Creo que este capítulo es de los más largos que he escrito. Espero que os guste, porque se destapa el misterio principal. A partir de aquí comienza todo el follón... XD

Avisé que se me había ido la olla. Esto está lleno de personajes inventados, pero con una trama inventada, era necesario. Espero que satisfaga las expectativas de todos. Especialmente de Quinn (te tengo muy presente). Quinn, tus plegarias han sido escuchadas, pero poco a poco, ¿eh? XD

Bueno, me callo ya.

¡Que lo disfrutéis!

Syad


Los guerreros Z estaban reunidos alrededor de la mesa de centro del salón de los Briefs. Habían tomado asiento y escuchaban con sorpresa el relato que Arien hacía de los últimos y extraños acontecimientos. La chica les explicó con detalle todo, desde la aparición de la extraña Hada, hasta su huída del monstruo la noche anterior.

Vegeta, que había regresado al detectar el ki de Piccolo y el de Dende en la Corporación, se hallaba un poco retirado de los demás, mirando a través de una ventana, y prestando atención a todo lo que Arien decía.

Cuando la chica terminó su relato guardaron silencio unos instantes, tratando de buscarle una explicación a todo aquello. El primero en hablar fue Krilin. Aquella historia le parecía de las más extrañas que había oído, y eso que él era una de las personas que más situaciones sin explicación había vivido junto a Son Goku.

- Todo esto es muy extraño. Veamos, si Dende despertó en Arien poderes que ella desconocía tener, esto daría una explicación a lo de la lata congelada en casa de Milk y Gohan. Pero ¿Qué pasa con los seres que se le han aparecido? ¿Tienen alguna relación con lo de Dende? – reflexionó el cabeza rapada.

Dende se sentía culpable de haber ocasionado problemas a sus amigos, más ahora, que sabía que había tenido consecuencias para Arien.

Bulma, sentada junto a Arien, puso una mano en su hombro, para reconfortarla, y dijo:

- No te preocupes, Arien. Trataremos de buscar una explicación a todo.

La chica la miró con ojos agradecidos y suspiró. Trunks que permanecía de pie apoyado en una pared, no había dejado de mirarla, y mordía suavemente la uña de su dedo pulgar, con gesto concentrado.

- Como dice Krilin, esta claro que lo del extraño poder que Arien experimentó ayer tiene que ver con lo que Dende hizo – El pequeño namekiano se encogió cuando escuchó su nombre. - Lo del monstruo me ha recordado un poco a lo que ocurrió cuando Garlick Jr trató de dominar la Tierra. ¿Os acordáis de que liberó una especie de sustancia que controlaba la mente de las personas? Tal como Arien ha descrito las acciones del monstruo, es como si alguien lo hubiera estado controlando para que la atacara. – reflexionó Son Gohan. Trunks le miró.

- Pero ¿quién pude haber querido atacarla? – preguntó, con gesto frustrado.

- Mmmmh… - Murmuró Mutenroshi, atusándose la barba, pensativo. Los guerreros Z le miraron y esperaron a que hablara.

El maestro Mutenroshi se levantó, y mirando a Arien con gesto serio, dijo:

- Tal y como has explicado todo, tanto la aparición del ser extraño, la del monstruo controlado por alguien, y sobretodo la transformación instantánea del líquido en hielo… Diría que sí… Podría tratarse de magia antigua.

- ¿Magia antigua? – preguntó Bulma - ¿Qué quiere decir con eso, maestro? – Mutenroshi la miró sonriendo.

- Es una simple hipótesis. Hacía muchos años que no oía nada parecido, y sólo le encuentro relación con una cosa. De la historia que voy a explicaros sólo conozco una parte, y muy ligeramente.

"Hace miles de años, existían unas personas que tenían poderes místicos. Poseían poderes asombrosos relacionados con la naturaleza. Existían 4. Uno dominaba el Fuego, otro la Tierra, otro el Agua y el último, el Aire. Cada uno de ellos controlaba su elemento a su voluntad. Por ejemplo, el de fuego podía generar este elemento de la nada, o sofocarlo. El de Tierra, podía provocar terremotos o deslizamientos de tierra, y tenía una fuerza sobrehumana. El de agua, podía hacer crecer el nivel de los ríos y el mar y provocar violentos maremotos, y el de Aire, podía cambiar la temperatura ambiente a voluntad, desde un calor sofocante a un frío polar, y también podía congelar objetos o derretirlos. Estas extrañas personas eran inmortales y cambiaban su aspecto físico cuando querían.

La leyenda dice que eran espíritus místicos que protegían el planeta. Podían contactar con otros seres extraños de la naturaleza, tanto benignos como malignos, y vivían en parajes recónditos, tratando siempre de mantenerse alejados de las personas. Con el tiempo, estos seres fueron desapareciendo, hasta que al final no se supo nunca más de ninguno de ellos. La leyenda dice que cuando los humanos comenzaron a proliferar masivamente en la Tierra, ellos la abandonaron, ya que sentían mucho dolor viendo cómo las personas destruían la naturaleza o la modificaban para su propio beneficio. Nadie sabe de dónde vinieron ni a dónde fueron estos seres. "

Los guerreros Z guardaron silencio tras escuchar el relato del maestro.

- Lo hechos extraños que acabas de explicar, me recuerdan mucho a esta antigua leyenda. – dijo Mutenroshi dirigiéndose a Arien y acercándose un poco más a ella. – Lamentablemente, no puedo ayudaros mucho más respecto a esto. Son leyendas demasiado antiguas y mi memoria no alcanza más allá de lo que os he contado ya – El maestro, miró a Arien con ternura, y ella le sonrió.

- No se preocupe, maestro – le dijo, gentilmente. Entonces, las gafas de sol del maestro brillaron con un extraño destello, mientras continuaba observando a Arien.

- Pero, se me ocurre algo… - Los guerreros Z prestaron más atención entonces a Mutenroshi, esperando sus sabias palabras. – ¡Si Arien deja que le toque los pechos haré un esfuerzo más para recordar!

Bulma rompió la mesa de centro en la cabeza del maestro, mientras los guerreros Z casi se caen de sus asientos con la salida del maestro. Arien, completamente colorada, rodeó su pecho con sus brazos en un gesto instintivo, y Trunks, desde su rincón, trató de llamar al orden a Mutenroshi.

- ¡Maestro Roshi! ¡Por favor! ¡Este asunto es muy serio!

- ¡Ja! ¿Y qué te crees que lo mío no? – se quejó Roshi, con un gran chichón en su calva cabeza – ¡Estos jóvenes de hoy en día no saben lo que es no tocar a una mujer guapa! Pero claro, ¡como tú estás harto de tocarle el trasero!... ¿Tu maestro no te enseñó a compartir?

Esta vez fue Milk la encargada de devolver a Mutenroshi un poco de cordura, atizándole en la cabeza con un mazo gigante que nadie supo de dónde sacó, mientras Trunks era incapaz de borrar de su rostro el rubor que le acababa de aparecer. Tras unos instantes de confusión, todos volvieron su atención al asunto que estaban discutiendo.

- Si el maestro Roshi está en lo cierto, esa antigua leyenda debe estar escrita en algún sitio, o debe conocerla alguien. – Aventuró Ten Shin Han – Podríamos preguntarle al maestro Karin, quizás él conoce la respuesta.

- No lo creo – dijo Piccolo – El maestro Karin, tiene más conocimientos sobre el más allá que sobre leyendas antiguas de la Tierra. Recordad que lleva siglos viviendo aislado del mundo.

- ¿Entonces quién pude ayudarnos? – preguntó Son Gohan. En ese momento, el maestro Roshi logró levantarse del suelo con sendos chichones en la cabeza, y dijo:

- Si estoy en lo cierto, sólo hay una persona que tenga conocimientos sobre magia antigua y que pueda conocer las antiguas leyendas, no en vano es una bruja. – Todos volvieron su atención al maestro, expectantes – Mi hermana, Uranai Baba.

- Un momento – dijo Trunks, acercándose al grupo. – ¿Uranai Baba es su hermana?

- Mi hermana mayor, en efecto. ¿La conoces? – preguntó Roshi al muchacho.

- La conocí en el más allá, ella vino a recogerme para llevarme de vuelta al mundo de los vivos… Creí que se trataba de un espíritu o algo parecido.

- No es un espíritu. Mi hermana es una médium, y es de las pocas personas que pueden entrar en el mundo de los muertos y conceder privilegios a las ánimas. Creo que ella podrá ayudaros.

- Uranai Baba nos ayudó a apagar el incendio del castillo de mi padre antes de que Goku y yo nos casáramos. – comentó Milk- … aunque es una vieja un poco cascarrabias supongo que os ayudará a resolver este misterio. – concluyó la señora Son.

El resto de la velada, Roshi les dio indicaciones a Trunks y Arien sobre cómo llegar a la guarida de la bruja Baba, un palacio situado en el margen de un gran lago.

Trunks apuntó las coordenadas del palacio en su reloj gps: FS 199.644 CC.

La fiesta terminó sin más sorpresas, la señora Briefs ofreció más pasteles a los invitados, quienes, tras tantas emociones y misterios habían perdido el apetito, bueno, casi todos. Oolong y el maestro Roshi dieron buena cuenta de un último pastel, mientras el resto de guerreros Z se despedían de la familia Briefs agradeciéndoles la velada.

Por la noche, una vez todos se hubieron marchado, Arien subió a su habitación a intentar dormir. Al día siguiente ella y Trunks irían a visitar a Uranai Baba, para tratar de averiguar qué era lo que le estaba ocurriendo.

Trunks, daba vueltas por el salón, pensativamente. No podía dejar de pensar que si Arien se hubiera quedado en el futuro nada de aquello habría ocurrido, ahora lo veía todo desde otra perpectiva. Resopló, algo frustrado, sin poder explicarse porqué la chica no le había dicho nada de aquello antes. El hecho de que Dende y Piccolo se hubieran desplazado hasta allí para decírselo sólo mostraba la importancia que podía tener todo aquello, y la extraña historia de Mutenroshi, aún añadía más suspense al tema.

Se hallaban ante unos sucesos desconocidos para cualquier guerrero Z, inexplicables e impredecibles, y lo peor de todo, era que Arien estaba en el centro de ellos.

- No servirá de nada que te martirices así. – dijo una voz a su espalda. Trunks se giró y vio a su padre, con una botella de zumo en la mano.

- Lo sé, pero no puedo evitarlo – confesó el muchacho dirigiendo su mirada al suelo.

- Trata de estar alerta y de averiguar cuanto antes de qué se trata todo este embrollo. – le dijo Vegeta antes de comenzar a subir por las escaleras. – ¡Ah! Lo olvidaba. – se detuvo - Agradécele a tu querido amigo Dende que haya puesto en peligro a tu novia. – Tras decir esto reanudó su camino mientras murmuraba – sólo a los inútiles de los humanos se les ocurre poner a un inexperto namekiano como kami-sama. Tsk, insectos…

Trunks se quedó con la mirada fija en las escaleras por las que su padre acababa de desaparecer. No sabía si tomar las palabras de su padre como un consejo o como una ofensa.

Al cabo de un par de horas, con el edificio de la Corporación Cápsula en calma, Trunks estaba en el balcón de su habitación, apoyado en la barandilla y observando la ciudad. Llevaba una camiseta de manga corta y unos pantalones cortos a modo de pijama. No podía dormir, no podía dejar de darle vueltas a los acontecimientos de los últimos días, y a lo que el maestro Mutenroshi les había dicho.

En aquel momento, llamaron a la puerta de su habitación. Trunks se giró y se dirigió al interior de su cuarto para abrir la puerta. Cuando lo hizo, encontró a una sonrojada Arien esperando con la mirada fija en el suelo.

- ¡Arien! Creía que dormías ya. – dijo Trunks, sorprendido de ver a la chica frente a su puerta a las 2 de la madrugada.

- No puedo dormir, Trunks. No paro de abrir los ojos y verificar que no hay monstruos a mi alrededor esta noche. – confesó la chica, sin desviar su vista del piso.

- Debes descansar, anoche no dormiste mucho y mañana iremos a ver a Uranai Baba, debes dormir lo que puedas. – le aconsejó Trunks.

- Pero… no estoy tranquila estando yo sola en mi habitación… Trunks… Me preguntaba si… - balbuceaba la chica.

- ¿Qué? – le animó Trunks.

- Si… si podría dormir contigo esta noche. – dijo ella, manteniendo su mirada fija en el suelo, abochornada. Trunks, sin esperarse aquella proposición, no sabía qué decir. Por un lado no le parecía caballeroso dormir con Arien, pero por otro lado no podía dejar sola a la chica si tenía miedo.

- Bueno… supongo que no habrá problema. – contestó el chico. Arien levantó la vista y sonrió, aún algo ruborizada. – Pasa. – la invitó Trunks.

Arien entró en la habitación del chico y se fijó en que su cama estaba aún sin deshacer.

- ¿No estabas durmiendo? – preguntó, extrañada.

- Aún no tenía sueño, estaba en el balcón.

- Pero esta noche hace bastante frío, ¿estabas en el balcón en pijama? – dijo ella, observando su vestimenta.

- Sí – contestó él, sin darle mayor importancia a aquel hecho.

- Pero puedes resfriarte si permaneces quieto con tan poca ropa a la intemperie. – comentó Arien, mientras se dirigía al baño de la habitación a dejar sus enseres de aseo. Tras hacerlo, apagó la luz del baño y cerró la puerta tras de sí.

- Bueno, los saiyajins no nos resfriamos fácilmente. Nuestro calor corporal no se disipa así sin más. Además, nuestra temperatura corporal es dos grados mayor que la de los humanos.

Arien observó curiosa al chico, tras aquella confesión. Siempre que había tocado a Trunks le había llamado la atención su calidez, ahora entendía porqué desprendía aquel agradable calor. La chica sonrió.

- Entonces eres como una estufa ¿no? – comentó, divertida.

- Algo así – respondió él, rodando sus ojos. Permanecieron ambos en la penumbra de la habitación mirándose en un silencio incómodo que ninguno de los dos sabía cómo romper.

- Bueno – se atrevió a decir ella - ¿cómo vamos a dormir?

- Tú duerme en la cama. Yo dormiré en el suelo. – respondió el chico.

- ¿Qué? Trunks me sabe mal que duermas en el suelo, es tu habitación. Yo lo haré, ¿de acuerdo? – dijo la chica.

- De ninguna manera. – se negó Trunks – Tú necesitas descansar, y no será la primera vez que duermo en el suelo. En sitios peores he dormido… - Admitió el chico.

- Bueno, pero déjame que busque en el vestidor si hay algún futón, por lo menos.

Arien abrió la puerta del vestidor y buscó en su interior. Efectivamente, en el fondo del armario, entre toda la ropa que Bulma había comprado para Trunks, había un grueso futón envuelto en una funda de plástico. Arien lo desenvolvió y lo puso en el suelo, junto a la cama.

Los chicos se tumbaron en sus respectivas camas y quedaron ambos mirándose. Trunks estaba bocarriba, con las manos detrás de su nuca, y Arien, de costado, miraba al chico desde el borde de su colchón.

La muchacha, llevó entonces su mano a la mejilla de él, acariciándole suavemente mientras le sonreía. En aquel momento, la alarma de un coche rompió el silencio de la noche, sobresaltando a Arien en su cama, haciendo que sus ojos se abrieran lo máximo que podían.

- No te preocupes, sólo es una alarma – le dijo Trunks. Ella suspiró y trató de relajarse de nuevo, con su mano aún tocando el hombro del muchacho. El, la miró a los ojos. Sin duda, se había convertido en una chica muy atractiva. No había podido evitar fijarse en ella en la fiesta, y había notado que los demás también se fijaban en ella. Aún le parecía verla con aquellos tacones y vestida con aquel vestido tan sexy, que le había hecho perder la noción del tiempo por unos instantes, algo que nunca antes había experimentado. Un hormigueo comenzó a recorrerle el cuerpo, y sin poder reprimir el impulso se incorporó, situando su rostro muy cerca del de ella. – Oye… quiero que sepas que no dejaré que te pase nada malo.

La chica sonrió agradecida, ligeramente ruborizada por la corta distancia a la que se encontraba de él. Apoyó el mentón sobre el dorso de una mano y con la otra acarició el cabello de Trunks.

- Ya lo sé, Trunks. Siempre has sido mi ángel guardián, desde que éramos pequeños. – rió ella.

- Eres muy importante para mí, Arien. – dijo el muchacho, con expresión seria. La chica le miró con la misma expresión. – Te quiero.

- Yo también te quiero. – le respondió ella.

En la oscuridad de la habitación, se fundieron ambos en un beso lleno de amor, que cada segundo que pasaba se tornaba más apasionado. Trunks enredó sus dedos en el cabello castaño de ella mientras introducía su lengua en la boca de la chica una y otra vez con movimientos hipnóticos.

Los párpados de Arien comenzaron a temblar de deseo, y sujetando al chico por el cuello de la camiseta, lo atrajo hacia ella y hacia la cama. Trunks se incorporó sin romper aquel tórrido beso y apoyó a su enamorada en la cama, comenzando a tumbarse encima de ella.

Pronto, sus manos pasaron de su cabello castaño a dibujar sus hombros, el hueco de su clavícula, y a bajar hacia sus costados. Las detuvo en la línea inferior de sus senos y entonces, de nuevo, la inoportuna alarma de aquel coche volvió a sonar, haciendo que el semi-saiyajin volviera en sí.

Trunks abrió los ojos y vio que se hallaba sobre Arien, con las manos colocadas en un lugar no muy pudoroso del cuerpo de la chica. El muchacho se separó de ella, desviando la vista, sonrojado.

- No está bien. Esto no está bien. – murmuró, mientras volvía a su futón, dejando a una pasmada Arien esperando una continuación de aquel tórrido beso que casi acaba en algo más.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó ella.

- Arien, no quiero aprovecharme de ti. – dijo el chico, tumbándose en el improvisado lecho, de espaldas a ella.

- ¿Qué? – preguntó ella, atónita - ¿Aprovecharte de mí? Pero si no…

- Trata de dormirte, mañana será un día muy duro – le aconsejó el chico con voz autoritaria.

Arien, sin saber exactamente qué acababa de pasar, frunció el ceño y se tumbó en la cama agitando violentamente las sábanas, colocándose también de espaldas a él.

Ninguno de los dos añadió nada más aquella noche. Antes de cerrar los ojos, Arien se tocó los labios, donde aún conservaba el dulzor del aliento del guerrero, quien, por un momento, había hecho que su corazón latiera como loco.

La castaña, con el ceño fruncido, agitaba su café con leche con decisión, con un movimiento automático, casi robótico. La señora Briefs la miraba con su habitual expresión e intercambiaba miradas enigmáticas con su hija, que en silencio, se hallaba frente a Arien sujetando una revista que había dejado de leer, y desviando la mirada de los ojos de su madre a los de la chica.

"¿Aprovecharse de mí?" pensaba la chica. "¿No has pensado que quizás yo QUERÍA que lo hicieras?" "¡Estúpido… Saiyajin sin cola!"

- ¡Arien! – La chica sacudió la cabeza en aquel instante, volviendo en sí. Levantó la vista y su mirada se cruzó con la inquisitiva mirada de Bulma, que la había estado llamando sin éxito hasta que la última vez había resultado. – Vas a marear el café. – comentó la peliazul. Arien miró su taza y comprobó que había más café en la mesa que en la taza. La chica suspiró, levantándose a buscar un trapo para limpiar aquello. Una vez lo hizo, volvió a su sitio y se dispuso de nuevo a agitar su taza. – Nena, creo que ya está bastante mezclado… - dijo Bulma.

- ¡Ah! Sí, lo siento. – contestó la chica, soltando la cucharilla. Arien apoyó el mentón en su mano izquierda y comenzó a tamborilear con la derecha en la mesa.

- ¿Te preocupa algo? – le preguntó la peliazul, dejando a un lado la revista que estaba ojeando.

- ¿Qué? ¡Oh, no! No es nada. Bueno quizás me preocupa un poco la visita a la bruja Baba. – contestó Arien, disimulando. Tomó un sorbo de su café mientras desviaba la vista hacia un ventanal lateral.

- … ¿Estás segura de que no te pasa nada más? – Inquirió Bulma, acercándose un poco más a ella. Arien negó con la cabeza. – ¿Sabes una cosa? – dijo la peliazul entonces – Yo he tenido mil veces exactamente el mismo estado de ánimo que tienes tú ahora mismo. Sé lo que es "aguantar" a un saiyajin, aunque sea mestizo… - Arien miró a Bulma con sorpresa, levantando las cejas. Volvió a beber de su taza nerviosamente, y Bulma continuó. – Si tienes algún problema, o necesitas hablar con alguien. Puedes contar conmigo. – concluyó Bulma, sonriendo cómplice. Arien le devolvió la sonrisa y le contestó:

- Gracias Bulma, pero de verdad, estoy bien. – "Pero dudo que te gustara saber que tengo unas ganas tremendas de acostarme con tu hijo, y que lo que me pasa es que estoy frustrada porque él me rechazó anoche". Pensó la chica, con inexpresividad en el rostro.

En aquel momento, trunks apareció en la cocina. Aquella mañana se había levantado muy temprano, pero no había ido a entrenar con su padre. Lo había hecho para evitar la situación violenta de encontrarse con Arien despierta tras lo sucedido la noche anterior. Los dos chicos se miraron en silencio, y tras ruborizarse, apartaron la mirada. Trunks se dirigió al refrigerador y Arien observaba con atención y con gesto hosco algún punto en la dirección contraria a la ubicación de la nevera.

Bulma observó aquel paripé en silencio, mirando de reojo a Trunks y volviendo la vista al rostro de Arien, donde podía ver un atisbo de indignación y enfado que la chica, pese a esforzarse, no lograba esconder.

Trunks sacó de la nevera un brik de leche, y tras coger un vaso de la alacena, caminó hasta la mesa donde las dos mujeres se hallaban sentadas en silencio. Mirando de reojo a Arien, se sentó junto a ella. Se sirvió un vaso de leche, y mientras bebía miraba de reojo la reacción de la castaña, quien, continuaba con la mirada fija en dirección opuesta a donde estaba él.

Bulma creyó que en aquel momento podría haber cortado el aire con un cuchillo de la tensión que había entre ambos.

Arien, sin poder aguantar más aquella situación, se levantó de su silla y se dirigió al fregadero para lavar su taza. Una vez lo hubo hecho, se encaminó suspirando hacia las escaleras, para desaparecer por ellas en dirección a los pisos superiores, sin antes dirigirle ninguna palabra a Trunks.

Bulma, observaba los movimientos de ambos, y cuando la chica se retiró, le arrebató el brik de leche a su hijo de las manos, que se disponía a servirse otro vaso, y le dijo.

- ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué me he perdido? – preguntó, con el ceño fruncido.

- Nada mamá. – contestó el chico.

- No me vengas con esas. Arien me ha esquivado pero tú no lo harás – dijo Bulma. Trunks miró a su madre con frustración. Odiaba que le acorralaran de aquella manera.

- Mamá, a veces no sé si lo que hago está bien o está mal. – Bulma guardó silencio, esperando a que Trunks continuara – Sobretodo con respecto a ella. Muchas veces no sé cómo actuar. Siempre he estado con ella, siempre hemos estado juntos, pero desde que somos novios, tengo miedo. – El chico guardó silencio y tragó saliva – tengo miedo de lastimarla.

- Pero, ¿cómo vas a lastimarla? No he visto un novio más atento que tú en mucho tiempo. No creo que ella pueda sentirse dañada por nada de lo que digas. – comentó Bulma, dando un sorbo a su café sin azucar. Trunks guardó silencio, mirando de reojo a su madre, y tras pensarlo unos instantes, continuó hablando.

- … Nn… no mamá. No me refiero a ese tipo de… daño. – el híbrido, prestó entonces toda su atención en el contenido de su vaso mientras notaba que la temperatura de sus orejas subía vertiginosamente. Bulma comprendió entonces de qué le hablaba el chico, y se tapó la boca con la mano, sorprendida.

- B… Bueno, yo no puedo decirte mucho acerca de eso… Sólo una cosa, en ese código genético de simio que compartís los saiyajins existe un atisbo de cordura que os hace controlar las situaciones, tanto frente a los más horribles enemigos como frente al más frágil de los seres. Recuérdalo bien, y confía un poco más en ti mismo. - Bulma se levantó de su silla y recogió su taza. - No te niegues la felicidad, – prosiguió la peliazul - porque te arrepentirás por ello. –y dio una palmada en el hombro a Trunks, que se quedó en su sitio reflexionando sobre lo que su madre había comentado.

Tras un viaje de lo más silencioso, los chicos se habían desplazado hasta la guarida de Uranai Baba. Durante el trayecto, intercambiaron miradas furtivas, sin saber qué decirse realmente. Ninguno de los dos quería afrontar la situación y resolver lo que había pasado.

Arien, estaba dolida. Ella no tenía experiencia con los chicos. Nunca había estado con uno, lo único que sabía era que le quería, y que quería estar con él, y obviamente cada vez se sentía más atraída por él, pero no sabía cómo demostrarlo, si cuando lo hacía él reaccionaba de aquella manera. Ella siempre había sido muy visceral, impulsiva. Había quedado patente que muchas veces actuaba sin pensarlo, y para ella era mejor así. Se dejaba llevar por sus sentimientos, y la noche anterior, le había costado caro hacerlo. Se sentía ofendida, y lo peor era que no sabía porqué el chico la había rechazado de aquella manera, si parecía que tenía las mismas ganas que ella.

Cuando Trunks finalmente se decidió a romper el silencio, el radar de la nave que pilotaba les avisó que se acercaban al punto donde se encontraba el palacio de Uranai Baba.

En efecto, cerca de un lago inmenso podía observarse ya desde la nave un tempo que parecía habitado. Era de arquitectura antigua y estaba muy bien conservado, pese a que parecía que no había nadie a su alrededor.

Los chicos aterrizaron frente al edificio, y Trunks paró los motores, tras lo cual, abrió la escotilla de la nave y saltó al exterior. Una vez fuera se giró para ayudar a bajar a Arien, quien, tras comprobar que la distancia al suelo no era muy grande, optó por saltar por su cuenta, sin aceptar la ayuda de él. Aterrizó en el suelo de cuclillas, y se sacudió las manos, enderezándose para mirar el edificio.

Trunks, frunció el ceño. Comprendía que la chica estuviera dolida pero no entendía porqué le ignoraba de aquella forma. Resoplando, se acercó a la nave y levantó la tapa que cubría el botón de encapsulado. Lo accionó y la nave desapareció, ocupando su lugar una pequeña cápsula de color rojo.

Arien y Trunks comenzaron a caminar hacia el edificio. Era raro que nadie saliera a recibirles. Tampoco se oía a nadie en el interior. Los chicos se adentraron en la penumbra y comenzaron a avanzar en silencio, esperando. Pero nadie acudía.

- ¿Hola? – Dijo arien, tímidamente, recibiendo a cambio únicamente el eco de sus palabras. Aquella estancia estaba vacía. - ¿Hay alguien? – volvió a preguntar la chica.

- Esto parece que esté vacío. – comentó Trunks.

- No se ve nada – dijo la chica, tratando de esforzarse por vislumbrar algo más allá de su propia nariz.

- Espera, iluminaré esto un poco. – dijo Trunks. Alzó una mano y generó en su palma un pequeño punto de energía, lo suficiente poderoso como para iluminar la sala, descubriendo súbitamente un horrible rostro apenas a 3 centímetros del de Arien.

- ¡Uuuuaaaagh! – chilló la chica, cayendo al suelo de culo, y protegiendose instintivamente del extraño con un brazo frente a ella.

Trunks se situó rápidamente entre ella y el desconocido en actitud desafiante, haciendo aumentar su aura de guerrero, y al acercarse más a Arien y al extraño, la luz alumbró mejor a este último. Era una persona pequeñita, con el cabello violeta, y vestida de negro. Un sombrero picudo cubría su cabeza y se hallaba flotando sobre una bola de cristal.

- ¡Baba! – Se sorprendió el muchacho, retirando en seguida su actitud de pelea.

- ¡No debería sorprenderte tanto! ¿Estás en mi casa no? – replicó la bruja, huraña.

- ¿Usted es Uranai Baba? – preguntó Arien, levantándose del suelo.

La bruja Baba la miró inquisitivamente, y Trunks le dijo:

- Baba, ella es mi novia, Arien.

- Mmmh – murmuró Baba, sin quitarle el ojo de encima a la chica. Parecía que no escuchaba al semi-saiyajin, quien tragaba saliva esperando una respuesta de la médium.

Baba flotó hasta donde estaba Arien, situándose justo en frente de ella, observando sus ojos con atención. Se mantuvo así durante unos segundos, en los que Arien no supo si parpadear o no.

- ¡Más luz! – gritó entonces la bruja, e instantáneamente, las lámparas de aquella vacía y enorme estancia, que habían permanecido ocultas, se encendieron. Baba volvió su vista de nuevo a los ojos de Arien, y de pronto sujetó su mentón firmemente, impidiéndole retirarse.

- ¡Aaaay! – se quejó la chica. La bruja ejercía una presa no muy gentil sobre su cara, y la hacía encoger sus labios estrechando su boca como la de un besugo.

- Sí, no tengo la menor duda. Hacía días que había notado tu presencia. Así que te has dignado a aparecer. – dijo la Bruja, soltando a Arien bruscamente y sonriéndole con gesto torcido. Arien se frotó la cara, donde la bruja la había tenido sujeta, y Trunks, que había observado todo aquello, comentó:

- Uranai, ¿a qué te refieres?

- Supongo que habéis venido a que os despeje las dudas al porqué esta chica, aparentemente inofensiva y normal, está experimentando y viendo cosas extrañas, ¿no es cierto? – Preguntó secamente la médium. - ¡Venid conmigo! – ordenó súbitamente.

Dio la vuelta y se dirigió flotando a una puerta situada al otro lado del marco por donde habían entrado. Tras atravesarla, se hallaron ante un estrecho puente que unía el edificio que acababan de abandonar con otro un poco más pequeño.

Los tres entraron en el segundo edificio y Trunks y Arien, vieron que se hallaban dentro de lo que parecía una sala de estar, decorada de forma extravagante.

- ¡Tomad asiento! – ordenó de nuevo la bruja. Los chicos se miraron y se apresuraron a obedecer a la médium, sentándose en un sofá de colores chillones. La bruja, hizo aparecer ante ellos una tetera, un azucarero y 3 tazas con sus respectivas cucharillas. La tetera sirvió té en las tazas de forma autónoma, sin que Baba la tocara. – ¿Con azucar? – preguntó la bruja a Arien.

- ¡Sí, dos cucharadas, por favor! – se apresuró a contestar la chica. Baba, miró entonces a Trunks, esperando una contestación para la misma pregunta.

- Eh, lo mismo para mí.- dijo el muchacho.

Una vez las tazas estuvieron servidas, la tetera desapareció, y cada taza flotó suavemente hasta llegar a las manos de sus respectivos dueños, que las tomaron con delicadeza, como si se fueran a romper.

- A ver. Explícame qué cosas has visto ya, y qué cosas has hecho – preguntó Baba a Arien.

La muchacha le explicó entonces todo lo referente al ser diminuto, a la lata, y al monstruo, y la bruja Baba escuchó en silencio todo el relato. Cuando la chica terminó, aguardó a que la médium le diera un veredicto o una explicación a todo aquello.

Aquel silencio era un suspense insoportable para los dos chicos, que esperaban a que la bruja diera unos cuantos sorbos a su té. Baba, fruncía los labios haciendo que aparecieran miles de arrugas en su cara cada vez que bebía. En medio de aquel silencio, comenzó a oírse el repiqueteo de la taza de Arien contra el platillo que la sostenía, mientras ella esperaba, tratando de ser paciente.

Cinco minutos después la paciencia de la castaña se había esfumado ya, y sin poder evitarlo gritó:

- ¡Uranai, por favor! – Trunks dio un respingo, y la bruja también se sobresaltó, derramando parte de su té.

- ¡No estoy sorda, mocosa! – replicó la bruja, también en un grito, mientras se sacudía la negra túnica de las gotas de té que la habían salpicado – esta juventud no tiene respeto por los mayores. – murmuró para sí.

- … Lo siento – se disculpó la muchacha – Pero es que ya no puedo más con todo este misterio.

- ¡De acuerdo, de acuerdo! – Accedió Baba, haciendo desaparecer las tres tazas por arte de magia – ya no le permiten a una ni disfrutar de los pequeños placeres de la vida, como tomar un té tranquilamente.

Trunks miró a Arien de reojo y comenzó a sonreír sin evitarlo. Sin ninguna duda, era imprevisible, en todos los sentidos. Atreverse a llamarle la atención a la mismísima Uranai Baba, no era algo muy normal… La chica permanecía en su sitio en silencio, con las manos en el regazo y ligeramente ruborizada.

- La historia que voy a contaros es muy antigua, prestad atención. Ya no queda mucha gente que la recuerde. Espero no olvidar ningún detalle.

"Al principio de los tiempos, mucho antes de que los reyes Kaioh existieran, mucho antes de que los primeros humanos aparecieran en el mundo, existían dos entidades, Valas y Tumno. Valas representaba la luz, y Tumno la oscuridad. Valas protegía la vida y Tumno controlaba la muerte.

Junto a la Luz y la Oscuridad, 8 entidades no tan poderosas ayudaban en su cometido. Cuatro de ellas, junto a Valas, controlaban las estaciones y la naturaleza. Estos se llamaban Dewin. Junto a Tumno, otros cuatro se encargaban de recoger a las almas de los muertos y llevarlos al más allá. Estos se llamaban Mörk.

Como el Ying y el Yang, entre los Dewin y los Mörk siempre hubo un equilibrio, el equilibrio entre la vida y la muerte. Valas y Tumno eran los más poderosos, y los Mörk y los Dewin les debían lealtad. Valas y los Dewin permanecían en la Tierra, rodeados junto a todo lo que representaba la vida, la naturaleza, los seres vivos, etc. Y Tumno y los Mörk estaban en el más allá, recibiendo y protegiendo a las almas de los muertos provenientes de la Tierra.

Cuando los humanos aparecieron y comenzaron a tener conciencia de sí mismos y a hacer el mal, Tumno decidió separar a las almas bondadosas de las que no lo eran, y así creó el Averno, donde las almas maléficas permanecen confinadas por los siglos de los siglos, hasta nuestros tiempos.

Tumno creyó que custodiar a las almas malvadas requería de todo su esfuerzo, así que legó a los dioses Kaioh la responsabilidad de velar de las almas bondadosas y el más allá, mientras que él se internó en el Averno, para controlar a los demonios que lo habitaban.

Un día Tumno decidió visitar la Tierra. Vio que era un mundo hermoso, lleno de vida, de color y de criaturas maravillosas. Pero Tumno vio que los seres humanos eran crueles, despiadados y algunos de ellos malvados. Tumno creyó que la raza humana no era merecedora de la vida en la Tierra, ya que destruían todo aquello que tocaban, y visitó a los Dewin para decirles que debían eliminar a la raza humana para proteger el planeta.

Los Dewin nunca interferían en el curso de las vidas de los humanos, ni para su beneficio, ni en su detrimento, así que le dijeron a Valas lo que Tumno planeaba. Valas decidió vigilar a Tumno y a los Mörk, e hizo bien, porque al poco tiempo de su visita a la Tierra, Tumno, al ver que no contaba con el apoyo de la Luz, decidió actuar por sí solo, y exterminar a la raza humana. Los Dewin y los Mork, libraron batallas increíbles que hicieron temblar la Tierra, estallar volcanes y cambiar el aspecto de los continentes, hasta que quedaron tal y como los conocemos hoy día, pero Tumno no consiguió lo que quería, los Dewin protegían la raza humana de la violencia de los Mörk. Así que Tumno decidió que para poder acabar con los humanos, primero debía destruir a los Dewin. Si les dejaba sin protección tendría a los humanos a su merced.
Valas, supo en seguida de las intenciones de Tumno cuando vio que dejaba de atacar a las poblaciones de hombres e intentaba atacar a los Dewin por separado, así que les puso sobre aviso.

Desde aquel momento, los Dewin se mantuvieron ocultos a los Mörk, de forma que no podían encontrarles a menos que atacaran la Tierra o a los humanos, entonces los Dewin acudían en su defensa. Pero a causa del equilibrio innato y necesario entre los Mörk y los Dewin, la victoria nunca se decantaba por un bando u otro. Tumno esperaba poder atacar a los Dewin en solitario, era la única alternativa posible, pero cuando los Dewin aparecían alertados por un ataque de los Mörk, aparecían los cuatro juntos, y en igualdad de número, no había nada que hacer.
Si un Dewin permanecía en su forma espiritual, era fácilmente detectado por los Mörk. Del mismo modo que la luz es a la oscuridad, cada Dewin tenía su contraparte en un Mörk. Y cada Mörk trataba de contactar con su alter ego de la Luz, para tratar de destruírlo.

Así que durante mucho tiempo, los Dewin ocultaron su presencia para esconderse de los Mörk. Lo hicieron introduciéndose en los cuerpos de personas o animales. Al ser cuerpos mortales, los Dewin permanecían unidos a sus huéspedes hasta que morían, entonces salían del cuerpo y buscaban otro para introducirse. Normalmente escogían a recién nacidos, y compartían el cuerpo con el alma que había sido asignada a él hasta el día de su muerte.
La persona tenía la conciencia de su alma principal y los poderes del Dewin que le poseía. Al formar el Dewin un único ser junto a una persona y su alma, su presencia quedaba oculta para los Mörk. Eran invisibles.

Aunque no todo eran beneficios. Podían sentir el dolor, la tristeza y la desesperación que sentía el ánima a la que se hallaban unidos, y parte de sus poderes no podían ser utilizados si no querían alertar a los enemigos.

Tumno, frustrado por no poder atacar a los Dewin por sorpresa. Decidió atacar a Valas, quien llevaba tiempo esperando algo así. Valas mediante un hechizo consiguió confinar a Tumno en el Averno, disminuyendo su influencia en la Tierra.

Al no contar con los poderes de Tumno, los Mörk no podían atravesar la frontera entre la vida y la muerte, y no podían llegar a la Tierra. Entonces se hicieron con la ayuda de las almas que moraban en el Averno.
Con la ayuda de Tumno, los Mörk enviaron a las almas de nuevo a los cuerpos que habitaron en la tierra, ahora cadáveres, para poder encontrar a los Dewin. Los cuerpos putrefactos, estaban malditos, y absorbían la vida de aquellos a quienes tocaban. Se llamaban Moradores. Así que los Dewin, dentro de sus cuerpos mortales debían destruir estos muertos vivientes evitando que les tocaran. Los Moradores, a diferencia de los Mörk, encontraban a los Dewin ocultos en cuerpos mortales, por medio del olfato.

Los Dewin, asediados por los moradores apenas podían mantenerse ocultos, y Valas, para proteger a los Dewin, envió de nuevo a la Tierra a las almas que quedaban atrapadas en el limbo. Una vez allí, estas almas se introducían en los elementos de la naturaleza y de ellos nacían como criaturas nuevas y extrañas. Una vez en aquellos cuerpos, Valas les otorgó la inmortalidad, aunque podían ser heridos y podían morir a causa de esas heridas.

Así comenzaron a aparecer Elfos y Hadas en la Tierra, siempre presentes en lugares inhóspitos y en la profundidad de los bosques, justo donde los Dewin moraban. Algunas personas han podido ver a un hada o un elfo durante su vida. Eso quería decir que, sin saberlo, estuvieron muy cerca de un Dewin dentro de su forma humana."

La bruja Baba guardó silencio en aquel momento. Arien estaba llorando. Lágrimas silenciosas le recorrían las mejillas, y ella trataba de ocultarlas sin miedo. Así que todo aquello tenía una explicación. Ahora lo entendía todo. Fue un hada lo que vio en el parque, y un Morador lo que la atacó aquella noche.

Trunks la miró en silencio, apretando los dientes. Todo aquello superaba con creces lo que él había imaginado. Era demasiado grande, demasiado incluso para él. Podía imaginar cómo se sentía Arien en aquel momento.

La chica se recompuso y miró a Baba, quien, respetuosa, por primera vez desde que entraron en su casa, aguardaba a que la muchacha se tranquilizara para proseguir su relato. Aunque Arien ya sospechaba cómo seguía aquella historia. Uranai siguió hablando:

- Los Dewin abandonaban los cuerpos de sus huéspedes en el momento de la muerte de estos, para introducirse en otro cuerpo, lo más rápido que podían, tratando así de no ser detectados por los Moradores.

"Justo en el momento en que el Dewin de Aire salió del cuerpo moribundo que había estado habitando hasta hace unos días, Dende utilizó sus poderes para curar a Arien, y sin saberlo utilizó la técnica del maestro Saichoro, y el Dewin detectó el creciente potencial de Arien desde donde fuera que estaba, se sintió atraído y se introdujo en tu cuerpo, Arien."

Aquello era lo que Arien había temido desde que Uranai Baba había comenzado su relato.

- Resumiendo, y llegando a la parte principal. – prosiguió Baba. – Eres Orkan, el Dewin del Aire, el Hada que viste es una criatura que ha enviado Valas para protegerte de los Moradores, que ya han encontrado tu rastro en la Corporación Cápsula y volverán a buscarte en cualquier momento.

En aquel momento, Arien sintió que se le helaba la sangre en las venas.


Bueno, bueno, bueno...

¡Vaya marrón!

¿Qué hará Arien a partir de ahora? Todo esto se escapa a cualquier cosa que la chica se había imaginado. Haber sido poseída por un ente parecido a una deidad supera todas sus expectativas.

¿Qué podrá hacer si se le vuelve a manifestar un Morador?

¿Podrá defenderse?

¿Volverá a manifestarse Orkan como en casa de los Son?

¡Todo esto y muchos sorpresas más en los próximos capítulos!

¡Besos para todos!

¡Ah! ¡Y espero vuestros maravillosos comentarios!

¡Hasta el próximo capítulo!