-¿Qué es lo que te duele, que os traicionara, o que él fuera el héroe?-Han pasado dos meses, dos largos meses desde aquello y ella por fin ha sacado el tema. Me mira, esperando una respuesta, pero no sé qué contestar. Podría mentirle, pero no se miente a la persona a la que quieres, podría decirle la verdad, pero sería mostrarme como un arrogante y un imbécil, y sería como pegarle un tiro a mi ego masculino delante de ella. Así que no contesto, la oigo suspirar, levanto la cabeza. -¡Maldita sea, Javi!, va a tener un bebé, ¿sabes lo qué me ha dicho Jenny? –Niego con la cabeza, no, no lo sé, pero seguro que ella me lo va a decir, empiezo a estar harto de que insista tanto, me pone de los nervios. –Que su niño no va a tener padrino, porque el idiota que tiene el título no se habla con el padre. Serías el padrino de ese niño, Javi, el padrino del hijo de tu mejor amigo, ¿tanto te cuesta perdonar?-¿Perdonar?, ¡no!, perdonar es fácil, lo que me cuesta es renunciar a este maldito orgullo. Un hijo… mi amigo va a tener un hijo… -¿Me estás escuchando? ¡Un hijo! ¡Tu ahijado!, ¿es qué no tienes sangre en las venas?-La miro, voy hacia ella, la beso con ímpetu, por fin se calla. –Gracias. -Me separo y voy hacia la puerta. -¿A dónde vas? –Le sonrío. –Tengo algo que hacer.

-¿Por qué no? –La desespero, niego con la cabeza, sonriéndole divertido. –No lo llamaremos Kevin, me niego. –Se muerde el labio y cruza lo brazos como una niña pequeña. No entiendo porque tiene tantas ganas de llamarlo como yo si resulta ser un niño. Se supone que soy yo el que debería desearlo, no ella. –Pero a mí me haría ilusión que se llame como su papá. –Me dice melosa, se acerca a mí, me pone ojitos, sabe que no puedo resistirme a ello. Tengo que ser fuerte, niego, ella me mira enfadada, intento no reírme, me divierte verla así, en cierto modo me recuerda a una versión femenina de Castle. –Mi padre fue muy cruel cuando me puso su nombre, ¿quieres qué él bebé me odie?, además podría ser niña. –Ella va a la cocina y bebe un vaso de agua, me sonríe diabólica. –Bueno, siempre podemos llamarlo como mi padre. -¿Llamar Bartholomew a un niño?, eso sí que es crueldad, veo en sus ojos un brillo de triunfo, intenta jugar conmigo, no soy idiota. –Bueno, si quieres, es un poco antiguo, pero no está mal. –Me mira horrorizada, me rio, ella se sienta en mi regazo y me da un manotazo. –No juegues conmigo amorcito, estoy muy sensible. –Sonriéndole, aparto un mechón de su cabello y la beso, con ternura. –Tú ganas, le pondremos Kevin, pero con una condición. –Me mira, esperando. –Será su segundo nombre.

Estoy nervioso, recuerdo esa vez que tuve que pedirle perdón a mi primera novia, cuando me pilló besando a su mejor amiga… bueno, por lo menos esta vez mi entrepierna está segura… escucho risas en el apartamento, puede que estén ocupados, mejor me voy… una voz me grita "cobarde" y se parece mucho a la de Lanie, me pone histérico. No soy un cobarde, estuve en el ejército, soy poli, puedo con esto.

-Cielo, llaman al timbre. –Me levanto con frustración, ella se acomoda el vestido. En cuanto abro la puerta me quedo sin habla. Debo de estar soñando. Jenny se levanta y nos mira, carraspea. –Cariño, ¿no vas a invitarlo a pasar? –Me hago un lado, entra despacio, le sonríe a mi mujer, ella le da un beso en la mejilla a modo de saludo. -¿Cómo estás, Javier? –Le oigo responder con un tímido bien, gracias, por cierto, ¡enhorabuena! Sorprendido lo miro, ¿cómo lo sabrá? El nombre de Lanie viene a mi cabeza. Esposito se sienta en el sofá, acompañado por mi mujer, que me sonríe y va al dormitorio. Cojo una silla y me siento enfrente. Bien, ha venido, y ahora ¿qué?

Tanto ensayar un lo siento aceptable y ahora estoy mudo. Ahora recuerdo cuando en clase la profesora me castigó por tirarle de las trenzas a mi compañera de pupitre y me miraba con sus ojos fríos y penetrantes, esperando una disculpa. La diferencia es que los ojos de mi amigo no reflejan enfado, sino confusión. Pruebo a romper el hielo. -¿Qué tal está Jenny? –Se encoge de hombros, dice que todo va bien, algunas nauseas y cansancio, nada fuera de lo normal. Otra vez silencio. -¿Le sacaste algo a la ayudante del senador? –Pregunto por el caso de la madre de Beckett, ese caso que él lleva junto a la bruja, mientras que yo sigo llevando casos menores. La voz de esa bruja resuena en mi cabeza: le he dado la oportunidad de trabajar con el inspector Ryan en este caso, pero ya veo que es incapaz de dejar sus diferencias de lado, así que vuelve a estar fuera… por ahí no Javi, no has venido a discutir, sino a pedir perdón.

No debo hablar de esto con él, pero me da igual, en esto estamos todos metidos, por mucho que Gates lo niegue. –Dice que no sabe nada, que el senador es un buen hombre, ya sabes, lo típico. Creo que tienen una aventura…, por eso lo defiende tanto. –Él asiente distraído, me pregunto si me estará escuchando. De todas maneras, dudo mucho que haya venido aquí por el caso, sigo esperando, pero mi paciencia empieza a agotarse. Tiene una bolsa en las manos, lo miro con curiosidad. -¿Qué es eso? –Me alarga la bolsa, sin hablar. Veo un biberón con ositos, dos chupetes, uno rosa y uno verde, un sonajero, un peluche con forma de perrito y varios baberos, uno más grande de lo normal. Lo miro y me rio: "A mi papá se le cae la baba conmigo" –Vaya… gracias Javi. –Esboza una sonrisa. –Sabiendo cómo eres con Jenny, supuse que necesitarías un babero para cuando nazca tu hijo, no lo vayas a llenar de babas. –Otra vez silencio. Abro la boca, pero no sé qué decirle, al fin y al cabo, no le voy a pedir disculpas, le salvé la vida a mi amiga, no me arrepiento de eso. –Kevin yo… lo siento tío-Nos miramos y suspiro. -¿Quieres una cerveza? –Asiente. Vamos a la cocina, Jenny vuelve del dormitorio, le sonrío. –Mira lo que le ha traído su padrino. –Y ahí estamos, otra vez somos nosotros dos, los compañeros, los amigos, los hermanos.