Los personajes de Naruto no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto.
Los garabatos y escritura, bien o mal redactada que puedan surgir de mi cabeza en estas líneas, son mías.
- Hablan- ... "piensan"
El Príncipe Equivocado
Epílogo: Hasta el final.
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"Ellos no saben que yo te amo, pero te apuesto a que si lo hicieran, estarían celosos de nosotros" They don't know about Us – One Direction.
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Hinata jamás cambiaría de parecer una vez que su padre se había encerrado en el despacho con Tsunade.
Había apretado bien fuerte la mano del Uchiha y sintió el latir de su corazón que repicaba en su interior con fuerza, porque pese a todo el dolor y las palabras hirientes que había sacado, se sentía más fuerte, se sentía cada vez más completa.
Sasuke se había tranquilizado, y la había abrazado con ánimos de transmitirle toda su confianza, lo que menos quería era verla llorar, por eso había limpiado sus lágrimas y depositó un beso en su frente. Quería recordarle que él estaba ahí para ella y que no tenía intenciones de irse a ningún lado.
—Todo está bien...— enunció el de cabellos azabaches con la voz aterciopelada.
Hinata asintió y lo abrazó con ganas, respiró profundamente y sintió como se iba tranquilizando con el paso de los minutos.
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Cuando Tsunade salió del despacho cerrando la puerta tras de sí, su mirada fue demasiado neutral como para poder esclarecer la situación, y para colmo se había marchado inmediatamente pese a que les había comentado que después hablaría con ambos.
-Es todo lo que se puede hacer...- comentó con voz decidida - lo demás queda en ustedes mismos.
La Hokage se encaminó hacia la puerta y se marchó, tan misteriosa como había llegado a interrumpir.
Hinata se desplomó sobre el sillón una vez más y suspiró largo y profundo para evitar que su cuerpo y su sistema nervioso colapsaran en cualquier momento debido a la tensión.
-Uchiha...- se escuchó de repente, con claridad y potencia desde el despacho.
Sasuke se giró para ver como Hinata daba un respingo y le sonrió con confianza, le guiñó el ojo derecho y se giró sobre sus talones para avanzar hacia la puerta del despacho.
-No tardo en volver...- dijo con serenidad y abrió la puerta, cerrandola tras de sí.
Hinata se llevó las manos al pecho, sentía que el corazón iba a salirsele en cualquier momento, y tenía que detenerlo aunque fuera de aquella manera.
Sabía que las cosas no podían mejorar repentinamente, y realmente sentía una sensación asfixiante que oprimía su pecho impidiendole respirar con normalidad.
Le dolía imaginar cualquier escena y sacudía la cabeza para evitar que las imágenes se aglomeraran en su mente, porque los había escuchado hacía momentos, se habían agredido y su padre casi había logrado que Sasuke perdiera los estribos, y ella no quería tener que ser testigo de algo como aquello. Era su padre, lo amaba pese a sus errores, y no soportaba la idea de mantenerse lejos de él, pero prefería eso mil veces a ver a ambos enfrentarse.
Esperaba de todo corazón, que su madre, estuviese donde estuviese, le ayudara, le mandara alguna señal e hiciera reaccionar a Hiashi.
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Llegaron al palacio y se introdujeron tan pronto como pudieron.
Las seis siluetas habían hecho un recorrido algo largo desde los terrenos de los Uchiha hasta el Palacio de la Quinta, y ahora que sentían el calor del edificio se regocijaban de que Naruto hubiese aparecido.
Incluso Suigetsu, cuyos ojos lilas no dejaban de observar a su alrededor, siempre con desconfianza, como si temiera que de algún rincón saldría algún valiente lo sificientemente tonto como para pretender atacarles.
-Karin...- llamó a la chica y le tomó bruscamente de la mano.
La chica se sorprendió del gesto al sentir el contacto, haciendo que su mano repeliera la del chico en cuestión de segundos. No le gustaba aquel tipo de situaciones, sentía que la observaban todos, y Suigetsu no tenía ningún derecho de tocarla desprevenidamente como lo había hecho.
Además él ni era así, al menos por lo que recordaba, siempre había sido molesto, y la jodía cada que podía, especialmente si se trataba de Sasuke, sin embargo... No la tomaba de la mano, ni nada que se le pareciera.
-¿Que haces?- cuestionó ella con el ceño claramente fruncido, acomodándose las gafas en un gesto nervioso.
-Quédate conmigo...- articuló el peli pleateado y con un movimiento le indicó que se pusiera tras suyo, junto a Juugo.
La pelirroja se sorprendió aún más, no entendía demasiado el proceder del chico, sin embargo, obedeció.
Estaban en terrenos desconocidos, pese a que ella había permanecido en la aldea cuando fue capturada, cuando intentaban sacarle información relevante. Cuando había llegado casi al punto de la locura.
Se acomodó tras su silueta y desde ahí observó que su espalda se había tornado más gruesa, era más amplia, lo que indicaba claramente el crecimiento del chico. Inconscientemente esbozó una sonrisa, a final de cuentas se sentía protegida.
-Venga, casi llegamos...- dijo Naruto con una de sus famosas sonrisas zorrunas en gesto.
Los guió a través del pasillo largo y después subieron un par de pisos para llegar al nível de la Quinta.
-Algunos aquí, ya sabemos el camino... - comentó con sorna Kiba, queriendo divertirse.
Pero lo cierto es que sentía ansias, desde que había pisado la aldea, desde que la efusividad de Hanabi se había apoderado de él y lo había embriagado de su perfume.
El olor que ella despedía era peculiar, exquisito, quería deleitarse con él, y no podría hacerlo mientras aquella absurda y estúpida misión no llegara a su fin. Por eso, estaba impaciente por llegar hasta la vieja Tsunade y escuchar lo que tuviera que decir.
-Pero algunos no...- murmuró con evidencia el rubio con una sonrisa maliciosa - deja de ser amargado Kiba, que con Hanabi tenemos para eso.
-Hey! - exclamó al instante, exaltado. - No te permito... Ella no...
Naruto sonrió de nuevo y Suigetsu, que miraba la escena divertido, mostró al mundo su afilada dentadura.
Kiba se adelantó un par de pasos y le propinó un golpe en la cabeza a Naruto.
-Idiota...- murmuró en forma de rabieta.
-No comencemos de nuevo... Kiba- sentenció repentinamente Shino, acomodandose las gafas oscuras, pese a que estas no se le habían movido en absoluto.
-Pero Shino!...- repicó Inuzuka poniendo cara de pocos amigos.
-He dicho que es suficiente...- prosiguió Aburame.
Estaba cansado, quería tirarse a dormir y creía que ya había visto demasiadas discusiones y problemas que deberían ser aptos para un solo día.
Por lo que permaneció en silencio, cortando cualquier posibilidad de apoyar las acciones de su amigo.
-Bah...- resopló el castaño y arrugó la nariz como si el lugar estuviese apestando.
Suigetsu que observaba divertido se saboreaba la escena, era evidente que el cerebro y cabeza de ese equipo era aquel extraño personaje cuyo rostro permanecía en misterio. Y le daba gracia la manera tan paternal con la que callaba al pequeño perro, como si lo castigara y él, ofendido, se fuera con la cola entre las patas al rincón.
También observó que todos se habían detenido. Al fin habían llegado frente al despacho de la Hokage.
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Había escuchado todo lo que Hiashi tenía que decirle.
El despacho era demasiado sofisticado pero no tan lleno de detalles como esperaba, era simple pero elegante.
Sasuke Uchiha estaba sentado en uno de los cómodos sillones de la estancia sintiendose bastante incómodo, para empezar no tenía muchas esperanzas de que la situación cambiara, y tratandose de aquel hombre tan poderoso y rígido, pensaba que ciertamente estaba en un aprieto, uno de los gruesos.
Porque no sabría como reaccionaría si Hiashi le insultaba nuevamente, eso lo ponía tenso. No quería volver a sentirse vulnerable al grado de perder el control, porque para colmo estaba el hecho de que Hinata no le perdonaría jamás, se sentía pues, entre la espada y la pared.
Así que decidió escucharlo y permanecer completamente callado, esperando que su paciencia fuera infinita, aunque claramente sabía que eso no era verdad.
-Te mandé llamar...- comenzó entonces Hiashi con la frente arrugada y los ojos fijos en el escritorio que se interponía entre ambos - porque considero que tenemos algunos asuntos que atender... Sin la presencia de mi hija.
Sasuke asintió casi incoscientemente, pese a que no entendía muy bien del todo.
Hiashi levantó la vista y lo observó con detenimiento. Sasuke tenía el rostro tenso y eso lo hacía lucir duro, se atrevió a pensar que casi tanto como el suyo.
Sin embargo, había algo en él que seguía llamándole la atención, era sin lugar a dudas un chico de habilidades extraordinarias, un Shinobi que pese a haber sido en determinado momento un villano, volvía a sus inicios, reivindicado.
No podía entender qué era lo que su hija había visto en él. Comprendía que era apuesto, demasiado según los rumores femeninos, pero aquellas cosas no iban con los pensamientos de Hinata, por lo que prácticamente quedaba descartado ese punto. Y bueno, la chica sobresalía siempre al reconocer a una buena persona.
Hinata era especial en cuanto a aquellas cosas, y si bien era un poco confiada, él tenía la seguridad de que no daría un paso adelante si no estuviera convencida.
Así pues, tenía que meterse eso en la cabeza, porque quería vivir en el mismo mundo que ella, y compartir su futuro enmendando un pasado que quería olvidar.
Por lo que Sasuke Uchiha pasaba a ser ante sus ojos, un candidato a la mano de su hija. Porque aún no estaba completamente convencido.
-Ha sido muy infantil la actitud de ambos...- habló, y lo hizo con voz clara - la situación estaba demasiada tensa.
Sasuke frunció el ceño de inmediato, intentando comprender el repentino cambio de actitud de Hiashi.
-Hinata ya no es una niña...- prosiguió el del clan Hyuuga - y tengo que acostumbrarme a eso.
Uchiha notó que el tono de su futuro suegro se tornó bastante apagado y taciturno en la última oración.
Él quería a Hinata para él, quería hacerla suya, y hacerla feliz, pero eso no significaba que tuviera que mantenerse lejos de su hogar, de su padre, siempre y cuando las cosas salieran bien.
Temió pensar que la situación de Hiashi le apenaba, pero era cierto, le daba mucha pena el sentimiento que sabía que lo embargaba, al punto de ser comprensivo.
-Hinata ha tomado su decisión, te quiere a tí como compañero...- volvió a escuchar la voz apagada del viejo - me temo que si tiento al destino, el resultado es evidente.
Hiashi se hundió de hombros, no quería perder, no le gustaba. Pero era hora de sincerarse, le dolía saber que no era más el único hombre en la vida de su hija.
-No tiene que llegar a ese extremo Sr. Hyuuga...- al fin se atrevió a hablar Sasuke.
Era verdad, todo aquello se ocacionó porque aquel hombre estaba cegado ante cualquier posibilidad, y habían ambos, apostado todo por nada.
Hiashi le observó atento, las palabras de Uchiha sonaban claras en sus oídos y su memoria las repicaba sin cesar.
-¿A qué te refieres?... - cuestionó el castaño, entrelazando sus manos sobre el escritorio.
-Creo que sabe a lo que me refiero...- prosiguió Sasuke con su tono habitual - Yo vine aquí a presentarme como el novio de Hinata, sin embargo... Fue usted quien dio el grito en el cielo.
Hiashi frunció el ceño, comprendía, era verdad a final de cuentas, lo que Tsunade le había dicho.
Fue él quien había movido todos los obstáculos en su contra, ni siquiera había reparado en la posibilidad de escucharlos.
Después de todo... Quién era Sasuke Uchiha?
No era un muerto de hambre, ni un don nadie. Tenía un pasado demasiado oscuro, pero estaba ahí intentando cambiarlo, tenía un hogar y una familia tan poderosa y de pensamientos retorcidos, como la suya.
Era hijo de uno de los grandes líderes de la aldea, con barrera de sangre poderosa, y con una personalidad que derramaba seguridad.
Desde ese punto de vista, Sasuke era un buen partido, uno muy bueno, en comparación con Kiba.
-No voy a llevarme lejos a Hinata, ni la secuestraré, ni nada por el estilo... Solo quiero recordarle que soy yo, y que estaré aquí, enamorándola.
Hiashi asintió y a Sasuke le dió taquicardia, sentía que estaba a punto de cumplir una de sus metas, justo como cuando en una carrera vas encaminandote a la etapa final y logras ver la meta.
Observó detenidamente el rostro de Hiashi. Sus ojos brillaban con cierto regocijo, eso hacía resaltar las arrugas que tenía al rededor de los mismos, se dio cuenta que no era tanto que su ceño se frunciera, eran esas arrugas lo que lo hacían ver más serio, temeroso.
-Entiendo...- confirmó Hiashi y se dispuso a levantarse.
A Sasuke casi le da un ataque cuando el Señor Hyuuga le extendió la mano.
¿Que significaba aquello?, ¿iba a ceder? Esperaba que si.
Lo hacía desde el fondo de su corazón.
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Todos estaban inquietos, Tsunade había tardado en aparecer y los habían hecho esperar en su despacho, todos tomaron asiento menos Juugo y Suigetsu, que se mostraron indiferentes ante la amabilidad de los de la hoja.
Sin embargo, una vez que la quinta apareció, el ambiente lejos de sentirse tenso, pasó a relajarse.
-Sasuke Uchiha no está presente por motivos meramente personales...- inició ella, que obviamente estaba al tanto de todo lo acontecido - sin embargo, aprovechando que todos están reunidos aprovecharé para... - la mirada esmeralda de la rubia se detuvo justo en una silueta bien conocida - Naruto... ¿Qué haces aquí?
El aludido parpadeó un par de veces y sonrió para evitar la pena.
-Pues... Yo los he traído abuela...- sentenció con honestidad.
-Se te agradece el hecho... Pero hasta ahí termina tu tarea...- aclaró Tsunade con ceño fruncido.
-Eh?... Pero... Abuela...- repicó el rubio con gesto de decepción.
-Nada... Afuera- dijo ella, señalando la salida a Naruto con la mano - Ahora.
-Bah...- Naruto se puso en pie y se echó a andar arrastrando los pies. - Ni quien quiera saber...
Cuando la puerta se cerró Tsunade desvió la mirada hacia el grupo y descubrió una risa maliciosa en los rostros de Kiba y Suigetsu, mientras que los demás parecían indiferentes, al tanto que Shino negaba con obviedad.
-Como les decía...- continuó después de aclararse la garganta - Suigetsu, Karin y Juugo se integrarán en el equipo de Sasuke, dejando al equipo ocho intacto, tal cual estaba antes... - entrelazó ambas manos y se acercó a la superficie del escritorio de madera para acomodarse - El equipo de Sasuke está al servicio de los países en general, para evitar cualquier anomalía, ha sido un acuerdo mutuo entre nosotros los líderes de las aldeas.
Suigetsu, que ya sabía lo que se le estaba diciendo bostezó con descaro.
-Sin embargo...- levantó la voz Tsunade para evidenciar la interrupción poco cortés del de cabellos plateados - se establecerán en Konoha, para que no exista problema alguno.
-Porque es la aldea de Sasuke...- comentó Suigetsu arrastrando las palabras.
-Bueno... - siguió Tsunade hundiendose de hombros.
-Bah... Como si todo en la vida girara al rededor del maldito Uchiha.- sentenció Suigetsu arrugando la frente y la nariz.
Karin se giró para observarlo severamente, pero se controló al verle la expresión, se veía más gracioso que molesto, y evitó reirse a su costa lo más que pudo.
-No es como parece...- aclaró Tsunade.
-Entonces es porque Konoha estaría mejor 'resguardada'- añadió haciendo enfoque en la última palabra.
La quinta iba a protestar ante la insinuación, pero el mismo chico se le adelantó.
-No me interesa nada de lo que tenga que decir... Iremos a donde Sasuke vaya, y haremos lo que él disponga, a final de cuentas ese es el trato.
-Bien...
Shino se acomodó las gafas, pero no dijo palabra alguna, no era de su incumbencia aunque quedaba bastante clara la situación, lo que Suigetsu decía era bien cierto, a final de cuentas estaban perdonando sus actos criminales por un acto, y para colmo, estaba en lo cierto en cuanto a que residir en Konoha le daría más poderío al país del Fuego, pese a que supuestamente era una especie de guardia especial disponible para todos los países.
Suigetsu al igual que muchos, pensaba que la paz, a final de cuentas, no estaba en los cimientos de las aldeas, pero todos esperaban, que no volviera a acontecer lo sucedido con Madara.
-De momento se hospedarán en los terrenos de Uchiha, después ustedes podrán hacerse de lo propio.
Karin y Suigetsu asintieron, Juugo seguía perdido en sus propios pensamientos, pero no ausente de lo que le rodeaba, había escuchado todo con lujo de detalles, pero prefería permanecer en silencio, no había nada que decir.
Algunas veces las palabras salen sobrando.
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De ahí en adelante, todo parecía que iba desmoronandose, como cuando las piezas del rompecabezas caen justo donde van, y va formandose la figura sin necesidad de mucho esfuerzo.
Hinata recordaría siempre aquellos días tan difíciles de su vida, estaba segura de ello, porque más que enfrentar a su padre, aceptar que amaba con todo el corazón a Sasuke, estaba el hecho de que se había superado ella misma, que había descubierto un ser especial que yacía en ella y había estado escondido a sus ojos.
Se sentía segura, plena, sentía por primera vez en mucho tiempo, que todo su esfuerzo tendría buenos resultados, confiaba en ello.
Neji se acercó junto con Hanabi y se sentaron a su lado.
Ambos sabían muy bien todo el mar de sentimientos que la heredera estaba sintiendo, oprimiendole el pecho. Hanabi le dedicó una mirada llena de reconforte, tenía la necesidad de transmitirle su entero apoyo, de hacerle saber que pasara lo que pasara, estaba ahí para ella.
Neji por su parte, permaneció inmóvil, pero Hinata al ver su gesto sombrio de reojo, se dio cuenta de que pese a todo aquel alboroto, él seguía de su parte, y el quedarse ahí, haciendo acto de presencia se lo confirmaba.
Neji era demasiado seco, muy escueto en palabras y aquella era su mejor manera de demostrar solidaridad, lo cual la Hyuuga tenía bastante agradecido.
Hanabi atrajo ambas manos de Hinata, quien sintió un escalofrío al tacto, las manos de la joven estaban heladas, estaba claro que la temperatura fuera era mínima, y que tanto ella como Neji habían estado expuestos a ese frío, aunque no tenía mucha idea del porqué.
-Seguramente todo ha de salir bien hermana...- dijo Hanabi, mientras apretaba las manos de su hermana y las atraía hacia ella con nervios.
-De cualquier forma...- se aclaró la garganta Neji, para poder seguir - Hinata-san ya no tiene nada que perder.
Hinata asintió, analizó las palabras de su primo en silencio y procesó su significado.
Que no tuviese nada que perder era demasiado, ella no lo consideraba así, no quería tener que abandonar aquella casa que la vio crecer con todos sus fallos y virtudes tan abruptamente. Había soñado miles de veces el poder entablar una buena relación con su padre, el poder llevar una vida plena, y por sobre todo, que él se sintiera orgulloso de ella.
Salir con Sasuke por la puerta trasera distaba mucho de sus expectativas, y cada vez, con cada segundo que pasaba, sentía la necesidad de negociar las cosas. Se sentía incapaz de elegir, pese a que ya lo había hecho, en un arrebato poco digno del buen temple de una heredera.
Su corazón se le estremeció. Comenzaba a pensar con más claridad, su cerebro se había enfriado y había dejado de ser impulsado por el corazón, y podía percibir las cosas desde un punto de vista diferente.
No quería menos a Sasuke, por el contrario, valoraba cada momento a su lado y sabía que era él parte de su felicidad. Pero también sabía que debía controlar sus impulsos juveniles, que debía pensar dos veces antes de actuar y que no podía deshacerse de las responsabilidades.
Huir no era una opción. Eso estaba más que claro, pero debía hacerle entender a Hiashi que no podía esclavizarla al servicio de aquella casa, de aquel clan, y de él mismo.
Su cabeza se llenó de confusión, donde sus sentimientos seguían anteponiendose a sus pensamientos, al deber. No quería fallarle a Sasuke pero tampoco quería faltarle a Hiashi.
Porque después de todo, al fin había recuperado la oportunidad de que su padre dejara de verla como un estorbo, de ser útil, de ser valiente y reconocida, no quería desviarse del camino. Y entonces, en automático, su mente le recordó con exactitud su reproche hacia Hiashi que hacía poco le había escupido en la cara, con tanto veneno, con tanto dolor, pero también y lo admitía, con tanta certeza.
-Te equivocas Neji-san...- se atrevió a decir entonces, con la voz temblorosa - tengo m-mucho que perder.
La voz se le quebró y apretó las frías manos de Hanabi, sintiendo nuevamente un nudo en la boca del estómago.
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Cuando salieron del despacho de Tsunade, Kiba y Shino dieron por concluida la misión, y ambos se despidieron.
Kiba fue el primero en marcharse, parecía que lo último que deseaba era ayudar a los forasteros, miembros de un nuevo equipo al que, al parecer, todos tacharían de 'el mejor'. Le parecía estúpido.
Por lo que se abrochó bien la chamarra, y comenzó a caminar, Akamaru ladró y en automático le siguió.
Chasqueó y Akamaru le observó un tanto afligido, estaba bastante contrariado por todo el alboroto que la nefasta misión había provocado. Una que ni siquiera debía ser misión, en la que a regañadientes había tenido que colaborar.
Suspiró, tenía más ganas de ver a Hanabi que de llegar a su casa, y lo peor del caso estaba en que no tenía esa opción justamente por culpa del Uchiha, que parecía repentinamente ser el centro de ateción de todo el mundo. Quería ver a la menor de las Hyuuga ya, quería calentarse con un buen abrazo suyo, sacudirse el frío a besos y dejar que sus manos le sacudieran el cansancio con caricias.
Sonrió ante aquellos pensamientos poco prudentes, porque después de todo se trataba de una chica de familia distinguida, y él, que pese a sus años no era demasiado experto en la materia, sentía una necesidad de experimentar todo el revoltijo de sensaciones que lo embriagaban cuando la castaña lo rondaba.
Y saber que tenía que esperar a que las cosas se calmaran por culpa de Uchiha lo ponía con los nervios de punta.
Por otro lado, Shino había sido un poco más cortés, tras la despedida abrupta de su compañero, le ofreció su techo a los recién llegados, ya que por lo visto Sasuke demoraría bastante en llegar a su casa, y ellos seguramente se congelarían esperando.
Por lo que, como buen anfitrión, procedió a ofrecerse como voluntario, a sabiendas de que hacerlo, le dejaría poco espacio y tiempo para descansar, para dormir, que era lo que tenía que hacer con sentido de urgencia.
-No queremos incomodar más de lo debido...- respondió Karin esbozando media sonrisa, poco convencida.
La pelirroja se abrazó a sí misma y Aburame dio por sentado que pese a la gruesa chaqueta que llevaba puesta, estaba sufriendo por el frío.
-No es molestia...- se atrevió a decir, pese a que deseaba marcharse cuanto antes del lugar.
Juugo se limitó a observarlos sin siquiera ser capaz de abrir la boca, Shino que era tan observador, se percató de que incluso hablaba menos que él mismo, que solo lo hacía cuando era meramente necesario.
-Dejalo ya Shino, yo me ocuparé de que estén bien...- entró entonces Naruto en conversación, quien se había aproximado al grupo.
El rubio, que había sido excluído de la conversación en el despacho de la quinta, había permanecido esperándoles, y también se ofrecía a darles posada a los recién llegados.
-Estaremos bien...- sentenció Karin.
Fue entoces cuando Shino asintió y se dio por vencido, se despidió de ellos con un gesto de manos y se dio media vuelta, listo para encaminarse hacia su casa.
Se alegraba de que todo aquel embrollo hubiera terminado, porque pese a ser una misión sin forma, sin batalla alguna, y sin nada, había sido mucho más agotadora que una que incluyera todos los requisitos para ser nombrada 'una buena misión'.
Se encaminó a su casa lo más rápido que pudo, con ambas manos en los bolsillos para calentarse un poco.
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Decir que los días pasaban rápido era poco. Se les escurrían como agua entre los dedos.
Al menos eso pensaba Suigetsu, que estando sentado en un rincón del dojo de los Uchiha, observaba por el ventanal como la nívea capa de nieve iba tornandose más gruesa.
¿Es que acaso no pensaba dejar de nevar? Era cierto que los días en invierno eran más largos, ya podía verlo con claridad pese a que sus ojos lilas nunca se habían percatado de ello, porque nunca había prestado demasiada atención. Nunca se había dado el tiempo.
A final de cuentas, Naruto aquella tarde los había llevado a la casa de Sasuke, y con una confianza extraordinaria se había metido por una ventana del segundo piso, para abrirles la puerta por dentro. Comprobaron entonces que aquel cuarto, cuya ventana había permanecido abierta aquellas primeras nevadas era el de Sasuke, y el piso estaba salpicado de aguanieve, al igual que una pequeña repisa.
Cuando se adentraron en el hogar del moreno, sintieron alivio, el calor de un techo era considerable, por lo que agradecían al rubio de ello.
Naruto se había disculpado diciendo que su pequeña estancia no era lo suficientemente grande para dar espacio a 4 personas, porque a pensas y daba espacio para él mismo, por lo que los había dirigido a la casa de Sasuke.
Naruto se había encargado de limpiar los restos de nieve en el cuarto del Uchiha y posteriormente los había dejado ahí.
Suigetsu sonrió, recordar la manera en la que llegó Sasuke aquel día, y los había visto ya dentro de su casa, le hacía gracia.
-Te vas a congelar...- escuchó aquella voz femenina que lo sacó de sus pensamientos.
Karin le arrojó una manta y él la atrapó sin mucho esfuerzo, y se la echó encima. Suigetsu sonrió ante el peculiar gesto de la chica.
-Ahora no...- comentó él y desvió toda su atención a la chica que permanecía parada frente a él.
Karin traía consigo una taza de chocolate caliente que ella misma había preparado y suspiró al ver el gesto del chico. Había permanecido lo más lejos de él que podía, porque la hacía sentir extraña, Suigetsu actuaba diferente a lo que siempre había hecho.
No había tantas burlas mal intencionadas como antes, y había dejado de joderla cada que podía, aunque se sospechaba que era algo relacionado a que Sasuke no le interesaba más. Por lo que la atención del de cabellos plateados se había tornado diferente, y ella francamente no quería quebrarse la cabeza pensando en una razón.
Estaba por otro lado, ese tema sobre Sasuke, aún sentía un poco de pánico al verlo, se le revolvía el estómago y la adrenalina la recorría de pies a cabeza, y no precisamente porque adoraba observarle. Por el contrario, le evitaba, su presencia, su cercanía, hablar con él, todo lo menos que pudiera. Aún no se recuperaba del todo, pese a que la llamaran demente por ello, sentía que no era el momento de hacerlo todavía, porque aún tenía pesadillas una que otra noche, donde el filo de la espada del moreno se adentraba en su pecho, provocando una ansiedad descomunal que le dificultaba la respiración.
-¿Vas a sentarte conmigo o te quedarás parada mirando? - Karin parpadeó.
Suigetsu le tendía la mano y ella, resignada la tomó, sintiendo un cosquilleo nauseabundo que hacía que tuviera ganas de salir corriendo.
Pero no lo hizo, se sentó a su lado y Suigetsu pasó un pedazo de la manta sobre sus piernas, para cubrirla también.
Karin se sonrojó al instante, Suigetsu era todo menos caballeroso, y le sorprendió el acto de gentileza, así como la manera en la que sabía que le miraba, a hurtadillas, de vez en cuando, como en ese momento. Su corazón comenzó a acelerarse, y era justamente ese el tipo de actitud que no comprendía en él, que la hacía confundirse, que la hacía querer preguntarle sobre su comportamiento.
-Juugo...- habló él con voz tranquila.
-Duerme como un bebé, increíble, ya lo sé...- dijo ella y se acomodó las gafas.
Suigetsu le mostró sus afilados dientes en una sonrisa ladina y ella desvió la mirada tomando un sorbo del chocolate.
-Sasuke salió temprano, supongo que a ver a Hinata...
-Ajá
-Prácticamente estamos solos...
-Hemos estado solos muchas veces en el pasado. - dijo ella, dando otro trago a su chocolate.
-Pero en el pasado... Estabas deslumbrada por Sasuke.
Karin se giró y arrugó el gesto, no entendía muy bien a donde quería llegar él y eso le molestaba, le molestaba mucho.
Suigetsu volvió a sonreír y con la diestra silenció los labios de ella que estaban a punto de separarse para protestar, seguramente. Los recorrió con delicadeza y limpió en la parte superior de ellos, restos del espumoso chocolate. Entonces retrajo la mano y se lamió los dedos con cuidado.
Karin se sonrojó en el acto y se quedó inmóvil, sin tener mucha idea de como responder.
-Yo... No... No sé a qué te refieres.
-Lo sabes, antes eras una grabadora de Sasuke, Sasuke-kun esto, aquello, se bañó, huele diferente, se peinó, fue al baño... Blablabla.
Karin no pudo evitar reír ante los gestos desconsiderados del de cabellos plateados.
-Mentiroso.
-Yo no digo mentiras.
-Y tú no tenías nada que hacer más que fastidiarme...
-Me fastidiaba que le prestaras tanta atención.
-¿Porqué?
Suigetsu se quedó en blanco, habían llegado a ese punto fundamental en la conversación y a esas alturas no tenía las ideas muy claras, por lo que no estaba muy seguro de como era que debía responder.
Sabía la respuesta, pese a que aceptarla fuera dificil.
Karin esperaba una respuesta, siempre había esperado saberlo. Pero no podía entender la reacción de su cuerpo, estaba temblorosa, tensa, y su pecho subía y bajaba a un ritmo pausado, uno que le provocaba escalofríos.
Se le antojó pasar saliva justo cuando Suigetsu la miraba de una manera que calificó de provocativa y juguetona.
-Karin...- dijo él, tomando su mano libre de la taza y enlazándola con fuerza. Ella se estremeció del puro contacto.
Y fue inesperado, cuando sus frentes chocaron por el impulso mal guiado de él, sintió su corazón acelerarse a mil por hora y los labios del chico estamparse con los suyos, sin sontarle la mano, mientras la otra la apoyaba sobre su cabeza, teniendo el soporte necesario para impulsarse.
Fue un momento, uno eterno donde sus sentidos se dispararon, y el movimiento de sus labios se acoplaton a los de él, tan torpes como todo en él, moviendose apresurados, sin pensar, y sin detenerse a respirar.
Se separó de ella y suspiró, sin querer abrir los ojos para enfrentarla, pero teniendo que hacerlo.
Los colores se le subieron al rostro y Karin sentía que su rostro tenía el mismo tono que su cabello. Suigetsu la había besado, y ella no se había hecho del rogar. Su corazón bombeaba sangre acelerado y aquel sentimiento extraño y nauseabundo se multiplicó por todo su cuerpo.
Sentía que su estómago revoloteaba y su corazón se contraía. Le había gustado, mucho.
Lejos de soltar palabra alguna, se acomodó a su lado y recargó su cabeza sobre su hombro, estaba demasiado exaltada para responder de otra manera.
Había respondido al beso, tenía bastantes cosas que pensar. Porque le había gustado, le gustó al punto que deseaba que èl se atreviera a repetirlo.
Suigetsu le pasó el hombro por los suyos y la atrajo hacia él. Aquella reacción sin golpes era sin duda alguna, una buena señal.
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Hanabi le besó, se prensó de sus labios y Kiba se estremeció.
La manera en la que ella lo trataba lo llevaba al cielo, ella era dulce, pero no se limitaba a permanecer quieta, lo cual tampoco significaba que puese una aventada. Ella mantenía su postura pero le hacía saber que también podía mandar, que su carácter era tan fuerte como el suyo.
Kiba la atrajo hacia sí y agradeció que su familia estuviese trabajando, porque así tenía la oportunidad de repegarse a ella cuanto quisiera, podía posicionarse sobre ella en el sillón sin que los interrumpieran. Podía besarla a sus anchas.
Hanabi sonrió cuando sintio el cosquilleo propagarse sobre su columna, Kiba le besaba con esmero el cuello y ella jadeaba de vez en cuando, cuando la sensación de regocijo la llenaba por completo. Kiba besaba bien, la hacía sientir mariposas en el estómago, y cuando la acariciaba se sentía plena.
Agradecía que su padre la dejara ser, que la dejara salir, y así se encontraba con él. Le apenaba encontrarse en su casa, y también la posición en la que se encontraban, nada digno de su persona, de su reputación, pero se sentía tan bien que sus manos se inmiscuyeron por dentro del jersey del chico, saboreando con la punta de sus dedos su piel morena, tentando su cavidad torácica al desnudo bajo la chaqueta.
Kiba se estremeció y le mordió el cuello con parsimonía, iba a volverse loco, sentía cosquillas en todo el cuerpo pero también sentía como su energía se dirigía principalmente a una parte de su cuerpo, una que debía mantener tranquila por ella, porque pese a todo el desenfreno juvenil, todo aquello era demasiado repetino.
Volvió a sus labios y la besó con unas ganas que ella respondió con la misma intensidad, estaba sosteniendose sobre sus propios codos para no caerle encima y rozar una que otra vez su entrepierna con ella no le hacía bien.
Se detuvo en seco y se separó de ella, sentándose.
Hanabi que seguía recostada sobre el sillón, con los cabellos alborotados lo observó con curiosidad. Suspiró y procedió a sentarse también, acariciando la barbilla de Inuzuka le propinó un beso en la mejilla.
-Bien hecho, cachorrito...- sentenció ella y le revolvió los cabellos.
Kiba bufó por lo bajo, respiraba profundamente e intentaba con todas sus fuerzas controlarse, no quería parecer ansioso, era lo que menos deseaba. Pero Hanabi no se lo ponía fácil.
-Hanabi...
La aludida se recostó nuevamente y se desabrochó aún más la sudadera, mostrando parte de su piel en el nacimiento de sus pechos.
-Hace calor aquí...
Kiba desvió la mirada, sabía que estaba jugando con él, pero seguramente ella no tenía idea de cuanto lo provocaba. Y él tenía que contenerse. Porque era Hanabi Hyuuga.
Se levantó y se dirigió a la cocina, se sirvió un vaso de agua y tomò lo necesario para aplacar su sed.
-Tú has de ser mi perdición...
Hanabi parpadeó y se levantó del sillón, abrochandose la sudadera nuevamente hasta el cuello. Se sonrojó por el comentario de é.
Sabía que a final de cuentas ella era demasiado joven, que Kiba era años mayor y que quizá él tenía otro tipo de necesidades, unos que quizá ella necesitaba saciar pese a que era inexperta en ello.
Comprendió entonces, que jugar de aquella manera con él y esas necesidades que aparecían de la nada, conforme iba apareciendo en ella misma no era la mejor manera de llevar la situación. Tenía que madurar también, y quería hacerlo, pero quería que fuera él quien le enseñara todas esas cosas que tuviera que aprender.
-Lo lamento...
Se disculpó y fue sincera en hacerlo, estaba apenada de su actitud, se mordió el labio inconscientemente.
Kiba dejó el vaso en la repisa, rodeó el comedor a zancadas, y la abrazó.
-Te quiero Hanabi Hyuuga
Hanabi lo rodeó con los brazos y lo abrazó con fuerza, él era todo lo que quería, lo sabía, y pese a lo que el mundo dijera, se esforzaría por estar con él.
-Te quiero Inuzuka Kiba.
Y Kiba sonrió, porque se sentía el hombre más querido del mundo.
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Hinata estaba feliz, estaba satisfecha.
Abrió los ojos, los había mantenido cerrados un instante, uno que le había parecido cortó, en el que sus recuerdos no eran más que memorias hermosas que apegaba a su corazón.
Cada parte de su vida estaba internada en su pecho que subía y bajaba sin cesar mientras que sus ojos albinos se deleitaban con su propio reflejo en un espejo que se mantenía frente a ella.
No era como si todo hubiese sido fácil, no lo había sido, pero ella... Siempre le buscaba el lado amable, y pese a todo, estaba enamorada de esa parte de su vida.
Esa que definía como: Él. El príncipe equivocado.
Se llevó las manos al vientre y propinó en aquella zona una serie de placenteras caricias con las yemas de sus dedos.
Se le notaba inflamado, un poco abultado, y al verse así en el espejo no pudo más que sonreír, se deleitaba de saber que en su interior llevaba consigo el producto de un amor inmenso.
Hinata y Sasuke contrajeron matrimonio unos años después a todo aquel alboroto acontecido. Todos lo hubiesen esperado al instante, pero una vez que todo fue bien, ambos decidieron disfrutar plenamente de su noviazgo, sin esconderse, con naturalidad.
Querían pasar más tiempo juntos y llegar a conocerse por quien eran, sin prisas, y aprender a amarse tal cuales, con virtudes y defectos.
No todo había sido amor entre ellos, no todo en la vida es miel, pero sin duda alguna, las peleas que llegaron a tener establecieron una fortaleza en el lazo que crearon, y se agarraron de él con fuerza, sin soltarse, porque habían decidido que estarían juntos pese a los obstáculos.
Cuando anunciaron su compromiso, Sasuke fue perdiendo popularidad ante las chicas, ya no era asediado por las masas y cabe mencionar que aunque Hinata siempre fue vista con recelo cuando él la llevaba de la mano frente a la plaza, nunca fue agredida ni verbal o físicamente.
Naruto estaba encantado con la idea del matrimonio, y se había apegado a Sasuke más que nunca, limando asperezas con Suigetsu, con quien fue amigable desde el principio, pese a que el peli pleateado se había mostrado un tanto receloso, había terminado aceptando la buena amistad que el rubio más apuesto de la aldea le brindaba a todo el mundo.
Ino sentía que se había ganado la lotería con su novio, que siempre, o la mayor parte del tiempo le inspiraba alegría y ganas de salir adelante.
Por su parte Temari y Shikamaru contrajeron matrimonio mucho antes de que Sasuke y Hinata se comprometieran, ellos habían profundizado su relación y estaban decididos a dar el paso definitivo. Pese al temperamento tan distinto de ambos, como pareja de complementaban, y hacían de su unión un pacto exquisito entre la Arena y la Hoja.
Hinata había tenido cierto temor hacia Sakura, y en verdad esperaba que no le guardase rencor, o algún mal sentimiento, pues era bien sabido que Haruno había estado enamorada al punto del berrinche y la locura del Uchiha. Pero la pelirosa se había hecho a la idea desde hacía un tiempo, y aunque su capítulo de 'Sasuke Uchiha' en definitiva no tenía relación alguna con el de Hinata, lo seguía apreciando como el gran amigo que siempre había sido con ella.
No podía verlo diferente cada día que pasaba, olvidando los malos ratos, porque sabía que el tiempo sería su guía espiritual y la llevaría a un mejor camino. Así pues, Sakura se prometió a sí misma seguir adelante, y lo cumplió. Dando una oportunidad verdadera a Sai, una en la que realmente estuviera dispuesta a conocer lo que se escondía tras aquella sonrisa tan patética y mal hecha.
Hanabi nunca había visto a su hermana tan cercana antes como en esos tiempos, se había dado cuenta de cuanto se necesitaban entre ambas, y se acercaron para contar la una con la otra, para ser confidentes y el soporte que siempre habían necesitado.
Hanabi seguía feliz tras los años, colgada del cuello de Kiba, que ya no se sentía un pedófilo, porque su chica había llegado a la edad adulta, y era tan responsable que realmente lo valía. Inuzuka siempre supo que ella era una mina de oro en cuanto a cualidades, aunque también con un carácter fuerte como el suyo, algunas veces salían peleados como perros y gatos, siempre con una dulce y ardiente reconciliación que iba más allá de los besos simplones y las caricias superficiales.
Karin por su parte, también se había tomado su tiempo, era una chica menos escandalosa, y su temperamento se había controlado, aunque no del todo, dejaría de ser ella si así fuera.
No había querido aceptar del todo que le había gustado besar a Suigetsu, y cada que él la besaba, cerraba los ojos para intentar imaginar más allá de eso. Cada beso que Suigetsu le robaba la hacía convencerse de que él no era tan malo, que quizá podía ayudarla, quedarse a su lado, sanarla.
Las heridas que Sasuke había dejado seguían ahí, aunque él se hubiese disculpado sinceramente con ella, arrepentido de su comportamiento. Era algo que ella no podía olvidar, no podía pasarlo por alto.
Le había perdonado sinceramente, pero el miedo a ser traicionada seguía ahí, pese a que sabía que no ocurriría de nuevo. Eso causó algunos estragos en el maravilloso equipo que los gobiernos habían formado, pero siempre salían adelante de una u otra forma.
Suigetsu estaba ahí para ella, la tomaba de la mano y caminaba a su lado, la guiaba, y ella, encantada lo seguía.
Shino había seguido siempre tan calmado, apoyando a sus amigos, hasta que él mismo necesitara de su ayuda. Porque entorpeció cuando conoció a una chica que jamás había visto jamás, y pese a que tenía todo el temple y la sensatez del mundo, caer en las redes del amor lo hizo comprender que algunas veces se actúa estupidamente antes de pensar, y que el amor es como es, entra y sale por donde le place, sin dar explicación alguna.
Sin embargo, las alianzas entre los países era decadente, el equipo que se había formado para beneficio de todas las naciones era 'usado por Konoha' eso se rumoraba, para expandirse lentamente y abarcar mejores negocios, tampoco habían tomado el ligamento de la aldea de Suna con Konoha de muy buena manera, por lo que la desconfianza iba creciendo día con día en los países ajenos a esa peculiar alianza, pese a la claridad de las intensiones amistosas por parte de la aldea de la hoja, los demás países catalogaban a la nación del fuego como egoísta y opresor.
Suigetsu había suspirado y sonreído casi con orgullo ante esos rumores, de nada servía el supuestob equipo que equilibraría el servicio entre las naciones si la avaricia de la gente, la sed de poder no se saciaba, las guerras eran un simple factor para la vida del ninja, y creer en la utopía era descabellado para cualquiera.
Y sin embargo, tanto Tsunade como Gaara, tenían la esperanza de que todo quedara en eso, rumores latentes de el descontento de los demás países, la tierra estaba floreciendo apenas desde la última batalla, y no estaba lista para un nuevo enfrentamiento.
No podían estarlo.
Por eso, trataban de llevar una vida pacífica, con misiones demasiado comunes y nada hóstiles, esperando que eso les resultara, al menos de momento.
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Hinata suspiró de nuevo y se apartó del espejo, afuera el viento era fresco y los altos árboles de cerezo yacían repletos de flores que sonrosaban el jardín.
Era un día perfecto para salir a caminar.
-Mamá...
Hinata se detuvo en seco y recibió en sus brazos a un pequeño de cabellos azabaches, complexión delgada y tez pálida.
-Itachi.
El niño, su primogénito, que había cumplido 4 años hacía poco, le sonrió con naturalidad dejando sus mejillas sonrojarse.
-Padre viene tras de mi, se ha encontrado con tío Naruto.
-Ya veo.
Hinata le revolvió los de por si ya rebeldes cabellos a su hijo.
Y pronto sus ojos blancos pudieron ver a su marido que caminaba tranquilamente hacia ellos.
-Papá, papá - exclamó Itachi con fervor y corrió a su encuentro.
Sasuke le abrazó y le dió unas palamadas en la cabeza, lo tomó en brazos y se aproximó a su mujer.
Verla le provocaba un cosquilleo en la espalda que nada tenía que ver con el éxtasis que le hacía sentir cuando tenían encuentros amorosos, era algo completamente diferente. Era cálido y pacífico, verla le provocaba ternura, su aspecto justo en ese momento, era algo que Sasuke atesoraba y que no quería cambiar por nada del mundo.
Hinata lo haría padre por segunda ocasión, y se veía hermosa, completamente arrebolada.
Le besó y ella se colgó de su cuello, porque besarlo era uno de los placeres del mundo y ella se regocijaba de hacerlo, de sentirse querida por sus dos hombres predilectos.
Se separó de él y le observó a los ojos, negros por completo, con unas ojeras que los enmarcaban y unas cuantas arrugas que a su parecer lo hacían lucir bastante atractivo.
-Señora Uchiha...- saludó él y la trajo hacía él y el pequeño.
Ella se mordió el labio inferior y se acomodó para abrazarlos a ambos.
Su madre alguna vez le había hablado sobre los cuentos de hadas, relatos maravillosos donde la princesa espera a su príncipe para ser felices por siempre.
Y ella había esperado a su príncipe por mucho tiempo, hasta que le conoció a él. Se había dado cuenta hacía mucho tiempo que Sasuke no era príncipe alguno, y que su vida no era un cuento de hadas, nunca lo había sido.
Aprendió que tenía que confiar en sí misma para lograr lo que se proponía antes de pensar en confiar en alguien más, a tropezones había aprendido que ella valía la pena, y que Sasuke era su apoyo, su soporte, y un hombre lleno de defectos.
Defectos que ella había aprendido a tolerar y a querer, casi tanto como a sus virtudes, y pedir lo mismo era parte del trato del compromiso.
Sasuke había hecho un estupendo trabajo, y aunque no era una miel andando, porque le costaba mostrar sus sentimientos, entendía lo mal que estaría criar a su desendencia de la misma forma, por lo que procuraba ser bueno en todo momento, sin llegar a consentir todo.
-Te amo...- exclamó él, cuando rara vez lo hacía, producto de aquel caparazón que no lo abandonaba nunca. - Les amo a los tres.
-Los amo...- respondió ella con las mejillas pinceladas y los labios curvados.
No eran el matrimonio perfecto, estaban lejos de serlo, y no era una vida exenta de problemas. Pero sin duda alguna, pese a que los cuentos de hadas sí lo eran, Hinata se dió cuenta de que su vida con el Uchiha, era mucho, mucho mejor.
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FIN
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Notas:
¡Hola mundo!
Lamento mucho haber desaparecido, no era mi intención, créanlo que no, mi computadora hizo BUM y pues, no tenía hasta hoy mismo que llegó. Por suerte siempre cargo mis avances de mis historias en mi celular, porque escribo en mi Blackberry la mayoría de las cosas, así que pude darle fin a esta historia, mientras me comía las uñas por no poder publicar nada. ¡Estaba bastante nerviosa!
Aún lo estoy.
Escribí este episodio como 4 veces, lo comenzaba y lo borraba, comenzaba otro y nada, pero nada me agradaba, por eso me tardé tanto en actualizarlo, soy algo perfeccionista y le tengo un cariño enorme a esta historia, fue mi primera historia aquí en Fanfiction y le dieron una buena acogida, eso me hizo bastante feliz. Cabe decir que la historia se disparó en un rumbo que no me esperaba, pero tampoco la cambiaría.
Hemos llegado al final de El Príncipe Equivocado y se me acongoja el corazón, por lo especial que ha sido llevarla a ustedes, ojalá que sea de su agrado este último capítulo, cuyo Epílogo incluí aquí mismo, para evitar otros meses sin publicar. He creado mi propia familia Uchiha-Hyuuga, ya han leído de "Itachi" el primogénito de esta pareja, y pues, aquí la vemos esperando otro bebé, no me pregunten más cosas porque puedo hacer muchos relatos sobre ello, pero mejor los convierto en historias haha. Espero no decepcionarlos, creo que yo quedé bien satisfecha.
Así que de antemano, MUCHAS GRACIAS por leer, de principio a fin, por acompañarme después de año y medio en estos capítulos, por sus comentarios, por sus Reviews que me impulsaron a seguir escribiendo, por todos los favoritos, los follows, y por los que votaron por esta historia para ese concurso de historias del 2011 en un foro SasuHina bastante reconocido creo yo, gracias por ese 3er lugar, nunca lo olvidaré, jo!.
Y antes de que me ponga melosa y sentimental, no me despido porque espero que sigan leyendo mis demás historias, y las que están por venir.
Gracias por hacerme feliz.
Ary.
