Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción, no me pertenecen.

Muchas escenas, detalles o diálogos están tomados o inspirados en la serie, puesto que sigo el hilo argumental a grandes rasgos desde la segunda temporada.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora

Capítulo 21

El sol calentaba aquella tarde con suma fuerza, haciendo que el calor fuera asfixiante. Pero a pesar de aquella temperatura infernal, Mahone apenas lo notaba al estar totalmente abstraído en sus cavilaciones.

Sus demonios internos no hacían más que crear quimeras, dejando que el hombre se volviera loco ante las conspiraciones que creaba su mente, a la par que a veces la esperanza se hacía un hueco, empujándole a creer que Yelina lo salvaría de aquella cárcel, y de sus cientos de problemas. No obstante las paranoias eran más fuertes, y aquellas ilusiones se deshacían volviendo a pensar que todo era una trampa.

Alex salió de su ensimismamiento al escuchar como le llamaban por megafonía, haciendo que caminase hacía la salida del lugar, tal como le informaba la voz. El momento había llegado.

Al llegar al patio de la prisión, encontró a varios policías del lugar, acompañados de Richard y Yelina, que le esperaban para llevárselo.

Antes de que nadie pudiera hablar, uno de los carceleros panameños esposó al agente, para después ofrecérselo al hombre trajeado, quien le dio las gracias, saliendo después del lugar.

Los tres entraron en un coche negro, dejando detrás a Mahone cuando Richard habló mientras conducía.

-Me alegra saber que aún conservas algo de cordura y has decidido aceptar la oferta. La vista comenzará dentro de 4 horas, hasta ese entonces te llevaremos a una habitación de hotel, te pondrás presentable y prepararás lo que vas a decir.

-¿Qué posibilidades tengo si lograra hacerlo bien? –Preguntó Mahone con voz cansada, resignado al suplicio que tendría que aguantar.

-Para ser sinceros, creo que podrías tener suerte y conseguir que te encarceles unos 4 años en una buena cárcel. No la cagues, Alex.

El hombre asintió interiormente mientras bajaba la mirada a sus pies, luchando por controlar sus temblores, y las pesadillas que la falta de pastillas le producía. Observó que la colombiana aún no había hablado, permaneciendo seria mientras realizaba acciones con su teléfono sin parar.

Apenas veinte minutos después, el coche se detuvo ante un hotel de la capital. Yelina salió primero, abriendo la puerta de Alex mientras Richard hablaba.

-Vendré para la comparecencia. Si hay algún problema, llámame.

La mujer asintió mientras cerraba la puerta trasera, observando como, acto seguido, el vehículo partía alejándose del hotel.

-¿Cómo te encuentras? –Preguntó Yelina, hablando por fin mientras le desposaba, avanzando después a la entrada.

-Gracias. Bueno... He estado mejor. –Susurró tocando sus muñecas, siguiendo a la castaña. -¿Sabes algo de mi familia?

-Todo está bien, Alex. No ha habido novedad alguna. Eso es bueno.

-Gracias por lo que estás haciendo. Sé que tienes cosas más importantes de las que preocuparte, como de que la compañía no te mate. Michael me contó lo que sucede anoche.

-Sí... Los problemas nos persiguen. Buenas tardes, tengo una reserva. –Cambió de tema disipando entonces sus temores, hablándole a la recepcionista, quien le entregó la llave de la habitación.

La pareja llegó a la cuarta planta, adentrándose en un amplio cuarto con una gran cama y mesa, donde reposaba un traje oscuro y zapatos.

-Te he conseguido algo decente para vestirte. Descansa un poco y después prepararemos todo.

-Está bien.

-Estaré abajo si me necesitas.

El hombre asintió con gratitud mientras ella le sonreía levemente, saliendo después del cuarto. Alex entonces se sentó en la cama, llevándose las manos al rostro sintiendo como su malestar por el mono aumentaba, envolviéndolo de nuevo en sudoraciones y pensamientos retorcidos.


El sonido de unos nudillos llamando con levedad a la puerta hicieron que Alex terminara rápidamente de ponerse la corbata, yendo a abrir a Yelina, que cambió el semblante al ver al hombre como hacía unas semanas.

-¿Has podido dormir algo? –Preguntó adentrándose en el cuarto.

-Poco, pero sí. Aunque sigo sintiéndome fatal. –Dijo el hombre paseándose nervios, pasándose la mano por el cabello.

-Alex, tienes que relajarte como sea.

-¿Crees qué no lo intento? Pero lo único que puede relajarme es el verartil. –Le respondió de forma tosca, haciendo que la mujer se acerara a él, para mirarle fijamente.

-Claro que lo sé, pero como lo que más deseas es que todo acabe cuanto antes, y no volver a Sona, tus ganas deberían ser más fuertes que tu adicción. Lucha.

-¡Estoy luchando! –Gritó ansioso. -Pero no tienes ni idea de cómo me siento respecto a nada. Estoy aquí pensando en qué voy a decirles a esa gente mientras mi familia está en peligro, y ni siquiera sé si de verdad tengo alguna posibilidad con todo esto. No sé quién eres ni por qué me ayudas, tú hiciste que me encarcelaran y ahora tengo que creerme que quieres que sea libre. ¿Por qué? Podría ser perfectamente una trampa para encerrarme de por vida al confesarlo todo. Puede que estés compinchada con el cabrón de Sullins... He intentado matar a tus amigos, podrías ahora mismo sacar tu arma y pegarme un tiro. Dime Paige, Yelina, o cómo te llames, ¡contra qué quieres que luche primero!

La castaña, con rostro serio y compungido soltó una bofetada que impactó de lleno en la cara de agente, haciendo que este guardara silencio, quedándose tranquilo.

-Esa puta droga habla por ti, ¡y no puedes consentirlo! ¡Te estás jugando todo, Alex! No confíes en mí, entiendo que no lo hagas ahora, pero no insinúes que soy una traidora. Todo lo que te he dicho desde que estamos en Panamá es cierto. –Terminó la frase con templanza, sintiendo como la tristeza la invadía.

-¿Quién eres? ¿por qué me proteges? –Volvió a preguntar, está vez en un murmullo, clavando sus pupilas en las de ella.

-Soy Yelina Salas, una agente de policía de Washington que se infiltró en el FBI de Chicago para salvar a sus amigos costara lo que costara, porque ellos habían salvado mi vida en el pasado. Jake es mi ex marido de verdad, mató a nuestro hijo de verdad y de verdad me da miedo. Mi padre fue director del FBI, por eso tengo los contactos que tengo. Él murió en un atentado hace mucho tiempo y decidí ser policía, abandonando la carrera de ingeniería que estaba cursando, donde conocí a Michael. Salí con él durante casi dos años, pero no funcionó, aún así fue el mejor tiempo de mi vida y logré conservar su amistad y la de Linc. No tengo ninguna intención oculta contigo, ya no. Llegó un momento en que me identifiqué contigo, sentía tu ansiedad y miedo, y necesitaba ayudarte porque me di cuenta de que eras otra victima de esa gente. Me enamoré de ti sin darme cuenta, porque a pesar de todo eres noble. Por eso quiero ayudarte, Alex. Te traicioné porque les debo todo a los hermanos, y créeme que me duele muchísimo todo lo que te he hecho, y que estés así por mi culpa en gran parte. No es necesario que tú me tortures recordándomelo, créeme. Es suficiente tortura recordar todos los días que la persona a la que quieres te odia, y que es por una razón más que fundada.

El castaño sintió una punzada en su alma al vislumbrar la sinceridad en la cara de la colombiana, en su tristeza y en sus lágrimas, que batallaban por salir de sus ojos marrones. Alex entonces habló con un calmado susurro observando el suelo de la estancia.

-Me sentí enfadado, decepcionado... Y no sólo contigo, sorprendentemente. Pero lo peor fue el terror que sentí al ver que me habías traicionado. Yo estaba furioso conmigo mismo, sospeché de ti pero siempre borraba aquellas ideas de mi cabeza por miedo a que fueran reales, por miedo a que la única persona que era capaz de hacerme escapar de la angustia fuese mentira, y en realidad fuera a esfumarse. Mi debilidad, caer en el engaño ignorando las evidencias es lo que me hizo cabrearme de verdad. Fue un iluso y un gilipollas. Como un niño me olvidé de todo por unas simples caricias. El orgullo, ya sabes... –Añadió bromeando mientras esbozaba una tenue y melancólica sonrisa. –Lo que hacías era lógico, era lo mismo que yo hacía, por Dios, no puedo culparte, porque son tus amigos. He pagado mi frustración contigo todo este tiempo porque no puedo aceptar el hecho de quedarme solo otra vez.

Yelina ignoró como sus lágrimas surcaban sus mejillas, y caminó rauda hasta Mahone, abrazándolo con fuerza mientras su alma sentía que aquella losa que era la culpa, dejaba de aplastar su interior al descubrir que él, en cierto modo, la perdonaba y no la culpaba como creía.

El agente por su parte se limitó a envolver a la castaña en sus brazos, sintiendo igualmente el alivio. Por unos minutos volvió a sentir el calor del cariño y dejó de lado el malestar del mono. Aquella sensación tan placentera volvió a recordarle que también estaba enamorándose de esa mujer. Es más, le recordaba que ya lo había hecho.

Alex deshizo el abrazo con aquellos pensamientos en mente, agarrando el rostro de la mujer para después besarla con ternura y pasión, no pudiendo resistirse a las ganas.

Es probable que a partir de ahora tarde más en actualizar, pero no dejaré esta historia inconclusa. Gracias