando como dos nuevas figuras se colaban por la puerta del pequeño bar.

- ¿Estáis preparados? - preguntó Ángela.

Los tres asintieron. Se ajustaron las capas y se adelantaron hacia la puerta de cristal.

"When the moon on a cloud cast night - Cuando la luna conjura la noche entre las nubes

Hung above the tree tops' height... - pendida en la cima de los árboles..."

El local olía a sándalo. Se respiraba noche. Se imaginaban voces y figuras en la oscuridad. La luz era leve, tenue, casi frágil. Se derramaba en forma de cera de velas, colocadas encima de una barra casi ausente; con alguna presencia casual en tres o cuatro de las diez mesitas redondas que llenaban el local.

La música calaba las paredes desnudas de recuerdos. Nadie sabía de dónde procedía, pero era clara y continua. No cambiaba, volvía a empezar conforme acababa la canción, llena de violines y con una voz femenina, cálida y a la vez distante, como aquel club de silencios y secretos. La voz llenaba todo el espacio de melancolía.

"You sang me of some distant past - Me cantaste acerca de un pasado lejano

That made my heart beat strong and fast -lo que hizo que mi corazón latiera fuerte y rápido

Now I know I'm home at last - Ahora, sé que por fin estoy en casa..."

Escondidos, fingiendo beber coñac y whisky, impacientes, se dispersaron por "El aguijón".

Lupin estuvo tentado de hacer realidad la ficción y mojar los labios en el sabor intenso de su coñac pero, más atento que nunca, vislumbró a tres figuras nocturnas, que entraban a formar parte del juego de la noche, al entrar en el club.

"You offered me an eagle's wing - Me ofreciste la ala de una águila

That to the sun I might soar and sing - para que pudiera alzar el vuelo y cantarle al sol..."

Tonks, camuflada totalmente, con la apariencia de un viejo cojo y raro, se acercó lentamente a la barra para suplicar un trago más de whisky y, así poder oír la conversación que se llevaba a cabo entre el trío de sombras.

- Creo que tu querida princesita vuelve a quedarse sola de guardia, Jills...

- Podríamos hacerle una visita¿qué opinas?

Jills hizo girar su vaso, que aún no había tocado. Estaba nervioso y esbozaba sonrisas inquietas.

Tonks no podía ver sus rostros, pero distinguía sus voces. El primero que había hablado tenía una voz grave y misteriosa, el segundo más aguda que el primero y siseante. Jills parecía tener una vocecilla aguda con un tono muy bajo.

- No será suficiente para los tres, sin embargo... - caviló el primero.

- Ella... - habló Jills, de repente preocupado. - tiene un gato, un persa blanco. Quizá Sven...

- ¡Arg! - el segundo hizo un gesto de asco y repulsión. - Odio a los animales...sobre todo los gatos...me niego. Me niego Harris...

"And if I heard the owl's cry - y si oyera el ulular del buho

Into the forest I would fly - al corazón del bosque volaría

And in its darkness find you by. - y en su oscuridad te encontraría..."

- Debemos encontrar algo más. Quizá algún cliente que vaya a buscar una pastilla para dormir... - sonrió Harris. - Dentro de dos noches tenemos una cita con nuestro Señor...y tenemos que estar en perfectas condiciones.

- Pues vamos, - arreó Sven. - necesito beberla ya, no puedo esperar ni un segundo más...

Jills asintió, casi palmoteó ansioso. Harris asintió, despacio y consciente. Asió un billete arrugado del interior de su túnica y lo dejó caer en la barra. El camarero lo cogió veloz, quitando a la vez, los tres vasos, que no habían sido bebidos. Ninguno de ellos.

Acto seguido, se levantaron de los bancos negros y se encaminaron fuera.

"And so our love's not a simple thing - Nuestro amor no es algo simple

Nor our truths unwavering - ni nuestras verdades inquebrantables..."

Las luces de la farmacia brillaban, siendo la única iluminación en la medianoche fría y solitaria de aquella calle olvidada.

Una mujer, arropada por su abrigo y su miedo, avanzaba rápidamente, dirección a la pequeña farmacia de la esquina. Al llegar allí tocó al timbre de seguridad. La mirilla se abrió, dejando entrever un ojo azul.

- Por favor...necesito comprar una medicina para mi hijo. - rogó la mujer.

- Enseguida le abro.

En pocos segundos, después de abrir los cerrojos, la puerta se abrió y la mujer entró dentro.

Las tres sombras se colocaron a los lados de la puerta, sin ser vistos, para atacar en cuanto se abriera de nuevo.

- Oh, muchas gracias. - murmuró la mujer.

- No ha sido nada. Vaya y cada 12 horas déle el jarabe.

- De acuerdo. Muchas gracias...

Los cerrojos volvían a sonar, la mujer iba a salir. Los tres vampiros jadeaban impacientes. Ninguno esperaba otra presencia en aquel silencio.

- ¡Lumus Cegator!

Una luz cegadora invadió la puerta, atacando directamente a los vampiros, que salieron disparados por el aire, aterrizando bruscamente en el suelo mientras que aullaban heridos y se intentaban cubrir con sus capas.

Harris fue el primero en reaccionar. Sus ojos estaban rojos de ira. Observó a la mujer que le había disparado y voló hacia ella, sin embargo, fue derribado por una nueva figura.

Ángela corrió hacia Sven, quien ya se levantaba y le amenazó con la varita.

- Quieto. - le espetó sin dobleces.

- ¿O sino qué piensas hacer...?

- No me tientes a demostrártelo...

El vampiro miró al otro lado. Jills era amenazado por Ojoloco.

Tonks salió finalmente de la farmacia, recuperando su aspecto normal y empuñando su varita contra Harris, quien luchaba encarecidamente contra Lupin.

- Para...¡para! - gritó encolerizada.

Pero Harris, con la fuerza sobre humana del vampiro, era un enemigo demasiado complicado.

- ¡Tonks, acaba con él! - gritó Ángela. - ¡Tenemos a los otros dos!

- ¡Lumus!

Sven aprovechó la luz cegadora para derribar a Ángela y saltar sobre Tonks.

- ¡Nooo! - gritó Lupin.

El cuerpo de Harris cayó hacia un lado, sin vida. Rápidamente su cuerpo comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en polvo.

- ¡Lumus!

De la varita de Ángela salió el chorro de la potente luz que acabó con Sven. Sin embargo, Tonks, en el suelo, estaba desmayada y mostraba el rastro de sangre que manaba de su cuello mordido.

Lupin y Ángela se arrodillaron entorno a ella.

- ¡Debemos regresar al Cuartel! - jadeó Ángela. - ¡Tenemos que curarla!

- ¡Mordazium totalium!

Jills rodó por el suelo, atado todo el cuerpo, amordazado y vendado los ojos. Ojoloco avanzó hacia ellos, con gesto preocupado.

- ¿Cómo está?

- Mal, la han atacado. Debemos volver. - dijo Ángela mientras miraba en derredor. - ¿Sólo tenemos a ése?

- Hablará, no te preocupes. - murmuró Ojoloco. - Voy a borrar la memoria de la muggle. Estará muy asustada.

"But like the moon's pull on the tide - pero al igual que la fuerza de la luna sobre las mareas

Our fingers touch, our hearts collide - nuestros dedos se tocan, nuestros corazones colisionan."

Ángela miró a Lupin.

- Volvamos al Cuartel lo antes posible, no podemos arriesgarnos a perder al vampiro.

- No ha sido culpa de nadie. - aclaró Remus Lupin, mientras cogía en brazos a Tonks.

- La responsabilidad es mía, dejé que me derribara.- dijo con rabia.

- Siempre corremos riesgos...y siempre los correremos.

Mantuvieron el contacto de sus miradas hasta que Ojoloco apareció. Éste cargó con Jills, ahora totalmente quieto y callado.

- Vámonos.

Ángela asintió y sacó el traslador de debajo de su túnica. Pusieron la mano a la vez en la vieja botella y se teletransportaron dejando atrás el oscuro callejón, la noche y la luna.

"I'll be a moonsbreath by your side. - Yo seré un aliento de luna...a tu lado.."

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La luna traviesa se reflejaba en todas las vidrieras, a lo largo del oscuro pasillo de la mansión. Las antorchas ondeaban, frágiles ante las ráfagas de viento que agitaban la noche. Algunas se habían apagado, dejando aún más ensombrecido el corredor.

El silencio era casi cortante. Draco avanzó, lentamente hasta la habitación de largas puertas. Su padre odiaba a los guardas que custodiaban las puertas de todos los cuartos, por lo que se negaba a tener a un guardaespaldas que flanqueara su portón.

"Te costará caro esto, querido padre", pensó Draco, mientras se aseguraba de que no había una sola alma en toda la estancia. Seguro, empujó la puerta, que se abrió con un leve chirrido. Insignificante.

Volvió a toparse cara a cara con la luna blanca de aquella noche, en los ventanales que rodeaban aquella cómoda y lustrosa recámara.Cerró tras de sí la puerta.

La túnica de su padre descansaba encima de su enorme cama. Junto a la varita de éste. "Un mago nunca debe desprenderse de su varita, padre", sonrió Draco.

Se detuvo cuando observó cómo la puerta del baño estaba cerrada. Escuchó el agua. Su padre tenía el grifo cerrado, sin embargo, descansaba confortablemente sumergido en el agua caliente.

Draco observó el escritorio. Ni una foto, ni un recuerdo. Ni de su madre, ni de él mismo. El rubio, sin embargo, guardaba en su mesilla de noche, la imagen de su madre, más bella y plena que nunca, y la besaba y la observaba y la veneraba.

Siempre ordenado. Su padre conservaba cada objeto en su sitio. Pero, había algo que alteraba el orden, un pergamino a medio escribir, sin embargo, como Lucius tenía costumbre, conservaba su firma en el borde izquierdo.

El joven Malfoy bordeó la mesa y se sentó en el sillón de cuero. Sin tocar la carta, la leyó:

"De su más fiel servidor:

Mi querido Señor, ante la preocupación por la falta de resultados con la prisionera Hermione Granger, yo mismo me he trasladado al Castillo de los Triunfos para verificar el trato diario para conseguir la información que usted necesita, mi Lord.

Encontré junto a mi hijo, Draco Malfoy, a su siervo Blaise Zabinni, he de decirle que los esfuerzos de ambos han sido loables, sin embargo, mi hijo, siempre velando por el bien de nuestros propósitos, ha intentado ir suministrando paulatinamente el dolor necesario que esa asquerosa sangre sucia merece, con el fin de conseguir al fin la confesión necesaria. Lo que Blaise Zabinni ha desestabilizado con una dosis excesiva que ha dejado a la prisionera en un estado muy crítico, mi Lord.

Por ello, yo he..."

Draco sonrió. Sacó la varita del bolsillo y la dirigió al pergamino. Dejando los ojos en blanco, comenzó a hablar, y, al mismo tiempo, en el pergamino se empezaron a grabar sus palabras.

"...yo he decidido que mi hijo siga intentando la labor encomendada, puesto que no podemos arriesgarnos a perder a una prisionera tan valiosa.

Debo comentarle un tema de menor grado de importancia pero que usted debe conocer, mi Lord. Últimamente me he sentido mal y he tenido varios desvanecimientos. Temo que mi salud pueda estar en peligro y mi trabajo pueda no estar siendo efectivo e inútil. Por ello, le pido que me disculpe ya que voy a detenerme para descansar unos días.

Siempre su más fiel servidor, a su entera disposición.

Lucius Malfoy"

La sonrisa de Draco se hizo más amplia aún. Todo estaba listo.

Se levantó del sillón y escuchó como su padre canturreaba en el cuarto de baño. Un gesto de asco salpicó su cara. Le temblaba el labio.

Así, decidido, empujó la puerta blanca, entrando en el baño, lleno de un vapor caliente y pegajoso.

- ¡Draco!

Lucius Malfoy, sobresaltado, a punto de estuvo de incorporarse. Pero su hijo se lo impidió, al echarle hacia atrás, sólo con el poder de su mente. Lucius frunció el ceño.

- Mírate, padre.

El cuerpo blanco, arrugado, largo, viejo de su padre, frente a sus ojos, le repugnaba. Odiaba a aquel hombre. Su pelo rubio, mojado, su rostro afilado, a la vez tan familiar, tan igual a él. Con esos ojos, más azules que sus pupilas grises, de puro acero, fulminándolo, indignado, sorprendida y poco a poco, horrorizado.

- Draco¿qué?

- Calla. Cállate.

Lucius sentía como la fuerza de su hijo lo ataba al borde de la bañera blanca. Su cuerpo estaba literalmente petrificado, absorto e inválido. Un extraño calor agobiante caldeaba el agua de la tina.

- Cállate...padre. - Draco sonrió. - Ahora la palabra la tengo yo. Yo.

Draco se pasó la lengua por los labios. Sintió entonces dolor en su mejilla, en su mentón...la huella del brutal puñetazo que el patriarca le había propinado apenas una hora antes.

La presión de Lucius Malfoy, aumentó entonces. El patriarca miró desesperado hacia su alrededor. Intentó mover sus manos pero no podía. A pesar de su esfuerzo, no podía moverse.

- Yo. Tu hijo...tu pobre hijo... - rió. - no soy un estúpido, padre, nunca lo he sido, aunque tú lo creyeses. Soy muy inteligente, muy rápido, muy poderoso. A veces pienso que casi tanto como el Señor Oscuro. Pero tú, siempre me has creído mediocre...siempre te has creído superior a mí. Ja...superior¿tú?

El grifo, mágicamente se abrió y un chorro flojo, de agua, comenzó a correr, llenando poco a poco la bañera.

- Tú...sólo eres una rata, una rata a los pies del Lord. ¿Te crees capaz de venir aquí...a darme órdenes? Padre, desde que tuve conciencia de que con mi mente y mi varita podría tenerlo todo...padre, desde ése momento, no tienes valor para darme órdenes. Mucho menos...órdenes, respecto a ella.

Brillaron los ojos de Draco, al mismo tiempo que el agua llegaba al cuello de Lucius, quien, cada vez más desesperado, lloraba.

- Ella...ella... - recordando a Hermione, volvió a lamerse los labios y se atrevió, incluso, a sentarse en la tapa del retrete, mientras observaba a su padre. - desde el mismo momento en que ella llegó aquí, supe que...todo había merecido la pena. Todo. Toda la humillación por la que me has hecho pasar. Y ahora...pagarás.

- Dra...co...noo... - murmuró Lucius.

El rubio rió. El agua rozaba los labios de su padre.

- Sí. Pagarás. Por mí, por mamá, por...Hermione. - sonrió. - Por todos. Por todos tus pecados, padre. - añadió con una voz casi celestial.

Lucius sintió como el agua entraba por su nariz y miró a su hijo suplicante.

- Vas a ahogarte, padre. Vas a ahogarte...

Lucius sollozó. Pero Draco no tenía piedad. Había enloquecido.

- Adiós, padre, adiós...

Con una nueva fuerza, Draco sumergió a Lucius en la bañera rebosante. Lucius le miró, pero poco duró ese contacto, poco a poco sus ojos se quedaron en blanco y su cuerpo agarrotado, cedió al abrazo de la muerte. - Ahora sí, padre...ahora, sin tu estúpida presencia...Hermione es mía¡mía!

Y rió. Rió mientras el grifo seguía goteando, rebosando la bañera, el agua mojando las baldosas.

Draco salió de la estancia y dejó la puerta entreabierta.

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Con suma urgencia, Ginny y Snape se encerraron con Tonks en uno de los cuartos preparados para los enfermos.

Exhaustos por el viaje y la larga carrera, el resto del equipo se reunió en el salón junto a varios miembros de la Orden. Entre ellos, Minerva McGonagall, Ron Weasley y Molly además de Luna Lovegood.

- Hemos dejado al vampiro en el sótano. Sigue con el hechizo de Ojoloco. - comentó Ángela, quien lucía un rostro demacrado.

- Creo que deberíamos interrogarle cuanto antes. - añadió Moody.

- Me parece bien.

- Puedo encargarme. - se ofreció Lupin.

- Iremos los dos. - tajó Ángela.

- Estás cansada...deja que...

- Remus, sigo siendo la jefa de misión. - dijo con una sonrisa cómplice. - Así que no me discutas.

- Está bien... - asintió el licántropo. - Está bien.

- ¿Puedo asistir? - pidió Ron.

- Creo que puede que te sirva como entrenamiento. ¿Cuál es tu opinión, Molly? - consultó Ángela.

La señora Weasley miró a su hijo y se encogió de hombros.

- Parece que mi opinión no tiene valor para él...así que...si es lo que quiere...

- Cuanto antes lo hagamos, mejor.

- Vamos entonces.

oooooooooo

Jills miraba aterrado a todas partes. Temblaba.

- ¡No...la luz no¡No! - gemía.

- Tranquilo. - susurró Ángela, entrando en la estancia. - No abriremos ninguna ventana ni te haremos ningún daño, siempre y cuando colabores.

Jills observaba al hombre de su lado. Lupin, severo y de mirada profunda.

No se percataba de que detrás de ellos, estaba Ron Weasley, siguiendo atentamente la escena sin perder detalle.

- No...¡no puedo traicionar al Lord!

- No traicionas a nadie...

- El Lord, el Lord me matará...me torturará...prometimos fidelidad...él dijo que nos protegería...que nos daría sangre fresca de los mejores magos...

- ¿A cambio de qué? - inquirió Ángela.

- No puedo...no puedo...

- Sangre fresca¿a cambio de qué?
- La poción y los muggles... - dijo, vomitando las palabras rápidamente.

- ¿La poción de la oscuridad? - exclamó Lupin con duda.

- La poción que necesita frío...frío...

Lupin murmuró al oído de Ángela.

- El pleidostan, tal y como dijo Snape...sus cuerpos están exentos de calor alguno.

Separándose, Ángela volvió a preguntar:

- ¿Para qué quiere el Lord que ingiráis la poción?

- Por los muggles. Por esos sucios muggles... - ¿Quiere matarles?

Jills rió rastreramente.

- El Lord es sabio, listo...el Lord...

- ¿Quiere matar a los muggles?
- No...no...los muggles van a ayudar al Lord.

- ¿Cómo?

- No tendrán otra opción.

- ¿Por qué?

- Porque la poción les obliga.

- ¿Por qué?

- Porque hace que sólo puedan obedecer al Lord. Siempre al Lord.
- ¿Y qué quiere lograr el Lord?

Jills rió.

- Quiere que los muggles maten a los muggles. Los muggles son fuertes con la poción. Con la poción harán caso al Lord...con la poción...matarán, tendrán los poderes...serán super hombres...

- ¿Cuándo?

- No sé.

- ¿Cuándo va a atacar?

- Cuando sea el momento.

- ¿Cuándo será el momento?

- El Lord no lo dijo. No dijo nada más. Sólo...cuando sea el momento.

Y ninguno sabía lo cerca que estaban de ese momento.

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Sus ojos estaban llenos de agua. En aquel momento eran dos océanos insondables. Agua. Sólo había agua.

- Abre la puerta. - ordenó tajante.

Su voz jadeaba levemente, pero en su rostro no había ninguna seña visible que hiciera sospechar. Firme, sin rodeos, directo siempre, avanzó cuando el guarda le dio paso a la habitación.

El cuarto estaba totalmente a oscuras. Las largas cortinas tapaban los ventanales. Las losas seguían lisas, resbaladizas y nacaradas. Ella seguía allí.

Draco se acercó lentamente, después de hacer una pausa y mirar la cama donde ella se hallaba tendida a lo largo, con los brazos caídos hacia un lado.

Tenía la boca entreabierta y el gesto casi doloroso. Pálida, aún sudorosa, delgada y demacrada, con el pelo enredado tapándole el cuello.

Él se detuvo cuando ascendió el escalón donde estaba subida la cama. La observó. Observó sus rasgos, sus pestañas. Entonces se arrodilló al lado del bordillo. Se arrodilló y la miró a escasos centímetros de su cara, de su nariz. Sonrió y pasó un tiempo así, simplemente, sin hacer nada más: sólo respirar y observar, como el que observa un cuadro, embelesado, ido.

Respiró profundamente. Alzó una mano y con un dedo recorrió la ceja de Hermione hasta llegar al final y acariciar la piel. Sintió un estremecimiento a lo largo de todo su cuerpo, un escalofrío por toda la columna.

Fue en ese momento cuando la llamó, suavemente, casi con la dulzura con la que se llama a un niño cuando se le despierta por la mañana para avisarle que es la hora de comenzar el día.

Ella tardó algunos segundos en darse cuenta, seguía en un estado de inconsciencia y atolondramiento, a causa del brutal interrogatorio a la que la habían sometido. Sentía dolor al moverse, le pesaba todo el cuerpo.

- Shh... - la calmó el mortífago. - tranquila. Todo está bien.

Hermione intentó abrir los ojos, Draco acarició su mejilla. Al fin lo consiguió, chocando con los océanos de Draco. Escudriñó su mirada, sin ser aún consciente de nada. Hizo el intento de hablar pero el Malfoy negó con la cabeza y puso un dedo en sus labios.

- Todo está bien. Nadie va a hacerte daño. No lo permitiré. - dijo, con sinceridad, sin dejar de mirarla fijamente. - Nadie va a tocarte nunca más. Nunca más. Nadie más. Nunca más...no...no, mi querida Hermione...no...

Con ambas manos acarició su pelo. Aquella mata enredada de cabellos castaños. Sonrió cuando sintió el tacto encrespado.

- Ahora van a darte un baño¿quieres? Un baño de agua caliente, con espuma, si quieres...¿quieres? - le preguntó, inquiriendo, acercándose más aún a rozar la punta de su nariz. - Tendrás toda la espuma que quieras...solo para ti. El tiempo que quieras. Y después...ordenaré que te instalen en mi habitación. Y te cuidaré. Te cuidaré...¿de acuerdo?

Hermione se dormía, no tenía fuerzas para continuar escuchando aquel monólogo sin sentido de Malfoy.

- Te cuidaré, Hermione. Nadie va a hacerte daño. No lo permitiré. - sonrió, de manera cómplice. - Él no podrá hacerte daño. Nunca más. A nadie más. Nunca me volverá a dar órdenes. Nunca más.

Y sonrió, triunfal, satisfecho. Sin ningún arrepentimiento en su mirada llena de agua. Sino sencilla alegría, sencilla paz. Ahora estaba en paz.

oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Se despertó aquella mañana, sobresaltado.

Entre las pesadillas que habían asaltado todos sus sueños, la más horrible, sin duda, siempre era la misma. Hermione en brazos de Draco Malfoy. Hermione besando a su enemigo. Hermione amando a otro. Hermione amando a un asesino.

Sin embargo, entre todos aquellos terroríficos sueños, había una imagen que no dejaba de repetirse en su mente. La casa de Hermione. La casa Granger. Esa pequeña y acogedora vivienda, en un barrio bastante apacible, de largas calles donde las parejas paseaban, los jóvenes daban paseos en bicicleta y los niños jugaban en un parque, dando saltos en los columpios.

Recordó una noche en la que había paseado con Hermione por las calles de su barrio. Él la había visitado para saber de ella, después de un viaje a Grecia con sus padres. Todo era muy distinto. La recordaba viva, parlanchina. Hablaba sin cesar y él sólo escuchaba la mitad de lo que decía, con una sonrisa de oreja a oreja y arqueamientos de cejas, malabares con las manos, cambios de tono...comentarios mordaces. Hermione, viva, muy viva. En su memoria.

Se vistió deprisa y bajó, sin hambre como le solía ocurrir todas la mañanas. El cuartel estaba en silencio aunque pudo observar como en el pequeño saloncito, Ángela tomaba un café. Él se preparó un zumo de naranja y lo bebió en un par de tragos.

Pegó en la puerta para entrar. Ángela se giró para ver quién era y le sonrió invitándole a pasar.

- Qué madrugador. - dijo con una sonrisa.

Ron arqueó una ceja.

- Llevas la misma ropa que anoche. - hizo un gesto contrariado. - ¿Has dormido?

Ángela volvió a sonreír, mucho más levemente.

- Querido Ronnie, no se te escapa ni una¿eh?

- ¿Cómo está Tonks?

- Dormida. Snape se ha pasado toda la noche vigilándola. Claro, porque obligó a dormir a Ginny, sino hubiera tenido compañía. Tu hermana es excepcional.
- Lo sé. - Ron miró a su alrededor. - Ángela, me apetece dar un paseo.

La mujer frunció el ceño.

- ¿Quieres hablar o...?

- No. Verás... - no sabía si mentir o no. - yo...me gustaría alejarme un poco para pensar.

- ¿Un poco cuánto es?

- Un poco.

- No sabes mentir, Ron Weasley. - y suspiró. - ¿Qué quieres que yo haga?

- Si alguien pregunta por mí, dile que acabo de irme a correr y que no tardaré.

- Ron, no me metas en...

- Por favor.

- Tu madre se enfadaría mucho conmigo y...además¿y si te pasa algo? Yo me sentiría responsable y...

- Una hora, tardaré sólo una hora, te lo juro. Si tardo más, puedes venir a buscarme.

- ¿A dónde?
- A...

Titubeó. ¿Cómo iba a decirle a Ángela que iba a casa de los Granger?

- A Big Donuts, ya sabes la...

- Sé dónde es.

- Gracias.

- Pero a cambio quiero algo.

- ¿Qué?

- Que me traigas un donut de triple chocolate.

Ron sonrió y besó a Ángela en la frente.

- Eso está hecho.

ooooooooooooooooooooooooo

Antes de que amaneciera, se levantó y se puso su ropa de trabajo. La misma de siempre. Con el mismo olor a nada que siempre. Añoraba los perfumes de Parvati: fresa, vainilla...aquellos aromas tan dulzones que llevaba consigo todo el día y que dejaban su rastro allí por donde pasaba.

Se lavó la cara con el agua helada del grifo y se secó rápidamente, recogiéndose el pelo con una redecilla negra. No se miró al espejo aquella mañana.

Salió rápidamente hacia el gran salón que tenía que limpiar y estar listo en menos de dos horas.

Dos compañeras la saludaron al llegar, una de ellas también era de Gryffindor, aunque era un año mayor que ella. Nataly. Era muy guapa antes. Ahora lucía una cicatriz que le marcaba toda la mejilla derecha. Se la habían hecho unos mortífagos cuando se resistió a que la apresaran junto a su hermana y su padre. Al menos no le había dañado la vista. Nataly había sido optimista y vivaz. Ahora era muy callada y nunca sonreía.

Lavender se puso a limpiar las mesas, una a una, frotando sin pausa con el trapo. No quería pensar. No quería pensar. Por eso frotaba y sólo pensaba en lo que sus ojos tenían enfrente. La mancha amarilla en la esquina de la mesa marrón, tenía que quitarla. No podían recibir queja de ella. No, no podían quejarse de su trabajo. Al fin y al cabo, su trabajo era el mejor. Casi nunca tenía que hablar con los mortífagos, los guardas y tampoco los presos. Tenía "libertad". Podía recorrer el tercer piso a su antojo. Andar por las cocinas, los baños, las salas de retratos, aunque en éstas últimas nunca solía estar, le daban pánico los retratos que la insultaban y se reían de ella.

Cuando terminó con las mesas, siguió con las sillas. Nataly había hecho la mitad de las sillas, por lo cual terminó rápido. Lustró los sillones de cuero y los de terciopelo. Vació los ceniceros de colillas y los limpió, perfumándolos levemente.

Ann, la otra compañera, se encargó de fregar. Éso era lo peor. Fregar de rodillas la estancia. Por fin se le habían quitado las costras de cuando había fregado todo el pasillo del segundo piso. Solía ser un castigo, pero ella no había hecho "nada", sin embargo, había tenido que fregarlo.

Terminaron más rápido que de costumbre. Sin duda, el tiempo que llevaban allí encerradas las había acostumbrado y la práctica las había mejorado. Quizá recibieran alguna recompensa, aunque nunca la deseada.

A Lavender le tocaban de nuevo los baños. Odiaba con toda su alma limpiar los baños. Tenía que limpiar los veinte retretes y diez bañeras del segundo piso. Sola. Odiaba limpiar sola.

Pero con la resignación que llevaba consigo a todas partes, se dispuso a hacer su trabajo.

Lo que más odiaba de los baños eran los espejos. Sobre todo los espejos de las bañeras. Todos los cuartos con enormes bañeras estaban rodeados de enormes espejos. Parecía que a los mortífagos les satisfacía bañarse viéndose por donde miraran.

Comenzó a limpiar los retretes. Eran veinte retretes seguidos, uno tras otro, en una enorme sala. Uno tras otro, uno tras otro. Ya se había acostumbrado. La primera vez vomitó, la segunda y la tercera también. La cuarta solo tuvo arcadas. La quinta y por consiguiente las demás, ya se había acostumbrado y lo hacía monótonamente, como una máquina.

Se había acostumbrado a no sentir. Simplemente a trabajar sin descanso para no anhelar la libertad, ni el aire fresco, ni la lluvia ni el sol siquiera.

Terminó más rápido de lo que se esperaba. Terminó y se encaminó a los cuartos de bañeras. Eran cuartos individuales. Con bañeras gigantescas.

Comenzó con la primera bañera. Tenía las manos arrugadas. Las bañeras olían peor que los retretes. Pero se había acostumbrado al olor y a la ausencia de olor. Había manchas por todas partes.

Hizo cuatro bañeras en el tiempo que había tardado para los veinte retretes. Estaba muy ocupada intentando no mirarse en los espejos. No podía enfrentarse con el reflejo de lo que se había convertido.

Entonces, cuando comenzaba con la quinta bañera, la puerta del cuarto individual se abrió.

Lavender no se movió, pensaba que al darse cuenta que estaba limpiado, quien fuera se marcharía a otro cuarto. Oyó como la puerta se cerraba y siguió con su trabajo. Sólo oía como el estropajo verde desteñido frotaba las manchas negruzcas de la porcelana blanca. - Buenos días.

A punto estuvo de gritar cuando escuchó la voz siseante en su oído. Aterrada, dio un bote y se giró, encontrándose con el dueño de aquella voz maliciosa.

- Tú. - dijo con un hilo de voz, a su vez.

Él sonrió.

- Estás muy ocupada. ¿Estás limpiando bien todo?

Ella no respondió, aún sostenía el estropajo en su mano cerrada.

- Seguro que sí¿verda? Bien...sigue, no quiero interrumpirte.

Lavender titubeó, estaba nerviosa pero no se atrevía a desafiar la orden del mortífago. Así que se giró y continuó intentando borrar las manchas de la bañera.

- ¿Sabes? Siempre te he visto muy atractiva. En Hogwarts siempre deseaba follarte. Pero tú siempre estabas con tus amiguitas, la idiota de Patil. - rió cruelmente. - O sino, los imbéciles de Dinigan y Thomas. ¿Te acostabas con alguno?

Ella no respondió.

- Te he hecho una pregunta.

- No. - dijo.

- Mientes.

Zabinni la cogió por los hombros y la giró hacia él. Ella cerró los ojos porque si los abría, vería de pleno su rostro en el espejo. No por Zabinni. Ya le había visto otras veces y sabía cómo era. Por eso mismo, sintió miedo cuando él la tocó.

- Mientes, repugnante sangre sucia.

Le soltó una bofetada, ella estuvo a punto de perder el equilibrio y caer en la bañera que estaba limpiando, pero Blaise Zabinni lo evitó. Por contra la empujó a la pared, que no era sino un espejo. Ella cerró los ojos y sintió el dolor en su mejilla y en su espalda. - ¿Me quieres hacer creer que eres virgen? Por favor...

Lavender no era virgen. Había estado con dos chicos. El primero con sólo catorce años. Había sido con un chico indio llamado Ray. Lo conoció en un campamento de verano. Él no era mago, sólo era muggle, como ella debería haber sido. Había sido precioso para ella. Lo recordaba con dulzura. El segundo había sido en su cuarto año en Hogwarts, con un chico de Drumstand, Tedd. A ella le había gustado desde el primer momento y bailaron varias veces en el Baile que se celebró por el Torneo de los tres magos. Se dieron muchos besos a escondidas, se tocaron y, cuando acabó el Torneo, hicieron el amor en el cuarto que Lavender compartía con Hermione y Parvati. Fue muy rápido pero intenso. También Lavender guardaba ese recuerdo con cariño en su memoria.

- Llevabas un cartel de puta en Hogwarts.

Zabinni se desabrochó el pantalón y desgarró la ropa de Lavender. Ella no lloraba, sólo temblaba porque sabía lo que iba a suceder. Lo había visto antes, había visto como violaban a una compañera cuando aún estaba en una celda encerrada junto a otras tantas. Por eso había querido salir de allí. Como ahora sólo quería salir de allí.

Zabinni la penetró con violencia. Lavender gritó de dolor y Zabinni empujó con más fuerza, con más violencia, haciendo que Lavender tuviese que morderse los labios para no volver a gritar aunque lo deseaba.

- Virgen... - rió como un loco. - Puta...

La violó. Mordió sus pechos y su cuello hasta hacerla sangrar. Lo peor para Lavender fue la única imagen que conservaría después de que Zabinni acabase, la tirase al suelo y se marchase lavándose antes las manos. La imagen que todos los espejos de la maldita habitación le devolvía, su propio rostro.

oooooooooooooooooo

Aquel invierno estaba siendo el más largo de todos. Ron ahelaba la primavera, casi tanto como aquellos árboles tristes que adornaban la calle sin vida. Pero sabía que la primavera sólo volvería con Hermione, no antes.

Mientras él caminaba, con las manos en los bolsillos, sintiéndose a cada paso, más y más extraño, varios hombres con trajes de chaqueta salían de sus casas y arrancaban sus coches, dirección a sus trabajos. Algún madrugador paseaba a su perro.

Ron observó como los números iban pasando, 1, 3, 5, 7, 9...así, tenía que llegar hasta el número 19, y quedaba muy poco. Pasó por delante del parque, a esa hora aún desierto. La brisa agitaba un columpio vacío. En una visión fugaz, vio a Hermione meciéndose en el columpio, mirando al cielo, mirándole luego a él.

Sintió ese nudo que le acompañaba todos los días. Era tan difícil vivir sin ella...cada día, levantarse sabiendo que ella no compartiría ni una sola de sus horas, que no podría contarle nada, ni observar la noche a su lado. No al menos en carne y hueso. Él la mantenía viva y presente en su alma, en su mente daba vueltas a cada segundo. Habían pasado meses y meses, pero él no podía olvidarla ni un sólo segundo.

Vio como llegaba al número 17 y supo que ya había llegado cuando dio apenas tres zancadas más. Había llegado a la casa Granger.

Miró a sendos lados. No había nadie así que subió los tres peldaños de la breve escalera y sacó disimuladamente la varita de entre la túnica, murmurando el hechizo en voz baja. La puerta se abrió ante él. Así de fácil. También lo había sido para los mortífagos aquella noche.

Cerró la puerta tras de sí. La casa estaba en penumbra, levemente iluminada por los rayos matinales que se colaban por las ventanas, llenas de polvo. Ron tragó saliva, aquello iba a ser muy difícil.

Cruzó la entradilla, miró la cocina, ordenada y como parada en el tiempo, con la cortina de encajes y bordados de pequeñas frutitas en los bordes. Sonrió y siguió caminando. El salón estaba hecho un caos. El sofá estaba volcado, al igual que la mesa. La televisión estaba rota, entre un mar de cristales. Dos maletas sin tocar en un rincón. La maleta de Hermione, aquella que usaba para Hogwarts, con sus iniciales.

El pelirrojo se acercó y abrió la maleta. Sólo había dos libros desencajados.

Se levantó lentamente y, al hacerlo, vio la puerta del cuarto de Hermione. Sólo había subido la vez que paseó con Hermione por su calle, porque la señora Granger insistió en que subiese a tomarse un zumo antes de marcharse. Había estado en el salón e incluso en la cocina, también en el baño, pero no había pisado el cuarto de Hermione nunca antes.

Se llenó de coraje, sabía que le iba a hacer falta.

La persiana de Hermione estaba bajada, Ron sólo veía oscuridad pero, fijándose vio como en el techo de la habitación, algo brillaba. Eran estrellas. Eran las constelaciones que Hermione tanto adoraba. Estaban todas, repartidas por el techo que ella miraba antes de dormir.

El nudo en su garganta ya era importante.

Buscó en la pared el interruptor de la luz. Cogió aire y empujó. La luz llenó el espacio. Ron observó en silencio.

El cuarto estaba rodeado por una larga estantería circular. Encima de la estantería, cientos de libros. Un escritorio con folios desordenados y tinta manchando varias hojas. Tinta ya seca. Se fijó que debajo del escritorio había una especie de colchón con función de cama. En letras doradas se leía Crooskands. "Pobre", pensó Ron. No había rastro de él.

Entonces, se fijó en lo que había justo al lado del escritorio. Un armario. Cogió el pomo y tiró. De repente, llegó a su nariz un olor. Sí, era el olor de Hermione. Su olor a limpio mezclado con un toque a dulce vainilla. En ese momento, Ron no pudo aguantarlo más y lloró, sin contenerse, nadie le estaba mirando. Lloró mientras cogía un jersey apolillado del armario y lo abrazaba, mientras resbalaba hasta el suelo del cuarto de Hermione, sin parar de llorar.

Lloró hasta que recordó que debía volver para cumplir la promesa que le había hecho a Ángela. Decidió que se llevaría el jersey de Hermione y, justo cuando iba a cerrar el armario, vio algo que le llamó la atención. Extendió la mano y lo cogió. Entre lágrimas, sonrió. Era otro jersey. Pero, no era de Hermione. En el jersey naranja se leía en grandes letras centradas "RON". Ese había sido uno de los incontables jerseys navideños que su madre le mandaba. No sabía cómo había llegado a manos de Hermione. Quizá se lo había dejado alguna vez en la sala común y ella lo había cogido para dárselo pero no lo había hecho, o se lo podía haber robado por...¿por qué? Sonrió. El hecho de que Hermione tuviera ese Jersey era otro motivo más para él. Debía encontrarla y regalarle todos sus jerseys, todos y cada uno de ellos.

Sonrió. Si ella tenía algo suyo, él anhelaba tenerla a ella. Se llevó el jersey de Hermione, cerró el armario y apagó la luz.

Debía salir de allí. Fue hasta la salida, la luz era más brillante y la casa estaba mucho más iluminada. Cruzó el salón, lo miró de nuevo. Ya había llegado a la entradilla cuando vio un sobre encima de la mesita de la entrada del recibidor. Un sobre blanco en el que se leía: Para Hermione Granger. Estaba abierto.

Ron, movido por la curiosidad y por el deseo de encontrar pistas, leyó la carta:

Hermione:

Estás en peligro. Huye, huye lo antes posible. Han capturado a Lavender, esta mañana cuando fui a buscarla, ya no estaba. Esto es tan horrible...huye por Merlín. Sé que van a ir por ti, lo he visto. Van a ir por ti una noche. He tenido una visión. Sé que no crees en estas cosas, que te quitaste de Adivinación por ello pero, es real, era tan real al menos...Huye...He visto que te iban a llevar a un Castillo y he visto más cosas...pero no sé qué pensar...mañana mismo voy a ir a la casa de la señora Kannack, es una bruja con grandes poderes adivinatorios que conocí en la presentación de un libro. Necesito que me ayude a interpretar lo que he visto. Ojalá esta carta pueda ayudarte en algo. Ojalá mi visión pueda ayudar...Un beso, amiga

Parvati Patil

Ron miró a la puerta. Aquello era una luz. Sabía que Parvati había sido capturada unos días después que Hermione. Pero...quizá...su visión...quizá en su visión hubiese visto dónde llevarían a Hermione, quizá aquella mujer...¡sí¡Eso era!

Ron salió de la casa, llevándose el jersey de Hermione y la carta de Parvati. Debía encontrar a Hermione y para ello, antes, debía encontrar a la señora Kannack.

ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Abrió los ojos. Sentía un calor agradable en el estómago. Estaba tapada por un cálido edredón nórdico y apoyaba la cabeza en unos almohadones blandos. Se sintió un poco mareada cuando intentó saber dónde estaba.

- Has despertado. - oyó.

Giró lentamente la cabeza en dirección a la voz. Una amplia sonrisa la recibió.

- ¿Tienes hambre¿Quieres comer?

No dijo nada pero asintió.

Malfoy abrió la puerta y trajo consigo una bandeja, pero no una bandeja metálica, fría y triste, como las que Hermione estaba acostumbrada a recibir en la celda, sino una bandeja forrada, de madera.

- ¿Leche caliente?

Hermione detestaba la leche sola y, más aún, caliente, pero asintió de nuevo. Intentó moverse y se quejó, le dolía el cuerpo.

- Shh...no te preocupes.

Draco se acercó a ella, sentándose en la cama y acercando la taza a sus labios. La inclinó para que ella bebiese. Hermione bebió hasta que Malfoy retiró la taza para que respirara, así tres veces.

- No puedes comer sólidos, pero te he mezclado la poción revitalizadora con unos cereales. - mientras le decía ésto, le acariciaba la cara, con cariño y delicadeza. - ¿Quieres?

- Sí...

A Malfoy se le iluminó el rostro.

- Has...has hablado... ¿te encuentras...? - sonrió. - Bien... intenta no forzarte. Te daré el desayuno...

Y así lo hizo. Cucharada tras cucharada, Malfoy dio a Hermione la mezcla hasta que Hermione se sintió incapaz de tomar más y él hizo que retiraran la bandeja.

- Te dejaré descansar¿de acuerdo? Duerme, vendré por la noche.

Nuevamente, acarició el rostro de Hermione, quien comenzó a cerrar los ojos. La poción revitalizadora le daba sueño.

Malfoy sonrió y, sin hacer ruido, salió de su habitación para dejar a Hermione durmiendo en ella.

oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Mientras caminaba por el pasillo del Castillo de los Triunfos hasta el salón donde se reunían todos los mortífagos, se encontró cara a cara con Raig Sight. El hombre con quien había tenido hacia ya un mes, por lo menos, una conversación bastante reveladora:

ooooooooFLASH BACKooooooooooo

- ¿Tiempo¿Me pides tiempo? Tengo que redactar un informe y...¿qué tengo? Nada, blanco, Granger no ha soltado palabra en casi un mes¡un mes¿Cómo crees que va a reaccionar...?

- Raig, tranquilízate. Yo sé muy bien la confianza que el Señor ha depositado en mí y presta cuidado que no le decepcionaré.

- Malfoy...he de hacerte una pregunta y me gustaría que la respondieses sin vacilaciones debido a la estrecha amistad entre...

- Pregunta.

- ¿Es que...es Hermione Granger un caso difícil para ti? Debido a la enemistad de la infancia y a...la chica, es decir, - una nueva tos, algo incómoda. - la sangre sucia es...una mujer y tú...todo un hombre y todo hombre tiene...necesidades¿tú...tienes...?Ya sabes¿algún inconveniente hacia esta condición?

- ¿Insinúas que...siento atracción por Hermione Granger, Raig?

- No lo insinuo, Draco. Lo sé. Te gusta Hermione Granger y estás poniendo en peligro nuestra misión. Esa mujer se ha convertido en algo más que un reto, es una obsesión.

ooooooooFLASH BACKooooooooooo

- Draco. - dijo Raig con tono lastimero. - Siento mucho...lo de tu padre.

Draco no se paró, siguió andando firme y elegante.

- Gracias. - dijo con tono indiferente.

- Yo apreciaba mucho a Lucius...era un gran hombre.

El rubio, ahora máximo representante de los Malfoy tras la muerte del patriarca, que, quedándose dormido profundamente tras ingerir unas pastillas calmantes, se había ahogado en la bañera.

- Tú... - añadió Raig. - te pareces mucho a él. Eres su viva imagen y yo espero que...

- Raig.

Por fin Draco se detuvo. Raig esperaba impaciente.

- Tú fuiste quien mandó esa carta a mi padre¿verdad? Tú avisaste a mi padre y al Lord.

Raig tragó saliva. Acababa de ver el agua en los ojos de Draco.

- Yo...Draco...yo hice lo que tenía que hacer...

Draco sonrió, casi con crueldad.

- Y yo haré lo mismo. - dijo, sin más vueltas.

Raig se quedó clavado en el sitio, había sentido terror al oír la última frase de Draco Malfoy, que había caído sobre él como una sentencia.

Cuando Draco Malfoy llegó a la sala, todos callaron, incluso Blaise Zabinni, aunque él por otro motivo muy distinto. Era el único, además de Raig, que podía imaginar qué había ocurrido en realidad.

- Siento mucho lo de tu padre, Draco.

- Era un gran hombre.

- Un gran siervo del Lord...

- Se ha perdido un hombre importante...

Aquellos pésames resbalaron a Draco como el agua de la ducha. Hasta sentarse junto a Zabinni transcurrieron diez minutos de falsedad.

- Buenos días. - dijo, sirviéndose café.

Blaise Zabinni le respondió con una risa irónica.

- Muy buenos para ti, veo.

Draco dio un sorbo al café.

- Es tu día, más que el de tu fallecido padre...

- ¿No vas a decirme que sientes su muerte, Blaise? Era un gran...hombre. - dijo con sorna.

En ese momento, Zabinni maldijo interiormente a Draco. "Cabrón", pensó.

- Oh, por supuesto...siento que se haya ido sin matar a la asquerosa sangre sucia de Granger.
Al rubio Malfoy le brillaron los ojos.

- Por tu bien, Zabinni, ni siquiera nombres a Hermione Granger en mi presencia. - dijo fríamente. - Por tu bien.

- Sé lo que eres capaz de hacer, Malfoy. - le respondió Blaise sin temblor en la voz. - Y te aseguro que no te tengo miedo. Y...que no voy a moverme de aquí hasta que el mismísimo Lord me lo ordene.

Levantándose repentinamente, Blaise dejó solo a Draco frente a su café. Pero al rubio no le preocupó en absoluto lo que le había dicho su "amigo". Al contrario, le hizo reír.

- Eso será más pronto de lo que piensas...

oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

No contó a nadie que había estado en casa de Hermione, ni que había encontrado la carta ni que iba a encontrar a la señora Kannack. Ahora tenía que buscar otra excusa para salir.

La Orden ya estaba en marcha. Habían detectado problemas en un colegio y, temiendo lo peor, que Voldemort pudiera planear otro golpe brutal contra los más inocentes, varios miembros se habían puesto en marcha, entre ellos la misma Minerva McGonagall, que en ausencia de Dumbledore ejercía de jefa.

Ángela no se había movido del salón en toda la mañana, esperando a que Snape saliese, a su vez, del cuarto de Tonks, con noticias sobre su estado.

Remus Lupin, al despertarse, bastante más tarde que Ángela, la encontró tal y como Ron, a su vez, la había encontrado y se quedó observándola hasta que fue ella quien se dio cuenta de la presencia del licántropo.

- Buenos días. - dijo mecánicamente.

- No has dormido. - afirmó al verla con la misma ropa. - Debí quedarme contigo.

- Estabas agotado después del interrogatorio.

- La verdad es que sí, pero tú también.

- Yo...soy distinta a ti. Además, últimamente tus días se agravan...hay luna llena.
Lupin sonrió. Estaba tomando un remedio por el que, hacia meses, había tenido que viajar hasta los países nórdicos, pero que estaba siendo muy eficaz. Había reducido su agresividad en los días de Luna Llena, además de que con la consumición diaria, le impedía la transformación. Si continuaba tomando el remedio, en uno o dos años como mucho, dejaría de ser un hombre lobo.

- No te preocupes, Remus. Era mi deber estar aquí.

- Ángela...no has tenido la culpa...

- Estoy preocupada. Snape ha pasado la noche con Tonks y aún no ha salido.

- ¿Quieres que eche un vistazo a ver si...?

- No. - negó ésta. - Esperaré a que salga.

Ángela se perdió en el vacío, bostezando. Lupin le cogió la mano, entonces. Ella le miró y le apretó la suya. Iba a decir algo cuando Ron entró en la sala, interrumpiendo la escena.

- Hola. Buenos días Lupin. - dijo, agitando un paquete en la mano.

- Hola Ron¿de dónde vienes? - preguntó, viendo que traía algo de fuera.
- De Big Donuts.

- ¿Qué es eso? - preguntó sin entender.

- La fábrica de Donuts más gigantesca y magnífica de todos los tiempos. -sonrió. - Y aquí tenéis. Dos donuts triples de chocolate.

- Gracias, Ron. - sonrió Ángela. - Pero has tardado más de una hora...

- Había mucha cola.

- ¿A las seis de la mañana?

- Es un sitio muy solicitado.

- A ver...yo quiero probar... - dijo Lupin, hurgando en la bolsa de donuts.

Ángela y Ron se dirigieron una mirada con mensaje. Ángela sabía que le había mentido y Ron se sabía descubierto. Pero ambos saltaron por encima de la mentira y desviaron, miradas y pensamientos.

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Snape se frotó los ojos.

- Ay... - protestó Tonks. - Me duele la cabeza.

- Es normal. ¿Cómo te sientes?

- Mareada.

- Te he dado una poción. Tienes los efectos.

Tonks intentó moverse pero no pudo.

- ¿Por qué me has...atado? - preguntó mirando las cuerdas invisibles que ataban sus muñecas y sus tobillos a la cama.

- Te mordió un vampiro anoche. La metamorfomaga se quedó impactada.

- ¿Y...?

- No sé nada aún. Te he estado observando toda la noche y he visto que la luz no te afecta.

- Eso quiere decir que no soy un vampiro... - dijo rascándose detrás de la oreja.

- Eso quiere decir que...

Pero entonces, Snape calló y se levantó de la silla donde estaba sentado, apuntando con la varita a Tonks.

- Quieta.

- ¿Qué...?

- Acabas de romper las cuerdas irrompibles.

Tonks se dio cuenta de que se estaba rascando con una muñeca que segundos antes, había estado atada.

- Por Merlín...

- ¿Cómo lo has...?

- No sé... - dijo enderezándose. - Yo...

Pero, al enderezarse, la cama se movió y golpeó a Snape, que cayó al suelo.

Tonks saltó de la cama para ayudarle, pero, al intentar cogerlo, fue como si el profesor de pociones saliera despedido de sus manos, hacia el cristal de la ventana, que se rompió en pedazos, cayendo el profesor por ella hacia el exterior.

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Hermione estaba despierta cuando Malfoy llegó. A media tarde una mujer le había dado de nuevo la poción revitalizadora. Había dormido hasta hacía poco rato. Draco se sorprendió al encontrarla despierta y consciente. Quitándose la capa, pues había tenido que salir para recoger el pedido que había hecho apenas un día antes, llegó hasta Hermione.

- ¿Cómo se encuentra mi prisionera favorita¿Mejor?

Hermione asintió.

Después de un baño y del reposo de un día entero con los mejores cuidados que Malfoy había podido proporcionarle, Hermione parecía otra. Su pelo ya no estaba enredado y sucio, volvían a ser suaves bucles castaños, cayendo en la almohada con olor a limpio. A Malfoy le fascinaba. Se sentó en el borde de la cama.

- No sabes cuánto me alegro. ¿Quieres cenar?

Hermione negó con la cabeza.

- ¿Cómo que no?

- Ya...he cenado. - dijo con voz trémula.

Malfoy sonrió y volvió a su pose tierna.

- ¿Te han dado bien de cenar?

Ella asintió.

- ¿Sabes? Te he hecho yo mismo la poción revitalizadora. Siempre fui el mejor en pociones. Lo sabes¿verdad?

Hermione repitió el gesto anterior. Malfoy rió y acercó su rostro aún más al de ella.

- Mejor que tú.

Draco acariciaba el rostro de Hermione. Sus dedos trazaban los caminos de su mejilla, las arruguitas de su boca.

- Mi padre siempre dice que los Malfoy tenemos muy buenas dotes para manejar las pociones.

Y acariciando a Hermione, rió al darse cuenta de su error. La Gryffindor no entendía nada.

- Tengo que ir acostumbrándome. Mi padre...decía...

Hermione frunció el ceño.

- ¿Decía...?

- Sí, - asintió el rubio. - decía antes...ahora está muerto.

Hermione fue la tercera persona que supo que Malfoy había asesinado a su padre. Lo vio en sus ojos y entendió el por qué de esas aguas que inundaban sus ojos.

- Ya estás a salvo.
- ¿Por qué...por qué lo has hecho...? - preguntó, escudriñando los ojos de su secuestrador. Malfoy sonrió.

- Eres muy lista, pequeña. Muy lista.

- ¿Por qué, Draco...?

Al rubio le recorrió un escalofrío al oír su nombre de los labios de Hermione.

- Por ti, Hermione...Por ti. Tú eres la razón. Tú...eres mía. - y la acarició nuevamente. - Sólo mía. Nadie más tiene derecho sobre ti, sólo yo. Lo sabes, sólo yo puedo hacerte daño, porque lo hago por tu bien...sólo yo puedo tocarte, sólo yo puedo tocarte...sólo yo...porque eres mía.

Hermione sintió de nuevo el miedo en su estómago.

- Eres mía, Hermione. Y nadie va a ponerte las manos encima, sólo yo. Sólo mis manos... - sintió el calor de sus mejillas en los dedos de sus blancas manos. - van a acariciarte. Ni mi padre, ni Zabinni...ni nadie...sólo yo...sólo a mí perteneces.

En ese momento, Hermione supo lo que debía hacer.

Malfoy acarició sus labios y relamió los suyos sin darse cuenta.

- Tienes que descansar...mañana quiero enseñarte una cosa. - sonrió. - Y tienes que estar bien para disfrutarla.

- Draco...

Sonaba tan raro, pero a Draco le gustaba tanto. Le volvía loco escuchar a su prisionera llamándole por su nombre. Le volvía loco, loco...

Se acercó a ella y pararon sus manos para prestarle toda la atención.

- ¿Sí?

Él estaba levemente echado sobre ella, muy cerca.

- Gracias. - dijo ella, lenta y dulcemente.

Y entonces, llevó su mano a la mano de él, que la había recorrido segundos antes y subió por su brazo hasta la mejilla de él, hasta tocar su pelo y, con la escasa fuerza que tenía dentro de ella, intentó acercarle, consiguiéndolo. Consiguiéndole.

Entreabrió los labios y sintió como los de Malfoy se posaban sobre los suyos. El nudo en su interior se aferró a su garganta y algo gritó dentro de ella. Pero era lo que debía hacer.

Él la abrazó mientras recorría su boca más lento y dulce que nunca. Mientras Hermione le devolvía el beso y dejaba que la lengua de él entrara en su boca, sin impedimentos, sin gritos, sin lágrimas, sin resistencia. Ella quería, ella dejaba.
Y sintió como le faltaba el aire cuando él quería seguir explorándola, dejó morir el beso y cayó su cabeza en la almohada. Draco la observó mientras dormía, excitado, loco, famélico. La besó por última vez cuando ella dormía y, a pesar de sus deseos más sórdidos, se marchó del cuarto.

Cuando la puerta se cerró, Hermione abrió los ojos y con la misma mano que había recorrido desde la mano hasta el cabeza de su torturador, se limpió la lágrima que manchaba su mejilla.

El juego había empezado.

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Después de meses, Prisionera renace con una nueva parte que va a ser muy distinta, pero no por ello menos real. Me interesa mucho leer qué pensáis sobre todo esto y me gustaría hablar y hablar, pero creo que lo más sabio es callar y escucharos.

Este capítulo me ha costado horrores. Quería plantear muchas cosas, no sabía cómo y quería hacerlo lo más realista posible. Espero haberlo hecho bien.

Puntos a subrayar, por supuesto, el primordial:

El asesinato de Lucius Malfoy a manos de su propio hijo, Draco Malfoy: ¿Hasta dónde llega la obsesión de Draco Malfoy por su prisionera? Hasta el punto de asesinar a su propio padre (al que odia, pero sigue siendo su padre) porque éste se ha inmiscuido en su relación con Hermione Granger.

El asesinato es por lo que Hermione da las "Gracias" a Draco. Ella debe estarle agradecida, si Draco no hubiera matado a Lucius, Lucius la habría matado a ella. Hermione se ha salvado gracias a Malfoy. Paradójico¿verdad?

Aquí está la oportunidad perfecta. ¿Para...?

Ron: desde luego todas sabíamos que Ron no se iba a quedar de brazos cruzados. Y mucho menos cuando Luna tiene visiones en las que Hermione besa a Malfoy porque quiere. Sí. Ron ha dado con algo, o eso cree al menos. No va a descansar hasta dar con Hermione. Cueste lo que cueste.

Tengo muchas cosas que comentar, pero temo revelar algo importante, así que me encantará responder a vuestros reviews o a vuestros correos electrónicos (recordad que mi dirección no ha cambiado, sigue siendo logarbo).

Siento más de lo que puedo expresar este retraso inexplicable, que sólo puedo achacar a esta inspiración que juega con todas las escritoras, como sabréis más de una :P

No prometo, porque sabéis que luego no cumplo. Pero sí digo que estoy muy inspirada y que estoy deseando seguir escribiendo porque las ideas fluyen dentro de mi cabeza.

Espero que hayáis disfrutado con el capítulo, yo confieso que he disfrutado mucho escribiéndolo, más bien, maquinando, sobre todo, en la relación Malfoy-Granger, que promete, os lo aseguro. Es muy difícil plantear una relación entre ellos, porque hay muchos sentimientos ahí, pero como ya dije al final de este capítulo: El juego acaba de empezar, aunque sólo empieza porque Hermione acaba de empezar, porque Draco lleva jugando muchos meses.

Debo agradecer a todas, que sois fantásticas y maravillosas, por vuestro apoyo continuo, vuestras felicitaciones, que me alegran tantos días y que me dan tanta fuerza...que es impagable y os lo agradezco con toda mi alma. Gracias por seguir Prisionera, que sé que es un fic muy difícil, complicado y duro. Gracias, de todo corazón.

Sólo os puedo dar mi gratitud y mis capítulos, espero que sea suficiente. Ya sabéis que me tenéis al otro lado de la red siempre que queráis, no sólo como escritora, sino también como amiga :)

Y me despido, deseándoos lo mejor a todas, que os vaya bien en vuetros estudios o trabajos, con vuestras familias, amigos y parejas y sobre todo, con vosotras mismas :D Muchos besos

Os adoro

Lira Garbo

"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles."

Bertolt Brecht