Disclaimer: los personajes de Card Captor Sakura no me pertenecen a mí, sino a un maravilloso cuarteto de mujeres llamado CLAMP
XXI
Regalo
Esta vez no quiero otra ilusión,
esta vez lo intentaré otra vez,
esta vez y más yo trataré de hacerte bien
si la vida me regala otra oportunidad.
Café Tacuba
No tardó en divisar a su amigo en la barra del local, tamborileando sutilmente con dos dedos y la mirada perdida en una copa de sake a medio llenar. La expresión inquieta del chino acentuaba la curiosidad que le había despertado cuando éste le llamara por la mañana para citarlo en el céntrico bar. Ambos, con sus lúgubres semblantes, parecían un par de espectros fuera de lugar en medio de un ambiente impregnado de alegría en plena nochebuena.
—¿Hace mucho que llegaste? —dijo a manera de saludo sentándose en el banquillo a su lado. Syaoran alzó una ceja y meneó la cabeza.
—Apenas unos diez minutos. Llegué antes de la hora. ¿Quieres pedir algo?
Al notar que el chino había pedido la botella entera, decidió ayudarle con la misma y pidió una copa al cantinero para luego servirse. Después de un trago inicial decidió ir directo al tema:
—No te ves bien. ¿Puedo preguntar a qué se debe?
Aunque ambos sabían que no era necesario. Syaoran se encogió de hombros y se llevó el resto del contenido a la boca, dejando que su picor le calentara la garganta.
—La verdad es que no me la puedo sacar de la cabeza. Será la primera navidad que pase sin Sakura después de siete años, pero no tendré otra opción que aceptarlo al final —esta vez se encogió de hombros—. Pero no es eso lo peor…
—¿Te refieres a Tina? —aventuró Eriol, pero su amigo negó lentamente.
—Daidouji-san.
La respuesta corta y tambaleante hizo que el inglés olvidara por un momento su propia copa y carraspeó brevemente.
—Sí, yo… tampoco lo esperaba. Su muerte…
—El problema es que yo sí… y no hice nada —le cortó el chino a media frase, sorprendiéndolo en un mutis parcial.
—¿De qué… de qué hablas? —Eriol se aclaró la garganta—. No era posible que tú supieras…
—Tomoyo había intentado suicidarse poco antes de eso, pero en ese momento pude sacarla de peligro —reveló para asombro del inglés, quien le miró estupefacto sin atinar a formular su pregunta. No obstante, Syaoran procedió a contarle cada detalle, incluyendo la cuasi-promesa de no decirle nada a Sakura hasta el hecho de que la mujer había sido llevada hasta él por su hermético guardián de ojos grises. Eriol observó a su amigo servirse otra copa y escuchó cada palabra con mayor pasmo que la anterior, asentando rápidamente en su cabeza lo que ya antes había sospechado: Tomoyo había sido llevada al límite de su resistencia por Tina. Fuera cual fuese su papel en el plan de Tina, la chica se había resistido a cumplirlo y él, aun sabiendo (quizás, siendo el único que lo sabía) lo difícil de su posición, la había castigado antes que ayudarla.
Al final, la más valiente de todos había sido la mujer que no tenía más magia para enfrentarse a Tina que su buena voluntad y el amor que sentía por sus amigos. Él, con toda la magia del mundo, le había dado la espalda. ¿Quién había sido el cobarde entonces: la que no viendo otra salida se quitara la vida o aquél que pudiendo ayudarla la juzgara a cambio?
—No debí haberle hecho caso —escuchó a Li lamentarse y volvió su atención a él—. No debí haberme callado. Daidouji-san necesitaba ayuda psicológica y debí ocuparme de que la recibiera, sin embargo ella escapó cuando se supone que estaba bajo mi supervisión —el chino tomó otro trago—. Si hubiera cumplido mi…
—No puedes culparte por eso —lo interrumpió. El castaño ya tenía suficiente con tener que lidiar con sus propios problemas y la amenaza latente que no podían dejar pasar—. Además, no eres el único que sabía que Tomoyo corría ese peligro —suspiró.
—¿Sabes qué es lo peor? —Syaoran se sirvió de nueva cuenta sin escuchar esto último—. Sea lo que fuera que la tuviera en ese estado, en verdad pensé que cambiaría, que se daría la oportunidad de intentarlo, al menos por su bebé. Cuando vi la cara que puso cuando le dije que estaba embarazada…
Eriol se viró hacia él y su mirada atravesó a Li por varios segundos antes de conseguir articular palabra.
—¿Qué? —tragó saliva—, ¿Tomoyo estaba embarazada?
Syaoran se pasó una mano por el cabello despeinándose mientras asentía lentamente. Jugueteó un poco más con su copa antes de dar otro trago y enfrentó a Eriol.
—Supongo que tendría unos dos meses. Ni siquiera ella lo sabía. Mi esperanza era que, siendo tan maternal como ella lo era con Sakura, después de esa noticia dejaría de estar atentando contra su vida y cambiaría de opinión. Su guardaespaldas me dijo que lo había intentado ya otras dos veces —meneó la cabeza—. Sigo sin poder creer que es Daidouji-san de quien estamos hablando.
—Dos veces… —Eriol continuaba tratando de asimilar todo cuanto Li le decía, pero apenas podía meditar palabra. Primero su muerte, ahora su embarazo. ¿Cuánto daño estaba dispuesta a ocasionar Tina antes de saciar su sed de sangre y dolor?
La cena de navidad había transcurrido sin otra novedad que encontrarse únicamente ellos tres celebrándola. Nada de Touya, Fujitaka ni Syaoran.
—Gracias por invitarme, Sakura-chan. Estuvo delicioso —Yukito se limpió los labios con una servilleta y se levantó de la mesa para ayudar a recoger la vajilla.
—Una cena de navidad jamás sería lo mismo sin ti, Yukito. Ah, puedes dejar las sobras en la barra, luego las meteré al refrigerador —Sakura tomó uno de los platos que Kero le pasaba y después de unos movimientos más la mesa quedó presentable nuevamente. El trío caminó a la sala a realizar la ya tradicional (y ahora raquítica) entrega de regalos. Al tratarse de una ocasión especial, Sakura encendió la chimenea.
—Quizá debamos brindar —analizó la castaña y el varón le miró con curiosidad.
—¿Brindar, Sakura? —Fue Kero quien se atrevió a preguntar. ¿Había siquiera alguna razón para hacerlo sumidos en tanta miseria?
—Sí, Kero. Brindaremos porque estamos aquí ahora, porque estamos vivos. Si no podemos reconocer la importancia de poder seguir luchando, entonces no valdría la pena hacerlo —su mirada verde brilló con el chisporrotear de la chimenea. Su cara tersa parecía propia de una muñeca—. Si piensas que no hay razón para celebrar, entonces Tina ha ganado. ¿Para qué pelear más?
Kerberos permaneció en su sitio, mudo de asombro. Esa mujer no era la misma Sakura temerosa, frágil y tierna que había conocido, ni siquiera la misma de unos meses atrás. Lo cierto era que una parte de él aún extrañaba a la pequeña pero valiente Sakura; sin embargo otra parte sabía que la mujer que tenía frente a él sería la única capaz de lidiar con la desgracia y el olor a muerte que los circundaba.
Escuchó a Yukito removerse de su asiento y caminar hacia la joven.
—Entonces descorcharemos el mejor vino. ¿Quieres que te ayude a escogerlo, Sakura-chan?
Sakura agradeció el apoyo del varón con una sonrisa. Al mirarse a los ojos ambos se identificaron en las sombras del otro, habitadas por el temor y la incertidumbre, y también una pizca de rencontrada fortaleza.
—Vamos —le animó la castaña y ambos caminaron al sótano en busca de la etiqueta ideal.
—Nada volverá a ser igual —susurró Kero al descubrirse a solas, aunque eso ya lo había sabido desde un principio.
"El agua debe fluir", solía decir Clow. Probablemente nunca tuvo tanta razón como ahora.
La casa quedó en completo silencio una vez Yukito se despidió de ella. Hacía al menos una hora que Kero se había rendido a los brazos de Morfeo sobre el brazo del sofá, abrazado a la envoltura de aluminio del último chocolate relleno de licor que había deglutido antes de caer dormido. Afuera, el frío invernal penetraba en la piel y acribillaba los huesos. No obstante, lo primero que hizo Sakura al entrar en su cuarto fue abrir la ventana de par en par.
—Sé que estás despierto —susurró recargándose en el alféizar—. ¿Puedes pasar un momento?
—Claro que estoy despierto —escuchó la voz desde algún lugar de las penumbras—. Pese a que Kerberos no sea capaz de entenderlo, un Guardián no puede descansar antes de que su Maestro lo haga, y es parte del trato que hice con tu querido Yue: ser tu estúpida niñera.
—Lo siento —empero Sakura sonrió.
—No digas tonterías —replicó la voz. Sakura entendió que no estaba dispuesto a moverse de su puesto para entrar a su habitación, de modo que tomó un suéter que descansaba sobre la silla de su escritorio y se lo pasó sobre los hombros sin alejarse de la ventana.
—Entonces… déjame darte un regalo de Navidad —soltó de pronto—. Me haría muy feliz que decidieras aceptarlo.
—¿Un regalo de Navidad? —podía adivinar que el sujeto se burlaba de ella en ese momento—. Será mejor que esperes unos días para que se lo puedas dar personalmente a Yue. Sólo faltan cuatro noches para la Luna Llena.
—¡Claro que le daré su regalo cuando lo vea! —Sakura no pudo evitar sonrojarse al pensar en ello—. Pero no me refería al regalo de Yue, sino al tuyo Ankoku.
Silencio. Decidió esperar al menos unos momentos más antes de continuar. Algo le decía que Ankoku no podría quedarse callado ante semejante afirmación y no tardó mucho en confirmarlo:
—¿Qué te hace pensar que voy a aceptar un regalo tuyo? En primer lugar, no hay nada que tengas que pueda interesarme.
—Quizá no… aún —Sakura suspiró y en su exhalación admiró el vapor condensándose entre el frío—, así que esta vez he decidido regalarte una promesa.
—¿De qué hablas? —escuchó tras varios segundos y supo que había atraído la atención de la criatura.
—Te prometo que encontraré la manera de liberarte de ese cuerpo y de tu trato con Yue. Por lo pronto, si logro incrementar mi magia, al menos ya no tendrás que cuidar de mí, y seguiré haciendo todo lo que esté en mis manos para que algún día ya no tengas que preocuparte más por el ciclo de la luna.
—No prometas cosas que no puedes cumplir, Card Mistress.
—Si lo hago, es porque no pienso detenerme antes de lograrlo —respondió ella con firmeza. Su sonrisa había sido sustituida por una mirada seria y decidida—. Como tú dices, no hay nada más que yo pueda ofrecerte; nada que pueda regalarte, así que acepta esto, por favor.
El silencio fluyó en el exterior por largos momentos durante los cuales ella esperó con paciencia. Había aprendido que aceptar a Ankoku era también aceptar sus silencios y estoicismo, aunque éstos pudieran fácilmente confundirse con enajenamiento y estuvieran disfrazados de desprecio.
—Entonces espero que sepas cumplir tu palabra, o yo mismo te enseñaré a no hacer promesas idiotas tan fácilmente —dicho esto, la ventana se cerró de golpe y Sakura supo que él acababa de dar la conversación por terminada. Tampoco necesitaba más que eso, de manera que se limitó a cerrar las cortinas antes de cambiarse en su pijama para ir a dormir. Sin embargo, un pensamiento no abandonó su cabeza hasta el momento en que concilió el sueño, y se trataba del hecho de que Ankoku había accedido a aceptar su regalo. Después de todo, aceptar una promesa requiere de un mínimo de confianza en que la otra parte cumplirá su trato.
Así es: dentro de lo que podía considerar, Ankoku confiaba en ella. Y Sakura no estaba dispuesta a fallarle ni a él ni a Yue, costase lo que costase.
—¿Qué crees que esté pasando allá afuera? —Tina elevó la mirada al vacío. En ese lugar no existía ni el cielo, pero Touya entendió muy bien a qué se refería con "afuera".
—No sé. ¿Sabes? Lo único que me importa es saber que Sakura estará a salvo mientras tú estés aquí.
Tina comenzó a caminar en círculos, aparentemente aburrida.
—¿Y cuánto tiempo crees que sea? —preguntó deslizando un matiz de ironía en su tono—. Por si no lo sabes, las dimensiones rara vez fluyen al mismo tiempo. Lo que para nosotros podría parecer una eternidad encerrados aquí, bien podría no ser más que un día, o incluso un parpadeo para tus queridos amigos. ¿Crees que realmente valdrá la pena tu sacrificio por algo así?
Touya metió las manos a los bolsillos y la miró de soslayo.
—¿Tú no habrías hecho lo mismo para regalarle tiempo, así fuera un solo día, a tu familia?
Los pasos de Tina dejaron de hacer eco en el lugar. Detenida cual piedra, la maga dirigió una mirada al trigueño. Una mirada de triste derrota que lo tomó con la guardia baja. Touya tuvo que volver el rostro para recordarse lo que aquella mujer significaba para él: un enemigo.
—Algún día saldré de aquí —sentenció finalmente—. No sé cuándo ni cómo, pero te aseguro que saldré, y cuando lo haga ni tú podrás detener mi venganza.
—¿Y qué crees que ganará, tu deseo de matar o el mío de proteger?
Un nuevo silencio acompañó al reto lanzado por Touya.
Inesperadamente fue despertado por el olor a comida que inundaba la casa. ¿Qué hora podía ser? Algo no encajaba bien en sus sentidos y era el hecho de que la loca humana estuviera cocinando algo a esas horas de la mañana, antes de que el sol siquiera asomara por el horizonte.
Ankoku se puso de pie observando la luz que se alcanzaba a colar por el pasillo proviniendo sin duda alguna desde la cocina. Eso definitivamente no era normal, pensó. En un día normal, la castaña se quedaría dormitando hasta que su reloj despertador muriera de agotamiento.
No supo en qué momento llegó a la cocina ni cuánto tiempo permaneció ahí observando a la afanada Sakura removiendo la sartén y haciendo malabares con el arroz hasta formar unas bolas perfectas rellenas de diversos ingredientes que después metió en cajas que había predispuesto para la ocasión. ¿Cuál ocasión? En eso se encontraba pensando cuando la joven pareció notar su presencia y se volvió hacia él.
—¡Buenos días Ankoku! —sabiendo que no obtendría respuesta a su saludo, continuó—. Espero que estés listo para el día de hoy. En las noticias dijeron que nevaría mucho, así que se me ocurrió hacer un entrenamiento especial.
—Un entrenamiento especial en la nieve —Ankoku la contempló con una ceja irónica y se cruzó de brazos contra el marco de la entrada—. ¿Es demasiada casualidad que lo hagas en un día de Luna Llena?
La sonrisa de Sakura no mermó ni un ápice ante la suspicacia del hombre. Contrario a eso, simplemente se encogió de hombros y removió un poco más el contenido que seguía calentándose en la sartén.
—Quiero regresar pronto a casa esta noche. ¿Te parece bien si salimos a entrenar temprano hoy?
—¿Es por eso que pediste el día libre? Creí que era porque querrías arreglarte para ver a tu querido chico de la luna y entregarle lo que sea que le hayas preparado en navidad —se burló recorriéndola con los ojos de arriba abajo—. ¿O acaso no solías pasar horas arreglándote cuando tenías una cita con el otro tipo?
—Sí, eso hacía, y es por eso que me gustaría salir a entrenar contigo hoy —por sorprendente que pareciera, Sakura no pareció contrariada—. No quiero vestirme y pintarme para Yue. No quiero ser "bonita" para él —admitió con las mejillas sonrosadas—. En realidad... creo que la mejor manera de presentarme ante Yue es siendo cada día más fuerte para él. Quiero que él se sienta orgulloso de mí, pero sobre todo que deje de preocuparse por mí y que sepa que estaré bien. Quiero cumplir mi promesa con él y contigo y dar cada día lo mejor de mí.
Ankoku lo sintió en ese instante, tan claro como la marea estrellándose entre las rocas. Era el corazón de Yue latiendo a destiempo, viviendo un espacio en su cuerpo que él no le había concedido. Pero era inevitable: con la llegada de la luna llena, poco a poco Yue iría ganando terreno bajo esa misma piel.
"¿Estás feliz?" pensó con sarcasmo, "No cantes victoria antes de tiempo, Yue-kun. ¿Qué tal si algo impide que tu ama llegue a la cita de esta noche?"
—"Ni se te ocurra hacerle daño a Sakura".
Ankoku le dirigió una sonrisa lenta y desenfadada, un tanto macabra.
—¿Sabes que podría romperte un brazo sólo para arruinar tu velada de esta noche, o quizás dejarte inconsciente hasta la mañana siguiente?
—Podrías intentarlo —le retó la castaña—, pero te aseguro que no me detendrás de estar con Yue hoy.
—¿Por qué estás tan segura? —apretó los dientes y ella se encogió de hombros apagando la estufa tras comprobar que el contenido en la sartén estaba en su punto.
—Porque yo también me esforzaré hoy. Voy a despertar a Kero para desayunar algo antes de partir. Llevaré un almuerzo esta vez para poder regresar después de mediodía —le guiñó un ojo pasando a su lado y corrió escaleras arriba dejando al varón tras de sí. La mirada clara la siguió hasta que desapareció de su campo visual y entonces todo quedó en silencio, no sólo en la cocina, sino entre Yue y él.
Sabía que se trataba de él aun antes de mirar el nombre en la pantalla del teléfono. O quizá no lo sabía, pero sí era la única llamada que había estado esperando desde días atrás y cada vez que timbraba el aparato una alarma en su cabeza se encendía esperando a que fuera él.
—Buenos días Subaru-san —saludó directamente al hombre al otro lado de la línea—. De acuerdo con tu contestadora, supongo que tuviste una navidad bastante ocupada.
—Muchos espíritus se inquietan especialmente en esta época —contestó el médium sin mucha emoción—. Tengo noticias para ti.
—¿Noticias? —debía admitirlo: no lo había esperado. Después de todo, ya había pasado mes y medio de búsqueda infructífera—. ¿Es sobre Tomoyo?
—Anoche recibí una visita que podría interesarte. No, no era tu amiga —aclaró antes de que el otro concluyera otra cosa—. Era una chica de Estados Unidos.
—¿Viva o muerta? —tratándose de Subaru Sumeragi, era más que necesario aclarar.
—Muerta. Una suicida. Al principio pensé que era un caso como otros; es raro el suicida que encuentra descanso después de morir, así que no me sorprende que vengan a pedirme ayuda. Pero esta chica estaba interesada en algo más: buscaba su cuerpo.
Eriol tomó asiento en la mesa del comedor donde se encontraba al momento de recibir la llamada. Algo le decía que, fuera lo que fuera que el médium tuviera que decirle, tendría que recibirlo sentado. No era usual que Subaru se tomara su tiempo en ir al grano ni cayera en detalles. Supuso que el médium lo estaba preparando para el resto.
—Ella me contó que antes de quitarse la vida un "demonio" la había visitado para ofrecerle desaparecer su esencia de este mundo. A ella ya no le interesaba nada de lo que pudiera pasar e incluso le pareció conveniente que nadie tuviera que ocuparse de su muerte, así que tampoco le importó hacer un trato con él y acordó hacerlo de noche. Después de morir, el demonio regresó por ella y quemó todas sus pertenencias con un fuego azul. A continuación cargó su cuerpo en brazos y ella pensó que llevaría su alma y su cuerpo al infierno, pero en lugar de eso vio cómo él la llevaba volando en mitad de la noche hasta un hotel. Estoy seguro de que esto te sonará familiar: en el cuarto en donde la dejó había un gran felino blanco con alas de "demonio".
—¿Lux? —Eriol posó su mirada confundida y molesta en una mesa sin prestarle real atención al objeto—. Y dices que él había usado un fuego azul… —no necesitó aclarar el rumbo que tomaban sus pensamientos y optó por permitir al otro continuar:
—Dice que el felino hizo algo con ella. No supo de qué se trataba ni percibió cambio alguno hasta que al día siguiente entraron otras personas a la habitación y comenzaron a decir que habían encontrado el cadáver de Tomoyo Daidouji. A partir de entonces todo el mundo afirmó que su cuerpo pertenecía al de la cantante. Sólo ella podía ver que ése seguía siendo su cuerpo. Le fueron tomadas muestras de sangre, pero nadie verificó el ADN, pues la madre había reconocido el cadáver y la habitación y pertenencias estaban a nombre de Tomoyo, así que todos estaban convencidos que se trataba de ella.
—Lux puso una ilusión sobre su cuerpo —pese a que acababa de decirlo, Eriol aún encontraba imposible que aún ellos hubieran sido capaces de algo así.
—Cuando la cremaron y la trajeron a Japón ella decidió venir también, pero no sabe en dónde dejaron sus cenizas, hasta que me encontró.
Pero Eriol seguía tratando de asimilar la información sin atreverse a creerla.
—¿Por qué hicieron eso? Y si el cadáver era de la chica, ¿Entonces dónde está el cuerpo de Tomoyo?
—Nunca lo vamos a encontrar, por las mismas razones por las que no hemos encontrado su espíritu —respondió Subaru tan ecuánime como siempre—. No tiene sentido buscar a un vivo entre los muertos.
Y sólo entonces lo entendió. Estaba tan ofuscado que no había podido ver la verdad principal entre las hebras de mentiras que se deshacían con cada palabra del otro. Sólo en ese instante Eriol comprendió la magnitud de la farsa y sus consecuencias. Se sentía engañado, confundido, frustrado y desesperado; perdido como un niño en un laberinto oscuro, pero también había un rastro, apenas el destello de una chispa de renacida esperanza débil y tambaleante, temiendo apagarse en cualquier instante.
Tomoyo estaba viva.
Salió rápidamente de la regadera y comenzó su rutina para secarse y colocarse crema para la piel. Al hacerlo no pudo evitar notar la cantidad de heridas que había ido acumulando en los últimos entrenamientos y se dirigió al espejo para poder apreciarlas mejor a lo largo de todo su cuerpo. Se llevó una mano al cuello para ver la más reciente: una línea de sangre fresca que le recorría el cuello a raíz del ataque de Ankoku en el que éste pretendió ahorcarla usando un halo de energía a modo de soga.
No tenía mucho tiempo para contemplaciones, de modo que abrió el gabinete donde guardaba el kit de primeros auxilios y se apresuró a colocarse un vendaje para cubrir la herida antes de vestirse. Tampoco hubiera querido perder el tiempo en secarse el cabello, pero era casi enero y no podía darse el lujo de enfermar por una tontería así, de modo que se pasó rápidamente la secadora por la cabeza y, satisfecha, salió a su recámara, donde se encontró a un Kero moviendo frenéticamente sus patitas sobre el control de la consola de videojuegos y enfrascado en una discusión con el juego de auriculares y micrófono que tanto trabajo le había costado conseguir para regalarle en navidad.
—¿A quién llamas inepto, pedazo de idiota? ¡Yo no fui el que dejó pasar a esos tipos como si estuvieran en el patio de su casa!
—Kero…
—No, no, ahora yo iré a la torre y te cubriré mientras tú corres por el flanco derecho para tomarlos por sorpresa desde el hospital. Te voy a enseñar cómo dispara un verdadero francotirador, y… ¡Hey, los de la escuela! ¿Qué diablos creen que hacen? Dejen de lanzar bombas a la trinchera, ¡Ya no hay nadie ahí! Sólo están desperdiciando municiones…
—Kero…
—¿Por qué me tenía que tocar hacer equipo con una bola de novatos? —suspiró el animalillo—. Sí, también lo digo por ti, "Wolf 01", juegas como niña.
Sakura entornó los ojos. Aún le costaba trabajo entender cómo Kero podía tener tanta energía todos los días después de los entrenamientos, y más aún después de uno tan largo como el de recién. Siempre llegaba a casa exhausto, o al menos eso le parecía, pero en cuanto encendía la consola y se conectaba para jugar en línea era como si un espíritu lo poseyera.
—Voy a salir a buscar a Yue —anunció preguntándose si el otro le escucharía—. Espero que Ankoku no haya ido muy lejos esta vez —suspiró para sí y caminó hacia el pasillo, pero la voz del Guardián Solar la detuvo un instante.
—Sakura… —le vio titubear y hacer a un lado el control—. Si ese Yue no te hace pasar un buen rato, lo destrozaré con mis garras, así que diviértanse, ¿sí?
Sonrió. Sabía que Kero estaba preocupado por ella. Aunque actuaba como un niño el 90% del tiempo, no dejaba de querer cuidarla como lo haría un padre. Sabía que Fujitaka y hasta Touya estaban felices de saberlo a su lado.
—Gracias Kero. Diviértete tú también.
—¡Claro que sí! —le guiñó un ojo y se despidió de ella antes de retomar su juego y regresar a los gritos y las blasfemias contra los demás jugadores. Sakura se dirigió al recibidor y tomó su abrigo antes de salir a la fría noche.
Primero debía encontrar la presencia de Yue, o de Ankoku si es que aún no se transformaba, aunque la luna llena ya se alzaba en la bóveda celeste, por lo que el cambio de cuerpo debía haber sucedido ya, y supo que estaba en lo correcto cuando sintió la presencia del Juez blanco en la lejanía.
—Esta vez no pudiste llegar tan lejos —sonrió. Lo había logrado. Había conseguido distraer a Ankoku y evitar que partiera desde temprano en su faena. No le había mentido al decirle que quería volverse más fuerte por Yue, pero había forzado un entrenamiento demasiado largo y extenuante para poder retener al oscuro ser durante todo el día. "Aunque sé que se dio cuenta", pensó mientras invocaba a The Jump y se llevó una mano al cuello al tiempo que se elevaba en un salto hasta el techo de su propia casa y de ahí a la siguiente. Quizás era su imaginación, pero le pareció percibir más fiereza en los ataques de Ankoku que de costumbre. En realidad no era la primera vez que intentaba ahorcarla, pero la forma en la que lo había hecho en esta ocasión había sido mucho más brutal, de modo que casi se sintió al punto de perder la conciencia antes de poder defenderse con la ayuda de The Power.
Yue también venía en busca de ella. Podía sentirlo como lo sintió en la ocasión anterior: su aura frenética por encontrarla, llamándola y buscándola. No podía negarlo, cada mes soportando la misma expectativa a cambio de unas horas bajo la luz de la luna a su lado le hacía sentir como una adolescente ansiosa y enamorada. Era la sangre bullendo en sus venas el motor que la movía a seguir adelante día a día, la fiebre que la había ayudado a no dejarse derrumbar con cada desgracia que se acumulaba.
Era por él. Si su vida no se había dirigido a un abismo entre tanto dolor se lo debía a él.
Finalmente pudo vislumbrar un batir de alas blancas en la lejanía y un fuerte latido golpeteó contra su caja torácica. Aceleró su propio paso sintiendo que cada segundo se alargaba infinitamente ante el esperado rencuentro, y cuando por fin estuvieron tan cerca que podía apreciar el claro de sus ojos, el ángel se detuvo para evitar una colisión, pero ella no se pudo contener un segundo más y de un último brinco se lanzó directamente a sus brazos, enganchándose de su cuello.
—¡Yue! —río contra su mejilla y sintió los brazos del varón cerrarse alrededor de su cintura.
—Sakura —susurró él contra su oído y fue como si una onda de calor le atravesara el cuerpo. Entonces apartó un poco el rostro de él para poder verlo directamente a la cara y mirar más de cerca el violeta de sus ojos, tan cálido y distinto de los fríos visos plateados de Ankoku. No importaba cuánto se parecieran ambos ni cuántas características compartieran. Definitivamente eran dos criaturas totalmente diferentes a sus ojos.
—Gracias por estar aquí —susurró cerca de sus labios y admiró su expresión confundida durante dos segundos antes de besarlo con toda la lentitud del mundo, como si no existiera más el flujo del tiempo. Se sacudió en su fuero interno para disfrutar de ese sutil momento y no dejarse llevar por la euforia que sentía de estar nuevamente con él.
Pero él se sentía igual. Lo sintió en su abrazo fuerte y cercano pero titubeante, como si temiera romperla en mil pedazos en cualquier instante.
De pie frente a la ventana de su habitación, Eriol pasaba su dedo pulgar una y otra vez sobre la figura de papel en sus manos. La noche había caído, pero la lámpara de su habitación seguía apagada. Debía apresurarse: Nakuru y Spinel no tardarían en llegar de su paseo nocturno y por nada del mundo podía permitir que ellos supieran lo que estaba a punto de hacer.
Embarazada, Tomoyo embarazada.
Pero si Tomoyo no había muerto, ¿en dónde estaba?
Otra inquieta caricia a la figurilla y finalmente posó los ojos en ella, vislumbrando bajo un baño de luna sus alas, su cola y el vago perfil de un pico. ¿Por qué la había hecho desde antes? En ese momento no se hubiera imaginado que algún día la utilizaría de verdad.
—Despierta, necesito tu ayuda. Tu compañero se ha extraviado —susurró y entre su pulgar y el papel brotó un destello de luz—. Es hora de encontrarlo.
Sin sorpresa observó al papel adquirir movimiento autónomo y recobrar vida frente a sus ojos. El avecilla de cartón aleteó y se elevó hasta posarse sobre su hombro. La insignia del sol y de la luna relumbró bajo sus pies y el báculo dorado apareció en su mano derecha. Lo necesitaría para poder canalizar la cantidad de energía que estaba a punto de usar.
Poco a poco una mancha oscura apareció en su habitación. Primero no fue más que un agujero del tamaño de un ratón, pero siguió creciendo hasta formar un hueco en el que un humano podría pasar fácilmente. Satisfecho, aunque sintiendo la acelerada pérdida de energía por el hechizo, Eriol sacó de su bolsillo una nota que dejó sobre su cama.
Abrir un portal sin saber hacia dónde lo llevaría la salida era peligroso y atentaba contra las reglas, contra todo lo escrito, pero al menos tenía un punto a su favor: el compañero de esa ave los estaría esperando al otro lado. Ahora sólo quedaba confiar en que la unión de los dos pájaros cortados del mismo cartón fuera lo suficientemente fuerte para mantener el portal estable. Si el portal colapsaba con él en su interior, las opciones se habrían acabado para él… y probablemente para Tomoyo también.
—¿Estás segura de que no quieres regresar a casa? —preguntó Yue al ver un copo caer sobre el cabello de su dueña. Ella alzó la mirada al sentir otro cristal posarse en su nariz y confirmó que las horas de pausa después de un día entero de nieve habían terminado.
—¿No te gusta la nieve? —sonrió conociendo de antemano la respuesta: una ecuánime inclinación de hombros por parte del varón.
—¿No tienes frío?
Ella meneó la cabeza y señaló su abrigo para luego mirar los pies descalzos del Juez.
—Lo que me sigue sorprendiendo es que tú nunca tengas frío —confesó—. ¿Sabes? Con toda la nieve que se ha acumulado hoy quizá podamos hacer un muñeco de nieve. Hace mucho que no hago uno. ¿Te gustaría?
—No sé hacer muñecos de nieve —Yue desvió la mirada y Sakura pudo adivinar que estaba cohibido. Quizás él nunca lo pensaría así, pero era increíblemente enternecedor cuando actuaba de aquella manera. Pese a ser una criatura capaz de atravesar las eras, a veces resultaba tan inocente como un niño.
—Siempre hay una primera vez —le tomó de la mano para invitarlo a seguir caminando por el desierto parque Pingüino. Había pensado en ir a casa y permitir que el hombre se cambiara de ropas para poder pasear por la ciudad que en esos días cercanos al año nuevo mantenía actividad hasta entrada la noche, pero Yue prefería la quietud de los árboles al bullicio de las tiendas y los restaurantes, y ciertamente ella también. Su vida había cambiado tanto en los últimos meses que simplemente ya no se sentía atraída por el entretenimiento superfluo y la alegría de las masas que antaño había disfrutado.
Ahora sólo le importaba estar con aquellos que tanto amaba y hacer un simple muñeco de nieve adquiría proporciones magníficas cuando se trataba de compartir una experiencia que para él sería la primera.
—¿Cómo sigue tu cuello? —preguntó él de pronto y ella parpadeó confundida, llevándose una mano al cuello hasta que tanteó y entonces recordó la venda que lo cubría. Rio al comprender que estando a su lado ni siquiera había sentido la laceración.
—¡Ah, te refieres a esto! No te preocupes, estaré bien. Ya ni siquiera me acordaba.
—Lo hiciste para evitar que Ankoku se marchara como la otra vez, ¿verdad? —él se detuvo y ella con él. Pasó la mano derecha por su cuello, encima de la venda, y su ceño fruncido lo decía todo: Yue estaba molesto y preocupado—. Ese tipo no pudo contenerse esta vez cuando se dio cuenta de tus intenciones de retenerlo para evitar que escapara. Sakura, será mejor que intentes no provocarlo cuando es Luna Llena porque él se vuelve irritable y muy explosi…
Sakura disfrutó de la sorpresa que sustituyó al ceño cuando ella cubrió sus labios con un dedo y aún más cuando le sonrió. ¿Acaso Yue tendría idea de lo feliz que la hacía cuando se comportaba con ella como lo haría Touya?
—Gracias por preocuparte por mí, pero estaré bien. Además, es un riesgo que estoy dispuesta a correr cada vez si a cambio puedo estar más tiempo a tu lado.
Y para él era como si el mundo se resquebrajara y volviera a construirse bajo un nuevo orden. Aún le resultaba increíble ver cómo ella podía sonreírle de aquella manera y utilizar palabras como ésas en semejante momento. La capturó entre sus brazos. ¿Era justo decir que la amaba? Si no era ése el sentimiento que le quemaba las entrañas y lo empujaba a abrazarla como en ese instante lo hacía, tan de repente, tan sin embargo, ¿entonces cuál otra podría ser la razón?
—¿Yue? —Sakura parecía extrañada y no era para menos. Nunca la había abrazado con tal desesperación, incapaz de contenerse por un segundo, por un centímetro. Pero ella desataba todas sus cadenas y derribaba cualquier rastro de autocontrol. Ella despertaba en él todo aspecto y emoción que ni siquiera había sospechado antes de ella.
—Quisiera estar ahí para protegerte siempre —aspiró su aroma y se embriagó de éste y de la sensación de sentirla estremecerse cuando tocó con la yema de sus dedos la delicada piel de su cuello y comenzó a deshacerse del vendaje.
—¿Qué haces…? —ella intentó detenerlo, pero él detuvo sus torpes y pequeñas manos.
—Déjame verla —insistió y ella no objetó más. Dócilmente se dejó quitar la venda y finalmente Yue pudo descubrir la cruel marca que Ankoku había dejado en ella. Sabía que era una advertencia del otro, una burla para recordarle lo expuesta que estaba Sakura frente a él y lo efímera que era su presencia a su lado en comparación con la de su oscura contraparte.
—Ya no me duele, en verdad. Además, recuerda que sano más rápido que los demás —Sakura se encogió de hombros. Seguramente podía darse cuenta de lo que la visión de aquella herida ocasionaba en él. Pero no había palabras que pudieran detener a Sakura de volver a hacerlo. La conocía y era tan obstinada que era imposible resistirse a ella.
—No me importan los demás —susurró y se inclinó cerca de su cuello aspirando el olor de su sangre en la herida, como si a través de él pudiera percibir también ese dolor que ella estaba tan dispuesta a pasar día tras día entrenando con el sádico de Ankoku. Quizá ella no lo sabía, pero él la había escuchado por la mañana al decir que quería volverse más fuerte para que él estuviera orgulloso de ella—. No necesitas volverte más fuerte. ¿No sabes que ya estoy orgulloso de ti?
La sintió temblar, aunque un ángel como él nunca adivinaría que era la acción de sus labios susurrando contra la piel de su cuello la que la torturaba en ese momento.
—Algún día seré más fuerte y no tendrás que volver a verme herida —rio ella, pero él escuchó claramente el momento en que pasaba saliva.
—Mientras eso sucede, déjame cuidar de tus heridas —dicho esto, besó el borde de la laceración y comenzó a recorrer con la lengua la línea de sangre seca alrededor del cuello, sintiendo su sabor metálico en el paladar. Aunque sabía que era poco probable que aquello funcionara, era una costumbre que había adquirido desde sus primeros días junto a su hermano Kero y algo que Clow nunca les había impedido hacer, por lo que ambos simplemente habían asumido que estaba bien, aunque rara vez lo había vuelto a hacer tras la muerte del mago.
—Yu… —Sakura se tensó y gimió en sus brazos. Podía escuchar su respiración entrecortada y sentir su fuerte y acelerado pulso contra sus labios.
—¿Te duele? —se detuvo preocupado, pero ella enredó sus dedos entre sus cabellos con una mano y le enterró las uñas de la otra en la espalda.
—No…
¿Entonces por qué reaccionaba así? ¿Por qué temblaba en sus brazos como una hoja al viento?
—¿Estás bien?
—Sí, sólo… —Sakura se apartó unos centímetros y escondió su cabeza en su pecho—, quedémonos así un momento, ¿está bien?
Mientras pudiera tenerla así en sus brazos, él no podría pedir más que eso. Por un instante había creído lastimarla, pero le aliviaba saber que no era así. Pasado el temor inicial, ahora la única pregunta que le quedaba por aclarar era la naturaleza de sus propias reacciones, pues por alguna razón sus propios latidos se habían disparado y cada fibra de su cuerpo se retorcía como quemada por fuego, como si en lugar de sangre fluyera lava por sus venas. Una sensación terrible y sofocante, tóxica y embriagante. Detestó sentirse así, pero al mismo tiempo algo en su interior gritaba por un poco más de eso.
—Sí, así está bien —suspiró contra su cabello intentando apaciguar lo que fuera que había despertado en su interior. Fue después de unos segundos en silencio que Sakura metió las manos a los bolsillos de su abrigo como buscando algo. Extrañado, Yue la liberó de su abrazo para facilitarle la tarea.
—Espera, casi lo olvido… ¿dónde la…? ¡Ah, aquí está! —y de los confines de algún bolsillo interior sacó algo que inmediatamente extendió hacia él—. ¡Feliz Navidad!
El Juez la contempló a ella y enseguida a lo que tenía en sus manos, que resultó ser una Carta Sakura. Aún confundido la tomó entre sus dedos y la miró de cerca. No pudo ser mayor su sorpresa al constatar que se trataba de una carta que jamás había visto en su vida: una con un curioso dibujo de un antiguo pero estilizado teléfono.
—¿The Call? No sabía que habías creado más Cartas Sakura.
—Sólo ésta —se sonrojó—. Se me ocurrió después de lo que sucedió la vez pasada. Con esta carta puedes comunicarte conmigo o con quien quieras sin importar en qué lugar del mundo estés, como un teléfono… ¡Ah! Pero no es necesario que marques ningún número ni que la otra persona tenga un teléfono, sino que… —soltó una risa nerviosa al sentir sobre ella la mirada cada vez más confundida del Guardián—. Lo siento, no soy buena para explicar cosas, ¿verdad?
Nunca lo había sido, pensó él sin poder ocultar un atisbo de sonrisa en su expresión. Eran imposibles los límites a los que esa mujer atolondrada podía llegar aún a sus veinticuatro años, pero eso también era parte de ese espíritu que tanto admiraba de ella: pese a lo que pudiera pasar, ella mantenía esa inocencia e ingenuidad que la caracterizaban, aun cuando no siempre jugaran a su favor.
Ajena a sus pensamientos, la chica tomó aire y trató de darse a entender nuevamente:
—En fin, cuando quieras usarla sólo tienes que decir el nombre de la persona con la que quieres hablar y tomar el auricular. Entonces la otra persona podrá escucharte como si estuvieras hablando a su lado, sin importar en dónde esté, y tú podrás escucharle también —sonrió satisfecha de su segundo intento de explicación—, ¿Qué te parece? Así, por más que Ankoku intente alejarte, al menos podremos comunicarnos.
Sakura había creado una carta únicamente para poder comunicarse con él previendo cualquier acción de su contraparte en el futuro. Yue no podía dejar de repetirlo en su cabeza: una carta para él. No recordaba la última vez que se había sentido tan… ¿era "feliz" la palabra? Aunque cada vez le resultaba más difícil de distinguir desde que esa Maestra de Cartas aprovechaba cada oportunidad para hacerlo sentir de esa manera.
—Gracias.
Sakura parpadeó, aunque probablemente él jamás entendería que era su sonrisa abierta e inusual la que la había tomado por sorpresa.
Escuchó el clic del aparato y pausó inmediatamente, retirando la prenda para revisar el compartimiento y comprobar que el carrete se había terminado.
—Voy a tener que ir a comprar otro —suspiró Tomoyo. Tenía aún reservas del hilo negro, pero casi no lo había utilizado. El blanco, el amarillo y el azul cielo, en cambio, los consumía muy rápido.
Observó la pequeña prenda infantil que tenía en sus manos. Esa máquina de coser que había conseguido en una tienda de segunda mano era una maravilla. Era tan parecida a la que usaba de adolescente que podía manejarla como si la hubiera tenido toda la vida.
Disfrutaba de esos momentos a solas. Eran tan escasos que sabía apreciarlos y aprovecharlos para sumirse en su quizás ridícula y sobre todo peligrosa ilusión de ser madre. Y como Etan y Lucy tardarían en despertar un rato más, pensó en cambiar al carrete rojo de una vez y comenzar los detalles del pañuelo que había dejado para después, pero justo en el momento que revisaba sus reservas un sonido junto a la ventana llamó su atención. Al volver la vista se paralizó por completo. La amalgama de emociones que sintió no la ayudó a decidir si era sensato salir corriendo de ahí o no.
—Hola —saludó Eriol desde su lugar, pero al ver que ella continuaba muda prosiguió—. Te encontré gracias a él —de su hombro salió volando un pájaro de papel. Ni siquiera era un origami, sino un "simple" recorte con vida propia. Pero su sorpresa sería mayor al notar que otra avecilla igual salía desde algún punto detrás de ella y pasaba a un costado de ella para reunirse con su compañera. Entonces ambos pájaros se pegaron en un solo pedazo de papel para terminar cayendo al suelo sin vida.
—¿Qué…?
—El otro lo tuviste tú todo este tiempo. Fue un conjuro que te puse aquella vez que me drogaste en el templo. Lo tenía conmigo cuando te abracé y lo dejé en tu espalda antes de desmayarme —explicó Eriol aún sin moverse de su lugar—. Cuando me di cuenta de que Tina traía algo contigo pensé usarlo para poder encontrarte y protegerte si se le ocurría hacerte algo… o incluso detenerte si era necesario —confesó—. Aunque jamás pensé que tendría que utilizarlo para buscarte en tu propio exilio —agregó acomodándose los lentes sobre el puente de su nariz.
—¿Cómo supiste que estaba viva y por qué me buscaste? Es peligroso que… —pero se interrumpió cuando él se volteó de improviso hacia la puerta y alzó una mano en señal de "alto" hacia ésta. Entonces reconoció claramente el sello del mago Clow brillando bajo sus pies y por toda la habitación.
—¡Tomoyo-sama! —gritó Etan al otro lado de la puerta y Tomoyo entendió que el hombre había sentido la presencia del visitante y viceversa.
—Tardé demasiado en comprenderlo —el gesto rígido de Eriol lo decía todo—, pero finalmente vi todo claro cuando Syaoran me dijo que fue él quien te llevó al hospital y le pidió que no le dijera nada a Sakura. Su otro yo está tan bien oculto que es muy difícil sentirlo, pero no dejaba de haber algo en él que no me agradaba —se volvió luego hacia ella con una mirada indescifrable—. Tu querido guardaespaldas es Tenebrae.
La cloaca de la verdad había sido abierta y ella no lo negaría. Incapaz de sostenerla, Tomoyo desvió la mirada y se sentó en uno de los bordes de su cama.
—Así que desde un principio me equivoqué. Lux no estaba ahí para vigilarte, sino para protegerte —continuó él desde su posición—. Y no es coincidencia que los dos guardianes de Tina te sigan hasta el fin del mundo. Es simplemente su deber seguir y cuidar a su dueña, pase lo que pase —Eriol se acercó y se arrodilló en el piso frente a ella para tratar de encontrar la mirada que ella continuaba rehuyéndole. Lo logró cuando tomó una de sus manos y ella le vio sorprendida—. Ahora entiendo por qué no podías decirme que eres la rencarnación de Tina. Discúlpame por haberte presionado y juzgado como lo hice. Sé que tienes aún más miedo de que esto continúe que el resto de nosotros, al grado de querer quitarte la vida para impedir que Tina continuara su masacre.
—Yo… —finalmente Tomoyo quiso hablar, pero las palabras se negaban a formarse en sus labios. Sentía que la mirada y el tacto de Eriol estaban derrumbando su pared a estacazos. Antes de poder contenerse sintió el calor de una lágrima descender por su mejilla. La mano que sujetaba la suya la apretó un poco más.
—Tomoyo, no puedes hacer nada contra ella tú sola. Ellos no lo permitirán —miró de reojo hacia la puerta, tras la cual continuaban escuchándose los bramidos de Etan y estaba siendo sacudida pese a que el escudo formado por él resistía perfectamente—. Déjame ayudarte.
—Pero ellos… —se interrumpió cuando la otra mano de Eriol acarició su mejilla y ella cerró los ojos al sentir el roce.
—Yo también quiero proteger a mi hijo y haré todo lo que esté de mi parte para que nazca sano y salvo.
Ella abrió los ojos de golpe y lo miró azorada.
—¿Cómo sabes…?
—Li me dijo que estabas embarazada. Sólo sumé dos y dos —sonrió y posó la mano que antes tenía en su rostro sobre su vientre, apenas ligeramente abultado —. Además, puedo sentir la energía que viene de él. Será un mago muy poderoso… espero que más que su padre.
Tomoyo no podía encontrar palabras para hablarle al hombre que estaba frente a ella, el hombre que ella se había atrevido a amar y que Tina odiaba con la misma intensidad; el mismo del que había tenido que huir para evitar que su presencia motivara el regreso de Tina, ese casi ridículo intento suyo de proteger ya no sólo a su amiga, sino a esa personita que crecía en su interior y a él mismo… pero el insistente llamado de Etan al otro lado de la puerta la trajo de vuelta a la realidad.
—No puedes estar aquí. Etan no se apartará de mí jamás.
Eriol también pareció regresar de otro universo y dirigió su mirada a la puerta frunciendo el ceño.
—Etan Bree, ¿cierto? Hasta su nombre es un maldito anagrama de Tenebrae —bufó—. Sé que él jamás te ha dejado sola ni lo hará. Debe servir a su ama, pero yo debo protegerlos a ti y a mi hijo.
—Eriol, no sabes de lo que él… —fue silenciada por un dedo de él y luego se dejó envolver en un abrazo. Escondiendo la cabeza en el pecho del mago escuchó sus palabras reverberar desde sus entrañas hasta su oído:
—Te equivocas: sé muy bien de lo que él es capaz, Tomoyo. Es un Guardián, pero en realidad es él quien no sabe de lo que yo soy capaz —dicho esto se apartó de ella y tomó el báculo. Susurró luego unas palabras tan quedamente que ella no alcanzó a escuchar más que el murmullo. Entonces el báculo brilló y el símbolo de Clow a sus pies lanzó un poderoso destello que la obligó a cubrirse los ojos. Cuando los abrió nuevamente pudo ver al hombre extendiendo una mano hacia ella. El báculo había desaparecido y en su lugar se encontraba una cadena con un dije del sol y de la luna sobre su palma.
—¿Qué haces Eriol? —se sintió estremecer al ver la sombría y decidida mirada azur.
—Usa esto. En esta llave están sellados mi poder y el de mis guardianes. Ella cuidará de su nuevo dueño con toda su magia y reaccionará por sí sola ante cualquier amenaza.
—No puedo —Tomoyo dio un paso hacia atrás cuando él se adelantó hacia ella e hizo ademán de colocarle la cadena —. Si tú me das eso, quedarás indefenso. Tina quiere matarte y no se detendrá hasta lograrlo, esté donde esté.
—Lo sé —él sonrió— y si en algo ayuda, prometo vender cara mi vida.
—No estoy bromeando, Eriol, ella va a… —Tomoyo volvió a hacerse hacia atrás, pero esta vez él dio dos pasos largos y de un rápido movimiento pasó la cadena por su cabeza, dejándola caer sobre sus hombros, los cuales sujetó después con ambas manos.
—Yo tampoco estoy bromeando. Esto los cuidará a ambos y ni Lux ni Tenebrae podrán mover un dedo contra ustedes mientras lo traigas contigo. Ni siquiera Tina podrá hacerte daño.
—No lo necesito. Ellos jamás me harían daño —insistió ella pasando saliva al sentir que le fallaba la voz.
—A ti no, pero a él sí. Él representa en estos momentos todo cuanto ella odia, y no sé qué es lo que intentará hacer para poder lastimarlo, pero mientras esté dentro de ti, mi prioridad y la de esta llave será tu seguridad.
—Tina te ha herido antes aún con ayuda de ese báculo —Tomoyo meneó la cabeza—. ¿Por qué estás tan seguro de que a él lo protegerá si ni siquiera sé usarlo?
Eriol lanzó una mirada fugaz a la puerta. La magia que mantenía esa habitación bajo resguardo se estaba sellando también. Pronto el insistente guardián (seguramente acompañado de la felina también, pues había alcanzado a distinguir dos presencias anteriormente) conseguiría entrar sin mayor trámite.
—La magia de Clow siguió creciendo aún después de la muerte de Tina. Aprendí cosas que ella no, incluyendo la creación del portal que me trajo aquí —explicó volviendo la vista a la mujer para no ponerla más nerviosa—. No sé realmente cuál de los dos es más poderoso, pero sé bien que ella pudo conmigo antes gracias a que las memorias de Clow no me permitieron luchar contra alguien que había sido tan importante para él. Así que no te preocupes: su nuevo dueño ni siquiera tiene memorias; su único propósito por ahora es vivir.
Tomoyo parpadeó y finalmente sus palabras comenzaron a caer en tierra firmen su cabeza:
—Su nuevo dueño, dijiste, no tendrá memoria… —se llevó ambas manos al vientre y él asintió abrazándola nuevamente.
—No te lo dije antes y sé que lo sabes, pero no quiero dejarlo como un sobre entendido —miró de soslayo la puerta y se enfocó nuevamente en ella tomando su rostro con ambas manos —. Te amo, Tomoyo, y pese a todo lo que está pasando estoy muy feliz de que seas tú la madre de mi hijo.
Sus ojazos violetas y cristalinos le dieron toda la respuesta que él necesitaba y no se detuvo a pensarlo dos veces para besarla largamente, tan suave y lentamente como el tiempo se lo permitiera. Al escuchar un golpe sordo se separó de ella unos centímetros.
—Recuerda que no debes quitártelo por nada del mundo —le sonrió besando su nariz como si ella no llorara.
La puerta se abrió de golpe.
Continuará...
Notas de la autora: El verso del inicio es de la canción "Esta vez", de Café Tacvba. Mientras buscaba la frase adecuada de repente me acordé de esta canción y es increíble lo bien que le cae al capítulo, sobre todo a la situación de Eriol y en cierta forma a Sakura. En fin, sólo quería recomendar escucharla.
¡Pero qué bonito final de capítulo! Acabo de dejar al mago de magos sin una pizca de poder y a la disposición de un furioso y protector Tenebrae. Ah, ¿no les parece bonito? Bueno, quizá no, pero igual hace tiempo que deseaba poder publicar el capítulo. Espero que les haya gustado la interacción entre Yue y Sakura esta vez. Sinceramente, no sé qué habría hecho yo en su lugar si ese ángel me estuviera lamiendo el cuello (fainting…)
Restan unas 5 entregas (o 4, aún debo decidir) a esta historia, así que debemos irnos acercando al final. Por cierto, han notado muy bien los cambios que se van dando en Ankoku. ¿Serán para bien? Y muy interesante será saber cómo piensa Sakura cumplir su promesa.
¡Gracias por sus comentarios! Ahora tengo una pregunta para ustedes: ¿qué les parecería si muriera algún personaje principal? De ser así, ¿quién creen que sería el desafortunado, o quién les dolería más? Por supuesto, el final está prácticamente escrito y no cambiará mucho lo que digan, pero me interesa conocer su opinión (aunque tampoco revelaré si algo así ocurrirá o no antes de tiempo).
Ahora, un anuncio importante: acabo de entrar a semana de exámenes. De hecho esta semana ya tuve dos, así que no me ha sido fácil actualizar el capítulo, pero no quería dejarlo así sin informarles nada al respecto antes. Sin embargo a partir de YA me dedicaré exclusivamente a la escuela durante mayo, de manera que volveré a actualizar hasta junio, y evidentemente deberé actualizar primero Código Daidouji. Espero puedan comprender y definitivamente prometo regresar por aquí en cuanto me libere de estos compromisos. ¡Hasta la próxima!
