N.T. Hola a todos! Siento haber tardado un poco más de lo que pensaba en subir el siguiente capítulo traducido, pero este capítulo tiene 26.000 palabras, por eso he tardado un poquito más en traducirlo. Pero llego justo a tiempo para dejaroslo como regalo de Navidad! jeje Como siempre agradezco a la gente que sigue leyendo esta traducción y deja comentarios, y como no, un saludo a la autora del fic, Nalasan (espero que sigas con esta historia maravillosa). El siguiente capítulo traducido de esta historia ya será para enero, pero antes subiré un par de cosillas más jeje. Feliz Navidad a todos!
K&S
Noviembre 1850-Enero 1851
En los próximos años, Kurt recordaría el invierno de 1850 como la temporada más agotadora y extenuante de su vida - a pesar de que se inició con un evento bastante agradable.
En una mañana de sol brillante, una semana después de que la señora Seymour hubiera retirado las últimas decoraciones que quedaban del baile, Lady Smythe finalmente abandonó Bailey Hall. Como era de esperar, sin embargo, ella no se fue sin dar instrucciones primero. En la noche antes de su partida, le entregó a su nieto una lista con las citas, invitaciones y fiestas a las que debía asistir en el transcurso de las siguientes semanas. Kurt se encargó de inclinarse sobre el hombro de su patrón bajo la excusa de volver a llenar su vaso, y vio que la lista tenía un total de cuarenta y siete cosas.
Sebastian (quien se las había arreglado con éxito para ocultar a su abuela los moretones y cortes de su accidente, y así evitarse otra reprimenda después de las que recibió de Kurt, Nick y Sir Robert) gimió de frustración cuando leyó a través de la lista, sólo para ser reprendido por lady Smythe de inmediato acerca de los deberes y responsabilidades de un joven conde.
"También es necesario tener en cuenta dónde y con quién tienes la intención de pasar la Navidad y Año Nuevo," ella le recordó con severidad. "Personalmente, yo te aconsejo que visites a los Milford. Si pudiera, me gustaría visitarles yo misma, pero me veo en la obligación de aceptar la invitación de Lord Brougham. Él está tan solo ahora que su esposa ha muerto, y tú sabes lo mucho que valora mi opinión sobre los asuntos políticos".
"Puede que tenga que visitar Longleat, abuela," objetó Sebastian, aunque en voz baja, "le prometí a lady Isabella hace meses que Robert y yo estaríamos allí por Navidad."
El hecho de que Sebastian aparentemente prefiriera Longleat a los Milford dijo a Kurt exactamente cuánto Sebastian odiaba ser arrojado a las jóvenes hermanas Milford. O eso, o estaba mintiendo descaradamente y no tenía ganas de asistir a ninguna fiesta – lo cual, Kurt decidió, después de una cuidadosa mirada a la expresión decididamente inocente de Sebastian, parecía ser la opción más probable.
"Oh, muy bien entonces", su abuela respondió, en realidad pareciendo complacida con la idea ", Isabella tiene un gran número de conocidos, y puedes pasar un poco más de tiempo con su hermana. Y siempre hay tiempo para visitar a los Milford en año nuevo".
Sólo la sonrisa mal disimulada de Sir Robert hizo que Kurt girara la cabeza lo suficientemente rápido para detectar a Sebastian poniendo los ojos en blanco. Pero con el propósito de mantener la paz, él asintió y aceptó todas las otras sugerencias que su abuela hizo esa noche. Fue sólo después de que lady Smythe hubiera dado las buenas noches y se retirara a la cama cuando se acercó a la chimenea y sin contemplaciones lanzó la lista en el crepitar del fuego.
Cuando el carruaje de Lady Smythe salió del patio a la mañana siguiente, llevándose a su señoría con ella, fue como si toda la casa respirara un suspiro de alivio. Kurt se dio cuenta sólo entonces de la cantidad de presión que su presencia había puesto no sólo sobre Sebastian, sino sobre toda la casa: en lo que casi se sintió como un acto de rebeldía, la señora Seymour ordenó a las criadas que trajeran las últimas clemátides florecientes a los salones, ahora que ninguna alergia de Lady Smythe podía detenerla de hacerlo; el Sr. Moore parecía considerablemente menos tenso (incluso para sus estándares), y la Sra Bertram celebró la ocasión haciendo el pastel de hojaldre que lady Smythe declaró que era "positivamente repulsivo" – un juicio que no impidió ni a Sebastian ni a Sir Robert comer tres porciones cada uno.
Semanas tranquilas vinieron, días en los que los caballeros se pasaban horas descansando en la biblioteca o tomando paseos bajo los árboles sin hojas del parque. De vez en cuando, Sebastian incluso se las arreglaba para convencer a Sir Robert de que saliera a cabalgar con él, y dos veces incluso lo pudo convencer para que lo acompañara a un viaje de caza. Resultó que el accidente no tuvo ningún efecto duradero en el amor de Sebastian por montar - a pesar de que Kurt creía que su patrón miraba a Ámbar con un poco más de respeto del que lo hacía antes.
A pesar de las reticencias iniciales de Sebastian, visitaron a algunas de las familias vecinas - no a los Milford sin embargo. También recibieron un par de invitados a cambio: una breve visita de Lady Josephine por ejemplo (la dama con la que Sir Robert se volvió tan íntimamente familiarizado en el baile), que estuvo escoltada por su hermano, el conde Jonathan, mostrando con bastante claridad que la joven estaba bastante colada por Sir Robert, quien parecía estar halagado, pero no realmente interesado.
En general, fue una temporada relajada durante un noviembre sorprendentemente suave. Sin embargo, esta quietud también significó que Kurt no sólo tuvo un montón de tiempo para sí mismo, tiempo para pensar y evaluar, sino que también siguió teniendo una serie de encuentros privados con su patrón - todos los cuales sirvieron para ilustrar que su relación con Sebastian estaba cambiando a un ritmo con el que Kurt no acababa de sentirse cómodo todavía.
Desde aquella tarde en el baño de Sebastian, cuando estuvo a tan sólo unos segundos de inclinarse más cerca, de dar un impulso para presionar sus labios contra los de Sebastian, Kurt tenía que admitir (aunque sólo fuera para sí mismo) que no sólo había llegado a gustarle Sebastian – él tampoco podía ya negar la atracción física que sentía por el otro hombre.
Mientras Kurt había visto a Sebastian desnudo y en varios estados de desnudez antes (lo que en realidad no era una cosa inusual si una de tus tareas principales era vestir a personas), nunca había tenido el mismo efecto en él como aquella tarde lo hizo. Porque ahora, cada vez que miraba a Sebastian mientras que el otro hombre estaba comiendo su desayuno, o cuando servía el té a los caballeros por la tarde, él con frecuencia quedaba atrapado en sus pensamientos errantes: la piel entre el cuello y el cabello de Sebastian le hacía pensar en la larga línea del cuello, los hombros anchos que sabía que estaban ocultos bajo las capas de ropa; y él se encontró mirando a los labios Sebastian, en su mayoría curvados hacia arriba en una sonrisa en estos días, con más frecuencia de lo habitual, y decididamente más a menudo de lo que sería inteligente.
Pero a pesar de que Kurt tenía en su mayoría bastante éxito al empujar estos pensamientos a un lado durante el día, seguían entrando en su mente cuando estaba menos alerta, y sobre todo cuando estaba menos despierto. Un número bastante alarmante de los sueños en esos días estaban llenos de la presencia de Sebastian: sueños acerca de cómo su pelo se sentía entre los dedos de Kurt, su piel bajo los labios de Kurt, probando cómo se sentía, saboreándola; sueños sobre los dedos de Sebastian ahuecando las mejillas de Kurt e inclinando su rostro hacia arriba de modo que sus labios finalmente se encontraran - y siempre era en ese preciso momento cuando Kurt se despertaba, su propio corazón latiendo en sus oídos y sus dedos apretados en su manta.
Por lo general, le hacía falta un momento y un par de respiraciones profundas para darse cuenta de dónde estaba, para encontrar el camino de vuelta a la realidad; unos momentos para darse cuenta cómo de despierto su cuerpo se sentía: el sentimiento de añoranza, de deseo, mezclado con una sorprendentemente pequeña porción de culpa o vergüenza por el hecho de que estaba soñando con su patrón de esa manera, retorciendo algún lugar bajo su estómago - y era durante esas mañanas que Kurt se sentía más agradecido que nunca por el hecho de que Jeff durmiera como un tronco, y nunca se despertara con el sonido del roce contra sus sábanas o su respiración acelerada.
Por lo tanto, incluso si Kurt hubiera querido ignorar el cambio en su relación con Sebastian, habría sido imposible. Y mientras que desde hacía mucho tiempo había llegado a un acuerdo con el hecho de que había llegado a respetarle, a gustarle, incluso a confiar en el otro hombre de una forma que habría considerado imposible hacía medio año, era la intensidad de la atracción física lo que le sorprendía. No se sentía para nada parecido a su relación el pasado verano, aunque en cierto modo, era tan nuevo y tan extraño como las primeras experiencias que Kurt tuvo en aquel entonces. Sin embargo, la principal diferencia entre ellas era que Kurt estaba bastante seguro de que no estaba enamorado de Sebastian - al menos, no todavía. Pero él sabía que no iba a tardar mucho más tiempo para que la atracción y el afecto se convirtieran en algo más. Y mientras que sus propios sentimientos cambiantes eran de alguna manera difíciles de manejar, por lo menos eran comprensibles - y Kurt sólo desearía poder decir lo mismo de los de Sebastian.
Durante esas semanas de noviembre, se encontraron entre sí en numerosas ocasiones, y en un buen número de éstas se encontraron completamente solos: discutían de literatura en la biblioteca, cotilleaban sobre Lady Josephine y Sir Robert en el salón, y Kurt incluso se encontró a sí mismo tomando parte en una acalorada discusión sobre política frente a la chimenea una noche.
Kurt podía ver que a Sebastian le gustaba él por la forma en que la mirada del otro hombre se centraba en él cada vez que Kurt entraba en una habitación. Él podía ver la confianza y el afecto en la forma en la que las comisuras de sus labios se elevaban en una sonrisa cuando se encontraban solos en una habitación, y él podía incluso ver el destello ocasional de aprecio en los ojos de Sebastian cuando su mirada se desplazaba sobre los rasgos de Kurt. Kurt tampoco era lo bastante estúpido o cohibido cómo para identificar sus interacciones, sus fáciles bromas, sus burlas como algo más que lo que eran: coqueteos.
El problema era que, tan pronto como Sebastian parecía tomar conciencia de lo que estaban haciendo, se retractaba lo antes posible. No de una manera que fuera obvia – ningún extraño que los viera probablemente ni siquiera notaría un cambio en el comportamiento de Sebastian. Pero Kurt hacía mucho tiempo que había comenzado a prestar atención a los pequeños detalles, no sólo, pero sobre todo con respecto a su patrón, para que no notara los cambios: la forma en que la expresión de Sebastian se volvía un poco más reservada, la forma en que sus dedos caían del brazo de Kurt o del hombro de Kurt siempre que parecía darse cuenta de que estaba tocando a Kurt, y la forma en que se acercaba a la mesa para tomar un libro, o a la ventana para mirar afuera, cualquier cosa con tal de poner una pequeña distancia entre él y Kurt.
Por un lado, se sentía cada vez más frustrante - pero, por otro, Kurt no estaba seguro de si no debería estar agradecido por el comportamiento de Sebastian. Porque por mucho que disfrutara de la coquetería, la facilidad, la chispa entre ellos, y por mucho que él se encontrara anhelando más: la parte racional de su mente sabía que cruzar la línea invisible entre ellos probablemente no sería una buena idea.
Kurt se obligó a pensar no sólo en los próximos pasos - en lo que casi hizo en el baño, sobre lo que su cuerpo parecía desear – sino que consideró también lo que seguiría si es que alguna vez cruzaban ese punto de no retorno.
Él tuvo una primera muestra de intimidad, un primer vistazo a lo que tener una relación significaría durante el verano, y sabía cómo de adictivo estar tan cerca de otra persona podía sentirse. Pero Kurt también había visto la forma en que Sebastian manejaba la intimidad, había sido testigo de la rapidez con la que se cansaba de la gente que se llevaba a la cama - y Kurt no quería eso. Porque lo que tenía en Bailey Hall, lo que compartía con Nick y Sebastian, se sentía inmensamente valioso para Kurt - y ningún anhelo, ningún deseo nunca podría ser suficiente para poner esto en peligro.
Pensamientos como estos y otros ocuparon la mente de Kurt durante las semanas de noviembre, y, a veces, se encontró anhelando alguna actividad, un poco de distracción que no fuera la selección de un chaleco para Sir Robert por la mañana.
Pero Kurt rápidamente aprendió a tener cuidado sobre lo que deseaba. Porque cuando llegó la distracción, no hubo nada que Kurt no cambiaría para volver a esos tiempos sin incidentes.
Se inició con un cambio repentino en el clima. Durante los últimos días del mes, las temperaturas cayeron rápidamente, y una mañana, Kurt se despertó con un brillo inusual que venía a través de las cortinas. Él miró hacia afuera para ver una gruesa capa de nieve recién caída, y cuando su mano, pegada al cristal de la ventana, comenzó a sentirse fría, caminó hacia la cama de Jeff para despertarlo colocándola en el cuello del lacayo dormido - algo por lo que, como él afirmó repetidamente durante todo el desayuno, Jeff nunca lo perdonaría.
Dos días después cuando los dos lacayos pasaban su mañana limpiando la nieve del patio, Sir Robert comenzó a toser. No fue grave al principio, y afirmó sufrir de nada más que un dolor de garganta. Sin embargo, la tos pronto se volvió más violenta, y ante las indagaciones correspondientes por parte de Sebastian, Sir Robert finalmente admitió haber tenido un terrible dolor de cabeza durante días. Cuando comenzó a tener fiebre, Sebastian finalmente se puso firme, y envió a Sir Robert a la cama y a Jeff a la aldea a buscar al doctor Bell.
"Gripe", fue el diagnóstico del médico, después de haber mirado a los ojos de Sir Robert y escuchado su tos durante unos segundos. "La tienen también abajo, en el pueblo. Usted es el quinto paciente que estoy visitando hoy."
"Pero no es nada serio, ¿verdad?" Sebastian le preguntó, en tono ansioso mientras miraba de ida y vuelta entre Sir Robert y el doctor Bell.
"No, todavía no lo es," el Doctor Bell lo tranquilizó, y agarró la muñeca de Sir Robert para comprobar su pulso. "Se ha ido a la cama en seguida, y la fiebre no es demasiado alta. Debe tener cuidado para deshacerse de los estornudos y la tos, porque le van a dar dolor de cabeza."
Él puso su mano sobre el pecho de Sir Robert, sintiendo la forma en que se levantaba con cada respiración que el otro hombre daba.
"Te dije que no era necesario que te preocuparas," Sir Robert dijo, sonriendo a Sebastian. "Voy a estar de nuevo en pie en cualquier momento."
"Yo no diría que no hay nada de que preocuparse," objetó el doctor Bell, su ceño frunciéndose en señal de desaprobación. "Debe permanecer en la cama durante un par de días, incluso si se siente mejor. Con la gripe, las recaídas son, con mucho más peligrosas que la primera oleada de la enfermedad."
Él suspiró y abrió su maletín, hurgando en sus instrumentos.
"Sólo espero que no estemos al borde de una epidemia tan temprano en el invierno", remarcó, sin dirigirse a nadie en particular. "Porque apunta a ser uno frío."
Por mucho que a Kurt, y probablemente a todos los demás en Wilton, le gustaría dejar de lado la sombría predicción del doctor Bell - pronto se hizo realidad. La enfermedad se propagó rápidamente por el pueblo en los siguientes días, y antes del final de la semana, dos niños y la señora Alden, la madre del Sr. Alden, el carnicero, habían fallecido. Kurt pidió al Sr. Moore permiso para asistir a sus funerales, y cuando estaba en el cementerio, y observó los pequeños ataúdes depositados en el suelo helado, un repentino escalofrío se arrastró por su espalda, lo que le hizo temblar y ocultar sus manos en los bolsillos del abrigo.
Tal vez fuera porque él ya había visto a tanta gente querida para él falleciendo. Tal vez simplemente recordaba los funerales de sus padres con más fuerza en momentos como estos.
Pero cualquiera que fuera la razón - de repente, Kurt sintió un temor profundo hacia el invierno que se cernía ante él.
K&S
La enfermedad fue bastante mala en Wilton, pero Bailey Hall no estuvo exento de su parte justa de pacientes. Y mientras que Sir Robert fue el primero en caer enfermo, no permaneció como el único por mucho tiempo. Maud, Jane y Howard fueron enviados a la cama al día siguiente, y un sirviente tras otro les siguió. Beth se fue para cuidar a su familia en Wilton, y la señora Seymour envió a la Sra Bertram a su habitación con severidad cuando descubrió que la cocinera también tenía fiebre. Aunque, naturalmente, tener que permanecer en la cama no detuvo a la Sra Bertram de ordenar a las criadas restantes que entraran a su cuarto para darles instrucciones detalladas sobre cómo llevar la cocina.
Kurt entendía que estaba en su naturaleza el seguir adelante pasara lo que pasase, que ella no había cosa que aborreciera más que estar ociosa e inútil. Sin embargo, parecía bastante innecesario dar instrucciones a las criadas para que cocinaran comidas elaboradas cuando la mitad de los de la casa vivían a base de té, agua y gachas de todos modos. Kurt se mantuvo a salvo de la enfermedad - se sintió un poco incómodo por un día o dos, pero ya que no le siguió nada, él se mantuvo ocupado subiendo y bajando escaleras, cuidando de los pacientes, ayudando en la cocina y en la lavandería, y en general haciendo que todos tuvieran todo lo que necesitaban para recuperarse.
Por suerte, ninguno de los casos fue verdaderamente grave - la mayoría de los pacientes se recuperaron más rápidamente una vez que pasaron la fiebre. Pero a pesar de haber sido el primero en pillar la enfermedad, por alguna razón, Sir Robert no se recuperaba. Ciertamente, la fiebre desapareció con la suficiente rapidez, pero no importaba lo que el doctor Bell le prescribía, no importaba qué tipo de tratamiento probaba, parecía que no podía deshacerse de la tos.
Durante los días de la enfermedad, Sebastian mostró una cantidad de paciencia que sorprendió a Kurt. El joven conde se quedó al lado de Sir Robert constantemente, sólo saliendo de la habitación cuando su amigo dormía, o instaba a Sebastian a que durmiera un poco él mismo. El resto del tiempo se mantuvo haciendo compañía a su amigo, y desde que el doctor Bell dejó instrucciones estrictas para que Sir Robert permaneciera bajo las mantas todo el tiempo, Sebastian le leía. Él logró leerle dos novelas y tres libros de poesía antes de que su voz comenzara a sonar decididamente irritada, y Sir Robert le convenció para que se envolviera en un par de mantas y jugaran a las cartas durante la próxima hora.
Así que cuando en una de esas tardes, Kurt entró en la biblioteca para buscar un par de libros para Howard y Jonathan (que habían caído con fiebre esa mañana), no estuvo en absoluto sorprendido de encontrar a Sebastián allí también. Lo que le sorprendió, sin embargo, fue el hecho de que el otro hombre de alguna manera había logrado reducir la biblioteca previamente bien organizada a un estado de caos total y absoluto. La mayoría de los libros habían sido retirados de los estantes y ahora se amontonaban desordenadamente en el suelo, las sillas, las mesas, y en el alféizar. Sebastian estaba de pie en medio de la habitación, con las manos enterradas en su cabello mientras daba vueltas lentamente, escudriñando las estanterías medio vacías con una expresión frustrada.
"¿Está buscando algo, señor?" Kurt preguntó, no estando seguro de si debía sentir compasión hacia la impotencia frente a él, o molesto porque sabía que Sebastian no sería quién limpiaría este desorden.
"No," Sebastian replicó, su tono irritado, pero cuando atrapó la mirada escéptica de Kurt, suspiró, "Quiero decir, sí, más o menos. Estaba buscando nuevos libros para leer a Robert, - dice que las novelas de la señora Radcliffe están empezando a aburrirle - y mientras estaba buscando, me acordé de que dejé un libro aquí, en algún lugar hace algún tiempo, y me puse a buscarlo, pero parece que no lo encuentro".
"¿Qué libro era?" Kurt preguntó. Él pensó que probablemente podría haber ayudado a Sebastian con su búsqueda - después de todo, él había limpiado y vuelto a apilar los estantes dios sabe con qué frecuencia, y por lo tanto creía justificado afirmar que él conocía la biblioteca mejor que nadie. Pero cuando con cuidado hizo su camino alrededor y sobre los montones en el suelo, dudó sinceramente que cualquiera pudiera encontrar algo aquí.
Cuando caminó y se detuvo al lado del otro hombre, se dio cuenta de que la mirada de Sebastian estaba fija en su rostro, y estaba mirando a Kurt con una expresión muy calculadora y contemplativa en su rostro. Dudó durante otro momento, y sus ojos nunca dejaron el rostro de Kurt cuando dijo lentamente, "Se llama Teleny."
La realización de lo que Sebastian le estaba preguntando golpeó a Kurt bastante desprevenido. Durante las semanas en que se habían ido acercando, jamás habían abordado abiertamente la pregunta tácita entre ellos - la pregunta de si ambos sabían acerca de las preferencias sexuales del otro. Kurt era consciente de que Sebastian probablemente había tenido sus sospechas sobre él desde aquella tarde en el baño, y que debía haber notado la forma en que el lacayo nunca rehuía su coqueteo, desde el contacto físico entre ellos. Y, sin embargo, ahora que se estaba abordando el tema, Kurt se sintió momentáneamente inseguro en cuanto a cómo debía reaccionar, a pesar de que había querido encontrar una oportunidad de hablar abiertamente con Sebastian, para llegar a un entendimiento mutuo de que lo que fuera que estaba pasando entre ellos era recibido con interés general de su parte.
En cierto modo, Kurt se dio cuenta cuando estaba parpadeando ante su patrón, tratando de ordenar sus pensamientos, que él estaba dejando la elección a Kurt. Porque nada sería más fácil para Kurt que simplemente mentir, sacudir la cabeza y expresar su pesar por no poder ayudarlo ya que no estaba familiarizado con el título. En última instancia, era una cuestión de confianza, y el hecho de que Sebastian confiara en Kurt lo suficiente como para preguntarle sobre el libro, admitiendo su posesión, al final fue suficiente para que Kurt se decidiera.
"No está aquí ya," Kurt dejó escapar, y se dio cuenta de que su voz sonó sólo un poco más alta de lo habitual. "Lo tomé prestado."
"¿Lo tomaste prestado?" Sebastian preguntó, alzando su ceja izquierda, con una expresión bastante ilegible.
"Bueno, usted dijo que se nos permitía llevarnos libros a nuestras habitaciones, así que..."
"No, eso no es lo que yo... está bien," Sebastian replicó rápidamente, y por un momento ellos solo se quedaron mirándose fijamente el uno al otro, como si acabaran de descubrir algo totalmente nuevo y sin embargo extremadamente familiar sobre la otra persona, y el silencio entre ellos se hizo más difícil por momentos. Finalmente, Sebastian inclinó la cabeza hacia un lado y le preguntó, "¿Te gustó?"
"Uhm ..." Kurt respondió, meditando su respuesta por un momento, "supongo que sí."
Eso hizo que las dos cejas de Sebastian se alzaran lentamente, y su expresión se volvió decididamente maliciosa cuando respondió, "Bueno, yo nunca habría esperado eso."
"¿Por qué no?" Kurt le preguntó, "quiero decir, tengo que admitir que no me gusta demasiado cómo termina, pero la historia está bien."
"Bueno..." Sebastian arrastró las palabras, su mirada nunca dejando los rasgos de Kurt, como si estuviera tratando de observar cada pequeño cambio en la expresión de Kurt, "yo habría pensado que algunas de sus descripciones serían un poco demasiado... francas. Al menos para un seguidor de la idea romántica del amor, como tú".
"En realidad, la franqueza fue la principal razón para tomarlo prestado," Kurt admitió, obligándose a no rehuir la mirada de Sebastian.
Sebastian se quedó mirándolo fijamente por un segundo, parpadeando, antes de que la esquina derecha de su boca tirara lentamente en una sonrisa intrigada, y respondió, "Interesante."
Kurt sabía que estaba sonrojándose, y se odió a sí mismo por ello. Porque esto no era algo por lo que él debería sentirse avergonzado o incómodo, no delante de Sebastian de todas las personas. Y no lo hacía, en realidad no. Pero era en parte el conocimiento de que Sebastian sabía mucho más sobre el tema que su conversación estaba tratando ahora mismo, lo que le hacía incómodo, y en parte, el hecho de que él estaba hablando de sexo con el hombre cuyos toques le enviaban escalofríos en la espina dorsal de forma regular.
"Bueno, tú eras mi segunda conjetura", dijo Sebastian, interrumpiendo los pensamientos de Kurt. Cuando el lacayo miró a su patrón una vez más, él vio una mirada contemplativa en el rostro de Sebastian de nuevo cuando el otro hombre continuó, "Al principio, pensé que Nick podría haberlo tomado prestado."
Por un momento, Kurt se sintió en realidad un poco sorprendido de que Sebastian estuviera tratando no sólo la suya, sino también la sexualidad de Nick tan abiertamente, porque después de todo, ese no era su secreto para compartir. Pero cuanto más miraba Kurt a Sebastian, más entendió que aunque las cosas habían sido siempre ambiguas entre Sebastian y él mismo, su patrón parecía tener pocas dudas de que la conversación que estaban teniendo en estos momentos había tenido lugar entre Nick y Kurt hacía mucho tiempo - lo cual era, después de todo, preciso. Por lo tanto, Kurt respondió, "Honestamente, no creo que Nick se encuentre con el estado de ánimo adecuado para trágicas historias de amor en este momento."
Sebastian llevó una pila de libros de la mesa más cercana y empezó a ponerlos de nuevo en el estante - sin embargo, para gran disgusto de Kurt, no en un orden particular. Él pensó en las palabras de Kurt por un momento, antes de responder, "Bueno, a partir de lo que he deducido en las últimas semanas, yo habría pensado que esas eran exactamente el tipo de historias con las que podría identificarse en este momento".
Kurt tuvo que admitir que estaba un poco impresionado por esta evaluación. Porque después de que Nick confesara que nunca hablaba de Jeff con Sebastian, Kurt no estaba seguro de si Sebastian recogió las señales que al propio Kurt le tomaron bastante tiempo para entender. Pero, al parecer, Sebastian era más perceptivo de lo que Kurt inicialmente había pensado, así que Kurt simplemente suspiró y respondió, "Supongo que no elegimos de quién nos enamoramos".
"No," Sebastian respondió, "Realmente no lo hacemos. El mundo sería un lugar para vivir mucho más fácil si pudiéramos hacerlo."
Se quedó mirando los libros delante de él, con una expresión sombría nublando su rostro. Y de repente, Kurt recordó una conversación que escuchó hace mucho tiempo, una conversación entre Nick y Sebastian. Y recordó a Sebastian diciendo, "Yo no puedo hacer eso, Nick. No me puedo involucrar emocionalmente, apegarme a alguien, iniciar una relación que está obligada a terminar."
Se preguntó si alguna vez hubo alguien en la vida de Sebastian al que sintió especial, alguien que amó, alguien que fue diferente a los hombres con los que Kurt le había visto hasta ahora. Pero no había forma de que le pudiera preguntar sobre eso. Ni siquiera ahora, y no sólo porque en el fondo, tenía un poco de miedo de la respuesta. En lugar de ello, decidió preguntar, aunque sólo fuera para distraer a Sebastian de sus sombríos pensamientos: "¿Cómo está sintiéndose hoy Sir Robert?"
Sebastian se encogió de hombros, "Igual, supongo. Él se recuperaría en poco tiempo si pudiera dejar esa maldita tos".
"Bueno, con todo el tiempo que pasa con él, esperemos que no sea usted el próximo que caiga con tos", dijo Kurt, pero Sebastian sólo negó con la cabeza, "Nunca he estado enfermo en toda mi vida, Kurt, y no tengo planes para empezar ahora".
"¿Nunca?" Kurt preguntó, sorprendido y bastante seguro de que Sebastian estaba sólo fanfarroneando.
"Bueno, algunos huesos rotos aquí y allá, y algunos rasguños", Sebastian admitió, "Participé en un par de peleas cuando estaba en la escuela. Pero nunca he estado tosiendo o estornudando, o cualquiera de esas cosas desagradables".
"Bueno, entonces supongo que lo que dicen es cierto," Kurt replicó secamente, "La fortuna favorece a los necios."
Sebastian sonrió y golpeó su hombro con el de Kurt a la ligera, "Tú deberías hacer caso a tus propias palabras y tener cuidado de no enfermarte. No podemos darnos el lujo de perder a nadie más en este momento."
"Usted está sólo preocupado de que no habrá nadie para servirle el té por la mañana," Kurt se burló, "Y no se preocupe. Creo firmemente que mientras la señora Seymour y el Sr. Moore no se retiren a sus habitaciones, Bailey Hall seguirá en pie".
Sebastián sonrió, pero la expresión de sus ojos siguió preocupada cuando miró a Kurt y dijo, "Aún así, cuídate, Kurt. Ya es bastante malo que el pueblo no esté manejando la enfermedad muy bien - No quiero perder a nadie en Bailey".
Kurt se quedó mirando al otro hombre por un momento muy largo, antes de preguntarle, evitando cuidadosamente mostrar una sonrisa demasiado abiertamente, "¿Es posible que usted esté preocupado por mí, Señor?"
Sus palabras tuvieron el efecto que por ahora, Kurt casi esperaba, a pesar de que no le gustara. Sebastián se enderezó, y la expresión de su rostro se volvió cuidadosamente indiferente. "No particularmente", respondió y se encogió de hombros, "Estos tiempos sólo hacen que la gente se preocupe en general, supongo."
Él agarró tres libros de la estantería más cercana sin siquiera mirarlos, libros con cubiertas de azul marino que le dijeron a Kurt que pertenecían a una serie de revistas de viaje increíblemente aburridas que solían acumular polvo en los estantes más altos porque nadie los miraba.
"Yo realmente debería volver a ver cómo está Robert", dijo Sebastian, dándose la vuelta y dirigiéndose hacia la puerta. Cuando la mano tocó el pomo de la puerta, se detuvo, y volvió la cabeza para mirar a Kurt por última vez, "Sé bueno y encárgate de que alguien limpie esta sala, ¿quieres Kurt? No queremos que más libros se echen a faltar".
Él cerró la puerta tras él, dejando a Kurt preguntándose si su amistad alcanzaría alguna vez un punto en el que Kurt no tuviera de vez en cuando la necesidad de hacer al otro hombre un poco de daño corporal.
Lo dudaba.
K&S
La única cosa positiva sobre esta enfermedad, Kurt se dio cuenta un día, era que venía en oleadas, de modo que para el momento en que Jeff, Harriet y la señora Seymour comenzaron a toser, Jane, Maud y la Sra Bertram estaban casi recuperadas otra vez.
"Esto no sería ni la mitad de malo si no fuera tan condenadamente mocoso", comentó Jeff, mirando el contenido de su pañuelo recién utilizado con disgusto.
"Ahórranos los detalles, por favor", dijo Kurt, tirando de las mantas firmemente sobre los pies de su amigo. "Ya es bastante malo oírte toser desde el otro lado del pasillo por la noche."
Kurt se había trasladado a la habitación de Nick en el momento en que Jeff comenzó a estornudar - en parte para evitar pillar la enfermedad también, y en parte para dar a Jeff más paz y tranquilidad.
"Yo hubiera pensado que era un cambio agradable de los ronquidos," Jeff respondió. Su sonrisa se suponía presumiblemente que debía ser optimista, pero con su piel pálida, sus mejillas enrojecidas por la fiebre y su flequillo, húmedo de sudor, pegado a la frente, se veía perfectamente horrible.
"Oh, todavía roncas", comentó Nick, su tono de voz bromeando, pero Kurt podía ver la preocupación en sus ojos cuando presionó un paño húmedo en la frente de Jeff, enfriando su piel febril y limpiándole el sudor. "Y puesto que no puedes respirar por la nariz en este momento, se ha vuelto muy fuerte."
Jeff intentó sacar la lengua a Nick, pero fue interrumpido por uno de sus ataques de tos.
"Realmente no deberíais estar aquí tanto tiempo," dijo él, una vez que pudo hablar de nuevo. "Apuesto a que el señor Moore tiene un montón de cosas que quiere que hagáis. ¿Sigue sin mostrar signos de debilidad?"
"Ninguno en absoluto," Nick respondió. "El día que el señor Moore se enferme será el día en el que Bailey Hall se derrumbe. Pero Kurt y yo no hemos pescado nada todavía tampoco, tal vez algunos de nosotros sólo nos libraremos de vernos tan hechos mierda como tú te ves en este momento."
"Espero que empieces a estornudar muy pronto", dijo Jeff, sin ningún tipo de veneno detrás de sus palabras.
"No te hagas ilusiones," Nick respondió, "No pillo enfermedades tan fácilmente."
Kurt sólo apenas se detuvo a sí mismo de señalar a Nick que, a veces, se veía casi aterradoramente similar a su mejor amigo - pero dudaba de que incluso el febril estado de Jeff evitara que el otro chico hiciera averiguaciones acerca de tal observación.
Pero mientras que, uno tras otro, los sirvientes lentamente empezaron a reponerse, Sir Robert siguió siendo una fuente de inquietud y preocupación. Mientras que el doctor Bell le había permitido tentativamente salir de la cama y pasar unas horas sentado en un sillón junto a la chimenea, un bulto de mantas alrededor de su forma delgada, la tos seca simplemente no abandonaba su cuerpo. El médico había intentado todo lo que posiblemente pudo pensar: agua de cebada con vino de ipecacuana tres veces al día, tintura de beleño para calmar la irritación de los pulmones, incluso de vez en cuando una pocas gotas de opio. Él había hecho a Sir Robert inhalar el vapor de agua hirviendo, que al menos parecía tener un efecto pasajero. Pero si bien era suficiente para calmar su respiración durante un tiempo, la tos generalmente regresaba con virulencia un par de horas más tarde.
Dado que ninguno de sus remedios parecía tener ningún efecto duradero en Sir Robert, el doctor Bell aconsejó a Sir Robert que dejara Bailey Hall por un par de semanas, y pasara un tiempo en la costa, donde el mar y el aire fresco podían ayudar a mejorar su condición. Naturalmente, Sebastian acompañó a su amigo, y pronto, se fueron a Brighton, Sir Robert casi escondido bajo un montón de mantas en el carruaje y Sebastian vigilándole cuidadosamente.
Kurt estaba acostumbrado a que Sebastian escribiera a Nick cuando él estaba ausente, pequeñas notas y cartas que nunca firmaba con su nombre, pero que sin embargo informaban al lacayo de lo que sucedía en la vida de su mejor amigo. Nick nunca se quedaba con estas cartas - siempre las quemaba inmediatamente después de leerlas. Lo que era nuevo en las notas que llegaban a Bailey Hall ahora era que mientras que el destinatario en el papel doblado todavía era Nick, las cartas realmente estaban dirigidas a Nick y a Kurt.
Comenzó con pequeñas frases como "Oh, y dile a Kurt que Robert me obligó a asistir a una lectura de poemas de Keats. Aunque para los detalles, él tendrá que preguntarle a Robert, me quedé dormido a la mitad", siguiendo con frases que se convirtieron en comentarios directos como "Y Kurt - durante nuestro paseo por el muelle ayer vi tres caballeros que llevaban exactamente el mismo abrigo al que te referiste como" una atrocidad" a principios de este otoño. Parece que tu gusto está pasado de moda." Pronto, las cartas incluyeron párrafos enteros dirigidos a Kurt, y muy a menudo Kurt garabateaba un par de frases por sí mismo bajo las respuestas de Nick, como "El hecho de que algunas personas compartan su gusto horrible en la ropa no convierte al abrigo de moda por sí mismo, me temo. Pero voy a dejar que se consuele en las cifras".
Kurt no estaba del todo seguro de cuando las cartas de Sebastian se convirtieron en el punto culminante de su día, pero antes de que tuviera tiempo de pensar en ello eso era exactamente lo que eran. Nick no decía nada al respecto, pero a veces, cuando Kurt se sorprendía a sí mismo riendo entre dientes involuntariamente ante la descripción detallada de Sebastian de un viaje a las Termas de Brighton, se dio cuenta de que Nick le estaba observando con una expresión muy pensativa en su rostro.
Mientras que Sebastian escribió que hasta cierto punto, ni el mar, ni los largos viajes a los baños habían hecho una mejora duradera en la condición de Sir Robert, los pacientes en Bailey Hall se recuperaron uno tras otro. La enfermedad había exigido siete vidas en el pueblo (uno de los niños era el hermano menor de Beth, Benjamin, y Kurt acompañó a la criada al funeral, sosteniendo su mano mientras ella lloraba en silencio), pero por suerte, ninguno en Bailey Hall. Aún así, el ambiente era sombrío, y Kurt se alegró cuando el doctor Bell permitió a Jeff dejar la cama de nuevo. A medida que el último paciente hubo pillado la enfermedad, parecía como una señal de que los tiempos oscuros finalmente estaban comenzando a desvanecerse.
Era bueno ver al lacayo rubio abajo en la cocina de nuevo, con una manta alrededor de sus hombros y todavía viéndose muy pálido, pero con una sonrisa en los labios y bromeando con los otros sirvientes mientras mordisqueaba una rebanada de pan tostado que Nick le había dado. Kurt no sólo estaba contento por Jeff - él sabía que Nick se preocupó enormemente por el estado de Jeff, y estaba contento de ver al otro lacayo relajándose visiblemente cuanto más animado Jeff se ponía.
Con todo lo que pasó en los últimos días, Kurt se sintió estupefacto cuando la señora Seymour anunció una mañana: "Bueno, ahora que todo el mundo está recuperado otra vez, creo que deberíamos empezar a preparar la casa para la Navidad, ¿no os parece?" Kurt miró hacia arriba para detectar la expresión de sorpresa de Jane, lo que era un reflejo de la suya propia. "Hoy es veinte de diciembre", dijo Nick, sonriendo al ver la mirada de asombro en los rostros de sus amigos, "¿No lo sabíais?"
"No," Kurt admitió, y Jane también negó con la cabeza, "Yo sabía qué día era, es sólo que con todo lo que ha pasado últimamente, realmente olvidé la Navidad."
"Bueno, no creo que su señoría y Sir Robert regresen a casa para las fiestas, así que vamos a mantenerlo sencillo," dijo el Sr. Moore, dejando que su mirada recorriera a su personal todavía recuperándose. "Nada de decoraciones o celebraciones elaboradas, unas pocas cintas en los pasillos, una buena comida, y asistir al servicio religioso, si el tiempo lo permite."
El tiempo pareció haber decidido no permitir eso - justo cuando Nick y Kurt regresaron del bosque, con los brazos llenos de ramas de abeto y acebo, empezó a nevar de nuevo. Nadie estuvo muy desanimado por eso – desde que Kurt y Jane no fueron los únicos que simplemente se olvidaron de la llegada de la Navidad, había una gran y repentina actividad secreta de puertas adentro, envoltura de regalos de última hora y gente retirándose a sus habitaciones y bloqueando las puertas detrás de ellos.
Debido al clima, el correo iba retrasado, lo que no era ninguna sorpresa, pero enfrió el ánimo de Kurt sólo un poquito. Se dio cuenta de lo mucho que había empezado a esperar recibir los pequeños mensajes de Sebastian cada dos días. Pero ya que él hacía mucho que había decidido renunciar a lamentarse por cosas que no podía cambiar, se distrajo con otras cosas - envolviendo los regalos para sus amigos cuidadosamente en papel (y ayudando a Jeff a envolver los suyos), degustando los postres que la Sra Bertram estaba preparando (con y sin pedir su permiso primero), y decorando los salones, la cocina y la biblioteca junto con Jane.
Bailey Hall estaba a la espera de una Navidad relajada, a pocos días de una celebración tranquila, en la que todo el mundo sería capaz de recuperar sus fuerzas. Fue por eso que fue una sorpresa para todos cuando en la mañana del 24 de diciembre, el sonido del traqueteo de las ruedas de un carruaje, apenas suavizado por la nieve en el patio, anunció la llegada de un visitante. Todo el mundo en la mesa del desayuno abandonó su tostadas y gachas dirigiéndose fuera al patio, y Kurt estuvo desconcertado cuando vio a Sebastian salir del carruaje, su abrigo negro contrastando oscuramente con la nieve a su alrededor.
"Su señoría ...", el Sr. Moore dijo, su expresión tan desconcertada como la de todos los demás a su alrededor. "¿Por qué está... quiero decir, dónde está ... pasó algo...?"
Era raro ver al mayordomo aturullado de esa forma, y de repente, Kurt también se sintió preocupado de que algo le hubiera sucedido a Sir Robert, o tal vez incluso a la abuela de Sebastian, lo que explicaría su repentino regreso a Bailey Hall.
"No se preocupe, señor Moore, no pasó nada", dijo Sebastian, y la sonrisa en sus labios tranquilizó a Kurt más que cualquier otra cosa. Él miró a sus sirvientes temblorosos en el aire frío, y su expresión se convirtió en apologética, "Siento haberos asustado a todos así. Envié una nota, pero supongo que viajé por delante de ella." Su mirada se encontró con la de Kurt, y por un momento, Kurt pudo jurar que vio una emoción parpadeando en los ojos verdes que no había visto antes: una mezcla de alivio, felicidad, y algo más a lo que Kurt no podía darle nombre.
"¿Piensa quedarse en Bailey para las fiestas, su señoría?" Nick investigó. Como de costumbre, él era el único no desconcertado por ninguna de las acciones de Sebastian, y una vez más, Kurt quiso ser capaz de echar un vistazo a su infancia, para presenciar con que aventuras fortuitas estos dos se encontraron que dejaron a Nick tan absolutamente poco impresionado con cualquiera de las excentricidades de Sebastian. Tal vez un día le preguntaría a la Sra Bertram al respecto.
"Voy a quedarme, en realidad", dijo Sebastian, caminando hacia la casa mientras los sirvientes se fueron corriendo a la entrada, "La condición de Robert mejoró un poco en estos últimos días, pero no mucho, así que se fue a Edimburgo para ver a algún médico especialista del pulmón".
"¿Y eligió no acompañarlo?" Nick dijo, su rostro neutral, pero Kurt podía oír la crítica subyacente en su voz.
"Yo quería", Sebastian respondió, y su expresión se convirtió en desaprobación de una manera que casi rayaba el enojo, "Pero él prácticamente me ordenó que lo dejara y volviera a Bailey. Dijo que no quería que me pasara la Navidad en un hospital de Escocia".
Kurt sospechaba que había una historia que incluía muchas discusiones y terquedad que se ocultaba detrás de esa simple frase, y él estaba realmente sorprendido al saber que por una vez, Sir Robert aparentemente fue capaz de desafiar la voluntad de su mejor amigo.
"Sé que no me habéis estado esperando, Moore", dijo Sebastian, dándose la vuelta en la entrada y enfrentándose al mayordomo mientras se quitaba los guantes, "Pero, por favor, no os preocupéis. Estoy aquí sólo para un poco de tiempo tranquilo. No habrá ninguna visita para Navidad, no es necesario que preparéis algo sólo para mí".
"Muy bien, su señoría", el Sr. Moore dijo y asintió con comprensión, al parecer después de haber superado su desconcierto momentáneo. Sebastian sonrió en respuesta, y su mirada se desplazó sobre los rostros de su servicio. Kurt pensó que permaneció en su rostro durante un momento más largo, pero Sebastian alejó la mirada de nuevo antes de que pudiera estar seguro.
"¿Cómo está todo el mundo?" Sebastian preguntó, "Admito que estaba un poco preocupado. La enfermedad parece haberse extendido por todo el país, todos en Brighton estaban hablando de ello, y los baños estaban llenos de pacientes. Me preguntaba cómo estaríais."
"Creo que estamos llevándolo bastante bien, su señoría", el Sr. Moore dijo, "Hubo algunos casos mortales abajo en el pueblo, pero creo que lo peor ha pasado ya."
"Eso es lo que espero también," Sebastian suspiró. "Pero supongo que ya veremos. Bueno, yo voy a cambiarme. ¿Nick?"
El lacayo tomó sin palabras la maleta de las manos de Howard y se apuró detrás de su patrón, y una vez más, Kurt admiró las habilidades de actuación de ambos hombres, que se las arreglaban para que pareciera que no eran más que un conde un poco cansado y su criado obediente. Y por un momento, él se encontró anhelando estar en el dormitorio de Sebastian con ellos, para poder hablar libremente con Sebastian sobre su tiempo en Bailey Hall, para preguntarle sobre lo que ocurrió en Brighton que él no escribió. Con una claridad sorprendente, se dio cuenta de que había echado de menos a Sebastian.
K&B
A pesar de que Sebastian dio órdenes explícitas de no preparar nada sólo para él, naturalmente, nadie le escuchó, sobre todo, no el señor Moore y la Sra Seymour. Kurt y Nick tuvieron que hacer un segundo viaje al bosque cuando la nieve se detuvo durante media hora, para recoger más material para decorar el salón y los comedores. La Sra Bertram decidió tirar por la borda todos sus planes e ideó un nuevo menú completo para la noche, y Nick y Jeff tuvieron que ayudar a pelar patatas, mientras que Kurt y Jane ataban cintas rojas alrededor de ramas verdes y las colgaban en el pasillo.
Para su decepción, Kurt no fue capaz de ver a Sebastian durante el resto del día - Nick le dijo que durmió durante unas pocas horas después del temprano viaje, y el resto de la tarde, la pasó solo en su estudio, leyendo.
Por lo tanto, la próxima vez que vio a Sebastian de nuevo fue cuando todos los sirvientes estaban reunidos en la cocina, en la tarde, comiendo la cena de Navidad. El Sr. Moore les había permitido por una vez comer antes de que Sebastian lo hiciera, ya que algunos de los sirvientes querían caminar hasta el pueblo para la misa, y porque al parecer él no había recibido órdenes explícitas acerca de cuándo el patrón deseaba tener su cena de Navidad. Kurt podía decir que el mayordomo se sentía inmensamente estresado por no tener un horario exacto al que aferrarse, y la improvisación no era su punto más fuerte. Y mientras Kurt sentía compasión, él mismo no compartía el sentimiento: él se sentía feliz por el cambio de rutina, por la distracción de la atmósfera aún sombría. Él no podía negar que, después de la llegada de Sebastian, se sentía definitivamente más con el espíritu de la Navidad de lo que se sentía antes. Sobre todo cuando estaba apretado en un banco entre Jeff y Nick, riendo con los otros sirvientes y comiendo tres porciones de postre para la cena sin que nadie lo reprendiera por ello (aunque vio la ceja levantada de desaprobación del señor Moore, optó por ignorarlo).
Cuando todo el mundo se apresuró repentinamente a ponerse de pie, Kurt imitó su acción principalmente por costumbre, y le tomó un segundo comprender que Sebastian había entrado en la cocina. Kurt se quedó mirando al otro hombre, sorprendido. Nunca había visto al otro hombre en las dependencias del servicio antes, y se preguntó qué había sucedido para cambiar eso.
"Su señoría," el Sr. Moore exhaló, y Kurt estuvo repentinamente preocupado por cuántas roturas de protocolo el mayordomo era capaz de digerir en un día.
"Lo siento", dijo Sebastian, sus dedos ensartándose en el cabello de la parte posterior de la cabeza con timidez, como si sólo ahora se diera cuenta de lo fuera de lugar que estaba en la cocina, "Yo no quería entrometerme, no me di cuenta que estarían cenando".
Él miró alrededor de la habitación, mirando a los sirvientes, la mayoría de los cuales no se encontraban con su mirada. Parecía un poco triste, un poco perdido, y Kurt recordó que Sebastian estaría cenando solo en el gran comedor, sólo consigo mismo, en la víspera de Navidad. De repente, él no deseaba nada más que llegar hasta él, tirar a Sebastian al banco entre Nick y él mismo, poner un plato con un poco de pasteles delante de él, y pasar el resto de la comida bromeando, como siempre lo hacían.
Pero él no podía hacer eso. Debido a que Sebastian era su patrón, porque él no era nada más (aunque tampoco nada menos) que un lacayo en su finca.
Porque a pesar de que ni a él, ni a Sebastian, ni a Nick les importaba eso, al resto de la habitación, al resto del mundo le importaba.
Kurt nunca había sentido la distancia entre él y Sebastian con más claridad que en este momento, cuando Sebastian estaba de pie a pocos pasos de distancia. Una distancia que se podía cruzar con tanta facilidad, y que sin embargo, nunca sería superada. Era algo de lo que siempre fue consciente, en algún lugar en el fondo de su mente, pero la realización lo golpeó con una fuerza para la que no estaba bastante preparado.
Por su parte, Sebastian había dejado de lado su cabello, y sus inseguridades estaban una vez más escondidas detrás de una expresión cuidadosamente indiferente.
"¿Hay algo con lo que le podamos ayudar, su señoría?" el Sr. Moore indagó, el desconcierto de por qué Sebastian no sólo hizo sonar la campana para llamar a uno de los criados claro en su rostro.
"No, supongo ..." Sebastian respondió, sonriendo un poco inquieto, "Sólo quería desearles a todos una feliz Navidad."
Kurt quería abrazarlo, en ese mismo momento, y él estuvo muy contento cuando Jane le devolvió la sonrisa a Sebastian inmediatamente y respondió, "Eso es muy amable de su parte. Feliz Navidad, su señoría.", antes de que Kurt pudiera ceder ante el impulso.
Su sentimiento se hizo eco alrededor de la mesa, y Kurt sonrió involuntariamente por la forma en que la cara de Sebastian se iluminó. Atrapó la atención del otro hombre por un momento, y Sebastian le hizo un guiño brevemente antes de girarse hacia el señor Moore de nuevo, "Tomad el tiempo que queráis con la cena, Moore. No voy a comer hasta las nueve de esta noche."
"Muy bien, su señoría", el Sr. Moore asintió, y con un último saludo con la mano, algo torpe a los sirvientes, Sebastian se desvaneció de nuevo detrás de la esquina.
Kurt se sentó con los demás. De repente, se sentía menos feliz, menos alegre que antes. Era una extraña sensación que no podía poner absolutamente en palabras, pero se sentía como si acabara de perder algo, algo que nunca fue suyo en primer lugar.
A pesar de que la señora Seymour envió a Jeff a la cama temprano, señalando cuando protestó que él todavía estaba estornudando, y que el Señor Smythe no necesitaba tres lacayos y un mayordomo para que le sirvieran la cena, todavía había algo decididamente triste en el hecho de tres personas sirviendo la cena a Sebastian, que estaba sentado a solas en el comedor. No era una habitación muy grande, como tal, pero se sentía terriblemente grande cuando sólo había una persona sentada a la mesa. Kurt se alegró por cada fragmento de conversación, por cada pregunta que Sebastian hizo al Sr. Moore sobre cómo Bailey Hall había estado en su ausencia, ya que no estaba seguro de si podría soportar el silencio en este momento, cuando había algo dentro de él que le hacía sentir ganas de gritar.
Afortunadamente, la comida no duró tanto tiempo, aunque Kurt notó para su alivio que Sebastian estaba casi comiendo porciones de tamaño normal de nuevo, algo que no había hecho en todo el tiempo durante la enfermedad de Sir Robert. Después de la cena, Sebastian se retiró a la biblioteca y se instaló en un sillón frente a la chimenea, una novela sobre las rodillas y una copa de vino junto a él. Nick y Kurt se unieron al Sr. Moore y su patrón después de limpiar el comedor, pero tan pronto como entraron en la biblioteca, Sebastian levantó la vista de su libro y dijo, "Eso es todo por esta noche, gracias, Moore."
El mayordomo asintió vacilante, y Kurt se preguntó brevemente si el mayordomo sentía la misma renuencia a dejar solo a Sebastian que Kurt sentía, "Bueno, si usted está seguro, su señoría ..."
"Lo estoy", dijo Sebastian, inclinando la cabeza hacia arriba para sonreír al mayordomo, "ya interrumpí su horario suficiente por hoy, Moore. Sólo voy a leer durante un rato y luego me iré a la cama. Si necesito algo haré sonar la campana para Nick ".
"Muy bien, entonces," el mayordomo asintió "En ese caso, buenas noches su señoría".
"Buenas noches Moore," Sebastian dijo, "Y gracias."
"En realidad, su señoría", Nick habló de repente, "He tenido la intención de enseñar a Kurt a jugar al ajedrez. ¿Le importa si tomamos prestado uno de los juegos?"
Kurt se quedó mirando a su amigo con desconcierto, porque esta era la primera vez que escuchaba acerca de estos planes.
"No, en absoluto", dijo Sebastian, sin levantar la vista de su libro, "Podéis quedaros aquí, no me importa, y utilizar el tablero grande."
Kurt miró al Sr. Moore, cuya mirada se movía de vuelta entre Sebastian y Nick, el ceño fruncido cauteloso sobre sus rasgos. Pero la atención de Sebastian ya estaba absorbida por las páginas de su libro de nuevo, y Nick se acercó a la mesa con el tablero tallado en su superficie y las bellas figuras sobre él sin ni siquiera mirar a su patrón cuando preguntó, "¿Le parece bien, señor Moore?"
El mayordomo negó con la cabeza, como para ahuyentar los pensamientos no deseados, y retrocedió hacia la puerta mientras decía, "Si a su señoría no le importa, podéis quedaros, pero no os quedéis demasiado tiempo. Espero que estéis levantados mañana temprano".
Kurt y Nick inclinaron la cabeza, y con una última y larga mirada a los tres, el mayordomo cerró la puerta tras él. Por un momento, los tres hombres estuvieron callados, hasta que oyeron el sonido del Sr. Moore alejándose en el pasillo.
"Por fin", Sebastian exhaló, cerrando su libro y arrojándolo a un lado. "A veces siento que me estoy quedando sin excusas para pasar tiempo contigo."
"Me creeré que te cansaste de mentir el día que lo vea," Nick replicó secamente, y comenzó a tirar de la mesa de ajedrez hacia la chimenea.
"¿Le importa a alguien iluminarme acerca de por qué había que mentir en primer lugar?" Kurt indagó, causando que Sebastian inclinara la cabeza hacia un lado y le sonriera. "Nick y yo tenemos una tradición de Navidad - si estoy en Bailey, pasamos la noche jugando al ajedrez Puedes quedarte a ver cómo le doy una paliza, si quieres.".
"Puedes quedarte y enseñar a Sebastian a ser un mejor perdedor", Nick respondió, sentándose en el sillón frente de Sebastian. "Me tiró el tablero una vez."
"Yo tenía diez años, y tú hiciste trampas", Sebastian replicó, no apartando la mirada fuera del rostro de Kurt, "¿Has jugado al ajedrez antes, Kurt?"
"Conozco las reglas", Kurt admitió, "Pero no he tenido mucha oportunidad de practicar últimamente."
"¿Qué tal si ves la primera partida, y luego cambiamos?" Nick sugirió, colocando uno de sus peones en un cuadrado negro, y añadió en un tono que sonaba sólo un poquito demasiado como un hecho dado, "Esto no tomará mucho tiempo, lo prometo."
Sebastian respondió con una sonrisa que le dijo a Kurt que el otro hombre se había dado cuenta del desafío en la voz de Nick, y fácilmente lo aceptaba.
Mientras Nick y Sebastian comenzaron su primera partida, Kurt se sentó en el reposabrazos del sillón de Sebastian, fingiendo ser completamente ajeno a la forma en que el hombro de Sebastian rozaba continuamente el brazo de Kurt. Lentamente, se puso cada vez más absorto en el juego, y, sonriendo escuchó las explicaciones y frecuentes provocaciones de Nick y Sebastian (una vez había escuchado que este juego se suponía que se jugaba en silencio y con concentración, pero era evidente que Sebastian y Nick estaban por encima de esas tonterías). Después de ver tres partidas, por fin puso una silla al lado, y, bajo los excesivos comentarios y consejos de Sebastian, que en realidad eran más molestos que útiles, comenzó su primera partida contra Nick. Como era de esperar, perdió, y podría encontrar la vehemencia con la que Sebastian acusó a Nick de hacer trampa casi entrañable, si no fuera por el hecho de que él escuchó el consejo de Sebastian durante esos últimos tres movimientos que llevaron a la victoria de Nick.
Fue una noche larga y muy entretenida, y Kurt estaba seguro de poder oír las primeras aves fuera antes de quedarse dormido, acurrucado en el sillón, con la mejilla apoyada en el material blando del reposabrazos. Cuando miró a Sebastian y Nick discutir con vigor ininterrumpido por debajo de sus párpados caídos, pensó que, tal vez, él reaccionó un poco exageradamente antes en la cocina.
Porque a pesar de que ciertamente había reglas y distancias e imposibilidades, y un sinnúmero de obstáculos aún por venir, habría también siempre momentos como este. Y fue con este último pensamiento que Kurt finalmente se durmió, con una sonrisa satisfecha en los labios.
K&S
Cuando Kurt se despertó a la mañana siguiente, se sorprendió momentáneamente mientras trataba de recordar cómo se metió en su cama la noche anterior, hasta que un Nick de mal humor y con cara de sueño (que, como sospechaba Kurt, probablemente no había dormido en absoluto) bostezó y explicó que medio cargó, medio arrastró a Kurt a su habitación con él. Kurt gimió y enterró su rostro profundamente en su almohada, desesperado por conseguir por lo menos una hora más de sueño antes de tener que levantarse. Sus esfuerzos fueron en vano sin embargo: cuando Jeff, que al parecer escuchó sus voces desde el otro lado del pasillo, se apresuró a su habitación meros momentos más tarde, todavía en su camisón y los brazos llenos de regalos, deseoso de recibir algunos para sí mismo. Mientras Nick sonreía con cansancio cuando Jeff se dejó caer a su lado en el colchón, Kurt maldijo la suerte que le dio un amigo que decidía levantarse temprano en una mañana en la que a Kurt realmente le encantaría un poco de sueño adicional por una vez.
La mañana pasó rápidamente mientras que las personas estaban corriendo en los pasillos, intercambiando regalos o deseándose una feliz Navidad (con mucha desaprobación de la señora Seymour, especialmente cuando atrapó a Jane y Harriet en la puerta de la habitación de las lacayos en sus camisones). El tiempo dedicado a desenvolver los regalos fue seguido por un desayuno perezoso. Incluso el señor Moore parecía menos inclinado a asumir sus tareas - Jeff le dijo a Nick y Kurt en voz baja que la señora Bertram y el Sr. Moore se bebieron una botella entera de Oporto la otra noche, y, al menos a juzgar por la expresión alegre de la señora Bertram y el mal humor del Sr. Moore, no era particularmente difícil adivinar quién bebió más - o quién era mejor haciendo frente a las consecuencias.
Después del desayuno, los lacayos fueron instruidos para ayudar a las criadas y a la señora Seymour para completar la decoración apresuradamente iniciada en los salones y los pasillos. Alrededor del mediodía, Kurt se encontró solo en la sala de música con un par de cajas que contenían cintas, papel en varios colores, piñas y conos. La Sra Seymour le pidió que ordenara las cajas que encontró en el ático, que tirara las viejas y desteñidas cintas y ordenara todo lo que podían seguir utilizando. Kurt descubrió que en realidad estaba disfrutando bastante de tener un poco de tiempo para sí mismo, sobre todo porque él todavía se sentía muy cansado. Y ahí, sentado en el banco del piano, una caja en sus rodillas, a nadie le importaba si cerraba los ojos por una fracción de segundo antes de seguir revisando las cintas.
En un primer momento, Kurt no se dio cuenta de que ya no estaba solo en la habitación, al menos no hasta que se enderezó y se dio la vuelta, no preparado para la visión de Sebastian apoyado en el marco de la puerta, con la mirada fija en Kurt. El lacayo se estremeció, y casi soltó la caja que estaba sujetando. Sebastian se rio de su expresión de sorpresa y salió fuera del marco de la puerta para dar unos pasos hacia el otro chico, "Relájate, Kurt, soy sólo yo."
"Por favor, no vuelva a hacer eso," Kurt respondió, depositando la caja en un taburete y mirando a su patrón.
"¿Hacer qué?" Sebastian replicó, su cara era una imagen de la inocencia perfecta.
"Acercarse sigilosamente a la gente así", dijo Kurt, su cuerpo todavía se sentía extrañamente alerta después del momento de sorpresa, "creo que mi corazón dejó de latir por un segundo."
Él supo que esto era lo peor que pudo decir en el momento en que vio la sonrisa de Sebastian, y oyó al otro hombre responder, "Tiendo a tener este efecto en la gente."
Kurt simplemente puso los ojos en blanco y preguntó, "¿Quiere algo de mí?"
"Recibí una nota de los Huntington", comentó Sebastian casualmente, dando un paso más hacia Kurt hasta que estuvo de pie justo en frente de él, "les escribí que iba a volver a Bailey por la Navidad, y al parecer ellos quieren pasarse para hacer una visita durante el próximo par de días".
Kurt no pudo dejar de fruncir el ceño. Había tenido la esperanza de tener un par de días tranquilos hasta Año Nuevo, con tiempo suficiente para que los lacayos que estaban enfermos se recuperaran por completo, y sí, tal vez algunas oportunidades más de pasar algún tiempo en compañía de Sebastian y de Nick. Lady Isabella, que constantemente exigía actividad y atención, y Lord Huntington, a quien Kurt despreciaba por muchas razones, se encontraban entre las últimas personas que él desearía ver ahora mismo. Sus pensamientos debieron ser visibles en su rostro, porque Sebastian sonrió cuando miró a Kurt y vio su reacción.
"¿Entiendo que no estás muy entusiasmado en volver a verlos?" Sebastian preguntó, la diversión haciendo que las esquinas de sus ojos se arrugaran.
"¿Y usted?" Kurt replicó, levantando la ceja izquierda, "Porque creo que su opinión sobre el asunto es más relevante que la mía."
"Bueno, yo... será agradable tener un poco de compañía de nuevo", meditó Sebastian, levantando los hombros en un medio encogimiento de hombros, sin encontrarse lo suficiente con la mirada de Kurt. "Este invierno ha sido un poco deprimente hasta ahora. Creo que podría venir bien un poco de distracción."
De repente, Kurt recordó a Sebastian sentado solo en el comedor la noche anterior, la forma en que buscó la compañía de sus sirvientes en la cocina. Por mucho que él no se complaciera con la idea de ver a los Huntington de nuevo, Kurt entendía por qué Sebastian podría necesitar ver algunas caras conocidas. Con Sir Robert lejos y siendo tratado en un hospital de Edimburgo, el joven conde probablemente realmente necesitaba alguna distracción. Pero por mucho que Kurt lo entendía, todavía se sentía de alguna manera molesto por el hecho de que la compañía de Nick y la suya no parecieran ser suficientes para Sebastian. Por supuesto, él sabía que las oportunidades para que ellos pasaran tiempo juntos sin que el Sr. Moore o Jeff se dieran cuenta eran bastante limitadas, pero incluso siendo consciente de ello, la idea de que Sebastian prefiriera la compañía de los Huntington a la suya de alguna manera todavía le irritaba.
"Además, supongo que me ahorraré la furiosa carta de mi abuela preguntando por qué no me mezclo con la gente de esa maldita lista que me dio," Sebastian añadió contemplativamente. Suspiró y se encontró con la mirada de Kurt de nuevo, "¿Querrás decirle a la señora Seymour que van a venir?"
"Lo haré," Kurt replicó. Sebastian asintió, y por un segundo, Kurt esperó a que se fuera. En lugar de ello, sin embargo, el otro hombre parecía no querer irse y se quedó merodeando, no mirando a Kurt, sino fingiendo interés en las pinturas al lado del piano, antes de que su mirada pasara a observar los detalles tallados en la madera del armario que contenía las partituras.
"¿Hay alguna otra cosa que quiera de mí?" Kurt preguntó, cuando el silencio se volvió demasiado peculiar.
Sebastian vaciló por un segundo, dirigiendo una mirada contemplativa a Kurt antes de suspirar y admitir, "En realidad, lo hay."
Kurt sólo entonces se dio cuenta de que la mano derecha de Sebastian había estado oculta detrás de su cuerpo todo el tiempo cuando el otro hombre tomó un último paso hacia él y ofreció a Kurt un paquete, envuelto en papel de color marrón liso, y simplemente dijo, "Ten".
Desconcertado, Kurt tomó el paquete en sus manos, dándole vueltas para ver si había una dirección escrita en el papel. Cuando no pudo encontrar nada, miró hacia arriba de nuevo, y le preguntó, "¿Quiere que envíe por correo esto?"
"No", respondió Sebastian, una vez más, evitando encontrarse con la mirada de Kurt. En cambio, él miró al techo, levantando su mano derecha a su cuello, "Es para ti".
"Oh", dijo Kurt, parpadeando con desconcierto por un segundo, antes de darse cuenta de qué era exactamente lo que estaba sosteniendo en sus manos. Le tomó un momento para comprender plenamente que Sebastian acababa de darle un regalo de Navidad, y que, al parecer, buscó a Kurt no para informarle sobre la visita de los Huntington, sino para darle esto en privado. La cabeza de Kurt se alzó de golpe, y miró fijamente a Sebastian, que parecía extremadamente incómodo, y Kurt pensó que podía incluso detectar un poco de rubor en sus mejillas. Una calidez familiar se extendió a través del pecho de Kurt, y tuvo que morderse el interior de la mejilla para evitar sonreír como un idiota.
"Usted no debería haber..."
"Lo sé", Sebastian le interrumpió, metiendo las manos en los bolsillos de su chaleco. "Confía en mí, sé que no debería haberlo hecho. Pero lo vi en una tienda cuando estaba en Bath y pensé en ti, así que...", se desvaneció, arrastrando los pies, un imagen perfectas de inquietud. "Sólo ábrelo ya, ¿quieres?"
Kurt se quedó mirándole por un segundo más, incapaz de decidir cómo reaccionar a esto. Por último, se volvió hacia el paquete en sus manos, rompiendo el sello y desenvolviendo el presente. Cuando quitó el papel marrón, se reveló la cubierta oscura de un libro encuadernado en cuero. Había pequeñas hojas doradas impresas en la superficie, hojas que se veían terriblemente conocidas, y cuando Kurt abrió la cubierta, las palabras Baladas líricas de William Wordsworth confirmaron sus sospechas. Antes de que pudiera detenerse, ya había soltado, "Este ya lo tengo". En el momento en que las palabras salieron de su boca, se dio cuenta de lo ingrato que sonaron, y miró hacia arriba rápidamente.
La expresión de Sebastian cambió desde la mirada ansiosa y esperanzada que tenía cuando vio a Kurt desenvolver el regalo a un ceño fruncido en sorpresa y decepción, y preguntó, casi con incredulidad, "¿Qué?"
"Sir Robert me envió una copia para mi cumpleaños en junio", explicó Kurt. Se sintió indeciso a relatar toda la historia, sin saber cómo Sebastian reaccionaría cuando se enterara de cómo Sir Robert básicamente se disculpó en su nombre. Por lo tanto, se limitó a añadir, "Él me dijo que usted le contó qué tipo de libros me gustaban, y él pensó que sería bonito enviarme algo de Londres."
"Oh," Sebastian respondió. Él parecía molesto, aunque la cólera no parecía estar dirigida a Kurt. Parecía estar más dirigida a sí mismo, tal vez por decir a Sir Robert acerca de las preferencias literarias de Kurt, o tal vez por no llevar a Kurt a Londres en primer lugar, aunque trató de ocultarlo detrás de una expresión indiferente. Finalmente, se encogió de hombros y levantó su mano para alcanzar el libro, "Bueno, supongo que si ya tienes muchos libros, puedo quedarme yo con este."
"No," Kurt replicó inmediatamente, tirando el libro cerca de su pecho y envolviendo sus manos casi de manera protectora alrededor de él, "No puede."
Sebastian le miró con escepticismo, y sus cejas se levantaron inquisitivamente ante la vehemente reacción de Kurt, "¿Por qué no? ¿Para qué necesitas dos copias del mismo libro?"
A Kurt le resultaba imposible explicar a Sebastian que él quería quedarse con este libro porque significaba mucho más recibirlo de él que simplemente en su nombre. No se trataba del libro en sí - era el hecho de que Sebastian pensaba en él lo suficiente como para recordar lo que le gustaba y lo que no, que se acordaba de él cuando estaba lejos de Bailey Hall. Era el conocimiento, la prueba de que Sebastian se preocupaba por él que se sentía valioso para Kurt - a pesar de que no había decidido suficientemente si realmente quería saber cuánto Sebastian se preocupaba por él.
O lo mucho que él podría llegar a preocuparse por Sebastian.
"Es un regalo, después de todo," Kurt finalmente dijo, conformándose con una versión que sentía verdadera mientras no admitiera la extensión de los sentimientos de Kurt. "Y la intención es lo que cuenta, ¿no?"
Sebastian aún no parecía muy convencido, al menos no hasta que Kurt añadió, "Y yo...estoy feliz de que usted pensara en mí." Cuando miró hacia abajo al libro en sus manos, se dio cuenta de que su pulgar estaba dibujando pequeños círculos en la portada, sintiendo la textura de las letras, la superficie lisa de la piel bajo sus dedos, "Gracias".
Estiró el brazo en un impulso para estrechar la mano de Sebastian, levantando la mano, pero luego vaciló, mirando a los ojos de su patrón. Había abrazado a Nick por el par de guantes, a Jane por el par de zapatillas, y a Jeff por la colección de cuentos de hadas que le habían dado esta mañana. Había abrazado a Beth y Maud por los dulces que hicieron junto con la Sra Bertram y dieron a todo el mundo, y había besado a la señora Bertram en la mejilla por la bufanda de punto que encontró junto a su plato del desayuno.
El regalo de Sebastian cruzaba la línea invisible entre ellos considerablemente, y sin embargo, Kurt no se atrevía a hacer lo mismo, estirarse y simplemente abrazar a Sebastian como lo hizo con el resto de sus amigos. No era el temor a que un abrazo no sería bienvenido, ni siquiera era el temor de que alguien pudiera atraparlos en esta posición bastante comprometedora - lo que estaba conteniendo a Kurt era el temor de que una vez que hiciera el primer paso para cruzar esa línea, podría no ser capaz de detenerse de cruzar otras también.
Él era consciente de que Sebastian todavía lo estaba mirando, esperando a que Kurt hiciera algo. Finalmente, cuando el lacayo siguió allí de pie, mirando más allá de Sebastian y mordiéndose el labio inferior, él suspiró y estiró el brazo para agarrar la mano de Kurt, con algo parecido a la decepción parpadeando sobre su rostro. Kurt apretó los dedos de Sebastian, encontrando la piel del otro hombre suave y seca contra de suya propia, pero cuando el otro hombre comenzó a retirarla, las yemas de los dedos de Kurt casi involuntariamente persistieron sobre la piel de Sebastian, acariciando su palma primero, luego deslizándose sobre la longitud de sus dedos, sintiendo las diferentes texturas: la piel más suave en el interior de su mano que se convertía en más áspera cuanto más se acercaba Kurt a la punta de sus dedos. Antes de que pudiera alejarse completamente, el dedo índice de Sebastian se enganchó alrededor del de Kurt, sujetándolo firmemente contra el suyo propio.
Kurt podía sentir los ojos de Sebastian sobre él, pero en lugar de mirar hacia arriba, mantuvo su mirada en sus manos, en sus dedos como única conexión entre ellos.
Kurt ya no era el chico sin experiencia, ingenuo que llegó a Bailey Hall hacía más de un año - había aprendido mucho acerca de una variedad de toques, la sensación de los labios contra la piel y la piel contra la piel y los labios contra los labios. Había pasado las semanas acostado bajo la sombra de los árboles en el parque o apoyado en piedras calentadas por el sol mientras exploraba esos toques, aprendiendo sobre las cosas que le excitaban, acerca de las cosas que excitaban a los otros. Por lo tanto, la idea de que una simple conexión de sus dedos índices entrelazados pudiera ser suficiente para enviar un escalofrío por la espalda de Kurt, para hacer que su estómago se retorciera con una intensidad desconocida de deseo, debería ser francamente ridícula.
Y sin embargo, eso era exactamente lo que le hacía.
Finalmente, el dedo de Kurt se deslizó fuera del agarre de Sebastian, y Kurt aprovechó la oportunidad para también dar un paso atrás, trayendo un poco de distancia entre ellos. Se aclaró la garganta, y repitió, agradecido cuando su voz sonó mucho menos afectada de lo que Kurt realmente se estaba sintiendo, "Gracias, señor. Por el libro, quiero decir."
Levantó la vista justo a tiempo para atrapar a Sebastian mirándolo con extrañeza, casi contemplándolo. Era el mismo aspecto que tenía en su cara hace unas semanas, durante su encuentro en la biblioteca: como si él estuviera haciendo un gran esfuerzo para estimar la reacción de Kurt a lo que fuera que fuese a decir a continuación.
"Realmente creo que deberías dejar de llamarme así", dijo finalmente, metiendo las manos en los bolsillos de su chaleco una vez más. Él no estaba encontrándose con la mirada del otro chico cuando añadió, "'Señor'. Quiero decir, tú y yo estamos más allá de las formalidades, ¿verdad?"
"Cierto", dijo Kurt lentamente, porque era verdad. Ellos habían superado esas formalidades hacía mucho, mucho tiempo. "Supongo que lo estamos."
Sebastian lo miró, y una tímida sonrisa apareció en su rostro antes de añadir, "Aunque me alegro de que no me estés llamando malvado hipócrita sin corazón ya".
"Bueno, me alegro de que no se esté comportando como uno ya", Kurt respondió al instante, y, con una sonrisa que admitía la derrota, Sebastian se dio la vuelta para marcharse. Antes de que pudiera cerrar la puerta detrás de él, sin embargo, Kurt añadió, casi sin pensarlo, "Tal vez algún día me dirás por qué alguna vez lo hiciste en primer lugar."
Sebastian hizo una pausa en el marco de la puerta, y giró la cabeza para echar una última mirada, larga al lacayo, que seguía sosteniendo el libro que Sebastian le dio en sus brazos, su pulgar acariciando la cubierta en un movimiento casi distraído. Poco a poco, los labios de Sebastian se estiraron en una sonrisa que era casi tan triste como esperanzada, y respondió, "Tal vez algún día lo haga."
K&S
Kurt medio esperó, medio anticipó que el frío y la nieve podrían ser suficientes para retrasar, o incluso cancelar la visita de los Huntington. Pero ninguna borrasca en el mundo parecía ser suficiente para detener la determinación de Lady Isabella: El transporte de los Huntington se detuvo enfrente de Bailey Hall tres días después de la conversación de Kurt con Sebastian en la biblioteca.
Sebastian en realidad parecía bastante feliz de verlos, mucho más feliz que durante algunas de sus visitas anteriores por lo menos. Al principio, viendo hablar a Sebastian y reír junto con los Huntington recordó a Kurt sus primeros meses en Bailey Hall - lo cual no era un recuerdo agradable. A pesar de que Kurt se maldecía a sí mismo por su reacción excesivamente dramática, durante la primera noche de su visita, cuando observaba la conversación casual, no pudo sacudirse la sensación de hundimiento por el hecho de que Sebastian se estuviera alejando de él, de nuevo escurriéndose en un mundo de ligero entretenimiento y bromas crueles.
Sus preocupaciones pronto revelaron ser infundadas sin embargo: después de esa primera noche, Sebastian pareció cansarse más rápidamente de su compañía, después de que el alivio inicial de no estar ya solo hubo desaparecido. La principal razón de esto podría ser que ni Lord Huntington ni Lady Isabella parecían haber renunciado a la idea de hacer emparejar a Sebastian con Lady Claudine. Kurt tenía que reconocer que eran mucho más sutiles que antes, pero la necesidad de Lady Isabella de compartir el contenido específico de cada carta que su hermana le había enviado durante las vacaciones aburría a Kurt tanto como parecía molestar a Sebastian.
Sin embargo, Lady Isabella no era la persona a la que Kurt observaba principalmente. Inicialmente temeroso de que la soledad de Sebastian podría causarle que reanudara su relación con Lord Huntington, Kurt estuvo inmensamente aliviado cuando vio la expresión optimista de lord Huntington y las sonrisas secretas que dirigía a Sebastian cambiar rápidamente a un aspecto de creciente desilusión. Pero a pesar de su alivio, Kurt no podía dejar de preguntarse cuánto tiempo más Lord Huntington iba a soportar ver sus esperanzas siendo aplastadas.
Dos días antes de fin de año, la compañía en Bailey Hall aumentó. En lo que parecía ser un acto de desesperación, Sebastian había invitado a la familia Milford, a los hermanos Crawshaw, a Lady Josefine y su hermano, así como otras dos parejas de la comarca a Bailey Hall para celebrar el comienzo del nuevo año.
"Tal vez él espera que si junta a toda la gente que encuentra agotadora en una habitación, será más fácil esconderse de ellos," Nick se encogió de hombros mientras ayudaba a Kurt a llevar la maleta de Lady Josefine a su habitación, "Pero ya he renunciado a tratar de entender todas y cada una de sus decisiones desde hace mucho tiempo". Él estornudó dos veces, y la maleta tambaleó un poco antes de que Nick fuera capaz de recuperar su equilibrio.
"No vas a caer enfermo ahora también, ¿verdad?" Kurt preguntó, examinando de cerca al otro lacayo sobre la maleta entre ellos. Él se dio cuenta de que Nick había empezado a toser y estornudar un poco en los últimos días, pero hasta ahora, no había pensado mucho en ello.
"No te preocupes", Nick respondió cuando entraron en la habitación de Lady Josefine y dejaron la maleta en el suelo delante de su cama. Se enderezó y movió los hombros hacia atrás, en un intento para relajarlos antes de hurgar en el bolsillo para un pañuelo, "Tal vez me he constipado un poco, pero se habrá ido en cualquier momento."
Cuando Kurt no pareció muy convencido, Nick puso los ojos en blanco y agarró sus hombros para dirigirle suavemente fuera de la habitación, "Te lo dije antes, yo no me pongo enfermo tan fácilmente."
"Eso es precisamente lo que Sebastian me dijo también, y eso es precisamente lo que me preocupa," Kurt respondió. "Porque sé que ambos engañáis a las personas con excelentes habilidades de actuación. Y no lo tomes como un cumplido", añadió, cuando estiró el cuello para mirar a Nick por encima del hombro y vio que la sonrisa del otro lacayo tenía un decidido aire de orgullo por ello.
Kurt observó a Nick de cerca durante el resto del día; pero no pudo detectar nada que pudiera ser una razón para sentirse alarmado. El otro lacayo estornudó de vez en cuando, tosió un poco, y estuvo un poco más callado de lo habitual, pero también se retiró a la cama sensatamente bastante temprano (y solo, ahora que Kurt se había mudado de nuevo con el casi recuperado Jeff), y Kurt tenía la esperanza de que un ligero resfriado como este se podría curar con una buena noche de sueño.
Él no tuvo apenas tiempo para comprobar a Nick en los próximos días, ya que con dieciséis huéspedes alojados en Bailey Hall, e incluso con los sirvientes adicionales de la aldea, en realidad nadie tiene tiempo suficiente para respirar, y mucho menos preocuparse. El Sr. Moore era un lío frenético de actividad, hablando bruscamente a los lacayos cada vez que algo no iba de acuerdo al plan. Con Jeff estando apenas recuperado, Kurt y Nick se encargaron de dividirse la mayor parte del trabajo entre ellos, dejando al lacayo rubio al menos un poco de tiempo para descansar. Maud y Beth caían regularmente dormidas durante la cena, y Kurt no les podía culpar. La Sra Seymour y la Sra Bertram habían ideado el menú más ambicioso que Kurt había visto hasta ahora, y dos chicas contratadas del pueblo no tenían otra tarea que decorar los innumerables platos con hojaldres, tartas y pasteles.
En el desayuno el día 31 de diciembre, Kurt se dio cuenta de que un muy pálido Nick parecía obligarse a mordisquear una rebanada de pan tostado, mientras que todos los demás estaban tratando de comer todo lo que pudieran antes de que el Sr. Moore les escoltara para iniciar su respectiva tareas.
"¿Estás bien?" Kurt preguntó. Necesitó Nick un momento para darse cuenta de que la pregunta iba dirigida a él, y sacudió la cabeza lentamente, "No dormí mucho, y tengo un poco de dolor de cabeza."
"¿Quieres que le diga al señor Moore que no te sientes bien?" Kurt preguntó. Ahora que le veía más de cerca, se dio cuenta de que las mejillas de Nick estaban inusualmente sonrojadas contra su piel por otro lado pálida, y que su frente estaba arrugada en silencioso malestar.
"No hay manera de que puedas arreglártelas hoy sin mí", dijo Nick, y Kurt se dio cuenta de que tenía razón. No podía. "No te preocupes", añadió Nick, y sus labios se estiraron en una sonrisa que parecía agotada, pero convincente, "Haré que tú y Jeff hagáis las cosas pesadas, y voy a pedirle al señor Moore si puedo saltarme servir en el desayuno de mañana".
"Te irás a la cama después de la cena esta noche", Kurt insistió, con voz firme, "Podemos arreglárnoslas con las bebidas por nuestra cuenta, no te necesitamos para eso."
Nick vaciló, pero asintió lentamente, aunque no lo suficientemente lento para evitar el movimiento que le causó un dolor adicional, como su gesto de dolor mostró.
"Y tú me dirás si necesita salir por un momento, o acostarte," Kurt insistió. Nick simplemente suspiró derrotado y respondió, "Lo prometo" antes de alcanzar su taza. Sonaba sincero, aunque Kurt no estaba del todo convencido - ya había sido testigo de que, si bien era más sensible y ansioso por cuidar de los demás, Nick no era exactamente apto para cuidar de sí mismo.
Los preparativos de la cena en realidad iban bien esta vez (sin carne saliendo perjudicada en el proceso), y a las ocho en punto, los lacayos empezaron a servir la sopa. Los caballeros y damas parecían estar en un estado de ánimo inusualmente alegre esta noche: la risa de Lady Isabella sonaba incluso con más frecuencia de lo habitual, Lord Henry le decía una broma tras otra a las risueñas chicas Milford, e incluso Sebastian parecía divertirse, riendo y charlando con Lord Edmund y Lord Huntington. Kurt odiaba la forma en que su estómago se retorcía cuando los veía sentados uno junto al otro, y aunque sabía cómo de completamente improbable era, no podía dejar de preguntarse si lord Huntington podría ser invitado a la habitación de Sebastian esa noche.
Era casi un alivio que Kurt necesitaba su plena concentración para centrarse en servir un plato tras otro de la obra maestra de la señora Bertram. Si él tuvo algún momento de atención de sobra, siguió observando a Nick, y se dio cuenta con preocupación creciente de que el lacayo parecía ponerse cada vez más pálido a medida que la cena avanzaba. Él pudo ver que Nick había conseguido con éxito detener la tos ocasional, pero parecía cada vez tener más problemas para concentrarse. Dos veces confundió los platos, y sólo las correcciones susurradas en el último momento de Kurt o Jeff le impidieron servir las setas asadas con el tenedor de la carne.
Kurt se dio cuenta de que los platos que sostenía a los caballeros y damas se tambaleaban muy ligeramente, y pudo ver al señor Moore con el ceño fruncido mirando al lacayo de vez en cuando, obviamente, también dándose cuenta de que algo andaba mal. Hacia la mitad de la comida, incluso Sebastian pareció darse cuenta de los esfuerzos de su mejor amigo: mientras lord Huntington intentaba divertirlo con historias divertidas sobre la celebración de la Navidad en Longleat, los ojos de Sebastian seguían a Nick, con una expresión cada vez más y más recelosa, entrecerrando los ojos en silenciosa sospecha. Cuando Nick permaneció ajeno a la creciente atención de éste, Sebastian finalmente atrapó la mirada de Kurt, y levantó su ceja izquierda en una pregunta no formulada. Desde que estaba ofreciendo el plato de queso a Lady Josephine, había poco más que Kurt podía hacer, pero su boca murmuró la palabra "dolor de cabeza". No pareció calmar a Sebastian: frunció el ceño con preocupación, y durante el resto de la comida, Lord Huntington se fue poniendo cada vez más frustrado cuando Sebastian no respondió a ninguna de sus bromas o chistes, sino que siguió observando a su mejor amigo de cerca.
Las cosas fueron bastante bien hasta que se sirvieron los postres. Cuando Nick se acercó a la mesa, con una bandeja peligrosamente alta surtida con tartas de crema en sus manos, Kurt miró hacia arriba justo a tiempo para ver a Nick tropezar con sus propios pies, haciéndole perder el equilibrio y la bandeja se deslizó fuera de sus manos. Hubo un estruendo cuando la bandeja chocó contra el suelo, rompiéndose y derramando manchas de crema por toda la habitación. Las damas gritaban, los caballeros maldecían y comenzaron a levantarse de sus asientos, pero Kurt sólo se centró en Nick, que estaba de pie en medio de la confusión, los pantalones sucios con manchas de crema y trozos de tarta. Parpadeaba como si estuviera teniendo problemas para comprender lo que acababa de suceder, y se balanceó peligrosamente sobre sus pies.
Kurt y Jeff, ambos, depositaron sus bandejas inmediatamente y se apresuraron hacia Nick, pero antes de que cualquiera de ellos pudiera llegar a él, Sebastian ya estaba a su lado, agarrando sus hombros para sostenerlo.
"Lo siento tan-" Nick comenzó, sólo para ser cortado por Sebastian colocando su mano sobre la frente de Nick para sentir su temperatura. Kurt estaba lo suficientemente cerca como para oír a Sebastian murmurar en voz baja "idiota".
"Su señoría, estoy verdadera y profundamente ...", comenzó el señor Moore, retorciéndose las manos mientras se apresuraba hacia su patrón. Su expresión era completamente horrorizada, su rostro lentamente convirtiéndose en una sombra profunda de rojo. Kurt sabía que esto probablemente contaba como una de las experiencias más humillantes para el pedante mayordomo, pero Sebastian sólo interrumpió su disculpa tartamudeada diciendo firmemente, "Moore, por favor trae a Jane y a Harriet de la cocina para limpiar esto. Jeffrey ..." giró la cabeza para mirar al lacayo rubio sobre su hombro, "Dile a Howard que tome el carruaje y conduzca hasta el pueblo, me temo que necesitamos al doctor Bell aquí."
Ignoró tanto a las protestas masculladas de Nick como al guiño probatorio de Jeff para girar rápidamente la cabeza y mirar a Kurt. Cuando sus ojos se encontraron, Kurt vio la preocupación por debajo de la calma exterior de Sebastian, "Kurt, ¿puedes ayudarme a llevar Nick a su habitación?"
"Por supuesto," Kurt respondió, dando un paso al otro lado de Nick y colocando una mano sobre su hombro para estabilizarlo.
"Bueno, supongo que es la temporada," la risa de Lord Huntington sonó detrás de él. Kurt había dejado de prestar atención a los caballeros y las damas por un momento, pero ahora los miró a su espalda por encima del hombro de Sebastian. La mayoría de las mujeres habían acudido a ayudar a Lady Josefine, quién parecía que podría empezar a llorar en cualquier momento. Su vestido estaba cubierto de diminutas manchas de crema, y Lady Emily y Lady Theresa frotaban la tela con sus pañuelos, lo que sólo lo empeoraba. Los caballeros también se habían levantado de sus asientos, y Kurt atrapó la mirada celosa de lord Huntington, apenas enmascarada por su risa, fija en la espalda de Sebastian. El otro hombre tenía una expresión decididamente desagradable en su cara cuando comentó a Lord Henry, "Y esta epidemia, por supuesto. La gente está cayendo como moscas. Dos de nuestras criadas murieron la semana pasada. Es lamentable, por supuesto, pero Isabella nunca estuvo muy encariñada con ellas en primer lugar, ¿verdad, querida? "
"Te agradecería que no bromees sobre un asunto tan serio, Arthur," Sebastian respondió con voz fría y clara por encima de los otros ruidos de la habitación.
"Vamos, Sebastian," Lord Huntington dijo, riendo un poco demasiado alto, "¿Sólo porque uno de tus lacayos ha cogido un poco de frío? No sabía que estabas tan apegado a ellos." Sus ojos se encontraron con los de Kurt por un breve instante, antes de que añadir, "Especialmente a los torpes".
"También tengo que pedirte que no hables mal de mis sirvientes," Sebastian continuó.
Todas las conversaciones en la sala se habían detenido. Cada caballero y cada dama, así como el Sr. Moore, Jeff y Kurt, estaban mirando a Sebastian y Lord Huntington. Sebastian se había dado la vuelta para mirar a su ex amante. Kurt se dio cuenta de que su voz se había vuelto muy tranquila, lo que solía ser una señal definitiva de la ira hirviendo bajo el exterior por lo demás tranquilo, "Y debo señalar que el servicio que mis empleados proporcionan es en todos los sentidos impecable. Pero si piensas que no podemos estar a la altura de tus expectativas, no dudes en largarte en cualquier momento".
Lord Huntington estuvo mirando a su amigo en silencio sorprendido durante un momento, al igual que el resto de la habitación. La sonrisa de suficiencia había caído de sus labios. "No vas en serio en este momento Seb, ¿verdad?" preguntó, finalmente, y su voz sonaba igualmente incrédula y peligrosamente irritada.
Sebastian no se molestó con una respuesta. Él se limitó a repetir, "Doctor Bell, Jeffrey, ahora," antes de llevar su brazo alrededor de los hombros de Nick y decirle en voz baja al oído, "¡Vamos, vamos a llevarte a tu habitación!" Con la ayuda de Kurt, apuntalaron a Nick entre ellos y lo dirigieron hacia el pasillo, dejando una habitación silenciosa detrás de ellos.
"Si mi cabeza no doliera tanto, te diría lo estúpido que es esto," Nick murmuró cuando Sebastian y Kurt le dirigieron hacia la escalera.
"Bueno, creo que entonces eso es algo bueno sobre el dolor de cabeza", Sebastian replicó, su tono burlón pero su mirada preocupada. "¿Cómo te sientes?"
"No demasiado bien", admitió Nick, tambaleándose cuando empezó a subir las escaleras, un paso a la vez. "Me siento un poco mareado."
"¿Tienes ganas de vomitar?" Kurt preguntó.
"Lo dudo", Nick murmuró, subiendo un par de escalones para acapararse a la barandilla como apoyo adicional. "No creo que haya mucho que quede en el estómago de todos modos."
"Te dije que me dijeras si te sentías peor," dijo Kurt, apenas manteniéndose de gritar al otro lacayo de frustración. "Me prometiste que lo harías."
"Es lo mismo que si le hubieras pedido a Ámbar que te lo prometiera," Sebastian dijo, justo al llegar a la habitación de Nick, su voz sonaba tan frustrada y preocupada como Kurt se estaba sintiendo. "El maldito caballo al menos habría fingido que te escuchaba."
Colocaron a Nick en la cama, y Kurt dijo a Sebastian, "Ayúdame a desnudarle." Decía mucho de la preocupación de Sebastian que no hiciera una observación de pasada a eso, pero sólo de forma rápida y silenciosamente ayudó a Kurt a quitar los pantalones sucios de Nick, la chaqueta, chaleco y camisa, y le lanzó un camisón por la cabeza. Ellos acababan de meterle bajo las mantas cuando se abrió la puerta, y un muy preocupado Jeff entró en la habitación, su mirada inmediatamente atraída hacia el pálido rostro de Nick.
"Howard se fue hace cinco minutos", dijo él, manteniendo su voz tranquila, "Debería estar de vuelta en la próxima hora si el médico está en casa."
"Bueno, gracias," Sebastian respondió, "¿Cómo están las cosas abajo?"
"Jane y Harriet han limpiado las tartas", dijo Jeff, su tono de voz sonaba como si no pudiera posiblemente importarle menos las cosas de abajo. "Lord Huntington parecía bastante molesto, Lady Isabella se estaba quejando de algo, tal vez de todo, y el Sr. Moore parecía que estuviera cerca de un ataque al corazón."
"Probablemente debería ir a hablar con ellos", dijo Kurt, dirigiendo su mirada a su patrón, pero Sebastian negó con la cabeza, "me voy a quedar aquí hasta que el doctor Bell haya revisado a Nick. Van a sobrevivir durante media hora sin nosotros".
Jeff tomó su breve intercambio como una señal de que había sido despachado, y se apresuró a la cama de Nick. Se sentó sobre las mantas, junto a las rodillas de Nick, y el movimiento del colchón hizo que Nick inclinara la cabeza y mirara a Jeff con una leve sonrisa en su rostro, "Estás aquí".
"Por supuesto que estoy aquí", dijo Jeff, alcanzando un mechón de pelo oscuro de la frente sudorosa de Nick. "Tienes a todo el mundo terriblemente preocupado."
Nick no parecía entender realmente lo que Jeff estaba diciendo, o tal vez a él apenas le quedaba ninguna energía para responder adecuadamente. Él simplemente asintió y cerró sus ojos, su creciente ceño mientras luchaba contra un dolor de cabeza cada vez mayor. Su voz era tranquila cuando le preguntó, "¿Y te quedarás aquí?"
"Por supuesto que me quedaré aquí contigo", respondió Jeff, aunque cuando las palabras habían salido de sus labios, inmediatamente se dio la vuelta para mirar a Sebastian con una expresión suplicante en sus ojos, "Quiero decir, estoy autorizado a quedarme, ¿verdad? "
La expresión de Sebastian era ilegible, pero él asintió lentamente, lo que fue toda la confirmación que Jeff necesitaba antes de que darse la vuelta hacia Nick de nuevo, apretando la mano del otro hombre en tranquilidad silenciosa.
Las miradas de Kurt y Sebastian se encontraron y, de repente, Kurt sintió la fuerte necesidad de extender la mano y tomar la mano de Sebastian, en la suya, para envolver sus dedos alrededor de los del otro hombre y sentir la cálida piel contra la suya, al igual que un par de días antes. Él no podía tampoco descifrar la expresión de Sebastian, pero había algo en la emoción parpadeando en sus ojos, algo en sus labios abriéndose muy ligeramente, que hizo a Kurt creer que estirarse para alcanzar a Sebastian no encontraría ninguna resistencia.
Por suerte, antes de que el impulso llegara a ser demasiado abrumador, hubo un golpe en la puerta. Kurt la abrió para encontrar a la señora Seymour en el pasillo, con ansiedad indagando sobre la condición de Nick. Detrás de ella estaban Jane y Harriet, Maud y Beth, Jonathan y Stephen - cada miembro de la familia Bailey parecía estar desesperado por escuchar que Nick estaba bien.
"En todos los años que lo he conocido, el chico nunca ha estado enfermo, ni una vez," la señora Seymour dijo después de que Kurt le hubiera dicho sobre el estado de Nick. "No es esa maldita enfermedad de nuevo, ¿verdad?"
"No lo sabemos todavía, señora Seymour," Sebastian respondió, apareciendo en el marco de la puerta detrás de Kurt. Podría sólo ser debido al espacio limitado que su hombro chocó levemente contra el de Kurt dos veces. Y cuando Kurt desplazó su peso de un pie al otro, podría sólo ser debido a una pérdida momentánea de equilibrio que se inclinó en contra de Sebastian por un momento fugaz, sintiendo el calor de su pecho contra su espalda.
Pero, de nuevo, podría no serlo.
"Esperemos que el médico llegue pronto", Sebastian continuó, "Mientras tanto, ¿puedo confiar en usted para atender a las personas del salón?"
"Ciertamente, su señoría", la señora Seymour respondió, enderezándose un poco.
"Por favor, diga al señor Moore que Kurt y yo bajaremos tan pronto como hayamos escuchado el diagnóstico del médico", dijo Sebastian, y con un gesto brusco, la señora Seymour se dio la vuelta y guió a los sirvientes de nuevo de vuelta a la cocina.
"No te importa, ¿verdad?" Sebastian le preguntó en voz baja. Kurt se dio la vuelta y Sebastian cerró la puerta detrás de él otra vez. "Por mucho que no me importen esos idiotas, el Sr. Moore no puede gestionar el servicio por su cuenta durante el resto de la noche. Y pensé..." Sebastian calló por un momento, su mirada viajando a la cama, donde Jeff estaba hablando con Nick en voz baja, "... pensé que quizás Jeff debería quedarse aquí por el momento."
Kurt miró al otro hombre durante un largo momento, antes de negar con la cabeza lentamente, "No me importa. En absoluto." Y cuando sus nudillos se rozaron contra la parte posterior de la mano de Sebastian, no se molestó en fingir que no había nada de accidental en ello.
Howard y el doctor Bell llegaron veinte minutos más tarde, y el médico dio una larga mirada a Nick antes de que su expresión se convirtiera en una seria y dirigiera a todos fuera de la habitación para examinar el estado de su paciente a solas. Esperaron en el pasillo durante diez minutos, Sebastian yendo arriba y abajo del pasillo, y Jeff mordiéndose la uña de su pulgar, nervioso, antes de que el doctor Bell permitiera que entraran de nuevo.
Nick había derivado en un sueño ligero, y el doctor Bell mantuvo su voz baja cuando les dio la valoración que todos habían temido escuchar.
"Pensé que la epidemia estaba apagándose," dijo, "pero Nick parece haberla cogido un poco tarde."
"¿Parece?" Sebastian indagó, levantando las cejas inquisitivamente.
"También podría ser un resfriado severo, no la gripe," dijo el doctor Bell con calma. "Es difícil decirlo en este momento, y no hay mucha diferencia."
"¿En qué punto estamos, doctor?" Jeff le preguntó, su voz casi un susurro cuando miró a su amigo, sus cejas juntándose en preocupación silenciosa.
"Debe haberlo tenido durante un par de días ya," el doctor Bell dijo, y Kurt sintió sus manos apretándose en puños en frustración silenciosa. "Los síntomas habituales no parecen ser tan graves, pero la fiebre es bastante alta, me temo. Le he dado algo para conseguir que se duerma, y es de esperar que una buena noche de descanso le ayudará a recuperarse."
"¿Pero ...?" Sebastian preguntó, presionando para lo que el doctor Bell todavía no había articulado.
"Pero también podría no ayudarle," el doctor Bell dijo, su calmada y seria mirada encontrándose con la de Sebastian. "Tal vez estará recuperado en unos pocos días, su señoría. Pero me temo que tengo que decir que en este momento, no puedo ofrecer ninguna garantía sobre su recuperación."
En algún lugar de la casa, un reloj sonó, y Kurt pudo escuchar el débil sonido de vítores procedentes del salón. Su mirada se encontró con la de Sebastian, que parecía que acabara de ser golpeado en el estómago, que era exactamente igual a cómo Kurt se sentía.
"¿Cuál es su valoración personal, doctor?" Sebastian le preguntó con voz carente de matices. El doctor Bell negó con la cabeza, "He estado tratando a pacientes durante más de treinta años, mi lord. Enfermedades como esta son un asunto difícil. A veces uno piensa que un paciente va a morir, y en pocos días se recupera como si nunca hubiera estado enfermo en primer lugar. Y a veces, piensas que tu paciente está mejorando, y al día siguiente está muerto".
Cerró la bolsa y tomó su sombrero, su mirada comprensiva sobre Sebastian, "Yo no deseo alarmarle innecesariamente. Como he dicho, es posible que supere la fiebre fácilmente. Pero tiene que entender que su condición es crítica, y estar preparado si no se recupera de ella".
Nadie respondió a esto por un momento muy largo. La mirada de Jeff seguía volando hacia atrás y hacia adelante entre el doctor Bell y la forma dormida de Nick, como si no pudiera creer que hubiera una conexión entre ellos - especialmente no una tan fatal. Kurt se mordió el labio inferior bruscamente, y el breve dolor le ayudó a ver que, lamentablemente, esto no era sólo un mal sueño.
Sebastian estaba mirando al doctor Bell con atención, como si estuviera buscando algo en su expresión, en sus ojos; algo que parecía que no podía encontrar debajo de la compasión calmada pero firme. Finalmente, cerró los ojos y asintió con la cabeza, frotándose la palma de la mano sobre la frente antes de decir, "Creo que el año nuevo ha empezado de forma horrible."
K&S
Después de que el doctor Bell se hubiera ido, Kurt y Sebastian se apresuraron por las escaleras, Sebastian para unirse a sus invitados y Kurt para ayudar al Sr. Moore. Tuvieron cuidado de entrar en la sala a través de puertas diferentes, y Kurt agarró rápidamente una bandeja con vasos y se unió al mayordomo, que parecía que estaba cerca de una crisis nerviosa, su rostro con un tono peligroso de rojo. Las damas y los caballeros miraron a Sebastian de manera muy extraña cuando se sentó al lado de ellos, y Kurt se dio cuenta sólo ahora cómo debía haber parecido el comportamiento de Sebastian antes a sus ojos. Mientras él estaba demasiado ocupado preocupándose por Nick como para ver algo más que una persona bondadosa que ayudaba a su mejor amigo, ellos vieron a un conde cuidando de su lacayo enfermo, abrazándolo cerca y personalmente acompañándolo a su habitación en lugar de dejar que Jeff y Kurt cuidaran de Nick. Y ahora que veía las expresiones frías y distantes de los caballeros, y las sonrisas cautas de las damas, Kurt se preguntó si Sebastian no había cometido un grave error antes.
Pero resultó que, Kurt había subestimado una vez más habilidades de actuación de Sebastian.
Cuando pensó en ello más tarde, Kurt no estuvo muy seguro de cómo Sebastián logró hacerlo, pero en menos de media hora, él tuvo a toda la habitación riendo junto a él de nuevo. Era la primera vez que Kurt vio a Sebastian deliberadamente encantador, haciendo un esfuerzo por tratar de complacer a la gente, y le resultaba sorprendente y aterrador al mismo tiempo lo bueno que su patrón era en esto. Él coqueteaba con las chicas en Milford, haciéndolas reír y ocultar el rostro detrás de sus abanicos, hacía cumplidos a lady Isabella, bromeaba con Lord Henry y Lord Edmund. Se sintió extraño verlo moverse alrededor de estas personas con tal facilidad, como sin esfuerzo, ocultando sus preocupaciones e inquietudes detrás de una sonrisa fácil y una risa despreocupada. En las últimas semanas, no, en los últimos meses, Kurt había llegado a creer que este mundo, el mundo de la aristocracia, de los caballeros y las damas y los bailes y los grandes eventos y dinero, que este mundo era algo que simplemente le sucedió a Sebastian, un mundo, en el seno del que podría haber nacido, pero al que verdaderamente no pertenecía. Al verlo en esta compañía, Kurt entendió que Sebastian no sólo podría ser un participante involuntario en su interminable juego de ociosas charlas e inquietas actividades, sino que también era muy consciente de las reglas y límites que se le aplicaban. Durante las últimas semanas, los límites entre sus mundos se habían desdibujado, y últimamente, se habían vuelto casi invisibles. Kurt se dio cuenta de que, en el fondo, había comenzado a pensar en Sebastian como uno de ellos, como alguien igual a él y Nick en todos los aspectos. Viéndolo ahora moviéndose entre sus amigos de esta forma, mostró a Kurt con una claridad sorprendente que Sebastian era una parte tan importante de su mundo como él elegía serlo. Y, sin embargo, cuando Kurt recordaba todo lo que pasó entre ellos, todos los toques, las miradas, todas las veces en que Sebastian prefería la compañía de Kurt o de Nick a la de sus amigos, o incluso a la de su propia familia, él pensaba que tal vez Sebastian no tenía la necesidad de pertenecer a un mundo o al otro. Eso tal vez, el que podía mezclarse con los caballeros y damas tanto como tenía que hacerlo, y, de alguna manera, todavía pertenecer también a los de abajo. A Kurt y Nick.
La única persona que no estaba demasiado impresionada con la actuación de Sebastian esta noche era Lord Huntington. Claro, él seguía la corriente, riendo con los otros y uniéndose a las bromas sin preocupaciones de Sebastian, pero mantenía su distancia de Sebastian, y, a veces, Kurt le vio mirando al otro hombre con una mirada calculadora en sus ojos, y una expresión desagradable en su rostro. Y Kurt tuvo la sensación de desazón de que, si bien el incidente anterior podía ser perdonado por ahora, ciertamente no estaba todavía en el olvido.
Cuando los caballeros y damas se retiraron a la cama en las primeras horas de la mañana, Kurt se sintió exhausto de una manera que nunca se había sentido antes. Y, sin embargo, la preocupación fue suficiente para hacerlo entrar de puntillas a la habitación de Nick para echar un ojo al otro lacayo antes de irse a la cama. Él encontró a Nick dormido, y Jeff todavía a su lado. El lacayo rubio había descansado su mejilla contra la rodilla de Nick, su brazo para amortiguar el peso de su cabeza contra él, y dormía plácidamente con la otra mano todavía sosteniendo la de Nick. Por un momento, Kurt se quedó mirándolos, un sentimiento que era a la vez cálido y al mismo tiempo agridulce difundiéndose a través de su pecho. Él miró la expresión pacífica de Jeff, las mejillas encendidas de Nick y la frente arrugada, y de nuevo a sus dedos unidos. Se sintió agotado, y sin energía, y algo dentro de él quería gritar de frustración, porque sabía que, en este momento, él estaba mirando algo que sería perfecto, y sin embargo, nunca llegaría a serlo.
Con el tiempo, se limitó a suspirar y agarró una manta de la otra cama, cubriendo alrededor de los hombros de Jeff. El otro chico se movió muy ligeramente, pero no se despertó. Kurt fue dando tropiezos de nuevo a su habitación, y por primera vez en toda su vida, no plegó su ropa cuidadosamente antes de vestirse en su camisón de dormir - él simplemente se sacó la ropa y la dejó caer al suelo. Él se metió en su cama, acurrucándose debajo de su manta y presionando su cara en la almohada blanda, desesperado por dormir un poco y esperando que todo se viera mejor por la mañana.
K&S
A la mañana siguiente, las cosas todavía parecieron bastante serias, y continuaron siéndolo a la mañana siguiente, y a la mañana siguiente.
La condición de Nick no mejoraba - en todo caso, parecía empeorar. La fiebre no remitía, y por la tarde del segundo día de su enfermedad, Nick comenzó a temblar. Él apenas tosía o estornudaba, pero alternó entre quejarse de tener frío y luchar debajo de su manta pocos minutos más tarde, afirmando que tenía demasiado calor. Se negaba a comer, y Kurt estaba agradecido cuando se las arreglaban para obligarlo a beber un poco de leche o vino, o caldo de carne.
El doctor Bell se pasaba una vez al día para comprobar a su paciente, pero había poco que pudiera hacer. La condición de Nick continuaba haciendo que las comisuras de su boca se arrugaran de preocupación, pero aparte de aconsejar que tuvieran cuidado de que bebiera lo suficiente, y ventilar la habitación con regularidad, podía ofrecer poca ayuda.
Jeff, Kurt y Sebastian se turnaban para cambiar los paños húmedos en su frente, el pecho y las piernas para enfriar su cuerpo. Le leían cuando estaba despierto, pero la mayoría de las veces, él iba y venía perdiendo la conciencia, despertando sólo cuando trataban de hacerle beber algo o tomar su medicamento. Kurt se encargó de dividir la mayor parte del trabajo, el tiempo que dedicaban a velar a Nick, entre él y Sebastian, porque Jeff todavía necesitaba un poco de descanso para sí mismo, y lo último que necesitaban ahora era que el otro lacayo tuviera una recaída. Por suerte, el señor Moore compartía el sentimiento de Kurt, y era él el que obligaba a Jeff a retirarse a la cama temprano, dejando a Kurt y Sebastian solos para vigilar el sueño de Nick.
Los invitados de Sebastian partieron al día siguiente. Sebastian les informó en la mesa del desayuno que el médico diagnosticó un brote de gripe, una vez más, entre sus sirvientes. No era una mentira completa, y después de las semanas en noviembre, cuando la ansiedad y la inseguridad se propagaron a través del país, esta receta fue suficiente para causar una salida precipitada. Por la tarde, el último carruaje salió del patio, para gran alivio de Kurt. Tener sólo a Sebastian para cuidar dejaba mucho más tiempo a Jeff y Kurt para cuidar de Nick - especialmente desde que Sebastian pasaba la mayor parte del tiempo en la habitación de Nick de todos modos.
Kurt vio que la constante presencia de Sebastian al lado de Nick dejó a la mayor parte del servicio confundido, y a la otra mitad desaprobándolo. Y se encontraba dividido en cuanto a cómo reaccionar ante ello. Porque si bien era cierto que a Sebastian claramente no le importaba un comino lo que cualquiera de ellos podría pensar, después de ver las reacciones de los caballeros y las damas en la víspera de Año Nuevo, Kurt no podía dejar de sentirse cada vez más preocupado - no sólo sobre Nick, sino también sobre Sebastian.
"Tal vez usted no debería pasar tanto tiempo aquí," Kurt sugirió a medias una tarde, cuando estaban una vez más sentados juntos en la habitación de Nick, con un libro en su regazo y fingiendo leer mientras escuchaban la respiración errática y agitada de Nick. Jeff estaba abajo en la cocina, y Kurt decidió aprovechar esta oportunidad para abordar la cuestión que le había estado perturbando desde hacía bastante tiempo.
Sebastian volvió la cabeza para mirar a Kurt. "¿Quieres que me vaya?" -preguntó, su voz dudosa.
"No, no quiero," Kurt respondió impulsivamente, porque realmente, no quería. Se sentía agradecido por la presencia de Sebastian, no sólo porque ayudaba a calmarlo, sino porque sabía que Nick necesitaba a Sebastian a su lado tanto como Sebastian tenía que estar al lado de Nick en este momento. Y, sin embargo, no podía dejar de preocuparse por lo que veía en las caras de la señora Seymour y el Sr. Moore de cuando veían a su patrón cambiar el paño en la cara de su lacayo. "Es sólo que... me temo que la gente se preguntará acerca de por qué estás con Nick todo el tiempo."
Sebastian volvió a mirar a su mejor amigo, y sonrió con nostalgia, "Soy consciente de que esto elevará los chismes más, Kurt," dijo, "Y si Nick estuviera despierto, definitivamente me regañaría interminablemente por no ser más cuidadoso".
Se mordió el labio inferior antes de mirar hacia arriba y encontrarse con la mirada de Kurt, una vez más, "Y yo sé que él tendría razón. Sé que tienes razón. Pero no me preocupo por ellos en este momento, Kurt. Ni un poquito".
Impulsivamente, Kurt alargó la mano y rozó los dedos sobre la mano de Sebastian, que descansaba sobre la rodilla del otro hombre. Él deslizó sus dedos bajo el dedo índice de Sebastian y sintió la mano de Sebastian retorcerse, y luego girar ligeramente para que sus dedos pudieran curvarse alrededor de los de Kurt, aferrándose a ellos con tanta firmeza como el agarre de Kurt estaba sobre la de él. Sebastian miró fijamente sus dedos juntos por un momento antes de mirar hacia arriba para encontrarse con la mirada de Kurt, y sus labios se estiraron lentamente en una sonrisa. Entonces Nick se movió, y Sebastian se dio la vuelta para colocar un paño húmedo sobre la frente, mientras no dejaba ir la mano de Kurt.
Se quedaron sentados así hasta que volvió Jeff.
K&S
Cuando todavía no había cambios visibles en la condición de Nick después de cinco días, Sebastian envió a buscar al Doctor Bell, una vez más. El médico llegó al final de la tarde, y pasó casi media hora examinando a su paciente en su mayoría inconsciente, esta vez con los otros hombres presentes en la habitación. Kurt podía sentir a Sebastian desplazándose a su lado, ver la impaciencia y la preocupación en el pliegue de su frente, la forma en que retorcía los dedos. Jeff había sido enviado a la cama para descansar un poco hacía un rato, pero el señor Moore estaba con ellos, dando golpecitos con el pie en un gesto inquieto que era muy atípico para el mayordomo normalmente tan sereno. Los dedos de Kurt estaban enterrados profundamente en la manta de la cama sobre la que estaba sentado, agarrando la tela mientras miraba al doctor cuidadosamente. Y con todos y cada uno de los pliegues del ceño del doctor Bell fruncidos, su corazón se hundió.
Después de lo que pareció una eternidad, el médico movió la cabeza y bajó la mano de Nick de nuevo en la manta, "Me temo que no hay nada más que pueda hacer, su señoría".
"¿Qué quiere decir?" Sebastian preguntó, sus ojos lanzándose rápidamente de ida y vuelta entre la cara febril de Nick y la expresión abatida del doctor Bell. "Seguramente hay algo que usted pueda..."
"He intentado todo lo que pude pensar, mi lord," el doctor Bell lo interrumpió. "Pero simplemente no hay cura para una fiebre como esta. Hay remedios, con los que le ayudaré tanto como pueda. Ahora le toca a Nicholas derrotar esta enfermedad, o ..."
El no completó la frase, y no tuvo que hacerlo. Todos en la sala habían temido exactamente este tipo de diagnóstico desde hacía días, y no fue el shock o sorpresa lo que mantuvo a los hombres en silencio. Era el miedo impotente de ver a alguien apagándose.
"Le voy a dejar un poco de opio en caso de que tenga problemas para dormir," el doctor Bell continuó, rebuscando en su maletín, "Le ayudará a relajarse, pero eso es todo lo que puedo hacer por ahora."
"¿Qué tan malo está exactamente?" Kurt preguntó, sorprendido de lo tranquila que sonaba su propia voz, a pesar de que se sentía como si algo se rompiera dentro de él. El doctor Bell lo miró e inclinó la cabeza, meditando su respuesta por un momento antes de decir, "La fiebre es muy alta, y está muy agotado de luchar contra la enfermedad durante tanto tiempo. Si supera esta noche, hay esperanza. Pero en este momento, y en estas circunstancias, no deseo alentar la esperanza. "
Kurt se preguntó qué cantidad de estas situaciones una persona tenía que pasar antes de que fuera capaz de lidiar con ellas. O si era posible incluso aprender a lidiar con ellas. Después de haber perdido a sus padres a raíz de enfermedades mortales, estaba casi familiarizado con el entumecimiento difundiéndose a través de sus bordes, la náusea creciente acumulándose en lo profundo de su estómago, la sensación de algo pesado asentándose en su pecho y haciéndole más difícil respirar. Y sin embargo, no podía captar bastante lo que el médico estaba dando a entender, no podía obligarse a imaginar que habría un día en que Nick simplemente ya no estaría allí.
Él miró a Sebastian, quien estaba mirando más allá del médico, a donde el pálido rostro de Nick estaba descansando sobre las almohadas. Sebastian había envuelto sus brazos alrededor de su cintura, como si estuviera tratando de mantener la compostura. Sus ojos le traicionaban viéndose brillantes, pero se mordía el labio inferior con un aire de determinación desesperada.
"Lamento ser tan contundente, su señoría," el doctor Bell dijo, y cuando Kurt miró al hombre de pelo blanco, que sin duda había visto a muchos de sus pacientes fallecer a lo largo de los años, no vio más que honesta compasión en los ojos del doctor. "Sé que esto debe ser muy difícil para ustedes, pero creo que deberían prepararse para..."
"Gracias, doctor Bell," Sebastian respondió con los dientes apretados, "Le haremos saber inmediatamente si hay algún cambio. Por ahora, muchas gracias por sus esfuerzos."
El doctor Bell miró al joven lord por un largo momento, antes de estirar su mano para descansarla sobre el brazo de Sebastian en un gesto de consuelo silencioso.
"Envíe a Howard en caso de que me necesite", dijo, esperando que Sebastian asintiera antes de girarse hacia el señor Moore. "Le mostraré la salida, doctor Bell," ofreció el mayordomo, y con una breve sonrisa a Kurt, el médico siguió al Sr. Moore fuera, cerrando la puerta detrás de ellos y dejando a Kurt y a Sebastian solos.
Sebastian no se movió durante un largo momento. Él siguió mirando a Nick, mordiéndose el labio inferior, sus manos agarrando la tela de su camisa, como si estuvieran buscando algo a lo que aferrarse. Kurt esperaba que dijera algo, hiciera algo, cualquier cosa, incluso si era sólo reconocer la presencia de Kurt. Cuando no lo hizo, Kurt finalmente se levantó y se movió hacia él, extendiendo la mano para separar los dedos de Sebastian de la torturada tela.
Sebastian se estremeció con el toque inesperado, sacudiendo la cabeza hacia arriba, como si realmente se hubiera olvidado de que todavía había alguien en la habitación con él. Cuando su mirada se bloqueó con la de Kurt, él pudo ver su propio miedo, su propia impotencia reflejada en la expresión del otro hombre. La mirada de Sebastian parpadeó de nuevo a Nick, y presionó sus labios hasta que no eran más que una delgada línea.
"Kurt, no puedo perderlo", dijo finalmente, y su voz se quebró en la última palabra. "Yo solo..."
Kurt sabía que cualquiera podía entrar en la habitación en cualquier momento. Él sabía lo que iba a parecer. Y por un momento fugaz, las consecuencias de lo que estaba a punto de hacer pasaron por su mente.
Pero entonces, el momento se había ido, y Kurt levantó sus brazos para envolverlos alrededor de los hombros de Sebastian, tirando de él y acercándolo contra sí mismo. Sus dedos se arrastraron sobre la tela de su camisa hasta que llegaron a su cuello, rozando sobre la piel desnuda y el cabello suave. Por un segundo, Sebastian se quedó de pie perfectamente inmóvil, su cuerpo rígido en los brazos de Kurt. Pero, de repente, se reclinó en el contacto con tal vehemencia que por un momento fugaz, Kurt pensó que estaba perdiendo el equilibrio. Pero entonces los brazos de Sebastian se enrollaron alrededor del cuerpo de Kurt, uno alrededor de su hombro, el otro apoyado en la parte baja de la espalda, sosteniendo a Kurt seguro en su abrazo. Sintió la mejilla de Sebastian en contra de la suya propia, la barba de la mandíbula del otro hombre raspando sobre la piel de Kurt cuando Sebastian enterró su rostro en el hueco del cuello de Kurt.
Kurt no tenía ni idea de cuánto tiempo se quedaron de pie allí, sosteniéndose entre sí lo más cerca posible. Él no le dejó ir cuando escuchó la respiración de Sebastian volverse irregular durante unos minutos, no cuando sintió una humedad contra su garganta, no cuando se dio por vencido tratando de alejar sus propias lágrimas. Ninguno de ellos hizo ningún sonido mientras se sostenían entre sí, pero cuando las mejillas de Kurt ya estaban empezando a secarse, Sebastian dijo, con voz ronca, pero decidida, "Él no me va a dejar, Kurt. Ahora no, y no así."
Por un momento, a Kurt le habría gustado poder ver la cara de Sebastian, poder leer la expresión de su rostro. Pero simplemente siguió sosteniendo al otro hombre, su mandíbula se movió contra la suave tela de la camisa de Sebastian cuando asintió con la cabeza y respondió, "Tienes razón. Estoy seguro de que no lo hará." Porque al igual que Sebastian, quería aferrarse a una esperanza desesperada sólo durante un par de horas más.
Cuanto más permanecían así, más se relajaron en el contacto del otro. El pulgar de Sebastian, que descansaba justo por encima de la cadera de Kurt, estaba empezando a moverse en círculos lentos reconfortantes, y Kurt se permitió cerrar los ojos y enterrar su cara contra el hombro del otro hombre.
Sebastian finalmente se alejó bastante abruptamente, y Kurt ya había abierto su boca para preguntar qué pasaba cuando él también escuchó los pasos en el pasillo, corriendo hacia la habitación de Nick. Dio un paso atrás a toda prisa, y había una cantidad considerable de distancia entre él y Sebastian cuando la puerta se abrió y un Jeff con cara de preocupación entró en la habitación.
"La señora Seymour me dijo que el doctor Bell se fue hace unos minutos", dijo Jeff, bajando la voz cuando vio que su amigo estaba dormido, "¿Cómo está Nick?"
Kurt intercambió una mirada con Sebastian, que simplemente tragó saliva y sacudió la cabeza. Y unos segundos después, cuando Kurt descansó su mano en el hombro de Jeff y tranquilamente le dijo sobre el diagnóstico del doctor Bell, echó de menos la sensación de los brazos de Sebastian a su alrededor. Porque a pesar de que ellos no podían protegerle del mundo, podrían hacer que cualquier cosa que sucediera en la próxima hora sólo fuera un poco más soportable.
K&S
Fue la noche más larga de la vida de Kurt.
Jeff se negó a irse esta vez, y ni Kurt ni Sebastian tenían el corazón para obligarlo a salir de la habitación. En algún momento después de la medianoche, Jeff se quedó dormido, sin embargo, acurrucado en una bola en el colchón de la cama vieja de Kurt. Kurt cubrió su cuerpo con una manta y lo dejó dormir, porque no había mucho que pudiera hacer para ayudar. Sebastian y él se turnaban para cambiar las toallas en la frente, las piernas y el pecho de Nick, y con cuidado le despertaban lo suficiente como para ser capaz de obligarlo a beber un poco de vino y un poco de agua de vez en cuando. Pero sobre todo, uno de ellos limpiaba el sudor de la cara, mientras que el otro sostenía su mano.
Las horas se alargaron, y Kurt no podía decir si la condición de Nick estaba mejorando o no. Alrededor de las cuatro de la mañana, pareció derivar hacia un sueño más profundo que antes, pero ni Kurt ni Sebastian podían decidir si esto era una buena o una mala señal.
"¿Quieres que consiga al doctor Bell?" Kurt preguntó. Sebastian miró a Nick por un momento antes de que negara con la cabeza, "Él dijo que no había nada que le quedara por hacer, y yo confío en su juicio."
Kurt suspiró y empujó suavemente los pies de Jeff lejos para sentarse junto a Sebastian. Su hombro se rozaba contra el del otro hombre, y Kurt descubrió que estaba más allá de importarle a estas alturas. Sebastian parecía sentir lo mismo: no miraba a Kurt, pero apoyó su mano sobre su rodilla, su palma hacia arriba, los dedos extendidos como si estuvieran esperando algo. Kurt entendió inmediatamente lo que el otro hombre estaba pidiendo, y él incluso sonrió brevemente antes de estirar la mano y enroscar los dedos con los de Sebastian.
Ellos no dijeron otra palabra para el resto de la noche. Cuando los pájaros afuera comenzaban a oírse, a pesar de la preocupación y el miedo, Kurt estaba luchando muy duro para mantener los ojos abiertos. Su cabeza seguía cayendo a su lado, por lo que decidió descansarla sobre el hombro de Sebastian. "Sólo por un minuto, ' se dijo a sí mismo, y entonces sintió un brazo que subía alrededor de su cintura, tirando de él más cerca del cuerpo de Sebastian. Él sonrió y acarició la curva del cuello del otro hombre, su nariz moviéndose contra la piel expuesta debajo del cuello de la camisa desabrochada. Podía sentir los hombros de Sebastian relajándose bajo su mejilla, sólo un poco, y él sonrió contra la piel caliente antes de empezar a ir a la deriva en el sueño. Podía sentir el cuello de Sebastian moviéndose, y de repente, los labios agrietados presionándose contra su sien. No fue suficiente para hacer que Kurt abriera los ojos una vez más, pero suficiente para hacer que su piel sintiera un hormigueo agradable, y para hacer que se moviera un poco más cerca del cuerpo de Sebastian antes de ir a la deriva.
Lo siguiente que supo es que una mano en su hombro estaba sacudiéndolo para despertarlo, y una voz le gritaba al oído. Kurt se sobresaltó desde donde la cabeza había estado descansando, parpadeando en confusión. Él sólo necesitó una fracción de segundo antes de darse cuenta de dónde estaba, porqué estaba aquí, y la culpa llegó aplastándole cuando se dio cuenta de que en realidad se quedó dormido.
"Kurt," llegó la voz urgente que había escuchado antes, y vio el rostro de Sebastian. La mano del otro hombre todavía estaba descansando en su hombro, sacudiéndolo, y Sebastian parecía como si acabara de despertarse también - los ojos un poco legañosos y desenfocados, y el dibujo de la pared todavía visible en la mejilla que se había presionado contra ella. "Kurt, mira", repitió, su voz urgente, y Kurt siguió instintivamente la orden y miró a la cama delante de él.
Nick se había retorcido saliendo de la manta durante la noche, que cubría únicamente la mitad inferior de su cuerpo. Tenía el rostro girado hacia Sebastian y Kurt, y mientras su cabello seguía siendo un lío sudoroso, su rostro parecía menos pálido que antes. Su expresión era pacífica, no la apariencia de dolor y afiebrada a la que casi se habían acostumbrado en el último par de días.
Kurt se puso de pie, ignorando la protesta de su cuerpo rígido ante el movimiento brusco, y se arrodilló junto a la cama de Nick, inmensamente aliviado cuando oyó al otro lacayo respirando suavemente, cuando vio su pecho subiendo y bajando con cada ingesta profunda de aire. Con cuidado, Kurt alargó la mano y la apoyó en la frente de Nick para sentir su temperatura.
"¿Está él...?" la voz de Sebastian llegó de detrás de él, pero Kurt no le hizo caso, sintiendo la piel de Nick bajo sus dedos, escuchando su respiración. No podía creerlo en un primer momento, por lo que se dio la vuelta para mirar a Sebastian con el ceño fruncido de incredulidad, "Creo que está... mejor."
Sebastian se inclinó para sentir la frente de Nick él mismo. Sus dedos retiraron un mechón de pelo oscuro de su camino antes de dejarlos descansar sobre la piel más seca. Cuanto más tiempo la mano permaneció sobre la frente de Nick, más hacia arriba las comisuras de sus labios se estiraron en una sonrisa esperanzada.
"¿Crees que...?" Kurt preguntó, pero Sebastian ya estaba tocando su mano contra la mejilla de Nick con suavidad, pero con firmeza, tratando de despertar al otro chico, "¿Nick?"
Nick gimió, pero no era un gemido de dolor a causa de la fiebre de los que Kurt había escuchado en los últimos días: sonaba sorprendentemente despierto, e incluso un poco molesto. Ahora Nick se movía, como para escapar de los intentos de Sebastian para despertarlo: él tiró de la manta alrededor de sus hombros y murmuró, débil pero audible, "Déjame dormir."
Sebastian miró a Kurt, una expresión de esperanza en sus ojos y una sonrisa tímida de cuestionamiento en sus labios. Kurt asintió, y por un momento, sólo se miraron el uno al otro, sus sonrisas aumentando lentamente.
"¿Crees que va a estar bien?" Sebastian le preguntó, como si necesitara oírlo de Kurt para realmente creerlo.
"Se ve mucho mejor", dijo Kurt, mirando de nuevo a donde la cara de Nick estaba enterrada en la almohada, "Y el doctor Bell dijo que si superaba esta noche, había muchas posibilidades de que se pusiera bien otra vez." Él miró a la ventana, donde la luz gris de antes del amanecer lentamente comenzaba a desvanecerse en la mañana, antes de darse la vuelta para sonreír a Sebastian, "Creo que lo logrará."
De repente, Sebastian se rio y agarró las manos de Kurt para levantarlo. Kurt tropezó, pero no importaba porque Sebastian ya le estaba tirando contra su pecho, abrazándolo más cerca de lo que lo había hecho por la noche. La mano fuerte alrededor de su espalda estaba tan apretada que casi dolía, pero a Kurt no le importaba porque él se estaba aferrando a Sebastian igualmente apretado, escondiendo su sonrisa en el hombro de Sebastian. Se aferraron durante algunos segundos antes de que Sebastian liberara su agarre sobre él un poco, y el abrazo se volvió más suave. Y poco a poco, Kurt se volvió más y más consciente de la forma en que su cuerpo se ajustaba contra el de Sebastian: la parte superior de su muslo se rozaba contra el del otro hombre, los dedos se retorcían en el tejido suelto de su camisa, su pecho se apretaba contra el de Sebastian. El hombro del joven conde era de la altura perfecta para que Kurt descansara su mejilla contra él, y sus manos sobre la espalda de Kurt estaban lo suficientemente bajas como para causar un hormigueo en la piel de Kurt con una sensación que era a la vez nueva y dolorosamente familiar.
Finalmente, él se inclinó hacia atrás, a pesar de que mantuvo sus brazos alrededor del cuello de Sebastian y sólo trajo la suficiente distancia entre ellos para poder mirar al otro hombre. Kurt seguía sonriendo, y él abrió la boca para decir algo, pero entonces se encontró con la mirada de Sebastian, y las palabras murieron en sus labios. Algo en la expresión de Sebastian había cambiado, y estaba mirando a Kurt con una expresión que reflejaba los sentimientos con los que Kurt había llegado a estar tan familiarizado en el último par de semanas: el anhelo, la tentación, y una intensidad convincente de deseo. Él miró a Kurt por un largo rato, con los ojos bajando rápidamente hacia la boca de Kurt, persistiendo allí por un momento, antes de que mirara hacia arriba para encontrarse con los ojos de Kurt una vez más. Y sin otra advertencia, Sebastian se inclinó, ahuecando la mejilla izquierda de Kurt con su mano antes de que sus labios se encontraran con los de Kurt.
Fue a la vez exactamente igual y nada a como Kurt había imaginado que sería besar a Sebastian - y él tenía que admitir que se lo había imaginado muy a menudo en el transcurso de las últimas semanas. Su mano en la mejilla de Kurt le hacía sentirse como un ancla, como si Sebastian tuviera que aferrarse a él para asegurarse de que no se desvanecería. Sus labios se movían contra los de Kurt con impaciencia, y tal vez, Kurt pensó mientras se echaba hacia atrás en el beso, capturando el labio superior de Sebastian entre los suyos, familiarizándose con la textura, la sensación del tirón rápido y presión que provocaba a Kurt un escalofrío agradable, que quizás el otro hombre había querido esto durante tanto tiempo como Kurt lo había hecho. Pero cuando la lengua de Sebastian salió rápida entre sus labios, burlándose suavemente sobre los de Kurt, éste decidió que para algunas cosas realmente valía la pena la espera.
Y luego, tan repentinamente como se había inclinado hacia él, Sebastian retrocedió, y la mano sobre la mejilla de Kurt viajó lentamente por el cuello. Se quedaron así por un momento, tratando de respirar, y Kurt estaba dividido entre hacer una de las miles de preguntas que corrían a través de su mente, o simplemente inclinarse de nuevo para estar tan cerca de Sebastian como lo estaba hacía un segundo.
La frente de Sebastian estaba descansando contra la de Kurt, y cuando Kurt se movió muy ligeramente, la punta de su nariz rozó la de Sebastian, un movimiento que sólo intensificó la sensación de hormigueo en toda piel de Kurt. Después de unos segundos, abrió los ojos, tratando de recordar cuando los cerró en primer lugar, y buscó la mirada de Sebastian. El otro hombre le estaba mirando, sus labios separados, y por la expresión de su rostro parecía abrumado, su mirada parpadeante mostrando una inseguridad que Kurt nunca había visto en él antes.
"Kurt", murmuró, y cuando el fantasma de su aliento se deslizó sobre los labios de Kurt, éste decidió que no quería explicaciones o discusiones o razones, al menos no en este momento.
Esta vez, él no estuvo seguro de quién se inclinó primero, pero sus labios se encontraron de nuevo con inquebrantable entusiasmo. Kurt deslizó sus dedos por el cabello de Sebastian, finalmente permitiéndose explorar su textura, y no podía dejar de cardarlos a través de los mechones una y otra vez mientras los dientes de Sebastian raspaban contra su labio inferior, y la mano de Sebastian en su espalda se deslizaba más y más abajo.
El beso era desordenado, apresurado, demasiado entusiasta y tan, tan lejos de ser perfecto. Y de una manera extraña, esto se sentía bien, porque si Kurt quisiera a alguien perfecto, nunca se habría enamorado de Sebastian para empezar. Eran las imperfecciones, el corto dolor cuando los dedos de Sebastian se clavaban en la piel de Kurt un poco demasiado fuerte, la manera en que Kurt podía sentir la sonrisa de Sebastian en sus labios cuando él trataba de capturar el labio inferior de Sebastian entre los dientes, que hacían que el beso se sintiera completa y aterradoramente real y mucho más íntimo que nada que Kurt hubiera experimentado nunca. No recordaba haberse sentido tan cerca de otra persona antes, y sin embargo, todavía se sentía como si no fuera suficiente.
Fue un gemido ahogado procedente de la cama de al lado lo que finalmente rompió el beso entre ellos, y tanto Kurt como Sebastian giraron rápidamente la cabeza para mirar al amigo del que se habían olvidado por un momento. Nick rodó sobre su lado, y suspiró de nuevo, sus párpados revoloteando mientras estaba a punto de despertar en cualquier momento.
"Voy a bajar a los establos," Sebastian dijo en voz baja al oído de Kurt, y Kurt no pudo evitar el escalofrío agradable arrastrándose por la espalda cuando sintió el fantasma del aliento de Sebastian sobre su piel. "Howard y Jonathan deben estar levantados, y quiero al médico aquí lo antes posible. Te quedarás con él, ¿no?"
Cuando Kurt asintió, Sebastian sonrió y rozó su mano contra la de Kurt, apretando los dedos suavemente. Parecía que quería decir algo más, e incluso empezó por "Kurt ..." antes de que su mirada fuera una vez más atraída por Nick, y negó con la cabeza.
"No importa", dijo, sus dedos persistentes sobre la piel de Kurt durante otro segundo antes de que los dejara caer a su lado. "Hablaremos más tarde." Esperó a que Kurt asintiera una vez más antes de apresurarse hacia la puerta. Hizo una pausa en el marco de la puerta, con los ojos buscando una última vez los de Kurt antes de que cerrar la puerta tras él.
Kurt tomó una respiración profunda, todo su cuerpo todavía cosquilleando con una emoción cruda y poco familiar, sus pensamientos fuera de foco y borrosos. Necesitó otro movimiento a su lado para interrumpir su mirada fija en la puerta, y se arrodilló junto a la cama, mientras Nick se desplazó y volvió su rostro hacia Kurt. Parpadeó, su mirada desenfocada al principio, pero después de unos momentos, reconoció al muchacho a su lado, y sus labios se estiraron en una sonrisa cansada antes de preguntar, "¿Kurt?"
"Ese soy yo," Kurt respondió, sonriendo al otro chico y llegando a estrechar sus dedos sobre los de Nick, "¿Cómo te sientes?"
Nick pareció pensar en esto por un segundo. Cuando trató de responder, su voz se quebró, por lo que se aclaró la garganta antes de mirar a Kurt y decir, "Sediento".
Tomando esto como una buena señal, Kurt ofreció a Nick algo de vino, sintiéndose extrañamente aliviado cuando vio a Nick tomando sorbos largos desde el vaso. En los últimos días, casi tuvieron que obligarlo a beber, y mucho más comer, así que cuando Nick vació el vaso y se hundió hacia abajo en sus almohadas, pareciendo agotado pero mucho más despierto que antes, Kurt sintió las comisuras de la boca estirándose en una sonrisa brillante.
"Te ves cansado", dijo Nick, su mirada se movió sobre la cara de Kurt, observando los círculos oscuros bajo los ojos.
"Lo estoy un poco", Kurt admitió, "Sebastian y yo nos quedamos porque estábamos preocupados por ti." Señaló encima del hombro a la otra cama detrás de él ", Jeff lo intentó, pero está dormido ahí. Él todavía necesita un poco de descanso."
Nick se apoyó para incorporarse sobre sus codos, lo suficiente como para ser capaz de vislumbrar sobre la rodilla de Kurt y detectar el flequillo rubio en el otro colchón. Cuando se hundió hacia abajo sobre la almohada de nuevo, la sonrisa en los labios era tan tierna, tan amorosa que Kurt tuvo que tratar muy duro de mantenerse a sí mismo de ceder ante el impulso de abrazar a Nick y nunca dejarlo ir.
"Estoy seguro de que no era necesario", dijo Nick, con los ojos buscando los de Kurt de nuevo. "Vosotros dos quedándoos despiertos toda la noche, quiero decir. ¿Dónde está Sebastian?"
"Bajó para enviar a buscar al médico", explicó Kurt. "Y por supuesto que era necesario", añadió, agarrando la mano de Nick entre la suya y apretando con fuerza. Nick miró hacia abajo a sus dedos juntos, y volvió a mirar la cara de Kurt, buscando algo en su expresión antes de preguntar, "¿Fue tan malo?"
"Se veía muy serio," Kurt admitió, no queriendo alarmar a Nick, pero al mismo tiempo no dispuesto a mentirle, "Pero estás mejor ahora, ¿verdad?"
"Me siento mejor", Nick confirmó, "Mi cabeza no me duele tanto." Se quedó mirando el techo por un momento, antes de que su mirada se volviera hacia Kurt, una vez más, "¿Cómo está Sebastian?"
"Estaba…preocupado", dijo Kurt, reacio a admitir toda la extensión de sentimientos cambiantes de Sebastian entre el pánico silencioso, la terca esperanza y la desesperación. Él no tuvo que hacerlo: podía ver en la forma en que la expresión de Nick cambió a la vez que miraba a Kurt, que el otro lacayo podía imaginar muy bien cómo los últimos días debían haber sido para las personas que cuidaron de él.
"Lo siento", dijo en voz baja, "No quería que te preocuparas. O Sebastian. O Jeff."
"No seas ridículo ahora," Kurt le reprendió suavemente, "Tú habrías hecho exactamente lo mismo si hubiera sido yo o Jeff o Sebastian." Pensó en esto por un momento, antes de añadir, "De hecho, creo que tú te habrías preocupado más que lo que nosotros tres hicimos juntos."
Y no había nada más tranquilizador que la sonrisa descarada que apareció en los rasgos de Nick cuando respondió, "Tienes razón. Sin duda alguna la tienes."
K&S
El doctor Bell no mostró signos de sorpresa o de alivio cuando llegó a Bailey Hall. Simplemente dio un largo vistazo a Nick y envió a todos los demás fuera de la habitación. Durante la media hora que pasó a solas con su paciente, Sebastian volvió a ir y venir por el pasillo, y Jeff se quejó en voz baja al oído de Kurt acerca de por qué lo dejaron dormir, incluso cuando la condición de Nick parecía tan grave. Cuando el doctor Bell abrió la puerta y les dijo que entraran, Kurt tuvo que sacar los dedos de Jeff de donde se estaban clavando en su brazo.
"No quiero ser demasiado optimista, sobre todo porque podría ser prematuro," el doctor Bell dijo, mirando hacia la cama donde Nick estaba sentado, apoyado en un par de almohadas, "Pero creo que hay motivos suficientes para creer que Nicholas ha superado lo peor".
Kurt sintió los labios tirando en una sonrisa de alivio, pudo oír a Sebastian dejando escapar una respiración profunda, y sintió los dedos de Jeff juntándose alrededor de su brazo una vez más, mientras que el otro lacayo estaba sonriendo y saltando junto a él.
El doctor Bell les advirtió de que sólo sería capaz de dar un diagnóstico fiable al día siguiente, cuando podría determinar si la mejora de Nick no era sólo una cosa temporal, pero Kurt decidió ser optimista, sólo por esta vez.
Pasaron el resto del día al lado de Nick, a pesar de que el lacayo moreno estuvo dormido la mayor parte del tiempo. Sebastian se fue para cambiarse y mirar su correspondencia, algo que había descuidado gravemente en los últimos días, y Kurt y Jeff jugaron a las cartas en la cama, y cuando Nick se despertó, le contaron acerca de lo que se perdió durante los últimos días: cómo Jonathan se había torcido el tobillo, cómo Maud y Beth se enzarzaron en una gran pelea sobre de quién era el turno para lavar los platos, y cómo el señor Moore descubrió que una botella de oporto faltaba, y sospechó de uno de los sirvientes de la aldea hasta que la señora Bertram le recordó amablemente que se bebieron la botella ellos mismos en la víspera de Navidad.
Sebastian y Kurt no tuvieron más oportunidad de estar a solas en el transcurso del día, pero Kurt se encontró sorprendentemente conforme con eso. Por el momento, Nick era lo importante, y se imaginó que Sebastian y él todavía tendrían tiempo suficiente para hablar de lo que pasó, tal vez más tarde, cuando Jeff y Nick estuvieran dormidos. En cierto modo, se alegró de tener un poco de tiempo para ordenar sus pensamientos, de comprender lo que pasó entre ellos. Él todavía podía ver los restos de deseo en la forma en que Sebastian le observaba desde el otro lado de la cama de Nick, y era más consciente que antes de cómo los ojos del otro hombre lo seguían cuando se movía a través de la habitación. Y se alegraba de que todo el mundo parecía creer que la razón por la que parecía que no podía dejar de sonreír vertiginosamente era la recuperación de Nick, y por supuesto, no estaban del todo equivocados. Es sólo que no era la explicación completa.
A pesar del miedo que Kurt tuvo de cruzar la línea entre ellos antes, ahora que finalmente había sucedido, en su mayoría se sentía aliviado, simplemente porque las cosas estaban empezando a estar más claras entre ellos de nuevo. Ya no existía la cuestión de lo que sentían el uno hacia el otro, de lo que querían del otro - Kurt estaba bastante seguro de que llegaron a un entendimiento mutuo sobre sus deseos básicos esa mañana. Y mientras él no estaba seguro de lo que iba a suceder exactamente entre ellos, en lo que esta relación, o lo que fuera que ellos lo llamaran ahora, se iba a convertir, no sentía miedo, o incluso nervios.
"Hablaremos", Sebastian le prometió, y Kurt estaba seguro que en esa conversación, finalmente obtendría las respuestas a algunas preguntas que le habían estado inquietando desde hacía bastante tiempo. Pero él sabía que se preocupaba por Sebastián, que a Sebastian le importaba él, que quería estar con Sebastian como Sebastian parecía querer estar con él - y que confiaba en que serían capaces de averiguar los términos exactos de su relación juntos.
Sebastian no parecía compartir el grado de optimismo de Kurt: Kurt pudo ver su mirada vacilante con algún tipo de inseguridad cuando se encontró con la de Kurt más tarde, y se dio cuenta de la forma en que los dedos de Sebastian se retorcieron en el material de sus pantalones cuando pareció perdido en sus pensamientos por un momento. Dos veces, Sebastian abrió la boca, tal vez para pedir a Kurt que lo acompañara fuera bajo el pretexto de que le ayudara con algo, pero en ambas ocasiones, vaciló, y finalmente cerró la boca de nuevo sin decir nada.
Hablarán de ello más tarde, Kurt se dijo a sí mismo. Pensó incluso brevemente en entrar a escondidas en el dormitorio de Sebastian si no podían encontrar una oportunidad de hablar antes de que todos se retiraran a la cama, pero rechazó la idea con bastante rapidez. Porque estar a solas con Sebastian en la intimidad de su dormitorio ahora implicaba un montón de nuevas posibilidades para las que Kurt no acababa de sentirse preparado.
Al final, no encontraron oportunidad de hablar durante ese día, pero no fue debido a un cambio en la condición de Nick, ni al hecho de que Kurt no se atreviera a entrar en las dependencias de Sebastian. Fue debido al hecho de que después de tres días de apenas tener tiempo para descansar, Kurt se quedó dormido en la mesa de la cocina por la tarde. Jeff logró despertarlo lo suficiente como para arrastrarlo a su habitación, le obligó a lavarse la cara y cambiarse de ropa antes de que Kurt se arrastrara bajo las mantas, dormido antes de que su cabeza tocara la almohada.
Era casi mediodía cuando se despertó al día siguiente, sorprendido de que hubiera sido capaz de dormir tanto tiempo sin que nadie lo despertara.
"Su señoría dio instrucciones estrictas de no molestarte," la señora Bertram le dijo cuando bajó a la cocina, esperando aún así obtener algún tipo de desayuno, y fue recompensado por la cocinera con un tazón de avena y una taza de té. "Él dijo que merecías algo de descanso después de tanto tiempo sentado al lado de Nick, y yo no podía estar más de acuerdo."
"¿Cómo está Nick?" Kurt preguntó, llevándose la cuchara de papilla a la boca lo más rápido que pudo, ya que por primera vez en varios días, tenía apetito.
"Mejor, mucho mejor", dijo la señora Bertram, sonriendo a Kurt por encima del pollo que estaba rellenando con cebollas y zanahorias. "El doctor Bell está con él en este momento, pero comió un poco de sopa de anoche, y la fiebre no es tan alta ya."
Ella golpeó el pollo con un golpe firme que hizo eco en la cocina, "No es que alguna vez hubiera estado verdaderamente preocupada por él. Conozco al chico de toda la vida, sabía que iba a necesitar más de esa pequeña fiebre para llevarse a nuestro Nick. "
Kurt, que nunca había visto a la señora Bertram más frenética y nerviosa que durante los días de la enfermedad de Nick, escondió su sonrisa mordiendo una rebanada de pan y respondió, "Por supuesto que no, señora Bertram."
Terminó su desayuno rápidamente y se apresuró a subir, entrando en la habitación de Nick para encontrar a Sebastian y a Jeff sentados uno junto al otro en la cama libre, viendo al doctor Bell examinar a Nick.
"Ah, Kurt," el doctor Bell lo saludó, sonriendo al lacayo antes de darse la vuelta para tomar la muñeca de Nick en la mano, comprobando su pulso, "me estaba preguntando dónde estabas."
"Estaba durmiendo," Nick respondió, y su mirada se bloqueó con la de Kurt sobre el hombro del doctor Bell, la expresión de sus ojos suave, "Se merecía unas pocas horas de descanso."
"No podría estar más de acuerdo", dijo el doctor Bell. Kurt se acercó a la otra cama, donde Sebastian estaba sentado junto a Jeff. El otro hombre no estaba mirando a Kurt, en cambio, su mirada se centraba en el doctor Bell y Nick, siguiendo con los ojos al médico en cada movimiento cuando escuchaba la respiración de Nick, le pedía que tosiera, y finalmente le miró los ojos, antes de sonreír y dar una palmada al lacayo en el hombro.
"Nos diste un buen susto ahí, joven," dijo, "pero creo que lo peor ha pasado."
Kurt liberó un aliento que no se había dado cuenta que estaba sosteniendo, y pudo ver los hombros de Sebastian relajándose visiblemente a su lado.
"Sin embargo, necesitas tomar las cosas con calma," el doctor Bell dijo, su voz estricta ", yo te aconsejo que permanezcas en cama hasta que la fiebre desaparezca, tal vez uno o dos días más. Después de eso, se te permite estar levantado durante un par de horas, pero recuerda descansar en medio".
Nick asintió, así como Jeff y Kurt para señalar que si a Nick no le importaba descansar lo suficiente, ellos estarían allí para obligarlo a ello.
"Siempre y cuando no te agotes, no veo sentido a preocuparse por una recaída," el doctor Bell continuó, ya empezando a empacar sus instrumentos.
"¿Debo pedir a Howard que traiga el carruaje?" Kurt preguntó, pero el doctor Bell negó con la cabeza. "Gracias chico, pero voy a caminar hasta el pueblo." Él levantó la vista de su maletín y sonrió a Kurt, "¿Por qué no me acompañas?"
"¿Yo?" Kurt preguntó, la sorpresa notándose en su voz.
"Creo que necesitas pasar un poco de tiempo fuera," el doctor Bell explicó, "De lo que he visto, apenas has dejado esta habitación durante estos últimos días, por no hablar de la casa. Hace un poco frío, pero está soleado, y un paseo te hará bien".
"Esa es una excelente sugerencia", dijo Sebastian. Cuando miró al otro hombre, Kurt no pudo descifrar su expresión, pero se dio cuenta de la preocupación suave en la voz de Sebastian cuando añadió, "Realmente podría hacerte bien un poco de aire fresco, Kurt."
"Estoy bien," Kurt replicó de inmediato, porque realmente se sentía muy bien, sobre todo después de una larga noche de descanso. Él miró hacia abajo y vio la forma en que los dedos de Sebastian se retorcían, como si quisiera estirarlos para llegar a él, pero luego se apretaron en un puño mientras una expresión cuidadosamente indiferente se asentó sobre los rasgos de Sebastian, mezclados con un toque de impaciencia. Y a pesar de que Kurt sabía que esto era probablemente sólo para distraer a los otros hombres de la habitación, se sintió incómodo viéndolo.
"Eso es bueno, pero te has puesto muy pálido en los últimos días", Sebastian continuó, su voz sonando impasible, "Y si te pones enfermo también, realmente tendré que empezar a buscar a algún nuevo lacayo para reemplazarte."
"Y eso sería una vergüenza," el doctor Bell estuvo de acuerdo, cerrando su bolso y extendiéndolo a Kurt para que lo tomara. Kurt puso los ojos en blanco, luego suspiró en la derrota y tomó el maletín, no porque pensara que necesitaba aire fresco tanto como Sebastian y el doctor Bell parecían creer que lo necesitaba, sino porque un paseo hasta el pueblo significaba una oportunidad para visitar a sus amigos de allí - algo que él no había hecho desde la Navidad.
Ya fuera debido al clima o al largo tiempo transcurrido dentro, Kurt realmente disfrutó de un paseo al lado del médico. La nieve aún no se había derretido completamente, y el viento era todavía helado, pero el sol se sentía cálido y estimulante en las mejillas de Kurt, y tomó respiraciones profundas, finalmente sintiendo el peso de los últimos días quitándose de sus hombros. Charló gratamente con el doctor Bell, y, después de que le dejara en su casa, siguió caminando hasta que llegó a la tienda del señor Brown. El anciano estuvo encantado de ver al joven lacayo, y Kurt pasó media hora en la tienda, contando al señor Brown acerca de los últimos acontecimientos en Bailey (debido a que la noticia de la enfermedad de Nick, naturalmente, había llegado a la aldea también), y a cambio escuchó los más recientes chismes sobre los habitantes del pueblo.
El sol había comenzado a retirarse detrás de los árboles del parque cuando Kurt volvió a Bailey Hall, agotado pero feliz. Él pasó su camino de regreso planificando cuidadosamente la noche: cenaría con los criados, leería a Nick durante media hora antes de cambiarse con Jeff, y luego vería si podía encontrar a Sebastian en un lugar privado, donde tendrían la oportunidad de finalmente hablar - y tal vez hacer algunas otras cosas también.
Él dio algunos saltos en su paso cuando subió las escaleras, dejó su abrigo y caminó por el pasillo hasta la cocina, donde se topó con la forma sólida del Sr. Moore.
"Kurt," el Sr. Moore le saludó, su expresión mostrando indicios de desaprobación hacia Kurt –el lacayo apresurado-, "Te estaba buscando. ¿Entiendo que sabes dónde están las maletas de su señoría?"
"En el almacén, junto con las otras, Sr. Moore," Kurt respondió, desconcertado por la pregunta.
"¿Puedes llevar una de ellas hasta la habitación de su señoría y comenzar a empacar su ropa? No tomes la más grande, él no puede manejar eso por su cuenta, y la marrón debería ser suficiente..."
"¿Está planeando su señoría viajar?" Kurt interrumpió, pidiendo una aclaración porque todavía se sentía confundido. No podía creer que Sebastian estuviera considerando dejar a Nick ahora, incluso después de la evaluación positiva del Doctor Bell.
Las cejas del señor Moore se juntaron por un momento fugaz de impaciencia cuando entendió que el lacayo delante de él, no estaba siguiéndole.
"No," dijo, "Su señoría está viajando, y me dijo que le enviara la maleta después porque no quería esperar hasta que tú volvieras. Por favor, recuerda que debe llevar al menos tres chalecos, y bastantes..."
"¿Qué quiere decir con que su señoría está viajando?" Kurt le interrumpió una vez más, y esta vez, había un ceño fruncido decidido sobre la cara del señor Moore cuando se detuvo en su paso y se dio la vuelta para enfrentarse a Kurt. Lenta y deliberadamente, como si él tuviera miedo de que Kurt todavía no lo fuera a entender si no pronunciaba cada sílaba claramente dijo, "Su señoría ha dejado Bailey Hall hace media hora."
