Nota: ¡Hola, lectoras y lectores!

Siento haber estado desaparecida tanto tiempo, pero mi vida ha dado muchas vueltas durante los últimos meses. Ahora que creo que la cosa se ha estabilizado tengo muchas ganas de seguir con el fic, así que intentaré actualizarlo tan a menudo como me sea posible (aunque no prometo una periodicidad fija porque tengo otras cosas entre manos y la vida no me da para más).

El caso es que he reestructurado un poco la trama y he decidido que tirará por un camino diferente al que había imaginado al principio. Por eso he editado el último capítulo que colgué y le he eliminado la escena de sexo entre Kylo y Rey. Lo siento. Prometo compensaros por esa escena más adelante.

Además, he revisado todo el fic y lo he corregido un poco, aunque la trama es la misma y los cambios son muy pequeños. Por si a alguien le apetece una relectura.

En fin, espero que la historia os siga interesando.

Gracias por leer y por la paciencia.

¡Un abrazo!

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21. Encerrona

Kylo sabía que el silencio que el general Hux le dedicaba era mil veces peor que una amenaza. Iba más allá incluso que el desprecio. Era el vacío elevado a la enésima potencia.

El general observaba impasible el espacio vacío que había quedado frente a ellos después del salto al hiperespacio que los había alejado de Chandrilia; un vacío que era sinónimo de muerte. El resto de la tripulación permanecía a la espera, apostados en sus puestos de trabajo. Incluso los almirantes seguían mudos. Solo la capitana Berice tuvo el valor de dirigirse al general, tras un tiempo prudencial.

—¿Cuáles son las órdenes, señor?

Hux se volvió hacia ella poco a poco y le dirigió una mirada de hielo. De todos modos, recobró la compostura en cuestión de segundos, al darse cuenta de la situación.

—Informe de daños —pidió.

—Hemos perdido veintitrés cazas y sus correspondientes pilotos, señor. El Percutor ha sufrido daños estructurales, aunque puede seguir navegando. Poco más de un centenar de soldados han sufrido heridas de diversa consideración y han tenido que ser atendidos.

—¿Y esa escoria rebelde?

—Hemos calculado un total de dieciséis bajas entre las naves enemigas.

—Solo dieciséis —murmuró entre dientes—. De acuerdo. Gracias, capitana. —Y volviéndose hacia Kylo, pero sin mirarlo directamente, añadió—: ¿Le parece bien si regresamos a la base, Líder Supremo?

—No tengo ninguna objeción.

—Perfecto. Pues ya lo han oído: ponga rumbo a Apoptiona III.

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La Primera Orden había nacido y crecido en las Regiones Desconocidas, por eso su sede central se encontraba en la tercera luna del planeta minero Apoptiona, un enclave menor situado en la zona. Kylo había estado en la luna antes, pero siempre de paso, porque sus misiones para Snoke solían llevarlo por diferentes puntos de la Galaxia. Pero ahora, como nuevo Líder Supremo, las lujosas instalaciones que pertenecieron a su maestro en el pasado eran ahora suyas.

Al llegar, las recorrió en silencio, observándolas como quien evalúa algo nuevo, extraño y ajeno. No estaba acostumbrado al lujo. Aunque cuando era pequeño su madre todavía conservaba el rango de princesa, ella nunca se había excedido en sus privilegios. Tenían su apartamento y su nave privadas, pero no hacían ostentaciones como las de otros senadores que vivían en auténticos palacios.

Después, en el templo Jedi, las pocas comodidades que había conocido de niño se esfumaron y fueran sustituidas por la parquedad y la sencillez que promulgaban las enseñanzas Jedi. Y aunque esas condiciones mejoraron notablemente cuando se unió a la Primera Orden y se convirtió en la mano derecha de Snoke, la mayor parte de esos últimos diez años lo había pasado en habitaciones de metal de alguna nave, yendo de un lado para otro de la Galaxia.

Los aposentos del Líder Supremo ocupaban la totalidad la torre más alta del castillo. Las construcciones anexas eran modernas y funcionales, edificadas todas ellas en los últimos veinte años. Pero el edificio original, con la arquitectura típica del lugar, que ejercía de centro neurálgico de la base se había conservado como tal. Se trataba de un castillo con una alta e imponente torre, construido en piedra escarlata, que daba cobijo a las salas de reuniones y también a los aposentos de los miembros de mayor rango.

La planta tenía un dormitorio con una gran balconada, que ofrecía una vista excelente de todo el complejo, y la cama con dosel podía albergar un regimiento entero. Los baños eran ostentosos hasta decir basta, con una bañera que parecía un mar entero, hecha de un mineral de color turquesa veteado en blanco que hacía que el agua brillase en su interior. Había también un despacho, una sala de reuniones y un comedor, todo amueblado con objetos de incalculable valor.

Kylo no se molestó en comprobar todas las dependencias que estaban a su disposición; tampoco tenía tiempo ni ganas para ello. Había cosas más importantes que hacer. Llamó a Marudd, que en ese momento custodiaba su puerta, y le ordenó que fuera a buscar a Yang Sook.

—Lo siento, señor —se excusó el caballero—. Yang Sook está reunida con el general Hux.

La expresión de Kylo evidenció sus sorpresa.

—¿Con Hux? ¿Por qué no me habéis informado de esto?

—Ha sido algo improvisado. Iba a contárselo ahora, cuando hubiese terminado de instalarse. El general también ha pedido que lo avisáramos de que ha concertado una reunión para esta misma tarde. Quiere tratar el tema de la batalla de Chandrilia y desea que usted asista, maestro.

—¿Que desea que yo asista? ¿Quién se ha creído que es ese imbécil para organizar reuniones a mis espaldas? Como sea. Y, Marudd, si Hux pide hablar con otro de vosotros, quiero que me aviséis enseguida, ¿entendido?

—Por supuesto, maestro.

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Le sorprendió llegar el último a la reunión y la certeza de que Hux le había dado a propósito una indicación errónea sobre la hora lo golpeó como un mazazo.

—Excelencia —lo saludó casualmente el general al verlo llegar, como si no supiera lo que en verdad estaba ocurriendo—. Le esperábamos. Estamos hablando sobre la estrategia a seguir a continuación, después del fracaso de Chandrilia. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Qué cree que deberíamos hacer?

El Líder Supremo miró a su alrededor. Quince pares de ojos estaban puestos sobre él y esperaban una reacción por su parte. Conocía a todos esos hombres y mujeres; había llevado a cabo innumerables misiones junto a ellos. Pero ahora le parecían extraños. Una ondulación en el aire le advertía de que Hux había plantado la semilla de la duda en todos ellos y ahora lo evaluaban en busca de cualquier fisura en sus formas o en su discurso.

—La de hoy ha sido una derrota dolorosa —empezó a decir Kylo, respondiendo al guante que le había lanzado Hux—. Pero ha sido una derrota menor.

Hubo un leve murmullo en la sala y algunos de los presentes se miraron entre ellos. Kylo hizo como que no se daba cuenta de ello y siguió hablando.

—Nuestro dominio sobre la Galaxia sigue siendo fuerte. Thyferra y Bothawui ya son nuestras. Acabamos con el intento de la República de restaurar el senado en Coruscant. Y, aunque los mundos del Núcleo como el mismo Coruscant, Chandrilia o Corelia, aún se nos resisten, es una mera cuestión de tiempo.

—Pero el poder de los rebeldes crece de nuevo —comentó Hux, arrojando la única sombra posible sobre el discurso de Kylo—. La de hoy es una victoria que podría darles alas. Nos han cogido con la guardia baja y las habladurías se esparcirán pronto por toda la Galaxia. No podemos dejarles campar a sus anchas. Si consiguen reunir un ejército mayor, quizás supongan un peligro futuro para nosotros.

Muchos de los almirantes asintieron, preocupados. El general sabía utilizar bien la retórica para ponerlos de su lado.

Kylo sabía que ahora mismo los rebeldes no eran enemigos para la Primera Orden. Que hubiesen ganado la batalla de Chandrilia había sido una conjunción de casualidades, entre las que se encontraba su propio sabotaje. Nunca ganarían la guerra. Enfrentarse a ellos era casi una pérdida de tiempo que quería evitar para proteger a Rey.

Sin embargo, no podía decirles aquello a los almirantes porque parecería que no se tomaba en serio el problema. Ahora, más que nunca, necesitaba ganarse su apoyo al tiempo que minaba el de Hux. Quizá si les ofrecía algo que los distrajera el tiempo suficiente, podría pensar en un plan que le permitiera reconducir la situación.

—Naboo debe seguir siendo nuestra prioridad, ahora que el grueso de nuestras fuerzas ha quedado libre tras las batallas de Thyferra y Bothawui. No lo olviden. Sin embargo, podemos designar a un escuadrón que se ocupe de localizar la base rebelde. Un efectivo discreto que no comprometa las demás campañas y que actúe por libre. Estoy seguro de que si ahora deciden engrosar sus filas e incorporar nuevos soldados será más probable que alguien hable de más. Destruir de nuevo su base les daría el golpe de gracia definitivo.

La mirada de Hux se iluminó y Kylo supo que alguna cosa no había ido como él planeaba.

—Una idea brillante, excelencia. Pero, ¿a quién encomendar una misión tan importante? Debe ser un grupo competente y confiable, que conozca bien los bajos fondos de la Galaxia. Un grupo capaz de encontrar lo inhallable. Porque todos sabemos que los nuevos rebeldes están cuidando mucho su seguridad. Fue toda una proeza que descubriéramos lo de Coruscant. Por eso debemos elegir una dotación con gran habilidad, fuerte y discreta. Un grupo capaz de todo. Como por ejemplo… los Caballeros de Ren.

De tan intensa, la sorpresa de Kylo fue casi audible y aunque intentó no mostrarlo, supo que algo de su turbación de reflejó en su gesto.

—A no ser que ahora mismo tengan algo más importante en lo que ocupar su tiempo —añadió Hux, de manera casual, aunque sabía perfectamente que había lanzado un dardo ganador.

Kylo dudó unos instantes, antes de responder, secamente:

—Se ocupan de mi seguridad.

—Pero, señor, ahora mismo se encuentra en Apoptiona III. Aquí no necesita protección. Tiene al ejército entero a su disposición.

El Líder Supremo apretó el puño bajo la mesa, donde nadie podía verle. Hux lo había hecho caer en su trampa sin que se diera cuenta. Y, lo peor de todo, había sido él mismo el que se había metido en aquella encerrona sin verlo venir.

Se preguntó cómo podía revertir aquella situación y volverla a su favor, pero no se le ocurría nada. De hecho, Hux estaba en lo cierto al mencionar que los Caballeros de Ren eran los más indicados para una misión como aquella. En otras circunstancias él mismo habría lanzado aquella propuesta.

—Además, la caballero Yang Sook Mi ha demostrado ser un gran efectivo en la batalla de Chandrilia. De haber tenido un grupo más numeroso a sus órdenes estoy seguro de que habría conseguido hacerse con Ciudad Hana. Estoy convencido de que será una excelente comandante, ¿no cree?

Hubo un murmullo generalizado en la sala. Los almirantes aguardaban expectantes una respuesta y Kylo sabía que no podía ser una negativa. Porque, en ese caso, estaría mostrando a sus subalternos que no confiaba en la seguridad que le ofrecían.

—Tiene razón, general Hux: Yang Sook Mi será una comandante excelente.

—Entonces, ¿está de acuerdo en que los Caballeros de Ren se ocupen de esta misión?

—Sí, me parece bien. Mañana mismo me reuniré con ellos para darles las órdenes pertinentes. Yo mismo supervisare la misión.

Los almirantes suspiraron aliviados. Pero Kylo estaba lejos de sentirse conforme. Cuando hubiera enviado lejos a sus caballeros, Hux lo tendría en sus manos. Tenía que encontrar pronto una solución a aquel jaque mate de su enemigo o la partida podía acabar en derrota.

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La frustración lo consumía cuando llegó a sus aposentos. Quería hablar con Yang Sook, pero estaba demasiado alterado para hacerlo. Por otro lado, tampoco quería que Hux viera como una victoria el hecho de que él se fuera corriendo a buscarla tras lo ocurrido. Necesitaba aparentar una imagen de autosuficiencia y seguridad frente a su rival. Por eso ordenó que nadie lo molestara y dejó a Marudd custodiando las únicas escaleras que subían hasta la planta más alta de la torre.

Allí, se dedicó a pasearse como una bestia enjaulada.

¿Era posible que la batalla contra Hux estuviera ya perdida? El general le llevaba muchísima ventaja en cuanto juego sucio se refería. A cada nuevo encuentro, Kylo salía peor parado. Y con esa última jugada no solo le había arrebatado a los únicos en quien confiaba, sino que además los había vuelto en su contra. Aunque los Caballeros de Ren estuvieran al corriente sus diferencias con Hux, no sabían nada de Rey. Ni tampoco de que, de forma indirecta, él estaba ayudando al enemigo.

La única excepción era Yang Sook. Pero ella sola no podría engañar al resto de sus compañeros. Y aunque le ordenara sabotear la misión, aquello no duraría eternamente. Tarde o temprano encontrarían la base rebelde o acabarían por descubrirla a ella.

¿Y entonces?

Bufó, exasperado.

Y entonces percibió una ondulación en la Fuerza; el preludio de una visita.

Detuvo sus pasos en medio de la habitación y miró a su alrededor, buscándola. No la encontró. Aun así podía sentirla; estaba muy cerca. Olvidado por un momento todo lo que tenía en la cabeza, salió de la habitación y caminó por el pasillo que unía el resto de dependencias. Se detuvo frente al comedor, porque allí la sensación de familiaridad era mayor.

Entonces la vio.