Después del comedor de ese esplendoroso sábado, todos se habían ido a Hosgmeade, pero Astoria leía acurrucada en su cama, con la puerta abierta de su dormitorio. No sintió la presencia del rubio hasta que estuvo al pie de su cama, observándola. Entonces dio un respingo.
-¿Te asusté?- preguntó enarcando una ceja.
-Algo- repuso ella.
-Lo siento- acotó sonriendo de lado y encantando a la chica.
-Quiero saber que hay con Potter realmente -asestó el blondo. Ella lo miró sonriente.
-¿Celoso, Draco? -El Príncipe ojigris retiró delicadamente el libro de las blancas manos de ella y repuso seguro de sí.
-No, "cariño" , sólo que yo soy mejor que San Potter y te lo voy a demostrar.
-No soy un trofeo- apuntó la ojiverde en tono molesto, pero deliciosamente intrigada al verlo tan cerca de ella, con esos ojos tan perturbadores y ese aroma tan varonil que emanaba de él…Esa voz que la trastornaba y esa sonrisa que deseaba borrar a besos. Era sin duda un chico como para perder la cabeza.
-No se trata de eso- aclaró el rubio.
-¿Entonces?
-El idiota de Potter no tiene la más mínima idea de cómo conquistar a una chica como tú. Simplemente no va a poder hacerlo.
-¿Y tú sí?- el chico asintió.
-No soy fácil de engañar, Draco. Te he dicho que no quiero ni me interesa ser una más de tu lista de conquistas. Seamos sólo amigos, ¿Vale?
¿Qué era eso, ¿El Príncipe de las serpientes plantado ante ella y asegurando que la iba a conquistar?. Un mar de sensaciones la inundó cuando él tomó su mano y mirándola fijamente dijo:
-Seré tu amigo, si quieres, pero no te aseguro no ir más allá..
Las manos suaves de la ojiverde se perdieron entre las pálidas del blondo, pero aún así, esas pequeñas manos no desmerecían al empuñar decididamente la varita en contra de quien fuera. Eso le gustaba a Draco: Una chica fuerte, rebelde y con carácter en un rostro inocente y dulce. Esa sin duda era su chica. Sólo faltaba un anillo en el dedo para que el cuadro fuera completo, pero eso no demoraría mucho para él.
-Eso lo veremos…-Respondió la castaña retirando lentamente la mano. -Por cierto, Draco, quería pedirte algo- acotó ella desviando el rostro.
-¿Tan pronto ya, Astoria?- remarcó el con un tono sarcástico. Ella rodó los ojos.
-No, malpensado, es…Algo muy importante para mí en éste momento.
-Te escucho -le contestó el muchacho cerrando la puerta que aún permanecía abierta.
-Verás, -dijo ella nerviosamente- no he podido decirle a mamá y a papá que te he devuelto el compromiso.
-Ya lo sé- acotó el ojigris con una sonrisa suya.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque recibí una pergamino hace unos días y en él leí que decía algo de una fiesta de formalización, no de cancelación de compromiso.
-¡Ah!- repuso ella calladamente. Era cierto, él también recibió la misiva de listón plateado.
- Pero tú tampoco has dicho nada a tu madre- replicó con curiosidad.
-Porque sé que vas a casarte conmigo- remarcó él arrastrando la voz arrogantemente. Ella negó y el asintió con la cabeza.
-Como sea- continuó la castaña- Sé que a mamá le entristecerá saber lo que pasó y no puedo hacerlo ahora porque ya están todos los preparativos listos, así que... necesito pedirte un gran favor.
-Te escucho- Obtuvo como respuesta y una ceja levantada en señal de atención.
-Quiero que…-respiró hondo- necesito que…¿podrías…?
El la interrumpió tomándola nuevamente de las muñecas y acercándose lentamente. El corazón castaño latió desbocado.
-¿Sí?- Sintió su suave aliento a menta acariciándola y tuvo el impulso de lanzarse a esos labios que prometían besos inolvidables, pero luchó contra sí misma para alejarse un poco y completar:
-Por favor, ve a la fiesta y actúa como si nada hubiera pasado.
-De acuerdo, repuso el rubio pasando una mano por su cabello platino. Astoria se derritió, pero armada nuevamente de seguridad, inquirió.
-¿Qué me va a costar tu cooperación en esto, Draco?
-¿Por qué lo preguntas?- Dijo él calmadamente.
-Por que sé que no haces nada a cambio de nada.- Espetó ella mordaz. El blondo sonrió.
-Esta vez es cortesía Malfoy, Astoria.- susurró seductoramente y le clavó la mirada turbándola de nuevo. Draco lo sentía, sí y le divertía hacer gala de sus técnicas de conquista. Técnicas que Potter nunca podría llevar a cabo, según él.
-Prometo hablar con mis padres lo más pronto posible para no alargarte esto… -musitó la ojiverde visiblemente nerviosa ya.
-Como quieras, no corre prisa alguna para mí.- Concluyó el rubio verde plata, mientras que con su varita, conjuraba un hermoso narciso blanco y lo depositaba delicadamente sobre la cama de Astoria. Dando media vuelta abrió la puerta y salió de la alcoba inundada ya del mágico perfume de la exquisita flor, la favorita de Astoria, quien se quedó boquiabierta porque no se explicaba el cómo él hubiese sabido que los narcisos y en especial los blancos le encantaban. Tomó la flor y la llevó a sus labios diciendo sólo una palabra: "Draco"...
