Gracias por las reviews y por leer el fic.

Este capítulo empieza desde un poco antes donde se quedó el otro, para que se sepa qué fue lo que Espo le decía a Rick.


Presiono el botón rojo del mando a distancia, apagando así el televisor, justo en el momento en el que Simba iba a comenzar a cantar. Miro a Allan con cariño quien se ha quedado completamente dormido, tumbado en el sofá, mientras veía la película.

Le acaricio la cabeza unos segundos antes de cogerlo en brazos, con cuidado de no despertarlo, para subirlo a su dormitorio. Todavía no ha cenado, pero ha merendado bastante bien, así que, a no ser que se despierte más tarde, no creo que debamos preocuparnos por él en toda la noche. Además, ya le di su baño antes de ponernos a ver la película juntos, por lo que también le puse su pijama.

Cuando llegamos al piso superior, abro la puerta de su dormitorio y aparto a un lado las mantas de su cama, acostándolo con cuidado. Sonrío al ver que se le ha caído la baba y ha mojado mi camiseta. Le limpio con cuidado y contengo la risa cuando hace un gracioso gesto con sus labios al sentir la toallita húmeda sobre ellos. Espero unos segundos, comprobando que continúa durmiendo, y después lo arropo, colocando después la barra protectora en la cama para que no se caiga en mitad de la noche. Enciendo el intercomunicador y salgo de su dormitorio, sintiendo de pronto todo el silencio de la casa.

Pienso por unos momentos qué puedo hacer hasta que Kate llegue del trabajo, y lo mejor que se me ocurre, es ponerme a escribir así que, voy hasta mi nuevo despacho y enciendo el portátil, abriendo después un documento en blanco. Paso mis dedos por el teclado sin escribir nada todavía, mientras mi mente trabaja en ello. Sin embargo no puedo evitar pensar en lo ocurrido anoche. Una pequeña sensación de felicidad recorre mi mente al pensar en ello. Por fin Kate y yo lo conseguimos. Creo que ahora se puede sentir bien en todos los sentidos y, aunque el trauma por el que tuvo que pasar hace dos años, estará siempre presente en su vida, ahora podemos comenzar una vida juntos los tres. Allan, ella y yo, sin tener mayores preocupaciones.

Una idea cruza mi mente y estoy a punto de comenzar a escribir cuando suena el timbre. Chasco la lengua y, con un suspiro, abandono mi despacho y me encamino hacia el piso de abajo. Cuando estoy a medio camino, el timbre vuelve a sonar de manera insistente y yo suspiro, esperando que, sea quien sea que esté al otro lado, no despierte a Allan.

Cuando abro la puerta me encuentro con Esposito, su dedo sobre el timbre, con la intención de volver a llamar. Frunzo el entrecejo, sin comprender qué hace él aquí.

-¿Esposito?

-¿Puedo hablar contigo un momento? – pregunta él, con un tono de preocupación.

Es entonces cuando me fijo en su rostro, parece tenso y preocupado.

-¿Kate, dónde está, ella…? – siento cómo un nudo comienza a formarse en mi estómago.

-Ella está bien – me tranquiliza él - ¿Puedo pasar? No… ella no va a tardar mucho en regresar del trabajo y…

-¿No sabe que estás aquí? – pregunto, haciéndome a un lado y dejándolo pasar.

Entra hasta el salón y yo lo sigo, se gira hacia mí y su propio rostro me responde con una negativa. Comprendo entonces que sea lo que sea es algo importante, algo por lo que seguramente yo deba preocuparme.

-¿Qué es? – le pregunto, serio.

Él se sienta en el sofá y yo le imito.

-Ese hijo de puta…

-¿Qué? – pregunto, sin llegar a comprender.

-Josh.

En el mismo instante en que escucho su nombre siento cómo la sangre me hierve. Aprieto mi mandíbula, tratando de controlar la rabia y espero a que Espo me explique qué es lo que pasa con ese cabrón.

-Va a salir de la cárcel.

Me levanto impulsivamente del sofá, apretando mis puños hasta hacerme daño.

-Eso no puede ser – digo, furioso. Esposito me mira de manera seria, casi tan indignado y furioso como yo - ¿Cómo…? – Bufo antes de seguir hablando, incapaz de comprender nada - ¿Cómo es posible que vaya a salir? Destrozó a Kate, él…

-Lo sé – dice él, suspirando – Pero no hay pruebas de lo que hizo.

-¿Qué quieres decir con que no hay pruebas?

-Cuando Kate… Cuando todo ocurrió, Kate debería haberlo denunciado – explica – Le habrían hecho un examen médico y existiría una constancia de su agresión.

-Joder, ella estaba demasiado asustada – grito yo – Claro que debería haberlo denunciado pero si ni siquiera se lo contó a nadie.

-Ya, pues el punto es que como no existen pruebas de lo que hizo, cuando fue encarcelado solamente lo acusaron por presunta agresión sexual. Cuatro años de condena con reducción por buen comportamiento, lo que ha quedado en poco más de dos años.

Bufo de nuevo, pasándome las manos por el pelo, sin saber qué hacer, sintiendo unas ganas enormes de golpear algo.

-Tío, Espo, tú… sabes el daño que le hizo a Kate – digo, acercándome a él – No podemos dejar que simplemente salga y ya está. Tiene que pagar por lo que hizo.

-Por eso he venido – dice él en un tono confidente – Te juro que como lo vea le retuerzo el cuello con mis propias manos – asegura con rabia.

Yo vuelvo a apretar mis puños y la mandíbula con fuerza, pues como me cruce con esa despreciable persona sería capaz de golpearlo hasta matarlo sin importarme nada más.

-Lo único que podemos hacer es hacerle confesar – dice de repente – Tenderle una trampa, grabarle y hacerle confesar lo que le hizo.

-¿No hay otra manera de hacerlo? – pregunto, pues la sola posibilidad de acercarme a Josh me repugna, y acercarme a él significaría acercar a mi familia a él, y no puedo permitir que eso ocurra.

-Se podría recurrir la sentencia, pero eso llevaría meses, en los que él estaría fuera. Y no creo que finalmente llegásemos a nada si seguimos sin tener pruebas.

-¿Y los exámenes psiquiátricos de Kate, no sirve eso, no determinan por lo que Kate pasó?

-Ya le hicieron un examen psiquiátrico que sirvió para encarcelarlo por presunta agresión – dice, resaltando la palabra presunta – Lo que necesitamos son pruebas físicas, o una confesión en este caso.

Vuelvo a sentarme en el sofá, enterrando mi cabeza entre los brazos, comprendiendo que Esposito tiene razón, que la única manera de conseguir que Josh pague por lo que le hizo a Kate es enfrentarnos a él y conseguir una confesión.

-¿Ella no lo sabe? – pregunto, aún sabiendo la respuesta, pues de otra manera Kate ya estaría aquí o como mínimo me habría llamado para contármelo.

Él niega y se sienta a mi lado.

-Entonces no se lo decimos. No podemos volver a hacerle pasar por esto. No ahora que… - guardo silencio durante unos segundos – Ahora que habíamos empezado a ser felices.

Justo cuando Espo está a punto de decir algo, el sonido de la cerradura de la puerta nos hace callar de repente, girándonos hacia la entrada, para ver cómo Kate nos mira a ambos, extrañada seguramente por ver a su compañero aquí.

-Hola – dice, acercándose hacia nosotros.

-Hola – le saludo, tratando de fingir una sonrisa. Debo relajarme si quiero que no sepa el motivo que ha llevado a Esposito hasta nuestra casa.

Espo se levanta, diciendo que debe marcharse y ella comienza a hacerle preguntas, sin entender por qué está aquí. Rápidamente me invento alguna excusa.

-Quiere mi Ferrari – digo con tono de fastidio. Espo me sigue el juego y le explica que quería darle una sorpresa a Lanie, por su aniversario.

En el fondo no creo que Kate se haya tragado del todo nuestra excusa, pero de momento la da por válida, y Espo sale ganando, consiguiendo mi Ferrari durante unos días. Se despide de Kate y lo acompaño hasta la puerta.

-Te llamo y hablamos lo que sea – le susurro, tratando de que Kate no me escuche.

-Claro, bro – me dice él, dándome una suave palmada en el hombro.

Cierro la puerta y regreso al salón. Kate me mira, con la frente arrugada. Está tratando de descifrar qué tramamos Esposito y yo así que me obligo a mí mismo a relajarme, y lo mejor que conozco para relajarme es ella.

Reduzco las distancias entre nosotros y pongo mis manos en su cintura, atrayéndola más hacia mí. Acaricio con mi mano su mentón, alzando su cabeza hacia mí y la beso durante unos segundos, consiguiendo dejar a un lado por un momento todo lo demás.

-¿Todo bien? – me pregunta, tras separarnos unos centímetros.

-Mmm – le miro con cariño, y le retiro un par de mechones de pelo de la cara, colocándoselos detrás de la oreja.

-¿Seguro que Espo ha venido por lo del Ferrari, que no pasa nada más? – pregunta con cierto tono de preocupación.

-Claro que ha venido por eso, ¿por qué lo dices? – le digo, totalmente tranquilo, mientras por dentro me siento fatal por estar mintiéndole.

-No sé… teníais una actitud rara.

-No. Él… solo me estaba pidiendo el coche, de verdad.

-Vale – dice, al mismo tiempo que asiente con la cabeza. Esto hace que me sienta todavía peor, ya que ella está poniendo toda su confianza en mí, sin embargo sé que no le puedo contar la verdad. Eso significaría volver a todo lo que por fin hemos conseguido dejar atrás.

Cuando le digo que Allan se ha quedado completamente dormido viendo El Rey León, sonríe tiernamente y yo comienzo a besarla y hablarle con un tono picante. Acabo besándole con urgencia y pocos segundos después estamos subiendo las escaleras, con el único objetivo de llegar a nuestra cama. Sin embargo, cuando estamos en lo alto de las escaleras, el llanto de Allan nos interrumpe.


Voy al dormitorio y me tumbo sobre la cama. Miro el techo con preocupación, pensando en lo que me ha dicho Espo, aunque mi preocupación se reduce a una gran sonrisa cuando por la puerta del dormitorio aparece Kate con Allan en brazos. Viene abrazado al cuello de Kate, pero girado sobre su cuerpo, sujetando en su mano un peluche de tortuga.

Sonríe al verme, haciendo que el chupete que lleva en la boca caiga, aunque por suerte Kate lo coge al vuelo.

-Toma cariño – dice, ofreciéndole de nuevo el chupete a Allan, quien no duda en cogerlo y volvérselo a meter en la boca.

-¿Qué hace este campeón aquí? – pregunto yo cuando Kate se acerca con él a la cama, tumbándose y colocando a Allan entre los dos.

-No quiere dormir – dice riendo.

-¿Allan no quiere dormir? – pregunto en un tono más dulce, dirigiéndome a él, quien niega firmemente con la cabeza al mismo tiempo que me mira, sin soltar el chupete.

-¿Te tumbas aquí a dormir con nosotros?

-No, mormir no – dice, tras quitándose el chupete.

-No quieres dormir, ¿prefieres que hablemos Allan, así bajito? - le pregunta Kate, susurrando.

Éste asiente, mirando a Kate con una pequeña sonrisa, y finalmente se echa entre nosotros, poniendo toda su atención en su muñeco de tortuga.

Kate y yo nos quedamos en silencio. Yo la miro por encima de Allan justo cuando ella bosteza.

-Estás cansada – le digo – Duérmete, yo me quedo despierto hasta que él se duerma.

-No. Quiero quedarme un rato, disfrutando de esto – dice, pasando un brazo por encima de Allan, alargándolo hasta coger mi mano.

Yo la acaricio y acerco su mano, junto a la mía, a mis labios, dándole un pequeño beso. Mentiría si dijera que no disfruto enormemente de estos pequeños momentos en los que estamos los tres juntos. Pero el pensamiento de este momento se nubla inevitablemente ante el pensamiento de Josh quedando en libertad.

-¿Por qué no nos vamos unos días a los Hamptons? - digo de repente. Quizás sea lo mejor, mantener a Kate y Allan alejados de ese malnacido hasta que Espo y yo podamos conseguir la prueba que necesitamos. Tal vez yo podría volver a la ciudad con alguna excusa durante un día…

-¿A los Hamptons? ¿Así, de repente? – pregunta, casi riéndose.

-¿Por qué no?

-Porque es casi invierno – dice ella, evidente – No hace tiempo para ir a la playa, además, ¿por qué quieres ir ahora?

-Solo quiero pasar unos días de vacaciones los tres juntos – digo, evitando su pregunta.

-En la comisaría no me van a dar vacaciones ahora. Casi acabo de regresar después de mi baja por la pierna, además de que ya no hago tantas horas como antes.

Me acaricia el mentón con su mano, seguramente al ver algo de decepción en mi rostro.

-Iremos más adelante, te lo prometo – me susurra.

Yo simplemente asiento y volvemos a quedarnos en silencio, mientras Allan suelta su peluche y encoge sus piernas, comenzando a tocar sus pies, enfundados en el pijama.

Me limito a observarlos a él y a Kate, cuyos ojos empiezan a acuarse de repente.

-Ey, ¿qué te pasa? – Pregunto, confuso - ¿Te ha molestado lo que he dicho de ir a los Hamptons?

Ella niega, con una sonrisa y un sonido que se podría distinguir con una risa, lo cual me deja todavía más confuso.

-¿Entonces? ¿Qué pasa, por qué lloras? – me inclino un poco para poder acariciar su mejilla por encima del cuerpo de Allan.

-Hace ya cuatro meses que estamos juntos – dice, moviendo su cara haciendo un pequeño roce con mi mano, buscando mi caricia.

-¿Y eso es… malo? – pregunto, temeroso, sin entender realmente por qué está llorando.

-No. Es…

-No llores – le pido en un susurro.

-Es que soy feliz Rick – dice, sonriendo al mismo tiempo que una lágrima resbala por su mejilla, golpeando contra su nariz. Yo se la limpio con el pulgar – Cuando nació Allan creía que ya no necesitaba nada más para ser feliz, pero no era cierto, faltabas tú. Y luego cuando volviste…

-No me lo pusiste fácil al principio– digo bromeando.

-No – dice riendo – Porque no quería volver a fiarme de nadie, pero después me demostraste que puedo confiar en ti. Y desde que tú estás soy feliz, Rick.

Sus palabras consiguen emocionarme y, a pesar de sentirme todavía culpable por no contarle lo que está sucediendo con Josh, sé que es lo correcto, sé que mi misión es protegerla, a ella y a Allan.

-Yo también soy feliz contigo – le digo mientras vuelvo a entrelazar su mano con la mía.

Allan alarga sus bracitos hasta agarrar nuestras dos manos con las suyas y nos observo allí, a los tres, juntos y felices y sé que no necesito más para ser feliz mientras esté con ellos.

-Cásate conmigo Kate – suelto de repente.

-¿Qué has dicho? – pregunta ella, alzando las cejas e inclinándose un poco sin soltar el agarre de nuestras manos.

-Que te cases conmigo – le repito.

-¿Y me lo pides así, sin más? – ahora parece divertida.

-Es que lo acabo de pensar.

-Estás completamente loco – dice volviendo a tumbarse.

-¿Eso es un sí?

-Te daré el sí cuando me lo pidas de verdad.

-¿Y esto no es de verdad? – le pregunto riendo.

-Sabes a lo que me refiero, una propuesta de verdad.

-Sea como sea ya te lo he propuesto y tú ya me has dado la respuesta.

Ella rueda los ojos y acaricia mi mano y la de Allan con su pulgar.

-Buscaré la ocasión y te lo pediré como tú quieres. Una propuesta llena de flores, música, en un lugar público… - digo tratando de aparentar seriedad, sabiendo que nada de eso le gustaría.

Ella se mueve un poco y me golpea en el hombro con la mano que tiene libre, provocando que Allan se ría, agarrando el chupete con los dientes para que no se le caiga, y mueva sus piernas, tratando de darme una pequeña patada.

Yo no puedo evitar soltar una carcajada y Kate esconde su cabeza entre su brazo y el cuerpo de Allan, riendo también.

-¿Sabes? Acabas de quitarle toda la gracia a lo de la pedida – dice cuando vuelve a alzar la cabeza.

-Dame algo de tiempo y verás cómo te sorprendo – le digo, haciendo nota mental de pensar algo original.

Ella sonríe, mordiéndose el labio y ambos nos quedamos en silencio de nuevo. Allan se mueve entre nosotros, deshaciendo el agarre de nuestras manos y se abraza al cuerpo de Kate, colocando la mayor parte de su cuerpo sobre ella, apoyando la cabeza en su estómago. Yo sonrío por aquel cariñoso gesto de nuestro hijo hacia Kate y me acerco más a ellos, abrazándolos a ambos.

Kate y yo intercambiamos una mirada cariñosa y me inclino sobre ella, rozando sus labios con los míos en un movimiento lento. Después ella se mueve despacio para quedar más arrimada a mí.

-¿Estás incómoda? – le pregunto, señalando a Allan con la cabeza, pensando que quizás pese demasiado para colocarse sobre su estómago.

-No, me encanta sentirlo así – confiesa ella, con una adorable sonrisa mientras le hace pequeñas caricias sobre el pelo a nuestro hijo, lo cual está consiguiendo que se relaje hasta quedarse dormido.

Lo observo yo también con adorabilidad, y reparo en su mano, la cual ha colado por debajo del jersey de Kate, dejándola sobre su vientre. Y no puedo evitar pensar que este momento sería mucho más tierno si Kate estuviese embarazada. Sonrío ante el pensamiento de Allan acariciando el vientre abultado de Kate.

-¿Te imaginas a Allan con un hermano? – le pregunto.

-Creo que sería un buen hermano mayor – dice ella, girando después su cabeza hacia mí - ¿Te gustaría… que Allan tuviese un hermano o hermana menor? - pregunta en un tono bajito, como si temiese que a mí no me gustase la idea.

-Me encantaría tener otro hijo contigo, Kate – le digo con seguridad.

-A mí también me gustaría – dice ahora con una sonrisa relajada.

-¿Y crees que puedes estar…? - Le digo, colando mi mano por debajo de su camiseta, colocándola sobre la de Allan – Porque ayer nos olvidamos completamente de utilizar protección y… tal vez podrías estarlo ya.

-Sí, tal vez… – dice ella con una gran sonrisa ahora.

-Sería una gran noticia.

-Mmm – dice ella, moviendo su cabeza, asintiendo, y después mordiéndose el labio. Rápidamente intuyo que hay algo más que le preocupa.

-¿Pero…?

Ella me mira, con un pequeño suspiro.

-Pero, si estoy embarazada, ninguno de nuestros hijos hubiese sido buscado – sonrío al escuchar eso de "nuestros hijos" - ¿Qué les explicaríamos cuando sean mayores, que fuimos unos irresponsables?

-Les explicaremos la verdad, que ambos fueron una gran sorpresa y lo mejor de nuestras vidas – le digo, sintiendo la calidez de su vientre y la mano de Allan bajo mi mano - Y no pensarán que fuimos unos irresponsables porque no es cierto. Bueno, en el segundo caso puede, pero… - ella sonríe, rodando un poco los ojos – Estábamos más ocupados en amarnos el uno al otro.

-¿Y qué pensará Allan? – Vuelve a hablar con preocupación – No supiste que él existía hasta que tenía 16 meses. Va a odiarme por eso.

-Kate – digo yo, inclinándome y hablándole con firmeza y seguridad ante su preocupación – Allan jamás te odiará. Siente una devoción especial por ti, te ama y seguirá haciéndolo porque tú lo amas a él y siempre has querido lo mejor para él.

-Te perdiste más de su primer año de vida – dice, como si me estuviese pidiendo perdón por ello.

-Ambos sabemos cuáles fueron las circunstancias y los motivos por los que fue así. Y estoy seguro de que Allan lo entenderá y no nos odiará, a ninguno de los dos.

-Tendremos que explicárselo todo, él tiene que entender…

-Lo hará. Además, yo tengo un don para las palabras, lo entenderá – digo bromeando, tratando de destensar el momento.

Ella ríe y yo sonrío, satisfecho por haberlo logrado.

-Estoy deseando saber si estás embarazada – le digo, arrimando mi cara a su cuello y presionando mis labios sobre su piel. Ella encoje el cuello al mismo tiempo que se muerde el labio – Aunque dos nos interrumpirían muchísimo más…

-No puedes dejar de pensar en ello – ríe ella.

-Esta noche lo dejaremos pasar, pero este campeón… – digo, acariciando ahora la cabeza de Allan, dormido sobre el estómago de Kate – Me encargaré de que mañana esté muy cansado a la hora de dormir y podamos tener nuestro tiempo a solas.

-Podría decir que eres un mal padre, pero…

-Pero… tú también quieres que nos deje algo de tiempo a solas.

-Eso – dice sonriendo – y… que eres el mejor padre que podría desear para mis hijos – dice ahora, poniéndose seria.

Yo simplemente me inclino sobre ella y beso sus labios durante unos segundos.

-Te quiero – le susurro sobre ellos antes de volver a besarle.