CAPITULO VEINTIUNO:
"Las cadenas del alma solo pueden romperse con un gesto, el de tus labios"
Afianzado todo su peso, sintiendo como la suela de sus botas derrapaba sobre la piedra, Link apretaba sus dientes, mientras luchaba contra la presión de la explosión de las llamaradas. Apreciando como el abrazador calor sofocaba el aire al tiempo que las olas de fuego lo rodeaban, atrapándolo en un terrible infierno. Haciendo acopio de su fortaleza, ignorando el ardor que comenzaba cubrir su garganta y pecho, al inhalar con cada respiración el calinosos aire que secaba sus pulmones, continuo manteniendo su postura, apretando el asir de su broquel, forzando a los músculos de su brazo, desde sus dígitos hasta su espalda, a resistir aquel ataque.
Ante las altas temperaturas el resistente y antiguo escudo Hyliano comenzó a templarse, empezando a cambiar su color, tomando un brillante resplandor rojizo mientras el metal llegaba hasta su punto de resistencia. incoar a fusionarse contra la piel del protector y guantes del paladín. Sintiendo como el metálico sabor llenaba su paladar al a haber lastimado en interior de su boca, intentado acallar cualquier sonido de sus cueras vocales, ya que al igual que su escudo, la cota de malla que utilizaba, estaba siendo afectada, empezando a derretir y quemar las telas de su atuendo. Activando cada uno de los delicados nervios de su piel, anunciándole que a pesar de la resistencia del material su túnica este no podría continuar soportando el fulgor.
Sabiendo que solo tendría un instante para defenderse, el caballero comenzó aplanear en su mente la estrategia que relazaría, considerando cada uno de los riesgos que enfrentaría, impulsado por aquel sentimiento que llenaba su interior, aquel comando de protección que gritaba en su alma, no podía fracasar, no volvería hacerlo.
Preparado mentalmente, apretando con fuerza sus manos, esperó, aguardando el instante en que los reptiles terminarían su ataque para arremeter. Eternos segundos pasaron cuando la presión comenzó a ceder y las llamas a disminuir su intensidad. Sin esperar un milésimas más, cargando parte de su poder sobre su broquel, lo blandió en un corte horizontal, despejando las llamas, lanzando contra el frente de sus enemigos un par de semillas Dekú.
Cegados ante la explosión de luz, irritados e iracundos los Dodognos sacudieron sus cabezas y cuerpos dejando salir lastimeros rugidos, tratando de alguna manera apaciguar sus molestia y recuperar sus sentidos. Teniendo la ventaja estratégica en aquel momento, el caballero avanzó velozmente entre las patas de las criaturas mientras liberaba de su alforja el clawshoot. Accionando su mecanismo atrapando una de las pesadas patas delanteras de uno de los monstruos, comenzando a enredar la cadena entre sus articulaciones, haciendo que con sus erráticos movimientos perdería su equilibrio estrepitándose contra el suelo.
Ante la caída de su compañero, uno de los reptiles habiendo recuperado su visión, volteó su cabeza mientras inhalaba, dispuesto a soltar su mortal llamarada. Conociendo la debilidad de su enemigo, en un ágil movimiento el paladín liberó de su alforja uno de los pequeños paquetes de explosivos que tenía, lanzándolo contra las abiertas fauces del monstruo. La reacción fue inmediata, tras haber ingerido la bomba, ante el contacto del con el fuego interior de la criatura, la pólvora había reaccionado creando una fuerte explosión dentro del animal, aturdiéndolo y derribándolo.
Decidido a terminar con la batalla, liberó la espada maestra de su funda, mientras embestía contra la débil ser. Más antes de que el filo de su aceró pudiera tocar la delga del cuello de la criatura. La cola de tercer Dodongo impactó contra su cuerpo aventándolo. Haciendo uso de sus reflejos y habilidad acrobática amortiguó su caída rondado por el piso. Resintiendo sobre su espalda el ardor del metal de su escudo, el cual aún continuaba templado. Habiendo tenido suficiente tiempo para liberarse del amarre sobre sus patas el segundo reptil se levantó uniéndose a su igual, dispuesto a defender y destruir al invasor de su nido.
Apreciando la situación en la que se encontraba, sabiendo que su broquel no podría soportar otra agresividad de fuego, Link apretó sus dientes mientras fruncía su ceño, buscando en su mente alguna idea o estrategia que le ayudara en ese instante.
-¡Link, Cuidado! –
Alertado por el agudo gritó de Navi, conteniendo el impulso de sacar su escudo, el caballero aventó su cuerpo a un costado, girando en el suelo por un instante para incorporarse rápidamente, volviendo a evadir la llamara que había lanzado el segundo saurio, escabulléndose de cada una de ellas hasta encontrar resguardo atrás de una estructura de roca.
Habiéndose recuperado el tercer reptil se levantó lentamente sacudiendo su cabeza, dejando salir una serie de gruñidos, haciendo que sus compañeros cesaran sus ataques, enfocando su atención en él. El cual a diferencia de sus iguales en vez de continuar con la persecución del segundo intruso, posó sus frías pupilas sobre la caída figura de la princesa, la cual durante todo ese tiempo no se había movido de su lugar. Sintiendo un escalofrió recorrer su cuerpo la reencarnación de la diosa, trató de incorporarse al percibir como esa oscura y delgada pupila la observaba con frialdad y furia.
Palpando el temor de la doncella, Navi intentó interponerse entre ellos, mas sus cansadas alas, parecía no responder a su comando. Obligándola a usar su voz, tratando de cualquier medio posible detener el ataque de la bestia. Ante los llamados de su amiga, saliendo de su estupor, Ignorando el dolor que la consumía, la joven sé levantó huyendo en dirección de la grieta donde antes se había refugiado. El ensordecedor rugido del reptil y los escombros que levantan sus afiladas garras sobre el suelo, golpeaban su cuerpo, llenado su alma de miedo, aumentando la adrenalina en sus venas.
Sin poder contener el sonido de angustia y dolor que soltaban sus cuerdas vocales, al caer nuevamente en el hueco de piedra. Haciendo acopió de toda su fortaleza comenzó avanzar arrastrándose de espaldas, olvidando por completo la terribles punzadas que cubrían su mano con cada movimiento, sin poder apartar su mirada del saurio, quien trataba de romper con sus zarpas, las paredes de la estructura para atraparla. Eternos segundos pasaron, hasta que la criatura dejó sus desesperadas acciones, mas antes de que la joven pudiera disfrutar la calma, la sulfurosa y carmesí pupila se asomó por el espacio, contrayendo su negra pupila hasta formar una delegada línea. Absorta sintiendo como aumentaba los latidos de su corazón y su respiración se entrecortaba, Zelda solo podía observar su propio reflejo en aquel Fúrico ojo, el cual tras una eternidad para la princesa, cerró sus párpados desapareciendo.
Ante las acciones del Dodongo, Link mordió su labio inferior al ver como su protegida huida de aquel monstruo. Intentado ayudarla salió de su escondite para volverse a ver nuevamente asediado por las llamas de los otros dos reptiles, teniendo que regresar a su resguardo. Estaban atrapados, pensó con desesperación, haciendo que la ansiedad lo llenara mientras se cuestionaba que podía hacer, ya que si no hacía algo en aquel momento la princesa sería presa de aquel ser. Intentando control sus emociones y tratando de retomar la frialdad que siempre mostraba en batalla, recargo su espalda contra la estructura de piedra teniendo que separarse al sentir el calor del metal de su escudo. Molestó consigo mismo por no haber traído el broquel de espejo, el cual era imposible de templar y por sus propiedades mágicas habría servido para regresar el ataque de fuego de las criaturas, recriminándose llevó su mano hasta su rostro, rememorando que en ese momento no podía pesar en el pesado, sino en el ahora. En ese instante, pues Zelda lo necesitaba y debía ayudarla.
Alertado al escuchar el grito de su protegida, preocupado posó su mirada sobre la grieta donde se había escondido, sintiendo como su corazón se helaba al ver al enorme monstruo levantando su cabeza, alejándose unos pasos, dispuesto a liberar sus mortal aliento. Incapaz de permanecer inmóvil, haciendo a un lado cualquier pensamiento racional, dejando por completo que su instinto de batalla lo guiara, abandonó la seguridad de su refugió, mientras liberaba su broquel confrontando las llamaradas de los reptiles. Concentrado en su ideal, ignorando cualquier sentir, continuo su carrera imponiendo su fuerza sobre su templado e incandescente escudo. Incrédulos ante la respuesta del su enemigo, los saurios retrocedieron un par de pasos al sentir la poderosa aura del guerrero, la cual llenaba de temblores sus cuerpos. Sin poder continuar conteniendo su fuego, comenzaron a cerrar sus fauces, preparando sus garras para defenderse.
Ante la debilidad de sus oponentes el legendario paladín, giró su cuerpo contra el suelo, soltando su broquel, aventándolo contra uno de los reptiles, haciéndolo impactar y clavarse en el hueso frontal de uno de los saurios. Ante el terrible alarido de la bestia, sin perder tiempo, Link sacó de su carcaj su arcó, cargándolo mientras esquivaba con agilidad la cola de la segunda criatura. Concentrado su aura y energía en la saeta, haciendo despertar el poder del fragmento que le había sido conferido. Pronunciando las antiguas palabras de invocación en Hyliano soltando la flecha, la cual había cambiado de tonalidad obteniendo un reflejo cian.
Incauto y distraído por el gritó de su compañero, el segundo reptil solo alcanzó a mover su cabeza, protegiendo su ojo del ataque del paladín. Pero a pesar de su esfuerzo al momento en que la punta de metal tocó su dura piel, una fuerte aureola lo rodeó por completo segándolo y paralizándolo por un instante, mientras su cabeza comenzaba a ser cubierta por cristales de hielo. Habiéndose abierto camino, sin perder tiempo, el legendario héroe guardó su arcó, mientras sacaba de su alforja su confiable Clawshot. Apuntando con premura la zarpa contra uno de las cuernas del tercer saurio, accionando el mecanismo al instante que la criatura comenzaba a llenar sus pulmones.
Sintiendo el impacto de la garra al clavarse sobre el corno, haciendo acopio de toda su fuera y usando una estalagmita como polea, halo con la cadena, accionado su función retráctil. Tirando de la cabeza de la Dodongo haciéndolo perder su concentración, atrayendo su completa atención. Enfadado el saurio dejo salir un fuerte rugido, tratando de retirar con sus garras el agarre que lo sometía. Inmutado ante la reacción de la criatura, Link liberó la cadena de la estructura de piedra, dejando que esta los atrajera hasta la cabeza del réptil.
Liberados del jugo que había sido impuestos los otros monstruos se acercaron hasta donde estaba su igual, dispuestos a ayudarlo y vengarse por el daño que había sufrido. Habiendo logrado su objetivo, el paladín pisó la leontina, enredando su cuerpo en ella, soltando su agarre, mientras sacaba su arco y preparaba un par de flechas. Con cuidado y perfección ató a las puntas uno de los paquetes de explosivos que cargaba, mientras seguía con sus serias y impávidas pupilas el movimientos de su enemigos, ansiando, esperando el momento. Furioso y siguiendo su instinto, el acorazado lagarto comenzó sacudir su cuerpo y cráneo, intentando derribar al guerrero, agitando su cola sin cuidado y golpeando a sus compañeros. Quienes reaccionando violentamente contra sus acciones arremetían con su garras y dientes lastimándose entre ellos. Impávido ante los movimientos de los saurios, el paladín solo aguardaba, esperando la oportunidad que buscaba para eliminar a las criaturas. Tensando sus músculos al percibir como estos detenían su riña para comenzar abrir sus enormes fauces.
Inundado por su instinto de lid, apremiando el segundo en que comenzaban a cargar sus gargantas, con maestría apunto su arma al centro de sus bocas, liberando con velocidad y pericia cada una de las sagitas. Guardando con premura su arco y apretando con sus mano los eslabones de la cadena de metal, preparando sus digitos sobre la empuñadura de su espada, alistandose. Pocos segundos pasaron cuando las mortales bombas hicieron su efecto estallando en el interior de los reptiles, desorientándolos. Afectado por la onda explosiva y los ataques de sus compañeros, perdiendo el equilibrio, el Dodongo donde se hallaba el caballero comenzó a ladearse en dirección de uno de sus iguales. Usando el impulso y la oportunidad, Link utilizo la cadena como balance saltando a la cabeza de la segunda criatura, clavando sin piedad su espada entre el centro frontal de su cráneo, asesinándolo instantáneamente.
Inerte el acorzado cuerpo comenzó a precipitarse hacia el suelo, aprovechando la oportunidad que tenía, usando nuevamente el Clawshoot, el caballero lanzó la zarpa contra el cráneo de la segunda criatura, anclándola en una de protuberantes escamas, meciendo su cuerpo en la leontina, pasando por debajo de su mandíbula, seccionando la delgada piel del reptil. Débil e imposible de mantenerse, el mortalmente herido Dodongo se hecho en el suelo, mientras abría sus fauces produciendo lastimero sonidos, al tiempo que su vida se extinguía mientras emapaba el suelo de piedra con su líquido vital.
Ante los terribles alaridos, incrédula Zelda se acercó a la entrada la grieta, sintiendo como su corazón se detenía en su pecho al presenciar las caídas figuras de los monstruos que hace unos momentos habían estado apunto de asesinarla. Sintiendo como la pena invadir su ser, al escuchar como aquellos chillidos de dolor que salían de la agonízate garganta del reptil. Sacada de su estupor por el fuerte bramido del último saurio quien de manera nerviosa y angustiada se alejaba de la figura del caballero, el cual había comenzado acorralar contra una de las paredes del recinto con sus flechas de hielo.
Sin ningún dejo de piedad, Link volvió a liberar una de las mágicas sagitas, congelando por completo el cuerpo de la criatura que yacía frente a él, quedando a su completa merced. Sintiendo una gran satisfacción al ver como el terror y el miedo se reflejaban en aquellas sulfurosas y carmesí pupilas. Habiendo cambiando por completo los roles de depredador y presa, apretando la empuñadura de la espada sagrada, preparándose para terminar la batalla.
Asustada por la actitud del paladín, mas conmovida por las acciones de aquella criatura, sintiendo la necesidad de detener aquella escena, la doncella corrió al lado del guerrero. Alcanzando abrazar su espalda, sintiendo bajo sus brazos la tensión de cada uno de los músculo de su protector el cual de disponía a dar el golpe final.
- ¡BASTA! -
Sintiendo los temblores del cuerpo de su protegida así como la angustia de sus palabras, confundido el caballero comenzó a bajar lentamente su arma. Intentado entender lo que estaba pasando, la razón por la cual estaba siendo detenido de continuar con su trabajo, de finalizar con su labor, el eliminar a todos los enemigos que representaban un peligro a su misión.
-¿Zelda? -
- Ellos no tienen la culpa, este es su nido… Nosotros somos los invasores -
Sorprendido por las palabras de la aristócrata, el paladín por primera vez desde su llegada comenzó a observar sus alrededores, apreciando la conformación del lugar, así como notando los cascarones y nidales que había resguardados entre estructuras de rocas así como las posas de lava. Para volver a poner su mirada sobre el debilitado y atrapado reptil, quien a pesar de su posición no se había movido, protegiendo con su cuerpo uno de las guaridas. Sintiéndose culpable, el guerrero guardó su espada, cuestionándose en silencio la razón de su actuar. Nunca antes había sentido aquel frenesí que lo había invadido al ver al Saurio derrotado, nunca había sido partidario de la violencia, a pesar de que muchos lo acusaran de lo contrario.
Sintiendo el cambio en el héroe, Zelda liberó su agarre, dejando salir un fuerte quejido al mover su mano. Alertado por el gemido de la princesa, Link posó su mirada sobre ella, notando la suciedad y la rasgaduras de sus ropas. Sintiendo como dentro de él, crecía el impulso de tomarla entre sus brazos. Mas sabiendo donde se encontraba y que realmente no estaban del todo fuera de todo peligro, con renuencia se partó de ella, caminando en dirección de donde estaba su escudo, levantándolo.
- Navi, ¿crees poder encontrar la entrada secreta? -
Descansada, pero consternada al escuchar el extraño timbre en la voz de su amigo, la pequeña hada señalo el punto que yacía entre dos rocas, el cual irradiaba una extraña presencia. Acostumbrado a la función de los mecanismos de los templos con pesadez el caballero disparó una de sus flechas, impactando contra el escondido cristal que habría la puerta escondida del nivel. No deseando perder tiempo ya que poco a poco la prisión del cristal comenzaba a liberarse, guió a la doncella por la salida del lugar deteniéndose por un instante en el lumbral, observando los fallecido cuerpos de los reptiles, sintiendo un fuerte remordimiento al contemplar aquella escena, rememorando las palabras de su protegida. Aquellas criaturas solo habían estado protegiendo a sus crías y él solo había estado protegiendo a la princesa, ambos habían luchado una mortal batalla por defender lo que era importante para ellos. Mas desgraciadamente, al final solo había uno que podía salir victorioso, esa era la regla de la vida, de la guerra.
- Lo siento -
Pronunció con arrepentimiento, el caballero mientras la entrada volvía sellarse nuevamente, separándolos por completo.
Angustiada Zelda miraba con aprehensión la pequeña habitación a la que había encontrado, la cual parecía estar completamente vacía, excepto por una extraña pared que tenía un raro gravado, así como las antorchas que la iluminaban. Cansado Link dejo caer su escudo al suelo, haciendo una pesada mueca al ver las marcas negras de cubrían por completo el gravado, sabiendo lo que costaría limpiar y pulirlo de nuevo. Satisfecho mínimo de no tener iniciar una búsqueda por los descendientes del maestro herrero del continente de los cielos, quien era el que le había fabricado ese broquel, al apreciar que este en realidad no había recibido ningún daño. Saliendo de sus pensamientos al escuchar la preocupada voz de la azul nereida.
- ¿Estas bien, Zelda?, ¿por qué no te sientas un momento?, ¿aún te duele? –
- Estoy bien Navi, aún me duele, pero no es nada comparado como antes -
Replicó amablemente la princesa intentando calmar la ansiedad de su compañera, tratando de ocultar su molestia. Escéptico ante sus palabras, el caballero se acercó a su protegida tomando con delicadeza su manos entre las suyas, notando como aún con el leve rose de su tacto, la joven cerraba sus ojos, cubriendo su semblante con una mueca de dolor. Preocupado colocó su manos sobre su mejilla notando los pequeños rasguños que había en esta.
Sin necesidad de pronunciar palabras, rodeando con suavidad su hombro comenzó a guiar a la joven cerca de una de las antorchas, donde podría tener mejor visión de sus heridas. Ayudándola a tomar asiento contra una de las paredes, arrodillándose a su lado, mientras comenzaba a sacar de su alforja, los remedios, vendas y pociones que cargaba. Sintiendo sus mejillas enardecer, Zelda solo contemplaba en silencio el perfil de su protector, apreciando con detalles como la luz de la tea iluminaba su rostro, haciendo que algunas sombras se enmarcaran, resaltando sus facciones.
Teniendo cuidado de no lastimarla y agravar sus heridas, tomando el pedazo roto de tela su manga, con un fuerte tirón lo rompió permitiéndole examinar con detenimiento la articulación. La piel se hayaba enrojecida, con algunas leves y superficiales laceraciones que había sufrido por el filo de las piedras. Mas a la altura de la muñeca se encontraba completamente inflamada con una oscura y verde coloración marcando la luxación de los huesos de esta, así como su posible fractura. Sabiendo que no podía darle una poción sino hasta revisar perfectamente el daño que había sustentado, así como en caso extremo haberla acomodado de nuevo en su lugar los ligamentos y huesos. Sintiendo un enorme pesar sobre sus hombros, Link se disculpo con la aristócrata, mas antes de que esta pudiera cuestionar sus palabras, el joven apretó su articulación sintiendo y escuchado como un ligero tronido sonaba, al tiempo que el recinto era inundado por el gritó de dolor de la doncella.
Incontenibles lágrimas surcaban la fas de la reencarnación de diosa, mientras su conciencia era inundada por el un inimaginable dolor, consumiendo su propia existencia. Arrepentido y afectado por el sollozo de su protegida, más sabiendo que no podía detener en aquel momento sus acciones, el caballero aún sosteniendo la muñeca entre sus manos comenzó a vendarla lentamente, asegurándose de que el ungüento cubriera cada una de sus heridas y el vendaje diera el soporte y resguardo necesario en los dañados ligamentos, sintiendo como cada gemido y grito lastimaban parte de su corazón, sabiendo que eran sus acciones las causantes de su sufrimiento. Habiendo terminado con sus tarea, sin poder seguir escuchando aquel llanto, atrajo la doncella hasta su cuerpo abrazándola lentamente, intentando reconfórtala con su presencia, disculpándose una y otra vez por sus actos, buscando inconscientemente el perdón de ambos.
Sintiendo como las lágrimas comenzaban a disminuir y los gemidos bajaban de intensidad, recordándose su misión, el guerrero se separó de la joven, tomando un frasco que contenía un extraño liquido azul casi negruzco, abriéndolo lentamente, para acercarlo hasta los labios de la aristócrata mientras le indicaba con voz suave y profunda que lo bebiera. Sumergida aún en el calvario que la atormentaba, distraída pero complaciente la princesa abrió levemente su boca, tomando un par de tragos del amargo y denso liquido. Asqueada por su contenido, la joven alejó su rostro mientras su garganta se cerraba, tosiendo como reflejo al experimentar el paso de la arenosa bebida en su laringe. Paciente Link no puedo evitar esbozar una sonrisa al ver la reacción de su protegida, recordando como él había hecho el mismo gesto al probar aquella pócima, la cual no era tan agradable como las otras, pero su efecto era mucho más rápido y fuerte.
- ¿Una poción azul no es muy fuerte para ella?, recuerda que Zelda nunca antes ha tomado algo así. Hasta las simples rojas pueden ser muy pesadas para los neófitos.-
- Lo sé Navi, pero es la única que tiene el efecto suficiente para restaurar fracturas. –
Replicó el paladín con sobriedad, sintiendo como la culpa hundía profundamente sus garras en su interior.
Experimentando como una extraña sensación de calma llenaba su centro, recorriendo cada parte de su cuerpo, extendiéndose desde su estomago hasta la punta de sus cabellos. Disipando aquel dolor, calmando cada uno de sus nervios, relajando sus músculos. Confundida, la aristócrata posó su mirada sobre su protector, el cual solo levantó una ceja al ver la forma en la que se estaba comportando, sintiendo como su mejillas aumentaba de color, al tiempo que la vergüenza la invadía por completo. Apreciando el estado en que estaba la doncella, notando la dilatación de sus pupilas por el efecto de los ingredientes del brebaje, el caballero no puedo evitar esbozar una pequeña sonrisa en sus labios.
- Navi, ¿podrías asegúrate que tome un par de tragos más?. Necesito ocuparme de algo -
- Si claro -
Contesto sin duda la nereida, tomando asiento en la orilla de la botella examinando con cuidado a la aristócrata, quien estaba ocupada en aquel momento admirando la venda de su mano. Intrigada ante la actitud del paladín, la hada insistió a la joven que volviera a tomar el brebaje, quien al inicio la había ignorado, mas al final un poco dudativa volvió a ingerir el líquido, sin poder evitar hacer una mueca de repugnancia ante su sabor. Satisfecha de haber terminado con su labor, y asegurando que la princesa tapará el frasco, alzó su vista dejando salir un extraño sonido de su garanta al apreciar la desnuda espalda del guerrero.
Sintiendo como el calor y el enrojecimiento de sus mejillas se extendía por todo su cuerpo, la princesa abochornada no podía apartar su vista sobre la imagen del paladín, quien había terminado de remover cada una de las telas que lo cubrían. Siendo sacada de su admiración al escuchar el afligido sonido que había hecho la sílfide, la cual rápidamente abandono su lado, acercándose al héroe cuestionándole sobre las abrasiones y quemaduras que sustentaba. Rememorando en aquel instante en el que el caballero la había protegido con su escudo, siendo ese el estado en que estaba después de haber soportado las incandescentes llamaradas de los Dodongos.
- Por el amor de Nayru Link, ¿como puedes moverte con esas quemaduras? Preocupado por la princesa cuando el que debería tomarla posición eres tu -
- Calma Navi, no es para tanto. Es solo donde comenzó templarse la cota de malla y cuando volvía colocarme el escudo, nada comparado con las heridas de Volvagia. - replicó el guerrero, con tranquilidad terminado de colocar el ungüento contra las ampollas que cubrían su torso y ante brazos.
- Pero ¿y las marcas de tus costillas? – cuestionó extrañada la nereida, apreciando las laceraciones de en la piel, buscando en su memoria la razón de su aparición.
- Un Like Like -
Ante la inesperada respuesta del paladín, la pequeña hada no puedo evitar soltar un fuerte carcajada, al proyectar en su mente la imagen del héroe siendo apresado por las gelatinosa criatura, atrapado en su interior, mientras esta los estrujaba. Completamente abochornado y mortificado por la reacción de su antigua amiga, Link solo volteó su rostro mientras terminaba de vestir sus heridas. Cansado y resentido por la burla a la que estaba siendo sometido trató de apresurar sus acciones, deteniéndose por completo al sentir un suave y delicado tacto sobre su hombro. Volteándose lentamente, hasta encontrándose para su sorpresa con la afligirá figura de su protegida.
Zelda quien no le veía nada de gracia a la situación del paladín, sintiéndose mejor por el efecto del brebaje se acerco hasta este, posando su mano sobre su piel. Apreciando con terror cada una de las marcas, heridas y laceraciones que presentaba, las cuales habían sido por su culpa. El la había defendido contra aquellas criaturas, poniendo su propia vida en riesgo. Sin poder ocultar el pesar que la inundaba, lentamente alzó su rostro, haciendo que sus miradas se encontraran, intentando por medio de aquella manera transmitir todo lo que sentía. Aquella poderosa emoción que la gobernaba, que la impulsaba en esos momentos. La tristeza que la embargaba al pensar que había sido herido, el dolor de pensar solamente en perderlo, haciéndosele imposible el conjurar un mundo, su vida sin la presencia del guerrero. Sin poder soportarlo más siendo presa completa de sus emociones, rodeo con sus brazos su cuello, uniendo sus labios.
Sorprendido completamente, sin saber como reaccionar. Link permaneció inmóvil, experimentando como aquel dulce e inocente gesto destruía lentamente la barrera que había puesto en su corazón, haciendo que su resistencia comenzara a perderse con cada momento que pasaba, siendo consumido por la calidez del cuerpo de la doncella contra el suyo. Creando una terrible batalla en su interior, una que no estaba seguro que deseaba volver a enfrentar.
Consumida en su sentir, terminado aquel íntimo gesto, no desenado ver el semblante de su protector. La joven se abrazó contra él, hundiendo su rostro entre en su cuello, permitiendo que las lagrimas corrieran libremente, al haber aceptado la verdad y el dolor de sus emociones. Las cuales sabía que nunca serían correspondidas, así como solo se volverían un tomento para ambos. Desenado ser egoísta y solo por aquel momento, por aquel instante quería permanecer a su lado, estar ahí para él. El hombre que había cambiado por completo su mundo, que la confundía y que al final de todo la heriría. Ya que ambos vivían en mundos completamente diferentes, cada uno con sus responsabilidades, él era el héroe legendario, y ella, solamente era la princesa de ese tiempo, la joven que cargaba el poder de la diosa blanca, una simple copia, un eco del verdadero amor del paladín.
Desconociendo por completo los pensamientos de la princesa, Link soló se limito abrazar a la joven que sollozaba desconsoladamente, sin saber como consolarla en aquellos momentos. Su alma estaba completamente confundida, divida en dos opiniones, una que lo alentaba a apoyar a la doncella y a dejar atrás aquellos temores que lo dominaban, mientras que otra solo le recordaban el dolor y el sufrimiento que había ya padecido años antes, trayendo a su mente la imagen de su amada diosa, haciendo su corazón estremecer y doler. Embargándolo de una inmensa pena, sabiendo que no podría volver a resistir una perdida de esa manera.
Incrédula y Atónita Navi solo contemplaba en silencio la escena que se desenvolvía frente a ella, embragada por los emociones de ambos, las cuales la estremecían, pues de deseaba de alguna manera poder ayudarles, más sabía que no podía hacer nada que pedirle, suplicarle a las diosas que los ayudaran, que buscaran en sus corazones y perdonaran al eterno guerrero y la diosa blanca, que les dieran una oportunidad de poder estar juntos. De liberarse de aquel terrible cicló de tragedia en el que estaban confinados. Desconociendo por completo con aquellas acciones continuaba reforzándose aquel ancestral hilo rojo, que unían al paladín con la princesa, uno que había sido profetizando desde el momento en que la divinidad del tiempo había bajado al mundo, para defenderlo de la oscuridad. Respondiendo a las plegarias de sus seguidores y sellando así su destino.
Notas de autor: Hola a todos, primero que nada quiero agradecerles por su infinito apoyo, así como sus comentarios son una inspiracion para continuar con esta historia. Agardesco a quienes se han animado a salir de las sombras y publicas sus opiniones, MIL GRACIAS.
Así me disculpo por el restraso, pero porblemas de técnicos no había podido subir este capítulo, que aquí esta, uno de los mas esperados por todos ustedes y que haya sido de su completo agrado. Sin más que decir, mas que volverlos a invitar a dejar sus comentario y opiniones. espero verlos la próxima semana.
