Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es mía :)


Welcome home

El tiempo pasa volando cuando uno está con la persona que ama. Nuestros días juntos eran muy especiales y nuestro amor crecía cada vez más. Edward me invitó a un restaurante muy elegante con motivo de nuestro segundo aniversario juntos. Llevábamos dos años y pareciera que hubiera sido toda la vida, no concebía mi vida sin él. Ahora por supuesto mi vientre era una gran pelota. Crecía cada vez más y me frustraba que cada mes tenía que comprar pantalones nuevos, pero tenía que pensar que cargaba a dos bebés dentro mío. Edward y su manera sobreprotectora estaban vigilándome todo el tiempo, según él ya no podía agacharme o cargar bolsas, no podía hacer nada. Pero lo que he estado haciendo últimamente es caminar mucho. Ir al parque a pensar y caminar un poco. Me gustaba ver a los niños y pensar en mis bebés crecidos jugando con Edward en los columpios. Estaba mucho más sensible que de costumbre y con Edward en las noches veíamos películas románticas o tristes y terminaba llorando como una magdalena. Él por supuesto aceptaba cada uno de mis cambios de humor y solo se resignaba a sobar mi pancita apaciguándome.

En el restaurante pedimos unos cebiches y Edward una copa de vino, yo un jugo natural. Teníamos una conversación muy amena y tocamos el tema del nombre de nuestros hijos, tarde o temprano tendríamos que hablarlo.

-No quiero que el niño se llame como yo.- dijo Edward, mi cara demostró un puchero.

-¿Porque?, a mí me gustaba Edward Jr.- dije.

-Tiene que ser algo más moderno.- dijo pensativo.- Que tal ¿Max? o ¿Adam?- pregunto.

-Yo tengo uno pensado.- le dije después de un rato.

-Dímelo.- me dijo ansioso.

-Se llamará Anthony William Cullen.- dije tímida. Su sonrisa se hizo más marcada.

-¿Quieres llamarlo como mi abuelo?, ¿William?- me dijo sorprendido.

-Pensé que te agradaría.- dije.

-Me encanta la idea.- dijo feliz.- Esme estará muy contenta también. Aunque asumo que Anthony es por mi.- me dijo. Yo le sonreí inocente.

-También tengo el nombre de la niña, pero me falta el segundo.- le dije.- Elizabeth.- Por su sonrisa, al parecer también le agradaba.

-Anne.- dijo de repente.- Elizabeth Anne Cullen.- tenía una gran sonrisa.

-Me gusta.- dije.- Tendrán los nombres más bonitos de la historia.- dije feliz. Y de repente sentí un empujón en mi estómago. Llevé mi mano maravillada a mi panza.- Oh.- dije emocionada.

-¿Amor?, ¿qué pasa?- preguntó preocupado.

-Están pateando.- dije con una sonrisa.- Acércate, siéntelos.- le dije. Edward se acercó y llevó su mano a mi vientre. Edward tenía sus ojos aguados y una expresión ansiosa.

-Es asombroso.- dijo, podía ver una protuberancia en mi estómago, de seguro era un bracito o una pierna.

-Entonces brindemos por nuestros hijos que vienen y por nosotros. Para que estemos juntos toda la eternidad.- dijo juntando nuestras copas. Lo besé tiernamente. Era la mujer más completa del mundo...

5 meses después

Tras mi graduación en la universidad de Londres con mi título en Letras, estaba feliz de que el periodo lejos de casa había terminado. Nuestros amigos estaban muy tristes por nuestra partida, al igual que el señor Berty. Lloré como una magdalena en ambas despedidas y sentí que dejaba a mi segunda familia, pero les prometí volver. Estaba muy emocionada, ya que volver a Chicago era como aceptar mi nueva realidad, en la cual tenía en camino a dos bebés, los cuales nacerían en exactamente un mes. Y estaba un poco abrumada también, tengo que hacer las compras necesarias en lo poco de tiempo que queda. Todavía no decidíamos si nos mudaríamos a una casa aún, ya que no era un solo bebé, eran dos, así que todo se duplicaba.

Nuestro vuelo a América fue muy tranquilo, aunque estaba muy ansiosa por volver, sentía un poco de tristeza al dejar Londres, me había encariñado con mis amigos y ahora no los vería muy seguido. Pero extrañaba mucho a los Cullen y a mi padre. Así que nerviosa y ansiosa llegamos a Chicago luego del largo viaje.

Salir del aeropuerto y sentir que ahora, definitivamente estaba volviendo a mi hogar, me daba una calidez interior, una felicidad tremenda de que al fin volvería a vivir con Edward y estar con nuestra familia. Entrar al departamento me dio una emoción gigantesca y cuando pasaba por el corredor empecé a llorar silenciosamente. Obviamente Edward lo notó y se acercó a abrazarme.

-Tranquila, cariño.- me tranquilizó.- Ya estamos aquí.- Lentamente, termine hipando y hablé.

-Estoy feliz de estar en casa.- dije frotando mis aguados ojos. Esa noche tuvimos una pequeña celebración de bienvenida haciendo el amor después de casi cinco meses lejos de nuestro hogar.

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Las cosas siguieron muy bien, Esme nos visitaba con regularidad y con mis ocho meses de embarazo las únicas cosas que tenía permitido hacer -bajo las estrictas órdenes de mi exagerado novio- era escribir mi columna semanal que había retomado en el diario Chicago U.S y pasarme el día en los centros comerciales viendo las cosas para los bebés. Edward por su parte, retomo su trabajo en la universidad, pero le ofrecieron el puesto a cargo de la administración de la oficina de orquesta en Chicago, que tenía como sede en la misma universidad. Así que ahora se la pasaba más tiempo en una oficina presentando proyectos que tocando música. Él decía que no le importaba, pero yo sabía que extrañaba dar clases y tocar su querido piano, el cual por suerte seguía tocando para mí.

Estaba con Edward en una tienda de coches, viendo el típico coche doble ajustable, necesario para nuestros hijos.

-Este tiene ruedas ajustables y es muy cómodo para llevar en autos o vans.- dijo la vendedora. Edward miraba a todo con el ceño fruncido sin realmente entender mucho, no es que yo lo hiciera también...todo era un poco abrumador.

-Creo que necesitamos uno que se pueda doblar y que tenga un rápido acceso a puertas y otras cosas.- dije media insegura. La dependiente nos mostró otro que era muy bonito, color negro con una mesita pequeña delante de cada silla. Tenía bolsitas traseras para llevar cosas y una tablita para sus pies. También una sombrita para el calor y las típicas correas de seguridad.

-Este se ve bastante seguro.- dijo Edward probando los broches.

-Lo es.- dijo la vendedora. Después de deliberar por un rato nos quedamos con ese. El servicio de delivery lo llevaba por un precio razonable y podíamos descartar otra cosa de nuestra lista de compras.

Fuimos directamente a la tienda de ropa para bebes y me maravillé con los trajecitos que habían. Todos muy coloridos y mejor aún, habían en parejas. Compre unos de marinerito demasiado lindos para cada uno, unos gorritos de color rosa para la niña y azul para el niño. Muchos baberos y pañales. También compré un bolso unisex para cuando tuviera que ir al hospital, con chupetes, unos pijamas para cada uno y otras cosas necesarias. Cuando Edward estaba un poco aburrido, y yo un poco hambrienta y cansada, fuimos al patio de comidas por unos deliciosos tacos.

-Creo que tenemos todo lo necesario.- dije antes de darle un buen mordisco a mi taco.

-Me alegro, es un poco escalofriante esos pasillos rebosantes de cosas de bebés, por todos lados y en cada esquina.- dijo estremecido.

-No seas llorón.- le dije.- Todavía no viene la peor parte...- le dije divertida.

-Pero Rosalie siempre está tan tranquila y...- dijo pero lo corté.

-Eso es lo que tú crees, por suerte Lucy ya está grande, porque tener a dos bebés es demasiado.

-No es demasiado para nosotros.- dijo seguro tomando mi mano a través de la mesa. Le di una sonrisa tranquilizante.

-Eso espero.

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Lo único que podía pensar en este momento era ¡diablillo del mal! Alice como siempre se sale con la suya y yo estúpidamente acepté su oferta de hacer un baby shower, que según ella sería algo muy sencillo, solo mujeres y familia cercana. Debí imaginar cómo terminaría todo. La casa de los Cullen parecía una tienda de niños, con caramelos en todas partes, guirnaldas sobre bebés y una gran y deliciosa torta con forma de biberón. Me aseguró que tenía juegos preparados con relación a los bebés y cosas por el estilo.

-Alice, ¿No crees que esto es un poco exagerado?- le pregunté mientras la acompañaba a la cocina.

-Despreocúpate.- me dijo quitándole importancia.- Tus amigas deben estar por llegar.- dijo. Al rato Rosalie llegó con sus pequeños y gente desconocida para mi pasó por la puerta.

-Alice.- le susurre medio asustada.- No hay nadie que yo conozca aquí.- le dije.

-Cálmate, te las presentare a todas.- me dijo acercándome a las extrañas mujeres.- Bella, te presento a Shelly es una amiga de Esme.- me dijo mostrándome a la mujer, que a pesar de que era de avanzada edad se veía bastante bien.

-Hola, querida, ¿eres la esposa del pequeño Edward?- me preguntó dulcemente, se parecía mucho a Esme. Al instante mi cara se volvió tomate.

-Eh... yo solo soy su novia.- dije nerviosa.

-Oh, claro.- dijo quitándole importancia.- Te ves muy hermosa con esa pancita.- dijo dándome una sonrisa y hiéndase a sentar. Alice me presentó a otras de sus amigas y personas relativamente desconocidas para mí. También me presentó a una vieja "amiga" de Edward.

-Bella, ella es Victoria, una querida amiga de la familia.- dijo Alice entusiasmada, pero la cara de la tal Victoria era todo menos amable.

-Es un gusto.- me dijo mirándome fijamente y dándole un apretón a mi mano. La mire extrañada.- Así que eres la nueva novia de Eddie.- dijo divertida. En eso Alice habló.

-Discúlpenme un poco, vengo altiro.- dijo dándome una mirada de disculpa, la miré con cara de horror, pero ella solo se fue. Se formó un silencio incómodo.

-Estoy sorprendida de que Edward haya sentado cabeza.- dijo.- Él siempre ha pensado en el matrimonio y en hijos, ya sabrás gracias a sus padres, pero nunca pensé que sería tan pronto.- dijo sorprendida.

-¿Tan pronto?- pregunté tímida.

-Todavía me acuerdo cuando solíamos ir a bailar toda la noche.- dijo pensativa.- Edward es un gran hombre, muy bondadoso y cariñoso.- dijo con una sonrisa.- Pero bueno, tú ya sabes esto. Estoy feliz de que vayan a tener un bebé.- dijo.

-¿Gracias?- medio pregunte. Al rato Alice nos llamó a sentarnos a la sala de estar y una grata conversación empezó.

La tarde pasó muy entretenida y me la pasé respondiendo la mayoría del tiempo preguntas sobre mí, Edward o con relación al bebé. Esme llegó justo al tiempo del pastel.

-Entonces... ¿Tu y Edward no piensan casarce pronto?- preguntó Victoria curiosa.

-Eh... bueno es algo de lo que solo hemos hablado...- dije un poco avergonzada y para mi suerte Victoria volvió a hablar.

-¿Enserio?- preguntó confundida.- Edward siempre ha dicho querer casarce.- Levanté mi vista hacia Esme que notó mi incomodidad hacia el tema.

-Bueno, creo que Bella y mi hijo tienen todavía mucho tiempo para pensar en eso.- dijo haciendo que todas sus amigas rieran y empezaran a parlotear de otros temas.

Luego de una hora de más conversaciones y muchas risas, las mujeres se empezaron a despedir y la mansión Cullen quedó en un gran silencio. Alice y Rose empezaron a limpiar y cuando me dirigía a ayudarlas, Esme me interceptó y me pidió que la acompañara un rato al jardín. Nos sentamos en una banca y nos quedamos en un cómodo silencio. Inconscientemente llevé mis manos a mi abultada panza y la acaricié vagamente.

-Bueno siento que Victoria te incomodara con su curiosidad.- me dijo dándome un mirada de disculpa.

-No te preocupes, Esme.- dije para tranquilizarla.- Este... ella fue novia de... ¿Edward?- pregunté tímida.

-Lo fueron.- dijo.- Pero fue casi una relación de hermanos más que nada. Así que hasta el día de hoy son amigos, pero nada más.- dijo para tranquilizarme.- Es solo que estima a Edward mucho, por eso se comporta un poco protectora con él.- me explicó. Yo solo le sonreí y ella me preguntó.

-¿Porque no quieres casarte con mi hijo?- dijo directa pero sin voz demandante.

-Esme... yo...- traté de explicarme.

-Edward me tiene mucha confianza... siempre acude a mi cuando tiene problemas o cuando esta confundido.- me dijo con una sonrisa.- Me contó sobre sus planes, sabiendo que estabas embarazada... y yo me pregunto porque todavía no los ha llevado a cabo.- me dijo dulcemente.

-Es un poco complicado... sabes la situación de mis padres y yo tenía la certeza de que nunca me casaría porque no quería que mis hijos sufrieran por ello, como lo hice yo a través del divorcio de mis padres. Amo a Edward más que a nada y me mataría el saber que gracias a una tonta firma nuestra hermosa relación muriera.

-Edward te ama también. Él ha tenido pocas novias y por la única que ha perdido el juicio es por ti.- dijo con una sonrisa.

-Yo creo que también estoy loca por él.- dije divertida.- Con Edward hemos hablado y decidimos que después de que nazcan nuestros hijos daremos el siguiente paso.

-Eso sería realmente estupendo.- dijo Esme emocionada. Me abrazó tiernamente y al separnos levanté mi vista y vi a mi hombre. Le sonreí dulcemente. Esme giró su cabeza y también lo vio.- Hijo.- dijo emocionada.- Bella acaba de decirme sus planes para después de que nazcan los gemelos.-

-¿Lo hizo?- preguntó divertido al ver la euforia de su madre.

-Estoy muy contenta por ustedes.- dijo mientras se dirigía dentro de la casa, dejándonos solos.

-Hola extraño.- le pinché el pecho.

-Hola extraña.- me abrazó.- Te he extrañado mucho hoy.- dijo con un lindo puchero.

-Yo también. Alice obviamente no me escuchó, invitó a gente desconocida para mí y no sé qué...- Edward me calló con un beso, el cual me dejo aturdida. Realmente lo extrañaba, junte mis brazos tras su cuello y me acerqué lo que más me permitía mis pequeños pateadores que hicieron acto de presencia.- Ves, saben que papi está cerca.- dije mirándolo a los ojos.

-Hola bebés.- dijo acariciando mi vientre.- Los extrañe mucho.- dijo dando un beso sobre lo que podría ser un pié o un bracito.

Nos despedimos de todos y tranquilamente volvimos a casa. Yo en el camino me quedé profundamente dormida y desperté solo cuando sentía que alguien me levantaba y llevaba como sonámbula al ascensor y luego sentí contra mi mejilla la suavidad de la almohada. Susurré un te amo y caí en la inconsciencia...

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Me dirigía a entregar mi columna semanal, iba más feliz que de costumbre ya que el día anterior fuimos al doctor con Edward para ver cómo iba todo y nos dio la fecha del nacimiento de nuestros bebés, veinte de septiembre. Faltaban exactamente diez días para tener a mis tesoros y estaba extremadamente feliz por ello. Solo faltaba que me pusiera a bailar como en los típicos musicales en las calles de Chicago. Llegué al edificio y salude al portero. Subí hasta el piso de edición y vi a Steve. Estaba un poco avergonzada ya que la última vez que lo vi, fue en ese bar donde Edward se portó como un verdadero cavernícola. Esperaba que lo hubiera olvidado. Y con respecto a mi embarazo, ya no había forma de ocultarlo y cuando lo hable con mi jefe, dijo que mi trabajo era muy flexible y que sería capaz de sobrellevar todo, siendo la responsable y trabajadora mujer que soy. Entré y lo salude.

-Hey Steve.- dije con una sonrisa amable.

-Wow, Bella. Ha pasado mucho tiempo desde que no te veía.- dijo mirando divertido mi panza.

-¿Tan grande estoy?- pregunté avergonzada pero con una risita.

-Nah.- dijo tomando la carpeta que deje sobre su escritorio.- Vaya, "Bebé a bordo".- dijo leyendo el título de mi columna.

-Estaba inspirada, que puedo decir.- dije alzando mis hombros.

-Bueno, de seguro muchas madres quedaran impresionadas.-

-Eso espero...- dije ilusionada.

-¿Tienes fecha ya?- preguntó refiriendose a mis hijos.

-El veinte de septiembre.- dije entusiasmada.- Estoy muy ansiosa.

-Me alegro por ti, Bella.

-Gracias.- dije sincera.- Fue bueno verte Steve, pero me están esperando.- dije recordando mi salida con Alice.

-Suerte.- me dijo. Le sonreí.

Salí directo al ascensor y recibí un mensaje de la duende diciendo que estaba frente a mi edificio. Me despedí de todos los conocidos que vi en el camino, hasta que salí de la ostentosa construcción. Divisé a Alice asiéndome señas para verla y al llegar a la acera mire a ambos lados antes de cruzar. Empecé a caminar rápido pero mi cartera cayó al suelo. Luego todo pasó casi en un segundo. Con mi gran vientre me fue muy difícil agacharme a recogerlo y sin darme cuanta escuche el chirrido de unas llantas al frenar y un grito proveniente de Alice me hizo levantar la cabeza al auto que venía sin control hacía mí. Lo último que pensé al sentir el fuerte impacto fue en mis bebés...


Espero que les guste el cap. Siento no haber actualizado en muchoo tiempo, pero ahora estoy de vacaciones y estaré más seguido. El siguiente cap tendra una sorpresa. Espero que les guste. Besos Cami.